Parte uno: Entrégate


Capítulo 7: Partes dos


Una brisa helada recorría mi cuerpo haciéndome temblar, estaba en mi cama sola y completamente desnuda. Abrí los ojos, adaptándome a la poca luz que me daba la farola que estaba en la calle. La habitación estaba en penumbras y fue en ese momento cuando me encontré con el causante de la interrupción de mi sueño. Las puertas de mi balcón estaban abierta, miré el reloj en el buró y apenas eran las 04:55.

Había llegado a casa alrededor de las 02:30 y Naruto, casi a las 03:00, no había dormido mucho y me sentía terriblemente cansada. Volví mi vista al balcón. Naruto estaba de pie, apoyado a la baranda. Cubrí mi cuerpo con una sábana y gemí quedamente al levantarme de la cama. Me dolía la columna, los huesos... Me dolían partes que no sabía que podían doler. Caminé los pocos pasos que me separaban del balcón.

—Naruto... —murmuré con voz adormilada. Él giró su cabeza por encima de su hombro, soltando levemente el humo del cigarrillo—.¿No sabía que fumabas?—pregunté mirando el pitillo en su mano, él volvió a dar una calada y expulsó el humor por su nariz.

—No siempre, pero fumar me relaja cuando he tenido un día duro—dio una nueva calada, una suave brisa me hizo tiritar—. ¿Quieres?—me enseñó la pajilla—, es bueno con el frío.

—No, gracias ¿Qué haces despierto?—arrastré los pies hasta llegar a su lado, Naruto pasó una mano sobre mis hombros, acercándome a su torso desnudo ya que vestía solo unos bóxer negros.

—Espero el amanecer—dio otra calada y apagó el cigarro en la baranda —. Nunca se sabe cuándo será el último—sonrió, pero era una sonrisa extraña, no su sonrisa característica de "tírame tus bragas nena"

Ignoré a mi quisquillosa voz y me dediqué a sentir su cercanía, el calor de su cuerpo y la delicada caricia que sus dedos daban a mi brazo. Justo cuando los primeros rayos del astro rey se dejaron ver, Naruto tomo mi mentón e inclinó su cabeza dándome un dulce beso.

Me coloqué en puntillas y pasé mis brazos por su cuello sin importar que la sábana se deslizara por mi cuerpo dejándome completamente desnuda, su beso se intensificó y su erección se clavó en mi vientre mientras tiraba suavemente los mechones desordenados que caían sobre su nuca, sus brazos acariciaron mis costados hasta que sus manos ahuecaron mi trasero y luego siguieron hasta suspenderme en el aire y llevarme a la habitación, pensé que íbamos a entregarnos al deseo que recorría nuestros cuerpos en ese momento, sin embargo no sucedió.

Naruto se sentó en la cama y me besó un poco más antes de dejarse caer conmigo sobre él. Acaricio mi espalda suavemente una vez acomodé mi cabeza en su esculpido pecho, mi corazón latía frenéticamente ante el acto tierno del hombre que estaba a mi lado, él dejó escapar un suspiro tranquilo y no pude evitar dormirme bajo el arrullo hipnótico de su corazón.

Estaba nuevamente sola en la cama cuando desperté, los sonidos desde mi baño me indicaron donde estaba mi acompañante. Naruto estaba tomando una ducha.

La curiosidad hizo que me levantara a verlo ¿y si me meto con él en la ducha? Me miré en el espejo, tenía el cabello totalmente enmarañado y mi cuerpo tenía las huellas de mi agitada noche ¿Desde cuándo te gusta mirarte desnuda al espejo?

Sí, Hinata, atrévete a contestarte.

Pues, desde que tengo cosas nuevas que descubrirme: moretones, dientes marcados. Cosas como esas.

Estás envalentonada, niña, espero que no termines llorando.

¡No voy a boicotearme! ¡No voy a boicotearme!

Miré a Naruto a través de vidrio opaco de la ducha, estaba concentrado en tallarse con mi esponja su cuerpo. Me pareció muy erótico y me agité, un calorcito nacido de mi centro, me recorrió entera. Un repentino ataque de pudor me hizo renunciar a mi intención inicial, recuperé mi aire y salí del baño con dirección a mi closet, me calcé una vieja camiseta de mi equipo de béisbol, talla XXL, busqué una traba para mi pelo y me hice una cola de caballo.

Sentí como cerraba la ducha, levanté mi vista en el momento justo en que salía del baño con mi toalla atada a su cintura, me dio una sonrisa radiante y luego se tambaleó; recuperó el equilibrio apoyándose en la pared.

—¡Este piso húmedo es un peligro!

¿Piso húmedo? No había ni una gota de agua en el suelo. Más bien creo que el estrés es quien lo tiene con mareos, vómitos y migrañas. La consulta, la Fundación, el programa de radio y mis clases lo deben tener agotado... ¿agotado? ¡Uf! Si no es porque yo no saco la bandera blanca, él seguiría. Conmigo, nunca se cansa.

