Parte uno: Entrégate


Capítulo 2


Petrificada. Esa era la palabra que mejor me definía en este momento, sentía mi corazón palpitar en cualquier lugar demi cuerpo menos en mi pecho, los latidos obstaculizaban mi garganta impidiéndome respirar, latía desesperadamente en mis oídos y mi pecho estaba paralizado... ¿mis bragas? ¿cuáles bragas? estaba segura que se habían desintegrado.

La verborrea de Senju Uzumaki—o, como fuese que se llamase— estallaba en mi cabeza, sus palabras resonaban sin poder entenderlas ¿el fabuloso—nótese el sarcasmo—Doctor Sex quería tenerme a su disposición, cuando, donde y a la hora que quiera? ¿Qué demonios estaba pensando de mí? Él no me conocía pero yo ya lo estaba conociendo.

Naruto Senju Uzumaki no era más que un desvergonzado. Quería que me sometiera a él, como si yo fuese una mujerzuela y de solo pensarlo, me daba repulsión. La situación me superó. Mi mente ya no procesaba bien, vi todo rojo, no sé, el tiempo trascurrió en cámara lenta, ¿o rápida? ¿A quién diablos le interesaba? Me puse de pie, completamente indignada por su arrogancia y prepotencia y arrojé el contenido de mi copa sobre su fino traje.

—¡No soy una cualquiera! —grité un poco más alto de lo normal, atrayendo varias miradas curiosas, me acerqué a un estupefacto Naruto Uzumaki observándolo con furia— puede meterse sus conocimientos donde mejor le quepan —coloqué la copa vacía en la mesa y salí del restaurante enojada.

¡Ese hombre no podía estar hablando en serio! Yo era una escritora reconocida, no una vulgar prostituta y menos una niñita tonta como con las que seguramente estaba acostumbrado a tratar.

Encendí las luces de mi departamento, ahora que Hanabi no estaba, me pareció gigante. ¿Qué voy a hacer con mi hermana? quería a Hanabi a pesar de que ella era la hija que mi madre decidió criar, ser consciente de ello era doloroso para mí, pero no podía odiarla. ¡Yo no era Hanna! y ella era mi hermana, me haría cargo de ella aunque el Director me llamara todos los días.

En fin, mi cabeza iba a estallar, no solo estaba la ausencia de Hanabi sino el ofrecimiento del imbécil de Naruto. Era bastante optimista si pretendía llevarme a su cama con su estúpida propuesta. Como si no supiera lo que yo valgo, como si fuera una mujer vulgar. ¡Maldito libro! Maldita Editorial. Pero, no iba a seguir pensando ello, si algo me molestaba, lo borraba de mi memoria, así solucionaba yo los problemas. Ese era el infalible método de mi abuelo.

Suspiré largamente y volví a pensar en mi hermana ¿estaría dormida ya? Busqué mi celular en mi bolso y le envié cinco mensajes de texto, esperé unos minutos para ver si ella respondía alguna de mis preguntas banales pero no, como lo intuía, ella no lo hizo.

No te desanimes, Hinata. Ella ya contestará.

Dejé el bolso en el sofá y me quité los tacones, los odiaba, odiaba vestir con tacones y usar ropa que para nada era cómoda. Pero, sobre todo, odiaba haber perdido mi tiempo con ese bruto. Conté hasta diez, inhalando fuerte y exhalando de manera pausada, invoqué a mi abuelo y me fui hacia la cocina, no había comido nada antes de ir a la dichosa cita y en la misma, no había pasado bocado, así que estaba a punto de morir de inanición.

Sentí el celular sonar, pero no estaba de humor para hablar con nadie, ni con Ino—que muy seguramente quería hasta los más mínimos detalles, como la buena cotilla que era—ni con Kiba, a él, más bienquería matarlo por dejarme sola con semejante imbécil. En un último momento pensé que quizás podría ser Hanabi por lo que corrí a alcanzar mi bolso, aunque no tuve éxito, la llamada se había ido a buzón, respiré tranquila cuando vi que la llamada perdida no era de Hanabi.

No tardó mucho para que el teléfono de mi departamento empezara a sonar, sabía quién era y la verdad no tenía ganas de hablarle, así que dejé que el buzón de voz hiciera su trabajo.

Hinata sé que estás ahí, ¡contesta el jodido teléfono!

—Kiba estaba enojado, ¡únete al club, amigo!—. Acabo de encontrarme con Senju, ¡Cristo, Hinata! él era una de las pocas personas que conozco que podía ayudarnos y tú le vaciaste una copa de vino en su traje. ¡Madura por favor!—bufó—¡Jesucristo!, tengo mis esperanzas y parte de mi trasero puestos en ese proyecto es mi futuro, mi jodido retiro y tú...

Sentí la ira recorrer cada una de mis terminaciones nerviosas ¿Me quiere prostituir para salvar su trasero?, caminé a paso veloz hasta llegar al aparato y me dispuse a contestar.

—¡Eres un gran pedazo de mierda!—grité, explotando, a él se le había ocurrido que ese imbécil me ayudara—.¡Dices que me acompañarás a una cita y me cancelas con apenas unos segundos de anticipación y aún así tienes el cinismo de venir a regañarme como si fueras mi maldito padre!

» Si temes por tu trasero entonces, es tu problema ¡te dije que no podía hacerlo! Y, por si no lo sabías ¡Mi trasero también está en juego!—colgué, respirando agitadamente, quería matar a alguien y ese alguien tenía nombre y apellido: Naruto Senju Uzumaki.

El teléfono sonó un par de veces más pero lo ignoré, lo mejor era comer, tomar un baño e irme a dormir. Sí, ese mismo sería el orden.

Solo de recordar mis últimas tres horas hacía que mi estómago se revolviera así que termine desechando el emparedado a los dos mordiscos y abandonándolo en el refrigerador y me quedé con la gaseosa, caminé hacia la habitación, lanzando el vestido a cualquier lugar y, en ropa interior, me introduje en el cuarto de baño y me miré en el espejo.

