MUNDOS ALTERNOS
RESUMEN
En un mundo donde Marinette es hija de la mejor diseñadora de París y Adrien hijo de unos simples panaderos, tendrán que afrontar todos sus problemas, traiciones y amores. No todo es lo que parece y no siempre puedes confiar en las personas que tenías en frente, y eso Marinette lo sabe muy bien. ¿Lograrán salvar sus vidas? ¿Conseguiran tener un amor tranquilo? ¿Serán realmente felices?
CAPÍTULO 1
MARINETTE
Si fuera la protagonista de una película de Disney, sin duda sería Rapunzel. Una chica aparentemente normal, encerrada en una torre de la cual quiere salir pero su supuesta madre se lo impide.
Definitivamente sería ella.
No soy princesa de París, pero todo el mundo me considera como una. Ser hija de la diseñadora más famosa e importante de la ciudad y conocida mundialmente me pasa factura, más aún cuando modelo sus preciosos diseños por las pasarelas de las capitales europeas.
Volver a París tras un largo viaje desde Milán ha sido lo más tranquilo y cómodo que he hecho en mis vacaciones de verano. Me tumbo en la gran cama mientras cierro los ojos con la intención de dormir un poco antes de ir a mis clases de esgrima, pero la voz del secretario de mamá irrumpe en mi habitación.
—Alya ha venido a verte.— me informa con tranquilidad y una pequeña sonrisa.
Patrick ha sido un gran apoyo para mamá y para mí desde que papá murió. Nos ha cuidado y ha ayudado a mi madre con todo lo que hemos necesitado. Sin duda alguna, le debíamos mucho a Patrick.
Me incorporo en la cama al escucharle y espero a que Alya, mi mejor amiga, pase por la puerta. Cuando pasan unos segundos frunzo el ceño y vuelvo a mirar a Patrick.
—¿Dónde está? - pregunto, refiriéndome a Alya.
Él esboza una sonrisa ladeada y apaga su tablet para mirarme completamente a mí.
—He convencido a tu madre para que te deje salir.— murmura inclinándose un poco hacia mi.
Abro los ojos sorprendida pero me levanto de golpe de la cama emocionada. Patrick ha convencido a mamá de haberme dejado salir sola, sin mi guardaespaldas ni él, después de mucho tiempo insistiendo.
—¡Gracias! - exclamo y lo abrazo todo lo fuerte que puedo hasta que escucho que gime quejándose. Me alejo de él con una sonrisa tímida.
—Vas a entrar a la universidad, Marinette.— suspira poniéndome una mano en el hombro.— Hablaré con ella para que al menos te deje ir con tus amigos.
Aunque quiero volver a darle las gracias por intentarlo, me niego. Conociendo a mamá querrá que siga dando mis clases en casa, con Patrick como mi tutor y el que se encargue de mis estudios. Es mucho trabajo para él, pero nunca se ha quejado.
No hace falta.— le quito importancia a pesar de que estoy deseando que hable con ella.— Dudo que quiera dejarme ir, pero gracias porlo.
Patrick se encoge de hombros y se acomoda la camisa blanca.
—Quizá si le digo que Colin te acompañará todos los días te da permiso.
Hago un mohín al escuchar ese nombre.
Colin, hijo del alcalde Bourgeois y el chico más egocéntrico que he conocido nunca. Está obsesionado conmigo y como mamá le ha dado vía libre conmigo porque es el único chico en el que confía, ahora aprovecha para estar junto a mi todo el tiempo que le sea posible.
Patrick suelta una risa por la nariz al verme.
—Sé que no quieres salir con él, pero ya sabes lo que piensa tu madre.— se da la vuelta y camina hacia la puerta.— La reputación es lo primero.
—Lo sé.— suspiro.
—Ahora vete.— abre la puerta y me mira.— Pásalo bien con tus amigos.
Sonrío y le hago caso sin dudarlo. A pesar de que nunca había ido al instituto, conocí a Alya en un desfile de moda hace más de un año. Tenía que hacer una entrevista a mi madre, lo cual consiguió, y fue la única chica que se acercó a hablarme sin importarle quien era o que tenía.
