Quédate: Parte Dos
Capítulo 2
Tsunade Senju me había llamado un par de veces, en ocasiones sentía que la mujer hablaba de Naruto con una tristeza infinita, cuando le preguntaba si todo estaba bien, ella decía que sí y volvía a ser la mujer maternal y llena de amor que parecía ser.
Mi relación con Hanabi caminaba con pasos más fuertes, en las pocas ocasiones que ella hablaba de Hanna, solo bajaba la mirada y dejaba que hablara ¿era su madre después de todo no?
Sin embargo, una mañana, yo estaba molesta; había pasado toda la noche intentando escribir, pero mis pensamientos todos estaban dirigidos a Naruto Uzumaki, me encontraba en la cocina preparando para algo para desayunar cuando Hanabi preguntó:
—¿Cuéntame cómo fue tu infancia?
—¿Qué quieres saber?
—No sé, tengo curiosidad—se llevó una cucharada de cereal con leche a la boca.
—Fue una infancia normal.
—¿Mamá te hizo falta?
—Hanabi...
—Tienes que sacarlo de ti Hinata, yo sé que mamá intentó verte varias veces.
—No mientas por ella, no tienes que hacerlo.
—No miento, en ocasiones escuche a papá consolarla. —Hanabi, basta.
—Pero Hinata...
—Quieres saber cómo fue mi infancia, te diré. A los siete años la profesora de arte mandó a hacer corazones para el día de la madre. Ino y yo lo decoramos con fideos, en el acto del día de la madre, Ino salió corriendo a abrazar a la señora Yamanaka, todos mis compañeritos abrazaron a su mamá yo le había escrito a Hanna; tenía la esperanza que viniera, pero ella estaba en Texas en una gira de la banda y yo me quedé parada en el maldito pódium sin tener a quién entregarle mi corazón. Ese día tomé mi manualidad y la destruí, la partí en miles de pedazos bajo el llanto de Ino porque realmente nos habíamos esforzado. Aquel día tu madre me partió el corazón, yo era una maldita niña.
—Hinata...
—A los trece años me bajó el período por primera vez; estuve tres meses creyendo que me iba a morir desangrada, ocultando toallas debajo de mi cama y sacándolas en la basura cuando mi abuelo se iba a pescar. A los dieciséis me enamoré por primera vez y ese chico me destruyó. Lo poco que quedaba en mi corazón reparado por pequeñas banditas adhesivas es lo que ves hoy.
—Pero mamá...
—¡Mamá! ¡Mamá!... Me vas a disculpar, no sé qué tan buena madre fue ella contigo Hanabi, pero conmigo fue una maldita perra.
—Ella era joven Hinata.
—Y yo era su hija, no la justifiques. Maldición Hanabi, no lo hagas. Ino tenía 19 años cuando se enteró que estaba embarazada y ahí está junto a Inojin.
—¡Ino tenía a Sai! ¿Dónde demonios estaba tu padre?
¡Huyó, él sí te dejo!
—Era hombre por un demonio, los seres humanos podemos vivir sin padre, pero ¿sin madre Hanabi? Sabes lo que es que te mantengan encerrada porque no puedes acercártele a un niño. Mi abuelo odiaba a Sai, más de una vez lo apuntó con su pistola y Sai era un niño; sabes cuántas veces me fui a la cama sin cenar porque le hablé a él, o algún otro compañero de mi clase; cuántas veces me dejaron en el ático sola porque les presté algún útil escolar, mi única amiga era Ino y porque su padre compartía los mismos ideales de mi abuelo. Sí, Hanna era joven, Hanna fue una ingenua, pero yo era una niña Hanabi... ¡Yo la necesitaba y a ella no le importó!
—Hinata yo la veía...
—No quiero hablar más de este tema. Hanabi, te amo, eres mi hermana y te amo. Desde que llegaste a mi vida soy más feliz, yo estaba sola, siempre lo he estado hasta que tú llegaste y no quiero discutir por esto; amas a tu madre y lo respeto, pero no me pidas que sienta algo por la mujer que me trajo al mundo, porque eso fue todo lo que ella hizo por mí.
El elevador sonó avisando que había llegado a mi piso. Salí de mis recuerdos abruptamente al ver a Kiba sentado en el suelo frente a mi puerta; nos habíamos visto en la reunión que Kakashi había citado, pero habíamos actuado como escritor y editor, cuando Kakashi empezó a hablar de mi relación con Naruto, Kiba se fue. Lo menos que esperaba era encontrarme con él en la puerta de mi piso.
—Hinata —susurró.
—¿Qué hay, Kiba? —di un toque con mi pie en su pierna y él se incorporó.
—Yo quería explicarte...
—¡Olvídalo!—lo interrumpí—, tengo suficiente con Kakashi y los paparazzi acechándome—abrí la puerta y Kiba entró tras de mí.
—¿Lo amas?
¿Qué se supone que debería decir?
—Estamos conociéndonos—dije lo mismo que le había dicho a todo el mundo.
—¿Por qué él?
—¿Por qué no él?
—¡Es Naruto Uzumaki, maldición!—Gritó, perdiendo los estribos—. Y no me contestes con una pregunta Hinata, sabes que lo odio.
—Y tú sabes que odio los derroches de testosterona, sin embargo, estás aquí en una actitud de macho alfa que no entiendo —murmuré.
—¡Hay miles de hombres en Nueva York!, ¿por qué precisamente él?
—Tú me lo presentaste—estaba harta del tema—. Fui a verlo... fue coqueto...
—Naruto coquetea con todo lo que se mueva: Hombres, mujeres, niñas, ancianas...
—¿Acaso no haces tú lo mismo?—le pregunté y vi como la respiración abandonaba su cuerpo, como si le hubiese dado un golpe bajo.
—Pero, yo no te expongo públicamente ni me beso contigo.
—¡Ay, Kiba! —¿Dije que estaba harta? —Vienes aquí y hablas mal del que se supone que era tu amigo, tu compañero de juergas y me tratas como si fuese una niña que está siendo engatusada.
