Quédate: Parte Dos


Capítulo 2: Parte dos


Volví a entrar al baño y me senté por no sé cuánto tiempo en el retrete; escuché que tocaron la puerta y me levanté para abrir.

—¿Estás bien?—Ino me abrazó tan pronto abrí la puerta—. ¿Qué sucedió Hinata?, Naruto bajó como un toro viendo rojo, azotó la puerta tan fuerte que temimos por la estabilidad de la casa, Jiraya y Tsunade bajaron minutos después.

—Discutimos—antes que ella pudiera preguntar el por qué, volví a hablar—. Esto es un fraude Ino y me siento mal—murmuré—para esta familia esto es real y algo dentro de mí no quiere defraudarlos.

Antes que pudiera decir algo más ella me abrazó nuevamente.

—Hinata ya te montaste en este barco, no puedes hacer nada más. Con la entrevista de mañana no quedarán dudas que su amor es "real"—dijo entre comillas—. Solo queda mes y medio y podrán alegrar que había diferencias, que no funcionó, pero no podemos echarnos para atrás ahora. No solo tu libro está en juego, sino tu carrera como escritora, así que la función debe continuar y, hasta que se baje el telón, debes ser la novia del soltero de oro de Nueva York.

» Para el lunes, la foto de ustedes estará en todos los puestos de revistas como la historia de amor perfecta y debes empezar ahora, así que ve a buscarlo; Tsunade dice que debe estar detrás de la cabaña en el pequeño acantilado, Sasuke iba a ir por él, pero al ver que no bajabas dedujeron que habían discutido y Tsunade cree que, si tú no vas por él, él no va a venir —tomó aire y pareció divagar—. Esa mujer habla de Naruto como si fuese a desaparecer en algún momento.

—Lo he notado—dije respirando fuertemente.

—¡Actuar, Hinata!, sé que no es tu fuerte, pero por tu carrera, debes hacerlo.

Bajamos las escaleras juntas, Ino volvió a la sala y yo caminé en dirección a la cabaña. Bordeé el lugar hasta ver la figura de Naruto, estaba de espalda; había anochecido y hacía algo de frío, llegué más cerca de él y lo vi agacharse a tomar unas piedrillas y luego arrojarlas desde allí hasta el mar.

—Déjenme solo—murmuró sin voltearse cuando pisé una pequeña rama.

—Soy yo—dije, pero, aún así, él no se volteó—. Naruto, lamento haber actuado como lo hice.

Silencio total, solo el sonido del océano golpeando los acantilados.

—Mira—me limpié las manos en los vaqueros—... soy algo negativa, ¿vale?, está en mí.

No se giró.

—¡Podrías por favor voltearte y mirarme por un demonio! Intento hablar contigo.

Él se giró y en su mirada vi tristeza... algo que no entendía; no era posible que ese hombre estuviese triste por una discusión sin sentido.

—Esto no es fácil para mí, ¿entiendes? No soy muy buena mintiendo y me resulta incómodo engañar a tu familia, tampoco puedo negarte que si algo de esto sale mal, es mi carrera la que está en juego. Mi nombre...

—Tienes que confiar en mí. —Naruto tiró la última piedra que había en su mano antes de acercarse—. Sé que he sido un maldito cabrón, soy ególatra y mujeriego, pero no te haría daño, Hinata, no a propósito—tomó mi rostro entre sus manos—. No cuando tú me importas.

Negué con la cabeza y me alejé de él, traté que de mi boca saliera una frase irónica pero, fracasé.

—Al menos, estas peleas nos dejan claro el terreno que pisamos: química y un libro por publicar —intenté ser graciosa.

—Hinata...—el sonido de mi nombre fue diferente en ese momento, sonaba como si unas palabras quisieran salir de su boca y no fuese capaz de pronunciarlas.

—Vamos, ya van a servir la cena.

El "No cuando tú me importas" todavía resonaba en mi cabeza y no le iba a dar la oportunidad de aclararlo u oscurecerlo, ya tendría tiempo para mi drama personal, ahora actuaría como me había pedido Ino, así que como novia complaciente, le tendí mi mano y él la tomó entrelazando nuestros dedos.

—Lamento lo del beso—su mano libre tomó mi mentón. —Olvidémoslo...

—Necesito besarte—murmuró suavemente.

