Parte uno: Entrégate


Capítulo 8: Parte dos


Cuando llegamos al estacionamiento, Naruto me abrió la puerta del auto y esperó a que entrara.

¡Ni un beso! ¿Será que estoy demasiado bella? ¡Já!

Se subió y arrancó el coche y no dijo nada.

—Pensé que no ibas a ir a la inauguración—le dije sin mirarlo. El silencio me estaba irritando.

—No es de mi agrado ir a festejar los logros del marido de Fûka, lo hago por ella —esa confesión me dolió un poco. ¿Qué demonios te sucede, Hinata?—Fûka fue mi alumna cuando trabajé en la Universidad de Nueva York.

—No sabía que habías sido profesor—lo miré y él sonrió.

—Exactamente, no lo fui. Había una plaza abierta para asesorar tesis en el Área de Psicología, Fûka necesitaba un tutor y me ofrecí, ella me contó su historia; estaba tan empecinada en encontrar un factor psicológico que justificara la actitud del bastardo que tiene por marido, que prácticamente se enterró de cabeza en la Universidad. Es una gran chica que ha vivido muchas cosas, no te miento cuando te digo que su historia es digna de libros.

—Móntale un altar—murmuré hastiada, ahora teníamos una Cofradía

"Adoradores de Sor Fûka"

—¿Celosa, nena?—había cierto toque de burla en su voz.

—En tus sueños...

—En lo único que sueño ahora es en que sea el lunes pronto. Esto de la monogamia me tiene alterado el biorritmo.

—¿Si practicas el sexo tántrico no se supone que debes tener relaciones una vez al mes?

Naruto sonrió.

—Soy demasiado sexual para eso, el Tantra me enseñó a dominar mi necesidad mas no mi deseo, no hay nada más jodidamente gratificante que estar en el cuerpo de una mujer —sus palabras, la forma en cómo las pronunciaba, su lengua asomándose entre sus carnosos y apetitosos labios.

Tragué grueso y dejé de mirarlo.

—Entiendo—¿Cómo sería Naruto si no siguiera el sexo tántrico?

—¿Te pongo nerviosa Hinata?—la respuesta era obvia, pero él no tenía por qué saberla por mis labios, así que no respondí.

—Tienes el pulso acelerado—acarició mi mano izquierda suavemente, mis bragas temblaban y agradecía mentalmente el hecho de estar sentada. Una luz roja nos hizo detener y Naruto llevó mi muñeca hasta sus labios besando justamente en ella, sentí mi corazón latir aún más aprisa.

—Es por la fiesta—¡Joder, Hinata! Tu materia gris se quedó atrapada en las trenzas.

—Cuando Fûka te cuente su historia, me entenderás—halé mi mano de su amarre y me crucé de brazos el resto del camino, estaba harta de Fûka, Fûka esto, Fûka lo otro. Bla bla bla... ¿Celosa?

¡Olvídalo!

Actúas como una loca.

¡Yo no estoy celosa! ¡Jamás!

¡A ver, mírate a los ojos!

¡Para estar celosa tendrías que estar enamorada de él!

¡Dios! ¡No puedo estar enamorándome de él, por favor, no! Es sería una jodida locura.

Hinata: él solo te gusta porque fue el primero en tu vida y te ha dado maravillosos orgasmos, ¡eso es todo! ¡Es nada más que eso!

Recordé aquellas palabras de Fûka, "el sexo, nunca es solo sexo". Pero en este caso, así era: solo sexo y ¡no estaba celosa! Cerré los ojos fuertemente y me recosté sobre el tapizado del coche mientras Naruto conducía sin decir nada, solo nuestras respiraciones podían escucharse dentro del auto.

¡Yo no estoy celosa! ¡Yo no estoy celosa! Cerré mis ojos para que tuviera efecto mi mantra.

—Hemos llegado —podía sentir su aliento mentolado a escasos centímetros de mi nariz.

Abrí los ojos para encontrarme con su rostro efectivamente muy cerca del mío, su mano derecha acarició mi mejilla y como acto reflejo me recosté en el calor que me brindaba su palma, su mirada era penetrante, decidida...

La intensidad de sus ojos me traspasó perturbándome, los ojos de Naruto eran exóticos de ese extraño color azul aunque a veces parecían mas claros, podía sentir como anulaban mi capacidad de razonar. Parpadeé, sintiéndome repentinamente nerviosa, sabía lo que él quería y no iba a mentirme yo también lo quería, lo había extrañado estos días. Tragué grueso y dejé que mi lengua humedeciera mis labios resecos.

—No estaba durmiendo—él sonrió ¡Por Dios, Hinata! Tu capacidad para decir tonteras no tiene límites.

—Uno de mis nuevos placeres es verte cuando estás con los ojos cerrados, plácidamente. Eres tan hermosa—musitó en voz baja antes de que sus labios rozaran mi boca.

Me dejé llevar por el sincronizado movimiento de sus labios contra los míos, me besó sin pausas y luego dejó un pequeño beso antes de separarse de mí.

¡Joder, como extrañaba sus besos!

—Tenemos que entrar —por su tono de voz no supe si me lo decía a mí o a él mismo. Un chico de valet parking, tomó las llaves de Naruto cuando él salió y abrió mi puerta tomándome de su brazo.

El hotel era hermoso, moderno y vanguardista; estaba decorado en tonos primarios parecía estar dotado con lo último en tecnología, ubicado en el Soho, tenía muchas luces... Era completamente hermoso.

Naruto entregó las tarjetas en recepción y un chico nos guió; caminamos hacia el salón donde se llevaba a cabo la fiesta por la inauguración, era amplio y tenía vista hacia las piscinas del hotel, tres para ser exactos. Iluminado con luces blancas y las mesas ubicadas estratégicamente para que hubiese espacio suficiente para que los invitados pudiesen bailar.

—Vamos a mi mesa—no entendí por qué me recalcaba ese hecho.

—Por si no lo sabías, aquí hay una mesa con mi nombre, también tengo una invitación—bufé.

—Sí, pero tú eres mi acompañante, no yo el tuyo—dijo pagado de sí mismo ¿Qué lo puso de mal genio?

—Como sea—respondí exasperada siguiéndole la corriente, no era buen momento para discutir en público.

