Quédate: Parte Dos
Capítulo 1
Mientras escuchaba el tic tac del reloj de mi habitación recapitulaba sobre los últimos meses de mi vida.
Las palabras de Naruto seguían haciendo eco en mi cabeza... Naruto, el hombre que me había propuesto ser su alumna sexual a cambio de sus conocimientos para así poder expresar en mi próximo libro emociones reales y la verdadera dimensión del sexo, ahora decía que yo le importaba. Si recapitulaba mis días con él podría crear una bitácora de mi vida.
En este momento era la metáfora perfecta que representaba esa dicotomía infame que existía entre el deber y el querer; debía quedarme en casa, trabajando en mi libro, pero moría por estar en sus brazos.
¡Santo Joder del Olimpo, Hinata! ¡No puedes ser más cursi para definir tu estado emocional actual!
Tampoco era para tanto, no había tenido noticias de Naruto en cuatro largos días, así que durante su ausencia aproveché el tiempo a solas escribiendo mi novela, después de todo por ella me había metido en este embrollo.
Todo en pro de nuestra historia.
Extrañaba a Naruto, estúpidamente me había acostumbrado a él y, en su ausencia, extrañaba su aroma, sus besos, su piel, aún cuando en ocasiones Menma tomaba su personalidad sarcástica y su postura de "Yo lo sé todo"
Era en esos momentos cuando caía en cuenta de lo que mi subconsciente me gritaba, estaba apegándome a Naruto Uzumaki y él se iba a ir tan pronto como el tiempo pactado en el decálogo terminara.
Guardé los cambios en el archivo que acababa de terminar y miré la hora en mi celular, no tenía ningún plan para hoy—a no ser que todo poderoso Uzumaki resucitara entre los muertos—, estaba tensa y agotada por permanecer más de una hora en la misma posición, así que me levanté de la cama y me fui al baño, mi abuelo siempre decía que no había nada que una buena ducha caliente no solucionara.
Estaba a punto de colocarme bajo la alcachofa cuando escuché la leve melodía de mi celular. Salí del cuarto de baño, trastabillando debido a la rapidez y tomé el aparato en mis manos. Pero no era la persona que esperaba.
"Kiba"
Suspiré fuertemente y esperé que la llamada se fuese al buzón, tenía la cabeza llena de demasiadas telarañas como para justificarle mis actos a Kiba. Volvió a sonar unos minutos después, pero esta vez fue un mensaje, lo eliminé sin siquiera mirarlo. ¿Es que no podía dejarme tranquila? ¿Ni siquiera podía tomar un baño en paz?...
¡Epa! ¡Qué diablos me pasaba!
Efecto Naruto
Me senté sobre mi cama observando el aparato entre mis manos.
—Deseas que te llame ¿no, Hinata? ¿Por qué no lo llamas tú?
—Sí, por qué no lo llamo yo.
Busqué entre mis contactos su número, pero me arrepentí al instante, no iba a inflar más su ego; si él había decidido ignorarme era su decisión, lo mejor sería retomar mi ducha y olvidarme de una vez de todo.
Luego de mi relajante baño, me fui al supermercado por las compras de la semana, de vuelta y una vez cómoda en mi departamento intenté retomar la escritura, estaba en el punto en que Menma, preso de sus sentimientos, le había dicho a Tanahi lo que realmente sentía, desafortunadamente para ella el "Te Amo" la atormentaba tanto, como a mí el "Me importas más que ninguna otra" que Naruto me había dado, por lo que terminé revisando mi cuenta de Facebook y viendo capítulos viejos de Friends en Youtube.
Cualquier otra cosa que mantuviese mi cabeza ocupada era buena. Cerca de las tres de la tarde el timbre sonó insistentemente, no quería ver a nadie, así que esperaba que quien tocaba mi puerta se marchara pronto, segundos después sentí que la abrían, el pequeño taconeo que avanzaba por el corredor me indicó quien venía y me preparé mentalmente para la inquisición.
—¿Hinata?—Ino llamó antes de entrar y agradecí internamente que a pesar de nuestros años de amistad ella siempre hiciera eso.
—Aquí estoy, Ino, puedes pasar.
Mi amiga entró a la habitación sentándose sobre la cama y se quitó los zapatos para situarse frente a mí.
—¿Cómo estás? —me habló con voz dulce mientras despejaba mi cara acomodando un mechón rebelde que se había escapado de mi moña.
—Supongo que bien—le dije, encogiéndome de hombros.
—¿Supones? Kakashi esta enojadísimo, te juro que me tomó por sorpresa su llamada —¿Kakashi? ¿Qué tenía que ver él en nuestra plática?—. Estuve tratando de comunicarme con Kiba pero me imagino que debe estar igual de enojado. ¿Ya hablaste con él? ¿Dejaste claro que todo es una farsa?
—Ino, no estoy entendiendo nada—dije buscando sus ojos, la vi morderse el labio, un hábito que salía a flote cuando no sabía cómo decir algo y eso en Ino significaba muchas cosas.
— ¿Hinata, no has visto televisión hoy?
—No.
—¡Jesús!—murmuró, abriendo su bolso sacando el periódico, podía ver los engranajes de su cabeza funcionar mientras pasaba las hojas con desesperación hasta llegar donde ella quería, tomó la página y la volteó hacia mí.
—¡Santo joder del Olimpo!
"¿El nuevo amor del sexólogo más guapo de Nueva York?"
