Respira Susan- se dijo por decima vez mientras su cuerpo no dejaba de temblar. La muchacha estaba sentada en el borde de la cama, con el rostro abnegado en lagrimas y, el mundo girando a su alrededor sentía que moriría en cualquier momento. Sabia perfectamente que estaba teniendo un ataque de pánico.
"Mi nombre es Susan Pevensie, tengo diecisiete años y tres hermanos. Soy reina de Narnia, mi corazón pertenece a Caspian ... estoyy embarazada de cinco meses y medio" aclara tus ideas, casi podía escuchar el susurro del medico tras sus primeras sesiones. Necesitaba ordenar su mente, encontrar un jardín de paz donde serenarse. Con las piernas aun tambaleantes, camino apoyándose en las cosas hasta llegar al baño. El sonido del agua era como un repiqueteo sordo a sus espaldas. La muchacha hizo un gran esfuerzo por desvestirse sin vomitar, una vez en el agua, observo con disgusto sus brazos. Su muñeca dolía como el infierno y, sus brazos, presentaban dos aureolas violáceos rodeándolos mas oscuras que las de su muñeca. Todo aquello se transformaría en unos horribles moretones, la muchacha volvió a llorar desconsoladamente, no podía creer que Caspian habia echo aquello.
No supo cuanto tiempo estuvo allí, podrían haber sido segundos, horas, semanas o incluso meses y, no le hubiera importado. No sentía nada, ni frio ni calor, estaba completamente entumecida. Agarro uno de los camisones de la cómoda que le permitieran cubrir sus brazos, mas allá de sus muñecas. Se miro brevemente al espejo, asqueada de su cara hinchada y, sus ojos rojos, mas segura que nunca de por que el muchacho no la amaba. Ni ella misma lo hacia en ese momento, era repulsiva.
Sin molestarse en peinarse, camino de regreso a la habitación. Edmund y Lucy se encontraban en la cama con una bandeja de comida, sin palabras, se sentó entre ellos. Sentía que la embargaba una tristeza inmensa al ver el inicio de un moretón florecer en el rostro de su hermanita, una tristeza tan desoladora que amenazaba con consumirla.
Lucy seco con cariño su cabello desenredando los nudos mientras Edmund, trataba de hacer que comiera algo. Ambos intentaban mimarla, hacerla sonreír, pero lo mas cerca que estuvo de darles una sonrisa tranquilizadora, fue una mueca extraña mientras las lagrimas continuaban manchando sus mejillas. Las palabras parecían atragantadas en su garganta, como si estuviera sumida en una pesadilla de la cual no pudiera despertar.
Los tres se acostaron en silencio en la cama, la muchacha sintió los brazos de sus hermanos rodearle el vientre de manera protectora empujándola hacia la bruma del sueño.
Caspian se sentía fatal, habia destrozado la mayor parte de su habitación luego de haberla escuchado llorar por horas, quería entrar y consolarla, suplicarle de rodillas que lo perdonara, pero no era lo correcto. Susan debía comprender de una forma u otra, no podía seguir actuando así. El enojo y frustración explotaba por cada uno de sus poros cada vez que pensaba en su llegada al castillo y, las palabras de su consejo.
A la mañana siguiente se encontró con Peter en el desayuno, el muchacho tenia el aspecto de haber pasado la peor noche de su vida, sus puños agrietados y sus nudillos destrozados. No compartierón palabras sobre lo sucedido, ambos tenían sus propios fantasmas que cargar. Se dedicarón a resolver asuntos del reino, Edmund llego a media mañana con dos pergaminos, un acuerdo de paz con los gigantes y, otro con Calormen, una alianza. Se los arrojo en la mesa sin decir palabra bajo la atenta mirada de todos y, se retiro de la habitación.
Cuando Susan volvió a despertarse, estaba sola en la habitación. Con un escalofrió se levanto de la cama y, corrió al baño retomando su rutina de vómitos. La garganta le ardía, como si alguien hubiera pasado una lija por ella.
Con cariño acaricio su estomago, buscando su bata color blanca y, abrió la puerta ventana que daba al balcón. Hacia un frio abrasador, pero habia descubierto que un poco de aire libre ayudaba a aquietar sus nauseas, era casi su único remedio disponible.
La muchacha miro los jardines cubiertos de escarcha, podría imaginar fácilmente a su niño allí, correteando con sus rizos castaños detras de sus tíos. Todo habia cambiado tanto, meses atrás planeaba criar a Rillian sola y ahora, allí estaba, considerando quedarse aunque sea como criada para que le permitieran ver a su hijo, por que era su hijo y, jamás lo abandonaría a su suerte como insinuaba Caspian.
Un lento golpe en la puerta rompió su burbuja, con un suspiro de resignación volvió al interior tras cerrar las ventanas. El profesor Cornellius estaba en la entrada, la muchacha le dedico una simple inclinación de cabeza y, se aparto para que pudiera entrar seguido de Isabella. La muchacha coloco una bandeja en su escritorio y, se retiro rápidamente.
-Buenos dias majestad- dijo el anciano. Susan por mas que lo intentara sentía un fuerte rechazo por el antiguo tutor del actual monarca ¿Ese hombre era si quiera medico? - El rey Caspian me ha mandado a revisar su estado de salud.
La muchacha asintio nuevamente, sin proferir palabra alguna. El hombre se encargo por media hora de revisarla de arriba a abajo, dándole todas las "ordenes" que debería cumplir durante su cautiverio.
-Majestad, con respecto al rey ... - Susan lo miro rápidamente alzando la mano, dándole a entender que no pretendía hablar del muchacho - Mis disculpas ... si me permite, me retiro ...
La joven encontró demasiado irónicas sus palabras, "Permitir" como si ella pudiera decidir sobre algo.
