Quédate: Parte Dos


Capítulo 1: Parte dos


Su mano jaló mi rostro cerca de él y tomó mi labio inferior tirándolo lentamente.

Esto era una maldita tortura.

—Recuéstate, es mi turno.

Asentí y me dejé caer sobre los cojines, Naruto tomó mis piernas flexionándolas hasta tomar mis tobillos y comenzó a quitarme los zapatos —Algún día te follaré con estos zapatos puestos.

—¿Un fetiche?

—Uno universal linda.

Luego, desató las cintas del liguero que sostenían las medias y las deslizó por mis piernas hasta dejarlas desnudas.

—¿Cuál es el fin de vestirme tanto?

—¿Desnudarte?— sus fuertes manos acariciaron desde mi muslo hasta mi pantorrilla antes de tomar una nueva botella y dejar que un chorro del gel cayese en sus manos, olía a rosas.

Tomó mis tobillos masajeando ascendentemente hasta llegar a mi rodilla y luego a mis muslos, agradecía mentalmente estar recostada, ya que sentía mis piernas de gelatina; Naruto se inclinó sobre mí con cuidado, levantándome de los almohadones para continuar con su masaje en mi espalda; movimientos largos, circulares subiendo por mi columna vertebral y luego bajando hasta llegar a mis caderas.

Podía sentir mi piel erizada debido a su toque.

Me giró completamente y colocó la botella de aceite de jengibre en mis manos, entendí lo que él quería mientras se levantaba dejándome arrodillada frente a él, tomé la cinturilla de su pantalón y tragué saliva mientras lo hacía descender encontrándome con su miembro, grueso, largo y completamente erecto para mí. Relamí mis labios al encontrarlos secos y embetuné sus piernas con aceite hasta que mi mirada quedó justamente en frente de su miembro.

—Tócame, nena, ya sabes que no muerde—dijo en tono burlón ¡Maldito engreído!

Puse mi mano en torno a su miembro, estaba duro como una piedra, pero era suave al tacto, podía sentir las venas sobresalientes. Mi mano estaba resbaladiza por el aceite, noté que Naruto estaba completamente circuncidado, algo que no había notado en un primer momento.

¿Razones médicas o religiosas?

—Cosas de juventud, fue en India—dijo con voz divertida, pero con el toque ronco y sensual que usaba en el programa—. Solo haz lo que hiciste antes.

Apreté mi agarre un poco más logrando que una maldición saltara de sus labios, me sentí nuevamente poderosa.

Comencé acariciándolo de arriba abajo, logrando que me dijera palabras en cortos susurros; para cuando me detuve mi respiración y la de él eran aceleradas y potentes, su glande estaba rojo y una gota de líquido pre seminal brotó de su prepucio.

El corazón me latía en las orejas...

No pienses, solo hazlo ¡quieres hacerlo!, ¡vamos, demuéstrale que no eres una mojigata!, que lo de hace un momento no fue por impulso.

—No voy a enojarme si lo haces de nuevo —murmuró expectante, con la misma sonrisa pretenciosa que había tenido desde mi llegada.

Antes de que insistiera en su pedido, pasé mi lengua por la punta de su eje. Murmuró por lo bajo algo que no logré entender y su cuerpo entero se tensó cuando repetí la acción.

En esto se resumía el poder sexual, en ese mismo momento, estábamos completamente desnudos y tan solo nos habíamos tocado; sin embargo, sentía mi entrepierna lista para recibirlo.

Dejé que mi lengua se enroscara en su falo antes de meterlo dentro de mi boca un poco más profundo que la primera vez, las arcadas hicieron su aparición nuevamente al tenerlo completamente dentro de mi boca.

—Oye...—tocó mi frente con suavidad—un paso a la vez, ¿por qué no empiezas por el glande y luego haces lo que te sugerí en la habitación?

Me dediqué a chupar, succionar y lamer su ya muy roja punta, cuando iba introducirlo nuevamente en mi boca, él se separó.

