¡Quinto día! ¡Casi no la cuento, porque está vez si no le veía una salida a este reto en particular, pero lo logré!

Disclaimer: InuYasha no me pertenece ni ninguno de sus personajes.

Advertencia: Este drabble participa en la actividad de noviembre de #retossesshomenov.

Día 5: Magia* [Él lo único que quiere es que ella sea eterna, que vivan lo mismo]

[Los retos con asterisco pueden extenderse hasta las 800 palabras]

Palabras: 693

Baúl del Oeste

Trato

Sesshōmaru había visto reinos nacer y caer, el sol alzarse sobre cambios de batallas enrojecidos, mientras los llantos de los vivos resonaban como una melodía fúnebre.

Sesshōmaru vio la mortalidad de los humanos sin parpadear ni compadecerse, la muerte no era algo a lo que él temiera o le diera importancia.

No hasta que ella apareció.

Kagome era una humana extraña, con ropas indecentes y mirada desafiante, nunca dudo en dar un paso adelante ante cualquier situación por más peligrosa que fuera, aun si se trataba de él, entonces, la observó.

A la distancia y en silencio.

La vio llorar cuando sus compañeros salieron heridos, reír por las cosas que el cachorro hacía, enojarse con InuYasha y sus decisiones, era una humana con demasiadas emociones, que vivía intensamente. Ella vivía.

Hasta que estuvo a punto de perder su luz en manos de un humano resucitado que se creía conocedor de venenos que ni siquiera le hizo fruncir la nariz, mediocre como todos los intentos de su raza en ser mejores que los yōkais; no entendió en ese momento porque la salvó, no completamente, sabía que había algo que le causaba curiosidad, pero no porque intervino.

Y fue a partir de ese evento, que ella empezó apartar su mirada del grupo para buscarlo, fue desconcertante, pero dejo que lo encontrara cada que quisiera, la primera vez la notó cautelosa ante su encuentro, pero conforme pasaron los días y sus coincidencias se hicieron más frecuentes, ella empezó a sonreír y él quiso más.

Mucho más.

Fue fácil hacer su propuesta, lo difícil fue que la aceptara.

Después de todo ella tenía consolidado su lealtad a su grupo y admiraba esa ferocidad con la que defendía su lugar y unidad, así que los acompañó, a la distancia, pero siempre cerca. Las cosas empezaban a fluir suaves y en la dirección correcta cuando Naraku atacó, esta vez fue su batalla final.

Y la perdió.

La oscuridad se la llevó a un lugar donde no podía llegar, en donde tuvo que confiar en InuYasha para traerla de regreso y cuando lo hizo, ella estaba débil y enferma; la exposición prolongada a la perla en su ambiente oscuro fue demasiado para su esencia.

Kaede la curó.

Kagome volvió a sonreír.

Y Sesshōmaru supo que la volvería a perder.

La mortalidad humana iba a llegar a Kagome y esta vez ni InuYasha podría traerla de regreso, ni su espada. Por eso viajó lejos y se internó en los más profundos bosques buscando una solución para alarga la vida de Kagome, que su parpadeó en el mundo durara más que las estrellas en el cielo.

—Matarás su esencia.

Sesshōmaru miró a la mujer encorvada que había escuchado la petición egoísta.

—Pero vivirá —replicó.

—Ella es humana, su vida se ajusta perfectamente a lo que necesita; sus misiones son cortas, pero con significado. Si alteras eso, habrá consecuencias, ella debe morir en la marchites de su invierno, no puedes mantenerla en una eterna primavera, porque mataras su alma.

—Kagome es diferente.

La hechicera sostuvo la mirada firme y resuelta del yōkai, no era la primera vez que venían en su búsqueda pidiendo vida eterna o longeva, esas peticiones nunca le fueran extrañas, pero siempre vio las consecuencias de ellas, locura, corrupción y muerte por mano propia.

—Si la amas como tus ojos dicen, vete y crea recuerdos para que te perduren en su muerte —Sesshōmaru no se movió, ella suspiró—. De acuerdo. Puedo darte lo que deseas, pero el precio es alto.

—Nómbralo.

—Un alma —replicó con una sonrisa creciendo—. Tu alma.

—…

—Claro que no en este momento, en la hora de tu atardecer iré por ella. Nunca volverás a nacer, estarás destinado a una eternidad de vacío y oscuridad, ella podrá nacer y jamás encontrarte, el precio por alargar su tiempo ahora, será una vida feliz y miles llorando. ¿Estás dispuesto a pagar?

—Lo estoy.

—Que así sea —murmuró haciéndose una herida en la palma de su mano antes de extenderla hacia él—. Sella el acuerdo con tu sangre.

Y en la oscuridad de una cueva, mientras la luna se alzaba orgullosa, la sangre llenó dos manos.

FiraLili

05/11/2020

P.D. No jueguen con magia.