Parte uno: Entrégate


Capítulo 3


—Tienes una cara horrible —Hanabi se subió al coche.

—Bueno, tú estás preciosa —sonreí.

No había dormido en toda la noche pensando las últimas palabras de Naruto y lo menos que quería era discutir.

—Gracias por el permiso, me hubiese vuelto loca si no hubiera podido salir hoy.

—No fue nada, Hanabi contesté arrancando el coche— ¿Tienes dinero?— ella me miró enarcando una ceja—. Para las flores—murmuré mientras avanzaba.

—Ni para flores, ni para nada—dijo, mirando la calle.

Afortunadamente, no había tráfico y llegar al Marble Cementery fue rápido a pesar de lo lejos que nos encontrábamos, aparqué el coche y saqué de mi billetera varios dólares

—Compra flores.

—¿No vienes?—negué. Hanna era inexistente en mi vida cuando aún vivía, no tenía que estar presente después de muerta.

—Ve tú, no te demores mucho. Tienes solo un par de horas y me gustaría que comiéramos algo juntas antes de dejarte en el Instituto—Hanabi no dijo nada, pero azotó la puerta mostrando su desagrado por no haberla acompañado.

La vi llegar al puesto de flores y tomar un ramo antes de entrar. Trasladar las exequias de Hanna y su marido hasta Nueva York había sido un proceso largo pero supuse que sería mejor para Hanabi que ellos estuviesen cerca de donde ella se radicaba ahora.

Salí del coche y me apoyé en la puerta, saqué el IPod del bolsillo de mis jeans releyendo lo poco que había escrito ayer.

Atada a ti

Capítulo 1

Había huido de casa, tomado dos mudas de ropa y todos sus ahorros. Un padrastro alcohólico y una madre que no se preocupaba por ella. Salir de Suna a la gran ciudad; labrarse su camino y no saber nada de nadie. Dejar de ser Tanahi para empezar a ser una chica, sin ataduras, sin miedo, sin culpas.

El celular sonó en mis manos, era un número privado. Suspiré de alivio cuando vi que no era DSex.

—¿Hinata—la voz de la chica sonaba ansiosa—. Soy Fûka, ¿me recuerdas?

—Claro, la amiga de Naruto, dime Fûka ¿en qué puedo ayudarte?

Te llamo porque tengo una buena noticia para tu libro.

—¡Oh! ¡Genial!

Estuve hablando con el amigo que te comenté. Fue algo difícil, pero accedió a verte. ¿Sabes dónde queda el restaurante Barbetta?—no sabía, pero el GPS hacía milagros en estos días.

—Puedo llegar.

Muy bien. Entonces, nos vemos en una hora.

—¿Podría ser en dos?

Vi la hora en mi reloj de pulsera. Hanabi acababa de entrar al cementerio.

No, lo siento. Gaara sale de viaje en un par de horas y no vuelve hasta finales de mes.

—Una hora. En una hora estaré con ustedes.

Lo siento Hanabi.

Guardé lo que había escrito y suspiré. Odiaba los cementerios, esa era una de las razones por la cual las cenizas de mi abuelo habían sido tiradas en el Lago Michigan, para mí eran receptáculos de todas las tristezas del mundo y no deberían existir, así que apuré el paso, las tumbas de Hanna y Jackson estaban a la vista, pude ver a Hanabi colocando flores ¿Rosas? pensé que una mujer como Hanna le hubiesen gustado otro tipo de flores, tomé aire y caminé los pasos que nos alejaban.

—Tenemos que irnos—le dije, sin rodeos.

Ella alzó la cabeza, su mirada fue incrédula.

—Acabamos de llegar—murmuró, acariciando la lápida donde estaba grabado el nombre de Hanna.

—Surgió un contratiempo y debo estar en un lugar en una hora. Tengo que llevarte al Internado, a no ser que quieras ir conmigo.

—¡No! Yo quiero quedarme, vete con tu contratiempo, después me puedes venir a buscar.

Suspiré hondo.

—Hanabi, no voy a dejarte aquí, tengo que llevarte al...

—¡Eres mala!—gritó ella—. ¡Si mi madre no te importa, a mí sí! No te necesito, Hinata, puedes largarte si quieres. Yo puedo encontrar a alguien que me lleve al Internado.

—No te dejare aquí—respondí cortante—. Me están esperando y...

—¡Me importa una mierda!—gritó levantándose—. Ya te dije que no me iré. Hace quince minutos que llegué, que llegamos... ¡Por Dios, Hinata, es nuestra madre!

—¡No! ¡Ella fue tu madre! Para mí, solo fue el horno que me incubó durante nueve malditos meses, así que no me jodas. Tengo una reunión urgente de trabajo y no voy a faltar por un berrinche tuyo, así que Muévete—mostré las lápidas y las flores—esto tendrá que ser para otro día.

Lo siguiente que sentí fue el fuerte empujón que mi hermana me dio, antes de salir corriendo fuera del cementerio.

¡Joder!, ¡joder!, ¡joder!. ¿Cómo un día tan lindo se convirtió en una mierda?

—¡Hanabi, espera!—grité yendo tras ella—. ¡Hanabi!

—¡Reconoce que me odias! Odias el hecho que mi madre me haya elegido a mí.

—¡Eso no es cierto! No te odio—pasé las manos por mis cabellos—. Mira, esto es difícil para las dos... toda mi vida he estado sola, si ella te prefirió a ti y a tu padre, bien. Pero a ti, no te odio.

—Yo sí te odio.

—Genial, todos tenemos que odiar a alguien en un momento de nuestra vida. Créeme, ya pasé por eso. Ahora, nos vamos, tengo trabajo que hacer —dije, cortando la discusión.

Llegamos al auto y Hanabi se sentó en la parte de atrás. Por el retrovisor pude ver cómo gruesas lágrimas descendían de sus mejillas, pero las ignoré lo mejor que pude.

—Voy a reunirme con unos colegas y luego, te llevaré al Instituto—dije sin mirarla.

—Llévame al Instituto, no me interesa estar contigo un minuto más—dijo con voz ronca por el llanto, tomé mi celular y busqué la dirección del restaurante y la coloqué en el GPS. La dejaría calmarse un poco antes de intentar razonar con ella.