—Por hoy es suficiente, nena. —se arrodilló frente a mí acariciando mi mejilla con el dorso mano—Quiero tocarte y acariciarte por todas partes, te prometo que después podemos hacerlo de nuevo, él no se irá de aquí— pretendió hacer un chiste, pero el tono de su voz fue engreído, sentí la flama de la ira encenderse en mi cuerpo y me alejé de su toque.

—Hinata...

—¿Te divierte esto, no?—reclamé, enojada.

—No—su negativa fue débil.

—¡Claro que sí! Te divierte que sea una mojigata en el sexo.

—No, Dulzura—se acercó tomando mi rostro con sus pulgares—tu falta de experiencia es para mí un estímulo, me gusta que intentes esto conmigo, pero como te expliqué tenemos todo un mes para que aprendas de mi mano.

—Tu pedagogía es sospechosa, pero ¡en fin!... se supone que tú eres "el maestro" —hice el gesto odioso de las comillas con mis dedos solo para ridiculizar más la situación.

Su sonrisa de "con mi generosidad y sapiencia dejarás de serlo, nena" me enfureció más todavía, pero no permití que se me notara.

Ignorante y patética ¡jamás!

—Ahora, quiero enseñarte el poder de las caricias, Hinata; de eso se trata el Tantra, de descubrir el placer de tocar, de la intimidad que se puede conseguir sin necesidad del orgasmo.

Se sentó con las piernas abiertas, las rodillas pegadas al edredón y los talones uno frente al otro. Iba a comentar algo sarcástico, pero, me mordí la lengua.

—¿Me lo permites, Hinata? ¿Te entregarás a mí sin pensar en lo culminante del acto?

Dejé de pelearme conmigo y asentí. Él tendió su mano.

—Siéntate sobre mí, linda; envuelve tus piernas alrededor de mi cintura.

Lo hice, pero mi mirada estaba enfocada en su miembro totalmente erecto.

—¿Qué hago con eso?

—Olvídalo por un momento, somos solo tú y yo.

¡Claro, como si fuera tan fácil olvidar semejante espada!

—Lo que usted diga, maestro.

—¡Tus ojos en mi rostro!, no tientes mi autocontrol o acabarás sobre tu espalda conmigo ensartado profundamente en tu interior.

—¡Wow!— sí, eso era justo lo que quería.

—Puedo estar erecto por largos períodos de tiempo, así que no desaparecerá.

Engreído.

Sus manos trazaron contornos en mi espalda, podía sentir los pliegues de mi sexo abrirse y quedar justo sobre su miembro.

—Caliente, húmeda, y tremendamente sensual. Bésame y luego, haz lo mismo que yo hago—uní mis labios a los suyos fuertemente, pero él bajó la velocidad drásticamente, dejándonos en un mero roce.

¡Joder!, necesitaba sentirlo fuerte y salvaje, no como si fuese una costosa porcelana, moví mis caderas en torno a su miembro.

—No, Hinata...—dijo sin separar sus labios de los míos. Besó mi mentón y descendió por mi cuello; recordé que me había dicho que hiciera lo mismo, así que mientras él besaba y lamía mi hombro yo pasaba mi lengua, disfrutándolo e inhalando el exquisito aroma cítrico esparcido en su piel.

Naruto y jengibre, ¡mejor que cualquier galletita de Navidad!

A pesar de no ser lo que deseaba, no podía negar lo evidente: La experiencia era placentera a tal punto, que podía sentir mi entrepierna humedecerse cada vez más.

Naruto pasó una mano por mi cintura y me recostó sobre los cojines antes de tomar mis labios levemente, mis piernas se desataron del amarre a sus caderas mientras él se separaba de mí colocándose a mi lado sin dejar de besarme. Podía escuchar su respiración entrecortada, sentía sus manos trazando patrones imaginarios por mi piel apretando suavemente uno de mis pechos y luego el otro, dejando que la palma caliente de su mano se cerniera sobre mi pezón adolorido por la falta de caricias, duro como una roca.