—¡Es que lo está haciendo!—Y, sin más pausa que una para tomar aire, me lanzó la pregunta:
—¿Te acostaste con él?
—Te estás pasando del límite.
—¡Respóndeme!
—¡No te incumbe!
—¡Me incumbe cuando sé que sufrirás! —su tono de voz se volvió afable—. Te usará hasta cansarse; Naruto no es monógamo, lo conozco, es como yo, se aburrirá de ti y te desechará, siempre lo hace y yo... —hizo una pausa— yo...
—¿Tú qué, Kiba? No puedes pensar que quizás yo no estoy buscando algo serio.
—Tú no eres así, eres de las pocas mujeres decentes que quedan en ese mundo.
—Eso me ofende, no puedo creer que pienses que mi decencia pase por quien se mete en mi cama —los "mi" fueron remarcados con puntazos de mi dedo inquisidor en su pecho.
—Tú eres especial, Hinata; contigo las cosas no son de un polvo o dos, tú mereces más—tomó mi mano suavemente, acariciándola entre las suyas—.No lo hagas Hinata, deja de verlo.
Me alejé.
—Sé que estás saliendo con Samui —cambié de tema.
—Es linda, pero sabes cómo soy, no tendré nada serio con ella ni con nadie a menos que...
—¿Qué?—demandé.
—Nada. Naruto va a partirte el corazón—declaró.
—No podrá, lo tengo blindado —le guiñé un ojo y peiné mis cabellos hacia atrás—. Mira, eres mi amigo, mi editor y te amo, pero no quiero que te metas en lo mío con Naruto.
La mirada de Kiba bajó hasta toparse con la pequeña maleta que había hecho para el fin de semana.
—¿Viajas?, ¿viajas con él?
—Su madre me invitó a pasar Acción de Gracias con ellos; Ino y Sai irán también. Si quieres puedes unirte, sé que Agatha va con su familia.
—Y ¿tocar el violín para ti y para Naruto mientras follan por algún lugar? —volvió a su tono descortés.
—¡Deja eso ya, hombre! Es una reunión familiar.
—A mí no pueden meterme los dedos en la boca; conozco perfectamente bien a los hombres como Naruto, yo soy uno de ellos.
—Lo sé, Kiba, lo sé—murmuré, no sé si para él o para mí.
Se acercó a mí pero, yo me alejé
—No, no lo sabes, nuestra vida se basa en saltar de cama en cama, no en ser buenos novios y brindar fidelidad; no somos hombres de un solo coño por más que nos guste una mujer. Lo nuestro es probar, nuestro lema es "en la variedad está el placer", nosotros no cambiamos por nadie porque fuimos creados para no atarnos; pero supongo que no quieres entender, solo quiero que sepas que estaré ahí para recoger los pedazos, que cuentas conmigo.
Realmente, hoy día, mi querido editor estaba insoportable.
—Kiba...
El discurso argumentativo y final que pensaba darle quedó en espera cuando sentí mi celular sonar y contesté rápidamente, era Ino, me giré para decirle que me llamara después, que ahora no podía atenderla, cuando escuché la puerta cerrándose; limpié la solitaria lágrima que descendió por mi mejilla.
No sabía si algún día las cosas con Kiba mejorarían, quizás cuando toda esta farsa acabara y el blindaje de mi corazón fuese solo polvo.
Naruto llegó dos horas después de que Kiba se había ido, me había dado una ducha y colocado mis entrañables zapatillas negras con un pantalón de jean ajustado y una camisa de manga larga; había peinado mi cabello y lo tenía atado a una coleta. Detallé su vestimenta cuando lo vi en la entrada de mi casa, tenía unos vaqueros desgastados y un suéter de lana de manga larga, se veía tan malditamente sensual como cuando se paseaba desnudo delante de mí después de hacer el amor. No —sonreí con amargura—, no hacíamos el amor, nosotros follábamos y había que decirlo así para quitarle todo el sentimiento a lo que él y yo hacíamos. Sí, solo follábamos, no era amor.
—¿Estás lista, Dulzura? —preguntó con su sonrisa torcida.
—Sí, solo buscaré el ordenador y...
—Tengo uno en casa, no te preocupes. ¿Este es tu equipaje? —asentí y él lo tomó, antes de extender su mano hacia mí, nos miramos unos segundos y el movió juguetonamente sus dedos ante mi indecisión tomé su mano y bajamos en silencio hasta llegar al sótano.
Una vez en el auto, mientras Naruto conducía por las calles, me di cuenta que no había tomado autopista.
—¿A dónde vamos?—pregunté al verlo detenerse en una empresa de mensajería.
—Espérame aquí, dejaré nuestro equipaje y luego me acompañarás a casa—murmuró bajándose del coche. Abrió la cajuela sacando mi maleta y su pequeño bolso de mano y entró al local. En menos de diez minutos estaba de vuelta, encendió el coche y condujo hasta su casa entrando al sótano para aparcar.
—Sasuke se ha llevado a Frey—expresó saliendo del auto, hice lo mismo mientras lo vi tomar un par de bolsas del asiento trasero y caminar hacia un rincón del aparcamiento, quitó la tela de lona revelando una impresionante motocicleta.
—Wow —dije al ver la motocicleta roja con negro.
—Hinata, te presento a Scarlett mi pequeña consentida—murmuró burlonamente.
—¿Tu motocicleta tiene nombre de chica?—Joder, ¿por qué me sorprendía?
—Me gusta estar encima de ella—lo dijo con tono de provocación. Lo ignoré.
—¿Es segura?
—Es una Ducati 1199, Panigale.
—Y eso significa que...—estudió mi rostro, obviamente no sabía si era o no segura.
—Es una moto diseñada para competir en carreras, pero a mí me gusta, amo la adrenalina y puedo darme estos gustos.
—¿De carrera?, entonces... —seguí mirándolo sin entender.