—Naruto...

—Hinata—se agachó un poco dejando nuestros rostros juntos—, voy a besarte porque quiero hacerlo, no te estoy preguntando, ni pidiendo permiso, simplemente voy a besarte. — Abrí mi boca dispuesta a protestar, pero el contacto tibio de sus labios al unirse a los míos me lo impidió; fue un beso deseoso, pero ya no con la misma fuerza que minutos atrás.

» Mis manos se anudaron a su cuello empinándome hacia él y Naruto se irguió, apresándome por las caderas y pidiendo permiso para invadir mi boca, accedí fácilmente y nos besamos sin pausas; escuchando las olas violentas, mientras la brisa fría nos envolvía y los grillos chillaban a nuestro alrededor su canción monótona.

Regresamos a la casa Uzumaki tomados de la mano y Jiraya ordenó a Manuel que Lupita —la ¿mujer? de Manuel— sirviera la cena. Naruto se disculpó para lavarse las manos y antes de irse me dio un último beso. Sasuke me abrazó, empujándome hacia el comedor sin importar la mirada de su esposa.

Jiraya se sentó en la cabeza de la mesa, a su derecha estaba Tsunade, a su lado, Karin y Sasori, Ino a su izquierda, había una silla vacía correspondiente a Naruto, Tsunade me ubicó al lado de la silla de Naruto junto con Sasuke y Sakura, Sai en el otro extremo de la mesa cerca de Ino y la sillita portable para niños de Inojin. Varias chicas empezaron a traer la cena, todo olía delicioso y mi estómago gruñó en protesta, no había probado bocado desde el desayuno.

Por un momento dirigí mi mirada a la madre y al padre de los Senju Uzumaki, y algo extraño vi en ellas, los ojos dulces de la matriarca estaban tristes y, los de Jiraya parecían contener apesadumbrados pensamientos; mi mente de escritora siempre alerta deseaba saber qué existía allí, qué pensaban y por qué ambos hacían el ritual de la servida de la cena de manera casi religiosa.

Era como si algo turbio y oscuro se deslizara entre todos.

Solo come, niña

Naruto se sentó en la mesa y Jiraya se levantó de su silla para bendecir los alimentos, no era muy creyente pero aun así incliné mi rostro y cerré los ojos en señal de respeto; Tsunade agradeció por sus hijos y pidió bendiciones para las personas que los acompañaban en la mesa y la tercera generación de los Uzumaki; abrí mis ojos un momento para ver a Sakura acariciando su vientre plano, Karin dio gracias por el año que transcurría y pidió por el nuevo año, Sasori puso su gesto más serio mientras bendecía los alimentos.

Ino pidió por su familia y por el éxito de nuestras carreras, Sai complemento su oración extendiendo bendiciones para la familia Uzumaki, Sakura y Sasuke oraron por su bebé no nato, cuando fue mi turno, usé mis dotes de escritora para hacer una oración decente.

Mi abuelo no celebraba estas fechas, él no creía en nada y yo me había acostumbrado a no celebrarlas, a pesar de que Ino y Sai me invitaban a cenar con ellos ese día. Naruto apretó mi mano fuertemente cuando lo incluí a él en la oración, ¿por qué lo hice? No lo sabía, simplemente había aparecido en mis pensamientos cuando estaba por terminar.

Él fue el siguiente; suspiró fuertemente antes de dar gracias por la maravillosa familia que le había tocado, por los amigos que lo acompañaban hoy en día, deseó un futuro brillante para su sobrino aún sin nacer y éxitos para mis futuros proyectos; en algún momento de su oración, sentí su voz quebrarse y apretar mi mano, bendijo a cada miembro de la mesa y agradeció a por la excelente vida que había gozado hasta el momento y lo que le quedaba.

Cuando pronunció el suave amén, todos abrimos los ojos y sentí la lágrima descender por mi mejilla; la limpié rápidamente pues no quería que nadie lo notase, pero no era la única que lo hacía, Tsunade estaba prácticamente deshecha en llanto, Sasuke evitaba a toda costa las lágrimas y Jiraya acariciaba la mano de su esposa mientras palmeaba la de Naruto suavemente.

Jiraya tendió los cuchillos a Naruto para que cortara el pavo que adornaba la mitad de la mesa, Tsunade limpió sus lágrimas y cada quien pasó su plato para que Naruto colocara la porción de carne blanca.

