Parte uno: Entrégate
Capítulo 2: Parte Dos
¡Kiba Inuzuka, bajaste al segundo lugar en el podio de bellos de belleza sublime!
Estaba concentrado en mirar la noche por mi ventana así que pude espiarlo tranquila: sus piernas eran proporcionadas y musculosas en la medida justa; su trasero, redondo y firme; la espalda ¡Diablos! En su espalda perfecta tenía un gran tatuaje: dos coloridas serpientes, entrelazadas a lo largo de su columna vertebral.
Quería dejar de mirar, de verdad quería, pero tenía a un dios griego, enfundado en unos ajustados bóxer negros y con un gran tatuaje, en la sala de mi casa. No podía moverme, es más, puede que hasta haya dejado de respirar.
—¿Está completo el inventario, señorita Hyûga? O necesita que me dé la vuelta para que quede completamente satisfecha—la sonrisa de Naruto Uzumaki se reflejaba a través del vidrio.
Maldito, maldito, ¡maldito! Seguramente, su padrino era Narciso, por eso lo ególatra y arrogante. Lo siguiente, no lo vi venir. Naruto se giró en cámara lenta, dejándome ver su muy bien proporcionada... ¿Alma?
¡Joder! Abre los ojos Hinata te darás cuenta que es un sueño, un jodido y bien fantasioso sueño... ese cuerpo no es de verdad, debe estar photoshopeado.
¡Ese maldito había sido educado por Príamo! No era la más experta conocedora de miembros masculinos, pero había tenido una semana para observar varios cuerpos esculturales en mi viaje a la playa sin contar el par de películas porno que había visto ¡Dulce Joder! ninguna le llegaba al paquete oculto en los bóxer de este hombre...
¡Relleno! Seguramente, tiene un calcetín dentro de su bóxer.
Tragué saliva atropelladamente, viendo cómo la sonrisa canalla se extendía por todo su estúpido rostro.
—¿De... verdad piensas que quedarte a dormir a... quí?—tartamudeé desviando mi mirada.
No lo mires, que muerde... ¡Hinata, No lo mires! o te hechizara quedaras idiotizada bajo su encanto ¡huy, huy! ¡Hinata, deja de ver películas infantiles!
—Te dije que no me iría de aquí sin un sí. Te encantará mi amiga.
—Señor Uzumaki—estaba perdiendo la paciencia—No me gustan los tríos.
—¿Quisieras tú estar en un trío conmigo, Hinata?—se acercó a mí dos pasos y yo retrocedí cinco.
Diosito ¡por favor! Prometo dejar de mascar hielo como si fuesen golosinas, pero ¡líbrame de caer en las manos de este hombre!
—Nada, no quiero un trío... con usted, mi única opción es nada —me esforcé para que mi voz sonara tranquila
—Mañana solo iremos a ver una amiga, ella fue sumisa— ¿acaso no me escuchó? ¡Ay, Dios! ¿y si también prometo dejar la Pepsi?—quizás su relato le sirva a tu historia. En cuanto a que si voy a dormir aquí, la respuesta es afirmativa —Hinata, no insistas: entre dioses se entienden.
—No me interesa el tema de la dominación y, ¡yo no lo invité!—mi último intento por sacarlo de mi casa.
—Está lloviendo como si Jesucristo estuviese viendo una mala telenovela y estuviese llorando de indignación, así que no pienso arriesgarme a un accidente teniendo un lugar donde quedarme. Y, de paso, me aseguro que tú no huyas nuevamente. Pero, tómalo por el lado amable—¿esto tiene un lado amable?—si algún rayo decide entrar por tu habitación, estaré aquí para defenderte.
No voy a caer en su provocación.
—Y ¿piensas dormir así?—enfoqué mi vista en su cara, pero mi dedo mostro lo obvio.
—Si quieres, me quito el bóxer. Junior es un alma libre —murmuró burlón.
Ok, me perdí ¿Junior?
Lo vi colocar sus pulgares en la cinturilla de su bóxer ¡era obvio quién era Junior! Bajó su bóxer y los primeros vellos se asomaron.
—¡Es imposible tratar de ser amable con usted, señor Uzumaki!—me giré para que no viese el estúpido sonrojo que sabía que tenía—. Tendrá que conformarse con el sofá.
—No me molestaría compartir la cama—sonrió ladinamente, su voz estaba muy relajada, el maldito disfrutaba de esto y yo se lo estaba poniendo fácil.
—¡En sus jodidos sueños!—me burlé, alejándome de él—, que tenga usted una muy jodida y mala noche —dije y puse una manta en el respaldo del sofá.
Me fui a mi habitación, maldiciéndolo en los siete idiomas que conocía. Cerré con llave, lo último que quería era amanecer con la copia porno de Eros en mi cama.
Me coloqué un conjunto de deporte para dormir, era viejo pero muy cómodo y calentito. Cuando estuve lista, me dejé caer sobre las almohadas, la lluvia caía sin clemencia sobre Nueva York, y todo invitaba a quedarse enterrada bajo las mantas.
¿Y si aceptaba la propuesta? Naruto Uzumaki me cautivaba, que un hombre como él —que emanaba sexo por todos sus poros — quisiera tenerme en su cama a la hora que él quisiera, era tentador Sí, ¡ya está bueno de ser virgen! pero también, era muy peligroso.
Volví a tomar otra bocanada de aire, el sueño parecía haberse evaporado, a pesar que pasaba de la una y media de la madrugada. Tomé el IPod y lo encendí, un poco de música siempre me relajaba. Estuve escuchando música alrededor de una hora, cantaba en voz baja las lánguidas baladas, pero no hubo caso, seguí moviéndome para un lado y para el otro en la cama.
Estaba helando ¿Cómo estará Naruto? ¿Tendría frío? Le había dejado una frazada delgada.
¡Que se le congelen los huevos, a ver si así deja de ser tan imbécil!