—Sí, es segura, Hinata. —Sonrió ladinamente antes de sacar lo que tenía en la bolsa y tendérmelo.
—Le pedí a Karin que la comprara para ti—dijo colocándose una chamarra gruesa, saqué el contenido de la bolsa encontrándome con una chaqueta similar a la de él, solo que más femenina—. Son chaquetas de motociclista, puede darte frío durante el viaje.
—¿Iremos a Rocky Point en tu moto?—pregunté tontamente, Naruto asintió acercándose a mí, subió el cierre de la chaqueta y luego tomó de los manubrios de la moto un casco asegurándolo en mi cabeza fuertemente. Se colocó su casco y se subió sobre la imponente motocicleta.
—¿Me escuchas Hinata? Asiente si me escuchas —lo hice—. Los cascos tienen un sistema de comunicación interno, para que no estemos completamente desconectados en la carretera, ahora ven aquí se está haciendo tarde y quiero llegar a Villa Uzumaki antes que anochezca.
—¿Nunca sabes cuándo puedes ver el último atardecer?—imité su voz con burla.
Era la frase que me decía siempre que lo encontraba en su balcón esperando que amaneciera.
—¡Exacto, Dulzura!, sube—me subí sobre la moto con su ayuda—. Aférrate a mí, como si tu vida dependiese de ello.
—Espero que sepas lo que haces—pasé las manos por su cintura quedando completamente pegada a él.
—¿Confías en mí?
—No—pude sentir como el cuerpo le vibró con su suave risa.
—¿Estás lista?—rodeé su cintura aún más fuerte.
—Sí.
Aceleró la moto y salimos a la avenida, suspiré inhalando su aroma fresco y decidí dejarme llevar, permitir la adrenalina de su cercanía, permitirme soñar, ser quizás algo feliz, dejar que me mintiera dispuestos a pasar un fin de semana como novios en compañía de mis amigos y su familia. Que la carretera delante de mí fuese la metáfora de mis meses con él.
Naruto conducía la moto a una velocidad que estaba segura sobrepasaba los límites, pero irónicamente no sentía miedo, aferrándome a su torso lo único que podía sentir era tranquilidad... y esa tranquilidad era lo que más temía, en ocasiones no era consciente que todo esto era un arreglo y que pronto llegaría a su fin. Mientras nos dirigíamos al suroeste por Broadway hacia Chambers St. pensé en que solo quedaba un mes para que él se fuera, solo esperaba que su partida no fuese caótica para mí.
El viento nos golpeaba fuerte, pero no sentía frío a pesar de que mis manos estaban heladas, el cuerpo tibio de Naruto me brindaba el confort que necesitaba. Uní mi cabeza a su fornida espalda, queriendo sentirlo aún más cerca de mí; sin embargo, el casco no me lo permitía, intenté concentrarme en su olor.
—¿Te quedaste dormida, Dulzura? — apreté mi amarré en torno a él. —Creo que no. ¿Necesitas que me detenga en algún lugar? ¿Tienes hambre? Habla conmigo, Hinata.
—No, estoy bien. ¿Cuánto tenemos de viaje?
—Cuando voy solo me demoro una hora, quizás hoy me demore un poco más, estoy contigo, debo ser cuidadoso... En una hora y media o, máximo dos, estaremos en Rocky Point.
—¿A cuántas millas estamos de distancia?
—Si no estoy mal, son noventa y cuatro millas. No lo recuerdo bien.
¿Estás segura que no quieres que me detenga en algún autoservicio?
Su voz sonó preocupada, la sentía así, a pesar del casco.
—Estoy segura de que no necesito nada Naruto—estaba impaciente, él llevó una de sus manos a las mías.
—Estás helada.
—Naruto, manos en el manubrio, quiero llegar a conocer a mi nuevo sobrino.
—Tienes las manos heladas, introdúcelas en los bolsillos de mi chamarra.
Hice lo que me pidió y pude escuchar un silbido.
—Debí haber pensado en eso, solo que yo odio los guantes, lo lamento.
—Estoy bien, solo soy algo friolenta. ¿Podríamos ir más lento?
—Es posible... pero, eso sería insultar a Scarlett, cariño. Tranquila, vas segura conmigo, conozco el camino perfectamente bien, tanto, como si fuera una mujer.
Como pude, le di un cabezazo en su espalda.
Lo sentí apretar el acelerador y por instinto mis brazos apretaron más el contorno de su cintura.
—¡Idiota!
Su carcajada retumbó en mi casco de motorista.
—Estarás bien, disfruta del paisaje, preciosa.
Me dediqué a observar por donde pasábamos. Una hora y treinta y seis minutos después, estábamos pasando el letrero de bienvenida a Rocky Point, un pequeño lugar ubicado en el condado de Suffolk.
Naruto bajó la velocidad al entrar a la localidad, zigzagueando entre las calles hasta llegar a una hermosa construcción rodeada por columnas de piedras y rejas de hierro, se detuvo en la puerta y un señor de aspecto extranjero salió de una garita al ver llegar la motocicleta.
—¡Joven Naruto!—dijo con alegría llegando hacia nosotros.
Naruto detuvo la moto, bajando uno de sus pies para equilibrarla.
—Hola Manuel—dijo subiendo una parte de su casco—, ¿cómo está Lupita?
—Mandona, como siempre. Ya dejó la cabaña como a usted le gusta— el hombre habló con un fuerte acento mexicano.
—¿Mis padres?
—Llegaron alrededor de dos horas atrás, con sus hermanos y los invitados.
—Gracias, ella es la señorita Hinata Hyûga.
¡Vaya!, al menos no me presentó como su novia.
El hombre de edad avanzada, me sonrió cálidamente por lo cual hice lo mismo que Naruto, y subí la parte del casco que me tapaba el rostro.
—Mucho gusto, señor Manuel—extendí mi mano hacia él y la tomó suavemente.
—No, no —el anciano sonrió—. Manuel solamente, señorita Hyûga, no me haga sentir como un viejo ya.