Alya nunca ha podido presentarme a sus amigos porque mamá no me ha dejado salir a solas con ella y menos aún salir con otro chico que no era Colin.
Cuando bajo las largas escaleras de mármol blanco, veo a mi mejor amiga a los pies de estás con una amplia sonrisa e igual de preciosa que siempre.
Su pelo rojizo está recogido en una larga coleta con un lazo naranja cayendo por esta. El vestido naranja le sienta de maravilla, notándose así cuál es su color favorito.
—¡Chica! - exclama en cuanto me ve y abre sus brazos para abrazarme con fuerza.
Le sigo el abrazo demostrándole lo mucho que la he echado de menos. Cierro los ojos sintiéndome afortunada por tenerla conmigo y por fin estar aquí, con ella.
Se aleja de mí y pone sus manos en mis hombros mirándome.
—Un mes sin verte y pareces otra, chica.— sus ojos me recorren de pies a cabeza sonriendo. —Estás preciosa, dime tu secreto.
No puedo evitar reír al escucharla y sacudo la cabeza.
—Tú estás espectacular, Aly.— sonrío, también mirándola. No paso por alto las medias de rejilla que le ha añadido a su look y me alegro de que mamá no haya salido.
Alya le cae bien, pero nunca le ha gustado como viste. Normalmente pretendía que yo vistiera como una niña de papá, pero por suerte me había dejado tener mi propio estilo cuando saliera con mi mejor amiga.
—Siempre lo estoy.— me guiña un ojo divertida y se acomoda las gafas. — ¿Nos vamos? He quedado con Nino y los demás.
Ella me coge de la mano para arrastrarme hacia fuera, pero me quedo pegada al suelo y con los ojos abiertos como platos. El corazón deja de latirme y Alya frunce el ceño cuando me ve.
—Chica, estás pálida.— da un paso hacia mi y pone sus manos en mis mejillas mirándome el rostro con preocupación.
—M-me ...— trago saliva con dificultad.— De repente me encuentro mal, me duele la cabeza, Alya.
Entonces, al escuchar mi respuesta, Alya pone los ojos en blanco y se cruza de brazos mirándome.
—¿En serio, Mari? - coge aire por la nariz y lo suelta para tranquilizarse. —Los chicos están deseando conocerte, y créeme cuando te digo que Nino insiste tanto que llega a cansarme.
Aprieto los labios con miedo. No he hablado con alguien que no era Alya o Colin. No he convivido con nadie de mi edad, y solo he crecido con la compañía de Colin y Patrick.
Ni siquiera mamá se molestó en verme crecer. Y papá se marchó antes de poder verlo.
—Alya ...— suspiro bajando la cabeza.
Ella suspira también y me coge la otra mano para demostrarme apoyo. Levanto la cabeza para fijar mis ojos en los suyos marrones y ella me sonríe de lado para tranquilizarme.
—Yo te quiero porque eres tú misma. ¿Qué te hace pensar que ante ellos serás diferente?
No respondo porque ni siquiera yo sé la respuesta. Mi inseguridad me impide hacer lo que quiero o incluso ser yo misma.
Mamá me lo impide.
—No voy a obligarte a venir, pero me gustaría que lo hicieras. Se lo he prometido a los chicos y no quiero quedar como una mentirosa.— intenta hacer de este momento uno menos incómodo y me señala divertida.
Lo consigue al fin y al cabo y sacudo la cabeza sonriendo.
—Está bien, iré.
Alya sonríe ampliamente y da una palmada. Resuena por la salita y se encoge un poco.
—Vamos antes de que tú madre me eche a patadas.— me arrastra hacia la salida y ambas corremos hasta salir de casa tras cruzar el jardín.
Antes de empezar a caminar hacia la Place des Vosges, Alya saca un gorro verde oscuro de su bolso y unas gafas de sol.
—Ponte esto, será mucho mejor para ti.— me los ofrece y los acepto sonriente.
Me pongo el gorro dejando mi pelo ondulado a un lado y permito que el flequillo me caiga por la frente tapándome un poco los ojos a pesar de llevar las gafas.