¡Estaba furiosa! En mis ojos resaltaban venas alrededor, mis aletillas nasales estaban dilatadas y un tono rabioso cubría mi piel. Respiraba, respiraba y respiraba, cada vez más profundo, pero no lograba calmarme ¿Cuántas veces tendría que respirar para intentar disipar el enojo? Si bien me había sentido mucho mejor al gritarle a Kiba, lo que quería era estrangular al causante principal de mi furia, respiré nuevamente observando, en el espejo, mi mirada.

Eso es Hinata: Inhala oscuro... exhala rosa, que el nudo rabioso se vaya y toma un baño de espuma.

—Naruto, cabrón de cuarta, hijo de Rasputín, imbécil, arrogante, patán, exterminador de coños, psicópata de las bragas ¡No existe! ¡No existes! ¡Tú no existes!

No hay nada como mi zumba mental para relajarme y dejarme agotada, podía apreciar el inicio de un pequeño dolor de cabeza, sin embargo cuando el agua caliente de la tina hizo contacto con mi piel, me olvide de todo: de Kiba y su maldito reclamo, de Hatake y su grandiosa idea Yo, "Hinata puritana Hyûga", escribiendo porno y, por supuesto, de Naruto Senju y su indecente propuesta para ayudarme.

Salí del baño cuando la piel de mis dedos parecía de mil años y busqué mi camisola de Hello Kitty, podía hacerme ver como niña pero era súper cómoda—fue un regalo de mi abuelo, uno de los pocos regalos femeninos que me hizo— necesitaba invocar su estoicismo para olvidarme de este apestoso día. Me fui a la cocina, mi estómago decidió que debía terminar de comerme el emparedado, la pequeña luz de las alertas de mi celular, que se había dejado en la mesada, parpadeaba.

Descubrí que tenía dos mensajes. Uno era de mi media hermana que me avisaba el horario de visita "por si aún insistes en venir" y el otro, de Kiba.

Ok, acepto que me he exaltado pero Senju está furioso. Él no va a ayudarnos ¡No conozco otra persona con la disposición y conocimiento de Senju! ¿Qué demonios vamos a hacer?, Confío en ti. Lo hago. Pero, me asusta, está en juego nuestras carreras. No puedes culparme.
Te llamaré, contesta el teléfono.

K

El celular sonó en mis manos, pero lo ignoré nuevamente.

No quiero hablar contigo, No hoy.
Buenas noches

H

Respondí tajante cuando el teléfono dejó de repicar,esperaba que mis "buenas noches" le hicieran entender que no quería ni textos ni llamadas de su parte, en cambio decidí repetirle mis mensajes a Hanabi, sí ella se había tomado la molestia de decirme el horario de visita era porque quería que la fuera a visitar.

Estaré ahí, Hanabi.
¿Necesitas que te lleve algo?

Hinata

Hanabi no contestó.

Miré mi reloj apenas eran las diez de la noche. Tomé mi laptop encendiéndola mientras pensaba seriamente en ir a la oficina de Hatake el lunes a primera hora y explicarle mis razones para no escribir sobre este tema, "Tentación" tenía poco tiempo en venta y yo debía tomarme un respiro antes de empezar con mi nuevo escrito, "Atada a ti". Aún no tenía bien descrita la trama pero sabía que ella llegaría a mí como habían llegado las demás.

Comí lentamente el último bocado de mi emparedado y cerré los ojos dejándome llevar. ¿Qué me diría el abuelo en este momento...?

"Creo que crie una luchadora, no una chica que se esconde detrás del no puedo."

Sí, exactamente eso diría mi abuelo, lo podía ver sentado en su sofá con su ceño fruncido y su ceja alzada. Lo intentaría, lo intentaría durante el fin de semana y de no lograrlo entonces hablaría con Hatake para que me buscase ayuda ¡Hinata Hyûga no se rendiría!

Instalada en mi computador decidí abrir historial, no había leído o visto mucho ayer y la cantidad de resultados de la búsqueda eran impactantes, habían testimonios y sitios en los cuales podía encontrar lugares donde se practicaba la sumisión, di un respiro desganado al no saber cómo comenzar, al final decidí partir por lo más elemental: "Definición de BDSM" Devoré cada coma, punto, cada blog, tumblr y cada página de internet que al tema se refería.

Suspiré resignada antes de caminar a la cocina, en busca de la cubitera de hielo; esta mala manía mía de escribir mientras el hielo se derretía en mi boca me causaba múltiples disgustos con Marcus, mi dentista; normalmente, evitaba morder el hielo pero, estaba demasiado alterada como para dedicarme a esperar que el cubo de agua congelado se derritiera en mi boca, así que mientras googleaba libros eróticos, me puse a masticar duramente hielo.

Con asombro pude ver que no solo era la historia del señor Black, había muchos y todos, con una misma característica: hombres torturados, jodidos hasta el extremo que se creen los amos del puto universo y tratan a sus mujeres como putas, aunque el término real sería: mujeres tontas que dejan someter sus voluntades.

Resoplé peinando mi cabello con las manos antes de entrar a un blog y leer las reseñas de otros libros. Todo este tema me tenía realmente aturdida ¿Por qué las mujeres de hoy en día no pensaban en el amor bonito? ¿En ese amor tranquilo, de palabras suaves y momentos de simpleza e intimidad?

Suspiré apesadumbrada mientras maldecía a Hatake, iba a volverme loca gracias a su maravillosa idea. Me había quedado sin hielo, estaba en un punto de tanta presión que por poco bajo al auto mercado de enfrente a comprar una bolsa nueva, me sentía tan frustrada con todo este tema que estaba dispuesta a congelarme la mandíbula, pero no, me concentré en hacer anotaciones para el libro y olvidé mi gélida manía. Del análisis de ese tipo de literatura, concluí que:

1. El hombre en cuestión debe haber sido violado o abusado de niño (como mínimo).

2. Debe ser rico (para que pueda ser el Amo del Universo, comprar coches caros, libros y apartamentos).

3. La chica debe ser pura e inocente, que se muerda el labio, se sonroje y esté locamente enamorada de él (otro caso de estupidez mortal)

4. Debe ser dominante y de aura oscura o enigmática.

5. Al final, el amor debe brotar... por cualquier parte.

6. Debe darle una palabra de seguridad para los castigos, que son dolorosos y terminan con folladas espectaculares...

¿Podría con esto...? como que me llamo Hinata Hyûga ¡Claro que sí!

