NOTA ANTIGUA
Quiero agradecer de antemano a todas las personas que han leído, guardado y comentado en este fanfic. Sobre todo a nadaoriginal, que ha comentado todos los capítulos.
No esperaba que este fanfic tuviera tan buen recibimiento en tan pocas semanas (O al menos lo que yo estoy acostumbrada). Este proyecto lo he estado planeando hace casi un año ya, y me pone muy feliz el hecho de que esté dando resultado. Así que, cómo último favor, no dejen de hacerme saber su opinión, así poder corregir errores, aprender o simplemente decir que les gusta, es completamente válido.
Ahora sin más, les dejo aquí el capítulo ¡Y Feliz Año Nuevo!
Capítulo 4: Atracciones exclusivas de Penínsulas
Nuestros héroes, después del incidente de las Islas Espuma, han navegado hasta llegar al fin a la Península del Fuego, la gran isla volcánica que anteriormente fue la destruida Isla Canela. La naturaleza ruda y pasional de los tipo Fuego hizo que se establecieran aquí, sin que nadie se metiera es sus asuntos. Encontraron muchos misterios al excavar la roca volcánica, en los principios de la Antigua Utopía. Y muchos negocios inventaron a partir de ello.
Con la roca volcánica construyeron la Mansión Líder, basado en un antiguo plano de la Era Pokémon y dentro del grandioso volcán que destruyó la isla milenios atrás. Con el resto del material supieron hacer artesanía muy duradera y costosa.
Otro negocio que pudieron levantar cerca de ahí fueron las aguas termales, que son muy populares en esta época del año.
Y por último, cuando encontraron las Islas Espuma hicieron la pista de patinaje que ya conocemos… y que ahora es historia.
Pero algo en que si son muy buenos estos Minskémon son las artes marciales, siendo capaces de alcanzar a los luchadores de Chounodojo. Muchos organizan clubes y se juntan a entrenar, siendo una actividad bastante común.
Y todo estos es de lo que estaban enterando nuestros viajeros, quienes se encontraban andando por la única calle más concurrida de la Península. Era bastante más gente a la cual acostumbraban a encontrarse, y en un espacio mucho más reducido. Aun así Kazuna y Daiki admiraban las artesanías, mientras que Chiyoko estaba muy perdida en el espacio, intentado descifrar la primera parte del poema.
– Dragón con fuego en la punta… – mascullaba para sí misma la princesa. – Un dragón… algo no me cuadra.
El Torracat estaba en frente de una vitrina, puesto a que su atención estaba posada sobre uno de los productos hace mucho rato. Era un prendedor color rosa, con forma de estrella. Pensaba que se le vería muy lindo a su amada, quien, a propósito, se volteó a verla. La aludida estaba parada en medio de la calle, sin darse cuenta que la gente chocaba con ella de vez en cuando.
– ¡Chiyoko! ¡Ven aquí un segundo! – le llamó la atención y esta fue hacia su amigo. – ¿Qué estabas haciendo ahí parada?
– Yo…- murmuró, aún algo ida. – Estaba tratando de descifrar el poema.
– ¿En medio de la calle? – preguntó, extrañado. – O sea que en serio te fuiste a otro plano, ¿eh?
– Eso creo… Aunque algo aún no me calza del todo.
– ¿Qué cosa?
– No le encuentro sentido que sea un dragón, pues estaría en la Meseta Wyverno. – explicaba. – Sin embargo, estamos aquí.
– Tal vez es porque no es realmente un dragón. – dijo la guardiana, que venía saliendo de la tienda con una pequeña cajita.
Los dos la miraron a ella y a la caja, con mucha confusión.
– ¿Qué es eso? – señaló la castaña.
– Son lentes de sol con marco de roca volcánica. – le contestó la mujer, sacando los anteojos de la caja.
– Pero… es invierno. – musitó el luchador.
– Aquí el sol sale cuando menos te lo esperas, Daiki. – finalizó, colocándoselos sobre la melena y dispuesta a seguir caminando.
El mencionado vio que era hora de irse y ni siquiera había preguntado por el broche. Bueno, ya lo compraría después.
– Entonces… si no es realmente un dragón… ¿Qué es? – persistía la chiquilla, continuando el paso de ellos.
– Tal vez sea su actitud. – infería su compañero.
– Eso es más subjetivo.
– Un poema es bastante subjetivo de por sí.