Conduje a la velocidad permitida hasta llegar al Internado y respiré fuertemente antes de intentar hablar una vez detuve el coche.

—Hanabi, yo...

—No quiero saber nada de ti, no vengas, no me llames, me quedaré interna a partir de ahora. Al menos, las novicias se llevan mejor conmigo— salió del auto no sin antes cerrar con un tremendo portazo. Al parecer era especialista en ello, tomé aire nuevamente, ya hablaría con Hanabi en otro momento.

Retomé mi camino por las calles guiándome por el GPS y tratando de concentrarme en mi libro y no en la nueva discusión que había tenido con mi hermana. Al llegar al restaurante miré mi ropa de vestir, jeans, botas largas, mi camiseta de la gran abeja reina, trench y un sombrero. Sí, estaba bien para el lugar de la cita. Salí del auto, le di la llave de mi precioso bebé al valet y caminé hasta la entrada.

En la puerta, Fûka se despedía del mismo Adonis que la había ido a buscar ayer. Ella, otra vez, me transmitía la idea de un planeta gravitando en torno a su estrella. La forma en que él la observaba—con fuego y lujuria— era sorprendente, era como si fuese capaz de ponerse frente una bala por ella; sí, parecían un sistema planetario de dos; cuando se miraban, nadie más existía.

El hombre dio un beso asfixiante a mi nueva amiga para despedirse, y luego pasó por mi lado y a modo de saludo, asintió levemente. Fûka sacó un espejo de su cartera y retocó su labial.

—Eso fue... sin palabras—le dije sin saber que decir.

—¿Ves porque ese es el hombre de mi vida?—ella arqueó una ceja y yo sonreí.

—¿Y tu amigo?—pregunté al no ver a nadie más.

—Está un poco retrasado, pero no tarda —murmuró Fûka—. ¿Pudiste empezar a escribir algo?

—Sí, anoche empecé la sinopsis y esta mañana, he comenzado el primer capítulo. Como verás, me ayudó mucho lo que me contaste ayer, muchas gracias.

—Las gracias debes dárselas a Naruto, el me pidió el favor, Toneri no sabe que te estoy ayudando, cree que nos juntamos porque me firmarás tus libros —me mostró mis dos novelas—. No estaremos mucho tiempo aquí, solo hasta la inauguración del hotel y creo que nos iremos tan pronto finalice el evento.

—Creo haberle dado las gracias al Doctor Uzumaki—sacudí mi cabeza para borrar la imagen de la cara de Naruto, anoche, en el estacionamiento.

—Estuve hablando con él, ayer. Me quedé preocupada por cómo lo dejamos en la mañana.

—Comió pizza y al parecer le cayó mal, lo raro es que yo comí de la misma...

—¿Tienes algún tipo de relación con Naruto?—preguntó, curiosa, mientras el mesero nos entregaba las cartas. Miré el menú—¿Y bien?— volvió a preguntar, interesada—, ¿tienes algo con Naruto?

—No. Solo somos conocidos —dije, sacándola de su error.

¡Já! El tipo ese quería follarme porque soy la primera en decirle no.

—Parecía muy interesado en que tú y yo nos viésemos, cuando habló conmigo—la vi alzar la mano—. ¡Gaara, aquí! —un hombre de alto, imponente y de ojos verdes llegó hasta donde estábamos.

¡Dios mío, había visto más hombres hermosos en dos días que en mis veintiséis años de vida!

—Fûka Cort—dijo adulador, el hombre antes de sentarse con nosotras.

—Es Õtsutsuki...—respondió ella con gracia.

—Fûka Õtsutsuki, ¿cómo está él? —dijo, coqueto.

Sin duda, este hombre era el más guapo y varonil que mis ojos habían tenido el fortunio de ver, después del esposo de Fûka, Kiba y de... Naruto Uzumaki.

—Trabajando como bestia para irse lo más pronto posible a Milán, ya sabes que poco soporta esta ciudad—sonrió.

—No me extraña.

Y, otra vez, Hinata queda relegada, tocando el violín en un rincón.

—¡Oh, perdón! Gaara, ella es Hinata Hyûga.

—¿La escritora? —el hombre me ofreció su mano y se la estreché durante unos segundos, viéndolo de cerca.

—Mucho gusto—el hombre de cerca era aún mucho más guapo. ¡Dios!, parecía un ángel salido del infierno... porque dudo que los ángeles del cielo se vean tan violables como este.

—Y bien, ¿en qué puedo servirles?

—Hinata está escribiendo un libro erótico—el hombre enarcó una ceja—. No me mires así, ella solo quiere que le contemos nuestra experiencia. Puedo hablar como sumisa, pero no como dominante —torció la boca.

—Y pretendes que yo le cuente la otra cara de la moneda —arqueó una ceja en dirección a Fûka.

—¡Exacto! Hinata tiene una mala idea acerca de la dominación, no podemos dejarla en el error, ¿Quién mejor que tú para ayudarla?—parecía poco convencido.

—Usted no sería el personaje... claro, aunque sería perfecto, es... es perfecto—genial, ahora era una patética tartamuda.

—¿Eh?

—Quiero decir, usted me describe todas las prácticas y el sentido que tiene hacerlas.

—¿Todas las prácticas?—me levantó su ceja izquierda.

—¡Cuénteme lo que usted quiera!—zanjé el tema.

Sí, parezco tonta. Tierra, ¡ábrete y escúpeme en la Patagonia!

—Mmm...—el tipo se veía indeciso—. Chica, soy un hombre casado, felizmente casado, con dos hijos aún pequeños y el renombre de una empresa a mi espalda. Y aunque ya no practico la dominación, si alguien se enterara de mis antiguos gustos, sería un buen festín para las revistas de cotilleo.

—Le prometo que no lo meteré en problemas—aseguré rápidamente—, yo necesito una fuente directa, por ninguna parte aparecerá su nombre... es más, ¡ni me acuerdo como se llama!—debía verme desesperada.

—Parece que se te va la vida en esto—sonrió.

—De verdad necesito de su ayuda, tengo curiosidad sobre la dominación y no quiero cometer los errores de Mr. Black, ¿quién mejor que un dominante para asistirme en esa tarea?