Naruto se fue un par de horas más tarde después de haberme tomado una vez más, me sentía cansada al punto de querer quedarme en mi habitación todo el día pero tenía una reunión con Fûka, por esa razón estaba sentada en una cafetería en pleno Manhattan.

Ella había tenido que hacer un viaje exprés a Milán pero ya estaba de vuelta, y según lo que me había comentado tenía una propuesta para mí, por lo que necesitaba que habláramos frente a frente. Mientras la esperaba, tomé mi teléfono y me puse a escribir la idea que me rondaba en la cabeza desde que había salido de casa.

Tanahi estaba en el aeropuerto, vestía zapatos sexys, una boina roja y un trench largo. Nada más, no necesitaba más ropa para Menma que llegaba de Suecia.

El ciber sexo resultó genial pero ella era una chica que no se conformaba con poco. Su cuerpo quería más y le pedía a gritos que Menma la penetrara apenas pusiera un pie en el aeropuerto.

Hinata—Fûka se acercó a mí, se veía completamente radiante. Tenía un abrigo rosa pálido, cruzado, con botones burdeos y un lazo y unas botas hasta bajo la rodilla, de color cáscara, igual que su gran bolso. Si no fuera por su baja estatura, pasaría por una modelo de pasarela. Le sonreí y me dio un par de besos en las mejillas antes de sentarse frente a mí.

Sonreí internamente por mi elección de ropa, tenía un gran suéter blanco, unos short de cuero negro, medias de red negra y unas botas negras, muy altas. Tenía mi cabello atado en una cola, como estaba escribiendo, tenía mis lentes puestos.

—¿Cómo va todo con el nuevo libro?—preguntó, Fûka una vez el mesero tomó nuestras órdenes. Sonreí, iba casi todo muy bien con el libro.

—Perfecto, tengo planeado quince capítulos y estoy en el siete—respondí con una sonrisa.

—Te felicito, seré una de las primeras en comprarlo—sonrió—.Y... ¿Naruto?

Fruncí el ceño. ¿Qué tenía que ver Naruto en todo esto? Coloqué mi mejor cara de póker antes de responder.

—No he visto a Naruto desde que tuvimos la pasada reunión, contigo— sabía que mentía terriblemente mal. Fûka negó con la cabeza y justo cuando iba a preguntarle qué pasaba, el mesero se nos acercó con nuestro pedido.

—Yo estuve con él en la mañana, nos reunimos para tomar el brunch— Fûka picó su torta de chocolate con un aire de triunfo que decía a gritos:

"estas pillada, lo sé todo"

—Lo siento, es que es algo inclasificable—dije, a modo de disculpa por la mentira.

—Gracias a Dios, Toneri tenía una reunión muy importante esta mañana— se dio un golpe en la cabeza—. Te traje algo, digo, no somos las mejores amigas pero aquí solo conocí ella vive en San Francisco.

» Toneri me dio unas invitaciones para la inauguración del Hotel este sábado —sacó un sobre rectangular, de fino papel y me lo tendió—. Es traje de etiqueta y puedes llevar un acompañante, también, le di un par a Naruto.

Tomé la tarjeta por cortesía pero la verdad no pensaba ir.

—Creo que Naruto siente algo por ti—dijo Fûka como si hablara del clima.

No pude evitar empezar a toser, ya que en ese momento tenía un pedazo de mi torta de zanahoria en la boca. Fûka se levantó y caminó hacia mí rápidamente, dispuesta a hacerme la maniobra de Heimlich.

¡Joder! Ella no podía decir eso, lo mío con Naruto era solo sexo... ¡SEXO y nada más! Destapé la botella con agua que había pedido antes que ella llegara y bebí un sorbo, sintiendo una pequeña quemazón en la garganta.

—¿Estás bien? —dijo cuando empecé a respirar con calma.

—Sí, tragué muy rápido, nada más.

—Lo lamento, es que Naruto nunca me había hablado tanto de una mujer, digo el habla de muchas pero nunca centra la conversación en una sola y cuando nos reunimos me hablo mucho de ti, me dio la impresión que ustedes tenían un tipo de relación —negué con la cabeza.

Sin embargo, saber que habían estado juntos, luego de haber estado conmigo hizo que tuviese algo de enojo hacia él.

—Le preocupa mi libro, mi editor es su amigo.

—Me caes bien.

—Tú también me caes bien, debería presentarte a mi amiga Ino, es la única que me entiende.

—Oriana y Verónica son mis mejores amigas, casi confidentes, ellas saben todo de mi historia con Toneri —sonrió.

—Eso es...

Mi celular vibró y lo tomé rápidamente cuando vi quien era, pidiendo una disculpa silenciosa a Fûka.

—Hanabi—no pude evitar la preocupación en mi voz, era muy extraño que mi hermana me llamara entre semana.

¡Hinata necesito un favor y es de vida o muerte!—susurró con voz contrita.

—Necesitas que vaya a la escuela—me sobresalté un poco por lo que Fûka se interesó en mi llamada.