– Sí, pero eso se lo podría decir a cualquiera.
Siguieron pensando, muy ensimismados.
– Creo que están pensando mucho en dragones y poco en fuego. – mencionó la mayor de ellos.
– ¿Por el fuego en la cola? – preguntó el chico.
La otra sólo sonrió con complicidad y se encogió de hombros.
– A ver… los Minskémon que tienen fuego en la cola son la línea de los Charmander, la de Ponytas, la de Cyndaquil y los Magmar. – nombraba la muchacha.
– Y si tomamos con cierta literalidad lo del dragón, sólo habría que considerar a la línea evolutiva de los Charmander y los Magmar.
De pronto, la Kadabra se detuvo al escuchar tal tontería.
– Los Magmar no son reptiles, son patos. – le dijo.
– ¿Y no le has visto las manos y los pies?
– ¿Qué tienen?
– Garras de reptil.
– ¿Y eso qué? Siguen siendo patos.
– ¡Pero tienen garras de reptil! – le reclamó él. – ¡Y por algo contamos la cola!
– ¡Son patos, Daiki! – se molestó también su amiga.
– Los Magmar comparten características de iguanas y patos, así que ambos están en lo correcto. – les aclaró la de melena verde.
Los jóvenes la observaron, con duda y sacudieron su cabeza, dando por terminada la discusión.
– Sigue faltando algo… – masculló la niña.
– ¿Qué cosa? – preguntó la Gardevoir.
– No lo sé… aún son muchos Minskémon para esta pista.
El Torracat se quedó admirando el cielo azulado por unos segundos, viendo algunos Minskémon pasar.
– Bueno, los dragones vuelan.
Ahí todos se detuvieron, abriendo los ojos de golpe. Habían sido iluminados fulminantemente por el comentario.
Pues… ¿Cuántos de la lista pueden volar?
– ¡Los Charizard! – exclamó la princesa, con mucha seguridad.
Y con la deseada respuesta surgió otro dilema. Los Charizard de la Península no era pocos precisamente.
– ¿Y cómo ubicaremos al Campeón entre los Charizard? Hay bastantes en este país, princesa. – le habló su guardiana.
– Pareciera que no me conocieras, Kazuna. – sonrió la otra, burlona.
– No es mi intención poner en duda sus habilidades, princesa. – se disculpó inmediatamente con algo de nervios. – Sólo qué, no se me ocurre cómo podríamos encontrarlo.
– ¿Acaso les preguntaremos a todos uno por uno? – preguntó el muchacho.
– Exactamente. – afirmó la chiquilla.
De la nada, la castaña se alejó del grupo, a paso rápido. Los otros la observaron, sorprendidos, e intentaron seguirla.
Se acercó a una pareja de ancianos Torkoal, que se veían bastante amistosos.
– Buenos días, señores. – saludó muy amablemente. – ¿Saben ustedes donde encontrar una guía telefónica?
Posteriormente, los viajeros estaban en frente de una tienda. Tenía un aspecto algo descuidado y espeluznante, con un letrero colgante que decía "La Botica de la Hechicera" y una vitrina llena de polvo, que no dejaba ver el interior. Sin duda no daba buena espina.
– ¿Aún quieres esa guía telefónica? – preguntó algo temeroso el luchador.
– Muy segura. – respondió la otra, frunciendo el ceño y entrando a la tienda.
Por dentro, la botica era más espeluznante que afuera y más desordenada. Tenía estanterías llenas de libros, tónicos y botellas que derramaban algún líquido extraño, esferas extrañas que parecían revelar el futuro y varios fajos de cartas del tarot. También vitrinas que mostraban artilugios antiguos y, lo que más desentonaban, dos cabinas de teléfono.
– ¿Hola…? – musitó la chica para ver quien atendía el lugar. La respuesta fue nula.
El resto se puso a examinar las cosas de los escaparates. La Gardevoir miraba con cautela, dudando de la procedencia de los objetos y el chiquillo… bueno, parecía un gato jugando con un puntero láser. De hecho, muchas cosas brillaban.
De pronto detuvo su atención en una botella sellada con exageración, teniendo incluso cadenas y un enorme candado. Su contenido tenía una apariencia fluorescente.
– Wow… ¿Qué es esta cosa? – se preguntaba él.
– ¡NO LO TOQUES! – se escuchó una voz al fondo de un pasillo, que sobresaltó a los tres.
