¡Hola, me dicen que les está pareciendo!


En la noche el viento fuerte que se coló por la ventana de la habitación, hizo estremecer a Adora, esa noche podía llegar a ser una noche fría, y la misma fuerza del aire sacudió su cabello violentamente haciendo que la liga que sostenía su coleta se cayera al piso, dejándola a ella con el cabello suelto quedando un poco despeinada.

Los ojos azules de la rubia y sus cejas levemente levantadas demostraban la sorpresa que inundaba su ser.

—¿Qué dices, cómo que siendo atacados?,— preguntó la rubia aún con los efectos de la somnolencia, sus ojos pesaban, pues claro daban las 10 de la noche y sus planes de dormir hasta la mañana siguiente se vieron ofuscados.

—Mi señora, Adora,— pronunció la general con sumo respeto y de modo serio—, Así es, es el dragón de tres colores quien nos ataca, se escapó de su reserva y está fuera de control, lo peor es que cada una de sus cabezas tiene un poder diferente.

—Woa, espera, ¡¿Cuántas cabezas tiene el dragón?!,— cuestionó la rubia, mostrándose cada vez más asombrada.

—El dragón de tres colores, tiene 3 cabezas,— explicó la guardia de forma calmada.

—¡3 cabezas! —, gritó la rubia, resultando difícil de creerlo.

—Sí. Necesitamos darnos prisa, el dragón se está moviendo entre las montañas, y calculamos que llegará a uno de nuestros pueblos muy pronto.

—Un momento,— Adora pidió un tiempo para poderse cambiar, regresó rápido al interior de su habitación, se dirigió al guardarropa de color rosa de ella y de su esposa, se agachó para buscar de manera apresurada en el primer cajón de su guardarropa encontrando como primera prenda un diminuto suéter con dos ositos dibujados, la rubia se conmovió porque supo que Catra había comprado esa ropita para el bebé de las dos, su futuro bebé a quien ambas tienen muchas ganas de conocer.

—Jefa Adora, ¿todo está bien?—, preguntó la general de la guardia, pues vio a la rubia quedarse inmóvil.

Adora se había quedado reflexiva, se preguntaba si ¿luchar le hará algún daño al bebé?

—Estoy bien—, en el siguiente cajón encontró el pantalón gris que buscaba, y se respondió así misma: "Es mi deber, proteger a todos es mi deber".

Entonces se incorporó decidida, y se puso el pantalón encima de sus pantaloncillos cortos.

—¿Dónde dejé mis botas?— se preguntó en voz baja, después las encontró debajo en una esquina de su cama y alcanzando las se las coloca.

Y de forma seguida se agarra el cabello para peinarlo en su típica coleta. Y ahora con el cabello recogido está lista para ir a donde la necesitan.

—Vámonos —, le da la indicación la rubia, a la general. Adora está convencida de que ésto es lo que tiene que hacer. Pero le preocupa un poco lo que Catra dirá.

Las dos dan la vuelta hacia la izquierda en uno de los pasillos del castillo, y ahí se encuentra a Catra, la felina venía de la dirección contraria.

La chica gatuna se sorprende al ver vestida a Adora de manera como si fuera a salir, al principio no entiende nada.

—Hey, princesa~ ¿vas a una fiesta?—, la gatita intenta jugar con su rubia de la forma en que siempre lo hace.—Invitáme,¿sí?—, le comenta con una sonrisa.

Sin embargo esta vez Adora no da una sonrisa de vuelta, al contrario tiene una expresión triste en su rostro.

—No Catra, no voy a una fiesta —, le expresa con semblante serio.

—¿Qué sucede, cariño?— pregunta inquisitivamente la felina. Al mismo tiempo que se acerca a su esposa y le toma el rostro con sus manos—, Estás muy extraña.

Adora en ese momento siente una sensación de calidez con las manos de su esposa tocándole su rostro, y respira profundamente.

—Tengo una misión que atender —, dice ella, desviando su mirada azul hacia un lado, para evitar mirar a Catra.