¡No! Hinata tengo una clase de Lengua Extranjera y me han enviado un texto italiano... Una de mis compañeras se ofreció en traducirlo porque yo no conozco el idioma, pero resulta que ella se ha ido con sus padres, ¿Conoces a alguien que sepa del idioma? Necesito ese texto traducido para esta tarde, es el sesenta por ciento de mi nota—ella se escuchaba desesperada.

—No conozco a nadie que sepa italiano, pero puedo preguntarle a Sai si él...

—Yo puedo ayudarte —dijo Fûka haciéndose notar, por un segundo había olvidado que estaba frente a mí.

—Hanabi, dame un segundo...

—Sé italiano—hizo un gesto divertido mostrándose a sí misma—. ¿Qué necesita?

—Traducir un texto.

—Que lo envíe, yo lo traduzco.

—Hanabi, envíame el texto a mi correo electrónico, una amiga va ayudarme... Sí, lo sé. Apenas lo tenga te lo envío—corté la llamada.

—Fûka, no sé cómo agradecerte...

—No tienes que hacerlo Hinata, eres amiga de Naruto por lo tanto, mi amiga

—tomó un sorbo de su café—. Oye, leí tus dos libros...

—Gracias...

—No te avergüences, tienes el don de la palabra, ¿Has escrito alguna escena sexual para el nuevo libro?

—Sí, he escrito un par.

Nuestra conversación fue interrumpida por el correo de Hanabi, pedimos más café y unas galletas de naranja. El texto resultó estar escrito en dialecto lombardo y lo que resultó muy fácil para Fûka.

—Estos profesores quieren matar de estrés a sus alumnas. Esto es lo que se conoce como un texto tramposo, con muchas palabras muy localistas, solo un residente de la Lombardía podría traducirlo.

—Gracias, de todas maneras mi hermana deberá explicarme por qué no hizo a tiempo su tarea—tenía mi ceño fruncido.

—Quieres mucho a tu hermana—me sorprendió que lo afirmara, pero después de nuestra "crisis del cementerio" las cosas iban muy bien entre nosotras, se podría decir que estábamos en una condición de compinches.

—Es lo único que tengo.

—También tienes tus libros, tu literatura, tu talento—me miraba a los ojos intensamente, como si buscara algo. —Me siento mucho más segura ahora.

Aunque Naruto la mayoría de las veces era un idiota, me estaba transmitiendo mucha seguridad en mí misma y eso no voy a negarlo... pero, de ahí a reconocérselo ¡Jamás! Quizás, sí, cuando terminara todo esto, le daría las gracias... a Kiba por recomendármelo.

—Estuve pensando en lo que me dijiste la última vez que nos vimos— tomó un sorbo de su bebida.

—¿Te dije algo?—la miraba sin entender.

—Sí, sobre contar mi historia, no se aún muy bien pero, si se planteara la posibilidad... ¿Serias tú la escritora que la transforme de algo real a algo ficticio?—me lo dijo sin ninguna advertencia.

—¡Qué!—por poco no me atraganto otra vez con lo que comía—¿Tú... quieres que yo...? ¿Qué yo cuente tu historia?

—Estuve leyendo tu trabajo y Naruto cree en ti, dice que tu libro llegara más alto que la trilogía del señor Black y, si Naruto confía en ti, yo también confío—dijo solemnemente.

Quedé anonadada, sentí que el aire de mis pulmones no era capaz de hacer vibrar mis cuerdas vocales y que perdía mi voz para siempre: que ella quisiera que su vida tan privada se hiciera pública y que Naruto confiara tanto en mi talento literario, me habían dejado muda.

—¿Hinata?—parpadeé, Fûka me miraba preocupada— ¿Estás bien?

—Perdóname, me has tomado desprevenida—Fûka sonrió.

—No puedo confiar mi vida a un perfecto extraño y aunque apenas nos conocemos siento que te conozco muy bien, sabes que la historia de amor con mi marido es muy especial, viendo toda esta literatura y el trato poco serio que hacen del tema, sería bueno que alguien mostrase la otra cara de la dominación y la sumisión.

» Toneri es un hombre muy meticuloso y reservado, sobre todo con nuestra intimidad, y no le pareció la idea, a menos que encontrara una persona confiable y que no tuviera prejuicio con el tema. Naruto te recomendó, dijo que solamente tú serías capaz de realizar esa tarea—respiró profundo—. Hinata, quiero que tú escribas mi historia.

—Fûka...—no sabía que decir.

—No tienes que contestar ahora. Sé que es un tema complicado—asentí para que supiera que le entendía—. Pero, puede ser un libro emblemático, mi historia y tu arte harían una maravilla—tomó mi mano sobre la mesa —.Mira, Toneri es diferente, pero yo lo amo así y él me ama a su manera. Somos felices con nuestro estilo de vida. Él es mi señor y yo su esclava, no es la típica relación matrimonial, pero es verdadera y muy nuestra.

—¿Y, la quieres compartir?—¡Dios!, no la entendía.

