Parte uno: Entrégate
Capítulo 8
Me sentía como una marioneta, manipulada en juego donde él sabía cómo mover los hilos para que yo cediese a sus designios; esto no podía ser amor.
Deseo. Lo mío era deseo, un deseo que reivindicaba mi vida. El placer que me proporcionaba este hombre me acercaba a una libertad que antes creía imposible. Yo siempre estuve atada, limitada, intimada por los temores que dejó Hanna en el corazón de mi abuelo y, ahora, sus labios...
¡Joder, Hinata! ¿Cómo puedes pensar todo eso mientras te comes la boca de este hombre? ¡Tú sí que estás loca!
—Esta noche, Hinata, te enseñaré que no hay necesidad de penetrarte para hacerte el amor—me mordió el lóbulo de la oreja—¡Te deseo, maldita sea!
—Hanabi, Hanabi está aquí... Yo—gemí al sentir un mordisco en mi clavícula —, yo no puedo dejar a Hanabi sola—susurré mientras seguía con el bamboleo de sus caderas.
—Dile a Ino...—murmuró él antes de tomar mis labios nuevamente.
Mis uñas se deslizaban por su espalda, mi lengua jugueteaba con la de él, mis pechos se pegaban a su duro torso. El calor de su erección palpitante, a pesar del límite que imponían nuestras ropas, estaba excitaba y mi deseo se incrementaba lentamente.
La perspectiva de pasar días sin él me afectaba más de lo que pretendía reconocer, en este momento toda yo era fuego latente, un fuego que despertaba por sus caricias, así que cuando sus dedos rozaron mi pezón, mi cuerpo cobró vida propia comenzando a mecerse desesperadamente, buscando mayor fricción, buscando frescura en su cuerpo igual de ardiente al mío. Me olvidé que Hanabi y Kiba estaban afuera.
En todo lo que podía pensar era en el frenesí que Naruto inducia bajo su apasionado toque, yo era presa fácil de sus labios y manos. Estaba tan entregada, tan sumida en la niebla del deseo que, levemente tomé consciencia de una puerta estrellándose contra la pared. Abrí los ojos y lo que vi me hizo darme cuenta de la situación en la que estaba.
Kiba, con las aletas de su nariz dilatadas, me miraba con una rabia reconcentrada.
—¡¿Qué diablos significa todo esto?! —rugió, fieramente.
Me desenredé de la cintura de Naruto como pude, me afirmé en mis piernas que temblaban como si fuese de gelatina y arreglé mi ropa. Desde la puerta, Kiba y Hanabi, miraban asombrados ¡Demonios! Podía sentir como la sangre se subía a mi cabeza y mi corazón, a los oídos. Caminé dos pasos en dirección a Kiba aún sin saber exactamente que decirle, y justo cuando iba a empezar a explicarme, la voz de Naruto resonó a mi espalda.
—¿Qué es exactamente lo que tengo que explicarte Kiba? —no me giré pero sabía que la postura de Naruto era desafiante, trague saliva sintiendo la tensión en el ambiente, los ojos oscuros de Kiba se enfocaron en mí, había tantos sentimientos ahí que por un par de segundos, me sentí pequeña.
—Son novios —Hanabi, feliz de darle una mala noticia a Kiba, palmeó su espalda— y se estaban comiendo la boca... tú sabes, lo normal cuando están enamorados —satirizó antes de pasar por su lado, tomó una botella de agua de la heladera y salió de la cocina guiñándole un ojo a Naruto.
—¡Maldición, Senju!—sonrió sarcástico—¿Novios? ¡Já! —salió gritando de la cocina —¡Naruto Senju no tiene novias! ¡Él tiene putas!—tomó distancia y lo miró con desprecio antes de mirarme a mí— ¡Hinata, no puedes ser tan estúpida!
—¡Qué concepto tienes de ella, amigo! ¿Quién lo diría?—estábamos en el living y esto era como una mala telenovela.
—No te hagas el gracioso, Senju. ¡No te lo voy a permitir! puedes tirarte a medio Nueva York si quieres ¡Pero con ella, no!... es mi amiga, Ella no es de esas y tú... ¡lo tuyo solo es tener un coño para follar!
—¡Kiba!
¿Qué le pasaba a Kiba? Realmente no sabía si me estaba defendiendo o insultándome porque era la "novia" de Naruto.
—Eres un gran cabrón, ¿eh, Kiba?
—¡Cállate, Naruto! en este momento, puedo partirte tu maldita cara.
¡No iba a permitir que estos trogloditas destruyeran mi sala!
—Vete, Naruto—él negó—Vete, estaré bien, Kiba es mi amigo—tomó mi rostro con sus manos.
—Me voy, pero si me necesitas, me quedo —me besó en la boca.
—Vete, no quiero escándalos, Hanabi está aquí—le susurré, Naruto dio un pequeño suspiro antes de girarse.
—¿Sabes que, Kiba?—el jodido idiota ignoró mi pedido—no eres ni mi madre, ni el hermano mayor de Hinata. No te arrogues importancia, no hay nada que explicarte—el aire cínico de sus palabras congeló el ambiente—, así que ¡no me jodas! Y a ella, ¡menos!
Dicho eso, tomó sus cosas, le hizo un gesto de cariño a Hanabi, me dio un beso corto en la frente y salió de mi departamento.
—¡Bien, Kiba Inuzuka! Ahora sí que es oficial, eres ¡pa-te-ti-co!—se burló mi hermana—. Creo que ahora me cae mucho mejor Naruto. Voy a mi habitación —recogió sus cuadernos y se marchó de la sala.
Mi amigo, giraba en círculos en el pequeño espacio que quedaba entre el sofá y la mesa, con una mano se tomaba la nuca y con la otra, empuñada, se daba pequeños golpecitos contra la boca.
—¡Cálmate, hombre!—sus ojos se encontraron con los míos, había tanta rabia, dolor y decepción en ellos. —¿No entiendo qué te pasa?
—¿Qué no entiendes? ¡Ay, Hinata Hyûga, ya no te queda el papel de inocente! Yo te presenté a un asesor para tu libro, no a un...
—¡Kiba!
—¡Cristo, Hinata! Tú no puedes caer en las garras de ese maldito psicópata sexual.
Tragué el nudo de mi garganta.
—Naruto es mi novio y yo...
—¿De verdad eres su novia? No me hagas reír.
—Lo soy, no es un juego—dije mirándolo fijamente, rogando a mis ancestros para que él se creyese la mentira del año.
—¡Es Senju!—gritó, pasándose la mano por los cabellos—. ¡Conozco ese hombre hace más de diez años! Soy su compañero de juergas ¡Que mierda tienes en la puta cabeza!
—¡No puedes hablarme así!
