Parte uno: Entrégate


Epílogo


No se trataba del yin y del yan, no. Ellos eran diferentes.

Durante el sexo, podían ser iguales, pero el resto del tiempo, las diferencias pesaban, sobre todo para Tanahi, que de niña dulce, entregada al amor de Menma pasó a ser la voluptuosidad personificada a la que el amor le estorbaba.

¿Cómo podía creer que él lo decía en serio? No, sus palabras de amor estaban fundadas en la lujuria que recorría sus cuerpos al momento que la piel se rozaba.

¿Qué él la amaba? ¿Él? ¿Un hombre que tenía el mundo a sus pies, que con solo chasquear los dedos tenía en su cama a cualquier mujer y, a quien la vida tenía reservado el triunfo?

Un hombre así no la podía amar... no la debería amar.

¿Qué hacía ella con ese amor? ¿Qué podía hacer con el corazón de un hombre como Menma en sus manos? Nada, porque el miedo la paraliza y no es capaz de asumir tanta responsabilidad.

—No soy buena Menma, no soy quien tú crees, no podemos pensar en un para siempre.

— ¿Por qué no? Y, si eres buena, muy buena en la cama.

—Si hablamos de pasión y sexo, somos muy buenos folladores, pero tú hablas de amor.

—Te amo.

—No me ames Menma, quizás no soy tan fuerte.

Suspiré fuertemente pasándome las manos por el rostro y mi pelo hasta agarrar la coleta desordenada, estaba sola en casa, en mi cuarto, donde aún mis sábanas olían a él, una de las principales razones por la que no quería que entrara a mi cama era porque, apenas cerraba mis ojos volvía a repasar cada minuto vivido la otra noche en esta habitación y se me aparecía en las paredes, como un letrero luminoso, la frase ME IMPORTAS.

No sabía cómo tomarla. Follábamos como conejos, obvio que teníamos que sentir algún tipo de atracción el uno con el otro. Yo la sentía, pero la controlaba y no veía la necesidad de declararla. Era un acuerdo, un simple acuerdo que tenía fecha de caducidad.

Ahora, todo era muy confuso, ni él ni yo tratamos de comunicarnos ¿habrá dado por terminadas las clases? Mi libro, el causante de todo este embrollo, aún no estaba terminado pero, podía arreglármelas sola, ahora tenía una noción más amplia sobre el erotismo y creo que con eso me bastaba.

Negué con mi cabeza y quité mis lentes, solo habían pasado cuarenta y cinco días desde que había perdido mi virginidad con el hombre más sensual y erótico de Nueva York y mi mundo entero se ha transformado:

Hanabi ya no era la mocosa en busca de atención como lo era cuando llego a vivir conmigo. Ino y Sai iban a agrandar la familia con ese segundo bebé. Kiba ya no era el hombre más guapo de la tierra y es un imbécil.

Tengo escrito más de la mitad de un libro erótico que jamás pensé que escribiría. Y, Naruto Uzumaki es un cabrón delicioso y me gusta...

Pero como dice él, no hay tiempo y este es un contrato que se acaba en menos de cuarenta días... si es que no se acabó ya.


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