—Locuras mías...—musitó—.Tengo veintiséis años, Hinata, los últimos seis años de mi vida han sido una montaña rusa, siento que valen la pena de contarla.

—Una vida de novela y quieres que yo te la escriba—no me seducía la propuesta—No sé, hay escritores que se dedican a eso, a escribir autobiografías.

—No es una autobiografía, es material de primera mano para que escribas una novela.

—Sabes que apenas estoy escribiendo mi primera novela con temática sexual...

—Vamos a hacer una cosa, piensa bien mi propuesta. Si aceptas, el sábado, en la fiesta, me lo dices.

—¿No podría ser el lunes?

—Viajo el domingo, a primera hora. Toneri odia Nueva York, ya tenemos aquí casi dos meses y no aguanta un día más; pero, antes de marchar, quiere hablar contigo—me estaba prácticamente forzando a ir a la dichosa fiesta.

—Muy bien, el sábado, en la fiesta.

—Ya que estamos de acuerdo... —la pantalla de mi celular se iluminó.

—Dame un segundo.

—¿Hinata?

—Ya recibiste el correo que te envié.

Si ¡gracias! me has salvado el trasero—suspiró —oye ¿No interrumpo nada con tu sexy novio?

—Hanabi...

Lo siento—sabía que no era así—.El Director ha decretado que mañana sea un día sin clases y el internado está prácticamente solo, ¿podrías venir a buscarme? Quiero aprovechar para ir al cementerio... sé que no te agrada ese panorama, pero no tendrías que acompañarme, puedo ir sola, en taxi. No hay problema con eso.

—Está bien Hanabi, paso por ti en una hora y yo te llevo, tranquila—dije, suavizando mi voz, aunque eso no relajó mi postura.

Gracias Hinata, voy a prepararme. Nos vemos en una hora —colgó.

—¿Problemas?—Fûka me miró y yo negué.

—Mi hermana quiere que la pase a buscar—apuré mi café, pero apenas sentí la temperatura, lo rechacé. Odiaba el café frío.

—Algo me dijo Naruto sobre que estaba interna—sentí la rabia bullir por mi cuerpo y no era con ella ni con lo que me dijo, era con el otro. ¿Qué tenía él que hablarle a ella de mí?

—Compartimos madre—le dije dándole a entender que no quería hablar de ese tema.

Luego de estar media hora hablando de los detalles de su historia nos despedimos. Fui por Hanabi y la llevé hasta el cementerio; allá, el ritual era el mismo de siempre: dinero para las flores, ella entraba y yo la esperaba afuera; a la vuelta, ella salía con los ojos irritados por el llanto y yo me hacía la que no lo sabía. Luego, al restorán japonés por el sushi y de ahí, al departamento.

Cuando mi abuelo murió, lloré. Él fue un hombre severo, me crió con mano dura y disciplina, sus castigos eran aterradores y la única amiga que me permitió tener fue Ino, porque su padre, era el Jefe de Policía del condado. Aún así, con todo lo rudo que era, sabía que mis galletas favoritas eran las de chispas de colores y se esforzó para cubrir mis necesidades; con él—aparte de hacerme adicta a la Pepsi— nunca me faltó nada, al menos, en lo material.

Fue mi único puerto seguro, sabía que si no me entregaba a un amor pasional como el de Hanna, él estaría para mí. Sus últimas palabras antes de salir de Jersey a la Universidad fueron: "Mira los errores de tu madre y no camines el mismo trayecto" con eso, él creía que cumplía a cabalidad su responsabilidad conmigo.

Al llegar, Hanabi tomó una lata de Pepsi del refrigerador y una de las bandejas con comida antes de encerrarse en su habitación.

Me senté en el sofá suspirando sonoramente, pensé que habíamos dado algunos pasos de acercamiento pero, al parecer, Hanabi volvía a encerrarse. Saqué mi celular de mi jeans y recordé la invitación de Fûka.

Busqué entre mi bolso la tarjeta dorada que ella me había entregado, releí la elegante invitación y la dejé sobre la mesa, tomé el paquete que quedaba de comida, y el refresco y al igual que Hanabi, me fui al dormitorio.

Mi plan era escribir, pero me quedé atrapada en las páginas de un libro que me había pasado Kiba, era una escritora novata que hablaba del amor de un hombre poderoso y triste, obsesionado por una frágil mujer que tenía en sus manos el poder de destruirlo.

Era muy intenso y no pude dejarlo hasta que terminé de leer, estaba mentalmente dándole las gracias a mi amigo por el libro cuando me di cuenta de la hora y puse el programa de radio de Naruto. Fue un acto reflejo.

¿Reflejo? se honesta, Hinata. Estás muriendo por escuchar su voz.

Estaban hablando del "ménage à trois", la voz de Karin era parca y la de Naruto era divertida, tanto así, que, entre líneas, me envió un par de mensajes al aire. Era asombroso como, en solo treinta días, pudiese conocer los estados de ánimo de este hombre con solo escuchar su voz.

