Cortito, pero bonito, disculpen la tardanza, espero y el siguiente si sea más larguito


Glimmer les había dicho a sus dos mejores amigas que deseaba hablar con ellas, pero en eso sus deberes de Reina interrumpieron y tuvo que dejar la charla para después, dejando a Catra y a Adora un poco intrigadas.

Más tarde cuando se veía a través del ventanal que caía la hermosa tarde pintada en tonalidades amarillas y rojas, las dos jóvenes esposas decidieron empezar la limpieza de su habitación, tienen un poco de desorden, bueno en realidad tienen mucho que acomodar y limpiar, las dos observaban sorprendidas todo el desastre que tienen regado en toda su habitación. Y suspiran.
Pues fueron ellas mismas quienes decidieron hacerlo todo por su cuenta, sin intervención del servicio de aseo, porque francamente últimamente no han tenido nada que hacer para sentirse útiles, y pues que están haciendo algo, porque están acostumbradas a trabajar tan duro, y no hacerlo las aburre algunas veces. Con el hecho de solo estar paseando por toda Etheria las hace sentir que pierden el tiempo, y se abruman cuando no tienen nada en que ocuparse, así que por eso hacen el aseo.

Las chicas se habían cambiado de ropa a una más cómoda, para comenzar la gatita vestía una camisa roja un poco abierta del pecho y unos pantalones cortos de color negro, y Adora traía un suéter blanco y unos pantalones cortos de color gris, de primero también las dos se acomodaron el cabello atado en una coleta alta, y ahora estaban listas para dar inicio al trabajo de quitar todo el polvo terroso.

—¡Empecemos!,— Catra saltó con una sonrisa hacia la lámpara que daba inicio a un orden de escalera de lámparas colgantes, se había subido parándose sobre ella después con ayuda de las garras de sus pies y sus manos trepó hacia más arriba de la cuerda dorada, para poder limpiarla completa desde donde estaba el inicio del cordón brilloso de metal.

En ese caso Adora decidió comenzar a limpiar el espejo usando una tela rosa de seda, Glimmer le había enseñado a pasar la tela cuidadosamente para no rayar el espejo, de pronto algo le hizo mirarse frente a él deteniéndose, sus ojos azules se clavaron en el propio reflejo de su rostro y después ladeó un poco su cabeza para poder observar de mejor forma su peinado. Se sorprendió de lo bonito que lucía su cabello, con un brillo espectacular. Y estaba a punto de mencionarselo a Catra cuando la aparición de una mujer distinta la hizo volver, sus ojos se abrieron grandes al encontrar dentro del espejo a una mujer adulta, rubia, con unos ojos azules muy parecidos a los de ella, y sino fuera por la diferencia del peinado Adora podría jurar que es ella misma pero de otra época, a la rubia se le hizo un nudo en la garganta en el momento en el que vio a la bebé que la desconocida cargaba en sus brazos, la joven mujer pudo reconocer que esa bebé es ella misma, y entonces eso significaba que la mujer que aparecía frente a ella era su madre.

Adora no podía entender, no conocía cómo es qué estaba viendo ésto, pero por unos momentos deseó que la mujer de los primeros le hablara, aunque no sucedía, pero mirarla sonreír hizo que Adora soltara un par de lágrimas.

—Te he visto,— dijo, desviando la mirada hacia un lado un momento, recordó que la vio mientras fue presa del encantamiento del mago de Neptum,—Pensé que eras una más de esas ilusiones...— su llanto se desbordó ahora sí con fuerza, ganando la atención completa de la chica gatuna quien de inmediato vino hacia ella.

—¿Qué sucede mi princesa?,— preguntó la felina acercándose para abrazarla. Y Adora se instaló en los brazos de su querida esposa.

—Mi mamá… La vi, Catra,— mencionó Adora en medio de su llanto, y la gatita escuchó eso quedando llena de asombro. Sin embargo antes de que pudiera preguntar Adora le respondió.

—Ella apareció, no sé cómo, pero ella se mostró en el espejo,— dijo la chica más alta,—Quizás se trata de un recuerdo guardado muy profundamente en mi memoria.

—Siempre quisiste saber cómo era ella,— contestó Catra con una sonrisa de ternura,—Me alegra saber eso.

Y al escuchar ésto Adora se aferró más a la espalda de Catra, su amada gatita es su apoyo cada día.

Catra soportó el dolor de la fuerza con la que Adora se agarraba, porque quiere estar justo ahí, donde ella la necesita.

