Ray solía pensar (siempre, siempre lo hacía) en lo que pasaría. En cualquier decisión que tuviera que tomar, sobre las consecuencias que esto traería y quiénes serían los afectados.
Siempre viendo lo que pasaría, siempre.
Y ahora, había otra decisión que tomar (como todas las decisiones que existían en esta vida). La cual lo tenía acorralado y, que le provocaba dolor.
Y es que, hace tan sólo un mes, había comenzado una relación –sentimental– con Norman. Al principio creyó que Norman buscaba resguardo, apoyo y consuelo por la pérdida de Emma en él; además de que él, en sí, no lo veía como algo más que un amigo y hermano.
Experimentaron en un principio, y más tarde, esa relación y sus sentimientos por el otro, se volvieron genuinos; a él le gustaba Norman y viceversa.
Se sentía a gusto y no le incomodaba los cariños que el albino le tenía. Así como también, le gustaba demostrarle su afecto cuando se abrazaban al dormir o cuando le peinaba el cabello con los dedos.
Era feliz con él.
Pero ahora, no sabía si lo suyo con Norman podría seguir existiendo. Porque finalmente encontraron a Emma; no mentirá, se sintió feliz de haber encontrado a su mejor amiga y hermana (pese a que ella, no tuviera ningún recuerdo del pasado).
Pero luego de que la emoción y la felicidad se esfumasen, se preguntó si Norman todavía vería con los mismos ojos a Emma (de forma amorosa, romántica). Y he ahí, el porqué estaba pensando.
El porqué estaba tomando la decisión de terminar su relación con Norman o no.
Porque no podía imponer sus sentimientos por sobre los de Norman, y aunque debía hablarlo con él. Sentía un pesado nudo en su garganta y le comenzaban a picar los ojos.
Ah… La verdad es, que yo… No quiero que esto se acabe.
Suspiró, cubriendo su rostro con ambas manos, ocultando su rostro de Norman. Quien yacía sentado frente a él.
Terminar o no terminar su relación, esa era la cuestión.
-… Norman, ¿quieres terminar nuestra relación? – comenzó preguntando, haciendo esfuerzos de que su voz no saliese ahogada. Y sobre todo, que pudiese llegar a él –. Quiero que seas sincero conmigo… Cualquiera que sea tu decisión, la aceptaré y respetaré. Después de todo, yo alguna vez te pregunté sobre lo que querías hacer.
Se mantuvieron en silencio por un buen rato, hasta que Ray se cansó y levantó la mirada, encarando al fin a Norman. Quien… Lo miraba dolido.
- No quiero terminar nuestra relación. Pero, me duele que creas que todavía sigo tras Emma – suspiró, tembloroso –. Admito que sí, nos usamos… Pero ahora, yo de verdad quiero estar contigo – casi quería reír del dolor que estaba sintiendo, pero solamente sonrío –. Y sobre Emma, ahora sólo siento un cariño hacia ella, como una amiga y hermana.
Quería llorar, quería hacerlo, y Norman lo sabía. Por lo que sin perder el tiempo, se acercó a él y lo abrazó –. Soy un idiota.
- Yo también lo soy, un idiota – sonrió entre lágrimas.
Su relación seguiría y continuaría existiendo. Y por el momento, así lo deseaban ambos.