Naruto Uzumaki me gustaba, eso no era un secreto para mí, pero debía quedarse ahí: gusto, química y cama; con esa resolución me quede dormida.

—Buen día—Hanabi estaba sentada en el mostrador de la cocina comiendo cereal en silencio. Respondió con un gesto, me preparé de lo mismo que ella comía y de un salto, me instalé a su lado. Solo se escuchaban nuestras respiraciones.

—¿Qué tal la noche?—rompí el hielo.

—Igual que todas, tardé horrores para dormirme y terminé leyendo un libro desde mi celular. ¿Vendrá Naruto, hoy?

Naruto no vendría hasta el lunes. Ese día, yo dejaba de sangrar como animal herido.

—No lo sé. No creo, tiene trabajo.

—¿Lo quieres, Hinata?—¿Qué debía responder?

—Estamos conociéndonos, Hanabi—sí, buena respuesta. Cuando se acabara este trato le diría a Hanabi que simplemente no funcionábamos como pareja.

—Él me gusta.

—A ti y a media población femenina—la interrumpí. Ella sonrió y terminamos nuestro desayuno—.¿Quieres que hagamos algo hoy? — Hanabi negó.

—Hinata, en tres semanas es Acción de Gracias.

—¿Quieres que hagamos algo especial para ese día? Yo siembre lo celebro con Ino y Sai, en su casa. Ino hace una cena por todo lo alto y es muy divertida. Pero si quieres, la celebramos aquí...

—Hinata—Hanabi me interrumpió—,yo siempre he pasado Acción de Gracias con mi padrino y su esposa y no quiero que este año sea distinto—bajó su cabeza, dejando que su cabello cubriera su rostro.

—Hanabi...—mi voz sonó decepcionada.

—Lo lamento, Hinata—dijo mi hermana con voz queda—. No quiero que creas que no soy feliz aquí... Bueno, al principio no me gustaba, pero hemos mejorado y quiero estar contigo, solo que extraño la banda, el ruido, los ensayos, esa era mi vida, no estar en un internado para señoritas snob y pasar aquí viendo películas.

—Por eso has estado tan callada.

—No sabía cómo decírtelo.

—Estamos mejorando, tú misma lo reconoces.

—Mira, tú tienes a Ino y su familia, además de Naruto. Imagino que él querrá pasar ese día junto a ti, así que yo simplemente...—suspiró— simplemente necesito que hables con el señor Smith y solicites mi permiso.

Mi padrino me enviará los boletos.

Dejó su plato en el lavavajillas y caminó hacia su habitación, peiné mis cabellos con las manos, y me apoyé contra el mesón, no había pasado ni medio segundo cuando el timbre de mi puerta empezó a sonar insistentemente, fui a abrir, sin importar que solo tuviese una camisa mega grande y unos pequeños pants.

¡Joder, Naruto! Tendrás que pagarme el espejo.

En su última visita lo había partido cuando me empujó en la pared. Suspiré fuertemente y abrí la puerta antes de que un par de brazos muy conocidos para mí se aferraran a mi cintura, alzándome varios centímetros del suelo.

—¡Kiba, bájame ahora!—dije pegando en sus hombros, cuando el cerró la puerta de una patada y me dio vueltas hasta llegar al sofá.

—¡El mundo es hermoso aunque la mañana sea gris!

—¡Kiba Inuzuka!—reí cuando al bajarme me atacó a cosquillas dejándome recostada entre los cojines—¿Se puede saber que te tiene tan feliz?

—Tengo una cita con tu vecina pechos lindos, esta noche —negué con la cabeza, Kiba nunca cambiaría—. Además, de que Kakashi me llamó para felicitarme por lo que estás haciendo con tu nuevo libro—dijo, tirándose a mi lado.

—¿Quién es, Hinata? —Hanabi se asomó por el corredor y levantó una ceja, me di cuenta que había cambiado su pijama por un short corto y una camisa de tirantes—. Ahh. Eres tú—bufó mirando a Kiba.

—Yo también me alegro de verte, enana del demonio—le dio una sonrisa burlona.

Hanabi rodó los ojos y se sentó a la mesa del comedor con sus cuadernos y encendió la televisión, sintonizando el canal de Animé.

—¿Qué haces aquí, Kiba?—pregunté con curiosidad.

—¿Me echas de tu casa?—fingió que lo ofendía.

—Si ella no te bota, puedo hacerlo yo—replicó Hanabi, desde la mesa y entre sus cuadernos. Yo la veía, pero mi amigo le daba la espalda.

—¿Escuchas algo?, yo escucho un zumbido molesto por aquí—ya me estaba molestando ese afán de mortificar a mi hermana.

—Deja en paz a Hanabi—le tiré con un cojín.

—Es que te juro que parece que estoy escuchando a ¿cómo es que se llamaba ese personaje de South Park?... Erick Cartman —se respondió el mismo y se rió de su chiste.

—¡Infantil!

—¡Amargada!

—¡Ya basta!—halé de la mano de Kiba y me lo llevé a la cocina.