—En ese caso entonces, soy Hinata—sonreí.
—Bien, señorita Hinata, espero que su estadía en Villa Uzumaki sea bonita —volví a sonreír.
—¿Sabes que bien puedo decirle a Lupita que estás coqueteando con la señorita, Manuel?—Naruto sonrió pagado de sí mismo, el hombre bufó antes de devolverse a la garita, minutos después las rejas de hierro se abrían.
—Eres un pesado, ¿lo sabías?—fingí enojo—. Estaba siendo amable, deberías aprender de él.
—Conozco a Manuel hace muchísimo tiempo, créeme estaba coqueteándote.
—¿Hace mucho trabajan para ti?
—No trabajan para mí, y sí los conozco hace tiempo. Llegaron de México y papá les ofreció cuidar de la villa, siempre bromeo con él, es un buen hombre—me contestó, Naruto no había bajado el protector de su rostro así que yo tampoco lo había hecho.
Mientras Naruto conducía por el camino empedrado pude ver una casa a lo lejos, era hermosa, de dos plantas en color gris ahumado y ventanas y puertas francesas de color blanco, frente a ella había dos árboles frondosos y el césped era completamente verde con algunos arbustos podados geométricamente.
Naruto parqueó la moto y la apagó, bajando el soporte y estabilizándola, quitó el casco de su cabeza, moviéndola de un lado a otro, metió su mano entre sus cabellos alborotando su melena rubia. Ese pequeño gesto hizo que mis bragas se humedecieran.
—Apóyate en mis hombros y baja de la moto, Dulzura—bufé, aunque ya debería estar acostumbrada a que él iba a seguir diciéndome "dulzura, nena, linda". Al menos "Sundara" parecía haber pasado al olvido.
—¡Por fin!
Me apoyé fuertemente en sus hombros y me bajé del monstruo rojo; Naruto agarró mi muñeca con su mano y bajó de la moto atrayéndome hacia él, tomó mi mentón y dirigió sus labios a los míos, besándome suavemente, él pidió acceso a mi boca y se lo concedí gimiendo cuando su lengua hizo contacto con la mía profundizando un poco el beso, sin llevarlo a algo más pasional debido a que estábamos fuera de la casa de sus padres.
—Hacía mucho tiempo que no te besaba, mis labios están resecos por el viaje.
—¿Ya comenzamos el show?—no pude evitar ser sarcástica cuando me separé de él.
—Eres mi novia, es normal que te bese—dijo confiado cruzando los brazos a su pecho y recostándose en la moto—tendremos público todo el tiempo.
—Precisemos el lenguaje: no soy tu novia, solo tendré que fingir delante de tu familia que lo soy.
Vi como sus ojos se tornaron oscuros e indescifrables, pero al segundo éstos cambiaron y de nuevo a burlones y maliciosos.
—Siempre hago las cosas lo mejor que puedo, si nos toca "fingir"— hizo comillas con sus manos—voy a hacerlo bien, así que prepárate para que te bese cuando me provoque y pellizque tu trasero cuando me den ganas.
—¡No te atreverías!—lo amenacé.
—No me retes, Hyûga.
Iba a contestarle algo, pero escuché la puerta abrirse y luego, la suave voz de Tsunade Senju.
—¡Hijo, por Dios, pensé que por esta vez Scarlett se quedaría en Nueva York!—dijo negando con las manos—. Supuse que irías a casa por el auto—se dirigió a mí y me abrazó a modo de saludo—Dime que al menos no manejó como loco, querida.
—El viaje estuvo más que bien y no manejó como un loco.
—¡Gracias a Dios! pero, debiste venir en un auto—lo regañó.
—Sabes que amo a Scarlett—dio un beso a la moto y vi a Tsunade negar con su cabeza antes de abrazarlo un momento, fue un abrazo extraño, como si quisiera retenerlo para ella.
—¡Mi niño querido!
—No hagas esto, mamá—murmuró Naruto pasando sus dedos por el rostro de su madre, tratando de comunicarle algo muy profundo y secreto. Ella asintió suavemente y volvió a abrazarlo, y algo dentro de mí gimió con tristeza, yo jamás vi esa mirada de madre a hijo, jamás mi madre me miró así, nunca pude rozar de manera tierna su rostro. Ella jamás estuvo para mí.
—Los chicos decidieron dar un paseo por los alrededores del pueblo antes de la cena, el pequeño está dormido, ese niño es un amor—dijo Tsunade sonriendo, la puerta se abrió y Jiraya Senju salió con mi ahijado en brazos, que venía tallándose sus ojitos.
—Se ha despertado ya—dijo llegando a nosotros—. Bienvenida, Hinata.
—Gracias, señor Jiraya—dije débilmente extendiendo los brazos para cargar a Inojin, me entregó a mi pequeño que rápidamente se acurrucó en mí.
—Hijo, me gustaría hablar contigo una vez hayas dejado a Hinata instalada, imagino que usarás la cabaña.
—Imaginas bien, Jiraya y si vamos a hablar de lo mismo, ya sabes lo que pienso, no estoy interesado.
Me sorprendí escuchar una respuesta tan tajante, miré a Tsunade que veía como su esposo y su hijo hablaban en clave. Su rostro había adquirido un gesto de súplica y espera.
—Solo quiero hablar contigo, Naruto—respondió en tono suplicante.
—Te conozco, no me dejarás tranquilo hasta que estés sentado en la biblioteca, conversando conmigo pero, ¿déjame llegar y respirar un poco antes de volver a conversar sobre el tema?
—¡Oh, por supuesto!
—¿Saben si ha llegado el equipaje?
—Debe estar por llegar —intervino Tsunade.
—Por favor, cuando lleguen, dile a Manuel que lo lleve a la cabaña, ¡vamos, nena!
—Con permiso —apreté a Inojin contra mí mientras seguía a Naruto, quien me guió por la casa con su mano descansando en mi espalda baja, el niño iba amarrado a mí como un monito araña, su cabecita descansaba en mi hombro y tenía el dedo pulgar en la boca; sus ojitos estaban cerrados, pero por su respiración sabía que no estaba dormida.