—No veo a Fûka por ningún lado, conociendo al imbécil que tiene por marido lo más seguro es que se tarden—musitó peinando su cabello hacia atrás.

—Deja de hacer eso, estropearas tu peinado y es la primera vez que no tienes aspecto de haber estado follando en algún lado.

—Eso tengo que solucionarlo entonces, es mi imagen la que está en juego, Dulzura—dijo pícaramente, pero todo se vino abajo cuando siguió con su preocupación por Fûka—¿la ves? Yo no la veo.

Rodé mis ojos de manera impaciente. ¿No capta que me tiene excitada y que su preocupación por la ex alumna mata mi libido? Que no te importe. Tú, tranquila. Lo importante aquí es el libro. No estás celosa, él te importa un cuerno. Hay sexo para todas y ya llegará tu turno.

¡Joder! Hinata modo cínica. Eso sí que es nuevo.

—¡Naruto!—no habíamos dado tres pasos cuando la voz de una mujer lo llamó. Respiró resignado y se giró.

—Mamá—dijo abrazando a la mujer que había visto en la fiesta de la Fundación.

—Naruto... ¿Por qué?—fue todo lo que dijo la mujer cuando él se soltó del abrazo.

Jiraya, asintió en dirección a mí, agarrando los hombros de su mujer.

—Tsunade, no es el momento ni el lugar—con el pulgar, le quitaba una lágrima que corría por la mejilla.

—Pero es tu vi...—Naruto la estrechó en un abrazo y la meció.

—¡Qué sorpresa encontrarlos aquí!—sin duda, quería un punto de quiebre en la conversación.

—Uno de los socios del hotel es mi paciente—la respuesta fue animada — y me dio varias invitaciones.

—¿Están todos aquí? —Naruto retrocedió para mirar la cara de Tsunade, pero no la soltó del abrazo.

—Sí —ella respondió con voz quebrada.

Naruto estaba incómodo, podía verlo en su postura tensa y su mandíbula apretada, intentaba darle tranquilidad a su madre, pero se veía nervioso. Descontrolado ¿Qué le pasará a la dama?

—Hinata —retrocedió para mirar la cara de Tsunade, pero no la soltó del abrazo —, necesito hablar con mi madre —asentí.

Jiraya me ofreció su brazo, antes de tomarlo vi como Tsunade y Naruto salían del salón por la puerta que daba a los jardines. Su mesa estaba en el extremo opuesto de las mesas de sus padres y hermanos, pero la mía, la que estaba a nombre de Hinata Hyûga, estaba dispuesta al lado de Karin.

—Vaya que lío esto de las mesas—dijo Jiraya, midiendo con los ojos la distancia.

—Nos quedaremos aquí—opté por lo lógico—, supongo que a Naruto le gustará que estemos cerca—el hombre volvió a sonreír—. Si me disculpa, iré al tocador.

De un momento a otro, me sentía algo nerviosa de estar sola en una mesa con toda la familia de Naruto, ese no era el plan que tenía.

El sanitario estaba desocupado ¡Qué lujo! Una belleza de espejos, de porcelana y grifería. Me paré frente al espejo y lavé mis manos.

¡Sí que estás guapa, Hinata Hyûga!

¿Y de qué te sirve? Mira tu entorno: un baño de mujeres. Lujoso, pero baño... Y, ¡sola!

¿Qué demonios se creía Naruto?

¡Así me gusta, Hinata! Dite a ti misma que es lo que Naruto se cree.

Se cree... se cree ¡amo y señor!

¡Claro que sí! Me saca de mi casa y luego me deja sola en esta fiesta en donde no conozco absolutamente a nadie.

Estaba a punto de repasarme el labial cuando la puerta del sanitario fue abierta.

—¿Hinata?—Karin Uzumaki, estaba enfundada en un vestido azul eléctrico, se veía radiante y muy hermosa, su cabellera pelirroja y su pálida piel hacían contraste con el tono del vestido.

—Hola, Karin.

—¡Whoa, chica! te juro que si no te veo bien no te reconozco, estás realmente guapa—se colocó a mi lado y abrió la llave del lavado.

—Reconozco que me veo diferente sin mis zapatones, mis gorras y mis pantalones cortos pero tú te ves impresionante, Karin.

—Sip... Sasori dijo lo mismo. ¿Estás aquí por la inauguración del hotel?

—Sí, mi mesa está al lado de ustedes.

—¡Qué bien!, te digo un secreto, odio estos tipos de eventos, pero papá insistió que viniéramos, solo faltó Naruto.

Me debatí entre si decirle o no que él había venido conmigo cuando el celular de Karin sonó y aproveché el momento para hacerle una señal de despedida y salí. Afuera, parecía que todos los invitados habían llegado pero no veía a Naruto, por ninguna parte.

¡Joder! Yo no quería venir, pero él insistió tanto ¿y para qué? Para dejarme sola mientras habla con mami.

—Hinata—Fûka estaba en uno de los salones adyacentes—, que bueno que decidiste venir, ven conmigo—dijo tomándome de la mano. Su cabello cobrizo estaba fuertemente atado a un moño francés y tenía un vestido blanco corte imperio, en seda cruda, con todo el escote bordado en pedrería.

Llegamos al salón y Fûka se movió entre la multitud hasta que nos acercamos donde estaba el hombre que reconocí como su esposo. Si de lejos el tipo estaba buenísimo, de cerca era un Dios bajado del Olimpo; tenía el cabello corto, muy corto al estilo militar, una pequeña barba cubría su mentón formando un candado, el traje gris hecho a su medida y para completar su outfit unos lentes cuadrados finos y elegantes, sonreía de medio lado mientras hablaba con varias personas entre ellas el Doctor Gaara Sabaku no, que también se veía muy apuesto. Junto a él estaba la pelirroja que habíamos visto un mes atrás, Ino y yo.

—Ton —él frunció el ceño—Toneri—se corrigió, de inmediato, Fûka.

—¿Dónde estabas, mia bella ragazza?—preguntó el hombre, pasando su mano posesivamente en su cintura.

—Me encontré con Hinata, es la chica de la que te hable, la escritora.

—¡Hinata Hyûga!—el Doctor Sabaku no me dio un ligero beso en la mejilla, asentí cortésmente mientras él me presentaba a su esposa. Podía sentir la inquisidora y peligrosa mirada del esposo de Fûka evaluándome, evidentemente, no me tenía confianza.