Estos dos, a pesar de las pocas veces que se habían visto, se llevaban jodidamente mal y si no intervenía, podían matarse, y no precisamente con palabras. Lo senté en un taburete, le serví un café y le conté todo sobre la propuesta de Fûka.

—El amo y su esclava.

—Sí.

—¿Te atreves?

—Sería una gran experiencia.

—Y un giro definitivo en tu carrera—me pasó la taza, había terminado su café.

—No tendría por qué, con la experiencia de "Atada a ti" siento que di un paso gigante en mi escritura y que puedo enfrentar cualquier desafío y en cualquier género y estilo.

—¡Qué no te escuche Kakashi Hatake! Es capaz de cobrarte un porcentaje por haberte impulsado a ser una nueva Hinata Hyûga.

En medio de nuestras risas, Hanabi entró a la cocina y buscó entre el refrigerador, sacó dos potes de helado de distinto sabor, abrió gavetas hasta que encontró lentejas de chocolates, malvaviscos, salsa de chocolate, y dejó todo en un extremo de la mesada.

—Hago esto y salgo—y se preparó un gran helado.

—Hey, enana—Hanabi lo miró lanzándole dagas con los ojos—¿Podrías hacerme uno igual a mí?

—Yo veo tus manos bien sanas ¡Prepáratelo tú!

—¿Pero si podrás darme una de esas cervezas Premium que toma tu hermana?

Ella no le contestó; más bien, lo ignoró y tranquilamente, guardó todo lo que había sacado.

—¡Hey, Inuzuka!—Kiba levantó la cabeza para observarla mientras ella le lanzaba una lata de cerveza.

—Hasta pareces una damita cuando te comportas así de decente—ella le mostró el dedo del medio, tomó su helado y salió.

—Déjala en paz, hombre—él era el adulto.

—¿Me vas a quitar la diversión? Ella ama que yo la pique y es jodidamente divertido hacerlo.

—Entonces, después, no te quejes.

Hizo un gesto de suficiencia y con una gran sonrisa, se aprestó a abrir la lata... mala idea.

—¡Joder!—gritó Kiba cuando la lata prácticamente le explotó en las manos manchando su camisa.

—¿Pasó algo?—Hanabi asomó su cabeza por la puerta sin ocultar su sonrisita divertida.

—¡Enana del infierno!—gimió y salió persiguiéndola hasta la sala—. ¡Tengo una maldita reunión en dos horas!

—Hey, déjala en paz, ¿no era jodidamente divertido para ti picarla? Pues, ella se divierte devolviéndote las tuyas—defendí a mi hermana.

—¡Cristo, Hinata! Agatha no está en casa y tengo una reunión de trabajo.

—Quítate la camisa y la echaré a lavar, en menos de media hora estará lista. Eso sí, tú la planchas—sentencié.

—El engendro debería hacerlo—dijo desabotonando la camisa hasta quedar con el pecho desnudo. Por primera vez desde que conocía a Kiba su cuerpo no me hizo desvariar.

—No seas infantil.

—Tu hermanita quiere guerra...—me dio una sonrisita cínica—, guerra va a tener esa mocosa—giró y se fue a la sala.

Bonita espalda pero, muy simple si la comparábamos con la de Naruto.

Peiné mis cabellos negando con mi cabeza, mientras veía a Kiba sentarse en el sofá y cambiar los canales.

—¡Pedazo de imbécil! estaba viendo eso—resopló mi hermana, intentado quitarle el control de la televisión a Kiba.

—Los Jonas Brothers son maricones —rumió Kiba entre dientes, Hanabi bufó—. Sailor Moon, un verdadero programa educativo.

—¿Qué tiene de educativo ver una niñita llorona que además habla con un gato?

—Envidia. Esa muñequita llorona linda, parece más mujer que tú— sentenció mi amigo.

—Ok, ¡ya basta!—grité desde el cuarto del lavado.

Definitivamente, a esos dos no podía dejarlos solos asi que tiré la camisa a la lavadora, seleccioné el programa y me fui volando para controlar la situación.

Me senté al lado de Kiba, él pasó su brazo por mi hombro, atrayéndome a su pecho desnudo. Para mi complacencia, no sudé, no me puse nerviosa y mucho menos, temblé como lo habría hecho meses atrás. Solo me sentía algo incómoda.

El timbre de la puerta sonó y Hanabi salió corriendo a abrir.

¡Hola! Hinata, mira quién llegó —me llamó Hanabi.

Iba a girar para ver pero, Kiba me acercó a él y me plantó un beso en la coronilla, me separé, levanté la cabeza y frente a mí estaba Naruto con una cara de muy pocos amigos.

—¿Naruto?—la cara de Kiba era todo un poema—, ¿qué haces aquí, hermano?

Miré a Naruto negando con los ojos. Él me sonrió, su sonrisa ladeada, le dio un guiño a Hanabi.

—¿Qué, Hinata no te ha contado?