Y la felina al principio no entiende, pero luego de que Adora le explica todos los detalles el gesto de la joven gata cambia a uno de enojo.
La rubia intenta calmarla aunque no lo logra, Catra termina tirándose sobre la general de a lado para descargar su enojo.

—¡Todo ésto es tu culpa! —, Catra grita furiosa, lanzándole ataques en forma de arañazos a la guardia, que intenta resguardarse de los ataques.

La felina sometió a la mujer de la guardia real, usando su propio peso para que no logre levantarse del suelo, agarrándola del cuello de su uniforme le tira un golpe con el puño cerrado en la mejilla derecha, desquitándose. Y enseguida también le profundiza las garras que cortan parte de la carne del rostro de la general.

—¡Catra ya dejala en paz! —, Adora intenta separar de la general a Catra, abrazándola para levantar la después, y la joven gatuna al sentir que la rubia se ha metido a la pelea decide retirarse por su cuenta. En ese mismo acto quita de su cintura las manos que la rodeaban, de Adora.

—¿Vas a ir? Bien, no cuentes conmigo —, menciona Catra con una voz lastimera.

La gatita baja las orejas, y frunce las cejas, no puede en serio creer que Adora pondrá en riesgo al bebé que tanto han estado deseando.

—Catra, no me dejes sola, ¡necesito que estés conmigo! —, pide la rubia desesperadamente, y entre lágrimas estira un brazo para intentar alcanzar a Catra.

—No,— responde secamente, la felina—, No voy a seguir este estúpido juego.

—¡Cariño! —, menciona Adora, suplicante, sintiendo como las lágrimas resbalan como cascadas en sus mejillas—,Entiende por favor, que es mi deber…

—Tu deber es, cuidar de ti misma, cuidar de mí, y cuidar de nuestro bebé —, Catra expresa, molesta—, Pero tal parece que no te importamos…

—¡No, no es así!—, dice Adora—. ¡Pero no tengo otra elección!

—Bueno, si así tú lo crees, no le veo futuro a ésto.

Y los ojos azules de la rubia se abren grandes.

—¿A qué te refieres?

—Tú ve a tu misión estúpida, yo iré por mis cosas, y cuando regreses no esperes encontrarme porque ya no estaré aquí.

Adora no podía creer lo que escuchaba y por primera vez se sintió desestabilizada, su respiración aumentaba volviéndose inestable, sentía casi como si fuera a desmayarse. Para ella era muy duro estar escuchando esas palabras del único amor de su vida.

Sus ojos azules se habían nublado de lágrimas.

—Catra, por favor...

—No, Adora, tú ya elegiste—, contestó la felina, duramente.

Durante la discusión Adora continúo sintiendo malestares, a pesar de que intentaba mantenerse de pie, sentía que en cualquier momento iba a caerse.

Pero Catra estaba tan enojada que le fue difícil darse cuenta, y simplemente se fue de ahí.

—¡Catra!—, gritó de forma ensordecedora—,¡Quédate!

Aunque las súplicas de Adora finalmente no fueron respondidas.

Del mismo modo la rubia nunca se había sentido tan indefensa como ahora, necesitó apoyar su espalda en la pared para sostenerse de pie, ya que Catra había acabado con ella en ese mismo momento.

—Lo siento —, se disculpó mirando a la guardia herida, pero en realidad a lo que le pedía perdón fue al hecho de haber preferido su heroico destino por encima de su familia, lamentó mucho su decisión. Por otra parte no sentía tener otra opción.

—No se preocupe, le informo que la Reina Glimmer y su esposo Bow viajaron a Mystacor, no hay manera de comunicarnos con ellos, tenemos que ir nosotras. Su caballo volador la espera en el puente.

Pero de pronto la joven rubia sintió unas náuseas terribles, las náuseas más terribles que nunca antes había experimentado, y Adora cubría fuertemente su boca con una de sus manos intentando calmar esa desagradable sensación pero no pudo, al contrario se vio en la necesidad correr rápido hacia el cuarto de baño más cercano para ahí poder hacer caso a su cuerpo, y vaciar su estómago.