—La escritora—no me gustó el tono con que recalcó mi profesión.

—Hinata Hyûga—me presenté dándole mi mano, él la tomó suavemente sin soltar a Fûka.

—Tendremos que hablar en algún momento de la noche —dijo suavemente su acento extranjero era bastante sexy.

—Por supuesto—iba a decir algo más, pero el sonido del micrófono nos hizo mirar en dirección del pequeño pódium en un costado del salón.

Fûka, el marido de Fûka, Karin, el padre y el hermano de Karin. . . y de Naruto ¡Nada! La ceremonia de inauguración comenzaba y yo estaba sola.

—Es por eso —dijo un hombre— que para mí es un placer presentarles al arquitecto y creador de esta obra, el señor Toneri Õtsutsuki—la sala estalló en aplausos y el arquitecto subió. Su mujer resplandecía de orgullo.

Saqué el celular de mi pequeña cartera de mano y le envié un mensaje a Naruto, una vez enviado lo guarde sin esperar respuesta.

Más que ponerle atención a lo que decía Õtsutsuki, me dediqué a observar la interacción que tenía con su esposa. Ella lo miraba con adoración y él, daba la impresión que evitaba mirarla. Ton como Fûka lo llamaba, era duro, tenía algo en su mirada que lo hacía ver como un pedazo de hielo, como un hombre huraño; podía ser despiadado y cruel pero en los breves momentos en que sus ojos se posaban en Fûka algo cambiaba.

No era amor absoluto e irracional como el que Gaara mostraba a su mujer, o devoción como Sai le profesaba a Ino, no había ternura como Jiraya y Tsunade o complicidad como Karin y Sasori, ese hombre tenía algo más... algo tremendo y oscuro que despertaba mi vena curiosa con solo verlo interactuar. Pero, también era magnética. Su voz fuerte, sus sonrisas ladinas tenían atrapados a todos los asistentes a la ceremonia, el hombre era magnético y enigmático. Sí, sería un excelente personaje de novela. Fûka quería que escribiera su historia y yo lo haría...

—¿Por qué no estás en mi mesa?—Naruto llegó molesto a mi lado

—No iba a estar sola y rodeada de gente extraña—resople ¿Me dejó sola una hora y venía a reclamarme? ¡Já!

Su impulso de furia se aplacó cuando estallaron los aplausos. La audiencia celebraba el discurso de Toneri Õtsutsuki.

—Payaso—lo dijo muy bajo pero pude leer sus labios.

Fûka se acercó a nosotros, mientras Toneri se quedaba con algunos hombres trajeados, Naruto apenas la vio, sacó su sonrisa más coqueta.

—Pensé que no vendrías—dijo ella, abrazándolo.

—Vine más por ti que por él —señaló a Toneri que en ese momento hablaba con unos señores—. ¿Cuándo volverás?

—No lo sé, todo depende de Hinata—dijo mirándome.

—Está bien, ya lo he pensado—dije sonriendo—. Voy a escribir tu libro, pero no como una biografía, será tu historia pero mis personajes.

Fûka me abrazó con fuerza y, como una niña pequeña, comenzó a dar giros conmigo, hasta que la voz de Toneri irrumpió.

—¿Qué haces principessa?

—Toneri—se apartó de mí tomando la mano de su esposo— Hinata aceptó escribir nuestra historia—parecía una niña mimada a la que le habían cumplido un deseo.

La mirada que el hombre me dio, estaba cargada de desconfianza, me hacía sentir pequeña y debatirme si esto era lo correcto. Toneri parecía una persona que no le temblaba la mano a la hora de imponer su ley. Su mirada pasó de mí, hacia mi acompañante.

—Ahh, Naruto Senju Uzumaki, no puedo decir que es un placer tenerte aquí.

—En eso estamos igual, Õtsutsuki.

No pude evitar reírme parecían dos machos cavernícolas: Tú, Õtsutsuki; yo, Uzumaki. Ella, mi hembra—obvio, que es Fûka—. Fue fácil imaginarse como arrastraban de las greñas a la pelirroja, objeto de todas sus atenciones. En un acto reflejo, toqué mis trenzas.

El ambiente se volvió tenso, Naruto apretó su agarre en mi cintura con fuerza.

—Hinata y yo nos vamos a nuestra mesa.

—¿Vinieron juntos?—Fûka exclamó.

—Sí.

—Por lo menos, vine en su automóvil—es distinto llegar a una fiesta con alguien que venir con alguien ¿verdad?

—¿En qué mesa están?

—Ciento diez—habló como escupiendo las palabras.

—No, con los Uzumaki, están todos instalados como una gran familia — precisó Toneri, su mirada nuevamente en mí, me pareció que por extensión, me consideraba igual que Naruto: una contrariedad que solo aceptaba por amor a su mujer.

Naruto cruzó miradas conmigo, ya lo conocía y sabía que le molestaba el repentino interés de Toneri hacia mí, pero a esta altura de la noche, me importaba muy poco su ánimo.

—Fûka, tengo que saludar a unos accionistas, acompáñame —ella asintió.

—Nos vemos— mi futura socia literaria se despedía.

—Tenemos un baile pendiente y no me voy sin quemar esta pista, contigo —Fûka sonrió ante la ocurrencia de mi "novio" y asintió. Toneri frunció su ceño.

Caminé delante de Naruto y me fui directo a mi mesa, no podía creer que le había coqueteado enfrente de mí y de su marido.

Es un imbécil, un idiota... ¡un maldito cabrón!

Al llegar a la mesa, tenía rabia conmigo misma ¿a qué vine a esta fiesta? podía haberle mandado un texto a Fûka diciéndole que accedía a ser la que escribiera su historia y evitarme este mal rato.

El chico que había conocido en casa de Naruto sonrió al verme sentar y luego palmeó el hombro de Naruto, junto a él había una chica que reconocí como la misma del baile de salón. Karin y el chico de las cabinas Sasori también estaban ahí.

—Veo que el noviazgo va bien—solo era que Sasuke dijera esas palabras para sentir varios pares de ojos en mi humanidad, si ya me sentía incómoda con la situación, ¡Ahora me sentía simplemente genial!