Mi carrera era mi todo, mi vida y mi única ilusión y, si para mantenerla a flote debía escribir sobre este tema, lo haría. Dejé mi espalda chocar contra el mullido sofá, tenía que haber alguna solución para que saliera viva cuando acabase el plazo que Kakashi Hatake me había dado, las escenas de cama no eran mi fuerte así que seguramente tardaría mucho más escribiendo esas partes del libro.

Abrí una ventana más iniciando una nueva búsqueda: "Videos Porno" Cerca de 4.350.000 resultados en 0,17 segundos. Quedé asombrada con esas cifras, pero casi me muero por la cantidad de videos que me ofrecían al darle clic a una página.

Estaba tan inmersa en lo que se reproducía en mi portátil que no presté atención a la puerta, si Kiba quería hablar conmigo tendría que esperar a que estuviera de ánimo así que dejé que golpeara, pero no hubo caso, el toque se hizo cada vez más intenso.

Decidí abrir, si mi amigo editor quería probar una ración de mi furia, la tendría. Quité mis lentes, coloqué pausa al video y antes de gritar un ¡ya voy! me puse mis pantuflas peludas, abrí la puerta, esperando ver a cualquier persona, incluso, un jodido marciano, pero nunca al cabrón más grande del planeta.

—Me ridiculizó, señorita Hyûga—se acercó a mí, amenazadoramente— y, cuando le estaba haciendo una inmejorable propuesta—ahora, con voz suave, ronca, sexy me intimidaba.

Antes que pudiese reaccionar, él me agarró por los hombros pegando su cuerpo al mío y me empujó dentro del departamento, atacando mis labios con los suyos, golpeando mí espalda contra una superficie dura.

¿Cuántas veces había besado en esta vida? ¿Seis? ¿Siete? ¡No importa! Jamás en toda mi existencia había sido besada de esta manera. Cuando me sobrepuse a la sorpresa, intenté golpearlo y separarme de él, pero mis precarios movimientos eran inútiles ante su furia

¿Cómo detienes a un hombre que pesa el doble y mide mucho más que tú? y, que además ¿te tiene aprisionada con su férreo torso y te inmoviliza manteniendo las piernas separadas por una de sus rodillas? Aun así, no dejé de defenderme.

—Tienes el pulso acelerado y tu piel encendida.

Después de semejante beso, ¿Qué pretendía el muy estúpido?

—¿Qué haces en mi casa? —¡Ay, Hinata! ¿De verdad le preguntaste eso?

Me miró y sonrió socarronamente.

—Eso que sientes—su voz era ronca sus labios descendieron por mi cuello—, es una ola de placer incontrolable producto de un pequeño beso muy bien dado.

Okay, pero ¿Quién le dio derecho a este idiota para que me lo demuestre?

Pegó su cadera a la mía dejándome sentir que no le era indiferente y siguió besándome. No sabía que estaba sucediendo conmigo, Naruto Senju Uzumaki estaba enloqueciéndome, mi cuerpo respondía a su brusco y pasional ataque, mis labios moviéndose en sincronía o más bien dejándose llevar por los suyos. Sentía el cuerpo adormecido, un cosquilleo recorriéndome desde la cabeza a los pies, una emoción desconocida pero anhelante de igual manera.

¡Mierda, mierda, mierda!, esto no está bien.

—¡Basta ya!—me aparte de él sin saber cómo sentirme con lo que estaba sucediendo ¿furia o deseo? Definitivamente, ¡furia!

—¿Por qué? es evidente que te gusta.

—¿Qué pretendes? ¿Forzarme porque dije no a tu propuesta? ¿Qué? irrumpes en mi casa y me besas por la fuerza ¿Acaso pretendes forzarme hasta que ceda? —dije, rotunda.

—¿Te refieres a violarte? —me dio una sonrisa petulante—. No tienes ni idea.

—Claro que no la tengo, estoy en mi casa y llegas tú, sin invitación, y me sometes a tus deseos. Si eso no es una violación, se parece mucho.

—No, fue una terapia de choque, quise demostrarte con hechos lo que puedes descubrir y disfrutar... ya sabes, para tu libro.

Eliminó la distancia que nos separaba y tocó mi hombro con sus dedos.

—No estoy enferma—retiré sus dedos de mis hombros— no necesito tu terapia.

—Lo que quiero es instruirte... —su mano volvió a mí, esta vez recorrió el borde de mi escote— no sobre-reacciones, ya aprenderás que el idioma del cuerpo, no debes asustarte.

—No te tengo miedo.

Tomó mi mentón levantándolo suavemente.

—Entonces no seas cobarde, siente y deja que fluya, nena —murmuró.

¿Me dijo gallina? ¿Qué fluya?

¡Idiota!

Mis dedos buscaron su cabello, lo agarré firme y le planté un beso en su boca, dientes y lenguas pelearon por el control por varios segundos; él resbaló sus labios por mi cuello, mi espalda se arqueó cuando su boca aprisionó uno de mis pezones por encima de la tela

¡Dulce Joder!

—¿Lo sientes?... Es excitación —mordió mi pezón.

—¡Eso ya lo sé! —jadeé como pez fuera del agua.

Necesitaba aire, podía sentirlo, mis pulmones colapsarían si me seguía dejando llevar, pero estaba tan entregada a sus caricias, embotada en las sensaciones que, en ese momento recorrían mi cuerpo, el aire en mis pulmones era lo que menos importaba y le respondí entre jadeos.

—Comienzas a sentir como tu clítoris se retrae—su rodilla acarició mi centro—, tu vagina palpita, tu corazón se acelera y los vasos sanguíneos se dilatan—en medio de su plática pude sentir como su erección se clavaba en mi muslo— ¿De verdad quieres que me detenga?

—Sig, idiota, sig... sigue.

—Sentimos lo mismo, señorita Hyûga. Deseo. Yo la deseo, como un maldito maniático. Su erótica intelectualidad me tiene loco y estoy seguro, como de que arderé en el maldito infierno, que antes que cuente diez te tendré debajo de mí, en tu cama.

