¡Día veinticinco! ¡Cuenta regresiva! ¡Empezamos! ¡5!

Disclaimer: InuYasha no me pertenece ni ninguno de sus personajes.

Advertencia: Este drabble participa en la actividad de noviembre de #retossesshomenov

Día 24: Trabajan en un barco* [Ella es camarera en un gran barco turístico y el un pasajero, se enamoran, pero no pueden estar juntos debido a los reglamentos de los empleados: ningún empleado puede tener amoríos con los pasajeros]

Palabras: 685

Baúl del Oeste

Perdición

Kagome se inclinó mientras despedía a los huéspedes del crucero, era una rutina que seguía al pie de la letra, siempre mantenía la mirada hacia abajo, de esa manera no se encariñaría con alguno de los clientes como a muchas de sus compañeros le pasó.

Veía como fueron despedidos uno a uno, ella era de las pocas que seguía después de tres años trabajando ahí, no es que no haya tenía sus insinuaciones de los pasajeros, pero siempre fue profesional y retrocedió antes de cualquier malentendido, sólo una vez la reportaron por "coquetería", pero gracias a las cámaras se comprobó que quien empezó (y el único que siguió) fue él.

Adoraba su trabajo, muchos podrían encontrarlo pesado por todo el tiempo que se debería pasar dentro del crucero, pero ella no, amaba el mar y viajar; además de que conocía muchas culturas diferentes en sus desembarques por provisiones o en sus descansos; por lo que pensó que seguiría así por mucho tiempo.

De verdad lo pensó.

Hasta que hubo un accidente con una niña que desapareció, todos los empleados que estuvieran en descanso deberían ayudar en la búsqueda, Kagome lo hizo y tuvo la suerte de encontrarla en uno de los pisos inferiores donde sólo se permitía a la tripulación, al parecer había intentado ir a su habitación, pero se perdió entre los largos pasillos.

Kagome la tranquilizó hasta que después la entregó a su familia, al parecer viajaba con sus hermanos mayores, ahí fue cuando conoció a Sesshōmaru.

Y fue su perdición.

Los días pasaron y la niña, Rin, amaba buscarla en sus descansos para hablar y jugar, el capitán al saberlo le dio permiso especial para entretener a la pequeña –más bien para que sus hermanos no llegaran a demandar al crucero, por no haber vigilancia para detener a las personas antes de que pudiera llegar tan lejos-; la morena entendió y complació en todo a la familia Taishō, luego se dio cuenta que en verdad se había encariñado con todos, mucho más con Rin y Sesshōmaru, el hermano InuYasha se la pasaba con su novia así que nunca lo trató demasiado, si sólo Sesshōmaru hubiera estado a la distancia como el anterior todo estaría bien.

Pero no lo hizo y las consecuencias era un dolor en su pecho al saber que el crucero llegaba a su fin para ellos.

—Kagome —ella bajó su vista para ver a la niña que estaba recostada en su regazo, la miraba fijamente.

—Dime, ¿quieres algo? —preguntó con dulzura, acariciando los cabellos negros y suaves.

Rin siguió mirándola hasta que la desvió hacia su derecha, donde Sesshōmaru leí un libro, pero, de vez en cuando, podías verlo alzar la vista para asegurarse que siguieran ahí.

—¿Puedes venir con nosotros a casa?

Eso la sorprendió y enterneció, al tiempo que el dolor se volvía punzante.

—Lo siento, no puedo.

—¿Por qué?

—Bueno, yo trabajo aquí, no puedo dejarlo como si nada. Aún que eso suena tentador ahora —pensó a lo último.

—Pero me gustas.

Kagome rió.

—Tu igual me gustas, Rin, pero no puedo ir contigo; sin embargo, ¿qué te parece si vamos a la piscina y nadamos un rato antes del almuerzo?

Eso pareció alegrarla que se reincorporó rápidamente mientras decía que iría por su traje de baño, la vio atravesar el lugar para ir hacia la puerta derecha, eran una de las recamaras de lujo así que contaban con una pequeña sala en la que habían estado todo el tiempo y dos habitaciones ambas con baño propio; ambos adultos la vieron desaparecer.

—¿No irás por el tuyo?

Kagome se sonrojó al tener la atención del hombre sobre ella, por lo que se apresuró a asentir.

—Regresó en 10 minutos —gritó para que la pequeña escuchará, lo cual se confirmó al oír un ahogado ¡Sí!, se dirigió a la salida.

—Puedes hacerlo, ¿sabes?

Ella se congeló mientras abría la puerta, con cautela ladeó su cuerpo para poder verlo.

—¿Hacer qué?

Sus miradas se encontraron, las chispas volaron.

—Venir con nosotros —él se levantó—. Conmigo.

Sí, Sesshōmaru era su perdición.

Y no le importo.

Cerró la puerta.

FiraLili

25/11/2020