—Gracias.— le agradezco y ella no responde.
Empezamos a caminar hacia la plaza donde nos reuniríamos con sus amigos. El corazón cada vez me late más rápido. Una parte de mí quiere conocerlos cuanto antes, otra simplemente siente miedo por lo que pueden pensar de mí o pueden dejarse llevar por las opiniones de los demás.
—Te prometo que son súper simpáticos, Mari.— empieza a decirme Alya cuando ve que juego con mis dedos nerviosamente.— Además, eres mi mejor amiga, solo con eso ya te aprecian.
Le dedico una sonrisa ladeada aún nerviosa. Las manos me sudan pero me convenzo de que es por el calor que hace aún.
Tardamos minutos en llegar hasta la puerta de la plaza y es cuando siento que debería echar a correr y esconderme. Veo a un grupo de chicos riendo y charlando, sentados en el césped sobre una gran manta.
Dudo en si entrar con Alya es la mejor opción, pero no me da tiempo a negarme porque ella me arrastra hacia ellos.
Cuando llegamos, somos las únicas que estamos de pie frente a ellos. Miro a cada una de las personas que hay sentadas en la manta y las cuento. Seis personas. Seis opiniones. Me juzgarán seis personas.
Todos se quedan en silencio y en lugar de mirar a Alya me miran a mí.
Sigo mirándolos aprovechando que no pueden ver mis ojos a través del cristal negro de las gafas. Pero cuando quiero seguir, mis ojos paran en un chico.
Un chico rubio, con ojos esmeralda y una sonrisa atractiva. El flequillo le cae por la frente y se pasa la mano por el para despeinarlo aún más. Por un momento me quedo mirándole porque sus ojos me atraen y me obligan a quedarme en ese esmeralda brillante, pero Alya me da un codazo en el brazo y me sobresalto.
Me obligo a apartar la mirada del chico para mirar a los demás.
—Chicos, me alegro de poder presentaros a Marinette por fin.— me señala con sus dos brazos y yo solo soy capaz de hacer un ademán tímido.
Durante unos segundos hay un silencio incómodo, pero rápidamente un chico moreno y con una gorra naranja con la visera hacia atrás, se levanta y se acerca a mi para extender su brazo.
—Nino Lahiffe, señorita.— se presenta y estrecho su mano con suavidad y esbozando una sonrisa.
Los demás también se han levantado para saludarme. Juleka aparece justo detrás de Nino, sorprendiéndome por su espectacular color de pelo y lo bien que combina su ropa. Ella me dedica una sonrisa tímida y me da a entender que no tiende a ser muy extrovertida.
Detrás llega otra chica, algo más baja que Juleka y con una sonrisa de oreja a oreja. Tiene un precioso vestido rosa que le llega por las rodillas y entiendo que le hace honor a su nombre, Rose. Su pelo es rubio y corto y tiene unos grandes ojos azules. Me transmite tanta felicidad que no puedo evitar seguirle el abrazo.
El siguiente es un chico grande y fuerte. Su mano estrecha la mía y no puedo evitar darme cuenta de que mi mano es solo uno de sus dedos. A primera vista parece el tipo de chico del que tendrías que tener miedo, pero por la forma en la que la chica de su lado (mucho más baja que él) le abraza, me doy cuenta de que las apariencias engañan.
La chica que hay a su lado me saluda también y, como su novio no se ha presentado, dice su nombre por el.
—Él es Ivan.— le señala sonriente.— Y yo Mylenne.
Sonrío ampliamente al mirarla. Su pelo rubio acaba en rastas de colores que quedan de maravilla y una banda morada decora su cabeza.
—Tenía muchas ganas de conoceros a todos.— hablo por fin mirando al grupo de amigos que acababa de presentarse.
—Espero no estar excluido de ese todos. - interrumpe una voz masculina que sé que no es la de Nino, porque es mucho más dulce.
Giro la cabeza para saber de donde ha salido y es entonces cuando le veo. El chico rubio de ojos preciosos que había conseguido atraparme sin siquiera saber su nombre.
—Adrien.— extiende su mano, con una sonrisa amable.
