Disclaimer: Pokemón no me pertenece, es propiedad de Nintendo y Game Freak; yo sólo hago la historia y transformo estos animalitos de bolsillo en gijinkas.


Capítulo 1: La Leyenda y el Héroe

Hace mucho, mucho tiempo, tanto que faltarían dedos para contarlo, existieron humanos y Pokémon. Dos razas muy distintas que sin embargo, convivían pacíficamente entre ellas, apoyándose mutuamente como compañeros, amigos y hermanos; hasta que… la guerra se desató.

Lamentablemente, los humanos no podían convivir entre ellos, lo que los llevó a iniciar una gran guerra que terminó en su exterminio.

La última humana de la Tierra, siendo ya una anciana, se encontraba en su lecho de muerte con sus Pokemón junto a ella. Allí, moribunda, les hizo prometer una cosa: recuperar el legado de la raza humana. Los Pokemón, por el gran amor que le tenían a su entrenadora, lo cumplieron. Fueron en un extenso viaje hasta Oh-Ho, el pájaro legendario, y pidieron su deseo.

En respuesta, Oh-Ho decidió transformarlos en una nueva raza, de manera en que no eran humanos, pero tampoco Pokémon, ya no más. Era algo completamente nuevo y majestuoso que nadie se podría haberse imaginado jamás, llegando a ser soberbio incluso. Aquellos seis fueron los primeros sujetos de su orgullosa creación y al ser exitosa, prosiguió a transformar al resto de Pokemón que poblaban la Tierra.

A esta nueva raza se les llamó Minskémon; y a ellos los Seis Campeones.

Una vez tuvieron su nuevo cuerpo, comenzaron a crear una nueva sociedad donde todo era perfecto; la solidaridad, equidad y mutualismo eran los grandes rasgos de este nuevo mundo, haciéndolos capaces de crear grandes ciudades y ricas culturas. Sin embargo, como en toda utopía, los Minskémon se volvieron prejuiciosos y competitivos, dándole prioridad a sus poderes y efectividades. Tanto era el prejuicio, que todos los tipos se agruparon y se dividieron en países, preocupados por ganar territorio.

Al presenciar la destrucción del mundo que habían creado, los Seis Campeones desaparecieron del mapa, desilusionados y deshonrados, esperando por un nuevo héroe que los encontrara y los orientara a reconstruir la perfecta utopía que habían ideado en un principio.

– Aunque, sólo es una más de las historias de este viejo. – habló una voz ronca con sorna. – Así que vayan a jugar, niños.

– ¡Pero abuelo! – gritaron a coro un montón de pequeños Abras, ansiosos de seguir escuchando las leyendas del anciano.

– Vamos, que el recreo es para jugar y relajarse. No me hagan llamar a la señorita Kazuna.

– Está bien… – asintieron en un puchero, algunos más amurrados que otros.

Este viejo parlanchín rodeado de los Abras; calvo, bigote y barba casi blancos, vestimenta asiática y de mirada sabia es Shigeru, el Alakazam. Siempre se muestra muy amable, comprensivo y culto, pudiendo estimarle sus cuantos siglos, algo contrastante comparado con la gran energía que rebosa todos los días. Tal júbilo es lo menos que se puede esperar del Líder de Fukurokuji, el país de los Psíquicos.

El humilde pero importante país se organiza en monasterios, cada uno con sus jefes de clan, donde se dedican a buscar el viaje espiritual y a alcanzar la máxima sabiduría. Estos objetivos son para cumplir su misión principal, o sea, reunificar la Antigua Utopía; aunque, no se ha logrado mucho a pesar del tiempo. Se ubica donde antes se hacía llamar Ciudad Fucsia, y antes de eso, Ciudad Azafrán.

Su principal Monasterio es el de los Abras, siendo bastante particular. Ahí viven la familia líder, que consta de, como el nombre lo dice, toda la línea evolutiva de los Abras. Aunque sólo uno puede evolucionar a Alakazam, y ese es nuestro anciano Shigeru.

Antes eran dos, pero Seiyun, su esposa, murió al dar a luz al último de sus tantos hijos.

Y ahí, en el Templo Principal, salió una hermosa y mística figura, situándose al lado del viejo.