Se voltearon hacia allá, divisando una oscura figura de manos muy grandes, que se acercaba flotando hacia ellos.
– ¡AAAAH! ¡NO TOQUÉ NADA, SE LO JURO! – gritó el chiquillo, colocándose detrás de su amiga, que estaba igual de asustada. La de melena, al contrario, no mostraba temor alguno.
Una vez la distancia se acortó, la poca luz del lugar reveló que las grandes manos de la figura eran nada más que mucho cabello, y que era más bajita de lo que se veía.
– ¡Esa botella contiene la flama de un Chandelure! – le dijo la dueña. – ¡Si la tocas se llevará tu alma al inframundo!
Daiki pegó un alarido de terror al escucharlo, sobándose desesperadamente la mano.
La dueña, que parecía una niña, le echó una mirada rápida a su negocio, y al comprobar que no había más desorden, les prestó atención a ellos.
– Bien. Bienvenidos a la Botica de la Hechicera. – les saludó con una expresión poco amable. – ¿Qué necesitan?
– Eeh… necesitamos una guía telefónica. – respondió la princesa.
Ahí la inexpresiva mueca de la dueña cambió a una de disgusto.
– Están dentro de la cabina. – habló, señalando a las cabinas con el dedo.
La Kadabra fue y entró a una de las cabinas, mientras los otros se quedaron mirando entre ellos.
– ¿Y quién es la "Hechicera"? – preguntó el muchacho.
– Soy yo. – respondió la dueña, con el ceño fruncido.
– ¡¿En serio?! – musitó, sorprendido por su apariencia.
– ¡Daiki! ¡Compórtate! – le regañó la guardiana. – Para tu información, estás ante una gran guerrera de antaño. Ella es Marion, la hechicera de la familia líder.
El regañado se estremeció en seguida. Le acababa de faltar el respeto a una figura importante.
Marion, la Delphox, es la hechicera más habilidosa de la familia líder, y de todo el país. Muchos le han mirado en menos por ser más bajita y tener la apariencia de una niña, por lo mismo se dedicó a instaurar terror con sus trucos. Así, con los siglos, obtuvo el respeto que se merecía
– Gracias por la presentación. – le sonrió a la mujer. – Creo que te conozco de algún lado ¿Eres la amiga de Shigeru?
– La misma.
– Pues, encantada.
– No sabía que habías instalado una tienda. La última vez eras la protegida de la Líder.
– Bueno… las cosas cambian. – se encogió de hombros.
Ahí Chiyoko salió de la cabina con la gruesa guía telefónica y la colocó pesadamente sobre el mesón de la dueña.
– ¿Cuánto costaría esta?
– Temo que no está a la venta, niña. – se negó la Delphox.
– ¿Qué? Pero la necesitamos.
– Sí, y los Minskémons de aquí también. Estas son las únicas guías telefónicas de toda la Península.
– Oh… – murmuró, con algo de desilusión. No se esperaba una negativa.
Ante eso, escarbó en su mochila y sacó de ahí una libreta y un lápiz. Se apoyó en el mesón y hojeó la guía hasta encontrar la sección de los Charizard, luego se puso a anotar.
– Espera… – habló el Torracat. – ¿O sea que vas a anotar toda la sección en tu cuaderno?
– No me queda de otra. – contestó, anotando los nombres y direcciones.
– Con que buscan Charizards. – masculló Marion. – Bueno, en ese caso deben ir al Club Charizífico. No hay Charizard que no vaya para allá.
– ¿El qué? – preguntó la Gardevoir.
– El Club Charizífico. Es donde todos los Charizard del país van a entrenar. Basta con quedarse un día y ya los conocerán a todos. – explicaba. – Así que no se compliquen tanto con la lista esa. – les sonrió.
Eso les facilitó el trabajo a nuestros héroes, limitándose a sólo anotar nombres. Una vez terminaron la lista, agradecieron el préstamo de la guía y partieron al Club Charizífico, que no estaba muy lejos de ahí.
Al llegar se encontraron con un auténtico club de lucha libre, en donde había muchos Charizards. La mayoría esperaba alrededor del pintoso ring de pelea en medio de la sala, mientras que dos de ellos se agarraban a golpes. Arriba había un contador, que se veía bastante parejo. Sin duda un lugar que le causaba bastante disgusto a Kazuna, mas no a Daiki, que se mostraba emocionado.