Mi sarcasmo quedó claro ¿verdad?

—¿Noviazgo?—preguntó Tsunade asombrada. Su mirada se encontró con la de Naruto pero no dijo nada, de hecho nadie dijo nada.

Esta familia es rara.

—Supongo que no te molesta que baile con tu novio—Sakura me lo dijo en forma graciosa— él es mi pareja oficial en la pista—y de forma cómplice aclaró— de otra manera, me moriría de aburrimiento en estas fiestas.

—Oh, ningún problema, yo no soy buena para eso —no sé por qué, pero sentí necesidad de justificar que mi "novio" no me eligiera a mí para un baile.

Vi a la señora Senju levantarse de su silla y una gota de sudor recorrió mi cuello Venía directo a mí, se sentó a mi lado y tomó mi mano entre las de ella.

—Naruto puede parecer un hombre sin sentimientos —dijo en voz baja—; cuando sus padres murieron no lloró, cuando lo llevaron al orfanato tampoco lo hizo; a los dieciséis le dijo a Jiraya que quería vivir solo. Puede parecerte obtuso en algunas ocasiones, o petulante en otras, pero es un buen chico—iba a hablar pero Tsunade no me dejo—. Hazlo feliz... el tiempo que dure, hazlo feliz—dijo antes de levantarse.

¿Hacerlo feliz el tiempo que dure? ¡El muy idiota le contó a su madre nuestro acuerdo!

Indignada por el descubrimiento, busqué con quien descargarme pero, solo quedaba Sasuke en la mesa. ¡Joder! En esta familia, todos bailan.

—Mamá tiene razón.

¿En qué tiene razón?

—Solo nos estamos conociendo, Sasuke—le dije dejando mi mirada trancada en Naruto, que se movía suavemente junto a su cuñada.

—Tengo dos pies izquierdos —dijo e indicó a la pareja que yo miraba.

—¿Qué? — lo miré sin entender.

—Si no hubiese sido por Naruto, nunca hubiese podido practicar esgrima.

—Me lo imagino, tu hermano tiene vocación pedagógica.

—¿Qué? —me miró sin entender, y negué haciendo un ademan que lo olvidara—A veces, creo que mis padres atravesaron una barra de hierro en mi columna.

—¿Así de rígido?

—Por eso, Sakura nunca baila conmigo cuando viene a este tipo de eventos.

—Te vi bailar con ella en la fiesta de salón—respondí sin mirarlo.

—Ella me conduce pero, en ocasiones, es aburrido para ella —sonrió. —Por eso baila con Naruto—puntualicé.

—Mi hermano no es una mala persona, solo es una oveja descarriada.

—Yo diría que más bien es un perro sin collar —musité y Sasuke me mostró una sonrisa lobuna, Sakura volvió a la mesa y busqué con la mirada a Naruto.

—Se quedó en la pista con su amiga —lo busqué con más ahínco justo para verlo bailar con Fûka, ella tenía su cabeza en su pecho mientras él la conducía suavemente por el salón mientras la música suave se dejaba escuchar.

Era extraño que un hombre con la aparente posesividad de Toneri accediera a eso. En fin lo permitiera o no, sentí mi cuerpo arder. ¡Joder! No es que me muera por bailar, pero... ¡soy su pareja!

Decálogo por medio, yo era su pareja y no solo me abandonó desde que llegamos sino que además, ha bailado con todas, menos conmigo. Me levanté dispuesta a irme de esa maldita fiesta pero mis planes cambiaron; antes que pudiera dar siquiera dos pasos, la mano de Toneri Õtsutsuki se cerró en mi muñeca.

—¿Me concede una pieza, señorita?

¡Al diablo! ¿Por qué no?

Me llevó al centro de la pista antes de colocar su mano en mi espalda baja y entrelazar nuestras manos y empezar a movernos. Seguí sus pasos torpemente mientras lo escuchaba sonreír.

—Tienes dos pies izquierdos —dijo burlonamente—, Fûka era igual cuando la conocí.

El caporal mayor de la Cofradía "Adoradores de Sor Fûka"

—Pero ahora es muy buena bailarina—susurré sin dejar de observar como ella y Naruto se deslizaban por el salón.

—Sé lo que está pensando. Y se equivoca, ella es mía.—puntualizó.

—¿Es por ello, puede bailar así de íntima con otro, sin molestarte?

—Ese no es otro, es Uzumaki—no supe cómo interpretar el tono con que lo dijo— ¿Confianza? Más bien, incapacidad de él para lograr algo más con Fûka por mucho que él insistiera.

—Entiendo.

Dio un giro y me obstaculizó la vista, con un apriete en el lugar correcto hizo que tensara mi espalda y que lo mirara a los ojos.

—No estoy muy de acuerdo en que Fûka hable sobre nosotros con alguien—cambió bruscamente de tema—, menos si ese alguien es una recomendada de Naruto.

—Soy escritora, Señor Õtsutsuki, no una recomendada del amigo de su esposa.

Se detuvo un momento, mirándome como si descubriera algo nuevo en mi persona, negó con la cabeza y siguió bailando.

¡Este hombre está loco!

—Cuando mi hijo nació, me juré a mí mismo hacer lo posible para que ella fuese feliz. Por primera, y única vez, le he dicho lo que en verdad siento por ella así que, si a ella le hace feliz contar nuestra historia, yo lo aceptaré. Solo que tengo mis condiciones.

—¡Oh, por supuesto!

—¿Tiene claro que el acuerdo es entre usted y mi mujer, no con su editorial?

No sé porque pero el tono de su voz fue imperativo y yo me sentí como un pajarillo a punto de ser destripado. Tragué en seco y lo observé de manera tímida, casi rogando porque su estatura no me asfixiara.

—Sí, señor—¿por qué le digo señor si no soy su sumisa?

—¿Tiene abogado, o va a confiar en el acuerdo que preparará mi equipo jurídico?

—Que su equipo lo redacte, yo lo reviso con un abogado amigo.

—Ella le estará confiando nuestra vida.

—Tendrá mi total discreción—susurré casi sin aire, el pajarillo, en este caso yo, estaba contra las rejas tratando de que una mano cruel no lo degollara.

—Quiero leer el manuscrito antes que lo envíe a edición o alguna editorial—decretó—, si no me gusta lo que hay allí escrito se le pagará por su servicio y usted eliminará cualquier copia de ese archivo.