—¡Claro que puedo! Naruto nunca ha tenido una relación seria, su vida se basa en tirarse una mujer diferente cada noche y en programar quién será la siguiente—me tomó de la mano y me sentó a su lado, en el sofá —. ¡Cristo, Hinata! Es un follador profesional. Él no ve mujeres, solo coños y te aseguro que a ti no te ve diferente.
Aunque ya no gritaba y solo ponía énfasis, sus palabras fueron igualmente dolorosas porque las sentí como un puño directo a mi estómago.
—Me estás ofendiendo.
—Nunca va a tomarte en serio.
—No voy a discutir mi vida amorosa contigo—me puse de pie.
—Es que, no entiendo —dijo mirándome de arriba a abajo—, tú no eres de su tipo.
Si no estaba tirada en el suelo y noqueada; ese era mi golpe final. Pero, soy Hinata Hyûga y resisto los golpes arteros de un editor pasado a enemigo.
—¿Por qué?—sentía la bilis quemar mi garganta—. ¿Porque no soy una modelo? ¿Porque tengo pelo oscuro y no soy una rubia delgada y alta?
—¡No!
—¿O intentas decirme que soy tan poquita cosa que Naruto no puede fijarse en mí?
— ¡Cristo, no es eso!—Kiba, otra vez gritando—¡¿Hace cuánto que lo conoces?! No tienes más de un mes de haberlo visto y resulta que ¿eres su novia y dejas que te folle con ropa en tu cocina, sin importarte que Hanabi o yo estuviésemos aquí?
—¡No te importa! no tengo por qué darte explicaciones.
Se puso de pie.
—A menos que...—me miró inquisidoramente y me apuntó con el dedo — a menos que seas su puta de turno.
¿Hinata? No lo permitas.
¡Claro que no!Kiba podía ser mi amigo, un casi hermano para mí, pero en ese momento me ofendía y maltrataba ¡Y no se lo iba a tolerar! Durante años soporté las imposiciones de mi abuelo, ahora, tenía veintiséis años, podía hacer lo que me diera la regalada gana, con quién me diese la regalada gana, aunque ese fuese el cabrón más grande de toda la ciudad.
—Sal de mi casa, Kiba Inuzuka—mi cara era impávida.
Amaba a Kiba, había sido mi sostén después de lo que había pasado con Utakata; mi único contacto con el género masculino además de Sai. Pero, era hora de hacerle saber que ya era una mujer y que me debía respeto.
—¿Qué?—Kiba parecía sorprendido, mas no arrepentido.
—Lo que escuchaste, ¡vete!—quería llorar pero no lo haría frente de él —. Vete, no quiero en mi casa a quien me ofende y se siente con derechos a cuestionar, sin miramientos, mis elecciones.
—Te desconozco—negó con la cabeza—, pensé que eras diferente — hizo un ademán de irse, pero se quedó—. ¿Sabes? en ocasiones me pregunto ¿Qué tiene Naruto que vuelve zorra hasta la más inteligente?
La respuesta a su pregunta fue mi mano impactando en su mejilla con tal fuerza que giró su rostro.
—¡Vete!—mis lágrimas comenzaban a salir.
Sus ojos se abrieron cayendo en cuenta de lo dicho, pero ya era tarde.
—Bonita, yo...—se pasaba la mano en la zona roja de su mejilla.
Por unos minutos, todo fue silencio.
—Para ti, nunca más "Bonita" ¡Vete!—y salí en dirección a mi cuarto.
—¡Hinata!—Kiba trató de alcanzarme pero cerré la puerta justo antes de que él pudiese llegar a mí.
—¡Vete!
—Hinata, lo siento...—dijo con voz amortiguada por la puerta—, yo no quería... —escuché como la puerta del cuarto de Hanabi se abría y luego como mi hermana aplaudía.
—¡Perfecto, idiota! La has cagado—Hanabi se burló.
—Cállate, mocosa!—gruñó Kiba.
—¡Cierra la puerta cuando saques tu patético trasero del departamento, imbécil!
Dos portazos y silencio.
¿Qué pasó? ¿Qué fue lo que pasó en la sala de mi casa? Kiba no paró de ofenderme desde que me vio dándome un beso con Naruto. ¿Y todas esas cosas que dijo de él? Esto tendremos que conversarlo tranquilamente cuando se aquieten las aguas.
Invoqué el espíritu estoico del abuelo y sequé mis lágrimas, no iba a quedarme pegada en lo sucedido, así que tomé mi computadora y retomé el capítulo de mi libro; tecleé furiosamente el momento en el que la familia de Menma se enteraba de la existencia de Tanahi.
No supe en qué momento me quedé dormida, cuando Hanabi me despertó, tenía los ojos hinchados y la nariz roja.
¡Ni siquiera puedo llorar en secreto! Mi cara, a todos se lo cuenta.
Me dolió, me dolía que Kiba pensara eso de mí... o ¿me dolía que tuviera razón? Yo no era del tipo "Chica Naruto Uzumaki", no era modelo— ¿pero, él me dijo que era bellísima?—pero, tampoco era su novia. Ahora, el que tenga sexo intenso y placentero con él desde hace un mes, no me convierte en su puta.
—No entiendo por qué te afecta, es simplemente un amigo y ya. Es tu vida—Hanabi colocó la bandeja que traía en mi mesilla.
—No es simplemente un amigo, es casi mi hermano.
—Tengo poca experiencia en eso de la hermandad, pero un hermano mío me llega a decir lo que él dijo y se queda sin descendencia —eso me hizo sonreír—. Anda, no pienses más en él, son las siete de la noche y solo has comido un tazón de cereal —me tendió un emparedado de atún y un refresco.
Me senté en la cama.
—¡Gracias!
—¿Puedo?—dijo señalando mi laptop, asentí—. ¿Es tu libro?
—Es el capítulo nueve—murmuré dándole una mordida al emparedado, Hanabi empezó a leer lo último que había escrito mientras yo terminaba mi cena.
Coloqué la lata y el plato en mi mesa de noche antes de ver a Hanabi.
—¿Y? —En la escena no había nada sexual, solo un ligero enfrentamiento de Tanahi con Dominic la madre de Menma.
—Odio a esta vieja, es una elitista—murmuró mi hermana—. Hacer que ella se tropezase con la copa de vino fue un acto bajo.
—Menma es su hijo mayor y...
—Tú lo dijiste mayor, por otro lado, es obvio que está confabulada con la ex de Menma...—mi hermana calló y respiró profundamente—. Me muero por leer alguna escena íntima de estos dos Menma es tan... sexy —gesticuló.
—Dame la computadora un momento—Hanabi me pasó la laptop y yo suspiré antes de tomar mis lentes de debajo de la almohada, donde los había dejado y teclear.