Kiba me miró sorprendido, Hanabi no entendía, y Naruto pasaba la mirada del pecho desnudo de Kiba a su brazo en mis hombros y mi atuendo, negué con la cabeza casi imperceptiblemente. ¡Dios no podía decirle!

—¿Qué cosa?

—Soy el tutor de Hinata, para el libro.

—Pero... —ahora, el rostro de mi hermana era un poema, tenía el ceño fruncido y su mirada vagaba entre Naruto y yo.

—Ohm... —Kiba se levantó abrazando a Naruto—. Eso es genial

hermano. Hinata, ahora lo entiendo, nena... Esas escenas han estado... Dios, es que no hay palabras para explicarlas. Hay amor, pasión, entrega... Joder, cuando termino de editar estoy más duro que una jodida roca —golpeó el pecho de Naruto.

—Lo que pasa es que eres un jodido pervertido —masculló Hanabi pegada a la pared—. Además, Naruto es...

—Es el conductor de un programa de radio —le di una mirada a Hanabi para que se callara, mi hermana arqueó una ceja en dirección a mí.

—Eso ya lo sabía, en temas de sexo, Naruto es el mejor.

—Y si quieres seguir conservando tu hombría, más te vale que dejes de decirme Naruto —se zafó de su amarre—. Kiba, joder, tengo una consulta en tres horas —dijo estirando su saco negro y acomodándose la corbata—. Venía a ver cómo estaba tu última escena, Hinata, ya que no he sabido nada de ti desde que me enviaste el mensaje ese último mensaje de texto.

—Tenía entendido que no nos veríamos hasta el lunes—respondí secamente.

—Pero bueno ya que estás aquí...—Kiba volvió a golpearlo y Naruto hizo una mueca—. Hermano, qué fiesta tuviste que darte anoche, traes una cara...

—Kiba...—masculló Naruto en voz baja.

—¿Quién fue? ¿Caroline? ¿Tammy?—entrecerró sus ojos—. No me mires así. No soy yo el que tiene cara de haber tenido sexo hasta altas horas de la madrugada ¡Joder! ¿cuántas te tiraste, campeón?

—Kiba, estamos frente a dos damas. Además, los caballeros no tenemos memoria—estaba visiblemente enojado.

—Ahh... de cuándo acá eres un caballero, Senju. Dime que no te tiraste a Jakie. ¡Maldición!... te hago un altar si Jakie te dejo atravesar el camino hacia Narnia—dijo divertido y decidí intervenir.

—Kiba, te recuerdo que Hanabi es menor de edad—dije con voz airada, no sabía si porque en verdad estaba hablando cosas indebidas ante una menor o, simplemente, porque yo también intuía que Naruto no había estado tan solo anoche. El solo pensarlo hacia que la sangre me hirviera. Él se veía cansado, su cabello aunque lucía ese toque natural de post sexo, se veía extraño, como decaído y los parches oscuros debajo sus ojos me confirmaban justo lo que Kiba decía.

—Naruto, ¿quieres beber algo?—muy amable, le ofreció mi hermana.

—No aceptes nada de la niña del exorcista, ella es perversa, hizo que manchara mi camisa.

—Ahora entiendo porque andas mostrando tus desgracias —sonrió ladinamente.

—¿Hinata, crees que tengo desgracias?—mi amigo arqueó una ceja colocando sus brazos como un fisicoculturista en alguna competencia.

Rodé los ojos.

—Hanabi, tráele un refresco a Naruto—dije zanjando el tema, —Yo que tú, no lo recibía.

—Deja la tontera, Kiba. Voy y vuelvo, no molestes más a mi hermana.

Fui a darme un baño Nunca pensé tenerlos a los dos en mi sala y yo, con pijamas. Me puse unos short y una camisa cuadriculada ¿Qué querrá Naruto?

Cuando volví a la sala, Naruto se había quitado el saco y aflojado la corbata, estaba junto a Hanabi, en la mesa donde comíamos y ella hacía sus tareas, Kiba seguía pegado a la pantalla, viendo a Sailor Moon y a sus amigas. Recogí de la mesa donde estaban, el copón de helado vacío y una taza que no tenía nada. Naruto me detuvo con la mirada y me recorrió de arriba abajo, pero se detuvo en el abajo.

—¿Sailor Moon? —dijo, indicando la pantalla, pero sin quitar su mirada en mis piernas.

—¿Qué tienes en contra de ella?—era evidente que mi hermanita se hizo adicta a las interpretaciones psicosexuales de Naruto.

—Frustración...—las dos lo miramos sin entender.

—Cuando era niño, siempre esperaba el momento de un ataque, pensaba que podría tener suerte y verle las bragas—no pude evitarlo y sonreí—. Karin, mi hermana, amaba esas jodidas caricaturas, y nos obligaba a Sasuke y a mí a que las viéramos. ¡Joder! ¡Cómo me encendía Sailor Mars! esa morena era sexy como el infierno

—Nadie como Sailor Júpiter, era la que tenía mejor cuerpo —contradijo Kiba.

¡Sailor Moon! Dos hombres adultos, enamorados de unas chicas dibujadas que a mí me parecen iguales ¡solo cambian en el color y largo del pelo!