Media hora después salía con sigilo de mi habitación, con otra frazada. Naruto estaba hecho un ovillo, su miembro—a pesar de que su cuerpo estaba cubierto—se perfilaba erecto, ¡Definitivamente, no es real! lo cubrí rápidamente dispuesta a huir.
—Te quiero, pero no lo haré y no puedes obligarme, Jiraya. Es mi vida y hago con ella lo que me plazca.
Hablaba dormido.
Se giró, arropándose con las mantas. Caminé en puntillas hasta el centro de mi habitación y di un grito de asombro: ¡Jiraya! ¿Un nombre de hombre? ¡¿A Naruto le gustará hacer de tuerca y de tornillo?!
¿Será? ¡Carajo! Hinata, deja de pensar tanta estupidez.
Cerré los ojos, dispuesta a dejarme atrapar de una vez por todas por Morfeo; pero, no pasaron tres segundos y la imagen de Naruto parado en medio de mi sala, girándose lentamente en esos ajustados bóxer, me asaltaba.
Bufé desesperada, después de cinco intentos de querer dormir, intenté con algo más:
"Vive en una piña debajo del mar"
... Sí, lo sabía. Era una canción estúpida pero, imaginar a Bob Esponja, me distraía de lo que había en mi sala, así que me quedé dormida en la tercera o cuarta repetición de la canción.
Desperté algo desorientada al día siguiente, eran las 07:45 a.m. , iba volver a dormir cuando recordé a mi visitante indeseado. Salí de mi habitación, esperando encontrar mi sala vacía. Y lo estaba, pero mi departamento no.
Del baño podían escucharse unos sonidos bastante fuertes y desagradables. Naruto estaba tirado al frente del inodoro y vomitaba tan fuerte que, de solo escucharlo, el estómago se me revolvía. La pizza de anoche sin duda estaba quedando dentro del escusado.
¡Bien hecho! eso le pasó por comerse lo que no era suyo
Me quedé a una distancia prudente de la puerta del baño, si daba un paso más iba a vomitar yo también. Dejé que mi cabeza se golpeara contra la pared, mientras me recostaba en ella, sentí como bajaba la palanca, abría el grifo del lavamanos y hacía gárgaras...
¡con mí enjuague bucal! Minutos después, salió completamente pálido del baño. Sus ojos se abrieron exageradamente al encontrarse conmigo, aún estaba en ese pecaminoso bóxer, pude notar que tenía un tatuaje en el antebrazo pero, no alcancé a leer lo que decía. De una cosa estaba segura, el tatuaje era reciente.
—Al parecer, tu pizza estaba mala—intentó sonreír pero esa fue la sonrisa más falsa que hubiera visto en mi vida.
Dio dos pasos hacia mí y—como en el elevador—su cuerpo se tambaleó un poco, haciéndolo recostarse en la pared frente a mí. Su frente estaba perlada en sudor y si antes estaba pálido, ahora era un puto fantasma.
—Si no hubieses comido como cerdo...—bufé—. Déjame ayudarte, estas de mal color, puede ser una baja de tensión, a George le ocurría con frecuencia —dije pasando mi brazo por su cintura, mientras él pasaba uno de los suyos por mi hombro, caminamos hacia la sala y lo senté en el sofá —. Te haré un té, era lo que le sentaba a él—no me contestó, recostó su cabeza en el sofá y lo vi respirar profundamente.
¡Hombres! Quisiera verlos traer un niño al mundo.
Puse a calentar el agua y me fui a cepillar los dientes. Cuando volví a la sala, Naruto tenía mejor color, se había puesto sus jeans pero aún no tenía la camiseta, dejándome ver sus muy bien formados pectorales y su bien trabajado abdomen.
—No te cansas de mirarme—sus ojos me miraron con burla y la sonrisa torcida apareció en su cara mientras me recibía el té, ¿es que el Uzumaki fanfarrón nunca desaparece?
—He visto mejores cuerpos.
—¿Mientras cantabas el estribillo de Bob Esponja?—se burló, tomando un sorbo.
—Sabes, me estoy arrepintiendo de haberte hecho ese té o peor aún, de no haber colocado cianuro en el—sentencié.
—No hay como un buen té para asentar el estómago, gracias—¿me dio las gracias? Eso era nuevo en él.
Las enfermedades vuelven a todos más humanos, Hinata.
—¿Por qué te gusta hacerme enojar?
—Amo el sonrojo que adquiere tu rostro, es casi el mismo que cuando estás excitada.
—¡Idiota!
—Me gustaba más la camisola de Hello Kitty—señaló mi pijama cambiando totalmente el tema.
—Y a mí me gusta no tener invasores en mi casa—retiré la taza de té, vacía.
—Por cierto, ¿quién es George?—preguntó con curiosidad, ignorando mi comentario.
—Era mi abuelo—respondí desde la cocina.
Volví a la sala, dispuesta a ordenar el sofá y a recoger las mantas, pero me sorprendí al verlas correctamente dobladas, me incliné para retirarlas, grave error, su mano tomó mi muñeca halándome hacia él, dejándome caer en sus piernas mientras tomaba mi nuca y arremetía contra mis labios.
¡Joder! ¡Joder! ¡Joder! Ya se le estaba haciendo costumbre.
¿Ya les había dicho que mi cuerpo reaccionaba extraño cuando él estaba cerca? Pues, como en las otras veces, no pude resistirme. El beso era comandado y dominado por él. Su lengua pidió acceso a mi boca, los sabores de enjuague bucal y de té de hierbabuena se mezclaban, con la mano libre, apretó uno de mis pezones por encima de la tela, podía sentir su erección clavándose en mis nalgas.
¡Santo joder! Y ahora, ¿Qué hago?
El idiota estaba follando mi boca con su lengua, soy virgen pero, no tonta, su mano se había colado por mi camiseta de deporte y acariciaba mi pezón piel con piel, tacto con tacto y yo sentía que me quemaba donde sus manos me tocaban.