Los besos de Menma eran una tromba que ahogaba su razón pero, hacía flotar su delirio. Se dejó arrastrar hasta un cubículo y amparada en las sombras de un gran cartel, se desabrochó su abrigo. Él bramó y su grito hizo eco, la abrazó con fuerza, más bien para cubrirla, y la apegó a su cuerpo. Buscó una puerta que los condujera a ninguna parte, pasajeros en tránsito por el pasillo no dejaban de mirarlos: un hombre abrazado a una mujer de largas piernas desnudas se besaban sin tregua, en el fondo del pasillo.
¿Una bodega? ¿Un pañol? No importaba lo que fuera, la mordió en el hombro y ella frotó su coño frutoso contra sus finos pantalones negros y a tropezones, cruzaron la puerta que advertía en un letrero "Prohibido el paso a personas no autorizadas" el olor a sexo era intenso, al bajarse la bragueta, sintió la viscosidad del deseo de la mujer en sus dedos, lo olió, lo lamió y cayó de rodillas, dispuesto a morir lamiéndole el coño.
Me removí incómoda sobre la cama, sentía mi corazón algo acelerado, mi frente tenía una ligera capa de sudor la cual me limpié con la mano antes de peinar mi cabello y releer lo que había escrito. Hanabi estaba frente a mí, sin moverse, y me temía que no respirara; quité la laptop de mis piernas, me puse los lentes sobre la cabeza y respiré satisfecha. Era una escena fuerte, pero me gustaba. Increíblemente, ya no era una tortura escribirlas.
Mi hermana me miraba expectante.
—No estoy segura de querer que leas esto—murmuré, sonriendo.
—Ohh... vamos, Hinata—Hanabi parecía niña pequeña dando saltitos en mi cama.
—Eres menor de edad y esto...
—¡Por Dios, hace años que deje de ser una niña! ¡Déjame leer!—se colocó cómoda, así que le pase la laptop y observé como los ojos claros de Hanabi absorbían cada letra, esa no era una de mis mejores escenas íntimas pero me había gustado el resultado.
—¿Y?
—¡Oh por Dios!—dijo Hanabi terminado de leer—. Creo que me he enamorado de Menma más de lo que ya estaba ¿Puedo leer más?
Le quité la computadora.
—No vas a leer más, me siento como una pervertidora de menores enseñándote esto y después de lo que viste en la cocina con Naruto —Hanabi me puso dos de sus dedos en mis labios silenciándome.
—Hinata, a mí no tienes que darme excusas. En primer lugar: no soy una bebé—quitó sus dedos de mis labios—, me rompieron el himen cuando tenía catorce años, fue Ryan, el baterista auxiliar de la banda de mi papá que solo era dos años mayor que yo.
» En segundo lugar, Naruto está buenísimo, es lógico que quieras violártelo cuando están solos, eso es atracción, química sexual y es bueno en una relación, ustedes dos se devoran con la mirada o al menos, estoy casi segura que él te imagina desnuda siempre que te ve.
—¡Hanabi!—no sabía si estaba más asombrada con la confesión de la pérdida de la virginidad de mi hermana a los catorce o con su madurez frente a mi relación con Naruto.
—A veces, creo que los demás molestamos porque quiere estar solo contigo... y, por eso provoca a todos con sus comentarios jocosos y su actitud despreocupada —respiró profundamente— Mira, tú puedes hacer lo que quieras y con quieras, eres mayor de edad y esta es tu casa.
—Nuestra casa, Hanabi—tomé sus manos—. Esta también es tu casa, eres mi hermana y todo lo mío es tuyo...
—¿Incluso, tu novio?—ambas sonreímos.
—Eso sí sería perversión.
—Hinata, sé que te gustaría pasar Acción de Gracias conmigo —giró absolutamente el tema de conversación—, pero... de verdad, quiero ir a ver la banda.
—Lo sé, ellos también son tu familia.
—Pasaremos la Navidad juntas—mi hermana pequeña me estaba consolando.
¡Di algo, estúpida!
—¡Genial!
Me abrazó. Por un momento me quedé colgada, pero luego aferré mis brazos a ella.
—Te quiero, Hinata.
Sentí ganas de llorar cuando la escuché, así que la abracé aún más fuerte. —También te quiero, chica.
Pasamos las siguientes horas hablando de cosas personales, ella me contó sobre su primera vez, había sido en el estudio de grabación y que su padre casi la descubre y yo le conté de mis días de Universidad. Evitó hablar de Hanna, cosa que agradecí y no nos dañó el momento. Fui a la cocina por té y bizcochos y vi mi celular, tenía más de doce llamadas perdidas de Kiba y muchos mensajes de texto, no contesté ninguna llamada y los mensajes, los eliminé sin leer.
Kiba era más que un amigo para mí, cuando lo conocí, mi abuelo tenía tres meses de haberse ido, tenía terminada mi primera historia y necesitaba un editor con urgencia, pero los que había visto o eran muy costosos o simplemente no les llamaba la atención la historia de dos jóvenes cuyo destino se había movido a su antojo, alejándolos de la felicidad.
Kiba se había colocado delante de mí, estaba terminando el último año de literatura y trabajaba como editor junior en Hatake Editores, nos llevó tiempo editar todo el libro y mucho más que Kakashi aceptara revisarlo. Si no hubiese sido por él, yo no sería quien soy ahora, y era por esa amistad de años que me dolía como una daga atravesada en el pecho su actitud hacia mí.
—¡Hinata, ya va a comenzar!—Hanabi gritó desde el corredor, guardé el celular en mi bolsillo, tomé la bandeja y me instalé en la cama, al lado de mi hermana, dejando el celular en la mesa de noche, mientras ella le subía el volumen a la radio dejando que la voz suave de Naruto se escuchara desde los altavoces.
—Buenas noches queridos oyentes, bienvenidos a una trasmisión más de "Hablemos de Sexo", soy Doctor Sex y a mi lado la bella y deslumbrante, Karin Uzumaki.
—Buenas noches, DSex—ronroneó, divertida Karin—. Esta noche traemos para ustedes un programa divertido, interesante, informativo y como nos gusta a todos: jodidamente erótico. ¿No es así, DSex?
—Completamente, gatita... El tema de hoy: Sexo Tántrico o Tantra. Mientras ustedes se animan a llamarnos, vamos a un tema musical.
La música empezó a escucharse y Hanabi tarareaba moviendo su cabeza de un lado a otro.
—¿Cómo haces?—preguntó de repente.
—¿Qué cosa?—la miré, alzando una ceja.
—¿Cómo haces para no comértelo a besos cuando están tan cerca? ¡Dios, Hinata! te juro que si yo tuviese un hombre como él de novio o que me mirase la mitad de como él te mira, ya lo tendría amarrado a la pata de la cama — se burló.