– No debería desvirtuar las leyendas, señor ¿Qué pensaría su esposa al oírlo hablarles de esa manera a los Abras?

– Esas leyendas son tan antiguas que ya nadie las recuerda, Kazuna. – le contestó apaciblemente a la mujer. – ¿Y cuántas veces te he dicho que dejes de llamarme "señor"? Soy un viejo, no un feudal.

– La señora Seiyun no diría lo mismo.

– ¡Jo, jo! – se carcajeó él. – ¿Así que las mañas de mi mujer te terminaron adoctrinando?

– ¡Señor Shigeru, por favor! – le regañó la mujer de melena verde.

Kazuna, una hermosa y esbelta Gardevoir, es la guardiana de la familia líder y maestra de los Abras. Con su inmenso poder y bondad ha estado sirviendo y enseñando durante décadas; y a pesar de poseer esos hipnotizantes ojos carmín y esa elegante y cordial forma de ser, nunca se le ha visto con una pareja. Al parecer es demasiado devota al clan como para pensar en ello.

– Vamos Kazuna, era un chiste. – le intentó tranquilizar el anciano. – Aunque, en serio deberías dejar de llamarme "señor". No soy tu amo ni mucho menos.

– Pero es el líder de este país y debería acostumbrarse a que lo traten como tal.

– Déjalo, Kazuna. El abuelo no entenderá que tú simplemente estás siendo respetuosa. – le habló una chica que iba saliendo del Templo hacia ellos. – No va a entender razones así como pierde el tiempo ahora, jugando shogi y bebiendo sake con el resto de los jefes.

– No me vengas con tales estupideces, que tu abuelo está muy viejo como para preocuparse por su hígado, Chiyoko. – le contestó burlescamente el Alakazam. – A estas alturas debería estar buscando un sucesor, pues ya no estoy para estos tiempos.

– ¿Qué ya no estás para estos tiempos? ¡Por favor, abuelo! ¡Haz estado por más de dos mil años, así que no me vengas TÚ con eso! – se molestó la chica.

– Bueno, dos mil años o no, sigo siendo un simple anciano y tú una chica con muchos deberes en este momento. – le dijo sonriente, dándole unas palmadas en la cabeza.

– Hmph. Como sea. – masculló en un puchero. – Iré a entrenar con Daiki.

Aquel nombre le produjo una mueca de disgusto a la guardiana.

– Sabes que no me gusta que te agarres a golpes con ese chico. La última vez terminaron ambos con el brazo roto. – le advirtió esta.

– Oh vamos, Kazuna. Fue hace cuatro meses. – musitó juguetona, mientras caminaba en dirección al exterior. – Además, no fue el brazo, fue la clavícula.

– ¡Pues, peor aún! – exclamó, deformando su expresión.

Entre tanto se alejaba, la mujer de melena la observaba y no con la mejor cara.

– Oh Ho-Oh mío. Debería estar entrenando sus poderes psíquicos, no jugando a la lucha libre. – decía ella con la mano en la mejilla y actitud desaprobatoria.

– Son jóvenes, Kazuna. Deben vivir su juventud mientras puedan, sobre todo Chiyoko. – le respondió el anciano, entrando al templo.

– Pero ella tiene deberes de princesa, señor. – debatía, siguiéndolo. – Además, siempre sale más golpeada que el chico. En cualquier momento adquirirá el tipo Siniestro y...

– No te preocupes demasiado. Mi nieta puede cuidarse sola, y Daiki tiene más brasas en su interior que otra cosa. – le interrumpió, intentando tranquilizarla. – El chico es de nobles sentimientos y Chiyoko los verá, algún día.

La mujer enarcó una ceja no muy convencida, más Shigeru continuó su camino hasta una sala con un gran kotatsu y un baúl negro. Lo abrió y de ahí sacó un rollo de papel rosado, al mismo tiempo en que Kazuna observaba preocupada cómo era descubierto sobre la mesita.

– Entonces… ¿En serio está pensando en darle el título, señor?

– Nunca había estado tan seguro. – agregó con firmeza.

– Ella aún no está preparada.

– Pues deberá estarlo. Se vienen tiempos muy difíciles, que yo he previsto y tú también.