Fue como si me despertaran de un trance, eso era justo lo que él deseaba: llevarme a la cama, convertirme en una más de su harén, rebajarme al estatus de una prostituta. Lo separé de mi cuerpo reuniendo toda la fuerza que me quedaba e impacté su rostro con mi mano derecha.

Naruto sonrió descaradamente mientras acariciaba su mejilla y aproveché la ira que me recorría en el momento para alejarme de su presencia y aclarar mi mente enfebrecida.

—¡Ya, basta! —me sentí ridículamente expuesta, pero igual le grité indignada.

Antes que pudiera decir algo más Naruto me tenía nuevamente entre sus brazos, me resistí, lo intenté mucho más que la primera vez pero igual que en esa ocasión fue en vano, solo le costó unos segundos tener el control nuevamente.

—Tú comenzaste el beso, Hyûga.

—No fue un beso, fue la demostración de que no te tengo miedo.

Rió en forma cantarina.

—Eres todo un desafío y yo amo los retos. Usted, señorita escritora, es el siguiente en mi lista—evidentemente, disfrutaba hacerme pasar por una más.

—Si pretende que eso me llene de orgullo, se equivoca, Doctor Sexo, no es mi aspiración ser otra más de sus conquistas—logré decirle de corrido, a pesar de mi respiración agitada.

—Chsss ¿Puedes olfatear eso, Dulzura?... es tu sexo, ¡Ambrosia! — jadeó entrecortado, mientras refregaba su ingle caliente contra mi muslo.

Y que el infierno me lleve si sus palabras no eran lo más excitante que alguna vez me habían dicho. Su cuerpo entero era una invitación al pecado. Alejó sus caderas sin soltarme, acariciando mis pechos con su mano libre. Amasando y tirando.

Estaba haciendo el ridículo, mi cuerpo y mi mente no se ponían de acuerdo, sabía que debía detenerlo pero todo era tan satisfactoriamente placentero que estaba dejándome llevar por el vertiginoso frenesí desconocido. Me estaba comportando como una cualquiera. Estaba accediendo a los deseos de Naruto Uzumaki y no me importaba, solo anhelaba seguir con esta sensación de asfixia que me pedía desahogo.

Sus dedos se colaron por mis bragas acariciando mi clítoris que dolía espantosamente, mientras sus labios continuaban devorándome, dos de sus dedos jugaban en mi entrada sin introducirlos solo tanteaba y volvía a mi clítoris, ya no tenía dignidad y de una manera infantil, cerré mis ojos con fuerza para ocultar mi vergüenza.

—Abre los ojos, ¡ábrelos! quiero ver como tus ojos se encienden cuando te dé tu primer orgasmo —introdujo uno de sus dedos suevamente en mi interior, sentía mi cuerpo tensionarse mientras Naruto mordía mi barbilla— ¡Grita, nena!—lo introdujo un poco más y se detuvo, abrí mis ojos instintivamente sin entender por qué se detenía, quedé prendada de sus iris—Nunca has estado con un hombre—no era una pregunta.

—¿Cómo...?—mi voz era pastosa, jadeante y... ¿patética?

—Soy hombre —curvó su sonrisa, abandonó mi interior— estás muy estrecha. Si antes eras un reto para mí, ahora has duplicado el valor del trofeo.

—Tantos estudios y sigues pensando como un cavernícola —trataba de defenderme, en modo patética.

—Eres un espécimen raro, señorita: inteligente, talentosa, muy hermosa y virgen, nadie debería resistirse contigo—cada palabra la reforzaba con pequeños mordisquitos—. Puedo deshacerme de la membrana inservible ahora mismo.

Su mano se deslizó hasta abarcar mi entrepierna nuevamente y sentía como clavaba sus caderas contra las mías. No había duda que estaba más que dispuesta a que lo hiciera, estaba completamente acalorada. No es que él estuviera diferente, a no ser que el bulto en sus pantalones fuera relleno. Un gemido completamente embarazoso escapo de mis labios.

—Umf

—¿O, puedo deshacerme de ella mañana, cuando vayas a mi departamento y empecemos con tus clases?—su voz seguía siendo baja y estimulante.

—Sueña.

—¡Piénsalo, nena! el mejor jodido libro de la historia a cambio de tu cuerpo desnudo en mi departamento, cuando yo te lo pida —iba a separarme de él, pero negó con su cabeza antes de que sus manos se aferraran a mis caderas y sus labios se acercaran a mi oído—. Disfruta de tu primer orgasmo, linda.

Nuevamente no reaccioné, sus labios atacaron mi piel con agilidad sorprendente, trazaron un camino tortuoso hasta apoderarse de mis labios. Sentí como me volvía una jodida marioneta en sus manos, como el corazón se me iba a salir por la boca y cuando sus dedos pellizcaron mi pezón derecho tan fuerte, el tsunami de placer se derramó en mi interior haciéndome gemir fuertemente para evitar ahogarme con las sensaciones que recorrían mi cuerpo dejándome laxa entre sus brazos.

¡Dios mío!... Así que esto es un orgasmo...

Naruto volvió a besarme esta vez más suavemente, estaba demasiado debilitada como para oponer resistencia a alguno de sus actos, mi cuerpo se sentía relajado mientras él me sostenía con las palmas abiertas en mi trasero.

Hinata Hyûga, será mejor que te quedes callada y disfrutes.

—El placer físico tiene como resultado la secreción de endorfina, esa es la sustancia que aporta una sensación de relax y bienestar, es por eso que sientes que tu cuerpo está un poco más pesado de lo normal—dijo mientras me posaba en el sofá—. Tengo que irme, aún debo grabar el programa más exitoso de Nueva York, así que vengo por ti mañana a las cuatro —se giró para irse, respiré profundamente intentando contener el martilleo de mi corazón.

—No te he dicho que acepto —dije intentando controlar mi respiración.

Naruto se giró mirándome, su sonrisa ladeada se asomó en su rostro mientras me mostraba sus dientes, se acercó a mi computador y...

¡No!... ¡No!... ¡No! ¡Aléjate de ahí! ¡Joder!

—Aceptarás—dijo, pagado de sí mismo—. Un consejo, no deberías seguir viendo este tipo de porquerías, el porno no es malo, pero no te guíes por esto, es demasiado fantasioso. Conmigo tendrás realidad. El sexo es una emoción en movimiento.