La casa principal era deslumbrante, los acabados eran perfectos y elegantes; había una gran variedad de fotografías en el corredor; salimos a un patio y caminamos por un senderito empedrado. La vista era hermosa, podía escuchar el mar.
Lo que para la familia Senju Uzumaki era una cabaña, a mí me pareció una casa perfecta, rodeada de un cuidado jardín con flores y árboles que la hacían parecer una postal de revista de decoración; llegamos hasta la puerta de la cabaña y Naruto introdujo la llave, abriendo suavemente.
—Bienvenida a mi casa, Hinata—su voz sonó ronca y por instinto, apreté a Inojin más a mi cuerpo.
—¿Vamos a quedarnos aquí?—pregunté, pasando saliva fuertemente mientras él asentía.
—Este es mi espacio, solo voy a la casa grande por lo estrictamente necesario, quizás, esta vez pasemos más tiempo allá, pero vendremos a dormir aquí.
—¿Crees que sea necesario? Entendí que podíamos quedarnos allá.
—¿Estás nerviosa? Luego de todo lo que hemos vivido, ¿no crees que es un poquito exagerado?
―No son nervios, es una pregunta.
―La casa grande tiene demasiados recuerdos y poca privacidad— tomó aire—. Necesito hacer algo, dame unos segundos, ponte cómoda.
Lo vi perderse hacia un pequeño corredor y mi mirada vagó por los rincones, tenía unos ventanales grandes para salir al exterior, la sala constaba de un sofá en forma de "L" y dos puff en color blanco encerrando una pequeña mesita de café, en donde había un par de fotografías, una de ella era de Naruto podía tener unos siete u ocho años y en otra estaba con Sasuke; le faltaban dos dientes y estaban vestidos de esgrimistas, Karin estaba en medio de ambos y apuntaba los floretes a sus barbillas; había una chimenea pequeña y sobre ella estaba colgado un cuadro exactamente igual al que Naruto tenía en su departamento.
Caminé hasta llegar a la pequeña cocina que contaba con lo básico, un refrigerador y una estufa con horno, los estantes se veían nuevos y estaba separada de la sala por una isleta como la que había en mi departamento.
—Dame al niño—la voz de Naruto me sobresaltó.
—Estoy bien, no está dormido aún—justifiqué sin mirarlo a los ojos, se había quitado la chaqueta y estaba solo en los vaqueros y el suéter gris.
—¡Dámelo!—continuó con los brazos extendidos hacia mí, tomó a Inojin de mi regazo y la recostó a su pecho acunándola suavemente. Él se acomodó en él y nuevamente se perdió en el mundo de los sueños.
―¿Tienes un lugar para que duerma? Debe estar agotado.
—Ven conmigo—tomó mi mano y suspiré fuertemente, siguiéndolo con pasos pesados.
Naruto abrió una de las dos puertas del corredor y entramos a una habitación modernamente equipada, una cama enorme yacía frente a un televisor plasma enorme y un pequeño teatro en casa; a su lado una pila con unos cuantos DVD y Blue Ray, un clóset que iba del suelo al techo y un pequeño estante con libros empotrado a la pared debajo de una mesa donde reposaba una laptop.
El piso, como el de la sala, era de madera, había un ventanal con el cual podías salir a la terraza. Naruto la acomodó en todo el centro de la cama y colocó dos almohadas a su lado, le quitó sus zapatillas azules y las dejó al lado de la laptop, luego tomó una manta doblada sobre la silla frente a la laptop y lo cubrió.
—¡Wow, sí que te manejas con un bebé dormido!, te auguro un buen futuro como padre.
Naruto hizo un gesto con la nariz, me había dado cuenta que lo hacía cuando quería negar algo.
—Eres una pésima bruja, yo no seré ni buen ni mal padre. Simplemente, no lo seré—murmuró tan bajo, que por un momento pensé que no lo había escuchado bien, quizás no quería tener hijos.
—Entonces, serás un excelente tío —negó con la cabeza e hizo el mismo gesto.
—Eso, nadie lo sabrá.
―Lo decía por lo bien que te manejaste con mi ahijado, no porque espere a que tengas hijos o sobrinos.
Por un segundo, se quedó en silencio como si su mente estuviese en otro lugar, luego se puso en movimiento.
―Ven, te enseñaré la cabaña.
—Después, no quiero que Inojin despierte y llore porque está solo en un lugar extraño.
―Dejaremos la puerta abierta.―jaló mi mano y lo seguí, salimos de la habitación
—Aquí esta el baño
Observé la tina grande y espaciosa y a un lado, la ducha.
—Negro, como el baño de tu apartamento.
—Te tomaré en la bañera, nena, dalo por hecho.
Las imágenes que se agolparon en mi cabeza, hicieron que mi vientre bajo se contrajera fuertemente.
―¡Por supuesto!, tú eres el maestro y yo no estoy aquí para rebelarme.
Le hice una mueca con sonrisa falsa.
—Ven acá tonta—tiró de mí y me dio una palmada en el trasero—, vamos a la cocina.
―Veo que estás estudiando para ser el machista perfecto: sexo y cocina, los trabajos de la verdadera sometida.
Su sonrisa no me pareció fanfarrona, se rió con un gesto natural que hasta me resultó hermoso.
―Más de alguna vez querrás tomar agua o beber de tu refresco favorito―abrió la nevera y me mostró la puerta abarrotada de Pepsi.
―¿No cocinar? ―puse cara de inocente.
Comeremos en la casa grande. Me tendió una lata de refresco y la acepté gustosa, él tomó un botellín de cerveza y la destapó tomando un sorbo, ver el movimiento que hacía su nuez de Adán al tragar fue sexy, cuando pensaba que iba a morir de combustión espontánea, un poco de cerveza se deslizó por la comisura de su boca, tomó todo de mí no lanzármele encima para lamer el líquido amargo de su piel.