Entre tanto y alejados de cualquier preocupación política, sobre una islita en medio del lago donde antes se hacía llamar la Zona Safari; estaban ambos jóvenes, Chiyoko y Daiki, sentados como indios en la hierba. La joven se encontraba meditando, flotando a unos centímetros del suelo. El otro también lo intentaba, aunque no se veía tan concentrado.

– Mmmm… – rezongaba él. – ¿Cuándo terminaremos de meditar?

– Cuando haya que terminar. – respondió ella, increíblemente aún concentrada.

– ¡Pero esto no está funcionado! ¡No me he levantado ni un milímetro del suelo! – exclamó impaciente.

– Daiki, tú no puedes flotar. – abrió los ojos, extrañada.

– Si tú puedes practicar lucha libre, yo puedo flotar.

– ¡¿Pero qué…?! ¡Tú no tienes poderes psíquicos! – se reía la chica, mientras bajaba suavemente como pluma.

– Sí, sigue riéndote. Ya verás que lo lograré. – dijo molesto.

Chiyoko, la joven Kadabra y princesa de Fukurokuji, es una hermosa chica de grandes ojos, piel pálida y un largo cabello castaño, a diferencia del resto de Kadabras y Abras, que es rubio. Inteligente, amable, graciosa y muy alerta, es la promesa del país, siendo muy habilidosa con los puzzles. Es muy querida por todos, sobre todo su abuelo y su guardiana, además de ser la mejor en el combate con Lanza-cuchara de la escuela.

Daiki, el Torracat, es un chico de la misma edad, guapo, piel oscura, cabello negro, fuerte y muy entusiasta; aunque también algo ingenuo y orgulloso. En contraste con ella, no es muy aceptado por la comunidad al temer su futuro tipo Siniestro y por enseñarle a la princesa a agarrarse a golpes, pero, en realidad es lo que menos le importa; su prioridad ahora es estar a su lado y amarla con todo su corazón. Eso sí, una de sus cualidades es ser una excelente niñera.

En su niñez fue secuestrado en Alola y traído hasta Kanto. Iba dentro de un cargamento ilegal de niños que seguramente estaban destinados a ser ladrones u objetos de experimentos, pues los llevaban directo a Ciudad Verde. Sin embargo, algo ocurrió en el camino. Un estruendo se escuchó desde fuera del conteiner y minutos después vio las puertas de su salvación, abriéndose.

Ahí, frente a él, se encontraba un anciano de bigotes largos, barba rubia y pinta de viajero japonés, con un gran y amplio sombrero de caña. El cielo lo iluminaba con gran intensidad, mostrándolo como un ser divino e inexistente. Por suerte, el hombre existía y los sacó a todos del conteiner, llevándolos a su Monasterio en Fukurokuji. Claramente, ese tipo fue Shigeru.

Días después empezaron a llegar los padres de los niños al Monasterio, emocionados, llorando de alegría por encontrar a sus hijos; todos menos los padres del felino, que habían muerto hace años.

En consecuencia de ello, Shigeru lo recibió con los brazos abiertos, integrándolo como otro más de la comunidad y formando ese gran corazón que ahora tiene. Nunca fue tan popular en la escuela, no obstante, siempre tuvo la amistad de su nieta, amistad que se transformó en amor. Sin duda, le debe la vida al viejo.

– El día en que logres flotar será el día en que los Pignites vuelen. – se burló la princesa.

– ¡Oh! ¿Así que quieres apostar? – preguntó pícaramente el otro, con algo de ilusión incluso.

– ¿Qué querrías apostar? – reaccionó ella de la misma manera.

– Si logro flotar, tú me vas a dar un beso.

Vaya, que sorpresa. O mejor dicho, no otra vez.

– ¿Sigues insistiendo con eso? – cuestionó con cierto fastidio.

– El viejo siempre dice que la esperanza es lo último que se pierde. – dijo el chico relajado, colocando las manos detrás de su cabeza. Él iba muy en serio con la apuesta.

– Aish, últimamente el abuelo dice cosas tan incoherentes. El sake le está matando las neuronas. – rodó los ojos la muchacha y cruzó los brazos. Lástima que ella sólo lo veía como un coqueteo casual e infantil; y por lo mismo, lo pensó por un segundo. – Está bien, trato hecho. – asintió, estirando su mano.