Me parecía que respirar estaba sobrevalorado, mi mente era una nebulosa, solo podía sentir la presión que Naruto ejercía sobre mis labios y la forma en cómo sus dedos se alternaban para tirar de mis pezones. Un teléfono sonó lejano. Me besó el cuello, me succionó el lóbulo de mi oreja y me hizo ver caballitos de colores en las blancas e impolutas paredes de mi departamento.
¿Qué diablos me pasaba? Me tomó toda mi fuerza de voluntad colocar mis manos en su ardiente pecho para separarlo de mi cuerpo. Y la voz de Hanabi se escuchó.
Hinata, te he llamado al celular pero no contestabas, sé que no te importa pero mañana es el cuarto mes de la muerte de mis padres. Por favor, ¿podrías hablar con el Director?, me gustaría ir al cementerio, te lo suplico.
Su voz se escuchaba ronca y podía jurar que estaba llorando. Mañana se cumplían cuatro meses desde que Hanna había muerto. Llevé mis manos a mis cabellos, quizá para mí era un día normal, pero para Hanabi significaba otra cosa.
—¡Hey!—Naruto alzó mi barbilla—¿dime que mis besos no te hacen llorar? No puedo estar perdiendo uno de mis encantos—estaba tratando de ser gracioso, respiré profundamente antes de enfocar mis ojos en los suyos.
—Te golpearía, pero creo que ya no tiene caso—increpé.
—Sabes que puedo oler lo que provoco en ti, me deseas, te deseo. ¿Por qué no aceptas mi jodida propuesta y ganamos todos?—expresó.
Me levanté de su regazo y caminé hacia el balcón, amaba la vista desde mi pequeño piso. Era una estupidez negar que deseé al idiota desde la primera vez que lo vi —enfundado en un traje negro de tres piezas y gafas oscuras— las bragas me temblaron pero, de ahí a acceder a su propuesta...
—Hinata —su voz fue suave, se acercó y colocar sus manos sobre mis hombros; aún con mi camiseta de deporte, pude sentir como su cuerpo ardía para mí.
—Mi abuelo me crió para no ser como mi madre —él me miró sin entender —ella era una cualquiera, me dejó por ir detrás de una pasión que la volvía loca—le dije removiéndome incómoda.
—Dulzura—me giró para que quedase frente a él—, estamos en otros tiempos, tú necesitas ayuda y...
—Eso lo entiendo, yo necesito algo de información para escribir mi libro, pero ¿y usted, señor Uzumaki?
—Yo obtengo lo que quiero: placer. Soy el mejor, he estudiado y experimentado mucho en este campo.
—¿El mejor? Más bien, pareces un psicópata acosador, no sé por qué me quieres. Te vi con esa chica sabes... en el parqueadero.
—Lo que pasó en el parqueadero de la torre Hatake era solo para que supieras lo bueno que soy en el tema —tomó mi mano colocándola sobre su erección, estaba gruesa y dura, podía sentir el calor emanando del jean. Mi mano tembló un poco.
—Estar siempre duro es ser bueno en el sexo... ¿ves? estoy aprendiendo —hasta rodé mis ojos para que le quedara claro lo tonto que me parecía todo lo que decía.
—Soy un hombre hambriento, y mi cuerpo desea el tuyo tan masoquistamente que voy a hacer lo que sea necesario para tenerte, ya te mostré que tan hábil puedo ser solo con mi boca y mis manos, te aseguro que esto —presionó aún más mi mano a sus jeans y su voz bajo varias octavas, escuchándose ronca y sensual— esto lo sé mover mucho mejor — su cuerpo se pegó al mío antes de besarme nuevamente y, como las últimas dos veces, no luché. Yo deseaba ese beso tanto o más que él.
Quince minutos después estaba en su auto, observando la ciudad pasar a mi lado en el más incómodo silencio.
—¿Hacia dónde vamos?—pregunté luego de varios minutos, cuando vi cómo Naruto conducía su elegante Aston negro hacia Manhattan.
—A mi casa—dijo él sonriendo.
Después de ese último beso, su celular había sonado y su amiga le había preguntado por el lugar de encuentro, Naruto aseguraba que su experiencia podía ayudarme y que, si después de hablar con ella yo seguía negándome a su propuesta, entonces dejaría de insistir
Sí, estaba jugando con fuego, pero ¡Joder! Era eso o, tenerlo todo el tiempo encima ¡Ejem!
—¿No vives en el edificio de Kiba? —me miró sonriendo.
—No, ahí llevo a las... —se quedó callado.
—¿Putas? —Naruto se encogió de hombros.
—Yo prefiero llamarlas "mis chicas"—sonrió, guiñándome un ojo.
— ¿Tu departamento es un piqueteadero? —él me miró sin entender—, ¿un motel?
—Uno muy bien ubicado y bastante elegante, la mujer que está conmigo debe sentirse y comportarse como Afrodita o Venus. Para eso, hay que tratarla como tal, como una Diosa.
—¿Has tenido muchas mujeres?—esa era una pregunta tonta, pero tenía que hacerla.
—Las mujeres son como los países y yo amo hacer turismo, así que sí. He estado con más mujeres de las que puedas contar—declaró con orgullo —. Mi vida sexual empezó cuando tenía catorce años, fue ahí cuando entendí que el sexo es como el dinero; solamente tener demasiado es tener suficiente.
¿De verdad cree que con esa respuesta me va a convencer de su propuesta?
¡Idiota turista de camas!
—Tú tienes suficiente dinero, o al menos eso me diste a entender—lo miré fijamente.
—Pero nunca suficiente placer sexual—mordió su labio inferior y me miró sobre sus antejos.
Si crees que me asustas, te equivocas... virgen pero no tonta.
—¿Nunca te has enamorado?
—Nunca, y espero no hacerlo, alguien muy sabio dijo que el amor solo trae complicaciones. Me gusta el sexo casual, sin compromisos ni ataduras, solo una noche de intercambio, placer por placer—Naruto empezó a bajar la velocidad al encontrarnos rodeados de elegantes construcciones. Introdujo el coche en el estacionamiento del único edificio color grafito del complejo.