– Wow… – murmuró el chiquillo. – ¡Esto se ve genial!
– Sí a ti te gustan las cuevas llenas de violencia y… – decía la mujer, olisqueando con asco. – Sudor… supongo que está bien.
– Bueno, sudado o no, este es el lugar donde entrena el posible Campeón. – le dijo la chica. – Bien, dividámonos y nos ju…
– ¡Vaya, vaya! ¡Tenemos visitas! – le interrumpió un Charizard de forma burlona, aproximándose a ellos. – ¿Que les trae por aquí, linduras?
– ¿Disculpa? – gruñó la guardiana, con más desagrado.
– Buenos días. – saludó cordialmente la otra. – Estamos buscando a un Charizard.
– Está rodeada de ellos, niña. – le sonrió. – ¿O buscas uno en específico?
– Pues… es gracioso. No sabemos a cuál buscamos… – rio nerviosamente.
– ¡¿Qué?! ¡JÁ! ¡No me estés tomando el pelo! – explotó el Charizard, en una gran carcajada. – ¿Buscas a alguien y no sabes quién?
La de melena carraspeó muy fuerte y se interpuso entre ellos.
– Verá… caballero. – habló, mirándolo con cierto rechazo de pies a cabeza. – Nosotros no buscamos a cualquier Charizard. Este es un luchador muy fuerte, prácticamente una leyenda.
– Todos aquí somos luchadores muy fuertes, señora. – contestó el otro. – Y muy guapos, por cierto. – le guiñó.
– Eeh… sí, si usted lo dice. – enarcó una ceja, en señal de duda. – Pero no todos son uno de los Seis Campeones, señor.
El Charizard abrió muy grandes los ojos de la sorpresa. Esperó un segundo para procesado, y volvió a explotar en otra estridente carcajada.
– ¡JAA, JA, JA! – reía. – ¡OIGAN, CHICOS! ¡¿ESCUCHARON?! ¡ESTAS CHICAS ESTÁN BUSCANDO A UNO DE LOS SEIS CAMPEONES! – gritó, llamando la atención de sus compañeros.
Todos los Charizards del lugar reaccionaron de la misma forma, riendo muy exageradamente. Sus carcajadas eran tan fuertes como para despertar un Snorlax.
– Le agradeceríamos que fuera un poco más discreto. – masculló la mujer, con obvia ironía.
– ¡Ay Oh-Ho! ¡Qué buen chiste! – se secaba las lágrimas este. – ¡Muy Bien, chicas! ¡Busquen todo lo que quieran! ¡Aquí no encontrarán nada! – finalizó entre más risas, entre tanto volvía al ring.
Las otras dos sólo suspiraron muy pesadamente.
– Bien, empecemos a buscar. – declaró la princesa, rompiendo la lista de nombres en tres partes. – Kazuna, tú busca por las bancas de allá. – señaló. – Daiki, tú busca por… ¿Daiki?
Volteaba a todas partes, pero no encontraba a su amigo, quien hace cinco minutos estaba a su lado.
– ¡¿DAIKI?! – llamaba al muchacho, sin recibir respuesta.
Sin embargo, escuchó un canto de victoria en el ring.
Se acercó al cuadrilátero y ahí estaba. El Torracat estaba sobre un Charizard, celebrando muy campante su victoria. De hecho, no sabía cómo y cuándo, pero se había cambiado su ropa por un traje de rudo muy vistoso.
– ¡Daiki!
– ¡Chiyoko! – respondió el otro, corriendo a las cuerdas de la cancha. – ¡Debes probar esto! ¡Es increíble!
– ¡Y tú debes bajar y ayudarnos! – le dijo, molesta.
– ¡Pero…! – masculló en un puchero. – ¡Vamos, Chiyoko! ¡Nunca había luchado en un ring real!
– ¡Baja de ahí! – le ordenaba, aunque su amigo no le hacía mucho caso.
Bufó llevando su mano a la frente, con una mueca de molestia. No veía como sacar al luchador, cuando de la nada, se le ocurrió una idea.
Le quitó un megáfono a un árbitro que estaba a su lado y subió al cuadrilátero, dispuesta a gritar.
– ¡Oigan! – exclamó por el megáfono, captando la atención de los presentes. – ¡Apuesto que ustedes, enclenques, no pueden vencer a mi amigo!
