¡Cuarto día! ¡Seguimos en racha! ¡Sí, señor! ¡Disfruten el escrito de hoy que me encanto hacer, porque es de esos temas que me gustan mucho!

Disclaimer: InuYasha no me pertenece ni ninguno de sus personajes.

Advertencia: Este drabble participa en la actividad de noviembre de #retossesshomenov.

Día 4: Princesa y guardaespaldas

Palabras: 499

Baúl del Oeste

Tu corazón

—¡-y no saldrás!

Kagome se encogió cuando las duras palabras de su padre llenaron su habitación, antes de verlo salir enojado; ella suspiró cansada, sabía que había hecho mal en salir sin sus guardaespaldas, pero no iba a ir lejos y había tenido mucho cuidado en esconder su apariencia, para que no fuera reconocida, pero su plan falló.

Se dejó caer bocarriba en su cama, rebotando ligeramente, ¿por qué todo tenía que ser tan complicado? No se movió cuando oyó el sonido de la puerta ser tocada 4 veces antes de una pausa y otros 2 golpes, porque sabía bien quien era, sólo él hacía eso para ser reconocido.

La puerta se abrió sin necesidad de que ella diera su permiso, no es que él la necesitara, después de todo era su guardaespaldas principal desde hace años, a veces no podía recordar lo que era estar sin él a su alrededor.

—No iba a tardar —musitó cuando sintió que el silencio se hacía sofocante.

—No importa, nunca debes salir sin protección, princesa.

Ella apretó los labios ante la última palabra, nacer en una cuna de oro no era maravilloso como todos creían, demasiadas reglas y sacrificios personales por el bien del país.

—Kagome. Por lo menos aquí, líbrame de mi cargo.

—…entonces, Kagome-

—No me des un sermón, no ahora que accedes a decir mi nombre —murmuró, esperando aún así regaño, pero para su sorpresa sólo sintió como algo caí a su lado, al reincorporarse con sus antebrazos vio una pequeña bolsa, extrañada la abrió y jadeó—. Esto-

—Era lo que quería comprar, un regalo para la pequeña hija de la cocinera, ¿no? Hace unos días escuchó que la señora platicaba con algunas mucamas sobre lo que su hija le pidió, pero era demasiado caro para comprarlo.

—Sesshōmaru…

—Mi deber no es sólo protegerla, sino saber lo que quiere y necesita —señaló el objeto que ella tenía en sus manos—. Lo cual significa que, si quiere ir de comprar por cosas que tal vez el rey no apruebe, hazlo, pero conmigo; porque le juré a la reina antes de su muerte que mi lealtad sería sólo para usted.

Kagome sintió como su corazón se estremecía ante esas palabras, ¿por qué el hacía las cosas más difíciles? Había tratado de dejar ir sus sentimientos hacia él, pero por cada acción y palabra que le transmitía hacía que cayera más y más profundo.

—Hay cosas que ni tú, podrías darme —musitó pasando sus dedos en el juguete.

—¿Qué es lo que quieres?

Ella alzó la vista.

—A ti.

Él sostuvo su mirada por unos segundos antes de inclinarse para apoyar su peso sobre su rodilla derecha mientras cruzaba su brazo sobre el pecho en un claro juramento.

—Mi vida es tuya.

—Eso no es lo q-

—Y —prosiguió sin hacer caso a la interrupción—, mi corazón.

Sesshōmaru se levantó para dejarla venir hacia él, no la soltaría, aun si eso significara oponerse al mundo.

Kagome era su tesoro.

FiraLili

04/11/2020