¡Día veintiocho! ¡Cuenta regresiva! ¡2!
Disclaimer: InuYasha no me pertenece ni ninguno de sus personajes.
Advertencia: Este drabble participa en la actividad de noviembre de #retossesshomenov
Día 28: Genderbender*
Palabras: 548
Baúl del Oeste
Marca
Sesshime blandió su espada cortando varias cabezas, odiaba la suciedad y sobretodo que la sangre manchara sus ropas, pero la sobrepasaba su sed de guerra, además, tenía asuntos con esa maldita hanyō Naraku; nadie trataba de burlarse de ella y vivía.
Siguió danzando entre los monstruos, se detuvo al llegar cercar de donde estaba las creaciones de Naraku, sin embargo, sintió como algo lo empujaba y luego un grito de dolor.
Sesshime se giró para ver a Kogame sujetándose el hombro izquierdo que estaba empapado de rojo; vio a Hakudoshi retroceder con su alabarda llena de sangre mirar con frustración al humano que se interpuso, pero no pudo pensar por mucho tiempo antes de que la yōkai fuera a por él; por lo que se puso lejos de su alcancé.
El humano de preciosos ojos celestes se sobresaltó cuando fue levantando y llevado como un saco de papas en el hombro de Sesshime.
—¡Sess! ¡Bájame!
—¡Quieto! —replicó mientras seguía luchando con algunos demonios rezagados que protegían la huida de Naraku y sus creaciones, pronto se vieron solos en medio de un campo lleno de cadáveres.
Sesshime no tardó en alejarse aún con Kogame en su hombro, el cual ya ni hizo el intento de soltarse, simplemente se colocó de una manera más cómoda en la estola; llegaron a un claro despejado, seguramente no estarían lejos del grupo de ella, ahora encontrar al suyo si sería un problema, después de todo se separaron al comienzo del ataque, esperaba que hubieran salido con bien.
Sus pensamientos se interrumpieron cuando Sesshime aterrizó y enseguida lo bajó, le sorprendió no ser lanzado al suelo, pero agradecía la consideración, la herida de su hombro aun le dolía y sangraba.
Se quitó con cuidado su playera tratando de no agravar la lesión, arrugo la nariz al ver lo morado que se ponía la piel, tendría que romper su playera para usarla como vendas, pues perdió su mochila al inicio de la escaramuza, cuando iba a proceder a destruir su ropa sintió una respiración sobre él –se había sentado para no caer si el dolor se había más fuerte-, y antes de poder preguntar, gritó ante la sensación de una lengua recorrer la herida, el dolor y el alivio se mezclaron que hizo que su visión se oscureciera por unos instantes.
—Asqueroso.
Kogame parpadeó por unos segundos antes de ver a la yōkai retirar sangre de las comisuras de sus labios, luego miró su herido y sorprendentemente estaba curado, la piel estaba lisa, aunque quedaban residuos de sangre.
—¿Qué…?
—Mi saliva tiene propiedades curativas —respondió mientras limpiaba su espada.
—…pensé que era venenosa —susurró mirando fascinado su hombro antes de moverlo para ver si igual trataba el dolor.
—El de los yōkai machos sí, es venenosa; la nuestra no.
Kogame la miró.
—Gracias.
—Vuélvete a travesar de esa manera y dejaré que te desangres.
Él rió mientras se levantaba.
—Nunca dejaría que te hirieran, ¿sabes? No si puedo evitarlo.
Sesshime gruñó antes de caminar hacia él y tomarlo del cuello para ponerlo a su nivel.
—Si estás preparado para desperdiciar tu vida, entonces, entrégamela.
—Es tuya. Tómala.
Ella hundió sus colmillos en el hombro del hombre, su saliva era curativa, pero sus colmillos si tenían veneno; un veneno que dejaría una marca.
Una eterna marca.
FiraLili
28/11/2020