La reunión con el Doctor Sabaku no y Fûka me había caído de maravillas y fue muy productiva. Sentía que ya tenía toda la información, los dos me habían dado más de lo que podía imaginar, la amiga de Naruto me había hablado con la voz de la experiencia y el bello Gaara, aunque no me había contado de su vida, me dio una larga plática acerca de la dominación con todos sus pros y sus contras. Después, me ofreció sus servicios como Ginecólogo

¿dos por uno? ¡Qué tarde más fructífera!

Hacía casi dos semanas que no sabía nada del idiota y no podía negar que lo extrañaba. En solo tres días, el maldito se había metido en mis pensamientos y además, ¿a qué chica no le atrae el hecho que uno de los hombres más sexys de Nueva York quisiera con ella? No había ido más al edificio de Kiba porque era una cobarde y no quería encontrármelo.

Y con Hanabi, las cosas estaban igual. Miento, estaban peor. Kiba había dicho que era una pataleta más pero, en el fondo, sabía que mi hermana estaba dolida por lo ocurrido esa tarde en el cementerio.

Ya era más de medianoche, estaba sentada en el computador, fui a la cocina por una cubeta más de hielo y me senté en la mesa del comedor.

Se sentía sexualmente atraída por el aura oscura que ese hombre emitía, era su caminar felino, su sonrisa torcida, ese cabello alborotado y sexy; rubio como el trigo. Un fuego que prometía quemarla viva si se acercaba a él.

Esperen, ¿rubio? Menma era de cabello negro. Borré esa parte sin poder evitar pensar en Uzumaki. Resignada, caminé hasta el equipo de sonido buscando la emisora hasta llegar a su aterciopelada voz.

Estamos en "Hablamos de Sexo", esta noche: "Sexo en lugares públicos". Hay personas para las que no hay nada más erótico que alguien pueda verlas mientras demuestran toda la pasión a su pareja. Puede tratarse de excéntricos personajes que se exhiben encapsulados en un pequeño habitáculo transparente o, colgado de una grúa para poder ser observados por transeúntes, como sucedió hace unos meses en Alemania.

No importa si el frío te está comiendo el culo—se escuchó la suave voz de Karin.

Creo que en esos momentos, el frío es lo de menos. Cuando de tener sexo se trata, no importa la temperatura o el lugar; simplemente está el deseo y las ganas de entregarse.

Como los amantes de McDonald's en el Reino Unido—habló Karin.

Exacto, un vagón del tren, una cabina telefónica, el baño de una disco, el balcón de un apartamento... cualquier lugar es bueno cuando la pasión arremete—algo así como un estacionamiento, pensé para mí misma—. Ahora los dejamos con "Gothic Erotic", a petición de Diana, que se comunicó por interno. Les invitamos a contarnos sus experiencias, sus vivencias o si han visto algún espectáculo de estos.

La música empezó a sonar, fuerte, erótica y demasiado perversa. Tal cual como había podido apreciar cuando visité el programa unas semanas atrás. Peiné mis cabellos hacia atrás y tomé el último cubo de hielo que me quedaba. Marc iba a matarme, en lo que va de la noche ya había tomado dos cubetas completas de hielo.

Tanahi y Menma.

Hasta ahora, llevaba avanzado el primer capítulo, pero aún no me tocaba el primer párrafo sexual, estaba dándole vueltas y vueltas. Me entretuve escuchando la música y moviendo mi cabeza al compás de la canción. ¡Cristo, necesitaba un trago! Fui hasta mi pequeño bar y me serví una copa de vino tinto, mientras la canción seguía taladrándome los oídos.

La música acabó y una tanda de publicidad para los patrocinadores del programa se escuchó. Terminé mi copa de un trago y me quedé mirando como tonta la pantalla del computador, hasta que escuché su suave voz nuevamente. —Abrimos nuestras líneas para ustedes. Cuéntennos sus aventuras, abran su mente para lo considerado inmoral —se escuchó una pequeña risita e inmediatamente me vi en el estudio mientras él sonreía y giraba en su silla.

—El erótico DSex está aquí así que ¡Llamen!

—Díganme, ¿cuál es su más oculta fantasía?—el ring ring de un teléfono antiguo se escuchó—. Doctor Sex al habla, ¿con quién tengo el gusto?

Hola DSex, mi nombre es Anna.

Hola An, puedo llamarte así, ¿no?

Tú puedes llamarme como quieras, papacito.

Ok, otra chica fan braga suelta, otra loca de la comarca. Revolví mis cabellos y seguí escuchando.

Ok An, ¿algún lugar prohibido donde hayas tenido sexo, o algo que quieras contarme?

Una amiga acaba de contarnos que lo hizo en el baño de una discoteca—varias carcajadas se escucharon—Perdón, estamos en una pijamada y...

¡Pijamadas!, mmm todo lo que un hombre sueña en sus tiernos años de exploración sexual—musitó Karin, interrumpiendo a la chica.

Esas son las peores—Naruto bajó la voz tan seductoramente que estaba segura que las bragas de media población femenina estaban desintegradas—¿Quieren compartir algo conmigo?

Estábamos haciendo una apuesta y perdí, dos de mis amigas me hicieron llamarte y contarte mi más oscura fantasía...

Eso suena tremendo, ¿no, Doctor Sex?—dijo Karin con voz burlona.

Muy tremendo—su voz bajo un par de octavas—. Vamos, preciosa, cuéntala ya.

Podía verlo apoyando sus codos sobre la mesa, acercándose al micrófono y achicando sus ojos en forma coqueta.

Quiero violarte sobre el capó de un auto frente a miles de chicas para que sepan a quien le perteneces.

¡Sin tapujos! Guauu... sabía que en estos momentos él debía tener su sonrisa torcida.

—¿Cuándo nos vemos? —su voz sonó malditamente ronca—. Por ti puedo dejarme atar, aunque no me guste mucho. Tú solo di la hora y el lugar y yo estaré ahí, aunque linda, mi corazón es grande, puedo pertenecer a todas.

Alaridos, no gritos, fue lo que se escuchó de fondo. ¡Maldito hombre de los mil demonios con su voz sexy! Reconozco que no saber de él me estaba matando, pero no me iba a rendir así que apagué el computador, necesitaba sacarlo de mi cabeza y mi mente; apagué el equipo... necesitaba dejar de pensar en él.