Expectante, gemí un par de veces arqueando mi espalda, buscando más contacto íntimo entre nuestros genitales, deseando que se dejara de juegos y por fin entrara en mi interior, pero él parecía llevar su tiempo sin prisas; tenía los ojos cerrados pero podía escuchar el crujir de los troncos que se quemaban en la pequeña chimenea; el calor recorriendo mi cuerpo, los sentidos a flor de piel mientras su mano vagaba por mi vientre, serpenteando por mi piel hasta alcanzar los labios humedecidos de mi sexo, acariciando de arriba abajo suavemente.

Mi cuerpo empezó a convulsionar bajo su ligero toque y me aferré fuertemente al edredón; acarició la piel de mi clítoris, haciendo pequeños círculos alrededor de éste, movimientos suaves y pausados que me estaban enloqueciendo; despegó sus labios de los míos bajando lentamente por mi mentón y cuello dejando un rastro húmedo por donde su labios o lengua pasaran, sin dejar de mover sus manos.

—Naruto—susurré ahogadamente—, Naruto...

—Eres un delicioso y muy exclusivo caramelo, Dulzura—lamió suavemente mis pezones antes de seguir descendiendo hasta llegar a mi intimidad.

Separó aún más mis piernas hasta abrirme completamente para él; tenía la respiración atorada en mi garganta y, cuando deslizó su lengua sobre mi ya muy estimulado clítoris pensé que podía morir allí, pero fue sentir el pequeño rastro de su barba lo que hizo que mi cuerpo entero se arqueara separándome del edredón, mis manos se aferraron a su pelo mientras su lengua serpentina invadía mi intimidad dando pequeños mordiscos sobre mi punto de carne. Gemí, jadeé y en algún momento, creí escucharme suplicar. Naruto tanteó con sus dedos mi entrada y sentí como introducía algo... Temblé cuando noté el frío contraste con mi caliente interior.

—Naruto...

—Sttss...—susurró mientras sentía el hielo derretirse, fuego y calor.

Él y yo.

Antes de que pudiese crear una palabra coherente, él enterró su cabeza entre mis piernas, primero, dejando que su mentón barbudo siguiese con el torturador juego de acariciar mi sexo y luego, lamiendo con más ahínco mientras yo sentía mi voluntad escapando por los poros de mi piel.

Separó aún más mis pliegues, dejando que su lengua se deslizara por mi hendidura justo antes de sentir cómo su dedo forrado por una de las pequeñas fundas que había usado yo misma hacía algún tiempo, se internaba bombeando en mí; dentro y fuera sin dejar de lamer mi clítoris.

La cantidad de sensaciones ya conocidas gracias a él se aglomeraron en mi vientre bajo formando un apretado nudo, me arqueé nuevamente, pegando mi pelvis más a su rostro, su lengua revoleteando mi punto de placer, su dedo trabajando en mi interior apoyado en los pequeños puntos resaltados de la funda. Mi cuerpo entero preparado para convulsionar.

Dios... Dios voy a morir, ten piedad de mí...

—¡No!—una orden, clara y concisa—. No te corras Hinata, enfócate en sentir y no en llegar—murmuró a centímetros de mi sexo.

¡Santo Joder! ¡Cómo si fuese tan fácil!

Sacó su dedo de mi interior y gemí de pura frustración, abriendo mis ojos y taladrándolo con la mirada.

Naruto volvió a la posición en la que estaba sentado.

—Siéntate sobre mí, Hinata, como estábamos antes. Tienes que relajarte y respirar.

—Estoy jodidamente frustrada, lo que tengo que hacer es correrme— musité enojada, pero sentándome como estaba anteriormente, enredando mis piernas en él.

—Esta posición se llama Yab Yum. ¿Puedes sentir mi corazón latir, Hinata? —En efecto, lo sentía latir, tan rápido y desbocado como el mío, cuando me pegué a él pude sentirlo sacudirse y eso me hizo sonreír—. Inhala, Hinata—murmuró inhalando profundamente sobre mi hombro. Imité su gesto e inhalé su aroma mentolado junto con el chocolate que acababa de untarle—. Piensa en algo no relacionado con sexo.

