Buenas! He tardado mucho en volver a publicar, lo sé... sorry. Pero aquí está la continuación de la historia de Johnny Winchester!
Dejaron a Alona en su casa. Dean le dijo que le arreglaría el coche, así que se fueron en él. La chica no había dicho nada en todo el trayecto y solo asintió un par de veces para responder a su padre. La vieron entrar en su casa con la mirada perdida.
—¿Mark? ¿Qué tal ése brazo? —Dijo Dean mirando brevemente a su sobrino por el espejo retrovisor.
—No estoy seguro de que esté roto. Quizá es solo un esguince —calló un momento—. Mamá me va a matar.
Vio como la comisura de los labios de su padre se elevaban antes de contestar.
—Tranquilo. Es más probable que me mate a mi.
Mark asintió como si le diera la razón.
No tardaron mucho más en llegar a su calle. La casa del tío Sam y de tía Eileen estaba justo enfrente de la suya, así que Dean acompañó a su primo cruzando la calle mientras él se quedaba con su Pa al lado del coche, esperando.
Johnny vio al tío Sam abriendo la puerta y mostrando sorpresa antes de cachear a su hijo y de tocarle el brazo con delicadeza. Le dio una palmada de ánimos a su hermano en el hombro y entraron con Mark.
Johnny iba a conseguir respuestas. Iba a interrogarles hasta que le contaran la verdad. Estaba intentando recoger el valor para enfrentarse a sus padres mientras veía a Dean cruzando la calle de vuelta.
—Vamos, se hace tarde.
Entraron, y hubo un momento de incomodo silencio. Hasta que Pa se dirigió a la cocina y Dean lo siguió.
—¿Johnny? ¿Quieres comer algo?
¿Iban a intentar hacer como que no había pasado nada? Y una mierda.
—No. Quiero que me contéis qué ha pasado exactamente esta noche. ¿Quién era ése hombre? ¿Por qué le brillaban los ojos? ¿Por qué tenía ésos dientes? ¿Qué hacíais allí y como habéis llegado sin coche? ¿Cómo has hecho eso Pa?
—Son muchas preguntas, hijo. —Dijo Dean levantando las manos.
—Pues quiero respuestas.
Cas tenía las manos apoyadas en la encimera y le daba la espalda.
—¿Pa? ¿Por qué me estás evitando?
Dean se acercó a él y le apoyó una mano en el hombro antes de susurrarle.
—Cas… es decisión tuya.
El aludido suspiró. Parecía derrotado y… como si tuviera miedo. Al fin, se giró hacia él aun sin devolverle la mirada.
—Johnny… hay algo que no sabes de nosotros… de mí.
El silencio volvió a aparecer.
—Si vas a decirme que eres gay, ya lo sabía. —Dijo intentando quitarle hierro al asunto.
Sus padres sonrieron débilmente. Algo era algo.
—No. —Dijo Cas.
—¿No lo eres? —Dijo Dean, incapaz de no seguir la broma de su hijo.
Cas lo miró con reproche; aunque si lo conocías lo suficiente podías ver ése amague de sonrisa que solo Dean conseguía sacarle con bromas tontas.
El momento pasó, y lo que le contaron a continuación le borró cualquier intento de burla, sonrisa o broma. ¿Que los monstruos existían? ¿Que ellos los cazaban? ¿Que el tío Sam y la tía Eileen también eran cazadores? Necesitaba sentarse.
—Decidme que estáis locos y que todo eso es parte de vuestra psicosis.
—Lo siento hijo, es la verdad. —Dijo Dean mientras le apoyaba una mano en el hombro.
—Pero… ¿todos los cazadores podéis hacer lo que ha hecho Pa?
Sus padres se miraron. Genial. Había aun más.
—Yo… no soy humano, Johnny. Soy un ser celestial. Un ángel.
—¿Qué?
¿Qué? ¿Qué acababa de decir? Venga ya. Su Pa era raro, pero no era un ángel. No podía serlo. Se habría dado cuenta. La mano de su padre le apretó el hombro con suavidad. Parecía pedirle una reacción. Miró al padre que seguía apoyado en la encimera, sin mirarle. Seguía estando asustado, quizá incluso más que antes. Dean empezó a hablar.