—Ya te dije que estamos conociéndonos y todo esto ha sido rápido— peiné mis cabellos.
—¡Joder, cómo te mira! ¿Cómo lo cazaste? Anda, ¡cuéntame!, quiero saber hasta los detalles más morbosos —mi hermana sonrió.
Lo había visto un par de veces en el edificio de Kiba, luego, por el libro, fui a su programa, una vez nos cruzamos en un restaurante, salimos y, eso...
—Mucho más que "eso". Lo de ustedes es mucho más que química, es...
—Volvemos a "Hablemos de Sexo"; esta noche, Sexo Tántrico, — oportunamente, la voz de Karin interrumpió a mi hermana— Este arte amatorio se basa en una filosofía de vida de origen oriental, que utiliza la energía sexual para conseguir una conexión con uno mismo, como la meditación o disciplinas como el yoga.
—Es mucho más que eso, Karin —Naruto interrumpió, como era normal en él—. Se trata de desvincular el sexo de los genitales, disfrutar del cuerpo del compañero, sentir placer dando placer. Lo primero que debes tener claro es que para practicar sexo tántrico, debes olvidarte del sexo convencional, el sexo tántrico se basa en encuentros largos y relajados, sin prisas; se venera el éxtasis y se busca un placer más prolongado a través del deleite de los goces sensuales. No se trata de no llegar al orgasmo, sino retrasarlo lo más posible, disfrutar del camino sin obsesionarse ni perseguir un final, teniendo en cuenta que el placer no esté enfocado en el orgasmo, sino en el disfrute de los sentidos.
—Los seguidores del Tantra recomiendan hacer el amor una sola vez al mes para acumular energía sexual. Según ellos, la abstinencia logra increíbles resultados, ¿es esto realmente cierto?
—¡¿Qué?! Me enderecé en la cama.
Debía ser eso por lo que Naruto podía pasar mucho tiempo sin eyacular.
—Creo que muchos de nuestros oyentes van a querer matarme, pero es cierto—pero, si a mí me da como a tambor en carnaval—. Aunque se puede empezar practicándolo una vez a la semana, la solución tántrica es prolongar la etapa última, la más intensa, inhibir el espasmo para permanecer indefinidamente en el punto límite. Ese es el verdadero orgasmo masculino—puntualizó.
—Mirar el acantilado pero no lanzarse—¿Eso hace él conmigo? ¿Mira el acantilado pero, no se tira?
—Exacto. Muchos hombres al terminar de eyacular, damos por concluida la faena.
—¿Te incluyes, DSex?—podía entreverse un tono de burla cuando Karin habló.
—No, por supuesto que no...
¡Doy fe de ello!
—Realizo este tipo de práctica desde hace muchos años, cuando en unos de mis viajes de investigación visité India que es donde se origina esta técnica y, aunque no es fácil de entender, hay que reconocer que el orgasmo no es el final de la fiesta sino el principio de la celebración.
Yo no podría, quedaba muerta después de cada orgasmo que me daba.
—Hay que prolongarlo, liberarse de todo lo que pesa, abandonarse por completo. Entregarse el uno al otro, no pensar en nada, solo sentir...
¿Cómo no pensar? Es como si te conectaran a un jodido tomacorrientes.
—Que no se apague la llama en un simple desahogo sexual, la receta es ir más allá del placer. La cuestión es dar calidad, no cantidad
¡Já! ¿De verdad estás diciendo eso, Naruto Uzumaki? Yo podría rebatirte lo de cantidad.
—El sexo tántrico es una práctica que muchos desconocen, diferentes escuelas tántricas ayudan a descubrir las técnicas y a vivir experiencias con esta actividad oriental —claro, y tú decidiste difundir la práctica—. Sobre esto hay mucho escrito pero cada persona puede llevarlo a cabo de una forma distinta: desde la más ortodoxa hasta la más occidentalizada.
No sabría definir por qué, pero el tema me enojaba. ¿Yo caigo al abismo y él se queda al borde, mirándome? Eso es ser presumido, eso es querer empequeñecerme con su aire de superioridad. Eso era lo que no me gustaba.
—¿Me imagino que existe algún tipo de rutina DSex?—el programa seguía.
—Por supuesto, pero la idea no es hacer algo mecánico a la hora de intimar. Recordemos que el Tantra es relajación, es conectar mente y cuerpo pensar con la cabeza... pensante no con la colgante—¡Ja! ¡Muy gracioso!
Karin estalló a carcajadas.
—Entonces, es muy difícil porque ustedes solamente piensan con esa última...
—Es relativamente sencillo, linda—¡Oh, sí! por supuesto que sí, para ti, todo es fácil a la hora de follar—. Hay cuatro pasos que son claves para llevar el sexo tántrico a buen término: el primero es vivir y disfrutar del momento; el segundo es la aceptación, en el Tantra se adora cada poro de la piel de la persona con la que estás, sea el amor de tu vida o una relación de una noche.
—Tenemos una llamada.
—Buenas noches, con quién tenemos el gusto.
—Danny—vaya, un chico—. Mira todo eso que dices muy bonito, pero yo no concibo el sexo sin eyacular, viejo, soy de la teoría hasta que el cuerpo aguante o hasta que se te quite la culpa. Cualquier cosa que pase primero.
—¡Qué egoísta!—bufó Hanabi—. Oye, Hinata...—alejé mi atención de la radio para recoger un osito de peluche que me lanzó mi hermana—¿Cómo es Naruto en la cama?
—Haa... ¡Hanabi!
—¡¿Qué?! Es una pregunta normal de hermanas.
—No voy a contarte mi vida sexual con Naruto—le apunté a la cabeza con el peluche y se lo tiré.
—¡Tienes una vida sexual con Naruto!—me tiró un almohadón.
—Somos adultos, ¡por supuesto que tenemos una vida sexual!—puse el almohadón bajo mi cabeza.
—¿Y, es tan bueno como aparenta ser?—hizo una mueca hacia el radio donde la voz de Naruto fluía suavemente mientras interactuaba con el chico que había llamado.
Ignoré su pregunta.
—Hinataaaa, me estoy haciendo vieja aquí, dímelo de una vez.
—¡No! Eres menor de edad.
—Por favor, yo te conté todo sobre mi primera vez, ¡dímelo!
—¡Sí!—dije y enterré mi cabeza en la almohada—. Es... ¡Naruto es magnífico!—Hanabi empezó a dar gritos y saltos en la cama.
—¡Detalles! ¡Quiero detalles!
—Tenemos otra llamada por la otra línea—la voz de Karin nuevamente me salvó.
—Mi nombre es Kendra..., estoy de cumple y quisiera saber cómo hago para tener una cita contigo, DSex, ¿puedo pedirla por mi cumple?