—¿¡Me estás jodiendo, verdad!?—dije hastiada.

—No, Hinata. Aún no...

—Si sigues con tu jodida burla, me iré.

—Vamos, Dulzura, piensa en algo que no sea sexual.

—Como si fuese fácil. Tengo el sable de Dark Vader justo golpeteando en mi ombligo—murmuré entre dientes.

—¡Inténtalo!

Aunque trató de no burlarse, su voz tenía ese tonito fastidioso y burlón que odiaba en él. Respiré profundamente y traté de concentrarme.

—Hanabi en la bicicleta de ejercicios con un sándwich de jamón, queso, orégano y tomate en su mano.

—Eso es, nena, nada sexual,—acarició mis brazos— ¿sientes cómo la tensión abandona tu cuerpo, ¿cómo tus músculos se relajan?

—Sí.

—Une tu frente a la mía.

Estaba harta, ¿Podría matarlo y alegar algún tipo de demencia? Quizá el juez me crea si le digo que el hombre estuvo torturándome por horas mientras me negaba un orgasmo.

De cierto modo era un tipo de estrés ¿Existiría el estrés causado por falta de orgasmos?

Hinata modo cachonda

—¡Hinata, mujer!, necesito toda tu concentración aquí ¿entiendes? —pestañeé y asentí—. Voy a exhalar y tú aprovecharas para inhalar.

Juntamos nuestras frentes y mientras él votaba aire de su nariz, yo lo recibía, hicimos esto durante unos minutos luego de los cuales, inexplicablemente, sí estaba relajada

—¡Funciona!

—El sexo es para soltar energías, no para llenar más el cuerpo con ellas, es para disfrutar la compañía de otro, no para llevarlo a un frenesí sin rumbo—su mano acarició el contorno de mi cuerpo mientras seguíamos repitiendo el último paso dado por él.

Lo sentí tocar mis costillas y mis caderas, miles de espasmos me azotaron justo antes de sentirlo acariciar los labios de mi sexo nuevamente; salté un poco, separando nuestras frentes, pero Naruto volvió a unirlas colocando su mano en la parte de atrás de mi cabeza—. No, debes relajarte—su mano acarició mi nuca con lentitud mientras los dedos de su otra mano se movían con maestría sin entrar a mi interior. Dejó de jugar para colocar la mano en mi vientre bajo—. ¿Sientes el cúmulo de energía?

—Sí, lo siento, desde antes que me dejaras a medias—expresé molesta.

Una vez más, sonrió e ignoró mi comentario, siguió acariciando y cubriendo mi sexo con su mano y luego volviendo a subir

—Naruto, por favor...—rogué—¡Demonios, te necesito dentro!, si quieres después podemos jugar a tocarme hasta la muerte, pero ahora necesito que me hagas el amor.

Ni siquiera fui consciente de mis palabras, solo de la necesidad que me embargaba en ese momento.

—Levántate sin separar nuestras frentes, ¡levántate!, toma mi miembro e introdúcelo en tu interior.

Me levanté sin separar nuestras frentes, inhalando su respiración y dejando que la cabeza de su miembro se deslizara entre mis labios vaginales, haciéndolo sisear quedamente. Lo coloqué en la entrada a mi cuerpo y descendí suavemente por él hasta sentir cómo mis paredes se ensanchaban para recibirlo; sentía el placer elevándose como si fuesen grandes olas en medio del mar, calentando cada parte de mi cuerpo y haciéndome gemir entrecortado.

Cuando por fin me adapté a él, siguió con sus órdenes.

—No te muevas, no aún—dijo de manera ronca—. ¿Sientes esto?—Su aliento era caliente y urgente sobre mi rostro—. ¿Sientes el calor entrando a cada rincón de tu cuerpo?

