V de Verdad
Era una lástima el tener que hacer esto, pensó Senku mientras sostenía una pistola en sus manos y le apuntaba de lejos.
Ella sonrió, de verdad era una la lástima.
Kohaku yacía maniatada y de rodillas en el piso de esa casa a la cual, con suerte habían podido entrar para alojarse y pasar esa noche; porque los zombis incrementaban y eran más agresivos en las noches, además de que ya habían perdido a muchos.
Perdieron a Nikki, a Magma, a Suika, a Kinro y Ginro, a Ruri y a Chrome. Y ahora, la estaban por perder a ella, Kohaku; Senku había tomado la decisión de ser quien la matara y Kohaku, había aceptado.
Habían pasado unos momentos juntos, hablado, bromeado y también compartido un último abrazo como un último beso, antes de que la atase de manos y piernas; los demás, los restantes, esperaban a fuera, a una considerable distancia.
Dándoles espacio y tiempo, para un tortuoso adiós.
Y la verdad era que él, quien nunca fue alguien de sentimentalismos y que prefería pensar con el cerebro que guiarse por el corazón. Hacer esto, era doloroso.
- No llores, por favor.
- No lo haré.
La verdad es, que no quiero hacer esto, Kohaku. Era lo que decía su mirada, y ya, sólo sonrió.
Lo sé, Senku, lo sé. Era lo que decía su mirada, queriendo ocultar su dolor para no hacer esto más difícil.
Kohaku cerró los ojos con una pequeña sonrisa al sentir cañón contra su frente –. Gracias, Senku.
Y entonces, todo acabó.
Nota: No soy de escribir apocalipsis zombis, pero lo intenté.