Miro su mano y me quedo unos segundos pensativa. Aunque al final opto por estrechar su mano, me arrepiento al instante en el que siento que mi piel se estremece por su suave y cálido tacto.
—Marinette.— respondo con la voz temblorosa.
Su sonrisa consigue que me tranquilice en cuestión de segundos y agradezco que sea él quien aparte su mano de la mía.
—Estoy súper emocionada de que os hayáis conocido.— comenta Alya entusiasmada y consigue sacarme de mi ensoñación.
Todos vuelven a sentarse en la manta y al buscar algún sitio libre, me doy cuenta de que es justo al lado de Adrien y Alya.
Empiezan a hablar entre ellos ignorando el hecho de que sea nueva en el grupo, pero no me molesta porque me animan a que me una a la conversación y no dudo en hacerlo.
No me doy cuenta de que aún tengo puesto el gorro y las gafas hasta que Alya se inclina hacia mí para decírmelo.
—Creo que hay vía libre, puedes quitarte eso para que te vean.— me susurra y sacudo la cabeza asintiendo.
Reconozco que me da un poco de miedo porque no sé si sepan quien soy realmente. Primero decido quitarme el gorro y dejarlo en mi regazo mientras miro a todos para ver si alguien me mira y suspiro aliviada al ver que no.
Tardo un par de segundos en quitarme las gafas y es entonces cuando siento la intensa mirada de alguien a mi lado. Alguien que sé perfectamente que no es Alya.
Evito su mirada para no volver a caer e intento concentrarme en la conversación que están teniendo, a pesar de que no tengo ni idea de sobre qué es.
—No sabía que tú eras ...— susurra Adrien sorprendido pero consigo escucharle.
No termina la frase y por consecuente cierro los ojos con fuerza, deseando que no dijera mi nombre.
—Marinette Dupain.— vuelve a susurra y trago saliva.
Ni siquiera soy capaz de mirarlo cuando me levanto y me giro para salir de ahí cuanto antes. No tengo ni idea de porque actúo así, simplemente no quería que me conocieran. No quería que supieran quien soy porque no quiero que tengan una visión de mi que no es.
Escucho como Alya me llama a mis espaldas y los murmullos confusos de los demás chicos. Consigo salir de la plaza y miro hacia ambos lados para saber por donde ir, porque no quiero volver a casa.
Vuelvo a ponerme las gafas mientras pienso por donde ir con rapidez y sujeto el gorro con fuerza.
—¡Eh, espera! - exclama una voz masculina a mis espaldas.
El corazón empieza a latirme a toda velocidad y el cerebro me pide que corra antes de que llegue hacia mi, pero mis piernas se niegan.
Adrien pone una mano en mi hombro para frenarme y me rodea poniéndose frente a mi.
—Lo siento ...— dice con la respiración entrecortada por haber corrido. Se aparta el pelo de la cara y me mira. —No quería molestarte.
Fijo mis ojos en los suyos y veo que realmente está arrepentido. Me arrepiento al instante de haber reaccionado así, pero no soy capaz de decir nada.
—Solo me ha sorprendido, yo ...— relame sus labios nerviosos y se lleva una mano a su nuca.— Admiro el trabajo de tu madre.
No puedo evitar sorrenderme a pesar de todo, él sigue hablando.
—Me gusta la moda y diseñar, Sabine Dupain es mi diseñadora favorita y ...
No le dejo terminar porque inmediatamente me disculpo.
—Lo siento.— murmuro, pero me escucha porque me mira sorprendido.— No quería reaccionar así es solo que ...
Adrien esboza una sonrisa y sacude la cabeza restándole importancia.
—No debí reaccionar así.— dice, sonriente.
Sin saber porqué ni darme cuenta, me contagia su sonrisa.
Adrien mira hacia el grupo de amigos que aún están sentados en la manta, les hace un gesto de que todo está bien y vuelve a mirarme.
—¿Me acompañas a la pastelería? - me pregunta señalando una pastelería al otro lado del parque.
Me encojo de hombros y asiento.
—Por supuesto.
Antes de empezar a caminar, él extiende las manos hacia mis gafas y las quita con suavidad. Después mira el gorro y se encarga de quedárselo también.