—Tú solo dime dónde te recojo, Kendra—dijo Naruto.
¡¿Quéeee?! Podía apostar mis bragas a que estaba sonriendo ladinamente. ¡Maldición! ¡Yo tengo exclusividad! quería llamar y ¡voy a llamar! Tomé mi celular y marqué rápidamente al programa, al número que había en interno mientras lo escuchaba coquetear con la tal Kendra.
—¿Sabes que es parte de su trabajo, no?—dijo Hanabi, como si ella fuera la hermana mayor, tiré el celular un lado y peiné mis cabellos.
—Lo siento, yo no...—ahora, me sentía ridícula.
—¿Qué sientes? ¿Celos? Honestamente, no sé cómo puedes escuchar ese programa, él habla malditamente sensual y coquetea con todas las mujeres que llaman—dijo mi hermana limándose las uñas.
—No estoy celosa—murmuré entre dientes sin mirarla.
—¡Ajam! si tú lo dices...
Ignoré completamente a Hanabi, pero dime, Hinata ¿Qué sientes escuchar la suave voz de Naruto coqueteándole a su oyente?
—Puedo darte mi dirección por interno, cenamos y luego vemos... puedes enseñarme todo lo que sabes, darme una clase personalizada—dijo la chica seductoramente—. Estoy segura que tus pantalones deben verse lindos en el piso de mi habitación...
—Inhala, exhala, Hinata.
—Claro, deja todo con Sasori...
—¡Qué cara dura!
—¿Pero, vendrás?
—¡Qué puta!
—¿Cuántos cumples?
—Veinte, pero para ti puedo parecer de veinticinco.
¡Joder! eso era más de lo que podía soportar, tomé el celular y tecleé furiosamente.
¿Te diviertes?
Recuerda nuestro trato.
Monogamia o se termina.
Hanabi, me miró fijamente y después, recogió el celular que, con mi furia, tiré a la cama, rebotó y cayó al suelo. No pasó mucho tiempo cuando escuché una pequeña risita de parte de Naruto, sabía que colocaba su celular frente la mesa del estudio, así que supuse que se reía de mi mensaje.
—Estoy de acuerdo con DSex—dijo la chica—Los hombres esperan eyacular para caer como morsas, ¿dónde están las caricias después del acto?—recriminó—si eres un buen amante, te tomas tu tiempo para acariciar a tu chica, para adorarla—discutió.
—El mismo que tú te tomas para adorar al tuyo—dijo el chico a la coqueta que llamaba— el cuerpo de los hombres no funciona como el de ustedes, lo nuestro es llegar, si la nena grita, eso es cumplir ¿qué más quieren? ¿Ver jodidas estrellas? Ves muchas películas románticas niña.
Mi celular vibró y Hanabi me miró burlonamente.
Mi cuerpo es tuyo, Dulzura.
—¿Qué? ¿Se disculpa por coquetear tan descaradamente con esa Kendra?
—me levantó sus cejas.
—No. Tú misma lo dijiste: es su trabajo.
—Entonces, ¿ya no estás enojada con él?
—¡Qué curiosa salió mi hermanita!—removí su pelo— ¿tienes hambre?
—Un poco, pero no quiero nada, si comemos algo a esta hora se va a alojar aquí—señalo su vientre.
—Sexo Tántrico. Doctor Sex, su síntesis final.
—Para finalizar, hay que tener en cuenta que el sexo tántrico es tan placentero como el sexo casual o hacer el amor; pero, es algo más espiritual que carnal, se trata de disfrutar, hay que tener la disposición para practicarlo y explorar partes de nuestra pareja antes del coito en sí; para esto puedes crear un espacio, preparar el ambiente: música suave, sábanas frescas, inciensos de aromas afrutados o afrodisíacos, que sea una cúpula de dos; quizás algo de vino y algunas frutas picadas para hacerlo más juguetón, prepárale un baño y una vez ella esté cerca de ti, mírala; ella es una deidad para ti y hazla sentir especial, que sienta tu deseo por ella, adórala con tus manos, con tu boca, con tus ojos...Y luego, si quieres, llámanos y cuéntanos tu experiencia; te aseguro que ella te lo agradecerá. — Closer empezó a escucharse dando por finalizado el programa.
—¿De verdad lo practica?—miré a Hanabi sin entender—. El sexo tántrico, ¿de verdad lo practica?
¡Joder! Podía sentir el sonrojo cubriendo cada parte de mi cuerpo, ¿qué le decía? ¿Qué hemos follado casi un mes y que sí me he dado cuenta que a veces no eyacula? O que simplemente, estoy tan metida en mi orgasmo que ni cuenta me doy cuando él llega o no.
—Eh...
—Muy bien, no respondas, tu cara lo dice todo—el alivio del "no respondas" con la última frase se me fue al carajo y le lancé una almohada.
—¡Auch! ¡Auch! Violencia intrafamiliar, no. ¡Me quebraste una pestaña!
—se burlaba de mí y de la poca fuerza con que se le aventé.
—¡Muy graciosa! —sí, mi hermana era divertida.
—Tu cama es grande y cómoda, ¿Puedo quedarme aquí, hoy?—me sorprendió.
—Sí, bienvenida.
Me fui al baño, cuando salí, Hanabi ya dormitaba entre mis sábanas. Hoy habíamos tenido la conversación más larga sin discutir, hoy habíamos sido hermanas. Cuando me metí a la cama, ella se acercó a mí y, entre dormida, me dio las buenas noches. No pude evitar sonreír, se veía más niña de lo que era. Me sentía bien y aunque no me gustara reconocerlo, Naruto tenía mucho que ver en esta nueva relación con ella.
El sábado nos levantamos temprano preparamos un desayuno contundente y lo tomamos conversando cosas de escuelas y tareas; no había encendido mi celular pero tenía varios mensajes de Kiba en el contestador. —¿Los borro?—me miró levantando las cejas.
—¿Quién quiere escuchar a un troglodita?—hice una cara chistosa.
—¡Nadie!—gritamos al unísono y apretó eliminar, en el aparato.
Luego, repartimos tareas y cada una fue a lo suyo. Estaba repasando por tercera vez una escena cuando Hanabi se asomó a la puerta.
—¿Pedimos sushi?—con su teléfono en la mano, me puso carita de ruego.
—Que incluya unos rollos californianos.
Apenas terminó el pedido, volvió a mi habitación.
—¿Qué sucede?—dijo al ver mi ceño fruncido.
—Líos de escritora, una discusión entre Tanahi y Menma.
—¿Por qué discutieron?
—La ex de Menma... ¡No sabes cómo odio esa mujer!
—¿Odias a tu propio personaje?, los escritores son locos —el timbre de la puerta se escuchó—. Ojalá no sea tu amiguito, aunque no me quejo si es Naruto, quiero saber más del Tantra —se levantó de la cama corriendo a abrir, sentí un par de tacones apresurados.