—Señor, eso no puedo aceptarlo. No me está contratando como escritora, me está dando material para que yo escriba un libro.

Me miró con cara inexpresiva, pero sus ojos tenían un brillo extraño.

—Disfrute la velada—dijo soltándome.

—Gracias.

—Hinata—desanduvo los pasos y me enfrentó desde su hielo—, usted es mucha mujer para ese niñito delicado que tiene por amante.

Lo miré con los ojos muy abiertos.

—No sé qué le habrá dicho...

—Ustedes dos irradian sexo...

—¿Su mujer y Naruto, no?—muy dominante sería pero su mujer bailaba con otro muy afectuosamente.

—Es muy lista pero, muy reprimida. Puedo presentir el fuego que guarda y que su amante todavía no saca.

—Y todo eso, ¿solo con mirarme?

—Es fácil, usted es como Fûka cuando llego a mis manos.

¿Igual que Fûka?

Se alejó, lo vi perderse entre la multitud en dirección al jardín, seguí mi impulso y fui tras de él.

—¿Me está diciendo que soy sumisa y quiero que Naruto...? —dejé la frase sin terminar cuando Toneri Õtsutsuki se giró mirándome seriamente.

—No. El hombre te mira como si fueses una presa y tú, ardes de los celos porque está bailando con mi esposa, pero tu actitud está muy lejana a la sumisión. Él tampoco es un dominante; es un niño que cree que, porque ha leído unos cuantos libros y experimentado cosas, sabe lo suficiente de sexo como para creerse tu tutor, pero no es más que un pobre bobalicón que no sabe lo que quiere y tiene. Desafortunadamente, tú estás igual o peor que él —se giró y me dio la espalda.

—Señor Õtsutsuki...

—No me interesa su vida sexual, señorita Hyûga, pero como le dije anteriormente usted me recuerda a Fûka y voy a arriesgarme a decirle lo mismo que le dije a ella en ese entonces: proteja su corazón o sentirá como se lo sacan del cuerpo para pisotearlo ante sus propios ojos —hizo una pausa para respirar profundo—. Si siente que está en esa posición en este momento, huya, porque su derrota no solo arrasará con su voluntad... la destruirá. Ya debería saberlo, esto nunca se trata de solo sexo.

—¡Hinata!—la voz de Naruto se escuchaba encolerizada—, llevo horas buscándote—exageró, entre dientes.

—Si estuvieses más pendiente de ella y menos de mi mujer —acentuó el "mi mujer" o al menos, eso creí—, sabrías donde estaba.

—No te metas en lo que no te importa, Õtsutsuki—siseó Naruto, entre dientes.

—Estás siendo un maleducado y, haciendo pasar a la señorita por un momento incómodo—Toneri se mostró altivo—. Solo te digo lo que es obvio.

—No quiero ser grosera, pero...

—Recuerde lo que le he dicho, Hinata, solo usted puede saber cuándo es necesario decir basta —Toneri me miró tan intenso como si fuese un pedazo de hierro caliente.

—Le agradezco, pero...

—¡Créame!, será demasiado para usted; aunque parezca fuerte, en el fondo es débil—murmuró lacónicamente.

—Déjala tranquila —Naruto me tomó de la mano.

—Uzumaki—escupió el apellido— no tengo que recordarte que detesto que aceches a mi mujer.

—Somos amigos aunque no te guste, Õtsutsuki. Si tan solo...

— "...te hubieses demorado unos años más, ella hubiese sido mía" — Toneri completó la frase de Naruto.

—Encajaste tus dientes en ella y el veneno la consumió—fue rotundo en su acotación.

¿Tengo que escuchar esto?

—Se casó conmigo, me eligió a mí... acéptalo perdiste.

Naruto apretó su mandíbula, pero no se quedó callado.

—No formo parte de tu legión de sumisos, si ella me acepta, yo sigo. ¡Me importa un carajo si te incomoda!

Allí, frente a mí, estaban peleando estos dos hombres, algo del pasado se zanjaba en ese momento ¿Fûka? Dos machos alfas, ambos peleaban con el arma más poderosa que tenían: la sensualidad y el poder que emanaba de sus cuerpos y yo ¿Qué jodida puta hacía en medio de todo esto?

—Hinata, si en verdad quiere conocimiento, yo puedo ayudarla. Conozco lo suficiente de sexo como para explicarle cada experiencia sin siquiera tener que tocarla o que usted me toque.

¡¿Qué?! ¿Me estaba invitando a que yo fuera parte de este enfrentamiento?

—Ni lo intentes, Õtsutsuki... ella sí que es mía—el muy idiota me estaba utilizando como trofeo.

Estaba pasmada, pero la postura de Naruto era desafiante, la vena de su frente parecía estar a punto de estallar, podía ver su rabia contenida.

—Recuerde lo que hablamos, Hinata—ignoró sus palabras, sonrió y me pasó una pequeña tarjeta, pero antes que pudiese siquiera tomarla, Naruto haló mi brazo.

—Nos vamos, Hinata—su amarre era fuerte.

—Me lastimas —murmuré entre dientes lo más bajo que pude. Él me soltó suavemente.

—Se hace tarde —insistió y yo, esquivé su presencia y me dirigí a Õtsutsuki.

—Toneri, gracias por sus consejos—acepté la tarjeta— estaremos en contacto.

—¿Ya? ¿Podemos irnos ahora?

¡Me hartaste, Naruto!

—Naruto, si quieres irte, adelante, nadie te detiene. Total he pasado sola casi toda la noche—sin más pasé a su lado empujándolo un poco, sentí a alguien reír y supuse que había sido Toneri. Cuando iba a entrar al salón Fûka venía saliendo.

—¡Hinata!

—Es una farsa, Fûka, no somos nada—dije, por si pensaba disculparse por acaparar a mi "novio".

—¡Hinata!—yo corría, Naruto me seguía, ese había sido nuestro patrón desde el comienzo—¡Hinata, detente!—y al final él siempre me atrapaba—¡Puedes esperar, mujer!—tomó mi muñeca con fuerza.

—¿No estabas tan apurado?—me solté con fuerza.

—¡¿Qué diablos hacías a solas con Õtsutsuki?!—su voz era dura.