Me sorprendo pero espero a que diga algo al respecto.
—Tus ojos son preciosos.— ladea una sonrisa.— No mereces que se escondan.
Le dedico una sonrisa y empieza a caminar. Como nunca he venido por aquí me obligo a seguirle. A pesar de que ninguno de los dos se atreve a hablar, no siento que sea un silencio incómodo.
Por alguna razón, me siento cómoda con él aunque acabo de conocerle. Me transmite confianza y paz, algo que hace tiempo que busco.
—Es interesante que te guste la moda.
No sé de donde saco el valor pero consigo romper el silencio. Adrien da un respingo a mi lado y supongo que se habrá asustado por mi repentina voz.
—¿Por qué? - pregunta incrédulo.— Estoy seguro de que conoces a varios chicos.
Hago una mueca y niego.
—Solo a uno.
Me mira esperando a que le diga quién, pero no pregunta.
—Colin Bourgeois.— suspiro y bajo la cabeza.
- ¿Eres amiga de Colin? - pregunta visiblemente sorprendido.
Sé que Colin no es la mejor persona que he conocido, pero ha sido el único que ha estado conmigo cuando he necesitado un hombro donde llorar. Y, aunque parezca mentira, tiene un gran corazón, sólo que prefiere no demostrarlo porque arruinaría su reputación.
Antes de que pueda responder con algo lógico para convencerle de que Colin no es realmente quien parece ser, escucho gritos que provienen del otro lado de la calle. El suelo empieza a temblar y se escuchan fuertes golpes.
Giro mi cabeza para ver de qué se trata y el corazón me empieza a latir a toda velocidad cuando veo algo parecido a un troll. Tiene enredaderas por todo su cuerpo y solo lleva un pantalón. Es más alto que el edificio que tenemos delante y empiezo a temblar cuando escucho lo que dice.
- ¡MARINETTE DUPAIN! - me estremezco al escuchar mi nombre salir de los labios de ese gigante. - ¿¡Dónde estás, querida !?
Adrien que está a mi lado, me coge del brazo y me obliga a esconderme con él tras una columna. Apoya su espalda en la columna de mármol y nuestros cuerpos están pegados. Puedo escuchar como su corazón late a mil por hora también y supongo que está nervioso.
- ¡Todo el mundo te adora, Marinette! - gruñe de nuevo. - ¡Pero nadie sabe la clase de monstruo que eres! ¡VAMOS! ¡Da la cara y enfréntate a mí!
Las manos de Adrien aprietan mi cintura y sin esperarlo me estremezco. Nunca he estado tan cerca de un chico y tenerle delante de mí me pone más nerviosa de lo que me gustaría admitir. Todo su cuerpo se tensa y entonces me mira.
- ¿Sabes por qué te busca? - me pregunta con seriedad y yo sacudo la cabeza negando nerviosa.
Él suspira.
- Bien, quédate aquí.
Abro los ojos y niego.
-¿What? ¡No! - respondo sin pensar, asustada. - Me va a encontrar y no sé que quiere de mí.
Adrien esboza una sonrisa ladeada y niega alejándome de él y se asoma para ver si sigue allí.
- No va a pasarte nada. Te lo prometo, mademoiselle . - coge mi mano con suavidad y deja un beso en mis nudillos.
Estoy segura de que me he sonrojado, pero agradezco que Adrien se haya marchado antes de ver como me convertía en un tomate.
No puedo ver hacia donde corre Adrien, pero espero que no huya y me deje sola porque estoy segura de que no soy capaz de enfrentarme a ese monstruo.
Mi respiración se vuelve agitada y cierro los ojos hasta que vuelvo a escuchar mi nombre. Esta vez es una voz áspera pero relajada. Es más bajo que yo y en sus manos sostiene una pequeña caja con un dibujo precioso en la tapa.
- Buenas tardes, mademoiselle .
* CONTINUARÁ *
¡Hola! Aclarar que ninguno de estos personajes me perteneces, son producto de una serie de televisión (Prodigiosa Ladybug).
Espero que os guste mucho esta historia y que disfrutéis del fanfic.