Le arrebaté la hoja de las manos, allí estaba...una foto de Naruto y mía en la inauguración del hotel seguida de un pequeño artículo sobre el lugar y algunas fotos de Fûka y su esposo. Miré a Ino que ahora parecía excavar en su enorme cartera antes de sacar la nueva edición de Us Magazine.
¡Por favor, no!
Un amor entre letras, la nueva conquista de Naruto Uzumaki ¡Entérate quién es ella!
Era el titular que adornaba la portada de una de las revistas de farándula más vendidas del país y yo, Hinata Hyûga, estaba en la portada nada más y nada menos que besando a Naruto Uzumaki mientras él sostenía la escandalosa bolsa con juguetes sexuales.
Estaba completamente petrificada, abrí la publicación rápidamente: Naruto con mi mano tomada mientras íbamos caminando, mi indecisión al entrar al Sex Shop; Naruto saliendo con las bolsas mientras yo lo seguía cabizbaja; Naruto besándome en el parqueadero...
¡Por todos los dioses de Asgard!
—¿Estás teniendo una relación con él?—Entrecerré los ojos—. Digo, ¿una relación real? —Ino me miró inquisidora—. Hinata...— dijo por lo bajo.
—¡Dios Ino, no! ¡Esto es una farsa!—dije, mirando el resto de las imágenes de la revista. Había un par de fotos mías saliendo de su edificio por la mañana—. ¿Cómo saben tanto de mí?—solté la pregunta en el aire, ni mi abuelo sabía tanto. ¡Santo Joder! El abuelo; en estos momentos era un gran alivio para mí que estuviese muerto. Saqué mi celular y digité los números de Naruto, la llamada entró a buzón inmediatamente.
¿Dónde estás cuando te necesito, Señor "nadie se enterará de esto"?
—Tienes que hablar con Kiba—dijo Ino tomando mi computador. La vi digitar rápidamente y luego giró la pantalla dejándome ver—. ¡Diablos! El portal de internet también tenía algo que decir de mi relación con Naruto Uzumaki—Kiba va a creer que es verdad todo esto, así que llámalo y dile que es una farsa, que él simplemente es tu tutor en el libro—pasé las manos por mi cabello. ¡Maldición!
—Kiba lo sabe—dije de manera seca.
—¡Uff!—resopló Ino con evidente alivio— Menos mal, tú sabes cómo es de alarmista y bueno, es Naruto Uzumaki. Créeme, no tiene muy buena reputación además que las...
—Él cree que es real—la interrumpí.
—¿¡Qué!?—mi amiga se levantó de la cama observándome fijamente mientras esperaba una explicación.
—El viernes estaba aquí y Naruto llegó, una cosa llevó a la otra.
—¡Hinata, por Dios! Te lo dije, te dije que tú...
—¡Ino! —exploté, levantándome también de la cama—, ¡lo último que necesito ahora mismo es que me juzguen, así que no vengas a regañarme como si fueras mi maldita madre! una que, por cierto, no tuve— terminé respirando agitadamente.
Ino abrió los ojos mirándome fijamente, antes de hablar.
—Gritarme no te sacará del lío.
—¡Joder, Ino!—pasé la mano por mi cara respirando profundamente antes de caminar hacia ella y tomar sus manos—. Lo siento, lo siento—peiné mis cabellos hacia atrás, nerviosamente—. ¿Por qué tuve que meterme en todo esto? ¿Por qué Naruto Uzumaki me mueve como si fuese un títere? —murmuré frustrada mientras me sentaba en la cama.
Ino se sentó frente a mí nuevamente.
—¿Te gusta Naruto Uzumaki?
—Sería una mentirosa si te dijera que no...
—Ok, eso es normal. El tipo está buenísimo y tiene voz de chico de línea caliente, además, parece saber cómo mover la manguera—me reí, solo Ino podría pensar en eso—, aunque tú no quieras decírmelo— reprochó.
—¡Loca!
—¿Estás enamorada de Naruto Uzumaki?—no contesté enseguida ¡carajo! ¿siquiera sabía que era lo que sentía por Naruto?—. Hinata
—No—respondí después de unos minutos bajo su atenta y curiosa mirada. Naruto me gustaba y había química con él, pero no era amor, era sexo.
—¿No?
—Esto es solo sexo, además no sé nada de Naruto desde hace cuatro días.
—¿Desde el día de la fiesta?
—Sí.
—¿Sucedió algo que yo deba saber?—inquirió.
—¡Kakashi es el culpable de todo esto!, no debería estar llamando enojado pidiendo explicaciones por lo de las fotos. Si a él no se le hubiese metido en la cabeza que yo debía hacer ese condenado libro, yo nunca hubiese conocido a Naruto, ni me habría visto obligada a hacerle la propuesta.
―Interesante punto: es tu vida privada y debe respetarla. No debería actuar como un padre que ve que su hija se va con el peor de los canallas.
―¡El hombre está loco, Ino!
―¿Kakashi?
―¡Nooo! Naruto está loco, se muestra como un maldito hombre de las cavernas y aparte de todo, viene y me dice que yo... ¡qué yo le importo!
—¡¿Que hizo qué?!—Ino gritó dando un brinco en la cama—. ¡Joder, Hinata!, Junior tiene que quedarse aquí dentro ocho meses más —señaló su vientre—no me des ese tipo de noticias sin anestesia...—ver a mi amiga acariciando su aún completamente plano vientre me hizo sonreír —. Tienes que contármelo todo—sentenció.