—No me mires así, nena—pasó el brazo por su boca, quitando los residuos de cerveza.
— ¿Cómo?—pregunté fingiendo indiferencia.
—Como si quisieras tirarte sobre mí y violarme, créeme no pondría resistencia, solo que tenemos la cama ocupada—sonrió burlón y yo tomé un sorbo de mi bebida, lo necesitaba. Di la vuelta y salí de la cocina.
—Ese retrato—dije cuando sentí su presencia en mi espalda—, ¿Quiénes son?
—Son mis padres, esta propiedad les pertenecía. Estaba en este lugar cuando ellos murieron y es una de las razones por la cual cuando estoy aquí, me quedo en esta cabaña. La mandé a construir antes de cumplir dieciocho años y vendí la casa grande a Jiraya.
—Lo siento, Naruto. Sé lo que es vivir sin padre y sin madre.
—Tsunade tenía dos años de haberse casado con Jiraya y estaba teniendo problemas de comunicación con Karin.— intenté no parecer sorprendida por el hecho que Karin no era hija de Tsunade—por defecto, se convirtió en mi madre cuando él me adoptó, fue ella quien en las noches me arrulló hasta dormirme. Fue Tsunade la que celebró mis victorias y me dio su apoyo; ella y su amor infinito hicieron que la ausencia de mi madre biológica no se notara tanto, pero no que la dejara de extrañar.
―La madre es la madre.
¡Qué frase más tonta se te ocurre decir! Menos mal que no le prestó atención.
—Quiero que veas algo—sorteó el sofá y la pequeña mesita, abrió el ventanal y me guió hasta llegar a la baranda que ponía fin a la terraza.
—Es hermoso.
De verdad estaba maravillada con la vista, podía ver la arenilla blanca, el viento creando pequeñas olas en el mar y el atardecer en todo su esplendor con el cielo tiñéndose de azul, anaranjado y gris... era un pequeño paraíso.
—Es muy hermoso—murmuró—el lugar perfecto para que tú estés aquí.
Su nariz se deslizó por la piel descubierta de mi cuello enviando miles de descargas a mi cuerpo.
—Naruto, el niño está en tu alcoba.
—Está dormido, —dejó un suave beso en mi piel y atrajo mi cuerpo más cerca del suyo, su simple cercanía me hacía creer que iba a desfallecer, pero fue cuando sus labios atraparon el lóbulo de mi oreja que me di cuenta que estaba perdida.
—Naruto...—expulsé, sin aliento mientras sentía sus manos colarse por debajo de mi suéter.
—Estamos solos, nena, abre los ojos y mira frente de ti. — Una de sus manos atrapó mi pecho con suavidad, un simple toque y me tenía completamente a su merced, llevó su mano libre a mi vientre, antes de soltar el botón de mi pantalón e introducirla con maestría hasta acariciar mi sexo sobre la tela de encaje de mis bragas—. Sé parte de mi fantasía.
—¿No me digas, quieres cogerme mientras ves el atardecer? —intenté ser irónica pero la verdad temblaba como una hojita ante una tormenta, ¡y lo odiaba! Estaba cediendo una vez más, él me mostraba que mi cuerpo respondía a su toque, mi única defensa contra él era ser irónica, quizás hasta grosera. Deseaba no tener mi piel ardiendo, mis sentidos afinados y en sincronía con Naruto, solo deseaba correr y no sentir que lo deseaba con todo mi cuerpo y que aquel deseo casi asfixiante, estaba también en consonancia con algo más profundo.
—No—pude escuchar el tono burlón en su voz—, quiero que sientas lo que significa el placer extremo y la paz absoluta. Entrégate a mí, nena.
—¡Oh, por la rivalidad entre los dioses Asgarnianos!—susurré, cuando uno de sus dedos se deslizó entre los pliegues de mi sexo—. ¡Por favor!
¿Qué suplicaba?
No lo sabía, Naruto acarició mi clítoris y me estremecí completamente entorno a él, tenía sus labios en mi cuello, lamiendo y succionando con cuidado, mientras apretaba mi pezón entre su índice y pulgar; tanteó con suavidad mi entrada, podía sentir su erección lista, si cerraba los ojos podía percibir su forma dura y ardiente. La punta de su dedo entró en mí y exhalé fuertemente, pero nuestra burbuja de lujuria explotó cuando sentimos como la puerta de la cabaña era abierta.
—¡Joven Naruto!—mi cuerpo se tensó completamente cuando escuché la voz de Manuel—. Lamento molestarlo, ha llegado su equipaje.
Naruto inspiró profundamente, retirando su dedo de mi interior y haciéndome votar todo el aire de mis pulmones.
—¡Déjalo en la habitación!—soltó de mi pecho y sacó sus manos de mi cuerpo manteniéndome pegada a él inhalando fuertemente.
―¿Acaso era una "máster class" de exhibicionismo lo que pretendías darme?
El sarcasmo siempre bajaba mi nivel de frustración.
—Después sigo contigo—sentenció, alejándose de mí y entrando a la casa, lo escuché hablar con Manuel un momento, pero no podía despegarme de mi lugar, tenía el corazón demasiado acelerado y las manos firmes en el barandal, no sé cuánto tiempo pasé en esa posición.
—Hinata, los demás han llegado—su voz fue suave y aterciopelada, me sacó del trance—. Quieren que nos reunamos con ellos para cenar.
Me giré para verlo, tenía a Inojin en su regazo, una mano en su espalda y la otra bajo sus piernas, extendió una de sus manos hacia mí y la tomé dando una larga respiración.
Caminamos por el sendero empedrado, hasta llegar a la casa, Inojin se había despertado en el camino y le había extendido los brazos para cargarlo.
Al llegar a la sala, Sai, Ino, Karin, Sasori, Sasuke y su esposa estaban ahí. —Mamii...—mi pequeño extendió sus bracitos a Ino, pero
Sai negó serio y se levantó para sacarlo de mis brazos.
