Hola chicxs! Tenía este fic muy abandonado pero estoy intentando volver a ponerme con ello! No prometo nada xddd
Johnny se metió en su habitación y se apoyó en la puerta, dejándose caer hasta el suelo lentamente.
Los monstruos existen.
Ése era el secreto de su familia.
Los monstruos existen.
Y se lo habían ocultado durante diecisiete años.
Los monstruos existen.
Para protegerle, decían.
Los monstruos existen.
¿Pa era un ángel?
Se pasó las manos por la cara y soltó un suspiro. Demasiada información de golpe. Sacó el teléfono del bolsillo y abrió la aplicación de contactos. Como siempre, lo primero que sentía que debía hacer era llamar a Alona. Acarició la pantalla hasta ver su nombre con el número justo debajo. Su mejor amiga, con la que se lo contaban todo… ¿Podía contarle toda aquella locura? ¿Decirle que los monstruos existían? Se pensaría que estaba loco. O peor, le creería. Y conociendo a Alona como la conocía, aquello supondría una inmersión inmediata y profunda en el tema. Básicamente la estaría poniendo en peligro.
Soltó otro suspiro.
¿Y Mark? ¿Conocía su primo el secreto de la familia? Acabó convenciéndose de que Mark tenía el mismo derecho a saberlo que él. Buscó su nombre en la aplicación y llamó. Su primo contestó al tercer timbre y, de repente, Johnny no tenía ni idea de como se suponía que debía explicarle todo aquello.
—Johnny, ¿estás bien?
—Eh… eh, sí. ¿Y tu? ¿Qué tal el brazo?
—Solo es un esguince. Estaré bien en un par de semanas —el chico guardó silencio durante unos segundos antes de seguir—. ¿Sabes algo de Alona?
Aunque Johnny tenía los nervios a flor de piel, la preocupación de su primo por su mejor amiga le hizo sonreír. Menudos idiotas estaban siendo, moviéndose uno alrededor del otro sin dar un paso hacia adelante.
—Aun no la he llamado, pero seguro que está bien. Quería hablar antes contigo…
—¿Sobre qué?
Johnny pensó en como abordar el tema. Pero al final decidió que lo mejor era soltarlo tal cual.
—Mis padres me han dicho que el tío que nos hemos cruzado hoy… era un monstruo. Un hombre-lobo… Me han contado que ellos los cazan. A los monstruos.
Otra vez, silencio en la línea.
—Lo sé. —Contestó sencillamente su primo.
—¿Lo… lo sabes? ¿Lo sabías?
—Sí.
—¿Y no me dijiste nada? ¡Creí que éramos amigos!
—Y lo somos. Pero mis padres y tus padres me prohibieron decírtelo.
Johnny se aguantó el puente de la nariz con el pulgar y el índice, intentando mantener la rabia a ralla.
—¿Desde cuando lo sabes?
—Desde pequeño. Papá y mamá decidieron entrenarme y enseñarme.
Soltó un gruñido. Así que sus tíos habían entendido que debían darle la oportunidad a Mark de que decidiera por sí mismo. Pero sus padres no habían confiado en él. Como siempre. Ocultándole cosas. Susurrando a sus espaldas. Joder… estaba tan enfadado… Habría sido mejor que Mark no hubiera sabido nada, que no hubiera tenido ni idea de a qué se dedicaba su familia. Pero no, él era el único que no había tenido ni idea.
—Espera. Si estás entrenado y todo eso, ¿porqué dejaste que me enfrentara yo a esa… esa cosa?
—Yo no habría podido con el brazo mal, y sabía que tus padres tenían que estar cerca. Quería sacar a Alona de ahí y sabía que no te irías si yo me quedaba. Así que le recé al tío Cas e intenté alejar a Alona lo máximo de ahí.
Vale, sinceramente, le parecía bien. Y sabía que Mark tenía razón, no le hubiera dejado ahí solo contra un tío que parecía que iba más drogado que una estrella del rock. Pero aun no estaba preparado para dejar ir la rabia. O eso pensaba hasta que la última parte de la explicación de su primo se iluminó en su cabeza.
—¿Qué has dicho? ¿Que le rezaste a Pa?
—Claro. Emm… no sé si te han contado…
—¿Que es un angel?
Johnny oyó un tenue suspiro.
—Sí.
—¿Y puedes rezarle? ¿Y te oye? Pero que coño… ¿uno de mis padres es un cazador de monstruos y el otro es un walkie-talkie con alas? —Mark no dijo nada, pero Johnny podía imaginárselo sonriendo.— ¿Cómo han podido mantener todo esto en secreto?
—Creo que lo mejor sería que hablaras con ellos. Siguen siendo tus padres, Johnny.
—Ya hemos hablado demasiado por hoy. Voy a enviarle un mensaje a Alona para ver si está bien. Quizá tu deberías hacer lo mismo.
—¿Yo? ¿Por qué? Es tu mejor amiga, no la mía.
—Lo sé. Pero deberías hacerlo igualmente. Hablamos mañana.
Y colgó antes de que su primo pudiera empezar a darle un montón de excusas para no enviarle un estúpido mensaje a su evidente crush.
Se puso el pijama y se cubrió con las mantas. El cansancio empezaba cerrarle los ojos. Dios… solo quería dormir. Pero su mente iba a cien por hora. Se dio cuenta de que, hasta el momento, hasta que le habían dicho que los monstruos existían, se había dormido tranquilamente cada noche sin ser consciente de lo peligroso que era. Una punzada de miedo le atravesó el corazón. Y, sin embargo, los ojos se le cerraron y el sueño se lo llevó. Vio al hombre-lobo en sus pesadillas. Vio a muchos más y a un sin fin de criaturas sacadas de películas de terror arrastrándose hacia él.
La pesadilla había estado a punto de despertarle. Pero su subconsciente había sentido el cálido roce de una mano en su frente y todo había acabado. Ya no había monstruos en su sueño, ni bosques oscuros, ni gruñidos sin identificar. Solo calma. Quizá un recuerdo de la infancia. Quizá nada en absoluto.
Durmió plácidamente hasta la mañana siguiente.