—Sí.

—Eres tan suave...—balbuceó con voz gutural—. ¡Oh, maldición, Hinata!—murmuró cuando mi cuerpo se apretó en torno a él, no nos habíamos movido, mi frente continuaba pegada a la suya mientras yo inhalaba lo que él exhalaba—. Vas a llevarme directo al infierno—y eso intenté, pero él agarró mis caderas y me inmovilizó—. No lo hagas, no busques el orgasmo Hinata, déjalo que llegue.

—Naruto, por favor—separé nuestras frentes besándolo ligeramente— ¡Por favor!

—Céntrate en disfrutar.

—¡Quiero correrme!—contraje mis músculos vaginales haciéndolo sisear.

—¡Por el amor a Buda, Hinata, no hagas eso!

Pero hice todo lo contrario, obligué a mis músculos a apretarse más en torno a él.

—Las revistas—habló con voz pesada—... los artículos, ¿los leíste?

—Naruto... no quiero hablar de eso ahora, ¡quiero un maldito orgasmo! —grité apartándolo más.

—¡Maldita sea!—siseó entre dientes—. Quieta... disfruta de lo que te estoy dando.

—Pues lo que me has dado hasta ahora no me gusta, ¡Quiero más!— intenté moverme, pero su brazo rodeando mi cintura y manteniéndome pegada a él, no lo hacían posible—. ¿Me vas a decir que disfrutas esto antes que gemir y gritar como un maldito Neanderthal?

—Es gratificante...

Nuestros cuerpos estaban cubiertos de sudor, incluso podía sentir su miembro crecer dentro de mí.

—Para mí sería gratificante poder llegar, sentir más placer del que estoy sintiendo ahora—moví mi cadera hacia un lado y a otro. ¡Dulce Santa Claus!... necesitaba liberarme, quería hacerlo y quería que él lo hiciera. El placer empezó a recorrer mi cuerpo cuando su miembro acarició mi interior levemente.

—Ohm...

—¡Santo Joder!—mi voz fue entrecortada y susurrante.

—Muévete ahora nena, despacio y suave—hice lo que me pidió extremadamente lento.

Soltó una serie de palabras en otro idioma antes de musitar un "a la mierda". Sus manos subieron por mis caderas y luego me bajaron con fuerza haciendo que su miembro se estrellara en mi interior; grité mientras sentía la maravillosa sensación expandirse en mi interior, llevándome cada vez más alto antes de explotar.

Era como un rayo de placer que corría por mi columna vertebral. Creí que me desmayaría.

Creo que lo hice.

.

.

—Entonces, ¿no te importa que estemos en las revistas?—dijo Naruto, metiendo un pedazo de queso amarillo en mi boca. Esa noche había perdido la cuenta de cuantos orgasmos había alcanzado.

Intentaba retener las sensaciones en mi cuerpo.

Lo sentí llegar en nuestro último encuentro y después de un par de minutos en silencio se separó de mí y descubrió las bandejas en la mesa baja, y me la ofreció, tenía trozos de carnes frías y quesos cortados en finos cuadros.

—Pues, Ino, Sai y Hanabi ya lo saben.

—Kiba.

No quise decirle que no había hablado con Kiba desde el encuentro en el departamento, por lo que me encogí de hombros y le metí un trozo de pavo ahumado en la boca.

—Supongo que a ti sí te afectará. Digo, tienes a todas esas mujeres locas por ti.

—No están locas por mí, están locas por lo que puedo hacer, a donde las hago llegar—Naruto se dejó caer en su espalda masticando el trozo de carne fría—. Desde mi emancipación salgo en revistas de cotilleos, así que no me molesta ver un reportaje más o menos sobre mí, pero no sé si esto pueda afectar tu carrera.

—Kakashi está enojado o al menos eso me dijo Ino, conmigo aún no ha hablado—tomé una fresa y gemí de mero gusto por lo jugosa que estaban.