—Esto se ve delicioso—dije sin poder evitarlo, era como si aquello fuese mi primera cena de Acción de Gracias, algo se removió dentro de mí, todo con Naruto era mi primera vez: una enseñanza, el sentir de algo que nunca había experimentado.

El pavo sabía exactamente igual como olía, exquisito: finas hierbas mezcladas dándole ese sabor inconfundible a algo casero, el puré, la ensalada verde y la salsa de arándanos que acompañaron al plato principal, estaban deliciosos; para terminar pie de manzana acaramelada. Ino y Sakura repitieron postre alegando que los bebes comían más, haciendo reír a cada integrante de la mesa.

Cuando la noche cayó completamente, Naruto se veía cansado. Imaginé que era por el viaje, Ino y Sai se habían disculpado dos horas después de la cena, mientras veíamos una película en el salón de cine de la casa Uzumaki. Sakura argumentó sentirse fatigada, razón por la cual ella y Sasuke también se retiraron temprano, estaba quedándome dormida al lado de Naruto cuando sentí sus labios posarse en mi frente, estábamos solos y la pantalla mostraba los créditos de la película que estábamos viendo.

—Creo que es hora de marcharnos también—murmuró en mi oído.

—¿Dónde están Karin y Sasori?—pregunté por nuestros únicos acompañantes

—Acaban de irse—me ayudó a ponerme en pie y juntos, caminamos hacia la cabaña.

Me metí al baño para colocarme el pijama, cuando entré a la habitación para dejar mi ropa sobre la maleta y vi a Naruto debajo las sábanas, tragué saliva pesadamente antes de tomar una almohada.

La sensación de intimidad que se estaba construyendo entre nosotros crecía a pasos agigantados y resultaba agobiante, empezaba a darme cuenta de que el sexo era solo un escalón en las relaciones afectivas, existían otras cosas, cosas que con el pasar de los días se hacían más importantes entre él y yo: mirar una película, comer juntos, cepillarnos los dientes en el mismo baño, dormir... simplemente, dormir.

—¿A dónde vas?—preguntó desconcertado.

—Tu sofá se ve cómodo, que tengas buena noche, Naruto.

—Hinata, no seas estúpida—murmuró cuando iba a salir—. Ven a la cama ahora—sentenció.

—No tengo que dormir contigo, Naruto; además, tu familia...

—Mi familia—interrumpió, como siempre—... está a más de cincuenta metros de distancia—se levantó de la cama y por un momento mis pulmones dejaron de ejercer su trabajo. ¡Dios mío jamás en mi vida podría estar preparada para verlo completamente desnudo! Cuando quise reaccionar al trance en el que entraba cada vez que veía su cuerpo, él ya estaba a unos centímetros de mí.

—No voy a dormir ahí—me moví para indicar la cama.

Sí, la desnudez de Naruto me volvía patética, lo reconozco.

—Es una jodida estupidez que quieras dormir en el sofá cuando llevamos más de un mes durmiendo juntos—sus manos se deslizaron por mis hombros desnudos y me golpeé mentalmente por no haber traído más que un miserable short y una camisa de tiras como pijama.

Sabías a lo que venías, ahora no te pongas remilgada.

Genial, la voz había decidido aparecer... La encerré en el mismo cuarto oscuro, al final de los pasillos de mi mente, cuando Naruto bajó una de las tiras de mi camisa.

—Demasiada ropa, preciosa—deslizó el otro tirante y sostuve la tela sobre mis pechos.

—¡Tengo sueño, estoy cansada!

—Hinata, eso no te va—descruzó mis brazos bajando la camisa del pijama, automáticamente cubrí mis pechos con sus manos.

—¡No!

—¿No? Si mal no recuerdo tú y yo dejamos inconcluso algo esta tarde.

Su voz fue baja, ronca... tan malditamente sensual que sentí mi entrepierna humedecerse...

¡Santo Joder!, ¡por Odín necesito ser más fuerte!

Cuando los labios de Naruto tocaron los míos, mi bandera de tregua erótica se fue al olvido y perdí por knock-out.

Un suave jadeo brotó de mi cuerpo.