Los luchadores reaccionaron muy enojados, murmurando cosas como: "¿Qué demonios dijo?", "¿A ese niñito?", "¿Qué se cree esa mocosa?".
Porque no hay nada más doloroso para un Charizard que darle en su orgullo.
– ¡El que logre vencer a mi amigo ganará un premio en efectivo! – dijo, al fin. – ¡Y los que pierdan tendrán que responder una encuesta con mi guardiana! – señaló.
– ¡Oye! ¡¿Qué estás haciendo?! – le reclamó el rudo.
Ella le tomó de las orejas y lo acercó a su ser.
– ¿Tienes tanta pereza como yo de hacerles preguntas a estos tipos? – le susurraba, sin esperar su respuesta, que ya la infería. – Pues entonces ve preparando tus PP ¡Y pelea!
El joven asintió, algo ruborizado y se separó inmediatamente. Pensó por un segundo lo cerca que estuvo su rostro con el de la princesa, y luego centró su cabeza en el ring, chocando sus puños con confianza. Estaba listo para pelear.
Su primer contrincante era el Charizard que los recibió en la puerta. Tal parece que estaba tan listo como él.
– Cuidado, este chico está loco. – le advirtió el otro combatiente, dispuesto a bajar. Era el que hace unos momentos había sido derrotado cuando llegaron.
– Heh, eso ya lo veremos. – respondió.
Y fue el primero en perder.
En el suelo, mientras el árbitro gritaba: "¡UNO, DOS, TRES! ¡ESTÁS FUERA!", fue el primero en salir. Después entró otro, saliendo igual de destrozado, y otro, y otro, y así seguía.
Muchos entraban confiados al ring, pensando: "Ahora sí, debe estar casado", y no. Con cada victoria, el cascabel del Torracat era cada vez más flameante.
Empezaban con abalanzarse, pero Daiki lo esquivaba, dejando que impactaran contra las cuerdas. Estas se estiraban hasta más no poder y los hacían rebotar a gran velocidad, donde el chico aprovechaba para utilizar su Doble Patada. Cuando estaban en el cielo, era cosa de usar Desquite o Colmillo Ígneo y ya estaban listos para la parrilla de la derrota.
Después, iban con la guardiana, o mejor dicho, a la fila que le esperaban, para que les hiciera la encuesta. De paso los curaba un poco de su cansancio y los golpes.
Así los nombres se iban tachando, y los contrincantes disminuían, sin encontrar al Campeón. En la tarde venían las Charizards. Aquí Chiyoko cambió de lugar con su amigo, que recién se había cansado. Sin embargo, nada. La lista estaba completa.
Fueron victorias perdidas, las de ese día. Agradecieron a los luchadores por las molestias y salieron tan derrotados como ellos. El único que sintió una pequeña satisfacción fue Daiki, ya que cumplió su sueño de luchar en un ring real y porque lo elogiaron, diciéndole que podría participar en la LLK con ellos. (O la Liga de Luchadores de Kanto, para abreviar)
Se dirigieron a un bar en la misma calle, a ver si podían desahogar sus penas con el cantinero. Al entrar, se transformaron en el centro de las miradas de los comensales, que no eran para nada disimuladas.
"¿Ellos son los que buscan a los Seis Campeones", se alcanzaba a oír. También cosas como: "Bah, que ridiculez" o "Wow, genial. Al fin tendremos héroes".
Se sentaron en la barra, intentando ignorar todo el barullo de la clientela y le hicieron una seña al Magmar que estaba de turno, para que los atendiera.
– ¿Qué les sirvo? – preguntó él.
– Algo para superar la derrota. – contestó el Torracat.
– ¿Un whisky?
– No, yo quiero un sake. – interrumpió la chica.
– ¡Pero, princesa! – le regañó la mayor, indignada por tal petición. – ¡No me diga que va a tomar las mismas actitudes que su abuelo!
– Si se trata de fallar en una misión donde tienes que salvar a Kanto de un Imperio, entonces sí, tomaré sus actitudes. – musitó, recostándose sobre la barra. Entre eso, el Magmar sirvió los licores a los jóvenes.
– ¿Entonces no lograron encontrar al Campeón? – preguntó una voz de pronto.
Los tres se voltearon a ver la dueña de esa voz y resultó ser Marion.
– Te enteraste rápido… al igual que todos.