—Lo sé y por mí, puede irse a la mierda—murmuró, abriendo la boca para que colocara otro trozo de fruta en ella, tomé una fresa y dejé que él la mordiera, besando sus labios cuando los jugos de esta se derramaron por su boca. Algo había cambiado entre nosotros, pero estaba completamente cómoda y estable como para ponerme a averiguar que era.

—Dichoso tú, yo dependo de él.

Naruto negó masticando la fresa.

—Él depende de ti, eres muy buena en lo que haces, Dulzura; así que él no te dejará fuera, quizás pataleará y joderá un poco—farfulló.

—Eso creo. Siendo honesta, yo nunca había dado que hablar, además, ambos trabajamos para él.

—Querrán una primicia y Karin estará más que feliz por hacerla para la revista en la que trabaja.

—No sabía que Karin trabajara en alguna revista.

—Es reportera en una de las revistas del grupo Hatake.

—No soy muy buena mintiendo, Naruto—tomé un pedazo de piña y me lo metí a la boca, estábamos desnudos, pegajosos por el aceite y el sudor de nuestro encuentro; afuera hacía frío, pero dentro del templo la chimenea encendida nos mantenía tibios.

—Pues, tendrás que aprender.

—Árbol que crece torcido, su rama jamás endereza—dije aquel viejo refrán de mi abuelo

—Tsunade quiere que nos acompañes a la casa de campo en Rocky Point para celebrar Acción de Gracias, Hanabi y la familia de Ino también están invitados, así que no puedes declinar—dijo levantándose y tomando otro trozo de fruta que atrapó entre sus dientes y me incitó a quitárselo. Lo hice mientras él me mostraba su sonrisa complaciente—. No querrás hacerle un desplante a mi madre—murmuró cuando traté de objetar, Tsunade Senju me había parecido una gran persona.

—Seguiremos mintiendo, y odio hacerlo—zanjé el tema.

—En dos meses más, no tendrás que mentir y nadie te juzgará por haber estado conmigo. Podemos argumentar que te fui infiel.

—Quedaría como la pobre estúpida a la que le han visto la cara— expresé molesta—, mejor, diremos que no funcionó.

—Como quieras. —Naruto se colocó sobre mí—. Basta de charla, sigamos con la clase —siseó.

—Naruto, tienes que hacer un programa—murmuré sintiéndolo en mi cuello, parecía un jodido vampiro.

—Está grabado, Karin no podía estar hoy—murmuró atrapando un pezón en su boca, haciéndome olvidar de lo siguiente que le diría y entregándome completamente a él.

Las dos semanas que faltaban para Acción de Gracias habían pasado en un abrir y cerrar de ojos y, cuando quise ser consciente que Hanabi no iba a pasar conmigo, ya estaba despidiéndola en el aeropuerto. Naruto se había obstinado en acompañarme a dejarla; en esos últimos días Hanabi y Naruto habían entablado una buena amistad, así que él nos había ido a buscar y nos había llevado hasta el aeropuerto.

—Ven aquí—dijo cuando Hanabi desapareció por la puerta de abordaje, sentía las lágrimas picar en mis ojos; desde que Hanabi estaba conmigo hacía tres meses, era la primera vez que sentía que nuevamente estaba sola. Sí, ella estaba en el internado, pero hablábamos todas las noches y, apenas acabara el contrato con Naruto, le pediría que volviese a casa.

—No.

—Hey, solo se va por un fin de semana, regresará el lunes—Naruto levantó mi mentón y depositó un dulce beso en mis labios, tomó mi mano para conducirme fuera del aeropuerto—. ¡Mierda, paparazzi! —me avisó cuando llegamos a la salida.

Últimamente nos encontrábamos con ellos a menudo.

Los odiaba, había tantas especulaciones en revistas sobre mi vida que estaba aprendiendo a conocerme de nuevo.

—Los odio.

—Karin aprovechará que estaremos en la casa de campo para hacer la maldita entrevista, a ver si así nos dejan en paz lo que quedaba de estos últimos dos meses.