El espejo quedó vacío desde que unos ojos azules dejaron de mirarlo, volvió a ser un espejo común.

Después de mucho tiempo así las dos chicas se separaron despacio. Y las dos en silencio se quedaron mirándose con una sonrisa un instante más.

Luego de ello Catra tomó las manos de Adora.

—Ojalá pudiera conocer a tu mamá, y a la mía también.— expresó la gatita de forma nostálgica.

Adora apretó suavemente las manos de su amada Catra.

—Estoy segura de que tu mamá es tan hermosa como la mía,— respondió la joven rubia.

Catra sonrió un poco más, con las lágrimas que de pronto brotaron de sus ojos.

—Tienes razón.— contestó la joven felina.—Adora, nuestras madres son hermosas, no las conozco, pero puedo imaginarlas,— afirmó con una sonrisa entristecida y sus orejitas abajo.

—¡Sí, así es!,— de nuevo las dos comenzaban a llorar,—Catra ojalá yo pudiera mostrarte a tu mamá.

—No te preocupes, Adora,— aseguró Catra,—A veces yo también he soñado con ella, no sé si sea la verdadera, pero me hace feliz.

Esta vez fuera Adora quien abrazó primero a Catra, las dos jóvenes mujeres nunca conocieron a sus madres y en sus corazones guardaban ese anhelo de haberlas conocido, pero tristemente para Catra nunca sería así.
Porque para Adora aunque su deseo es hablar con ella al menos guardaba una imagen de quien la dio a luz.

—Es un lindo momento para pensar en nuestras madres,— manifestó Catra,—Ahora con la espera de nuestro bebé, es tierno pensar en ellas.

—Espero ser tan buena madre como lo fue Angela,— expuso Adora.

Y enseguida la felina se separó bruscamente de la rubia.

—Aún hay cosas que no me he perdonado, y creo que nunca me perdonaré.— contestó la chica felina, de espaldas a su esposa.

—Catra yo no…-

—Sé que no fue tu intención, Adora,— agregó la felina,—Y si me disculpas acabo de recordar que dejé algunas cosas pendientes, iré yo sola a realizarlas, no vengas por favor.

Adora escuchó sollozar a Catra, pero no podía ver su cara porque la chica morena estaba dándole la espalda. Y enseguida la chica felina se dispuso a salir de la habitación sin darle más explicaciones, cerró la puerta tras de ella.

Catra irá a buscar a Melog quien se quedó jugando en el jardín con las mariposas de Luna Brillante, necesita consuelo pero no puede ser Adora, porque se pone mucho peor cada vez que recuerda que esa vez también la pudo perder a ella.

Después de encontrar a Melog irá a ver a Angela, a pararse frente a su honorable estatua, y a pedirle perdón otra vez, de rodillas, sincera en su arrepentimiento, esperando de nuevo una señal que le diga que ella la ha perdonado. O por lo menos irá a esperar que sus lágrimas limpien su horrible pecado. Del cual se arrepiente muchísimo.

Si la Catra del presente pudiera regresar al pasado iría a detenerse a ella misma antes de abrir ese portal.

Sin embargo tristemente los errores cometidos no pueden borrarse.

Adora se había quedado en la habitación, tal y como Catra se lo pidió, se hallaba acostada en la cama mirando hacia arriba, a la nada, con una de sus manos descansando en su frente, pensaba en qué puede hacer para ayudar a Catra, pero incluso ella misma también se siente culpable del deceso de Angela. Y entonces se sintió inútil porque ni ella misma sabe como ayudarse, las ideas que tiene no sirven para ayudar a Catra.

Se sintió frustrada.

Dio la media vuelta en la cama quedando acostada de lado, apretó fuertemente la cobija con sus manos, enfadada, mientras veía por la ventana caer la noche.

Media hora más tarde la chica rubia de lo cansada que se sentía se había quedado dormida.

Adora abrazaba dormida una almohada rosa.

Y estaba soñando con el recuerdo de su madre por lo mismo había una curvatura muy grande en sus labios, sonreía entre sueños.

De pronto todo fue interrumpido, llamaban con insistencia a la puerta de la habitación.

—¡Adora!,— gritó una voz desde fuera.—¡Adora!

La joven rubia abrió los ojos, escuchando que la llamaban por su nombre entonces se levantó lentamente, quedando unos segundos sentada para después caminar hacia la puerta. Y al abrirla se encontró con la general de la guardia real.

—¡Pronto, nos están atacando en las afueras de nuestro Reino!,— informó,—¡Necesitamos a She-Ra!

Continuará….