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EPÍLOGO
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PoV de Camus
۵
Había algo en el ambiente del Santuario que no me dejaba en paz desde hacía varios meses y, aunque he tratado de buscar consuelo en mis libros y en especial en los reportes pendientes que tengo que terminar, nada ha funcionado. Mis pensamientos siguen viajando junto al guardián del quinto templo.
En esta corta visita sólo he cruzado un par de palabras con Aioria. Después de que nuestros sentimientos maduraron más allá de la amistad, y de haber compartido algunos hermosos momentos juntos, ambos decidimos que lo correcto era no volver a cruzar la frontera que separa nuestra relación con lo que dicta nuestra hermandad como Santos de Athena. Y es que me dolía ver la culpa ensombreciendo su mirada cada vez que estábamos solos, y él no soportó el sufrimiento que me invadía e intentaba ocultarle.
Son cerca de las tres. La mañana me ha atrapado sucumbiendo a la necesidad de entrenar porque así es más sencillo no pensar en él y en su dulce cosmos.
Aprovechando las consideraciones que tengo por el cambio de las diferencias de horario, bajo por los templos que anteceden al mio. Es muy temprano incluso para el madrugador de Shura, pero no soy el único al que el insomnio ha atrapado. Al llegar a las escaleras que separan el templo de Escorpio y el de Libra, observo la inconfundible silueta de Milo avanzar a paso firme hacia su morada.
Me sorprendo al verlo. Desde que "eso" sucedió, él no ha hecho más que evitarnos a Aioria y a mí. Jamás ha titubeado o se ha detenido, sólo sigue adelante como un fantasma más de los que habitan en las Doce Casas. Incluso ahora pasa a mi lado como si no existiera, pero su cabello revuelto y el leve olor a sudor me dicen que es real.
—No es correcto que estés fuera de tu templo tan temprano —susurro sin pensar. Pero no hay respuesta—. ¿Dónde estabas Milo?
Silencio.
—Si no contestas, le diré a Shura que estabas fuera de tu templo en horario inapropiado —de inmediato Milo detiene su andar.
—No veo porqué mis asuntos son de tu interés —comenta irreverente sin dar la vuelta.
—Me preocupo por ti.
—Pierdes tu tiempo.
—No puedo evitarlo, eres mi amigo más valioso —muerdo mis labios—. Y no me gustan las habladurías de ti que corren por todo el Santuario. Odio escuchar cómo los soldados y caballeros te presumen como una medalla más de su cama.
—No veo cómo eso te afecta —se burla—. O me vas a salir con la cantaleta de que me la paso avergonzando el renombre de los Santos Dorados.
—Te quiero… Milo. No me gusta ver en lo que te estás convirtiendo —sólo escucho su risa burlona—. Me disgusta escuchar que eres la puta del Santuario. Tú eres más que eso.
—Vaya que se te ha pegado lo hablador. Yo sé quién soy y eso me basta. No me importa lo que los demás digan u opinen de mí. Jamás he faltado a mi deber, cumplo al pie de la letra todas las órdenes, estoy a tiempo en los entrenamientos. No sé por qué es de interés general lo que hago con mi tiempo libre y en mi cama.
—Milo, por favor. Déjame ayudarte —intento hacer que volteé a verme pero me repele.
—Y, ¿qué vas hacer, eh? —grita dando la vuelta—. A caso ¿puedes hacer que el tiempo vuelva a atrás y detenerme de ser un estúpido? ¿Puedes no amar a Aioria y amarme a mi? ¿Puedes hacer que el dolor se vaya? —me quedo en silencio, deshecho al verlo destrozado—. Eso pensé —susurra y da la vuelta.
—Milo yo…
—Cállate, y guarda tu lástima para quien la necesite. Acuario —espeta y lo veo seguir hacia su casa.
Ver su espalda alejarse remueve esa extraña sensación de todos los recuerdos perdidos en mi interior. La necesidad me invade y doy la vuelta. Apresuro el paso escaleras abajo y mis pies me conducen hasta su habitación. Sin pedir permiso, me adentro en la cama donde Aioria descansa y lo acerco a mí para que su esencia me acaricie. Estoy a punto de derrumbarme, de que mi corazón se congele.
Mis acciones no tardan en despertar a Aioria quien, sin hacer preguntas, me recibe entre sus brazos. Cobijados por las últimas horas de la madrugada, enciende el tierno calor de su cosmos para mí y cruzamos la frontera una vez más.
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Oh sí. Oh no. No bueno. Madre mía, ¿qué puedo decir?
*grito de desahogo*
Este Fic empezó como un gusto culposo para hacer sufrir a Camus y terminó convirtiéndose en una auténtica tortura. Lloré sudor y sangre, pero aquí está. En lo personal no soy fan del Camus x Aioria pero aquí los amé. Me reconcilié con el cubo durante este tiempo y mis capítulos favoritos fueron el 18 y el 41. La continuación ya está tomando forma y puedo prometer que Milo encontrará la felicidad y Shaka... también quiero que sea feliz.
Antes que a nadie, gracias infinitas a mi gurú Lesath Al Niyat por su apoyo, soporte, tiempo, paciencia, etc. El lemur del capítulo 23 y este hermoso y doloroso epílogo son de su corazón y pluma. La idea de los postres salió en una conversación antigua y se la pedí para ocuparla. Le dedico el fic entero todito con todo mi kokoro. Gracias a Klaus por ayudarme con títulos y curar un poco mi kokorito, y a todos los que le dieron una oportunidad, fueron leyendo y comentando. Gracias adicionales a starsdust, porque sus maravillosos fics me impulsaron a hacer algo más complejo. También tiene trabajos originales como Carnaval de Monstruos en Wattpad.
Invitación:
Puedes encontrar aquí otros trabajos en proceso (no abandonados) y ya concluidos de Saint Seiya, Sherlock, Yu Yu Hakusho, Naruto, Príncipe Cautivo y Gundam Wing. Espero que los disfrutes.
También te recomiendo visitar la cuenta de Lesath Al Niyat si te gusta el Milo x Camus, de Saint Seiya.
Kissus. n.n/