Así que le conté todo lo que había ocurrido el sábado en la madrugada, cuando Naruto había soltado esas dos fulminantes palabras.
—¿Se volvió medio loco y te dijo que le importabas?—asentí—, entonces, ¡le importas!—su rostro era dramático, como si le hubiese dicho que el apocalipsis zombi se acercaba, luego su rostro adquirió una expresión sonriente parecía emocionada, de hecho, lo estaba y mucho más que yo; porque, a decir verdad, la declaración de Naruto no me hacía feliz, más bien estaba aterrada.
—Ino, no es para celebrarlo.
—Vale, ya... lo lamento, pero, me parece que te ahogas en un vaso de agua—suspiró—. Digo, tendrías que gustarle, por algo está contigo.
—Él no está conmigo—rebatí.
—Hinata, ¡follan! A uno tiene que gustarle alguien para follárselo, no te dijo que te ama, es verdad, pero... ¿te gusta Doctor Sex?
—Sí—asentí, ya parecía perrito de automóvil.
—Pero, no lo amas.
—No lo amo.
—Lo de ustedes es lujuria, es una atracción muy poderosa y ¡hay que tenerla para poder hacer lo que ustedes hacen! Tú has descubierto que el sexo puede ser muy placentero y eso es lo que te une a él, en cambio, él se ha dado cuenta que le gusta tener sexo contigo.
—¡A él le gusta el sexo con todas!
—Puede ser, pero te aseguro que a ninguna le dice "Me importas"— bateó sus pestañas juguetonamente—. Es un tipo sincero en eso con sus mujeres, las coge y se larga, pero contigo es diferente; tú le importas.
—Podrías dejar de decirlo.
—No, tú le importas, ¿entiendes?
—No.
—No te está diciendo que te ama, solo que se preocupa por ti, como Sai o Kiba.
—¿Tú crees?
—La verdad es que sí lo creo, ¿te ha llamado o algo?
—No.
—¿Ves? No le des más importancia de la que tiene. Mira te lo haré más sencillo: a mí me importa este bolso, pero él y yo no somos nada, ¿me entiendes?
—Sí, claro Ino, tienes una extraña relación con tu bolso.
—¡Tonta!—me lanzó una almohada—. Deja de atormentar tu cabeza y mejor acompáñame a la cita con el ginecólogo, luego tenemos que ir por
Inojin, que está con mi suegrita y si llego sola su perorata de por qué no debo usar tacones a comienzo del embarazo será eterna. ¡Qué no sabe que una mujer sin tacones es una mujer indefensa!
—Ino, yo no uso tacones...
—Si no te conociera de casi toda mi vida, dudaría que eres mujer.
Bufé. Amaba a Ino, ella era mi salvavidas en medio del océano, mi risa en mitad del llanto, la hermana que la vida me había negado cuando más la necesitaba.
—¿Qué pasó con la escuela de Inojin? —pregunté, mientras buscaba unos jeans y un suéter.
—Sai decidió no enviarlo hoy, ayer estuvo resfriado.
—¿Por qué no lo trajiste?
—Mmm... ¿Será porque no contestabas el teléfono? —rodé los ojos mientras entraba al baño a cambiarme, una vez lista salimos de mi departamento dispuestas a disfrutar de una tarde de chicas.
Mi amiga condujo hasta el edificio donde el doctor Sabaku no tenía su consultorio y luego de esperar unos largos minutos, su secretaria nos informó que seríamos atendidas. Como Sai tenía una cita en el juzgado a la misma hora, yo entré para acompañar a la futura madre. Gaara le realizó la ecografía y luego le recetó las vitaminas para el primer trimestre.
Tal como Ino lo había sospechado, tenía seis semanas de gestación. Mientras mi amiga se terminaba de vestir hablé con Gaara sobre mi anticonceptivo nuevo, se ofreció a hacerme una ecografía, pero como ya había confirmado no tener un huésped en mi vientre, me negué, él solamente me renovó la receta. Con el nombre de mi nuevo anticonceptivo me reuní con Ino en la sala de espera.
Media hora después, estábamos comiendo con Inojin en un McDonald's
—Entonces, ¿lo verás hoy? —levanté mi mirada observando a Ino mientras llevaba a su boca una cucharada del famoso helado del local. Su segundo helado, este era de chocolate y tenía sirope de fresas.
—No lo sé, no hemos hablado.
—¿Quieres saber qué pienso? —dijo lamiendo su cuchara.
—Me lo dirás de todos modos, ¿no?
—¡Touché!—ella sonrió—. Yo haría como si nada hubiese pasado. Como te dije, estás dándole mucho rodeo a una simple palabra—su celular sonó y ella contestó rápidamente.
—¿Pasó algo?
—Sai quiere que pase por él, dejó el auto con el mecánico, ¿te dejo en algún lugar?
—Tomaré un taxi
—Ok. ¡Bebé ven aquí!—gritó Ino, haciendo que Inojin llegara a nosotras.
Se despidieron de mí con sendos abrazos de oso y salieron del local, yo esperé un par de minutos más antes de abandonar el lugar, la tarde me pareció linda, no había mucho viento por lo que caminé calle abajo hasta llegar al Parque Chelsea, me senté bajo la sombra de un enorme árbol y me dediqué a disfrutar del paisaje. Dos pequeñas ardillas pasaron corriendo de una rama a otra; tomé aire llenándome con la paz que irradiaba estar en contacto con la naturaleza.