Ino tenía los ojos hinchados y la nariz roja como si hubiese llorado mucho, tenía una bolsa que traía el nombre del supermercado que estaba al cruzar la calle, Hanabi estaba justo detrás de ella, lo fuera que estaba pasando me lo diría cuando estuviéramos solas.
—¿Podrías dejarnos solas, Hanabi?—mi hermana asintió e Ino me abrazó, llorando. No paraba de decirse que era una estúpida.
—¿Qué sucede?—traté de separarla para verle su cara, pero ella se aferraba—. Ino, estas empezando a preocuparme —un segundo de silencio, se separó de mí y limpió sus lágrimas con un paño que tenía en la mano abrió la bolsa que traía, sacó un bote de helado, buscó en su cartera, me mostró una cucharilla y comenzó a comer helado..
—Soy una estúpida...—dijo con voz temblorosa— una idiota...
—Ok, Ino no estoy entendiendo nada, si empezaras desde el principio a contarme qué es lo que tienes—mi amiga, entre temblores y pucheros, no paraba de comer helado.
—Verás—metió otra cucharada de helado a su boca—, el lunes, de la aseguradora, fueron a realizarnos los exámenes médicos de rutina que nos hacen todos los años—comió un poco más e inmediatamente se puso a llorar, la dejé porque ya una vez había visto a Ino así, la vi sorber su nariz antes de continuar—. Esta mañana nos dieron los resultados y...
—Ino—le dije con voz suave atrayéndola hacia mí.
—Soy mala, Hinata, no quiero a mi bebé, ¡yo no quiero un bebé ahora!—se levantó de la cama y empezó a caminar en círculos—. Llamé a Sai y él se escuchaba tan feliz. ¡Dios! ¿qué madre no quiere a su hijo? ¿qué tipo de mujer soy? Él crece dentro de mí.
Me levanté y tomé a Ino de los hombros.
—Estás embarazada.
—No quiero ser madre de nuevo, no quiero —mi amiga se aferró a mí dejando su cabeza en el hueco de mi hombro mientras volvía a llorar.
Estuvimos varios minutos así, yo lo sospechaba, el helado había sido un detonante cuando supo de Inojin, Ino solo tenía diecinueve años y quería estudiar Diseño de Modas en la Universidad de Columbia, en cambio, tuvo que conformarse con estudiar a distancia Markenting Empresarial, mientras estaba embarazada de mi pequeño.
Su embarazo no fue sencillo, a los tres meses tuvo una amenaza por lo cual le tocó guardar reposo absoluto por órdenes médicas, desplazando sus sueños, primero por el embarazo, después porque Inojin estaba pequeño. Ahora que su carrera estaba un poco más encaminada y que Inojin no dependía tanto de ella, volvía a empezar desde cero con un nuevo bebé.
Conduje a Ino a mi cama nuevamente y agarré sus manos.
—¿Qué sucedió con Sai?
—Discutí con él—susurró tomando nuevamente el helado—. Lo llamé para contarle y empezó a hacer mil y un planes de comprar una casa nueva, que tenía que cambiar su coche, Yo quería que él estuviese tan atónito como yo, ¡pero no! Él estaba haciendo mil planes y diciendo maravillas sobre ser padres otra vez así que yo me estresé y le dije cosas que no debía... que no quería decirle.
—Es el padre—murmuré acariciando sus manos.
—Pero, me dijo que si tanta repulsión me daba, él buscaría cómo deshacerse del problema—musitó con voz rota— ¡Por un momento lo pensé Hinata!, pensé en matar a mi hijo.
—Cálmate, esto le hace daño a tu bebé... Joder, pensé que te estabas cuidando.
—¡Y lo estaba! Me inyecté, pregunté en una farmacia y me apliqué una maldita inyección—dijo enojada.
Suspiré.
—¿Cuántas semanas tienes Ino?
—No lo sé, se supone que debo ir al ginecólogo y hacerme una ecografía.
—Podemos ir con Gaara.
—No quiero tener un bebé ahora, pero tampoco quiero matar a mi hijo. Sai nunca me perdonaría algo así, eso sería el fin de mi matrimonio.
—Ustedes se aman, Inojin es la prueba de su amor y este pequeñito también, sé que no estaba en tus planes linda, pero ese bultito no tiene la culpa.
—Claro que no la tiene, ¡El culpable es Sai!—dijo, enojada.
—Estás siendo injusta.
—¡No! Sai y su maldita imposición de querer ser padre nuevamente. Como no es él quien tiene que quedarse cuando están enfermos, o quien pone en pausa su vida para dedicarse a criarlos —tomó aire y llenó sus pulmones—¡Dios, Hinata! Inojin solo tiene cuatro años y a veces no puedo con él, ¿cómo demonios voy a hacer para cuidar de un bebé más?
—Tú podrás, ¡tú siempre puedes! Eres la mujer más fuerte que conozco —Ino me dio una sonrisa pequeña.
—No entiendo, yo me inyecté...
—Ese niño quiere venir, parece que es obstinado como la cabezota de su madre.
—¡Yo no quiero tener más hijos!
—No puedes decir eso, solo tienes veinticinco años,
—Por eso mismo—suspiró, resignada—. No quiero llegar a treinta con una docena de bebes.
—No podrías tener diez hijos en cinco años.
—Eres una tonta.
—Una tonta que te quiere—agarré sus manos y la abracé— ¿Estás más tranquila?
—No.
—Hay que llamar a Sai.
—Debe estar odiándome, le dije que era él culpable de todo y que no quería tener al bebé, que iba a buscar una solución si aún estaba a tiempo, se enojó muchísimo y me dijo que no lo esperara en casa hoy.
—Yo lo llamaré—dije levantándome de la cama y buscando el teléfono inalámbrico. Llamaría al Doctor Sabaku no y luego a Sai—. ¿Cómo se llama la inyección que te aplicaste?
Ino volvió a sonarse la nariz mientras yo marcaba los números del consultorio, había que verificar de cuántas semanas estaba.
—No la recuerdo muy bien, le pregunté al Doctor de la farmacia que me atendió si esa era buena y dijo que sí, al parecer conmigo no fue tan buena la perra... Sonreí.
—Trata de recordar—dije escuchando la máquina contestadora del consultorio—. Podría comunicarme con el Doctor Gaara Sabaku no—dije cuando contesto una señorita—. Ino...
—Espera... Misina, Mesigna... ¡Mesigyna!—el nombre de la inyección me cayó como un balde de agua helada, "Mesigyna", era la misma que Gaara me había aplicado a mí, sentía que el aire abandonaba mis pulmones.
¡Calma Hinata, no tiene por qué pasarte lo mismo!