—Hablar —le respondí, fastidiada.

—¡Con un demonio, Hinata!—gritaba enojado—. Yo estaba ahí, el maldito te propuso...

—¡Lo mismo que tú!—lo acusé. Él me empujó contra la muralla y me inmovilizó con su cuerpo.

—¿Si? Pero tú no vas a aceptar—rotundo.

—¿Quieres que lo discutamos aquí?

—No tengo problemas ¿Y tú?—enarcó una de sus cejas retándome.

—Esto no es un folladero. No estamos en una de tus clases.

Varias mujeres que salían del baño nos miraron con descortesía. Naruto me liberó de la prisión de sus brazos, se pasó la mano por el cabello y presionó el puente de su nariz.

—Nos vamos—ordenó

—No me des órdenes.

—Por tus pies o en mis hombros, tú decides—me amenazó con su dedo índice.

—Necesito entrar al tocador.

—Te esperaré aquí.

Estuve apoyada en el lavamanos hasta que recuperé mi aire, pero no estaba calmada, las palabras de esos dos portentos de testosterona taladraban mi cabeza, necesitaba despejarme para poder entender todo con claridad y si seguía en la fiesta, nunca lo iba a lograr.

Cuando salí, Naruto estaba rodeado de mujeres que le hablaban y lo miraban como si fuese un pedazo de carne. Él escuchaba, aparentemente, atento, pero sabía que estaba intranquilo, se tomaba el puente de la nariz y cerraba los ojos.

—Podemos irnos—dije secamente, él asintió se disculpó con su club de fans y juntos salimos del hotel.

El viaje de regreso a mi departamento fue completamente en silencio, y agradecía a Dios que fuese así, ya que, en este momento no estaba para una conversación cordial. Naruto llevaba el ceño fruncido y murmuraba cosas entre dientes, golpeando el volante del coche sin darme una sola mirada.

Condujo en la mitad del tiempo que le había tomado al salir, respiré profundamente mirando la hora en mi reloj de pulsera, era casi media noche cuando introdujo el auto en el sótano, el viaje en el elevador fue igual de silencioso que en el auto y a estas alturas estaba perdiendo la poca paciencia que me quedaba.

—Di algo o lárgate antes que esto se ponga feo—le dije abriendo la puerta de mi departamento, estaba oscuro por lo que supuse que Hanabi estaba dormida ya. Caminé hasta la mesa encontrando una pequeña nota:

Hinata:
Ino y Sai me invitaron a celebrar, me quedaré a dormir en su casa.
Espero que veas esta nota.

Besos

No me contestó. Pero lo sentí detrás de mí y me giré para encararlo.

—¡Nunca más me invites a una fiesta si piensas estar con otras y a mí, dejarme botada!—estaba atragantada con eso, por fin podía gritárselo a la cara.

—¿Botada? ¡Si estuviste coqueteando toda la noche con Õtsutsuki!

¿Qué? este hombre está desvariando.

—Claro, ahora la culpa es mía ¡típico!—ironicé—. No tengo por qué darte una maldita explicación de lo que estaba o no haciendo, pero para que puedas dormir tranquilo solo estábamos hablando... ¡Hablando!

—¡No te creo! Conozco a ese bastardo.

—No seas ridículo —estaba agotada—. Mira, ir a esa fiesta fue mala idea. Lo mejor es que te vayas a tu casa. Ahora.

Naruto pasó la mano por su cabello antes de mirarme de frente.

—¿Te satisface saber que otros hombres desean poseerte?

Me giré completamente, harta de la situación, estaba agotada y no tenía ánimos para discutir, quería quedarme sola y pensar así que lo ignoré. Me fui a la cocina, saqué un refresco de la nevera y lo abrí dándole un sorbo largo; sentí sus pasos antes que su mano tomara mi brazo girándome violentamente

—¡Contéstame, por un demonio!—gritó.

Bufé, lo miré con ironía, pero seguí callada, él estaba siendo irracional y esta conversación carecía de lógica. No había sido yo la que había pasado la mayor parte de la noche bailando con diferentes mujeres.

—¿Vas a llamarlo, Hinata?—su agarre fue agresivo— ¿Vas a pedirle que te instruya? ¿Dejarás que te ate y que te pegue? Quizás es eso lo que necesitas ¿no? es lo que te falta por disfrutar.

Maldición él no había dicho eso...

—¿Y qué sí es así? ¿Vas a oponerte? ¿Y, por qué? si no somos nada. Tus actos me lo demostraron toda la noche.

—Entonces, ¿fue porque te sentiste abandonada? ¿Se trata de un tipo de venganza o algo así?—se soltó la corbata y se pasó la mano por el pelo— ¡Maldición, Hinata! yo puedo darte todo que necesitas ¡Yo puedo enseñarte todo lo que deseas saber!—sus ojos parecían inyectados de sangre, la ira le desfiguraba la cara.

—Toneri solo se ofreció a ayudarme a conocer más el mundo de la dominación y la sumisión, sin llevarlo a la práctica, no quería aprovecharse de la situación como lo hiciste tú —lo acusé.

—¿Lo deseas, Hinata?—caminó furioso contra mí.

—¡Ya basta, Naruto! Es mejor que te vayas —No me tomes por idiota.

—No te tomo ni por idiota ni por nada.

—Tú y yo tenemos un acuerdo.

—Exacto, un acuerdo que se rompe fácil. Basta que uno de los dos salga con otro y listo: será como si nunca nos hubiéramos conocido —respondí con ironía.

Me alejé de él unos pasos pero, me haló encerrándome entre sus brazos y atrapando mis labios con los de él.

Su beso era fiero y posesivo, con la ira brotando de los dos. Lo mordí, mis manos trataron en golpearlo pero él parecía poseído, no me dejaba maniobrar. Me pareció que era su intento de demostrarme que yo no necesitaba a nadie más. Le devolví el beso con la misma intensidad, ¿podría él, bastarse conmigo? Lo ataqué con mi lengua, halé sus cabellos, mordí sus labios, me restregaba contra él con furia, quería que mi cuerpo absorbiera su cuerpo. Así era mi furia.

Naruto tomó mis cabellos rompiendo el beso.

—Solo yo puedo hacer que tu corazón se acelere así, Hinata—lo empujé fuertemente haciéndolo trastabillar.