—Al parecer, eres fácil de reemplazar—susurré en voz baja y él sonrió.
—¡Qué bueno que llegas, hermano!—Sasuke vino hasta nosotros dándole una palmada a Naruto en el hombro—. Estaba a punto de ganarle a Sasori en un juego de vencidas, necesitamos un juez y Sai teme por su vida.
—Naruto no puede—habló Karin levantando la cabeza, segundos antes trataba de pintarse sus uñas de un rosa pálido, era hermosa pero no fría como la mayoría de las mujeres bendecidas con el don de la belleza, sonrió de manera divertida, con un dejo malicioso en su cara— Papá y Tsunade te esperan en el estudio, no sé cuál es su secreto—señaló a Sasuke que, de un momento a otro, había borrado de su cara el gesto juguetón para mirar a Naruto con tensión—pero me enteraré, siempre me entero. —Sasori la atrajo a él y beso su cabeza. Hacían una linda pareja.
—No es nada Karin, solo son problemas con la compañía, al ser uno de los socios con más acciones, debo tomar decisiones que no deseo ni me interesa hacer.
―Entonces, ve, desde que llegamos están tratando de hablar contigo―le di un suave empujón.
—¿Estarás bien?—musitó Naruto, soltando mi mano y agarrando mis mejillas.
—Estaré bien.
¿Por qué iba a estar mal? lo miré sin entender, él se acercó para darme un beso, por la esquina de mi ojo observé a Ino arquear una ceja, por lo que me separé un poco.
—¿Qué estás haciendo?—susurré bajo, solo para que él me escuchara.
—Nada, solo actúo—me susurró en el oído suavemente.
―Estás sobreactuando.
Se separó del todo de mí y agregó en tono festivo.
—No te quedes sola con Sakura, ella es―acentúo el gesto de buscar una palabra en su mente―¡quisquillosa!
—¡Hey! —fue el grito de la mujer—. No lo soy; algo preguntona, tal vez. Pero, ¿qué voy a preguntar si ya salió todo en las revistas y ustedes siguen juntos? —bufó y siguió limando sus uñas.
Mi "novio" le dedicó a su cuñada una mirada de reto, mirada que ambos sostuvieron por unos segundos, Sakura era fuerte, algo dentro de mí se regocijó, una mujer que no se muriese por el todo poderoso sexy cabrón era algo refrescante.
—No te dejes intimidar, cariño—volvió a mi oreja, respirando sobre ella—. No sabes fingir y ella es astuta.
―Ve tranquilo, entre mujeres nos entenderemos.
—Vuelvo enseguida.
Caminó en dirección a lo que supuse era el estudio, me senté al lado de Ino que hablaba animadamente con Karin acerca de la última colección de algún diseñador famoso, Sakura se levantó del lado de Karin y la vi caminar en la dirección que Naruto había tomado. Sasuke, Sasori y Sai se trasladaron a una pequeña mesa que había cerca de una de las ventanas.
Sasuke y Sasori me hacían recordar esas tontas películas de Adam Sandler; donde los adultos tienen actitudes infantiles, ninguno de los dos quería perder.
Luego de un momento bastante largo, Sai se les unió y Sasori sirvió de juez, Inojin andaba detrás de Freya y Sakura no había aparecido.
Yo formé grupo con mi "cuñada" y mi representante, me encantó conocer más a Karin Uzumaki, era sencilla—otra de sus muchas cualidades y parecía tener bastantes—, discreta, nada que ver con lo que mostraba al exterior. No había rastros de la mujer arrogante que parecía ser, era una excelente conductora de radio, una modelo preciosa y una muy buena reportera, ella e Ino estaban planeando la tortura que sería la dichosa entrevista, por lo cual decidí ir al tocador un momento.
Estaba subiendo las escaleras cuando me encontré con Sakura que venía bajando. Mi cuerpo entero se contrajo y me obligué a relajarme, ella me había parecido una buena persona las dos veces que nos habíamos visto, a pesar de no haber cruzado palabra, pero la advertencia de Naruto me había predispuesto.
—Si estás buscando a tu novio, aún está reunido con Jiraya y Tsunade —murmuró con desdén.
—Solo busco el baño—dije sin mirarla a los ojos.
Si Naruto tenía algo claro con respecto a mí, era mi nulo talento para mentir, y tenía toda la razón, ¡diablos! Iba a seguir mi camino, pero la mano de Sakura cerró su amarre sobre mi brazo.
—¿Qué es lo que quieres con Naruto? —preguntó tajante y la miré sin entender.
¿Qué diablos te importa?
—¿No dijiste que habías leído todas las revistas?—mis ojos la rehuían con terror, le tenía miedo, pero no se lo iba a demostrar.
—Te estoy preguntando qué quieres tú con él, no qué dicen las revistas —escupió—. No creo que seas novia de Naruto, siempre ha sido un cabrón con las mujeres, y no eres su tipo.
—Y supongo que como tú lo conoces bien sabes perfectamente cuál es el tipo de mujeres que Naruto prefiere—levanté una de mis cejas, ¡diablos! No me iba a dejar, yo no era una mujer miedosa, ¡no señor!
Hinata preparada para pelear
—Por supuesto, a él le gustan las estúpidas sin cerebro, mujeres que él pueda dejar rápido, que no lo reten, aquellas mujeres que no tengan tu tipo.
Ok me había equivocado, al parecer Sakura no era tan buena persona, sinceramente me empezaba a incomodar su franqueza.
—Mmm... ¿Mujeres huecas y que solo piensen con lo que tienen en la entrepierna?
Estaba disgustada, pero no era tanto por la suficiencia de Sakura, era la forma en la cual creía conocer a Naruto, si bien era un tipo modelo, había que abonarle que debajo de su prepotencia era un buen hombre.
Además, la única que podía tener un mal concepto de él era yo, y en ese momento y con lo dulce y tierno que se estaba comportando, lo estaba dudando.