Cuando me pasaron a Gaara, programé una cita para ella y para mí y luego le marqué a Sai, Ino se había quedado dormida en mi cama, agotada por su ataque de llanto e histeria, peiné mi cabello y me calcé mis Converse y salí a la sala, Hanabi estaba revisando el sushi que nos había llegado.
—¿Está mejor Ino?
—Sí, Sai viene en camino.
—¿Te sirvo sushi?
—Tengo que ir a la farmacia, vuelvo enseguida. Ino está durmiendo— salí del departamento y caminé hacia el elevador.
Tenía unos jeans rasgados, un top de tiras y una franela cuadriculada, gruesa. Entré a la farmacia con pasos dudosos y agarré las dos primeras pruebas de embarazo que vi, cancelé el valor total de la factura.
Ino podía quedar embarazada, pero yo no podía tener un hijo de un hombre con el cual solo tenía un acuerdo de sexo.
Crucé la calle rápidamente, cuando llegué al departamento, Hanabi estaba viendo televisión; al parecer, Sai no había llegado. Eran casi las seis cuando entré al baño y con manos temblorosas seguí las instrucciones de las dos pruebas.
Es sencillo, Hinata, pis en la parte señalada y ¡listo!
No fue tan sencillo, a pesar de las precauciones, terminé ensuciando mis manos con la orina; coloque los palitos infernales encima de la taza del váter y me lave las manos concienzudamente, en un intento desesperado en hacer la espera más llevadera, cuando por fin pasaron los cinco minutos, respiré profundamente antes de tomar los resultados, coloqué cada prueba en mi mano y los puse frente a mí cerrando los ojos fuertemente. Tú puedes, Hinata...
Abrí los ojos y miré las pruebas.
¡Oh Mi Dios!
No pude evitar el suspiro de alivio.
¡Raya azul!
De todas maneras saqué los instructivos de ambas cajas, los test eran de distintos laboratorios, los leí y los releí con cuidado, confirmé lo que sabía y lo que había dado el resultado.
Lo mío era paranoia, no embarazo.
Escuché el timbre de la puerta guardé todo en una bolsa y salí a ver quién tocaba, cuando llegué a la sala Sai hablaba con Hanabi, tan pronto me vio, me estrechó en un abrazo, él era mi amigo, a pesar de que nuestra amistad se deterioró luego de lo ocurrido con Utakata, nos seguíamos queriendo.
—¿Cómo está? —más que triste, parecía preocupado.
—En shock pero está bien, se ha quedado dormida—lo conduje hasta el sofá.
—Es mi culpa, yo quería tener un bebé—dijo con voz dolida.
—No es el momento buscar culpables Sai, se trata de apoyo, para ella fue muy difícil el embarazo y post embarazo de Inojin.
—Lo sé, amo a Ino. Ella es mi vida. Si quiere interrumpir...
—Calla, Sai—dije colocándole mi mano en su boca—, simplemente está aturdida, déjala asimilar la noticia. ¿Dónde está Inojin?
—La dejé con mi madre.
—Tienes que tener paciencia con ella y conversar muy bien el tema. Ella se siente estafada.
—Me enojé con ella porque no estaba feliz con la noticia, discutimos por el teléfono... estaba como loco. ¡Maldición! Quiero tanto otro hijo, Hinata... pero no a este costo, no causándole infelicidad a ella.
—Ve y dile, hazle saber como te sientes—me sonrió triste, me dio un beso en la mejilla y caminó hacia mi habitación.
Dejé que mi cabeza se recostara en el sofá. Saber que no estaba embarazada me quitaba un gran peso de encima, pero para asegurarme le pediría al Doctor Sabaku no que me cambiara de anticonceptivo.
A la media hora, mis amigos salieron de mi habitación, Hanabi y yo veíamos un programa de cocina, mi primer impulso fue levantarme e ir con Ino pero me contuve, ella tenía los ojos algo enrojecidos pero estaba sonriendo y se apoyaba en Sai que se veía radiante, sin duda que habían llegado a un acuerdo.
—¡Tengo ganas de comer torta helada, con donas rellenas de crema y chocolate caliente!—exclamó Ino, sin ningún sentimiento de culpa por lo que estaba diciendo.
—En la tienda de la esquina puedo comprar la torta y donas, yo quiero glaseada.—dijo Hanabi. Yo me ofrecí a hacer el chocolate, sabía cómo le gustaba a Ino.
Al rato, estábamos todos comiendo y viendo una película vieja de Silvester Stallone, cuando escuchamos un pequeño toc-toc en la puerta...
Esperaba que no fuese Kiba, hoy no me había llamado, él me conocía y sabía perfectamente que debía dejarme en paz. Además, con todo lo del bebé no le había contado nada a Ino. Antes que volviese a sonar el timbre Hanabi se levantó del sofá lista para abrir la puerta y traté de mirar quien era pero solo vi a Hanabi abrazar a alguien... Obvio que no era Kiba.
—Miren quien está aquí —dijo mi hermana con una sonrisa enorme, empezaba a temer esa reacción en ella. Fue entonces cuando lo vi, Naruto estaba frente a mí, tenía un traje negro de diseñador que se ajustaba justo en los lugares adecuados, sus zapatos de charol eran relucientes y tenía el cabello completamente peinado hacia atrás con alguna gomilla.
—Pensé que estarías lista—dijo asombrado—. La inauguración empieza a las siete y treinta—miró su reloj.
¿Inauguración? ¡Mierda! Lo había olvidado completamente.
—¿Inauguración?—Ino y Hanabi preguntaron al mismo tiempo.
—Sí—Naruto contestó—, hoy es la inauguración del hotel que construyó el marido de Fûka—no pasó inadvertido para mí la forma en cómo arrastró las palabras marido de Fûka.
—No iré, Naruto—dije peinándome los cabellos—, es tarde y la verdad, lo había olvidado completamente.
—¿No irás? —Naruto arqueó una de sus cejas—. Hinata, tienes un compromiso con Fûka.
—¿Quién es Fûka?—Ino me miró fijamente— ¿Supongo que no será un compromiso literario?
—Algo así, Fûka es una amiga de Naruto. Me hizo una propuesta para escribir un libro.
Naruto negó y sus ojos se posaron en mi amigo moreno.
—Disculpa, ¿tú eres?—dijo mirando a Sai.
—Sai Dawson—mi amigo se levantó y le dio la mano—. Soy el esposo de Ino.
—Mucho gusto—se relajó visiblemente—Naruto Senju.
—El novio de Hinata—dijo Hanabi. Giré los ojos en su dirección para evitar cruzar mi mirada con la de Sai.
—Sí, su novio—interrumpió Naruto—. Hey, Dulzura, si no te arreglas, te llevaré a la fiesta tal como estas. Tus pantalones serán todo un éxito, qué decir de tus zapatillas viejas.