Durante el trayecto en el ascensor todo fue silencio. Nos detuvimos en el Pent House y salimos a un corredor cuyas paredes y piso se encontraban enteramente cubiertos de mármol, la puerta era de madera de color burdeos. Naruto colocó su mano derecha en un pequeño detector que había en la entrada, luego digitó unos números en el panel que había al lado y la puerta se abrió; me miró haciendo un gesto bastante burlón de "las damas primero", dejándome entrar.
La gran sala tenía colores neutros: techo, blanco tiza; piso, bellota; murallas, gris piedra; los muebles eran de líneas simples, rectas y predominaba el negro. Si, era un lugar sobrio, cómodo y abierto de espacio, propio de un gusto vanguardista y de un hombre con dinero que pasa poco tiempo en su casa.
Caminó hasta la contestadora y presionó el botón para escuchar los mensajes. En ese momento quise huir, quién sabe qué escucharía.
—Naruto—una voz de mujer se escuchó luego de que la grabadora dijera cuantos mensajes tenía, era suave y se escuchaba dolida—, eres mi hijo, lo sabes ¿verdad? Y te amo, no me hagas esto, ¡no te lo hagas a ti!— detuvo el mensaje refunfuñando, antes de sacar su celular del bolsillo trasero de sus vaqueros.
—¡Le contaste!—gritó a quién fuese que estaba del otro lado de la línea —, ¡no tenías ningún derecho, Jiraya!— ¿Jiraya?—¡Es mi maldita decisión!—gritó más fuerte, antes de girarse y encontrarse conmigo. Me miró fijo, apretó el puente de su nariz y se volvió a girar—¡Me vale un cuerno tu justificación!... ¡¿Dónde está tu puta ética?!... ¿Crees que por contarle a Tsunade cambiare de opinión?... Estás completamente equivocado... No me convencerás... Ya te lo dije, esta es mi vida y voy a hacer con ella lo que me de mi maldita gana.
Colgó, tirando el celular contra el sofá, estiraba y contraía los dedos de sus manos, parecía completamente fuera de control, aunque también podría ser un niño pequeño haciendo un berrinche—en boca cerrada no entran moscas, Hinata—. Respiró fuertemente y me observó por unos segundos antes de hablar.
—Voy a darme una ducha y a cambiarme de ropa. Ponte cómoda — estaba molesto y yo, confundida. Había pasado de la aparente simpatía a la ira en cuestión de segundos—, intentaré no demorarme—las palabras salieron fuertes y duras.
En un par de zancadas se fue dejándome sola en la sala de ese departamento. Escuché un sonido fuerte detrás de la puerta por donde había desparecido, seguido de una maldición bastante sonora y muchas palabras, que harían que mi abuelo se levantara de la tumba dispuesto a lavarme la boca con lejía si llegaba a repetirlas.
El teléfono sonó. Miré a ver si Uzumaki salía de donde se hubiese metido, pero no lo hizo y, tras cuatro largos pitidos, se escuchó una voz, esta vez era un hombre.
—Naruto, hijo, sé que en este momento lo que menos deseas es hablar, pero no puedes pretender que no intente hacerte entrar en razón, eres mi hijo, me preocupo por ti tanto como si llevases mi sangre. Ven a casa. Tsunade y yo estamos preocupados por ti.
Me quedé meditando las palabras dichas por el hombre, eran profundas como si muy en el fondo estuviera sufriendo. Sentí como cerraban una puerta, me giré y lo vi parado en medio de un pequeño corredor. Decir que se veía guapo sería un eufemismo; Uzumaki no era humano, él era un mito, si... uno donde Narciso, Adonis y Príamo se convierten en uno solo.
Tenía unos pantalones hechos a su medida, muy elegantes y perfectamente planchados; una camisa blanca que llevabadesabrochada en sus tres primeros botones y el saco que hacía juego con el pantalón. Sin corbata, como lo había visto en el restaurante.
—No hay nada más jodidamente gratificante que enfocarte en el deseo de una mujer, Hinata... Justo como me estas mirando ahora me hace creer que, si insisto un poco más, me atarás a la cama y me violarás—musitó con su sonrisa presumida, mientras se colocaba las gafas negras.
—¿Te gusta el sado?—me había pillado en falta y tenía que desviar el tema.
—No, pero hay que probar de todo en la viña del Señor. Eso que veo en tus ojos se llama de-se-o, Dulzura. Aunque lo niegues.
—Eres un maldito ególatra, ¿lo sabías?—enarqué una de mis cejas y crucé los brazos en mi pecho.
—Te falto sexy y follable. ¿Nos vamos? Fûka nos está esperando y ahora, es una mujer ocupada y no podemos hacerla perder tiempo.
¿Ahora? ¿Qué quiso decir con eso?
Salimos del departamento y nos subimos al ascensor nuevamente, no sin que antes Naruto digitara la clave en su cerradura. Ninguno de los dos habló mientras descendíamos hasta el coche, y una vez que estuvimos dentro de éste, el silencio se volvió pesado, miré las manos de Naruto y me encontré con un apósito cubriendo una parte de su piel.
—Mientras te duchabas recibiste un mensaje en la contestadora, un hombre, supongo que es tu padre, te llamo hijo —le dije encogiéndome de hombros, él me miró de reojo, pero no pudo ocultar la línea tensa en su boca y la rigidez que asumió su cuerpo—. No estaba chismorreando, el teléfono sonó y al no levantar nadie el auricular, la llamada se ha ido a buzón y él ha dejado un recado para ti.
—Jiraya es mi padre adoptivo, mis padres, murieron cuando tenía nueve años.
—Parecía preocupado.
—No está de acuerdo con algunas decisiones que he tomado—su voz fue fría y cortante. Encendió el auto—. Debemos irnos, no me gusta hacer esperar a Fûka.
En boca cerrada no entran moscas, Hinata. Jiraya es su padre. Es mejor callar y pasar como estúpida que hablar y decir estupideces.