—Despierta para mí, pequeña... —escuché su voz ronca y sentí sus manos poderosas acariciándome la piel, una de mis piernas fue flexionada alzándola en el proceso, no era la primera vez que me despertaba así, este hombre era insaciable.

Digo, aún sin correrse, en algún momento tenía que cansarse, ¿no?

Naruto pasó su barba por la sensible piel de mi sexo.

—Si no despiertas, nena, voy a atormentarte lenta y pausadamente.

Su lengua paseó lentamente entre mis pliegues y me rendí, subí las piernas a sus hombros y apreté sus cabellos exigiendo más. Por aquellos minutos que eran eternos entre ambos, mientras él torturaba de forma gloriosa cada parte de mi cuerpo, yo podía sentir que mi vida y toda mi existencia, estaban a la deriva; era arrastrada hasta una playa desconocida y allí en el calor de la piel de Naruto Uzumaki, yo, Hinata Hyûga estaba segura y protegida.

¡Eureka Hinata! lo has descubierto pequeña.

¡Demonios! ¿Cómo pude ser tan ingenua y tonta? Creer que ser el juguete sexual de ese hombre sería simple, pero no, no lo era; estaba siendo tomada por la presencia y existencia de aquel hermoso y misterioso ser humano.

Él me penetraba no solo físicamente, era mucho más, tomaba mi alma, mi corazón, mi mente y mis sentidos; era un erotismo del corazón, encadenarme hasta dejar de respirar, ser una mujer atada de todas las formas posibles, él respiraba cerca de mí y yo entendía que su oxígeno, también era el mío.

Y no, no era posible, porque su aire se iría pronto y yo debería reaprender a vivir, solo esperaba que mi corazón soportara el golpe cuando estos tres meses acabaran.

Naruto cayó a mi lado como peso muerto luego de correrse, no sabía cuántas horas llevábamos en eso, en la noche habíamos estado juntos, me había dado placer hasta casi enloquecer mientras que él se abstenía, sabiendo yo que mi placer agónico, era el de él.

Ahora parecía estar satisfecho, me atrajo a su cuerpo y me aferré a él enredando mis piernas entre las suyas, mientras sus fuertes brazos me sostenían con fuerza. Respiré el aroma natural de su piel, mezclado con su sudor y el inconfundible olor del sexo, no sabía qué hora era, pero tampoco me importaba, escuchando el irregular latido de su corazón caí en una duermevela tranquila...

Escuché sonidos, fuertes sonidos y me levanté desorientada, estaba sola en la cama y los sonidos que escuchaba eran arcadas; enrollé la sábana a mi cuerpo y me levanté lo más rápido que pude hasta llegar al baño.

—Naruto...

—Vete—lo sentí vomitar aún más violentamente y mi estómago se tensó—, no necesito público.

—¿Estás bien?, ¿necesitas que vaya por Jiraya? —pregunté, tontamente, era obvio que no se sentía bien.

—No. Estoy bien. Esto es... Dulzura vuelve a dormir.

¿Dormir? ¿Acaso se había vuelto loco?

Iba a entrar al baño a verificar si estaba bien, cuando las arcadas se escucharon nuevamente, respiré profundamente y abrí la puerta, Naruto bajaba la palanca; su frente estaba recostada sobre el toilette y respiraba entrecortado, le ayudé a levantarse y él abrió la llave del lavado para enjuagarse la boca. Juntos fuimos a la habitación para que pudiera recostarse, estaba helado y demasiado pálido, lo vi respirar profundamente antes de apretar su cabeza.

—Iré por Jiraya—dije buscando mi pijama, no me gustaba nada su aspecto, algo en mi corazón se tensó al verlo así... vulnerable.

—¡No!—agarró mi muñeca—¡Estoy bien!

—¡No lo estás!

Sus ojos azules se veían opacos, el iris estaba dilatado, la vivacidad propia de la mirada de Naruto había desaparecido.

—Busca entre mi equipaje la caja verde con blanco y pásame una píldora. Joder, no debí comer tanto anoche—musitó en tono de broma o al menos, eso intentó—. Estoy acostumbrado a comer comida chatarra, la cena de ayer fue mucho para mi podrido estómago—busqué entre su maleta rápidamente.

—Naruto, ¿cuál de todas estas cajas es?—pregunté, había varias cajas de medicamentos.