Una semana más estuve así; él no se acercó ¡Santo Joder! debo reconocer que me moría por volver a sentir sus labios y respirar su aroma. Había tenido sueños realmente vívidos durante las últimas noches, y pensé seriamente que estaba enloqueciendo.

Para terminar con mi histeria Uzumakiana, decidí tomar el toro por las astas y no evitar más el edificio de Kiba, si me encontraba con él, le daría nuevamente las gracias por presentarme a Fûka, ella fue fundamental para mi escrito.

Se cumplía el plazo otorgado por la Editorial y estaba contenta, Kakashi asistiría, tendríamos la lectura del primer capítulo y no voy a pecar de modesta ¡Me quedó perfecto! Menma era todo un hallazgo: bello, arrogante, cínico, petulante... todas las mujeres lo amarían, era tan... ¡tan Naruto!

¡Niégalo, Hinata! A ver si te atreves: tú estás loca ¡muy loca!

Lo del libro iba bien pero, mi mente creativa estaba a punto de colapsar, mis líos con Hanabi, las presiones de Kiba y las exigencias de la Editorial por el capítulo le quitaban la paz a cualquiera, y si le agregaba mi situación ¿o la no situación? con Naruto, era para estar al borde. Y así me sentía, a un paso de la razón a la demencia; si la estupidez me daba un empujoncito, caía.

Llegue a las oficinas de Hatake Editores con un poco de anticipación a la reunión pactada con Kakashi porque quería que Kiba revisara lo escrito primero, caminé hacia la oficina de mi editor deteniéndome en la puerta.

El sol despuntaba en su ventana, él tenía sus anteojos de lectura, su cabello castaño enmarcaba su cara. Tenía la apariencia de un hippie de los años 70. Entre sus manos leía lo que parecía ser un manuscrito. Mi amigo era hermoso, no tan hermoso como el maldito de ojos azules y cabello rubio que estaba volviendo mi vida de cuadritos pero si, era guapo.

—Tierra llamando a Hyûga—dijo Kiba, juguetón—. ¿Hace cuánto estás ahí?

—Un par de minutos—contesté caminando hasta el sillón—¿Qué lees?

—Una estupidez de miel sobre hojuelas. ¿Trajiste mi primer capítulo?

asentí caminando hacia él y entregándole la USB.

Kiba la tomó como niño emocionado en mañana de Navidad frente a un árbol lleno de regalos.

Era un idiota, un patán de mayor calaña, pero su cuerpo... lo deseaba, lo deseaba tanto, que estaba dispuesta de olvidarse de la razón por la cual había huido su casa.

Ese hombre gritaba peligro a los cuatro vientos, él no solo podía destruirla financieramente, podía destruir su corazón. Sin duda, era mejor para permanecer lejos de Menma Senju.

Kiba dejó de leer para mirarme sobre la computadora.

—¿Senju?—me miró con las cejas arqueadas—. ¿Cómo el Senju de mi amigo? —mi cara debería ser un poema. Tragué grueso y respiré profundo.

—Es un apellido normal, como Inuzuka o Hyûga—dije encogiéndome de hombros—. Podríamos cambiarlo a Muller —la sonrisa de Kiba se curvó a medio lado.

—Senju está bien—su sonrisa se ensanchó—. Quiero verle la cara al hijo de puta cuando lea esto—dijo, divertido.

Cinco minutos más tarde, Kiba envió las catorce hojas del primer capítulo a imprimir, y nos encaminamos a la oficina central en donde nos esperaba Kakashi y su asistente, una pasante de literatura que parecía un pequeño ratón de biblioteca. Entre tarta y café, leyó el capítulo y me hizo muchas observaciones.

Lo que para mí era perfecto, al gran jefe le pareció poco intenso; insistió que no debía ser rosa, que tenía que tener más sexo porque era una novela erótica. También sugirió ¡Já! como si fuera posible decirle que no a una de sus sugerencia que no me fuera por el cuento dominante y sumisa, que no usara tantas metáforas y que fuera más directa.

Cuando Kakashi se fue, Kiba trató de animarme.

—Confío en ti, y Kakashi también, solo tienes que hacer esas modificaciones, esto no te quedó grande, pequeña—¿qué no? llevaba varias noches trasnochando para tener ese primer capítulo y nada le gustó a Kakashi —. Eres mi pequeño diamante en bruto—¡bruta! más bien— Vamos a casa, Agatha dijo que haría créme brûlée.

Me abrazó con fuerza, quería mucho a Kiba, gracias a él era una escritora publicada, así que le devolví gustosa el abrazo a pesar de mi pequeña aversión a su cercanía.

El camino a casa de Kiba estuvimos hablando del libro, lo que había pensado para la historia, lo que realmente quería contar. Tenía todos los elementos de un libro erótico, pero yo quería mucho más que el hombre que pretendía dominarlo todo con la punta de su dedo, Kiba aportaba ideas, llegamos al departamento entre risas por cada una de las ocurrencias, según él en algún capitulo Menma tenía que cumplir años y Tanahi podía recibirlo en su cama cubierta solo con un lazo de gamuza en su cola y con Marvin Gaye cantando "Sexualing Healing".

Agatha nos recibió con una sonrisa pícara al encontrarnos riendo como un par de niños, murmuró que la cena ya estaba lista y caminó hacia la cocina. Comimos entre risas y anécdotas, disfrutando de la buena mano de Agatha a la hora de cocinar, sin contar que nadie hacia mejor la créme brûlée que ella.

—¿Cómo van las cosas con Hanabi?—Kiba preguntó mientras robaba una cucharada de mi postre.

Lo golpeé con mi cuchara.

—De mal en peor—peiné mis cabellos hacia atrás—. No quiero hablar de eso, aún le quedan tres semanas en el Internado y puede que para cuando salga de ahí, se le haya pasado el berrinche.

—Hinata, tu hermana no tiene la culpa de lo que paso entre tú y tu madre...

—Creo que debo irme—me levanté del sofá donde nos habíamos sentado después de la cena.