El viaje en auto se me hizo eterno, Naruto mantuvo su postura rígida durante el camino, cuando llegamos a la cafetería mi estómago rabiaba de hambre, el muy pendejo, no me había dejado desayunar en mi casa.
Una mujer alzó su mano, mostrándonos su ubicación. Naruto sonrió—una sonrisa sincera y hasta tierna—, tomó mi codo guiándome hacia la mujer que se había levantado para el encuentro. ¡Joder, es preciosa! A pesar que tenía un vestido bastante sencillo y su pelo cobrizo tomado en una simple cola, se veía radiante. Cuando se quitó sus anteojos para saludarnos, pude ver sus ojos azules oscuros y su luminosa sonrisa.
¡Dios! Esta mujer tiene tatuado en la frente un letrero gigante diciendo: "Sí, estoy completamente satisfecha sexualmente" ¿Qué dirá mi cara? Espero que no diga "Chica virgen"
—Esa sería la única mujer por la cual dejaría de ser quien soy —siseó Naruto en mi oído a escasos pasos de donde estaba la chica.
¡Qué cabrón! ¿Qué necesidad tenía de decírmelo? Ella vino al encuentro, Naruto me soltó para fundirse con ella en un gran abrazo, en un eterno abrazo.
Sé cuándo sobro, así que me quedé de pie, a unos pasos, alejada de ellos.
Él abrazaba a la mujer como si fuese un oasis en medio del desierto y ella, se dejaba. Se separaron, se besaron en las mejillas y se tocaron la cara suavemente. Parecían mucho más que amigos.
¿Para esto insistió que viniera?, ¿para ver que también puede derramar miel en una mujer?
Carraspeé incómoda y ambos me miraron al mismo tiempo, acababa de interrumpir un romántico reencuentro y esos dos deberían odiarme ¡tierra, ábrete y trágame! Debí haber salido de su zona de influencia cuando estaban entretenidos enrollándose el uno con el otro.
—¿Es ella la chica?—preguntó la pelirroja mirando a Naruto y luego me dio un repaso. Tenía puestos mis zapatos con plataforma de goma, una falda negra, larga y recta, con una blusa estampada con mariposas y una chaqueta corta de piel sintética.
—Hola—me ajusté mis anteojos.
—Mucho gusto. Fûka Õtsutsuki—la chica extendió su mano.
—Hinata Hyûga—dije, apretando su mano.
Los tres nos sentamos en la mesa, el mesero llegó y tomó nuestras órdenes; más bien, la de ellos: dos pastelitos de arándanos—los favoritos de Naruto—y dos mocca descafeinado. Y, la mía, té negro y de pie de manzana.
—Estás bellisima—dijo con un suave y falso acento italiano.
—Grazie —ella sí que lo pronunció perfecto.
—¡Cuatro años!—dijo mirándola idiotizado.
—Casi nada —ella lo miró con ternura.
—¿Cómo están Tormenta y Grifito? —ahora, sonrió de una manera diferente.
—Antonella es hermosa, demasiado consentida por Toneri y Thiago, sigue creciendo, él se parece mucho más a mí.
—¡Alabado sea Shiva y todos los dioses!—Naruto gesticuló y sonrió.
—Tú sigues tan gracioso —le guiñó un ojo.
—¿Te quedarás mucho tiempo?—tomó sus manos sobre la mesa y las apretó cariñosamente.
Y, yo ¿Qué hago aquí? ¿Me consigo un violín o tiro pétalos de rosas?
—Lo lamento, Naruto, pero solo vinimos porque en unos días será la inauguración del proyecto de Ton, sabes que él odia esta ciudad—ella se puso seria.
—De todas maneras, tú deberías venir más seguido.
—Sabes que mis obligaciones no me permiten hacerlo, mi lugar es donde Toneri esté, sea en casa o en cualquiera de sus viajes. Antes, era más sencillo porque los niños estaban pequeños pero, Antonella va cumplir diez años y Thiago dos; es difícil dejarlos solos aunque Oriana y Antoine se hagan cargo de ellos cuando estamos fuera.
—Toneri, Toneri—negaba, moviendo su cabeza.
—Tú, más que nadie, sabes cómo es.
—Figlio di Puttana—comentó, con fastidio.
El burro hablando de orejas. ¡Estoy aquí, idiota! ¿A esto me trajiste, a ver cómo babeas por una mujer? ¿Una mujer casada? No entiendo.
—Me alegra mucho que estés aquí. Ese maldito te mantiene como una prisionera —siseó, aún fastidiado.
—Recuerda que le pertenezco, soy su esclava. Esa es la vida que elegí, Naruto.
Con esa frase entendí perfectamente que rol asumía Fûka.
El mesero llegó con nuestro pedido y cada uno tomó sus platos en silencio, estaba pensado seriamente en irme apenas acabara mi desayuno, me hubiese gustado que Ino estuviese aquí.
—A veces pienso que debí insistir un poco más.
¿Dónde estaba el cabrón arrogante estúpido que había conocido estos días? El hombre que está aquí es un adolescente hablando con su amor imposible.
—Aunque hubieses insistido siglos —dijo ella con voz suave—, mi destino era Toneri.
—¿Te ha vuelto a maltratar?—preguntó él mirándola, su voz fue un susurro, ella negó
—Toneri no me maltrata, Naruto—dijo ella—¿Por qué siempre que nos vemos tenemos que discutir sobre lo mismo? Te lo he dicho infinidades de veces; además yo no estoy aquí para hablar de Ton. Estoy aquí para saludar a mi amigo y para ayudar a una chica—sonrió.
¡Al fin me hice visible!
—Cuéntame, Hinata, ¿Cómo va ese libro que, según mi amigo, no eres capaz de escribir sin su ayuda?—Naruto me mostró toda su blanca dentadura, antes de llevar un pastelillo a su boca... ¡será cabrón!