Naruto y yo habíamos acordado no contestar a los periodistas, había recibido una llamada de la revista Hola y Naruto me había dicho que lo habían llamado de People; pero Star tendría la exclusiva de nuestro falso noviazgo, Ino lo había programado así principalmente para calmar a Kakashi. La fórmula: sexólogo + escritora = Best Seller erótico, se le puso entre ceja y ceja, creía que eso podía afectar a la venta del libro y poner entre dicho la calidad de lo que estaba editando.

"—¡Yo trabajo con escritores, con Literatura, no con especialistas que, porque creen que hablan de corrido son capaces de escribir una novela!"

Afortunadamente, estaba más que satisfecho con mis capítulos, pero, seguía preocupado por el qué dirán en su círculo de amigos, no estaba dispuesto a que creyeran que él había formado a ex profeso la dupla de su locutor y su escritora para ganar en las ventas.

Naruto seguía maldiciendo en voz baja debido a los flashes de las cámaras.

—Debí meter el auto en el sótano—murmuró para sí mismo, sacando sus Ray-Ban negras y colocándoselas—. Sube la capucha de tu chamarra y baja la cabeza Dulzura

Por la forma en la que hablaba se notaba que estaba realmente enojado, hice lo que me pidió y juntos salimos directamente a los flashes.

—Naruto, ¿es cierto que Hinata está embarazada?— ¡Joder, No! Naruto tiró de mi mano cuando me paralicé por la pregunta.

Naruto, ¿es cierto que terminaste con Anna Klovkaski por Hinata? —ahora era una roba novios, al menos las preguntas eran dirigidas a él.

—Hinata, ¿vale la pena confiar en un hombre que tiene fama de picaflor como Naruto? —suspiré fuertemente mientras Naruto apretaba mi amarre.

—Hinata, ¿no te molesta que Naruto haya tenido tantas mujeres en su pasado? —Naruto siseó. Genial, como él los ignoraba entonces iban conmigo.

—Se especula que su relación es un contrato, un fraude que tiene que ver con tu próximo libro; ¿es eso cierto Hinata?—sentí mi cuerpo tensarse ante las palabras del reportero, afortunadamente ya estábamos cerca al auto. Naruto abrió la puerta para que entrara y luego se subió él arrancando a toda velocidad.

—Son unos chupa vidas—golpeó el volante—. ¿Estás bien, Dulzura?

—Naruto me miró por unos segundos, tragué el nudo en mi garganta. —Lo saben...

—¿De qué hablas? —dijo sin entender.

—Saben que esto es un contrato.

—No. No lo saben Hinata, especulan. Todo quedará claro con la entrevista.

—¡Nada quedará claro, con la entrevista investigarán más y más y se darán cuenta que esto es falso; la bola de nieve caerá sobre nosotros como avalancha y nos enterrará en nuestras propias mentiras!—le grité aterrada.

—¡Joder!—Naruto frenó el coche soltándose el cinturón y mirándome—. Escúchame bien, Hinata. Nadie tiene porqué enterarse de nuestro jodido acuerdo, ¿me entiendes? ellos no van a dañar tu carrera; yo estoy aquí para que brilles, no para enlodarte. Simplemente, nadie ha hecho un escándalo mayor y no pueden creer que el soltero de Nueva York esté saliendo con una mujer hermosa con todas las intenciones de tener algo serio.

—¡Es falso!—grité bajando mi capucha y mirándolo a los ojos—. No entiendes, ¡esto me matará! Será el fin de mi carrera.

—¡Maldita sea!, ¿puedes callarte?—murmuró frotando su sien. Lo vi tomar una larga respiración antes de volver a mirarme—. Lo lamento— acarició mi rostro con sus nudillos— te llevaré a tu casa. Le he enviado por e-mail a Sai las indicaciones para llegar a Villa Uzumaki en Rocky Point, pasaré por ti luego que atienda al matrimonio Richardson, si te llaman de alguna revista mantén lo acordado, ¿entendido?