– ¡Muy bien! – correspondió muy entusiasmado el gesto. – ¡Ya verás que será más temprano que tarde!

– Sí, claro. De esa forma veré más pronto al Pignite volar. – habló con sorna, levantándose del pasto. – ¿Tienes ganas de un round? – le desafió en posición de pelea.

Pero justo empezaron a sonar las campanas del Templo, dando anuncio a la reunión matutina.

– Me temo que no hay tiempo. – habló el Torracat, incorporándose.

– Entonces carrera al Templo.

– Sólo si no te teletransportas hasta allá. Siempre haces eso y es injusto.

– Muy bien.

Los dos se pusieron en posición de corredor.

– En sus marcas… – comenzó la Kadabra.

– Listos… – siguió el joven.

– Listos… – hizo un silencio intencional.

– ¿Listos…? – esperaba el otro. – Oye ¿Cuándo vamos…?

– ¡YA! – gritó finalmente la chica, y se lanzó a correr.

– ¡OYE! ¡No es justo! ¡Lo hiciste a propósito, Chiyoko! – se quejó él, mientras partía la carrera tras ella.

Dieron un gran salto dentro del lago y nadaron hasta la orilla, dando inicio a la estrepitosa carrera. Avanzaron y luego subieron la velocidad quedando a la par, entre tanto se daban algunos empujones y zancadillas entre risas y pucheros.

No obstante, esas risas pronto serían opacadas por la conmoción en el Templo. Todos los habitantes de la comunidad estaban reunidos al frente de este, sentados para escuchar el anuncio matutino. Adelante estaban Shigeru y Kazuna, preparados para trasmitir el discurso.

– ¡Queridos amigos míos del Monasterio de los Abras! – comenzó el anciano. – ¡Hoy es un día importante para nosotros, pues he de dar información muy crucial en este anuncio matutino!

Los Minskémon comenzaron a murmurar entre ellos, preguntándose sobre qué podría ser aquella noticia.

– Cómo saben, tiempos difíciles se vienen para nuestro país. El Imperio está cada día más violento y su política expansionista va cada vez más lejos. De hecho, nos ha llegado información de que ha estado intentado invadir otros países cercanos.

Un jadeo de espanto invadió a todos los presentes. Nunca se imaginaron que el Imperio tomaría fuerza tan rápido, pues Mizunokuni y Treet no los dejarían.

¿De qué Imperio hablan? Se preguntarán. Pues nada menos que el más grande y peligroso; el Imperio Antrum o también llamada "La Nueva Roma". Se encuentra en las montañas, viviendo ahí los tipo Roca que a la vez esclavizan a los tipo Tierra. Sin ningún aliado y sólo enemigos políticos, el Imperio Antrum es uno de los países a cuál definitivamente hay que temer, pues buscan expandir su territorio a toda costa. Si no fuera por el Pacto de No-Agresión de Mizunokuni y la estrategia política del País de Treet, ya serían dueños de todo Kanto.

– Además, ya no soy el mismo de hace doscientos años. La edad me ha alcanzado y temo que esta vez no podré luchar con ustedes. – explicaba, desconcertando a su gente por unos segundos. – Pero no desesperen, ya que por eso mismo, mi nieta Chiyoko aquí presen…

El Alakazam miró a su lado y sólo había aire. No se encontraba la tan requerida presencia de su nieta.

– Eeh… ¿Kazuna? – murmuró nervioso.

– ¿Señor?

– ¿Dónde está mi nieta?

La guardiana sólo se limitó a fruncir el ceño y encoger los hombros.

Inmediatamente, se comenzaron a oír estruendos desde el bosque, ruidos de arbustos, ramas y árboles, acompañados de algunos gritos y pasos pesados. Parecía una estampida de animales salvajes que alarmaba a la multitud presente ¿Realmente hay bestias sueltas? La pregunta se contestó por sí sola cuando del follaje saltaron dos figuras, con los rayos del sol sobre ellas en una escena casi esplendorosa; seguido de un alarido que iba directo al suelo, rodando y rodando hasta frenar en medio de todos. Aquellas figuras eran, casualmente, la princesa y su mejor amigo, que abrieron lentamente los ojos, aturdidos por la caída.