– Si se trata de una nueva victoria o de estar frustrados, a los Charizards se les cae la lengua. – habló la otra, con sencillez. – No deben preocuparse, apenas es su primer día aquí.
– Aun así, no sé si lo encontraremos…
– ¿Me das una cerveza? – se dirigió esta vez al cantinero.
– ¿Y con qué permiso? ¿El de tus padres? – se burló el Magmar.
La hechicera le frunció el ceño y le reveló una mirada espeluznante.
– Mira, mocoso. Tengo más de mil años y mis padres se murieron en la Antigua Utopía. No he luchado más batallas que tus años sirviendo copas para que me vengas a decir que no me puedes servir una cerveza.
Entonces, invocó en su mano un báculo que se veía el doble de su tamaño, y le prendió fuego en la punta, asustando a los que estaban a su alrededor.
-¡Está bien! ¡Está bien! – se resignó el cantinero. – No hay necesidad de ponerse así.
Sirvió una pinta de cerveza y se la dio. La Delphox, al recibirla, se la tomó en unos cuantos segundos, haciendo que sus cabellos llamearan en breve. Luego dejó el vaso, golpeando la mesa.
– ¿En qué estábamos…? Ah, cierto. – recordó. – ¿Tienen dónde quedarse?
– Eeh… no lo creo. – dijo el muchacho.
– Bueno, pueden quedarse en mi botica. Seiji, mi asistente les ayudará.
Los chicos tomaron un sorbo de sus vasos y se fijaron en la guardiana, que no estaba muy feliz. Parecían esperar su aprobación.
– Si se creen tan grandes para beber, entonces son grandes para decidir. – bufó, molesta.
– Eso es un sí. – asintió la castaña, sonriente.
Después de un rato, terminaron sus tragos, dejaron dinero y bajaron de las sillas, dispuestos a irse.
De repente, un Minskémon salió del baño, dirigiéndose a la salida. En el trayecto, chocó con una de sus alas a la chiquilla, propinándole un leve empujón.
– ¡Hey! – soltó ella, en represalia.
– Oh, disculpa. – se volteó él por un segundo y después se fue.
Los tres lo observaron bien. Era un Charizard, uno que no habían visto en el día.
– ¡A él no le hemos preguntado! – exclamaron los menores, saliendo a gran velocidad detrás de él.
Aunque, al estar en la calle, notaron que ya se había ido, o mejor dicho, desaparecido.
– ¡Pe-pero…! ¡Salió hace un segundo! – chilló la niña.
La hechicera y la guardiana salieron atrás de ellos, con absoluta calma.
– ¿A quién no le preguntaron?
– ¡Al tipo que chocó con Chiyoko! – contestó el luchador. – ¡No lo vimos en el Club Charizífico!
– ¿Sintieron un apestoso olor a tabaco? ¿O le vieron un abrigo viejo?
– Sí. ¿Por qué?
– Olvídense de él. – dijo y se dio la media vuelta.
– ¡¿Qué?! ¡¿Por qué?! – rechistó la chiquilla.
– Ese tipo es difícil de tratar.
– ¡¿Pero quién es?! – saltó el otro.
– Es el Detective Lizardon.
– ¿Detective Lizardon? No recuerdo haber leído ese nombre en la guía. – mencionó la de melena.
– Es porque el idiota ese es tan astuto que se puso en la sección de comercio y no de residentes. – explicaba con desgano. – De todas formas, no les recomiendo hablar con él.
– ¡Oh, vamos! ¡Hoy luchamos contra un montón de Charizards orgullosos y furiosos! ¡¿Qué tan difícil puede ser uno más?! – dijo burlonamente Daiki.
– Es que… este no es como los otros Charizards. – comenzó a relatar la Delphox. – Ese sujeto es un detective privado y es famoso por ser oportunista y aprovechador. Sólo acepta casos conspirativos, o que tengan una alta suma de dinero. Hay veces que incluso se los niega a la familia líder.
– ¿Y por qué tan selectivo? – cuestionó la otra mujer.
– El tipo es tan enfermo, que si no le entretienen, no los acepta. Piensa poco menos que es jugar a las tacitas.
El joven soltó un bufido de fastidio y la guardiana puso su mano en la frente, en señal de decepción. La princesa, sin embargo, se veía pensativa.
– ¿Dices que un caso conspirativo?
– Exactamente. – afirmó Marion.
Continuó escarbando en su mente y se le ocurrió otra idea, que organizaría de aquí a mañana.