—La verde y la blanca, una es un digestivo y la otra es un analgésico, me ayudarán a sentirme mejor.

Le tendí ambas cajas y volé a la cocina buscando un vaso con agua, con mucha dificultad los tomó y luego se recostó; me senté a su lado y dejé que mis dedos trabajaran en su cabello en un masaje que intentaba ser relajante, un par de minutos después estaba completamente dormido.

Busqué entre su equipaje y saqué un bóxer y los puse cerca para que cuando él despertara los viera; me di un baño rápido y me coloqué un short de jean, una camiseta suelta y mis zapatillas de deporte, mientras me bañaba, algo me daba vueltas en la cabeza: la gran cantidad de medicamentos que había en la maleta de Naruto. Tomé su laptop de la mesa de cómputo y las cajas del maletín, nada del otro mundo. Como él me había dicho, eran analgésicos, digestivos y unos comprimidos para la presión arterial, al parecer era solo eso, sufría de presión.

Estuvo dormido un par de horas, aún no pasaba de medio día cuando se despertó, propuso una ducha juntos, sus ojos estaban centellantes como siempre, lo que me alivió un poco. Me negué a "ahorrarle agua al planeta" y me tocó correr para que él no me atrapara, evidentemente su malestar se había ido, lo esperé en la pequeña sala mientras tomaba un refresco. Me había hecho un emparedado de queso y jamón mientras él dormía; lo vi salir de la habitación enfundado en unos vaqueros de cintura baja y un suéter blanco cuello en "V".

Luego del almuerzo, decidimos bajar a la playa, mientras los chicos jugaban fútbol con una vieja pelota de Sasuke—cuando digo los chicos, me refiero a Jiraya, Sasuke, Sasori, Sai, Karin y Naruto— Tsunade leía un libro, Ino y Sakura hablaban de bebés; saqué mi celular y le marqué a Hanabi, extrañaba a esa enana desagradecida.

Soy Hanabi, en este momento no puedo atenderte, déjame un mensaje y te llamo.

Se me estrujó un poco el pecho al escuchar su buzón de voz.

—Hey Hanabi, soy Hinata, por favor dime ¡hola!

Tsunade se acercó a mí, me preparé para una conversación con mi "suegra" pero ella no dijo nada, Sasuke anotó un gol y Naruto sonrió montándose en su espalda.

—Hacían eso de niños—dijo, mientras veíamos a Karin tirarse sobre los dos en la arena ya que el peso de Naruto había causado que Sasuke cayera—. Eran ellos tres versus Jiraya, Manuel y yo; cuando uno anotaba los otros dos se le tiraban encima—. Miré a Tsunade sobre mis gafas de sol, asociando a Naruto con el niño de pelo largo y rostro tierno de la fotografía de su casa—. A ninguno de los tres llevé en mi vientre, pero a todos los amo como si lo hubiese hecho.

—Entiendo...—murmuré viendo la escena: Karin pateaba arena a sus dos hermanos.

—Sé que tu madre no estuvo contigo.

—Gracias por tu atención, pero no me gusta hablar de Hanna —zanjé el tema, esos eran caminos espinosos para mí.

—Entiendo—fue su turno de murmurar, el momento se volvió incómodo y pesado, el silencio que nos absorbió no me gustaba para nada —. ¿Cómo vas con tu libro nuevo?

Me pregunté internamente qué tanto sabía ella, miré su rostro y ella alzó el libro que estaba leyendo... "Tentación"

—Es interesante cómo captaste la esencia de Diego

Sonreí, yo amaba a Diego, siempre había creído que mi hombre perfecto sería como él, tímido y caballeroso, pero conocer a Naruto había cambiado mis perspectivas con respeto a los hombres.

—Es un amor bonito el que él y Megan tienen.

—Sí, de hecho, lo es—susurré—y en cuanto al nuevo libro, estoy en los capítulos finales.

—¿Es del genero erótico, no?—la miré sin saber qué decirle—. Tranquila, para mi cumpleaños Naruto me regaló la saga del señor Black, gracias a él también tengo una gran variedad de libros de esa índole— sonrió avergonzada—. ¿Naruto te está ayudando con este nuevo libro verdad?

—Yo... — ¡Diablos! ¿Qué le decía? No quería que creyera que estaba utilizando a su hijo.