—Hinata—la mano de Kiba sujetó mi muñeca—, lo lamento. Sé que no te gusta hablar de ella.

—Es una cosa que yo debo solucionar —busqué mi bolso y mi chaqueta.

—¡Diablos!, se me había olvidado —se levantó del sofá y fue corriendo al estudio.

Lo sentí registrar entre las gavetas y luego salió con una brillante sonrisa en el rostro.

—¿Qué? ¿Qué se te olvidó?

—No puedes decir que no, tú amas esto—dijo entregándome el sobre. Enarqué una ceja, abriéndolo con curiosidad.

Fundación Vitae∞FIRHA
«Gala anual de Aniversario»Invitación

—¿Un baile?—pregunté mirando los dos boletos.

—Es un baile de caridad, ya sabes artistas de Hollywood, gente prominente, personas bellas, como nosotros —no sé por qué Kiba me pareció nervioso.

—¿Qué tengo que ver yo con esto?—era de conocimiento de Kiba que había nacido negada para el baile. Tenía como se dice, dos pies izquierdos.

—La Fundación es de un amigo, me dio dos invitaciones, nunca he ido, me gustaría que me acompañaras: tú, Ino y su marido.

—Kiba, yo...

—Vamos, es temático, nos disfrazaremos como caballeros nobles de la Regencia Inglesa. Ino es fanática de Jane Austen, tan fanática como tú. No puedes negarte—hizo un puchero—¡Por favor!

Y esa era la razón por la cual estaba aquí. Ino parecía chiquilla emocionada, su cabello rubio estaba recogido en un elaborado moño con pequeños bucles y muchas florecitas silvestres. Su vestido azul aguamarina era precioso, sofisticado y elegante, la hacía ver mucho más delgada y hacia contraste con sus ojos azules. Tenía corte imperio y las mangas abultadas, se veía realmente hermosa. Aplicó un poco más de maquillaje en mi rostro antes de hablar.

—Bueno, ahora ¡levántate!

Con su vocecita torturadora, esa que usaba cuando yo tenía que obedecerla sin chistar, Ino disponía de mi humanidad. Se había autodenominado como la encargada de toda esta parafernalia apenas le comenté la invitación de Kiba, se emocionó tanto que inmediatamente empezó hablar de peluqueros, maquillaje y vestidos.

Su casa se convirtió en el centro de operaciones, sin Inojin revoloteando por todos lados, ya que se fue a pasar el fin de semana con los abuelos, era el lugar ideal para convertirnos en Lizzies y Darcies.

—Quita esa cara, que no es un vestido fúnebre ni nada por el estilo—me mostró un vestido que traía en un bolsa— ¿Sabes qué? mejor, cierra los ojos —respiré profundamente antes de hacer lo que Hitler mandaba.

Sentí como subía la tela de seda por mi cuerpo y luego, cómo sus pequeñas manos abotonaban los ochocientos mil botones del traje en la espalda.

—Ahora abre los ojos y mírate—susurró Ino en voz baja—, estás hermosa.

Abrí primero un ojo temiendo lo peor, pero cuando me gustó lo que vi, abrí los ojos completamente, era una Hinata muy diferente a la que mi espejo reflejaba cada día. El vestido era realmente hermoso, en color rosa pastel y blanco, escote cuadrado, canesú bajo el busto, adornado con cintas de un color más fuerte que el del vestido, con bordados en hilos de color de oro, largo y recto hasta mi tobillo. Me sentía como debió sentirse la actriz que interpretaba a Elizabeth Bennet en la última película de "Orgullo y Prejuicio"

—Te ves hermosa—dijo Ino dando brinquitos... parecía que bailaba contradanza.

Dos golpes en la puerta y Sai entró enfundado en un frac negro, su cabello oscuro engominado y con una sonrisa pícara al ver a su mujer.

—Se ven realmente hermosas, Kiba acaba de llegar—dijo abrazando a Ino por la espalda y dándole un beso en la mejilla.

—Ya bajamos, solo falta algo —Ino caminó hasta una de sus gavetas sacando un par de guantes y entregándomelos —. Esto será divertido—dijo mientras me colocaba los guantes, Sai me dio una sonrisa radiante antes de tomarla de la mano y salir de la habitación.

Kiba estaba sentado en la sala de los Dawson viendo a los Lakers en la televisión de cuarenta y ocho pulgadas de Sai.

—Ya estamos listas—murmuró Ino, haciendo que mi amigo se levantara. Los ojos de Kiba se abrieron al vernos llegar.

—Cristo... Valió la pena la espera, chicas—murmuró sonriente.

Kiba tenía un frac parecido al de Sai pero su chalequillo era de color rojo, mientras que el de Sai era blanco. Nos tomamos de la mano y nos dirigimos hacia donde se realizaba el baile. El hotel donde se llevaría a cabo el evento era uno de los más lujosos de la ciudad.

Entrar a ese salón fue transportarme a la época de Jane Austen, estaba lleno de Fannys, Elinors y Elizabeths; de Darcys, Ferrars y Bertrams[15]. Sin duda, Kiba no se había equivocado al decir que esto sería cinematográfico.

El salón del hotel parecía el set donde se filmó el baile de Bingley, en "Orgullo y Prejuicio"

Las mesas estaban dispuestas circularmente, decoradas exquisitamente y ubicadas de manera que dejaban la pista de baile despejada y en el fondo una orquesta de cámara amenizaba la velada con acordes clásicos.

Kiba nos condujo hasta los anfitriones: el hombre era de cabello blanco largo con unos ojos oscuros enigmáticos y se veía bastante joven, a su lado estaba una mujer de hermosos ojos castaños y cabello rubio, enfundada en un vestido verde y lila, pomposo y elegante.

—¡Eh!, por fin viniste —el hombre abrazó a Kiba—. Señorita, sea usted muy bienvenida—dijo, haciéndome una venia.

—Hinata, ellos son Jiraya y Tsunade, anfitriones del evento —me explicó Kiba antes que se enfrascara en una plática con quien había sido presentado como Jiraya.

Ino y Sai estaban junto a nosotros. Miré a mi alrededor, todo era tan fascinante, ver a las mujeres y a los hombres tan elegantes. Había varias parejas en la pista de baile meciéndose suavemente bajo el compás de la música. Vi a una mujer de porte elegante acercarse al lugar donde nos encontrábamos. No sé porque pero su andar se me hizo conocido.