Luego de unos minutos la chica rubia salió del cuarto de baño, seguía con los ojos rojos e hinchados pero al menos ya se sentía un poco mejor.

—¿Usted está…?- — la general no se atrevió a terminar la frase.

Adora ciertamente asintió con la cabeza.

—Pero tendré mucho cuidado —, dijo ella.

Las dos mujeres se dirigieron hacia el puente.

Al llegar al lugar de la partida, la guardia le informó que ella no podía acompañarla, pero que confiaba en She-Ra, por lo tanto Adora se subió ella sola a Swift Wind.

—Adora, perdóname—, se disculpó el caballito mientras volaban por los aires, se refería a aquella vez que lanzó sin ningún reparo a Catra al agua.

Y Adora simplemente consiguió abrazar a Swift Wind.

—Catra ya no me ama…


El bosque susurrante se volvía un lugar peligroso de noche, los pájaros dormían, todo se encontraba en profundo silencio, lo único que Catra podía percibir con su oído fino es al viento que sopla furiosamente casi partiendo en dos las ramas de los árboles.
Es una noche fría, y Catra agradece haber traído su abrigo y sus botas puestas para resguardarse del frío que tanto odia.
Camina tranquila para no caerse ya que apenas si puede ver lo que tiene al frente, el brillo tenue de la luna apenas si logra iluminar las afueras.
Melog no vino con ella puesto que ni ella misma sabe a dónde va ir, prefiere que se quede como mascota de Chispitas… Ahí estará seguro, calentito y bien alimentado. Por el contrario ella está hambrienta, con algo de frío, y se encuentra perdida sin rumbo en un bosque oscuro.

De repente una lagartija se cruza en su camino y se asusta pensando que se trata de otro animal, pero después de darse cuenta que es solo un animalito pequeño, se tranquiliza, continuando en el camino hacia lo más hondo. Y en estos momentos agradece tener una buena visión nocturna para poder estar atenta a cualquier cosa que se le cruce enfrente.

Trajo con ella la mochila que Shadow Weaver les regaló a todos los cadetes en la horda, guardó únicamente las pocas pertenencias que son suyas, ya que las otras cosas la mayoría se las prestó brillitos.
Enseguida un olor familiar llega a su nariz, pronto descubre que es el mismo perfume que Adora usa, y extrañada se pregunta cómo puede ser que su aroma haya llegado tan lejos. Por esta razón Catra imagina el rostro de Adora en lo alto del cielo, la ve sonriendo, con esa sonrisa tan linda de ella. Y de repente la imagen de Adora feliz se borra, y ahora la mira recordando esa expresión amarga que tenía cuando le pidió que se quedara.

Seguidamente Catra se conmueve, queriendo alcanzar y abrazar esa imagen entristecida de Adora.

—Princesa...—, susurra.

En efecto termina dándose cuenta del error que cometió al dejarla, y de lo equivocada que estuvo. Se arrepiente de no haberla apoyado. Y entendiendo ésto decide ir a buscarla.

—Espérame, por favor…

Da la vuelta de regreso a Luna Brillante, piensa buscar algún tipo de atajo entre el bosque para llegar al filo de las montañas que es donde queda el pueblo.

Dispuesta a ir junto a Adora se ajusta su mochila a la espalda para evitar perderla, ya que piensa ir a mucha velocidad por eso también se ha quitado las botas para ayudarse con los pies.

En cambio algo la interrumpe, un ruído extraño de hojas pisadas la hacen dirigir su atención hacia unos arbustos que se mueven.

Y la felina se pregunta internamente ¿qué será?

Más su instinto felino le indica peligro y cuando está a punto de huir de ahí, aparece frente a ella un perro de tamaño mayor al de un lobo, con 2 dientes de sable que asoman de su hocico, es color negro.
Y la gatita se asusta mucho porque en la horda muchas veces les hablaron de ellos, y les insistían en que tuvieran cuidado de no encontrarse con uno.

—¡Aaah!—, emite aterrada—, Es uno de esos perros del infierno, ¡Adora ayúdame! —, pide asustada.

Continuará…