Aunque eso era precisamente lo que estaba haciendo

—Tranquila, si Naruto confía en ti yo lo haré, lo único que te pido es que lo hagas feliz, Hinata; el tiempo que dure—repitió las mismas palabras dichas en la inauguración del hotel, iba a preguntarle qué pasaba, pero en ese momento fue el turno de Naruto en anotar, en lugar de dejar que sus hermanos cayesen sobre él, corrió hacia mi tirándose a mi lado y jalándome sobre él para darme un beso hambriento.

Traté de alejarme, pero sus brazos anudados a mi cuerpo hacían imposible que me apartara, siguió besándome con demencia y caí fácilmente enredando mi lengua en la de él y exigiendo más de lo que ya le daba.

Escuchamos un chiflido digno de camionero y luego, Sasuke gritó:

—¡¿Piensas realizarle una limpieza dental, Naruto?! Hasta donde sé, eres sexólogo no dentista—murmuró burlón, fue mi momento de morderle el labio de Naruto.

Siseó, logré soltarme y me bajé de su regazo, vi la mirada de Ino, tenía esa mirada que me decía lo que ya yo sabía: estaba pérdida, muy perdida.

El anochecer nos encontró a todos reunidos en el salón de la casa, Sai e Ino sentados lado a lado con Inojin dormido en brazos de su padre; Karin y Sasori casi ajenos al resto estaban inmersos en su pequeña burbuja de amor; Karin había conocido a Sasori en la universidad, él era fotógrafo y había sido un flechazo a primera vista aunque ella lo había hecho sufrir, se habían casado a escondidas en Las Vegas por eso nadie sabía que la famosa modelo Karin Uzumaki, estaba felizmente casada.

Naruto se comportaba como un novio devoto, me hacía sonrojar hasta los cabellos, era atento y amable sin dejar de ser el puto cabrón ególatra que yo conocía, me había dado un par de besos más sin importar que su familia nos estuviese observando; así que, al parecer, había disipado las dudas de su cuñada, Jiraya y Tsunade—como me exigió que la llamara—se habían retirado temprano.

Habíamos acordado hacer la entrevista al siguiente día, ya que habíamos pasado toda la tarde en la playa, Sasori tomaría las fotos, Ino y Karin habían decidido que sería en la pequeña cabaña de Naruto.

—Ya va a comenzar el programa—nos avisó Sasuke, habíamos estado esperando el programa de Naruto y Karin.

Karin se levantó de las piernas de Sasori justo cuando Naruto entraba en la habitación con un refresco para mí, hacía unos minutos habíamos hablado con Hanabi y mi hermana había querido hablar con él, se llevaban muy bien, tan bien... que estaba empezando a preocuparme. Cuando esta mentira acabara, Naruto se alejaría de nosotras y no sabía qué tanto podría afectar eso a Hanabi.

—¿En qué piensas, Dulzura?—se sentó a mi lado, junto a la chimenea tendiéndome el refresco.

La temperatura había bajado considerablemente y habíamos pasado de unos agradables 16°C a 7°C rápidamente.

—¿En el cambio climático?

—¿Tienes frío?—negué con la cabeza sintiendo su brazo pasar por mis hombros justo segundos antes que su aterciopelada voz se escuchase por los parlantes de la habitación.

El programa fue muy divertido, algo corto debido a que era grabado, Naruto se empecinó en hablar sobre los dibujos animados, la verdad fue mucho más diversión que información.

—¿¡Qué tienes contra las princesas de Disney!?—dijo Ino enojada lanzándole un cojín una vez que Sasuke apagó el reproductor.

—Son unas zorras—dijo Naruto, mirando que Inojin estuviese dormido, Sai alzó el dedo pulgar dándole a entender que sí—. Mira, el único que creía que en verdad las princesas eran "Damiselas en apuro" era Walt Disney pero si miras bien, te darás cuenta que no es así—declaró.

—Comparto esa idea, por eso si Sakura tiene una niña bloquearemos los canales de Disney.

Sakura dio un leve empujón a Sasuke.

—¿En qué basas tu teoría, genio?—masculló Ino rodando sus ojos, le gustaba provocarlo para que hablara sobre su visión erótica de la factoría comercial de cuentos infantiles.