—Hablaré con Fûka después.
—Hinata, Fûka espera una respuesta hoy, no después. Sería de mala educación teniendo en cuenta lo amable que ella ha sido contigo.
—¿Respuesta de...?—Ino estaba en su pose de representante.
—La amiga de Naruto quiere que escriba un libro basado en su historia, por lo que me ha contado es... interesante. El lunes le enviaré un correo y ahí veremos, todavía no me decido.
—Yo no desperdiciaría esa oportunidad —dijo Ino—. Es más, como tu representante, estoy muy enojada contigo por no decírmelo y como castigo, te ordeno que vayas.
—Con lo del bebé...
—¿Bebé?—Naruto me miro a los ojos y luego, mi vientre.
—Ino está embarazada—aclaré inmediatamente.
—Ohm —un rictus, más que una sonrisa, se instaló en su cara— Felicidades —murmuró alargando su mano a Ino—, mi cuñada también lo está—su voz se escuchaba triste, como aquella vez cuando estaba con su hermano—. Es una lástima que yo no... —no entendía nada, en ese momento levantó la cabeza, dándome nuevamente su mirada pícara y arrogante—. Tienes treinta minutos para estar lista—ordenó.
¡What!
—No hay manera de que esté lista en ese tiempo.
—¿Perdón?—Ino se levantó de la silla—. Estoy aquí, treinta minutos son suficientes para mí. ¡Vamos! —Sai sonrió, agarrándola por la cintura —. Hanabi, necesito ayuda —puntualizó.
—Ino—dije sin levantarme—, no tengo un vestido y...
—Claro que lo tienes, uno que si mal no recuerdo no te has querido colocar.
—Porque es muy... muy—bufé.
—Exacto, tenemos el vestido para esta ocasión; en treinta minutos estará lista—dijo halándome del brazo—. Ustedes esperen aquí, te permito compartir parte de tu sabiduría sexual con Sai—farfulló arrastrándome a la habitación. Sai sonrió y Naruto asintió con la cabeza, mostrándose divertido.
—Ino, no quiero ir—dije cuando llegué a mi cuarto—, de verdad.
—Hinata, tienes el novio más romántico del mundo, —Ino rodó los ojos—va a mostrarte en sociedad, estoy segura que ahí estará la crème de la crème.
—Ahora, menos quiero ir.
—No seas tonta, él vino a buscarte y eso que ayer dijo que no iría—Hanabi estaba emocionada, Ino entró al baño antes de hablar.
—No es cuestión que quieras o no Hinata...—¡Dios!, me había dicho Hinata, eso significaba que se iba poner en plan de representante—. Es en tu carrera que debes pensar, el mundo de los escritores está revuelto con eso de la autoedición, así que si ella tiene una propuesta que hacerte y Naruto insiste en eso, por algo será —abrió el grifo de la ducha y mientras probaba la temperatura del agua siguió— ¿Quién es esa Fûka? Parece ser la reina de Saba, por como la nombra Naruto.
¡Vaya, no soy la única que lo notaba!
—Es la chica que me dio unas pautas para comenzar el libro, te hablé de ella—contesté, cuando apareció frente a mí.
—Sí, pero no me habías dicho nada de que ella quería que escribieras su historia. En fin, estamos perdiendo tiempo valioso ¡al baño, ya!—me empujó.
Veinticinco minutos más tarde me miraba en el espejo y no lo podía creer, fue solo salir de la ducha para que Ino y Hanabi se convirtieran en torturadoras en potencia: cremas depiladoras, corrector de ojeras, iluminador de mirada, alargador de pestañas, base para esto y para lo otro, labial, sombras, plancha para el pelo y tenazas para el rizado.
Tenía el vestido que Ino me había regalado en la Navidad del año pasado; era de color turquesa pálido, cuello halter, escote V, con un corte en el talle, que ajustaba a la cintura y con tirantes finos que se cruzaban en espalda, varias capas de chifón hacían la falda que llegaba hasta el suelo con distintos largos, de la nada aparecieron los accesorios: el reloj de oro que me regaló el abuelo cuando salí de la secundaria, los pequeños aros de esmeralda y oro de Ino que había dejado olvidados en una de sus fiestas de pijamas, un anillo de Hanabi y mis sandalias doradas.
—¡El pelo! Estás preciosa, pero no me gusta cómo se te ve el cabello— sí, estaba hermosa y me gustaba ¿para qué quería arreglarme otro peinado?
No alcancé a quejarme cuando Hanabi, con pequeñas gomitas y muchas trabas, entró toda acelerada a la habitación ¿en qué momento salió?
—Que de algo sirva estar internada. Aprendí a hacer las mejores y más variadas trenzas en tiempo record—y así fue.
Me miré al espejo, tenía absolutamente despejada mi cara, mis ojos, mis pequeñas orejas, ¡los aros de Ino se ven preciosos! mis hombros, mi cuello, todo lucía más.
—Vas a matar a ese hombre—Hanabi dijo emocionada tras de mí—. Te ves completamente hermosa—tendió una pequeña carterita en el mismo color del vestido—. Sal y mátalo, luego nosotras esconderemos el cadáver, ¿no, Ino?
—Por supuesto... —mi amiga sonrió pícara.
Respiré profundamente volviendo al reflejo que me daba el espejo, Ino y Hanabi salieron de la habitación y yo coloqué un poco de perfume en mis muñecas antes de salir. Naruto y Sai conversaban amenamente y cuando su mirada se posó en mí sentí mis piernas temblar, era una mirada intensa, repasaba mi cuerpo y podía sentirme arder ahí donde sus ojos descansaban, caminó dos pasos hacia mí y respiró profundamente.
—Waw, quedaste... estas hermosa, no digo que no lo seas... es solo que estas... ¡Impresionante!—por el rabillo del ojo vi a Ino abrazando a Sai por la cintura y asintiendo. —El trabajo fue de Ino y Hanabi.
—Pero tú eras la materia prima —pasó su mano por mi mejilla pero, sin tocarme—. Tenemos el tiempo justo para llegar y no pasar por mal educados.
Me giré mirando a Hanabi, pero antes de que abriera mi boca, ella me tomó de los hombros y me giró con dirección a la puerta.
—Vete ya, ayer te dije que no era una bebé. Quedó algo de sushi de esta tarde y van a dar un maratón de películas de vampiros en la tele, así que estaré bien.
En la salida me esperaba Ino con un abrigo azul marino de seda que siempre pensé que nunca iba a usar.
—Ve tranquila, nosotros nos quedaremos un rato más—me dio un abrazo suave y susurró en mi oído—te ves maravillosa. Después me das las gracias por haberte obligado a comprar este abrigo.
Continuará...