—Su amigo tiene el ego muy grande—le sonreí—Sí, soy escritora y la editorial para la que trabajo me ha solicitado escribir un libro "erótico"
—¿Ya definiste a los personajes? En esas historias, el chico es muy importante ¿Cuál es tu chico perfecto?
—Uno como yo, claro está—Naruto subió sus cejas sugestivamente y Fûka volvió a sonreír.
—Dios, ¿hay espacio suficiente para tu ego en este lugar? No hay necesidad de hacer nada para enaltecerte... tú haces ese trabajo solito—le acotó y luego se dirigió a mí—. El tipo debe ser un mismo ángel caído, fuerte, musculoso y con un miembro de infarto.
—¿Lees mucho libros de este tipo?—ella negó
—Yo vivo mi propia novela y Toneri es el personaje principal.
Ninguna de las dos hizo caso del mal educado bufido de Naruto.
—¿Me contarás tu vida?—¡Joder! Esto es mucho más de lo que esperaba.
—¡Noo! Toneri es hermético con nuestro estilo de vida; sinceramente, si se entera de que he ventilado algo de nuestra intimidad, tendría un castigo. Placentero para ambos, pero castigo al final—rió—. Mi amigo, aquí presente, me pidió el favor y yo me arriesgo a ello.
—Y después me preguntas por qué te amo—Naruto sonrió.
—¡Naruto! —ella le enseñó su dedo con la alianza dorada.
—Esa baratija no impide nada. Si se hubiese demorado seis meses más, no estarías junto a él.
—Necesito que te vayas, adulador —dijo la pelirroja.
—¿A dónde?
¿Qué tal a la punta del cerro? ¡Já!.
—No sé, ve a dar una vuelta por ahí. Voy a hablar con Hinata y necesito estar a solas.
—Fûka, conozco tu historia con el bastardo—bufó recostándose en su silla mientras cruzaba los brazos en su pecho.
—Hay cosas que es mejor hablarlas entre mujeres—sentenció.
—No sé, yo pienso que...
—Danos...—miró su reloj—treinta minutos y regresas —él la miró con una ceja arqueada—¡Es para hoy, Naruto!
No muy contento con la idea Naruto corrió su silla y se levantó visiblemente disgustado. Cuando estuvo suficientemente lejos, Fûka fijo sus ojos en los míos.
—Necesito saber que te ha dicho Naruto de mí —me dijo en voz baja.
—El Doctor Uzumaki me dijo que habías sido una sumisa —la chica rió, un sonrojo cubrió su rostro.
—Había sido, no. Soy una sumisa—declaró dejándome sorprendida, antes de empezarme a contar, sin muchos detalles, la forma en cómo ella y su esposo se habían conocido.
—Entonces, ¿tu esposo te contrató y ahora es tu amo?—intenté entender.
—Ton es mi dueño. Mi vida y mi corazón le pertenecen. Nosotros no tenemos palabra de seguridad, o bueno, sí la tenemos, pero es solo para cuando él hace cosas que yo no puedo soportar, esa palabra nos recuerda qué somos en realidad.
—¿Puedo saber cuál es esa palabra?—pregunté.
Sí, lo sabía, me estaba pasando de metiche, pero quería saber hasta dónde podía confiar.
—Amor—respondió ella con simplicidad.
—¿Amor?—ahora sí estaba confundida.
—Toneri no creía en el amor, esa fue su palabra de seguridad cuando comenzamos y yo decidí que siguiera siéndolo, nos hace recordar porque estamos juntos. Nos amamos más allá de nuestro estilo de vida. Porque eso es la dominación y la sumisión, Hinata, un estilo de vida.
—¿Eres feliz?—tenía que preguntar.
—Absolutamente. Lo mejor que me ha pasado en la vida fue firmar el contrato que Toneri Õtsutsuki me ofreció una noche. Gracias a eso, tengo dos hijos hermosos, un esposo que me quiere. Ton puede llegar a ser muy cruel e hiriente si se lo propone, me hizo llorar mucho, no te lo voy a negar, pero cada obstáculo que vencimos fueron ladrillos que nos ayudaron a construir lo que somos. El sexo es lo más alucinante y perfecto del mundo, pero ten presente algo: el sexo difícilmente se trata solo de sexo, siempre hay algo más, tienes que dejar entrever eso en el libro —finalizó, sonriendo.
Durante los siguientes minutos Fûka me habló de la sumisión y de cómo se convirtió en su forma de vida.
—Es asombroso la manera en como un contrato se convirtió en una historia de amor, ¿Has pensado en alguna vez compartirla? Podrías escribirla.
—Nunca había pensado en eso, además no creo que mi amo le guste mucho la idea—me dio una pequeña sonrisa.
—Tienes una gran historia ahí.
La aparición de Naruto interrumpió nuestro diálogo, caminaba hacia nosotras algo pesado, a medida que se acercaba notamos de inmediato que algo ocurría, ella se levantó inmediatamente.
—¿Estás bien?—inquirió preocupada cuando él llegó hasta la mesa desplomándose en la silla, volvió a sonreírle solo que esta vez, su sonrisa era falsa, tan falsa como la de la mañana en mi departamento.
—Lo estoy, comí una pizza en mal estado ayer—me miró, yo lo miré y no pude evitar sentir preocupación, tenía la frente perlada en sudor y su rostro estaba tan pálido como en la mañana—¿Han terminado de hablar?
—Sí y ya me voy. Toneri viene en camino—sacó de su cartera de mano una tarjeta—. Hinata, estos son mis números, estaré pocos días aquí pero si necesitas hablar, llámame.
—Gracias.
—No te aseguro nada, pero trataré que Toneri comparta su experiencia. Si no, conozco a otra persona que podría ayudarte. No te dejaré sola, conmigo puedes tener la certeza que te ayudaré en todo lo que necesites—me dio un beso en la mejilla.
Le dio un gran abrazo a Naruto y caminó hacia la puerta, pasos y porte seguros aún, con esos impresionantes tacones. La puerta de la cafetería se abrió y un hombre alto, peliblanco y esbelto entró, la tomó de la cintura y la besó.