—Mmm... sencillo, todas las "Princesas"—hizo comillas con sus manos—, todas son reprimidas sexuales, o buscaban sexo.

—Mérida no lo hizo—declaré interrumpiéndolo, algo había visto yo en internet acerca de lo que Naruto decía.

—Mérida es lesbiana—dijo encogiendo los hombros.

—Ninguno de sus pretendientes le daba la talla, esa mujercita es ardiente, por eso el cabello rojo—completó Sasori, ganándose un zape de Karin.

—Aún no me dices por qué piensas que las princesas son zorras— reiteró Ino, mirándolo desafiantemente.

—¿Quieres una explicación lógica?—Ino rodó los ojos—. Está bien. Blancanieves: su sexualidad es una amenaza creciente para otra mujer, por lo que es asesinada. Su única ventaja, la belleza física, es lo que la salva al final. La Bella Durmiente: prometida en el nacimiento para solidificar una posición política, es asesinada por otra mujer por despecho. Su dueño... ejem... novio, la salva con un beso. Una vez más, el sexo es su única salvación. Jasmine: esta princesa debe casarse para satisfacer de los requerimientos de la ley. Su renuencia a hacerlo, le trae a su poderoso padre un sinfín de problemas. Ella es esclavizada por un hombre poderoso y solo se salva por el ingenio de una rata de la calle. Ariel...

—¡No te metas con Ariel!—chilló Ino que para este momento estaba riendo.

—Tú lo quisiste, pequeño saltamontes—Naruto sonrió burlón—. La Sirenita: sabías que ella cambia drásticamente su apariencia física a fin de ser más atractiva para un hombre. El precio es que ella no puede hablar. Úrsula le dice a Ariel que lo único que necesita para conquistar a un hombre es ser guapa, y le pide su voz a cambio de darle unas maravillosas piernas con entrepierna incluida, y cuando Ariel se queja, Úrsula responde: "¡Pero... tendrás a tu hombre!". Y ante un argumento de tales magnitudes, a Ariel no le queda otra que aceptar. Y ella quería negarse, de verdad, porque es su voz y bueno, sin ella no puede hablar, básicamente, pero a cambio va a tener a Eric, que es guapo, moreno y es un príncipe y, ¿para qué le sirve su voz cuando puede tener sexo? ¿No, Hinata?—me miró—. Salva la vida de un príncipe con su único valor, su sexualidad.

—Dios Naruto, basta ya—se quejó Sakura—. Vas a destruir mi infancia, bastardo.

—Ustedes querían saber, así que ahora se aguantan—musitó serio—. Cenicienta: es salvada de terribles condiciones de vida por un príncipe. El príncipe la salva no porque ella sea muy trabajadora, sino porque es hermosa. Y no podía faltar Mulan, que, aunque acabó con el soldadito, dio un paso más en cuanto a la onda gay vistiéndose de hombre para poder entrar al ejército y haciendo que el mentado soldadito se enamorara de "él" o sea, un objeto sexual.

» Que Disney nos colocara un feliz para siempre, es diferente, la única que es rescatable es Elsa, pero como siempre hay una manzana podrida y esta es su hermana Anna, otra princesa reprimida que nunca había visto una polla... digo un hombre y al ver a Hans se "enamora" perdidamente de él, pero es tan puta que al final queda con el rubio. A Anna no le importaba el tipo, ella lo único que quería era aquel secreto oculto que le colgaba entre las piernas al chico del hielo. Y es que si comparamos a Hans—hizo una pose completamente gay—y a Kristoff—ahora imitó un físico culturista... Sabemos quién puede ser mejor en la cama.

—¡Hans la engañó!—chilló Ino igual que Inojin en medio de un berrinche.

—¿Y por culpa de quién?—todos callamos en la sala—ella lo vio y casi lo viola ¡en serio! Pero para bajar el toque sexual, Disney coloca una cancioncita para retrasados y adorna la creciente historia de amor con flores y corazones.

—¡Mierda cállate!—fue el turno de Karin de lanzar un cojín.—¡Eres un depravado!

—Y eso que no les he contado aún la historia de Perrahontas— murmuró pagado de sí mismo.

—¡Sácame de aquí Sai!—gritó mi amiga, escondiendo su cabeza en el pecho de su esposo. De niña, Ino había soñado con el príncipe azul que la salvaría de su padre; Sai apareció en su bicicleta de rueditas un día para salvarle la vida cuando tenía ocho años...