—No quiero, el sexo sin amor no tiene sentido para mí —ahora que la emoción del momento se había disipado, empezaba a sentirme molesta conmigo misma y con el cabrón que estaba frente a mí—. La respuesta sigue siendo, no.

—Además, ¡conservadora y obstinada! ¿Ves que tengo razón al tratarte como un tesoro?—levanto sus cejas reiteradamente— El sexo puro es bueno para la salud, libera tensiones, en cambio, el amor, solo da problemas.

—¿Siempre piensas en sexo?—lo miré arqueando una ceja y con cara de desprecio.

—En la vida hay dos cosas importantes: una es el sexo y la otra, la sexualidad—respondió mientras se acomodaba la ropa—. Te acabo de dar un pequeño adelanto, mañana seguimos, vendré por ti a las cuatro—guiñó su ojo coquetamente— ¡Hasta mañana!, ¡ah! muy lindo tu pijamas y hermosas tus pantuflas.—sonrió de medio lado antes de salir del departamento.

¿Qué pasaba con ese hombre? ¡¿Qué sucedía conmigo?! Apenas hacía unos días que nos habíamos encontrado en el elevador y ni me había prestado atención. Me dejé caer nuevamente en el sofá completamente consternada; no era muy experta en esto de orgasmos y temas eróticos pero ese hombre me había hecho ir al mismísimo cielo. Mi celular sonó y lo tomé automáticamente, pensando que sería Hanabi...

Mañana, a las cuatro,
tú y yo tenemos una cita...

Naruto

¿Cómo diablos tenía mi teléfono?... Kiba.

No matarás a Kiba... No matarás a Kiba

Si Senju creía que por darme un orgasmo—un maravilloso orgasmo, debo añadir—íbamos a tener sexo como locos, estaba muy equivocado, así que hice lo que mejor se hace en estos momentos: Huí.

Fui con Hanabi, digamos que nuestra relación no avanzó mucho pero le lleve cosas suficientes como para sobrevivir esa semana. Cuando salí del colegio conduje a Mickey hasta el aeropuerto y tomé un vuelo a Florida, necesitaba unos días de paz y tranquilidad, llamé a Hatake y a Kiba para explicarles donde estaría, necesitaba inspiración y nada mejor que ir a la playa, a ver hombres semi desnudos.

Ocho días en South Beach y tenía el tema perfecto para empezar a escribir; relajada y ligeramente bronceada, regresé a Nueva York con energías renovadas y ganas de comerme al mundo, pero no a Naruto Senju Uzumaki.

Temprano y de buen humor iba, con Mickey, al apartamento de Kiba, me había llamado, tenía urgencia por saber lo que había adelantado. Tenía el título y la idea de lo que iba a tratar: el típico niño rico quequeda huérfano de pequeño y pasa por muchos traumas en su infancia, por azares del destino, conoce a la chica inocente y se obsesiona con ella; y ella, de idiota, se enamora de él.

¿Ocho días de playa, para eso? Te felicito, Hinata. Sí, más de lo mismo, pero no había nada que pudiera hacer, es lo que le gustaba leer a las mujeres hoy en día, pero me diferenciaré por mis originales puntos de quiebre.

Bajé del coche colocándome los audífonos y mi gorra tejida, short, camiseta musculosa, camisa abierta, para lucir mi bronceado. Acomodé mis gafas para el sol y entré al edificio saludando con una seña al conserje, el ascensor llegó rápidamente y me adentré esperando a que cerrara, cuando el aire salió de mis pulmones, me di cuenta que lo retuve hasta que nadie interrumpió el movimiento de las puertas, pero bufé cuando me llevó al sótano ¡Odiaba eso!

Me concentré en mi IPod, no terminaba de dar con la canción que me encantaba, cuando el ascensor se detuvo, la puerta se abrió y Naruto Uzumaki entró con todo su esplendor. Estaba perfectamente vestido en un traje gris humo de tres piezas, se encontraba hablando distraídamente por el celular, pero su mirada se tranco en la mía dejando sin respuesta a su interlocutor, pude ver como su rostro pasaba del asombro a la irritación y antes que yo pudiera hacer algo, ya me tenía aprisionada entre su cuerpo y la pared del elevador.

No le importó la persona del otro lado de la línea, incluso no alcancé a ver qué sucedió con dicho aparato, de lo que si tuve plena certeza fue la agilidad con que tomo posesión de mis labios y me arrimó.

Dios mío ¿por qué este hombre tenía el poder de someterme a su voluntad?

—¡Eres una cobarde!—exclamó con voz gruesa y atronadora, soltándome como si tuviese peste ¿Ahora era bipolar también?—¿Dónde demonios te habías metido?—murmuró entre dientes, deteniendo el elevador.

— ¡Qué diablos crees que ha...!

—No juegues conmigo, Hinata—masculló interrumpiéndome, las aletas de su nariz se contraían rápidamente— tengo el poder para hacer que tu libro sea una jodida obra de arte o destruirlo completamente como lectura llevándolo a la más profundas de las miserias literarias. Así que no juegues conmigo, contesta de una buena vez ¿por qué incumpliste nuestra cita?

—Detén tu derroche de testosterona, amigo—murmuré irónica—primero ¿Quién diablos te crees para tratarme así? Segundo, no me amenaces, Naruto. Y, tercero ¿por qué demonios tengo que darte explicaciones de lo que hago con mi vida?—lo vi apretarse fuertemente el puente de su nariz antes de recostar su espalda a la cabina metálica, pasó sus dedos por sus cabellos y respiró fuertemente.

—¿Por qué incumpliste mi cita?—dijo en un tono gélido, dejando entrever su creciente enojo.

—Porque usted se está equivocando conmigo, no soy una cualquiera.

—Te dejaste follar por mis dedos.

—Lo que sea, no estaba muy cuerda ese día. El punto es, que no veo por qué tengo que convertirme en su puta privada para escribir un libro de sexo.

—La práctica hace al maestro y para saber, hay que practicar. Yo soy el mejor maestro que puedes soñar tener.

—¡Sexo, sexo, sexo! Es algo tan... tan... ¡maldición! Lo haces ver como algo vital.

—Es algo vital.