Las cosas buenas de la vida eran gratis.
Pasé mis manos por mis cabellos y me acomodé los lentes; saqué el celular del bolsillo con el propósito de ver lo último que había escrito, luego de la revolución de Menma, Tanahi estaba completamente en shock.
Cómo te entiendo, chica, a mí me dijeron "me importas" y estoy paranoica.
Tomé aire nuevamente antes de empezar a escribir una nota: "cuando un personaje te habla debes hacer todo a un lado e intentar seguirlo", eso me lo había dicho mi viejo profesor de Literatura y cuánta razón tenía en ello.
Un viento fuerte me hizo estremecer. La tarde empezaba a caer, necesitaba hablar con Naruto, definir qué iba a pasar con nuestro acuerdo.
¡Joder! Pensarlo y hacerlo... ¡Mejor no pensarlo y hacerlo! y me levanté en busca de un taxi.
Tomé el primero que pasó por la avenida y le entregué al conductor la dirección de Naruto antes de arrepentirme; de camino a su edificio, dejé mi mente en blanco solo concentrándome en la nota abierta en mi celular mientras tecleaba la reacción de Tanahi.
Cancelé el valor total del servicio al amable señor y me bajé rápidamente del coche; estaba lloviznando por lo que subí los peldaños de dos en dos hasta llegar a las puertas y no pude evitar girarme para ver si veía a alguien. Todo parecía tranquilo, un chico que no había visto antes me abrió las puertas y sonrió.
—Penthouse—susurré y el vigilante asintió dejándome pasar. Mientras iba en el elevador traté de pensar qué le diría cuando él llegara del programa, apenas estaba oscureciendo y sabía que Naruto no estaría en casa hasta pasada la una de la mañana, caminé con pasos inseguros hasta llegar a la puerta del apartamento.
Suspiré y digité el código rápidamente, dejando que la puerta se destrabara y entré. Pensé que me encontraría con el mismo silencio con el que había lidiado estas cuatro semanas, pero no fue así.
Carmen Fantasie de David Garret se escuchaba muy suavemente, y Frey no vino a mi encuentro como todas las noches. Caminé por el pasillo y entré a la habitación de Naruto, su iPod estaba colocado sobre los parlantes portables, de ahí salía la música; me acerqué hasta la cama y me senté al tiempo que escuchaba el agua de la ducha cerrarse, tan solo un momento antes de que Naruto saliera del cuarto de baño con una toalla blanca en su cintura, mientras que con otra, secaba su cabello.
Mis panties se humedecieron inmediatamente, pequeñas gotitas de agua adornaban su cuerpo atlético, estaba descalzo y al parecer no se había afeitado en los días que nos habíamos dejado de ver.
La respiración se me atoró en la garganta, el corazón empezó a latirme furiosamente y el monólogo que había pensado decirle en cuanto lo viera, desapareció con la gota de agua que recorrió su esculpido torso hasta perderse en la toalla.
¡Santo carajo del Olimpo! Que viva Loki y que muera Thor
Mi vientre se contrajo fuertemente cuando él alzó la vista y sus orbes se encontraron con los míos.
—Yo...yo...yo...—genial, ahora era tartamuda.
—Qué bueno que viniste—susurró por lo bajo, colocando la toalla con la que se secaba el cabello en su cuello. Su rostro estaba serio, pero sus ojos... sus ojos hablaban sin pronunciar sonido, tenía grandes círculos púrpura bajo sus ojos, parecía agotado.
—Tenemos una clase—dije levantándome de la cama intentando parecer normal, no la masa gelatinosa que en verdad era, además, necesitaba por todos los medios enfocarme en su rostro y no en los perfectos abdominales, no en lo duro y tonificado que se veían sus pectorales y mucho menos en cómo se sobresaltaba su miembro en la toalla —. Yo...—¡Diablos! ¡Diablos!
—Hinata, lo que dije en tu apart...—trató de justificarse así que apresuré mis pasos hasta llegar frente a él colocando mis dedos en su boca.
—No quiero hablar de ello—respiré fuertemente—. No vale la pena hacerlo, todo es una cuestión de química, somos amantes, lo nuestro es un trato sexual y debe haber química si lo queremos llevar a cabo—hilvané quedamente. Naruto mordisqueó mis dedos y un pequeño gemido salió desde mi pecho, sentí como la pequeña corriente eléctrica que me invadía cuando estaba cerca de él, recorrió todo mi cuerpo haciéndome temblar.
—Entonces...—habló cuando me separé de él, necesitaba poder retomar la idea.
—Naruto, tengo un jean nuevo—él arqueó una ceja—. Un jean que me gusta mucho, si no me gustara como me queda no lo hubiese comprado...— cruzó los brazos sobre su pecho. Yo, la escritora, usaba una metáfora sobre jeans. ¡Grandioso!
Mira su rostro Hinata, arriba... su rostro.
Volví a enfocar todas mis neuronas en su mirada.
—¿Me entiendes Naruto?
—No, pero si tú te entiendes a ti misma...—se encogió de hombros y caminó hacia mí. Su pequeña barba lo hacía lucir demasiado deseable—. Lo único que yo entiendo, es mi loco deseo por poseerte cuando estás cerca de mí, y la verdad es lo único que me importa, además, el hecho de que tú estés aquí frente a mí, me da a entender que no te soy del todo indiferente.