– Creo que tengo un plan. Vengan. – habló, y siguió caminando.
Pasaron la noche en la Botica, en la que les costó dormir por los ruidos tenebrosos que se escuchaban. A la mañana siguiente, estaban en pie y listos para efectuar el plan que la Kadabra había ideado.
No era muy difícil. Iban a llamar al detective, haciéndose pasar por clientes, y una vez que los citen a la Botica, le preguntarían si él era el Campeón. Algo sencillo, sin obstáculos.
Chiyoko será la que llamará por teléfono.
– ¿Todo listo, entonces? – preguntó ella.
– Sí.- Asintieron todos.
Entonces, la chica entró a la cabina telefónica y marcó el número. Esperó un momento hasta que atendieron de la otra línea.
– Detective Lizardon, a la orden. – contestó una galante, pero algo deteriorada voz.
– ¿Detective? Necesito su ayuda. – dijo, sonando algo angustiada.
– Es para lo que todos llaman, señora. – se le escuchó en un tono sarcástico. – ¿Cuál es su problema?
– Pues, verá. Mi tío ha muerto esta mañana. Se disparó en la cabeza y… tengo la idea de que no fue un suicidio.
– ¿Ah sí? – masculló con algo de duda. – ¿Y quién es su tío?
– Bueno, es… – murmuró la muchacha, mirando nerviosa a sus compañeros. No esperaba que le preguntaran por nombres.
La Delphox notó esto y le chasqueó los dedos a su asistente. Este se puso a buscar en una pila de diarios viejos que ya tenían lista por si la situación lo requería, viendo noticias que cuadraran con el caso. Para su fortuna, había una, de un millonario que se suicidó en Pueblo Paleta, años atrás.
La hechicera le quitó el diario de las manos y se lo mostró, señalando el nombre.
– Es… ¡Alejandro Piedra! ¡El multimillonario! – exclamó de los nervios.
– ¿Alejandro Piedra? ¿Ese no era el multimillonario de Teselia que se mató en Pueblo Paleta? – preguntó el otro, con más incertidumbre.
Esto la dejó más descolocada, no pensaba que se acordaría de la noticia. Bueno, por algo es detective.
– Es… es… ¡Es otro Alejandro Piedra! ¡Su… su…! ¡Primo segundo…! ¡Sí! – tartamudeó con mucho nerviosismo, llegándole a sudar las manos.
Sus amigos la observaron con confusión, y la Gardevoir sólo se limitó a llevarse la mano a la frente con fastidio.
– Primo segundo… claro. – respondió el detective, esta vez con desinterés, cosa que la princesa notó.
– ¡Está perdiendo el interés! – susurró al resto, tapando el auricular.
– ¡Dile que hay una gran recompensa…! No, no es suficiente. – pensaba Marion en voz alta.
– ¡O que estaba involucrado en la mafia! – habló el Gallade asistente.
– ¡O que hubo un secuestro! – le ayudaba también el luchador.
– ¡O no! ¡Ya sé! – le interrumpió la primera. – ¡Tráfico de armas!
La chiquilla asintió y volvió al teléfono.
– ¿Hola, señora? – insistía el Charizard en la otra línea.
– Aquí estoy, detective.- le respondió. – Verá, hace unos días llegó una carpeta a mi casa. No supe quien la envió, pues no vi al Minskémon. La abrí de la curiosidad y leí que mi tío estaba involucrado en tráfico de armas.
– ¿Tráfico de armas, dice? – saltó de la impresión. – ¿Y qué más decía ese informe?
– No puedo decírselo aquí. – musitó, fingiendo desesperación. – Es peligroso, estoy en la vía pública.
– Oh, claro, claro. – comprendió. – ¿Le importaría que nos juntemos en mi oficina?
De pronto lo pensó. No iba de acuerdo al plan, era mucho mejor.
– No hay problema, detective. Allí estaré. – colgó, finalmente.
Los otros se les acercaron con apuro.
– ¿Y te dijo? ¿Vendrá aquí? – preguntó ansioso su amigo.
– No, aún mejor. – le sonrió. – Iremos a su oficina.
Nuestros héroes tienen un plan a medias y un Minskémon que encontrar ¿Podrán dar con uno de los Campeones? ¿O será un impostor? Eso lo sabremos en el próximo capítulo, porque…
¡Esta historia continuará!
