En ese momento el festival deportivo era una completa maldición. A dónde sea que fuera mínimo 5 personas lo reconocían, odiaba estar rodeado de gente que balbuceaba y decía cosas que no le importaban a nadie.
Quería un momento de paz, un lugar donde se pudiera sentir a salvo y calmado. En su mente apareció Kirishima, el solo pensar en su rojizo pelo y su sonrisa cálida le dió la energía para salir del baño donde se había escondido. Le molestaba de manera superficial usar el recuerdo de su amigo para poder regresar a sus cabales y tener la energía para continuar con su día.
Después de tener que lidiar con más balbuceos de la gente, especialmente chicas, y tomarse varias fotos que después estarían en redes sociales se dirigió a los dormitorios de la UA, no sabía si iba a poder soportar a sus compañeros de clase de camino a su habitación, por el bien de su corazón deseaba no encontrar a nadie
Kirishima vió una foto Bakugo con una chica, la había subido una cuenta dedicada a postear fotos del rubio, seguía varias cuentas dedicadas a lo mismo, le gustaba ver las publicaciones y preguntarse de dónde sacaban todas esas fotos.
Encontró más de él con varias personas, rió bajo al ver la cara de irritado que tenía en la mayoría. Supuso que regresaría enojado ¡Pobre del que se le cruzará!
Por el bien de sus compañeros y la felicidad del rubio decidió prepar el lugar para su llegada.
Le costó convencer a sus compañeros de desalojar el área común para no alterar a Bakugo, termino con deber más favores de que había planeado, pero valían la pena
Bakugo llegó a la entrada del edificio, respiró ondo tratando de calmarse un poco, no tenía ganas de pelear con nadie.
Se sorprendió al entrar y no ver a nadie, le causaba curiosidad, claro no la suficiente como para ir a averiguar qué se traían los extras entre manos.
Kirishima salió de sepa la verga y se acercó a Bakugo con una sonrisa dulce impregnada en su rostro
—¿Qué carajos quieres, pelo de mierda?— No iba a aceptar que verlo le alegraba el día
—¿Quieres ver una película?— Eijiro ofreció mientras caminaba hacia el televisor
El rubio quería decir que no, pero en el fondo sabía que lo necesitaba. Todo iría mejor si estaba con su amigo
Aceptó
La película quedó en segundo plano cuando Bakugo se quedó dormido con la cabeza recargada en su amigo, Kirishima solo podía verlo con la mayor tranquilidad del mundo, nada podía igualar esa vista perfecta