—No para mí —respondí rápidamente.

—Porque no lo conoces, el sexo es como una droga, una vez que lo pruebas, tu cuerpo pedirá su dosis.

—Hay miles de mujeres en esta ciudad, ¿por qué no simplemente miras hacia otro lado y te olvidas de que he solicitado tu ayuda para mi libro?

—Porque eres mi reto, creo que te lo dije—murmuró sonriente—.Además te deseo, te deseodesde hace mucho tiempo.

—Sí, ese chiste estuvo muy bueno —sonreí sarcástica.

—No es una broma—su rostro estaba serio.

—¡Por Dios!—grité— nos vimos hace una semana en este mismo ascensor y me ignoraste.

—No te ignoré, puedo recordar lo que traías puesto como si hubiese sido ayer.

—¡Já!—subí una ceja, retándolo.

—Converse blancas, una gorra de los Lakers cubriendo tu cabello, bastante sucia cabe recalcar, vaqueros que parecían adherirse a tu piel y una camisa tan traslucida que podía ver las puntas de tus pezones erguidos. Todo eso mientras subíamos hasta el piso de Kiba.

¡Mierda! La forma como me lo dijo, no solo hizo que las puntas de mis pezones se irguieran para él nuevamente, sino que mis bragas literalmente se destruyeran.

—Quiero follarte, Hinata, si antes tenía muchísimas ganas de hacerlo, descubrir que fui el primer hombre que te ha acariciado me hace estar hambriento de ti. El solo recordar lo bien que te sentías alrededor de mis dedos hace que se me endurezca de inmediato—¡maldición! alguien tenía que callarlo o iba a claudicar si volvía a pedírmelo.

—Destrabe el elevador, señor—su pensamiento cavernícola no merecía comentarios.

—No, hasta que me respondas.

—No tengo deseos de acostarme con usted—dije tajante, mientras me reprendía internamente por mentirosa.

Asumo hidalgamente que durante mi estadía en Florida fueron varias las noches en las que mi mente recordó una y otra vez el pequeño encuentro que habíamos tenido en mi departamento. Es más, mi cuerpo entero se calentaba al recordar la forma en cómo él me había hablado y tocado.

—Hinata...—mi nombre salió de sus labios como una caricia.

—Destrabe el ascensor—sentencié una vez más, necesitaba respirar lejos de la exquisita loción que usaba este hombre. Lo vi moverse para apretar el botón pero su cuerpo se tambaleo y se llevó las manos a su cabeza— ¡Naruto!—su rostro se había puesto pálido, lo tomé de las solapas del saco justo cuando pensé que iba a caerse—. Señor Uzumaki, si es un juego, no me parece gracioso—dije.

—Solo unos minutos—dijo suavemente, su rostro separado del mío por unos centímetros—, unos minutos—gimió de nuevo agarrándose la cabeza mientras recostaba su cuerpo en una de las paredes del elevador, lo sentí respirar lenta y profundamente antes de separarse un poco más y volver a recostarse en el lado opuesto de la cabina con los ojos fuertemente cerrados y apretándose la sien.

—¿Te encuentras bien?—sabía de antemano que no lo estaba, su piel estaba tan blanca como la cal.

—Estoy bien—exhaló—dime que, por lo menos, lo reconsideraras; puedo ayudarte.

—No estoy dispuesta a pagar el precio—dije lentamente mientras la campanilla avisaba que había llegado a mi destino.

—¿Entonces?

—Hasta luego, Naruto—murmuré antes de salir. Solo Dios sabía que no quería dejarlo.

No había prestado mucha atención a lo que Kiba me decía, mis pensamientos estaban con Naruto desde que había salido del ascensor, le había contado vagamente la idea que tenía a mi editor y sus ojos habían brillado como estrellas fugaces antes de pronunciar cosas como "esa es mi chica" "sabía que podías hacerlo" y "veras como es un Best Seller"

—¡Tierra llamando a Hinata Hyûga!—gritó Kiba por encima de mi oído.

—Disculpa, ¿me decías?—pregunté mordiéndome la mejilla. Simplemente no podía sacarme de la cabeza lo que había pasado en el ascensor.

—¿Dónde estás, mujer? ¿Hanabi sigue dándote problemas?—me observó preocupado—, tengo un amigo en las fuerzas armadas, seguro si lo llamo nos recomienda una buena institución militarizada—negué con la cabeza divertida— ¿Entonces, si no es la enana del infierno, que te tiene así?

—No es nada, podemos comenzar por—coloqué un dedo en mi barbilla sarcásticamente—mi nula experiencia para escribir el libro que el maldito de Hatake me exige que escriba y todo lo que me ha tocado investigar... creo que tengo suficiente tema como para abstraerme un poco.

—Senju me dijo que habías declinado su oferta—negó con la cabeza—sé bien que eres tú quien decide; pero él es mejor. Todos esos libros exitosos que circulan por ahí fallan en lo mismo, en las escenas de sexo.

» Y no por falta de calor o intensidad, si no que porque cuando los analizan los especialistas dicen que es más imaginación que realidad. Yo sé que con Senju, nada ni nadie podrá criticarle a tu libro las escenas de cama.

—¿Te contó de su propuesta?—pregunté incrédula, ¿tan descarado se podía ser?

—Bueno, me contó que ofreció ayudarte pero le dijiste que no, eso ya no es importante puesto que ya tienes la idea... eres la mejor—se acercó abrazándome fuertemente, me separé de Kiba como siempre y caminé a su ventana—A ti, algo te preocupa—sentí sus manos colocarse en mis hombros.

—No es nada. Me voy.

—Pensé que te quedarías a comer, ahora que la medusa no está en casa.

—Deja de ponerle sobrenombres a mi hermana—reviré.

—Eso es inevitable—me dio una de sus sonrisas ladeadas—. Te acompaño al elevador—asentí—tenemos reunión con Hatake el miércoles, le encantará saber que tienes la idea—le sonreí a medias, esperamos que el ascensor llegase y me despedí de él entrando a la cabina.

El camino de regreso a casa fue un martirio y al llegar tenía casi mil mensajes de Ino por lo que decidí llamarla, solo para olvidar un poco todo.

—¡Hey, Ino!—dije cuando me contestó.