Así que aquel era el marido. En palabras de Ino, sería: un tipo buenísimo que no dice hola, dice ¡vamos a la cama! En palabras de Fûka, un ángel caído, fuerte, musculoso y con un miembro de infarto.
¿Dominante? No parece ser un hombre que le guste el látigo.
Naruto tocó mi hombro pasándome una servilleta, lo miré sin entender.
—Vas a causar un accidente por la saliva ¡sécate!—no me habló en tono de chiste—¿Es costumbre tuya desnudar hombres con la mirada?—más bien, parecía enfadado.
¿Estaba reclamándome algo?
—Tendría que ser muy ciega para no mirar a ese ejemplar y créeme, no lo soy—lo piqué—. Sé reconocer cuando un hombre es realmente interesante—su entrecejo se frunció y me fulminó con la mirada—¡Gracias por todo!, nos vemos.
Le tiré un beso volado y salí de ahí, no sin antes dejar el pago por mi té y mi tarta. Él se quedó sentado a la mesa, masajeando su sien, por un segundo, casi me devuelvo a ver si aún se sentía mal. Pero, no, sacó su celular del bolsillo y lo vi hablar con alguien, animadamente.
Detuve un taxi y me fui a hablar con el señor Smith por el permiso de Hanabi. Si Naruto Uzumaki se sentía mal o bien, era su problema. A fin de cuentas, ¿Quién lo había mandado a ser un cerdo y comerse toda mi pizza anoche? Yo tenía que conseguir que mi hermana saliera, no hacer de enfermera del WikiSex.
Media hora después, me sentía contenta, no solo tenía una idea para el libro sino que además, había conseguido el permiso para Hanabi y tenía a alguien que me contaría en primera persona lo que era la dominación. Al final, el idiota DSex sí me ayudaría con mi libro. Claro, no como él quería, "dispuesta a sus deseos cuando, donde y a la hora que él quisiera" si no que a través de Fûka. ¡Já! Ella me dio su tarjeta y la promesa que no me dejaría sin su ayuda.
Con ánimos renovados, detuve un nuevo taxi y me fui a Hatake Editores. Cuando llegué, Kakashi y la junta estaban esperándome en la sala de juntas junto con Kiba e Ino.
—Entonces, querida Hinata—Kakashi me miró con sus ojos brillantes —, Kiba me ha dicho que has concretado la idea de nuestro nuevo número uno.
—He desarrollado algo, señor Hatake, aún falta pulir unas ideas sobre cómo será la trama. He estado investigando y esta mañana, tuve una reunión con una chica que tiene una historia muy interesante.
—Hinata, sabes que nadie debe ayudarte con esto—unió sus manos apoyando sus codos sobre la mesa—. Están en juegos muchos millones y no queremos compartirlos con nadie.
—Señor Hatake, he leído el contrato. Es el tercer libro que escribo para su Editorial, no debe recordármelo—me molestaba que me repitieran las cosas como si fuera una niña pequeña.
—La reunión que Hinata tuvo con esta chica es más bien informativa— explicó Kiba interrumpiéndome y dándome una mirada reprobatoria—.Nadie va a tener más reconocimiento que Hinata o esta Editorial.
—¿Qué dice el departamento jurídico?—preguntó a la mesa.
—A lo más, nombre de pila en los agradecimientos.
—¡Bien! Ahora, lo importante ¿Cómo va el libro, querida Hinata?
¡Mierda, Hinata! te dedicas a discutir con Naruto y te olvidas del libro. Inhala Hinata, inventa algo. Exhala, Hinata.
—Una idea impuesta y que obedezca solo un interés comercial no puede ser trabajada sin investigar bien el tema —clavé mi mirada en Kiba— digo, si le interesa un Best Seller.
—Y, ¿Cómo va la investigación?
—Ya hizo las primeras notas, tiene el bosquejo de la idea, estamos en contacto con el mejor especialista. Creo que en quince días estará en condiciones de presentarte el esbozo del primer capítulo.
—¡Magnífica idea! Kiba, por eso eres uno de mis mejores editores — Kakashi volvió a sonreír—. En quince días nos reuniremos, ya quiero tener en mis manos el borrador de tu primer capítulo, Hinata.
Miré a Kiba con deseos de asesinarlo, ni cuando salíamos de la oficina se me quitaron las ganas; en mi mente, enterraba una daga directo en su corazón, mientras bailaba alrededor de su cadáver.
—Mátame si quieres, pero no es mi culpa—habló Kiba cuando estuvimos fuera del edificio.
—¿No?
—¿Qué esperabas? Sé que apenas estás formando una vaga idea para el libro, ¿Qué ibas a decirle? Fue lo único que se me ocurrió.
Silencio. Si abría mi boca, no iban a salir precisamente flores.
—Maldita sea, Hinata, ¡di algo!—Kiba se detuvo y me agarró por los hombros.
No dije nada, solo lo miré a la cara.
—¡Habla, joder!
—¿Qué quieres que te diga?—le dije sin expresión alguna.
—Algo así como "gracias por ganar tiempo con Kakashi".
—Muy bien: te aplaudo por tu proeza, Kiba—me zafé de su agarre.
—¡Hey...! Escucha—volvió a tomarme de los hombros—. Te ayudaré.
—No me digas... ¿Vas a escribir el libro por mí?—ironicé—. Porque si no es así, no sé en qué me vas a poder ayudar —terminé molesta.
—Aún puedo hablar con Senju.
—No quiero la ayuda de tu amiguito—murmuré hastiada.
—¿Qué fue lo que realmente pasó en el restaurante?—exclamó—Si algo ama mi amigo en esta vida es su jodida presencia impecable y tú, le remojaste en tinto su traje. Eso no se le hace a Naruto Senju.
—¿Senju o Uzumaki?—pregunté confundida.
