D de Delicadeza
Delicadeza no es algo que vaya con Senku, en lo que a palabras y formas de decir las cosas se trata.
Y con Kohaku… Pues…
- No sé cómo hacer esto, Senku – confiesa ella, estando sobre él, preocupada –. ¿Y si te lastimo?
¿Qué es lo que están haciendo? El acto de consumar su matrimonio.
Y el miedo de Kohaku es lastimar a Senku con su fuerza, pues la intimidad es algo que debe tener su cierta delicadeza. O de lo contrario será más doloroso que placentero.
Por ende, Kohaku se quita de encima y le permite sentarse en la cama. Donde ella lo mira a los ojos con consternación y él, él reprime sus ganas de reírse.
(Ya sea de vergüenza o gracia, o incluso ambas).
- No lo harás, mientras no aprietes mi cintura con tus piernas y también, mientras no me claves las uñas en la espalda.
Kohaku entonces hace una anotación mental de ello, para luego asentir y mirarlo un poco más confiada –. De acuerdo.
- Y claro, también podemos decir que nos gusta o nos duele.
- Está bien – suspiró, mentalizándose –, aquí voy.
Kohaku acercó su rostro al de Senku, besándolo sin prisas, disfrutando del beso, la textura de sus labios, su sabor y su aroma.
Mientras él pasaba una mano por su nuca, acercándola un poco más. Para posteriormente, ponerla sobre sí, dejándola sentada sobre su estómago.
-… Eres un flojo – le reprochó, haciendo un puchero.
- ¿Quieres acaso que tome el control?
- Creo que es lo mejor por ahora.
Invirtió ella los roles, siendo ahora ella quien estuviera debajo y acostada en el lecho. Era un poco pronto para ella estar arriba y tomar el control, pero más adelante, sería ella quien lo ejercería.
En lo que aprendía a ser delicada en la intimidad.