Joder, Hinata, ¿Cómo te vas así de repente y sin decir nada?

—Necesitaba pensar, Ino—le dije luego del reproche—. Buscaba inspiración, un libro no nace de la noche a la mañana, más cuando es a presión.

Lo sé, lo sé ¿alguna idea?

—Sí...

Kiba me comentó que despreciaste la ayuda de Naruto Uzumaki, nada más y nada menos que Doctor Sex ¿Estás segura de lo que hiciste?, digo, el tipo sabe de lo que habla, a pesar de que es un idiota.

—No lo sé Ino, digo, tú lo defiendes a capa y espada—bufé buscando una de mis pijamas, no era tarde pero había pedido una pizza y quería dormir temprano—¿Cómo te ha ido con Sai?—pregunté cambiando el tema, por hoy había tenido suficiente de Naruto.

Pues, volvimos a hablar del bebé, le expliqué todo y le dije que me diera este año.

—¿Y?—pregunté queriendo saber más o intentando no pensar.

Pues, accedió de muy mala manera y me prohibió terminantemente tomar pastillas anticonceptivas, desde que leyó ese artículo que los relacionaba con los ACV(accidente cerebro vascular) en mujeres jóvenes, tiene miedo, piensa que algún día llegará del trabajo y me encontrará tirada en medio de la sala ahogándome con mis propios fluidos.

—Ino, eso es casi lo mismo; sin protección, volverás a embarazarte — dije lo obvio.

No, soy más inteligente que Sai, él me prohibió tomar pastillas, no dijo nada de los parches y las inyecciones —dijo burlona.

—Ino—le reproché—¿Dónde está ahora?

Fue buscar a Inojin, pero no me cambies el tema, ¿estás segura de no aceptar esa ayuda?

—No quiero pensar más en eso, tú has leído muchos libros de ese calibre, podrás ayudarme si lo necesito—refute.

Hinata, te amo pero solo sé de sexo lo que he vivido con Sai, muy enriquecedor y placentero pero no hemos hecho nada fuera de lo común, solo esa vez que usamos la lavadora porque...

—¡Ino!—la detuve—te pedí ayuda, no que me dijeras lo que haces con Sai, creo que no voy a poder mirarlo a los ojos la próxima vez que lo vea —dije estallando a carcajadas mientras sentía el timbre de la puerta sonar— Ino, llegó la pizza ¿te parece si hablamos mañana?

Ok, hasta mañana, tontuela.

—Besos al pequeño.

Te quiero, chica libros...—tiré el teléfono en la cama y busque el dinero en mi cartera mientras gritaba "Ya voy".

Abrí la puerta y me sorprendí al ver la persona frente a mí. Naruto estaba enfundado en unos pantalones vaqueros que se ajustaban perfectamente a sus piernas, tenía una camiseta blanca con el logo de Batman al frente y una chaqueta de cuero, su maldito pelo estaba revuelto como si acabaran de despeinarlo y sus ojos... sus ojos eran un mar de promesas y juraba por Dios que no descansaría hasta cumplirlas.

Sí, así de obstinada era su mirada.

—No me iré de aquí hasta sacarte un sí—dijo en voz baja antes de caminar dos pasos y entrar a mi departamento sin que yo pudiese hacer nada.

Me llevé las manos al cabello completamente enojada, recordando dos cosas: la primera, yo no era una asesina y la segunda, Hanabi estaba a mi cargo y no podía simplemente exterminar a este hombre sin pensar que ella dependía de mí. Inhalé fuertemente antes de girarme a encararlo. No había perdido el tiempo pues estaba sentado en mi sofá y se veía bastante cómodo.

—¡Claro, señor Uzumaki! puede seguir y ponerse cómodo—expresé irónica a lo que él sonrió de lado.

—Es Naruto, Naruto —me interrumpió—. Como te dije, no me iré de tu casa hasta obtener un sí.

—Mire, señor Uzumaki, —enfaticé el "señor" y el "Uzumaki" —creo que he hablado con usted y he sido lo suficientemente clara, está perdiendo su tiempo. Su ofrecimiento no me interesa y yo... —su celular empezó a sonar la letra de "Closer" de Nine Inch Nail; no me asombraba, todo en él irradiaba sexo. Uzumaki alzó su mano interrumpiéndome... ¡Otra vez! maldito sea.

—Hola bonita—dijo.

¡Oh, no! no podía ser cierto, ¡Estaba hablando con una de sus amiguitas en mi casa!

—Estoy en casa de una amiga.

Sí, cómo no. Ya quisieras ¡ni siquiera te has ganado ese derecho!

—Sí, la que te comenté.

Genial, ahora le hablaba de mi a sus amiguitas.

—No sé si pueda ir. Todo depende de ti, preciosa—sonrió y cruzó sus piernas, colocándose aún más cómodo.

Solo faltaba que me pidiese una limonada con sabor a mango.

Haré lo que esté en mis manos. Entonces la llevo a nuestra reunión mañana. Te quiero, bonita; mantén atado a ese animal de tu marido; así, yo puedo devorarte.

¡Mierda! ¡Agárrenme, que lo mato!

Lo vi guardar su celular en el bolsillo de la chaqueta

—Mañana por la mañana vamos a ir a "Joe Coffee", a las once en punto.

—¿Usted cree que yo no tengo nada más que hacer?—le dije enarcando una ceja—,Señor Uzumaki, yo no...

—Es Naruto,—rodó los ojos ¡él me rodó los ojos!—para que no te me escapes, he decidido pasar la noche aquí.

Una risa histérica, casi delirante escapó de mi boca, este hijo de su pobre madre no solo creía que podía disponer de mi tiempo, sino que el iluso pensaba que podía secuestrarme en mi propia casa.

—Usted no va...—el sonido del timbre se escuchó, así que me giré para abrir nuevamente. Afortunadamente era el repartidor de pizza, saqué del bolsillo trasero de mis jeans el dinero y tomé la caja.

—¡Qué bien, pizza!—exclamó Naruto, ante lo cual, yo rodé los ojos mientras la colocaba en la isleta de la cocina. Respiré profundamente, recordando las razones por las cuales no podía matarlo, mientras buscaba una Pepsi en mi refrigerador—.Me gusta comer mientras veo películas, ¿tienes alguna?—lo vi levantarse hasta el estante donde tenía los DVD.