—Su apellido es Uzumaki, Naruto Uzumaki, pero fue adoptado por el Doctor Jiraya Senju. Cuando era un niño juntó los dos apellidos Senju Uzumaki, aunque a veces se presenta como Uzumaki, en fin eso no nos importa— se acercó a mi agarrando mis manos—, lo que quiero que sepas es que estoy contigo. Si tengo que vestirme como una jodida animadora lo haré. Voy a estar contigo siempre, preciosa—acarició mi rostro—. Hasta que tú me des una patada en el culo —sonrió y lo abracé.
—Me pusiste en aprieto—me peiné el cabello con las manos.
—Ya verás que no ¿Por qué no vamos a mi casa? Agatha estará feliz de cocinar para ambos. Hablaremos tranquilamente del tema —le sonreí y juntos caminamos hacia su auto— ¿Dónde está Mickey?
—Vine en taxi—me encogí de hombros, no queriendo dar más explicaciones. Kiba enarcó una de sus cejas antes de abrir mi puerta.
Era tarde cuando salí de casa de Kiba, me sentía mucho más tranquila y relajada, dispuesta a trabajar en mi libro, mi amigo me prestó su carro así que me programaba para estar pronto en casa. Dudé en entrar en el elevador, casi siempre me encontraba aquí con Naruto, miré las escaleras, pero al final, dejé la cobardía a un lado y oprimí el botón.
Expulsé todo el aire que tenía retenido cuando el elevador llegó vacío, comprobé la hora: veintitrés y cuarenta y cinco. Él estaba en el programa, no tendría ninguna sorpresa desagradable. Bajé hasta el primer sótano y ubiqué rápidamente donde estaba el auto de Kiba, desactivé la alarma, no terminaba de abrir la puerta cuando sentí como me agarraban fuertemente del barzo.
¡Santo Joder! ¿Un asalto? ¡¿Qué?! ¿No iba a poder venir más a este puto edificio?
Me giré para verle la cara al hijo de puta que me estaba deteniendo. Lo que vi me dejo fría, él, Naruto Senju Uzumaki, se veía mucho peor que por la mañana su rostro estaba demacrado y unas grandes ojeras se situaban debajo de sus ojos, su mirada captó la mía por unos segundos y respiró profundamente.
—Te vas—su voz fue suave y grave.
—¿Podrías soltarme?—tiré mi brazo bruscamente, zafándome de su amarre—me diste un susto de muerte.
Había recuperado el color ¿sería la luz del estacionamiento?
—Cumplí con lo que te prometí—volvió a su actitud de macho—, cumple tu parte—sus manos me encerraron entre el auto y su cuerpo.
—¿Hice un trato contigo? Yo solo quería sacarte de mi casa.
—¡Maldición!—gritó golpeando el coche con sus dos manos.
—Te agradezco que me presentaras a tu amiga.
—No es lo mismo lo que ella te pueda comentar, a lo que yo pueda enseñarte—tomó su cabeza con sus dos manos corriendo su cabello hacia detrás—. El tiempo apremia, ¡¿por qué no aceptas de una puta vez?!
¿Cómo sabe que Hatake me dio una fecha? Obvio, Kiba.
—No me interesa tu maldita propuesta. ¡¿Cómo diablos quieres que te lo haga saber?!—tensé mi cuerpo y dejé caer mi brazos—. Suéltame ahora mismo o, te juro...
No terminé de hablar, me interrumpió como mejor lo sabía hacer: sometiendo mis labios a los suyos y haciendo que mis bragas temblaran. La respiración se me quedó trabada y el corazón latía desbocado como un río sin cause. Su beso era rabioso, salvaje, exquisito, jodidamente placentero...
¡Dios! Naruto mordisqueó mis labios, su lengua invadió mi boca sometiendo la mía a su santa voluntad. No me tocaba, solo eran sus labios fieros y demandantes obligando a mi cuerpo a sus deseos, nublando mi mente en una nebulosa de lujuria desenfrenada; sentía mis huesos ablandarse, mi piel... ¿Ceder ante un hombre como Naruto Uzumaki?, la respuesta era clara: NO, yo no era una cualquiera. Lo empujé con toda mi fuerza y mi mano impactó fuertemente en su cara.
—¡Deja de tratarme como una fulana!—grité enojada— ¡No te pertenezco!, ¡no soy una de las chicas que sueltan las bragas por ti!—lo piqué con mi índice en su pecho—no acepto tu maldita propuesta y por favor, mantente alejado de mí, ¡maldito acosador!—grité con todas mis fuerzas, los ojos de Naruto se llenaron de ira pasando de un azul claro a uno intenso y oscuro.
—¡Perfecto!—gritó con voz gutural mientras golpeaba de nuevo sus dos manos contra el auto y acercaba su rostro al mío—. Me alejaré de ti, no te buscaré, no te acosaré y me olvidaré de que existes—las aletas de su nariz se dilataban a medida que hablaba y la vena que estaba en su frente, sobresalía aún con su ceño fruncido—¡Eres peor que una maldita pesadilla!
—¡Por fin entendió, el señor!—si yo era una maldita pesadilla, él no estaba mejor.
—Pero, tú vendrás a mí, Hinata Hyûga. Solo espero que estemos a tiempo.
Me dio una mirada furiosa antes de alejarse de mí, caminando en dirección al elevador. Me acomodé el cabello lo mejor que pude antes de subirme al coche, dejando que mi cabeza golpeara contra el volante.
¡Qué se creía ese idiota!
Di un largo suspiro antes de encender el coche. El día de mañana traería cosas nuevas y si Naruto Uzumaki se acercaba a mi otra vez, iría con las autoridades y le interpondría una orden de alejamiento.
Continuará...
{...}
Glosario:
- Narciso: En la mitología griega , Narciso era un joven muy hermoso. Para castigar a Narciso por su engreimiento, Némesis la diosa de la venganza, hizo que se enamorara de su propia imagen.
- Epríamo: fue el rey mítico de Troya en la época de laGuerra de Troya
- Eros: En la mitología griega Eros, era el dios primordial responsable de la atraccion sexual el amor y el sexo, venerado también como un dios de la fertilidad
