Nota: Uno más para el final, sí~.
Y de Yugular
La yugular parecía el lugar favorito de ella para morder, y eso realmente no le hacía gracia. Sobre todo, cuando Kohaku debía alimentarse.
Se llevó una mano al cuello, tocando la maldita marca que hacía una semana le había hecho, en ese lugar. Y suspiró, agotado.
Si bien es cierto que cuando un vampiro te mordía y succionaba la sangre (sin ser una sanguijuela), sentías placer en vez de dolor. Y ese placer terminaba y el cansancio comenzaba a inundarle de a poco, al menos cuando Kohaku hacía eso.
¿Cuándo ella aprendería que la yugular no era el único lugar de donde salía sangre?
Kohaku lo miró de reojo, sabiendo o haciéndose una idea sobre lo que pensaba en ese momento –. Perdón, pero ahí es donde más sangre hay.
- Lo sé, pero al menos dame un descanso, leona.
- No soy una leona... Y mientras nuestro contrato exista, seguiré alimentándome de ti.
Eso era una desgracia (de la cual se acostumbraría pronto).
- Por desgracia.