—¡Señor Uzumaki!—le grité—. ¡Demonios!, ¡largase de mi casa! Está invadiendo propiedad privada—dije acercándome a él rápidamente y arrancándole mis películas de sus manos ¡Maldición! Esto no puede ser más humíllate.

—¡Hey, tienes buenos temas! "Enredados", "La Princesa y el Sapo", "La Sirenita", "Encantada" ¡Joder, este es un clásico!: "El Rey León", no puedes negarme que lloras cuando se muere el Rey Mufasa ¿Eres accionista de Disney Animación y de Pixar?—¿se estaba burlando de mí?—. No importa, todo sirve ¡Pongamos esta! trae esa pizza y veamos películas.

—Señor Uzumaki.

—Vamos Hinata, relájate, si voy a ayudarte con el libro tenemos que conocernos de todas las maneras posibles —susurró con voz queda.

Por la ventana del apartamento pude ver la luz de un rayo y, al segundo, un terrible estruendo se escuchó.

—¡Oh, Cristo Jesús!—salté como loca y me pegué a Naruto.

Craso error: este hombre huele a gloria

—¿Le temes a los truenos, Hinata?—dijo mirándome burlonamente —.¿Cuántos años tienes?, ¿seis?

Argg con otro salto, me separé de él y caminé nuevamente hacia la cocina.

—Quiero que se vaya de mi casa o llamaré a la policía —tomé un plato de la alacena y volví a abrir el refrigerador.

—¿Y qué vas a decirle?—murmuró sonriente, sentándose en uno de los taburetes de la isleta y mientras sacaba un trozo de pizza de la caja—. Me gusta más la que tiene piña, pero ésta, está bien por hoy. Cualquier cosa es cariño cuando tienes el estómago vacío.

—Pues, la verdad—sentencié—que eres un loco acosador que se ha metido a mi casa porque no acepté su...—me quedé callada, nunca diría la propuesta de Uzumaki. Algo en la mirada del hombre frente a mí, cambió. Su mirada se volvió burlona y misteriosa.

—Eso imaginé. ¿Tienes Coca-Cola?—preguntó antes de tomar otro pedazo de pizza y bajarse del taburete—. Me gusta "Enredados"—lo vi quitarse la chamarra, desordenar su jodido cabello antes de tirarse en el sofá —. Los creativos de Pixar se fijaron en mí al crear a Flynn Rider

El maldito no iba irse.

—Pues claro son iguales ambos, confianzudos, cabrones, cínicos y atrevidos—le tendí una Pepsi—. No me gusta la Coca-Cola, o te tomas la Pepsi o eres libre de largarte —bufé hastiada.

Había un viejo refrán que decía que, si no puedes contra el enemigo, tenías que unírtele. Coloqué la caja de la pizza en la mesita y me serví una porción en el plato que llevaba.

—Coloca la película—me giré viéndolo como si le hubiese salido otra cabeza.

¿Qué?

—No estoy en mi casa, soy tu invitado así que ¡atiéndeme!

Ok, respira... Inhala, Exhala, Hinata—me dije, tomando"Encantada"—. No iba a ver lo que a él le diera la gana.

—Ya veo porqué es tan difícil para ti escribir una escena sexual — murmuró por lo bajo cuando la introducción empezó a salir—, ¡demasiadas películas infantiles!

—Tengo una ahijada de cuatro años que en ocasiones viene y pasa días aquí, ni modo que tenga en el estante "Garganta Profunda"—me felicité a mí misma por recordar uno de los títulos de películas porno que había visto en internet mientras buscaba información.

—¿Con que "Garganta Profunda"?—se burló—.¿qué se siente recordar el nombre de una buena película porno?, porque apuesto que no la viste— sonrió socarrón.

Mi cara empezó arder, el muy maldito parecía conocerme bien, tenía la facultad de hacer que mi cuerpo reaccionara como a él le daba la gana. La razón más grande por la cual declinaba a su oferta.

Como era de esperar, se acomodó en mi sillón como si fuera el dueño de casa y se quitó los zapatos, quedando en medias. Yo había decidido sentarme en el otro sofá, me pareció saludable estar lo más lejos posible.

—¿Ves eso?—dijo señalando la pantalla—. Esos dos necesitan follar.

—¿Qué dices? Es una película infantil—puse mi mejor cara de asco.

—Nancy tiene cara de padecer estreñimiento así que imagino que no debe ser muy buena en la cama.

Bufé y seguí viendo la película intentando ignorarlo Y me concentré en Giselle, solo ella podía hacer que cucarachas, ratones y pájaros de una pata se vieran lindos.

—¿No tienes palomitas?—negué con la cabeza ¡que se creía este idiota! —.¡Ves!—gritó exaltado al ver la escena entre los protagonistas en el momento que ella sale del baño— la tensión sexual entre esos dos es palpable, ¡maldita sea!, ella es una zorra—lo vi tomar otro pedazo de pizza —. Por eso ella al final decide quedarse en el mundo real, ella necesitaba un hombre, no un principito.

—¡Quieres callarte!—grité con desesperación, su verborrea me tenía harta—es una película infantil, no hay nada de tensión sexual ahí—dije enojada.

—Sí que la hay—alzó sus cejas varias veces—¿Quieres que te lo explique de nuevo?

¡Dios, mátame ahora!

—Solo cállate ¿quieres?—exclamé, prestando atención al televisor.

Al finalizar la película, tenía mis músculos entumecidos, me levanté del sofá, recogí la caja de pizza, el muy jodido se la había terminado toda, tenía otra similitud con Flynn Rider, era un ladrón.

Tomé las latas y me fui a la cocina, el bobo también se levantó, ilusa, creía que se alistaba para irse así que me sentí aliviada, casi feliz, cuando sentí que la puerta de salida se cerraba, pero fue efímero. Cuando volví a la sala, me encontré con que estaba sin camiseta y sin pantalones.

Por todos los dioses del Olimpo ¡Este hombre pretende matarme!

Era el mismísimo hijo de Adonis, parecía hecho a su imagen y semejanza y luego hubiese quebrado el molde.

Continuará...