—Es placer, Naruto, no eres tú, es lo que me das...—Naruto volvió a acercarse a mí haciéndome temblar simplemente con su cercanía.
—Y tú me das lo mismo, Dulzura—tomó mi mentón alzándolo para él y delineó mis labios con su pulgar. Por un momento el aroma mentolado de su jabón de baño me aturdió justo el tiempo necesario para que Naruto tomara mi mano con la suya, colocándola sobre su pecho aún húmedo, gemí quedamente al sentir el contacto de nuestras pieles, él guió su mano sobre la mía por todo su pecho y pude ver con satisfacción como su respiración se tornaba pesada. Crispé mis dedos en sus abdominales disfrutando de su suave y dura piel, tenía unos pocos lunares aquí y allá.
Mientras él movía mi mano debajo la suya, no pude evitar recorrerlo descaradamente bajando hasta su cadera antes de que él la levantara y la posara justo sobre su miembro; tragué saliva fuertemente intentando no olvidar que si quería que mis pulmones siguieran funcionando, tenía que respirar.
Subí la mirada enfocándome en el rostro de Naruto, sintiendo la presión sobre la mano que estaba posada sobre su miembro mientras él cerraba los ojos dejando que su cabeza se fuese hacia atrás, lo vi sacar el aire contenido por la boca antes de soltar mi mentón y separarse completamente de mí
—Si tú quieres calibrar esto con el gusto que sientes por tus pantalones nuevos es tu grandísimo problema, pero puedo apostar el tiempo que me queda de vida que si cuelo mis manos por tus bragas te encontraré completamente preparada para mí.
Y no se equivocaba, desafortunadamente.
Entendí que me ahogaba en un pequeño bache y antes de que él dijera algo o se me ocurriera otra metáfora estúpida me colgué en su cuello con mi brazo libre atrayéndolo hacia mi cuerpo y reclamé sus labios por primera vez desde que esta locura había comenzado.
Las manos de Naruto se afianzaron a la piel de mis caderas, mientras me besaba casi con la misma intensidad que yo a él; su barba raspaba mi mentón haciéndome sisear quedamente, no sabía qué demonios era lo que me estaba pasando, pero no quería averiguarlo tampoco... solo sabía que lo necesitaba. Era algo más fuerte que yo, algo que temía pero que dejaría pasar hasta donde tuviese que llegar. Quería disfrutar tenerlo sobre mi cuerpo, sentir el calor de su piel aferrada a la mía.
Vive la vida loca, nena.
Tomé el cabello de su nuca desatando la toalla con la que él cubría su virilidad, dejando que mi mano disfrutara del contacto piel contra piel, con valentía, mi lengua pidió permiso para entrar a su boca, un permiso que no fue concedido, apreté su miembro deslizando mi mano de arriba abajo en su eje.
Naruto siseó y fue mi momento de someter su lengua a mi voluntad; por unos minutos lo logré, pero él era el maestro y fácilmente me venció. Sus manos se aferraron a mi trasero apretándolo y haciendo que nuestros cuerpos estuviesen aún más juntos, su miembro se volvió de piedra volcánica, duro y caliente ante mi tacto, rompí nuestro frenético beso mirándolo unos segundos antes de caer de rodillas frente a él.
—Hinata...
Inspiré profundamente observando su virilidad aún en mi mano, él había sido el primer hombre en mi vida, si de sexualidad hablamos, no tenía experiencia en el arte del sexo oral, además estaba un poco intimidada ante su tamaño y Naruto estaba estático, si no fuese por su forzada respiración diría que había muerto.
Es ahora o nunca Hinata... Vas a comerte su polla y lo harás como una maestra, oh Dios trágame tierra y escúpeme en Timbuktú.
Acaricié su miembro con mis dos manos antes de acercar mis labios a su glande dejando que desapareciera dentro de mi boca, cerré mis labios entorno a su eje y succioné.
—¡Maldición!—Naruto agarró mi cabello envolviendo una de sus manos en él— Poco a poco, Dulzura, poco a ¡Mierda!—me introduje un poco más y dejé que mi lengua delineara el contorno grueso de su polla. Podía con eso, ¡oh sí que podía! tomé aire por la nariz e introduje todo lo que podía abarcar de él, las arcadas hicieron su aparición y sentí la bilis subir por mi garganta.
—Hinata...—inspiré profundamente volviéndolo a intentar, pero las malditas arcadas volvieron—¡Espera!—Naruto sostuvo mi cabello—hazlo hacia un lado, no de frente, eso evitara las arcadas.
No me daría por vencida... abarqué todo lo que pude succionando con la precisión exacta para hacerlo jadear, deslizándolo fuera y acariciándolo con mi mano. Naruto gimió en voz baja, sus piernas temblaron cuando succioné nuevamente mientras lo sacaba de mi boca dejando que mi lengua se contorneara sobre su falo erecto.
Me llevó poco tiempo coordinar los movimientos de mi mano con cada succión, Naruto no intentó forzarme, pero sabía que estaba tomando todo de si no poder embestir contra mi boca, lamí, succioné y dejé que mis dientes rastrillaran un poco su piel escuchando jadeos, maldiciones y gemidos guturales. Pasé mi lengua por su eje dejando que la gota salada que salía de su uretra inundara mi paladar, iba a llevármelo de nuevo a la boca, pero él me detuvo.