—¡Guauuu Loquillo! ¡Dime que hay una cámara cerca, ¡¿tú, aquí?! — gritó colgándose del cuello de Kiba—. Pensé que nunca llegaría el día en que te vería con nosotros, en esta cena.

—¡Estás maravillosa!

¿Una ex conquista? La miré minuciosamente, tenía un vestido rojo hermoso con un lazo negro, ceñido bajo el busto, a pesar de que casi todos teníamos vestidos corte imperio, ella era la única con un color tan... ¿peculiar? Seguí mirándola hasta que nuestras miradas se encontraron.

—¿Hinata Hyûga?—sonreí y descubrí la risa de Karin, la hermana de Naruto.

—¿Cómo estás? —extendí mi mano para saludarla.

—¡Que chico es el mundo!—Kiba ironizó, divertido.

—Sí, Loquillo—me burlé de Kiba y del apodo que le daba Karin.

Estábamos yendo hacia nuestras mesas cuando Tsunade, la señora que mi amigo me presentó en la entrada, se acercó hasta nosotros, tomó del brazo a Karin y se la llevó.

—Juro que me siento dentro de un libro de la Austen. Todo es tan bonito, gracias Kiba, por la invitación. Tu amigo, el de la Fundación, debe tener una sensibilidad increíble—Ino estaba maravillada.

Karin volvió con cara de preocupación, iba a intervenir cuando el chico con quien se besaba en la radio, la abrazó por atrás.

El mundo es demasiado pequeño o mi cerebro me está jugando una muy mala pasada... No exageres, Hinata. Disfruta la fiesta y no pienses en nada.

—No se vale dejarme en la pista, y menos, con la señora Morris.

—Lo siento, bebé—Karin tomó de la mano a Sasori—. Tengo que dejarlos chicos, el deber me llama—y se encaminó a la zona del baile.

—Bueno, ¿Qué tal si brindamos? —propuso Kiba cuando un mesero se aproximó ofreciéndonos champán.

—Por Jane Austen, por el amigo de Loquillo que le dio las invitaciones y por la tienda que nos arrendó los trajes—Ino estaba inspirada, y con muchas ganas de bailar, tomó de la mano a Sai y se fueron hacia la pista, los seguí con la mirada y suspiré.

—¿Quieres bailar?—Kiba me miró, tomando mi mano enguantada entre la suya.

—Si quieres amanecer con los pies adoloridos mañana—Kiba sonrió coquetamente.

—Ya he bailado contigo, así que sobreviviré.

—Espera, que me termino de beber mi champaña—murmuré, alzando mi copa.

—Vamos, ¡cómo si bailar conmigo fuese tan terrible!—se levantó tendiéndome la mano y sonreí, negando con la cabeza.

—No eres tú, baby... soy yo.

Kiba siguió tirando de mi mano, por lo que me levanté y juntos caminamos a la pista. Tomó mi cintura, pegándome levemente a él y dejamos que la música nos guiara, dimos vueltas por el salón, me llevaba como si fuese una pluma y, para ser honesta, me estaba divirtiendo mucho luego de las dos primeras piezas.

—Buenas noches damas y caballeros—Sasori, el chico que le solía comerle la boca a Karin, estaba al micrófono—, "Vitae∞FIRHA" les agradece su presencia. Para la Fundación es muy importante que todos los amigos celebren con nosotros un año más de ayuda y colaboración con la reproducción humana—todos sonrieron—, les invito a que recibamos con un fuerte aplauso al Presidente de la Fundación, Naruto Senju Uzumaki.

¿Naruto?

¡Qué jodida más grande! No era mi cerebro jugándome una mala pasada

¡El amigo de Kiba es Naruto! "Vitae∞FIRHA" es su Fundación, Karin es su hermana ¡Diablos! Jiraya, así me dijo que se llamaba su padre. ¡Maldición! Si solo no hubiera bloqueado mi mente con todo lo referente a él... de seguro que estaría alerta y no pasando esta vergüenza.

Conociéndolo, de seguro creerá que lo ando buscando...

¡Kiba!

Miré a Kiba, colérica, pero el muy... se alejó, tirándome un beso.

—¡Esta me las pagas!—modulé y le levanté mi dedo del medio.

Los aplausos de la gente persistían, me giré para mirar bien, con su caminar felino y su porte de galán llegó al escenario, tomó el micrófono de manos de Sasori y sonrió, negando con la cabeza. Se veía delgado, pero no menos guapo. Llevaba puesto un chaqué de colección que haría palidecer hasta el mismo Mr. Darcy.

Miró a todas las personas del lugar, hasta que sus ojos enigmáticos y claros se posaron en los míos, tragué saliva, mi pulso se aceleró y quedé atrapada ¿Qué me pasa con él? Mi cuerpo se sentía emocionado. ¿Tan feliz me siento después de tres semanas sin verlo? Naruto repasó con las manos sus cabellos, antes de sonreír y empezar a hablar.

—Es grato para mí encontrarme con ustedes aquí, cuando mi madre empezó con sus problemas de concepción, mi padre, como científico que era, se dedicó a la ardua tarea de investigar. Él, con la ayuda de Jiraya, fecundaron el primer óvulo de esta institución—miró a Jiraya—, señores están frente al primer gran proyecto de esta fundación.

—adquirió una pose sensual y levantó su barbilla antes de dar al público una sonrisa pícara guiñando un ojo de manera sexy. Las mujeres aplaudían y algunas se atrevieron a decir algunas frases acerca de lo sexy que les había resultado el proyecto. —"Vitae∞FIRHA" le ha dado alegrías a más de mil parejas a través de estos treinta años de funcionamiento, con orgullo les digo que hace unos días hemos ayudado a nuestra pareja número nueve mil quinientos en sus problemas de concepción y hemos traído al mundo a la bella princesa Maia.