—A mí me gusta Tuxedo—Señaló Hanabi con ojitos soñadores—. Ese hombre está como un tren.

—Y pensar que se las daba de serio mientras se follaba a Sailor Moon cuando apenas era una niña.

—Naruto, ¡no mates mi infancia! ¿Sí?—le gritó Hanabi, tapando sus oídos.

—¡Infancia! Sabes lo que es realmente traumatizante—señaló con diversión—¡Ranma ½![26] Nunca supe si el personaje principal era chico o chica.

—Eso debe ser frustrante—dijo Kiba con voz apesadumbrada—. Nunca iba a poder follar a Akane, en el baño.

—A no ser que el agua estuviese caliente—dijo Hanabi siguiendo su juego, entendí que nada lograba poniéndome en contra.

—Y termine convertido en una hermosa pelirroja—estúpidamente, se sonrojó toda mi piel cuando escuché el comentario de Naruto.

—¿Creen que Ranma disfrutaba ser mujer?—mi hermana insistía.

—Daba igual—Naruto meditó—, siendo chica o chico, igual podía ser feliz.

—Buena respuesta, Naruto—Kiba subió su lata en un gesto de brindis.

Negué con la cabeza y abrí el Word, escribí rápidamente y le pase la laptop a Naruto.

Deja de hablar de comiquitas por favor. Habíamos quedado de vernos el lunes en tu casa.

Naruto leyó brevemente y sonrió antes de teclear y pasarme la laptop.

Te extrañaba, nena... no me quites la diversión. Además, En tu "Decálogo" nada decía sobre esos días. Soy tu maestro y tú eres mi alumna dispuesta

—¿Qué es esto, Hinata? —Hanabi agarró la tarjeta pasándomela,

—Es una invitación a la inauguración de un hotel —dije restándole importancia—. Kiba, tu camisa ya está seca, está en el cuarto de lavado.

—Te amo, bonita. —Kiba me envió un beso antes de pararse de la silla y Hanabi masculló algo. Vi a Naruto sacar su celular y teclear rápidamente, antes de escuchar que había llegado un mensaje en mi celular, salté de la silla a buscarlo en el mesón de la cocina.

¿Iras a la inauguración? Fûka me invitó, pero no tengo ganas de ir a celebrarle sus logros al maldito bastardo con el que se casó.

Respondí rápidamente

No sé. el maldito bastardo está buenísimo y sé que has estado reuniéndote con tu amor imposible... Por cierto, ¡deja de contarle mis cosas!

Al minutó, ya tenía su contestación

¿Celosa, nena? Joder, quiero besarte, no sangras por la boca ¿no?
Quiero comerte la boca.

Negué con la cabeza.

Kiba está aquí.

Iba a escribir algo más, justo cuando iba a hacerlo, lo vi entrar por la puerta de la cocina.

—Mi beso, nena—se movió rápidamente hasta dejarme enjaulada entre sus brazos y el refrigerador—. Estás preciosa y no me aguanto—murmuró cerca de mis labios—. Eres mía y ya pasé mucho tiempo sin besarte—su voz era ronca expectante y me sentía levemente acalorada.

—Naruto... —murmuré bajo, envolviéndome en el calor de su cuerpo, en su aliento mentolado que inundaba mis sentidos. La debilidad que experimentaba cuando Naruto estaba cerca de mí, era aplastante, nublaba mi capacidad de razonar coherentemente, mi cuerpo accedía a sus deseos y mi corazón, mi corazón empezaba una carrera maratónica que parecía no tener fin.

—Bésame, Hinata—susurró, dejando que sus labios se acercaran a los míos.

Fue inevitable no responder a sus deseos, a su beso fiero y demandante succionando su labio inferior y haciéndome gemir quedamente, mientras pegaba su cuerpo al mío. Halé los cabellos de su nuca, gimiendo en su boca y causando jadeos entrecortados en él. Su cuerpo duro y tonificado me aplastaba contra el refrigerador, sus manos descendieron por mis costados y subió mis piernas a su cintura embistiendo mis caderas sobre la ropa.

—Naruto... —dije en un gemido; una vez más, estaba perdida en el mar de sensaciones que inundaban mi cuerpo cuando este hombre estaba cerca. Podría morir ahora y, seguiría estando completamente a su merced, quemada en las flamas de su deseo, en el calor de su lujuria, en el infierno de su pasión desbordante. Apreté mis piernas en sus caderas sintiendo más, exigiendo más, buscando más de ese exquisito placer. Sin razonar, sin pensar, solo sentir.

Había dicho que Naruto Uzumaki era peligroso.

Había dicho que Naruto Uzumaki sería mi muerte.

Había dicho que tenía que protegerme de él.

Y, aquí estoy, perdida en un infierno con uno solo de sus besos. Y no hay retorno, es demasiado tarde para mí.

Continuará...


ménage à trois: Es un término que describe un acuerdo de tres personas para mantener relaciones sexuales