—¡Vas a matarme!—soltó mi cabello y tomó mis mejillas, se arrodilló frente a mi machacándome los labios con besos fieros y demandantes; deslizó sus labios por mi cuello succionando mi piel, sentía mi cuerpo pesado y luchaba con el frenético latir de mi corazón.
Naruto tomó mi cintura levantándonos del suelo antes de volver a mis labios, sometiéndome, dejando que sus labios absorbiesen los míos hasta que el cuerpo nos reclamó por aire. Descansó su frente en la mía y respiré profundamente antes de separarme completamente de él, caminó hasta su clóset y sacó de ahí una de las bolsas del Sex Shop, volvió hacia mí y me la entregó.
—Entra a la ducha, relájate, toma un baño y usa este gel para el cuerpo, luego reúnete conmigo en el templo—murmuró con voz gutural—. ¡Obedece!, estoy tan malditamente duro que creo que puedo cortar vidrio. Necesito relajarme y solo estás tentándome—podía ver su pecho subir y bajar apresuradamente mientras se controlaba, sus manos ahora eran dos puños cerrados fuertemente, él estaba huyendo de mí, de mi cuerpo, de mi mirada ¡Se sentía genial!—. ¡Joder, ¿qué haces que no entras al baño?!
Apreté la bolsa contra mi cuerpo y caminé hasta el cuarto de baño.
—Tengo que preguntarte algo—murmuré en la entrada de su fabuloso baño, Naruto abrió sus ojos enfocándose en mi rostro—: si yo no hubiese venido...
—¡Hubiese ido por ti!, solo te daba unos días para que aclararas tu cabeza, pero mi paciencia ya estaba en el límite. Eres mía Hinata, hasta el último día de nuestro trato, ahora entra al jodido baño y haz lo que te ordené. —Dijo sardónico antes de quemarme con su intensa mirada azul—Cuando salgas ve directamente al templo.
Cerré la puerta del baño, mis pezones dolían y mi entrepierna estaba completamente mojada, sin embargo, algo dentro de mí, quizá mi autoestima, se levantaba victoriosa. Yo le había dado sexo oral, yo me había comido su polla y lo había llevado al borde del abismo, si me hubiese dado un par de segundos más lo hubiese hecho lanzarse.
Orgullosa de mí misma me quité las zapatillas y me despojé de la franela y los vaqueros. Abrí la ducha de hidromasaje y me coloqué debajo de los chorros dejando que el agua tibia se llevara toda la tensión que mi cuerpo había adquirido con mi proeza, pegué el cuerpo a la cerámica del baño y cerré los ojos, satisfecha con mi victoria, en cuanto. a mi gusto con el cabrón más grande del planeta, solo necesitaba seguir como hasta ahora y terminar este decálogo tan dignamente como lo había comenzado y la única forma era no dejar que Naruto Uzumaki siguiera atravesando mis barreras.
Con esa resolución tomé la bolsa, saqué el frasco de gel para el cuerpo, destapándolo y dejándolo caer en mis manos; olía a caramelo, dulce y delicioso. Tomé la esponja dejando caer una pequeña porción sobre ella antes de tallar mi piel suavemente, me dedique a mí, y demoré mi tiempo antes de salir de la ducha; cerré la llave y envolví mi cuerpo con una toalla para salir de la habitación.
Sobre la cama había una caja negra decorada finamente con un lazo rosa y sobre ella unos impresionantes zapatos Louis Vuitton en color negro, gracias a Ino podía reconocerlos con solo mirarlos. Los tomé dejándolos en la cama y quité el lazo destapando la caja negra.
Oh, por Dios fue todo lo que pude pensar cuando saqué la delicada lencería que había dentro.
Tomé todo el aire que mis pulmones me permitieron al llegar a la entrada al santuario; me sentía extraña, incluso aún más extraña que cuando me hizo colocar lencería unas clases atrás. Miré mi reflejo de arriba abajo y viceversa en las puertas de vidrio que comunicaban con la sala.
Los zapatos los había dominado prácticamente al ponérmelos, no era la más experta en cuanto a zapatos altos pero me defendía bastante bien una vez que estaba segura con ellos y con mi atuendo—medias negras de seda que tenían un delicado encaje de color fucsia en el borde, una minúscula panty del mismo color del encaje, sostén a juego y para complementar el atuendo, una pequeña bata en seda negra que solo cubría hasta mi trasero—me sentía sexy, había atado mi cabello en una cola baja y pintado mis labios de rosa encendido.
Se suponía que después de mi espectacular mamada iba a estar empoderada en mi papel de mujer fatal, pero, mis manos sudaban como si estuviese metida en un sauna y sentía que en cualquier momento el corazón me saldría huyendo por la boca.
No seas cobarde, me susurré a mí misma colocando mi mano en la perilla de la puerta y empujándola levemente.
Naruto estaba ahí, tenía puestos unos pantalones de yoga negros y estaba descalzo, las dos serpientes tatuadas en su piel mandaron lo poco que me quedaba de seguridad a un tacho de la basura, solo con verlas me hicieron sentir cohibida y pequeña. Se giró completamente cuando escuchó el click que cerraba la puerta.