No pude seguir escuchando lo que decía, cada una de mis neuronas estaba trancada en los movimientos de ese hombre, la forma en cómo sus labios se movían o cómo su nariz se dilataba en cada respiración. Tenía el micrófono sujeto fuertemente y sus ojos se encontraban con los míos en ocasiones, incitándome, poseyéndome, marcándome con el fuego que habitaba en su mirada. Me sentía cohibida, desnuda, mi respiración era anormal y recordé por qué lo había bloqueado totalmente de mi mente.

Rió tontamente, mostrando sus relucientes dientes antes de pasarle el micrófono a Jiraya con una mirada fiera y el cuerpo tensionado, quizás para otros no era percibido pero, para mí... Jiraya habló sobre la importancia de incrementar los aportes a la Fundación para la Investigación de la Reproducción Humana Asistida y no sé qué cosas más.

Si mientras Naruto hablaba no había escuchado nada, con Jiraya menos lo hacía. Mi mirada lo buscaba, me enfoqué en la barra de bebidas y allí estaba, lo acompañaba una peli rosa despampanante. Estaba sentado en un taburete, la chica estaba de pie y él la tomaba de las manos. Vi el infierno abriéndose delante de mí. ¡Ese maldito idiota! Como si lo hubiese invocado, me miró fijamente y levantó la copa a modo de saludo. Yo le... ¿sonreí?

Quería irme, pero si de algo estaba segura, era que si me iba Naruto tomaría esa acción como una huida y pensaría que el aún tenía ese poder extraño sobre mí.

No soy bipolar ni una coqueta del carajo, soy una mujer adulta que no deja que otros decidan sobre su vida, amparada por ese pensamiento, me quedé, y me dispuse a disfrutar la fiesta ¿por qué no divertirse? Rápidamente, busqué a Kiba, si armó todo esto para que yo aceptase la ayuda de Naruto, lo conversaría después, por ahora, le sonreí y lo besé en la mejilla.

—¿Ya no estás enojada?

—La tonta fui yo, no relacioné nada con él—le eché una mirada desafiante al maldito.

Mi amigo me dio un beso de vuelta, yo lo abracé.

¿Por qué no? Yo tenía a Kiba y él tenía su... ¡lo que sea!

Durante el resto de la noche sentí su mirada como la de un halcón que vigila a su presa, me clavaba sus ojos azules y gatunos en cada paso que daba. Misteriosamente, no me incomodaba. Bailé con Kiba y Sai, hasta con Sasori; bebí un par de copas más, creo que fue por despechada porque el cabrón no hacía más que lucirse con la Miss "no sé de dónde" perfecta.

La cena estuvo deliciosa y completamente acorde a la temática del evento, Tsunade, fue una anfitriona de lujo; incluso, se dio la tarea de llegar hasta nuestra mesa para saber cómo estábamos. Y estábamos bien. No. Ellos estaban bien, yo no. Yo estaba mal ¡muy mal! Y estaba furiosa... y algo borracha. ¿Cómo iba estar bien si sentía que mi sangre se espesaba cada vez que la zorra esa lo tocaba?

Kiba bailaba con Ino mientras yo me deslizaba suavemente con Sai, el efecto del alcohol se había ido, hacía más de media hora que no veía ni a Naruto ni a su chica y estaba convencida de que no me importaba.

La música terminó, me giré para hablar con Kiba, pero ya no estaba, mientras lo buscaba, alguien se pegó a mi espalda y una corriente eléctrica recorrió mi columna vertebral. Suspiré sonoramente con el corazón repiqueteando a mil por hora, no tenía que girarme para saber quién era, ni siquiera tenía que esforzarme por intentar descubrirlo: por su aroma y la forma en que mi cuerpo reaccionó cuando apenas me tocó, supe que era él.

¿No era que estabas convencida?

Dejé de respirar cuando, con suavidad, me giró para dejarnosfrente a frente.

¡Joder Hinata, disimula! Sigue ocultando lo que este maldito te provoca. ¡Cara de póker, por favor!

Respiré controlada, ¿quiere bailar? pues ¡bailemos!

Naruto acarició mi brazo hasta entrelazar nuestras manos, aún con la tela de por medio, esa corriente eléctrica que sentía cada vez que me tocaba, recorrió cada una de mis terminaciones nerviosas. Afianzó su mano en mi espalda baja y me apegó a su cuerpo cuando una chica comenzó a entonar una suave melodía, se deslizó hacia atrás y yo lo seguí por inercia.

Tenía mis ojos fijos en las esferas azules del hombre que bailaba conmigo por el centro de la pista, dificultando la vital tarea de respirar, ¿por qué huele tan bien?

—Me asfixias—dije, separándome un poco.

—Chsss... —su mano en mi espalda me empujó más hacia su pecho de hierro, dejándome en donde inicialmente estaba.

—Eres un bruto.

—Te he extrañado.

—¿Si? Es difícil de creer.

—¿Lo dices por Sakura?—me giró para ponerme en ángulo de visión de la chica que lo acompañó toda la noche.

—Lo digo, porque apenas nos conocemos —no iba a permitir que creyera que estaba celosa. ¡Aunque lo estaba!

—Hum. Estás temblando.

—No soy yo la que tiembla, son tus manos.

—¿Mis manos?... sí, mis manos.

No le respondí, estaba siendo una idiota y él estaba disfrutando con mi papelón. Opté por dejarme llevar por la música y bailar como si nada.

¡Hasta bailar lo hace bien, idiota jodido!

En un nuevo giro, me apretó más todavía y me habló al odio.

—Tu cuerpo y el mío se reconocen. Están ansiosos, tu piel y la mía se desean. ¿Por qué te cuesta tanto aceptarlo?—me retiré para mirarle la cara, en sus ojos no había soberbia ni ironía.

—Creo que ya le explique el porqué.

—El miedo, en una chica como tú, no puede ser argumento.

—No es miedo, es dignidad. Su propuesta me hace sentir sucia de solo recordarla—seguíamos bailando acorde a la canción, las parejas se movían de un lado a otro, pero mi ser estaba enfocado en Naruto.

«¿Puedo preguntarle por qué me rechaza sin fingir algo de cortesía?»

¿Pensaba manipularme con Darcy? Negué con la cabeza. Sabía los diálogos de "Orgullo y Prejuicio" a la perfección y dos podían jugar este juego.

«Y yo a usted por qué se ha permitido decirme con el propósito evidente de ofenderme que me quiere contra los dictados de mi razón.»