—No soy tonta.

—Lo sé, ahora ven aquí—abrió sus brazos y me refugié en ellos.

Si esta farsa se sabía, mi carrera iba a quedar arruinada, y "Atada a ti" no sería el Best Seller que Kakashi Hatake tanto ansiaba. Naruto me apretó contra su pecho y dejó un beso en mi cabellera.

—Esto se puede ir de nuestras manos.

—Todo va estar bien, Dulzura, el pacto es nuestro y de nadie más.

Naruto me dejó en mi edificio y subí los peldaños mucho más tranquila, el conserje me dio mi correspondencia y subí al elevador con la mente en blanco. Este secreto era mío y de Naruto, nadie se iba a enterar de él.

A veces las actitudes de Naruto me confundían, seguía siendo el mismo idiota arrogante cuando quería, pero desde la sesión de sexo tántrico nuestro acuerdo era distinto; ahora nuestras clases eran más pausadas, lograba retener el orgasmo algo de tiempo y había aprendido a conocer el cuerpo de Naruto; si mis uñas rasguñaban la piel de su espalda baja, podía escucharlo sisear entrecortado; la sensación de su miembro entre mis labios era placentera, sentirlo crecer en mi boca era jodidamente gratificante. Me tomaba mi tiempo para tocarlo y él me dejaba.

No siempre teníamos sexo; había días en que la migraña de Naruto era más fuerte que sus ganas de tenerme desnuda, simplemente me quedaba con él haciendo círculos en su cuero cabelludo hasta que se quedaba dormido.

Otras veces, en su típica pose del dios del sexo me hacía el amor sin necesidad de desnudarme o si quiera tocarme y en más de una ocasión, no habíamos alcanzado a quitarnos nuestras ropas cuando él estaba dentro de mí machacándome contra una pared. "Si las paredes hablaran" decía un viejo refrán, a veces agradecía que no fuese cierto, porque... ¡Dios! lo que dirían.

Que en estos dos meses te has convertido en una putilla profesional.

Naruto había dicho que estas clases eran para su deleite, pero eran más para el mío que el suyo propio. Podía mantenerse erecto por horas, habíamos visto el amanecer juntos muchas veces y hasta me había atrevido a tener sexo en su balcón sin importarnos si alguien nos descubría. Cuando el cuerpo de Naruto hacía contacto con el mío, me olvidaba completamente de las enseñanzas de mi abuelo.

Esto se parece mucho al amor... ¿Estás enamorada, Hinata Hyûga?

La palabra taladraba mi mente una y otra vez, la tremenda posibilidad de esa necesidad casi dolorosa de estar con él, de escucharle hablar, de observar su rostro, de extasiarme en su hermosura, hasta de soportar su arrogancia y vanidad, era simplemente horrorosa.

¡No! ¡No! No puedo. Él no me ama ni yo a él, solamente es el enganche sexual, el simple hecho de que él es mi primero y que la experiencia ha sido alucinante y enriquecedora para mí. He descubierto que esa niña tímida y miedosa ya no existe, que soy dueña de mi cuerpo y de mi placer; que puedo dejarme llevar hasta más allá de los límites sin culpa ni miedos.

Yo era esa chica: la que gritaba, la que gemía, la que se había descubierto frente al espejo orgullosa de sus senos, de su cuerpo y de lo poderosa que era; para Naruto no era amor, estaba segura de que simplemente estaba fascinado con el hecho de forjar la amante perfecta, de ver como esa niña oscura y romántica se convertiría en sus manos en una fiera sexual, yo le había dado a Naruto el sueño de todo hombre: hacer de una mujer, aquella capaz de cumplir sus sueños, la que nunca decía no.

Él era mi maestro, mi Pigmalión.

No era amor.

Éramos solo un maestro y su aprendiz.

Cuando lo aprendido terminara y el maestro ya no tuviera más que enseñar, esto acabaría, y para eso faltaban pocas semanas.

Continuará...