La lujuria en sus ojos hizo que mi desviada seguridad volviese con fuerza. Me recosté en la puerta dejando que su mirada hambrienta me recorriera como si estuviese desnuda, Casi pude sentir el ardor de sus ojos grabando la palabra "mía" a fuego lento. Contuve la respiración unos segundos buscando la manera de detener el frenético latido de mi corazón, pero, él no ayudaba.
Caminó, con su andar de leopardo que busca a su presa hasta una mesa que no se encontraba ahí la última vez que estuve aquí, tomó una botella, vertió su contenido en dos copas y se dirigió hacia mí lentamente.
La bestia encontró una presa a quien atacar. Mis ojos estaban trabados en su andar feroz y masculino, ¡santo carajo!, estaba más allá que acá; lo sabía y tenía miedo, mucho miedo, pero Naruto no tenía por qué saberlo.
Mientras yo no dejase notar el real efecto que él causaba en mí, estaba a salvo. Lo nuestro era un acuerdo sexual, el pacto era muy claro.
—Tengo una nueva palabra para ti: Sundara—susurró, tendiéndome la copa burbujeante al tiempo que con su mano libre tiraba de la goma que sujetaba mis cabellos desordenando mi coleta.
—¿Sundara?
—Es hindi, significa "hermosa".
—"Dulzura", "Sundara" vaya que original
Ignoró mi comentario y con su dedo alzó mi mentón dejando que nuestros ojos se encontraran.
—Ha pasado poco más de un mes desde el día que firmamos el decálogo que indica que yo soy tu instructor en los placeres del sexo— tragué saliva al ver la determinación en su mirada—.En este tiempo, me he dedicado completamente a ti, a que te descubras —tomó un poco de su copa y luego, con su lengua humedeció sus labios en un gesto provocado.
» Pero en este nuevo mes, tus clases serán para mi placer, aunque no por eso descuidaré el tuyo—atrapó mi labio con sus dedos antes de acercar su cara a la mía exhalando suavemente sobre mí, sus labios a centímetros de los míos, sus ojos trancados en mi mirada dándome una sonrisa coqueta antes de separarse.
—Necesitas saber cómo tocar a un hombre, cómo hacer para que se sienta bien.
Temblé.
―¡Oh, claro! Necesito saber eso para que mi libro sea un éxito. ―Tartamudeé.
―Bebe de tu copa, te ayudará con los nervios, voy a exigir hasta lo último de ti, no podrás negarte porque me lo debes—sentenció acomodándose detrás de mí.
Tomé mi copa de un solo tirón al sentir su presencia en mi espalda.
―Eres el maestro; tú enseñas y yo aprendo.
—Observa a tu alrededor nena, tu placer y el mío, recuerda que de eso se trata.
Observé la habitación. Como en alguna otra vez, estaba tenuemente iluminada; Naruto me quitó la copa sonriendo ladinamente al notarla vacía, caminó hasta donde estaban los parlantes portables del iPod y encendió el aparato colocando música instrumental suave lo que hizo que mi cuerpo se relajara considerablemente.
La habitación olía a vainilla y a canela, el suelo acolchado donde practicaba esgrima estaba cubierto por un edredón color plata y con varios cojines, muchos de ellos provenían de su habitación. En una mesa baja había bandejas con frutos del bosque, nueces y almendras.
Respiré profundamente cuando Naruto se acercó a mí y me tendió su mano.
—Ven...—su voz era susurrante.
Estiré mi mano y sus dedos me apretaron fuertemente atrayéndome a su cuerpo, sentí que una ola de sensaciones me asaltaban.
―Voy.
—Hoy, tú y yo experimentaremos una sesión de sexo tántrico.
―¿Por qué me parece que será una larga y aburrida noche? —ironicé para que no viera mi evidente nerviosismo.
Él me observó regalándome una sonrisa cínica, desde que entré a su templo me había portado como una idiota, pero él con su aire superior, había ignorado todos mis dardos.
—Debo imaginar que nunca antes habías realizado una felación.
Sentí mi rostro colorearse brevemente; yo, dándome de superada en el sexo y él, con una sola frase, me derrotaba.
―¡Así era yo, virgen por todos lados hasta que te conocí!
El muy maldito, sonrió satisfecho.
—Sin mi disciplina tántrica me hubiese venido en tu boca—su lengua delineó el contorno de su labio inferior. Mi mirada se desvió al movimiento sensual de su boca y no pude evitar morder el mío, la sensación de deseo me llegó con fuerza nunca antes sentida.
Hinata, alumna aplicada...
Negué con la cabeza y cerré los ojos, cuando los abrí, el calor de su mirada me traspasó completamente, había algo diferente en él, pero me obligué a no pensar en ello.
Naruto tomó mi mano libre hasta llevarme al edredón, se acercó a mí lentamente, acariciando mis párpados, mis mejillas y finalmente mis labios con los suyos en un roce lento, sus manos se afianzaron en mi cintura acariciando mi piel cubierta por la seda hasta tomar las cintas de la bata soltándolas con parsimonia. Presioné mis labios contra los de él, queriendo aumentar la velocidad del beso, pero fue imposible, Naruto se separó de mí negando con su cabeza.
—Despacio, no hay que apurar la larga y aburrida noche. —Maldito cretino.
—Muy bien, despacio, soy alumna aplicada y obediente. ...
―¡Tócame!—tomó una de mis manos, anudó nuestros dedos y la dejó sobre su pectoral izquierdo—. Comienza por el rostro.