«Los hombres están invadidos por la arrogancia o la estupidez, y si son afables es muy fácil manejarles porque no tienen un criterio propio.»

—No se enganche del señor Darcy para confundirme con su palabrería, usted se ve mejor con mujeres dispuestas, como la del estacionamiento o la chica de la barra.

—¿Quieres un hombre casto y que todas las mujeres ignoren?—enarcó una de sus cejas. Se estaba burlando.

—No quiero bailar más—me quedé quieta y bajé mis brazos. Mi paciencia tenía límite.

—¿Ve aquella hermosa mujer?—me señaló a la peli rosa que estaba con él minutos antes. La mujer le giño un ojo y él le lanzo un beso.

¡Maldito patán!

Vamos, Hinata ¿tanta algarabía por volver a verlo y terminas en esto? Algo está muy mal aquí ¡Reconócelo!

Traté de zafarme de su agarre, pero su mano de hierro apoyada en mi espalda, me lo impidió.

—Suélteme—murmuré entre dientes. Su brazo se tensó aún más mientras me sonreía cínicamente— sus faltas de respeto no tienen límites ¡suélteme!

—Reconozco que soy irreverente y que muero por tener tú cuerpo pequeño y caliente pegado junto al mío. Marcarlo a fuego con mis caricias se ha convertido en uno de mis fantasías favoritas—lo miré con ira, el muy desgraciado se reía.

—Psicópata es un adjetivo mínimo para calificarlo, Naruto Senju Uzumaki.

—Estás desperdiciando tu pulsión sexual en celos sin motivos —traté de soltarme nuevamente pero, era imposible.

—¡No estoy celosa, ni de ella, ni de nadie!

Se acercó hasta dejar sus labios cerca de mi oído.

—Sakura es la mujer de mi hermano—susurró suavemente.

La burla vibrando en su tono de voz hacía que me sintiera nerviosa y pequeña, evidentemente, estaba disfrutando la forma en cómo mi cuerpo accedía a sus deseos. Yo era su nuevo juguete.

¿Decepcionada, Hinata? Sufriste abstinencia cuando se alejó, te alegraste cuando volviste a verlo pero, todo sigue igual, todo sigue siendo lo mismo.

Esto tenía que terminar, mi abuelo me había educado para otra cosa, no para ser el juguete de alguien, por muy sexy que fuera. Lo empujé discretamente alejándolo de mí, él no opuso resistencia.

—¡Aléjese de mí! Entienda que usted no me interesa, al menos, no en estas condiciones—dije antes de girarme. Si quería mantenerme firme, tenía que alejarme de su cercanía, de su olor a hombre fuerte unido a la fragancia de Dolce&Gabanna que usaba.

Salí por uno de los corredores, con el corazón latiéndome como si estuviese en una carrera a muerte, tenía ganas de llorar de impotencia.

—¡Hinata!—escuché que gritaba, pero no me detuve.

Yo caminaba lo más rápido que el jodido vestido me dejaba, salí al jardín mirando hacia un lado y al otro, me escabullí entre las personas que fumaban, llegué hasta el final de la terraza y esperé a que llegara. ¡Maldito hombre!

—¡¿Por qué, simplemente, no me deja en paz?!

Me miró enojado, contuvo el aliento, negó reiteradamente y me apuntó con un dedo.

—Tú fuiste la que vino a mí.

—¡No sabía que era tu fiesta!—negó con su cabeza, era evidente que no me creía.

—¿Sabes qué? ¡Estoy harto!—era como si masticara sus palabras—, me cansas, me enervas, me martirizas ¡maldita mujer!

Sus labios... sus labios tomaron los míos, sus brazos me atraparon y me llevó contra una muralla. Me resistí, de verdad que lo intenté, pero su hábil lengua se internó en mi boca sometiendo la mía, su sabor me atontaba, intenté seguir luchando pero, ¿para qué luchar si me moría de las ganas?

Rendición... deliciosa palabra que marcaba lo prohibido.

Lentamente crucé mis manos por su cuello, saboreé sus labios y le seguí el beso. Él colocó sus manos en mi cintura, y me atrajo más a él, mordió mis labios y me comió la boca hasta que dulcificó su beso. Respirábamos frenéticamente, nuestros corazones latían como uno solo y sus movimientos eran calculados, me rozaba los labios con los suyos y me daba besos cortos y largos.

—Hinata...

—Por favor, Naruto—casi rogué.

Patética.

—No entiendo por qué te niegas.

—Por favor. No soporto más este estúpido juego del gato y el ratón— susurré cansada.

No sé si fue mi actitud física o el tono de derrota en mi voz, pero al primer intento de zafarme de sus brazos, él me liberó. Mientras caminaba por el pasillo de vuelta al salón tuve la tentación de mirar hacia tras mas, no lo hice y seguí alejándome de él.

Una vez en casa, me dediqué a analizar calmadamente mi situación y concluí que no era Naruto el que me causaba pavor, mi real miedo pasaba por lo que estaba descubriendo en este tira y afloja; sí, porque desde que conocí a Naruto sabía más de mí como mujer que en toda mi vida pasada y eso me asustaba. Yo, la correcta nieta de George, estaba irreconocible.

Desde que él se cruzó en mi camino perdí mi lucidez para hacer los análisis correctos y no era capaz de conseguir respuestas honestas, pero ya era hora de volver a mi centro y llegar hasta al final. Mi furia con Naruto era miedo y la razón era una sola: temía que todo aquello que me sustentaba desde niña, desapareciera.

La pasión por un hombre hizo que mi madre abandonara a su familia así que no era buena, fui educada así y no quería sentirla ni quería entenderla; por eso, me negaba a él, a pesar de mi deseo y me obstinaba en defender una virginidad que, sinceramente, ya me molestaba.

Naruto era mi trampa y mientras más alejada me mantuviera de él, mejor sería mi sobrevivencia. Él era un maestro en un juego que jamás experimenté, no entendía sus reglas, no conocía sus trampas, si me arriesgaba a jugarlo, tenía la plena certeza de que el pódium de ganador no sería para mí.

Continuará...


-VITAEFIRHA: Fundación para la Investigación de la Reproducción Humana Asistida