—Cómo te acabamos de contar. Muchas criaturas de lo que consideramos mitología, existen. Eso incluye a los ángeles. La mayoría eran unos capullos, para qué engañarnos. Tu padre me salvó la vida… me sacó del infierno.
—¿Qué? ¿Fuiste al infierno?
—Creo que he estado en todos los planos del más allá judeo-cristiano, la verdad. Es una historia muy larga. La cuestión es que tu padre me salvó. Y, con el tiempo, se puso de nuestra parte.
—¿Te doy miedo ahora que sabes qué soy? —Interrumpió Cas antes de que Dean siguiera.
—¿Qué? ¡No! Claro que no.
Su padre volvió a apretarle el hombro con una gran sonrisa en el rostro. Como si estuviera… ¿orgulloso?
—Pero… ¿por qué no me habíais contado nada de esto antes?
Dean apartó la mano y cruzó los brazos.
—Queríamos que tuvieras una vida normal. Esta vida… te lo puede arrebatar todo. Queríamos que tuvieras la oportunidad que Sammy y yo nunca tuvimos. La opción de ser feliz.
Johnny arrugó la frente. Menudo hipócrita estaba hecho su padre.
—Pero no me dejasteis elegir, ¿no? Nunca fue una opción real.
—Johnny…
—¿Y que es eso de ser feliz? ¿Es que no lo eres, papá? ¿No eres feliz?
—Claro que sí, pero durante mucho…
—¡Me dan igual tus excusas! ¡Me habéis mentido durante toda mi vida! ¡A la mierda!
—¡Johnny!
—¿Por eso no me dejabais salir de noche? ¿Por los monstruos? ¡Mis amigos están ahí fuera! ¿Y si hay más como ése?
—Hemos enviado a otro cazador a recorrer la zona. No les pasará nada.
—¡Y una mierda! —Repitió. Cuando la chocante noticia se había asentado en su cabeza, el enfado había llegado para ahogarle.— Voy a volver al bosque.
—Ni de coña. —Dijo Dean.
—No puedes prohibírmelo, papá.
Su padre aun le sacaba medio palmo de altura, pero los dos eran igual de anchos. Johnny sabía que tenía la ventaja de la edad y de un cuerpo entrenado en el rugby. Su padre se pasaba la mayoría de las tardes en el sofá mirando la tele.
—Claro que puedo. Y vas a hacerme caso.
—Dean… —Dijo Pa, como intentando calmar a su marido.
Era su oportunidad. Pa era el único que podía distraer a su padre cuando se ponía así. Cuadró los hombros y se preparó para derribarle sin usar toda su fuerza; tampoco quería hacerle daño. Medio segundo más tarde estaba en el suelo con un brazo retorcido a su espalda. ¿Qué había pasado?
—Venga ya, ¿de verdad crees que puedes conmigo, chico?
Joder. ¿Había sido su padre? ¿Dean? Ni lo había visto. Cas se acercó a ellos con un móvil en la mano y el botón de altavoz resaltado en la pantalla. La voz de una mujer se oyó distorsionada pero clara.
—Cas. He recorrido el perímetro del bosque. Al parecer el lobo que os habéis encontrado era un rezagado. Las huellas se dirigen al norte. Parece una manada de tres o cuatro. Recogeré a Martha por el camino e iremos a por ellos.
—Gracias Holly. Mantennos informados, y si necesitáis ayuda no dudéis en llamar.
—Claro.
La llamada se cortó.
—¿Quién es?
—Una cazadora.
Al ver que Johnny se había relajado, Dean le soltó el brazo y le dejó incorporarse en el suelo de la cocina.
—Así que todas las veces que te ibas de casa, te ibas con gente a cazar monstruos —Dean asintió—. ¿Seguro que no te ibas por ahí a engañar a Pa con otras "cazadoras"?
Su padre le miró con sorpresa antes de ponerse rojo como un tomate. Miró a su marido como si esperara que fuera a explotar o algo y le pegó una colleja a Johnny.
—¡Pero qué dices!
—No se atrevería. —Contestó su Pa, con una sutil amenaza en la voz, antes de salir de la cocina.
Dean se acercó a su hijo aun con las mejillas sonrojadas.
—Genial. Gracias, hijo.