Llevé mi mano hasta su cara y acaricié con mi palma su mejilla, sintiendo su barba bajo mi tacto. Naruto exhaló guturalmente cuando toqué su piel lentamente, viendo como su pecho subía y bajaba ante esa pequeña caricia, mis dedos palparon su piel hasta enredarse en su cabello; un gemido se atoró en mi garganta cuando Naruto me empujó hacia él y capturó mis labios nuevamente.
¡Por el ojo chueco de Odín!
Deslizó su lengua en mi boca y envolvió la mía suavemente haciéndome estremecer, pero aun así su ritmo era lento. Gracias a los zapatos, él y yo teníamos la misma altura, enredé mis manos mucho más en su cabello, tirándolo levemente, la frescura de nuestras salivas y el ritmo pausado, me hacía sospechar que lo de esta noche iba a ser agotador.
Su mano descendió suavemente por mi cuello hasta el valle de mis pechos, abriendo la bata y tocando mi piel desnuda, sentí la otra mano de Naruto en mi mentón subiéndolo hasta que sus ojos volvieron a quedar trancados con los míos.
—¡Tócame, Hinata!—exclamó, dejando caer el bata por mis hombros. Sentir la tela deslizándose por mis brazos dejándome desnuda frente a él, hizo que mi piel se erizara completamente haciendo que mis pezones lo señalaran completamente erectos.
―¿Así?—bajé mis manos por su rostro haciendo lo mismo que él había hecho conmigo, acaricié su pecho y su pezón haciéndolo sisear un poco y luego seguí mi camino suavemente, a la vez que se arrodillaba y me obligaba a hacer lo mismo
—Escucha la música Hinata, disfruta de ella, olvídate de todo lo que te preocupa y quédate aquí donde estamos solos tú y yo...
Sus palabras, su toque suave y letal a la vez, me hacían sentir en llamas. Ráfagas de deseo cubrían mi cuerpo y corrían por mi torrente sanguíneo a una velocidad alarmante.
—¡Mírame! —Obedecí rápidamente—, ¡abre la boca!
¿En qué momento había tomado la fresa?
La introdujo lentamente en mi boca y mordí la fruta sintiendo como el dulce almíbar se derramaba por la comisura de mi labio, iba a sacar mi lengua para limpiarlo cuando Naruto me detuvo.
—Déjame a mí.
Sentir su lengua lamiendo el jugo de fresa hizo que mi cuerpo se tensara, respiré y él se separó, sacando de la cubitera del suelo la botella de champaña y volvió a servir las copas.
—Quiero que hagas lo mismo.
Tomé unos arándanos azules y se los ofrecí, Naruto mordisqueó mis dedos cuando estos hicieron contacto con su boca haciéndome saltar, el ya conocido nudo del deseo alojado entre mis piernas se apretó aún más cuando su mano atrapó la mía y se dedicó a absorber el zumo que quedó en mis dedos; mi cuerpo era una bomba anunciando explosión en cualquier momento.
Él me alimentó y yo lo alimenté, ambos bebimos de nuestras copas y volvimos a alimentarnos, esto era tan distinto a lo que ya conocía que me encontraba completamente abrumada, necesitaba liberarme, necesitaba escapar de la tortura, pero al parecer Naruto tenía otros planes.
—Quiero que me frotes con esto.
Me mostró un frasco pequeño con una etiqueta que decía Jengibre, vació un poco del contenido en la palma de mi mano yo las froté, calentando el aceite; Naruto sonrió, con un gesto que interpreté como sexual y coqueto.
—Sé cómo hacer un masaje, doctor Uzumaki.
—No he dicho nada―la sonrisa y la mirada ahora eran pícaras―pero muero por probar esa faceta tuya de masajista.
Coloqué mis manos en sus hombros acercándome más a él y las deslicé por sus fuertes brazos, maravillada por la dureza de sus músculos, a pesar de sus oscuros y holgados pantalones, su erección se apreciaba como una roca, su pecho subía y bajaba, pero él seguía mirando mi rostro. ―¿Y?
—Muy bien, nena, sigue así.
—Te estoy excitando. ―Fue la constatación de un hecho, sin embargo, me respondió como si le hubiese preguntado.
—Me quemaría en el infierno si te dijera que no.
Tomé un poco más de aceite y deslicé mis manos por sus fuertes pectorales, tomándome por primera vez el tiempo necesario para tocarlo suavemente, deslizando mis palmas en su bronceada piel.
—Voltéate—susurré y él negó.
—Así está bien.
—¡Hazlo! —ordené y lo vi sonreír antes de obedecerme.
Tomé el frasco dejando que el aceite cayese sobre su espalda y luego, fueron mis manos las que se pasearon sobre las dos poderosas cobras llegando hasta su espalda baja y volviendo a subir, masajeando su nuca con las yemas de mis dedos, dejándolo con el aroma picante y cítrico de la esencia.
No sabía cuánto tiempo llevaba masajeando su espalda, pero me gustaba; me gustaba darle algo tan sencillo como un masaje para que él lo disfrutara; con una sonrisa presumida en mi cara me giré para quedar nuevamente frente a él, pero, en un rápido movimiento, Naruto tomó mis manos besando mi muñeca justo del lado donde latía el pulso, el contacto de sus labios con mis venas hizo que mi corazón se saltara un par de latidos y mi cara cambió de presumida a admiradora.
¡Tonta, Hinata! Por algo él es el maestro.
—Naruto... —suspiré.
Continuará...