—¿Y qué mérito tiene eso? Solo es cuestión de práctica—grité, limpiándome los labios con mi brazo, su mano tiró de la mía acorralándome de nuevo—¡Basta!—luché contra él— no soy tu maldita posesión, ¡No soy tu trofeo!

Respiró profundo, tomó distancia y me miró como si estuviera tomando conciencia de lo que estaba aconteciendo.

—¡Esto no debería pasar!—respiró profundamente y pareciendo más aplacado, pasó su mano por el cabello.

—¿Por qué no? —yo estaba lejos de calmarme—. Eres un hijo de puta arrogante y yo una idiota que te buscó para escribir un libro —le di una risa amarga.

—No quiero que otro te toque, No quiero que él—remarcó "él"— te toque.

Poco duró su calma.

—Entonces, ese es el problema: Fûka Cort y Toneri Õtsutsuki—me miró con extrañeza—. ¿Cómo no lo vi antes? Mi propuesta te puso en bandeja de plata la oportunidad de vengarte de Toneri—le di tres golpes con mi mano apuñada en el pecho.

—¿¡De qué demonios estás hablando!?

—Él me dijo que yo era igual a Fûka cuando la conocieron —no dejé que me interrumpiera— ¡Es que fui una tonta! una estúpida, todo este tiempo. ¡Tú me estas utilizando para, al menos, empatarle a Toneri en esta guerra estúpida que tienen!

Bajó la cabeza y un atisbo de sonrisa se escapó de sus labios, movió las manos acomodando su cabello para luego lentamente contestar desde su superioridad.

—Nos hemos utilizado Hinata, tú me satisfaces sexualmente y yo te doy herramientas para que escribas tu puta historia. Sexo por conocimientos, no me vengas a decir ahora que yo me aproveché de ti cuando tú también lo has disfrutado, tú viniste a mí, yo solo tomé lo que me ofreciste —una opresión extraña ahogó mi pecho.

—No lo niegas, entonces.

—¡Es sexo! No te ilusiones, Dulzura—se estaba burlando de mí y yo estaba frente a él haciendo el mejor papel de estúpida.

—No—negué con la cabeza— no me ilusiono, me quedó claro que tu amor frustrado por Fûka es lo que nos tiene metidos en esto—respiré profundo y me afirmé en mis talones—. Quiero terminar el acuerdo.

—No te inventes pretextos para terminar algo a lo que aún le queda tiempo—no gritó, pero su voz grave estaba cargada de rabia.

—Õtsutsuki lo dijo—puse mi mejor cara irónica— él sabe más que tú de esto. Te llamó niñato bobalicón que cree que por leer libros, lo sabe todo — disfruté decirle eso.

—Si crees que me interesa su opinión, es que no entiendes nada —se limitó a responder, sus ojos eran dos piedras frías que me traspasaban, pero aún así no me amilané

—Te equivocas. Reconozco que aprendí de sexo contigo, pero ¡ya está!, vete de una maldita vez.

—¡No! ¡No! ¡Maldición! Estás haciendo de todo un gran lío y ¡no lo voy a permitir!

—Es que no tienes que permitir nada, se acabó y ¡Ya!

—¡Estás siendo irracional!—gritó, luego me arrinconó contra el muro y me habló con un tono calmado— Mira, siento haberte dejado sola cuando

llegamos a la fiesta, siento haberte gritado en el baño del hotel... Me escapé de sus brazos y no lo dejé terminar.

—¡Vete!

—Hinata, tenemos que calmarnos.

—No quiero calmarme, quiero que desaparezcas de mi vida —sentencié con voz firme.

—No vamos a terminar, Hinata... Aquí no tiene que ver nada Fûka y mucho menos el imbécil de Toneri, esto se trata de ti y de mí — acarició mi rostro—Dulzura, solo me volví loco cuando te vi con él. Yo... —respiró profundamente—. Tienes que entender.

—Ya entendí todo.

—No, no entiendes nada ¿cómo puedes entender algo que ni yo puedo?... Tú me gustas, Hinata.

—Naruto, yo no te gusto. Eso no es más que tu orgullo herido.

—No, no. No, yo sé que no debería ser así, no debería suceder así pero está pasando. Tú, me gustas, no... joder, tú ¡me importas! Me importas.

—Estoy cansada y quiero que te vayas—no me iba a detener en palabras dichas para que se las llevara el viento—. Gracias por la fiesta, estuvo genial, me ayudó a entender muchas cosas. Creo que ya sé lo suficiente de sexo como para terminar la historia así que...

—¡Ni te atrevas a terminar esa frase! —respiró profundo y su voz salió entrecortada—Voy a irme. Ambos estamos exhaustos y exaltados, pero escucha bien: tú decidiste empezar este juego pero, yo voy a decidir cuándo terminar. Si antes esto era un ridículo acuerdo, ahora se convirtió en algo personal.

El portazo que dio cuando salió me hizo saltar. Se había ido, estaba sola y la tristeza me invadió, respiré profundo y controlé mis ganas de sentarme en el suelo y llorar hasta quedar deshidratada, así que fui hasta el baño, me miré en el espejo y comencé a deshacerme las trenzas.

"Algo personal" ¡Ja, Naruto! Como te atreves a decir que yo te gusto, peor aún, ¡que te importo! eso es completamente ilógico, en el hipotético caso que sea cierto sin duda es por razones equivocadas...

¡Joder! ¿Te atreverías a decir que tener sexo placentero con Naruto es una razón equivocada?

Sacudí mi cabeza, como si pudiera expulsar lejos esos pensamientos y comencé a peinarme, después, me saqué los zapatos y cuando estaba a punto de lanzarme a la cama, sonó el timbre.

¿Será que Hanabi se aburrió y vuelve a casa o que mi vecina otra vez se le acabó el hielo para sus margaritas?

Abrí la puerta y Naruto entró como una tromba, sus manos sujetaron mis caderas y se estrechó contra mí hasta que ya no hubo espacio entre nosotros.

—Entiende una cosa Hinata Hyûga, ¡Tú eres mía!—me arrimó contra la pared, con una mano sostenía mi nuca y me obligaba a mirarle— esta Hinata ardiente, húmeda y ansiosa por mis besos me pertenece, yo la cree y no voy a permitir que nadie más te toque, menos cuando estoy tan confuso con respecto a ti—esas fueron las últimas palabras que escuché de su boca antes de perderme en la locura de sus besos y caricias fieras.