—Exacto—sonrió con suficiencia.
—Bueno, si eres su cuñada es normal que conozcas a Naruto, pero según tú, ¿cuál es mi tipo? si se puede saber, señora experta en leer personalidades —Sakura sonrió de manera maliciosa.
—Tú eres de las mujeres de las que se enamoran locamente. De las que gritan amor, dependencia y hogar caliente con lindas chimeneas y pasteles de chocolate, mientras que se escucha un perro ladrar en el jardín; la televisión encendida... Ese es tu tipo y Naruto es de los hombres que huye de eso, tienes razón en algo... lo conozco muy bien, demasiado bien.
Un momento, eso me sonó a un halago. ¡Qué mujer tan bipolar!
—¿Fuiste su amante?—¡Dios!, solo esperaba que su respuesta no fuese afirmativa.
—¿Yo? —Sakura se burló de mi pregunta—. ¡Jamás! Él y yo jugamos en distintas ligas.
—Actúas como una mujer despechada que tiene que conformarse con un premio de consuelo.
Yo también puedo ser franca y directa, querida.
—¡Vaya! Parece que la que tiene que cuidarse aquí soy yo —hizo una cara chistosa de asombro—. Perdona si fui grosera, Hinata, pero conocí a una mujer que era de tu tipo, Naruto le perdió el gusto cuando se dio cuenta que soñaban con el perfecto cuento de hadas y le partió el corazoncillo de porcelana cuando la dejó.
—¿Te preocupas por mí?—levanté una ceja como lo hacía mi novio— Un millón de gracias pero, no es necesario.
—Naruto no es como Sasuke, él nunca se entrega, para él todo es un juego. Pareces inteligente como para pretender que él cambie algún día.
—¿Qué pasaría si soy yo la que no quiere el sueño de la casita en la pradera? No, Sakura, estás muy equivocada conmigo—susurré negando con la cabeza—. No espero nada más de Naruto que lo que me está dando—subí dos peldaños quedando sobre ella—. Si me disculpas, de verdad necesito encontrar el baño —la apunté con mí índice y le hice un guiño—. Tú también pareces inteligente, me extraña que creas lo que dicen esas revistas de mí.
—¿Sucede algo?—la voz de Naruto nos sobresaltó a las dos, él parecía enojado, su cabello estaba mucho más revuelto, lo que me decía que había pasado las manos muchas veces por él además, la vena en su frente parecía querer explotar.
—Nada, Sakura y yo solo conversábamos.
—¿Sakura?—miró a su cuñada fijamente.
—Ya te dijo tu novia—escupió cortante—. Fue un placer conocer a la verdadera Hinata.
—Lo mismo digo, Sakura—dije empezando a subir los escalones, cuando pasé por al lado Naruto, él me observó sin decir nada, así que caminé directamente hasta llegar al que creía era el baño, que afortunadamente, sí era.
Me miré en el espejo y traté de arreglarme el cabello con las manos, siempre se veía desordenado como si nunca lo peinara; era una de las razones por las cuales mis gorras eran mis mejores amigas. Abrí el lavabo y mojé mis manos lavándome la cara; también busqué entre mis bolsillos una goma y decidí al final amarrarme el cabello. "Es hora de la función Hinata" me dije a mí misma abriendo la puerta para salir.
Naruto estaba apoyado en la pared, frente al baño, con los brazos cruzados en su pecho; aún parecía enojado, sus ojos se enfocaron en los míos.
—Quiero saber ¿qué fue lo que sucedió con Sakura? —inquirió en voz baja.
—Ya te dije, solo hablábamos—él se acercó y yo retrocedí, dejando que mi espalda se pegara a la puerta, posición ideal para que él me encerrara en sus brazos
—No soy estúpido, Hinata, Sakura es Sakura... algo tuvo que decirte. Solo con mirar tu rostro, supe que no estaba siendo amable.
—Esto está mal—musité—es hasta cruel engañar a tu familia con este falso noviazgo.
—No te preocupes por ellos y, Sakura es complicada, una vez que entras en confianza ella...
—¡No quiero entrar en confianza, Naruto!, lo nuestro no es real, no estamos enamorados —iba a hablar, pero no lo dejé—. Tú me estás enseñando acerca del sexo y yo me estoy aprovechado de ello para que mi libro sea un...
Naruto unió sus labios a los míos silenciándome con fuerza, era como si toda su rabia la estuviera volcando en ese beso; lamió, succionó y mordisqueó mis labios fuertemente, sin algún atisbo de la dulzura que había mostrado en los últimos días; me dejé arrastrar fácilmente mientras él sometía mi lengua, absorbiendo mis jadeos devorando mi voluntad.
El beso se volvió más furioso, mucho más carnal, mi cuerpo reclamaba por oxígeno, coloqué mis manos en su pecho intentando apartarlo, pero él era fuerte; mordía y jalaba violentamente. Transformé mis manos en puños y lo empujé con todas mis fuerzas, logrando que él se separase de mí.
¿Por qué entre él y yo existía esta necesidad? El sexo no era así, era placer y gozo, no este sentimiento de desgarramiento, esta necesidad de devorarse, esta sensación de que entre ambos algo irremediable ocurrirá.
Naruto respiraba igual de pesado que yo, mi corazón latía frenéticamente y mis pulmones luchaban por aire, ambos estábamos jadeantes y aún no podía entender qué demonios le sucedía, pero, si de algo estaba segura, era que ese beso había sido diferente a los demás que habíamos compartido, él había actuado como si yo fuese su posesión, como si lo nuestro fuese real.
—Nunca vuelvas a besarme así, Naruto Uzumaki—dije sintiendo mis labios hinchados—. Menos cuando te estoy diciendo la verdad.
—Tú yyo tenemos un trato, uno escrito y uno verbal, no vuelvas a decirme que algoque yo haga pueda dañarte porque sabes que no es así— inspiró profundamenteantes de girarse y bajar las escaleras de dos en dos.
Continuará...