– ¡TE GANÉ! – gritó la muchacha al ser la primera en espabilarse. – ¡Te gané! ¡Te gané! ¡Te gané! – repetía triunfante mientras se reincorporaba.

– ¡NO ES JUSTO! – se quejó su acompañante. – ¡Corriste antes!

La Gardevoir carraspeó fuertemente, llamando la atención de ambos y observándolos muy molesta. Los chicos de pronto miraron a su alrededor, para luego revisarse ellos y darse cuenta que estaban empapados, enlodados y con ropas rasgadas, o sea, hechos un completo desastre.

– Eemm… – masculló la castaña. – Hola a todos. – rio de manera nerviosa. Se sacudió un poco y camino rápidamente al lugar al lado de su abuelo. El otro joven hizo lo mismo, pero en dirección contraria.

Unos orbes carmines los penetraban con intensidad, advirtiéndoles que estaban en problemas.

– Bueno, como estaba diciendo. – comenzó nuevamente el viejo. – ¡Es por eso que se hará la Ceremonia de Cambio de Mando!

– ¡¿Eh?! – se sorprendió la chica, al igual que todo el resto de habitantes.

– ¡Pues, mi nieta, la Princesa Chiyoko, pasará a ser la nueva líder de Fukurokuji! – exclamó finalmente, levantando el brazo de la mencionada.

Allí, el mundo se detuvo para ella.

– ¡¿QUÉ YO QUÉ?!

Todos reaccionaron en un grito de ovación hacia el líder y la princesa, celebrando alegremente, aunque esta última estaba muy confundida.

– ¡No! ¡Espera un segundo! – dijo zafándose del agarre de su abuelo. – ¡¿Me vas a dar el título de líder?!

– ¡La ceremonia será anunciada en unos días! ¡Los mensajeros ya partieron a entregar la noticia a otros Monasterios y países! ¡Fukurokuji tendrá luego otro líder! – dio por terminada la declaración el anciano, sin prestar atención a las quejas de su nieta.

Después de esa inesperada reunión y estando en privado, un fuerte golpe resonó por encima del kotatsu. Chiyoko estaba muy molesta a causa de la precipitada decisión de su abuelo, quien ni siquiera le consultó si quería tomar las riendas de Fukurokuji. Definitivamente se sentía pasada a llevar.

– ¡No puedes estar hablando en serio! ¡¿De verdad me vas a dar el título?! ¡Ahora sí perdiste la cabeza, abuelo! – exclamaba colérica, golpeando nuevamente la mesita.

– Es quinta vez que golpeas el kotatsu, lo vas a romper. – le llamó la atención el Alakazam, de lo más sereno.

– ¡¿Y quién demonios le importa?! ¡Ni siquiera me lo preguntaste!

– Aquí la única que ha perdido la cabeza eres tú. – le contestó Kazuna, muy enojada. – No logro comprender el hecho de que estés rechazando el título. – explicaba mientras se daba vueltas alrededor de ella – ¡De hecho, debería regañarte por cómo te presentaste frente a todos, en esas pintas y con ese… ese… ese Torracat!

– Ese Torracat, para tu información, es mi mejor amigo ¡Y se llama Daiki! – contratacó, ofendida por cómo la guardiana estaba tratando a su amigo.

– ¡Suficiente ustedes dos! – exclamó Shigeru, logrando que ambas se callaran y se voltearan hacia él.

Sin embargo, la situación no puede resolverse ahora y las preguntas están lejos de ser respondidas, porque las campanas comenzaron a sonar frenéticamente.

– ¡La señal de alerta! – exclamaron los tres a la vez.

Salieron del Templo a ver lo que estaba ocurriendo y divisaron a un centinela, que gritaba.

– ¡EL IMPERIO! ¡NOS ESTÁN INVADIENDO!

El peligro se acerca más rápido de lo que tenían planeado y los problemas internos aún no se resuelven ¿Qué harán nuestros héroes al respecto?

¡Esta historia continuará!


*Minskémon, en la traducción literal significa "monstruo humano", siendo "minslklik" sacado del Frisón occidental. Pues, "poke", al significar "bolsillo", no le encontré sentido que prevaleciera ya que no están metidos más en pokébolas.