Tiene razón, ésta Hinata, antes de él, no existía.

¿Soy de él? ¿Le pertenezco?

¡Nooo! ¡Yo soy mía!

No quise pensar más, con Naruto se trataba de sentir, así que eso hice, anudé mis manos a su cuello y devoré su boca. Me impulsé cuando tomó mi trasero y me invitó a que rodeara su cintura con mis piernas.

¡Reconócelo! Te mueres por él y sus caricias. Reconoce que desde que firmaron el ridículo decálogo, tu vida es otra, en este mes y medio aprendiste más de sentimientos y emoción que en toda tu vida.

—Naruto, no podemos —beso—estoy en mis días.

—¡A la mierda tu periodo!—beso mi cuello con lujuria— te deseo, Dulzura—besaba mi boca como si no hubiese mañana.

—¡Oh Joder!

Pero no, mi maldita habitación estaba a mil kilómetros para nuestros deseos y no había Tantra ni previa que nos frenara, me arrellanó contra la pared y yo, aunque intente no dejarme llevar, caí rápidamente bajo sus deseos.

¿Vas a dejar que te someta a su deseo cada vez que quiera?

No es mala idea.

¿Serás su sumisa?

¿Yo, sumisa? ¿Con él? ¡Ja!

Con Utakata si lo era. ¡Qué más sumisa que esperarlo virgen y enamorada!

Naruto me empotró contra la pared con su primera embestida haciéndome gemir ¿De placer? ¿De dolor?

¿Importa? Hinata, ¡mírate!, estás agarrada a él como si fuera tu salvavidas.

¿Qué era el placer si no estaba acompañado de un poco de dolor? ¿No era eso lo que Fûka profesaba?

¡No! No te vayas por ese camino, Hinata. Esto se trata de ti, de ti y de todos los orgasmos que Naruto pueda darte.

Con el ruido del zipper de su pantalón, mis braguitas desaparecieron.

¿De verdad, Hinata, piensas que ya tienes bastante de Naruto y sus clases?

La primera estocada de Naruto fue rápida, era la primera vez que su deseo traspasaba mi bienestar, era como si quisiera marcarme con su esencia. Gemí y me aferré a sus hombros intentando apartarlo un segundo, sus ojos no hacían contacto con los míos, estaban fijos a un punto inexistente en la pared tras de mí.

—Naruto... ¡Mírame!—no lo hizo.

Volvió a embestirme esta vez, con una fuerza inusitada.

¿Lo sientes, Hinata?

El fuego de su ferocidad en vez de asustarme me animó a quemarme, daba paso al cosquilleo ya conocido en mi bajo vientre, siseé y le devolví la embestida, desesperada, frenética, por encontrar el ritmo. La ropa molestaba, pero no era impedimento.

Mis dientes traspasaron su camisa, mientras él chocaba mi espalda contra el concreto. El sabor metalizado de la sangre de Naruto me incitó a ir por más y con un movimiento rápido, bajé su pantalón del todo y agarré sus nalgas. Él rugió, su miembro se hinchó en mi interior.

¡Salta, Naruto, salta!

Un sonido ronco, gutural, casi animal inundó toda mi casa. Mis ojos se llenaron de lágrimas, Naruto se liberaba en mi interior, inundándome de placer. Por varios segundos, el único sonido que nos rodeó fue el errático compás de nuestra respiración.

—Naruto—sus ojos cansados se encontraron con los míos, unió nuestros labios, esta vez lento, suave con un roce tierno que me dejó sorprendida,

—Hinata...—me acomodó entre sus brazos caminando torpemente hasta llevarme a mi cama dejándome bajo su cuerpo fuerte y macizo, dándome besos flojos por mis parpados, mi nariz y mis mejillas, mientras mi corazón intentaba regularizar su latido.

—Naruto—toqué su cara quitando los mechones mojados de sudor que estaban pegados en su frente, mis ojos observaban los de él, no podía leerlos, quería saberlo todo pero solo veía tristeza ¿Naruto triste?

—Esto no puede pasar, ¿entiendes?... No hay tiempo, Dulzura, no hay tiempo.

No entendía la fiereza de su entrada, ni sus palabras en este momento, y antes que pudiera decirle algo volvió a besarme, eran besos dulces los que acompañaban sus embestidas. Esta vez, no había carrera, era un vaivén acompasado que le daba ritmo a nuestros gemidos, era una pasión controlada, con miradas ardientes y manos entrelazadas, con los corazones latiendo al mismo tiempo y diciéndonos palabras sin hablar, encontramos juntos el clímax.

—Me gustas, Hinata, me importas y mucho, como nunca pensé que alguien podría importarme.

¿Le importo? Le importas, Hinata. El idiota arrogante y sexual Naruto Uzumaki te dice que le importas y esa es una verdad más grande que la de Utakata, que te juró por años que te amaba ¿Qué más había que entender?

Salió de mi cuerpo con delicadeza y ternura, tomó mi mano y me llevó a mi cuarto de baño en silencio me desnudó, se desnudó y juntos, nos dimos una ducha rápida. El elefante rosado volando entre nosotros.

Tomó una toalla y secó mi cuerpo con dedicación, me acostó en la cama. Me dio un beso dulce en la frente y se acomodó a mi lado; a los minutos, su respiración me indicó que estaba durmiendo. No pude resistir el impulso, me alcé y me acomodé para verlo. Me sentía extrañamente feliz y necesitaba mirarlo a la cara, no me importaba que estuviese durmiendo, solo quería verlo y emocionarme tranquila al recodar sus palabras: Me importas más que nadie.

Si era verdad o no, a esta altura del acuerdo poco importaba, estaba escribiendo el mejor libro erótico de mi vida y yo, siguiendo todas las enseñanzas del enigmático y arrogante Doctor Sex, había descubierto que entregándome a sus deseos, exploraba los míos y que sus caricias traían la vida a mi cuerpo.

Sí, me había entregado a su piel, a su cuerpo, a su sexo y como buen alumna, aprendí de todo y ya, no tenía miedo.

Fin Entrégate