Naruto rió abiertamente y lo observé divertida, sus argumentos eran increíblemente coherentes, aunque muy estúpidos y perversos. Prefería quedarme con la versión rosa de Disney.

—Jodes a las princesas, pero bien que te gusta ver Once Upon a Time —murmuró Sasuke.

—¿¡No has visto a Evil Queen!? Esa mujer es jodidamente sexy — Sasori chocó los cinco con Naruto.

Sakura e Ino continuaron lanzando los cojines del sofá y Naruto se burló sacándoles la lengua como un niño, un par de horas después, caminábamos hacia la cabaña.

Naruto se había acostado a mi lado, mientras yo leía un libro que hablaba sobre el sexo tántrico, libro que él mismo me había dado días después de nuestra experiencia, mientras él aparentaba mirar televisión pasando los canales sin encontrar nada que ver, apagó el aparato abrazando mi pierna mientras subía su cabeza a mi regazo, por instinto pasé una mano acariciando su sedoso cabello y solo le tomó unos segundos dormirse, el mismo tiempo en el que me di cuenta que estábamos haciendo nuestro acuerdo demasiado íntimo.

Bajé su cabeza de mis piernas y él se acomodó a medio lado sin despertar, cerré el libro colocándolo en la mesa de noche al lado de la cama, mientras observaba el hermoso espécimen a mi lado.

¡Dios!, no sabía si lo amaba o no, pero había algo en él. Era una idiota, siempre lo había sido; desde que lo vi en ese ascensor la primera vez algo en él me había atraído, sabía que iba a terminar muy mal si aceptaba su propuesta, pero aun así lo hice. Retiré un mechón de cabello de su frente y él sonrió entre sueños.

Me encogí ante aquel gesto.

Era tan sexy, tan hermoso. ¡Mierda! Estaba completamente dormido y aún así irradiaba esa sensualidad muy propia de él. Me acosté a medio lado observándolo como una fan enamorada; era tarde, aproximadamente las dos de la madrugada cuando por fin me quedé dormida.

La brisa del amanecer golpeaba mi rostro suavemente, no estaba haciendo frío, pero tampoco calor; el aire era fresco, había tanta paz y tanta serenidad que podría quedarme aquí por siempre, había tenido un sueño, sabía que era horrible por la sensación de temor que mi cuerpo albergaba, pero en estos momentos no podía recordarlo, tenía el corazón acelerado y la frente perlada en sudor, Naruto seguía dormido pero yo ya no podía volver a hacerlo, por lo cual me asomé a la pequeña terraza, quería ver el sol cuando saliese poco a poco.

—¿Qué haces aquí?—la voz de Naruto se escuchó somnolienta, colocó sus manos en la baranda de madera rodeando mi cuerpo—. El que ve el amanecer aquí, soy yo. ¿Te preocupa la entrevista?— negué con la cabeza. Él me obligó a girarme, dejándome con la espalda recostada al barandal—. ¿Qué sucede?—Su mano acarició mi mejilla.

—Simplemente, me desperté y no pude volver a dormir, salí y me quedé observando las olas... es relajante.

—Sí, lo es. Fue una de las razones por la cual mandé a construir la cabaña en este lado de la propiedad.

—Naruto, ¿de verdad piensas eso de las princesas? —pregunté.

—No es lo que pienso, Hinata; es lo que en realidad pasó. Lo que nadie sabe, pero muchos preferimos creer en fantasías que en realidades.

—¿Tú crees en fantasías?

—¿Sexuales?

Negué divertida.

—¿Hay algún momento del día en el que no pienses en sexo? —Sinceramente, aunque a veces creo que... ¡Nah!, soy un jodido pervertido, siempre pienso en sexo y más cuando estás tan cerca—se acercó a mí.

—Dame un respiro, Naruto—dije colocando las manos en su pecho.

—Anoche te lo di, nena. ¿Recuerdas esa cláusula de tu decálogo que señala "Cuando yo quiera"?

—Es cuando ambos queramos y ahora, no quiero.

Naruto tomó mi mentón, mirándome fijamente.

—¿Dime qué sucede?—su mirada se tornó preocupada.

—Creo... —negué con la cabeza—creo que debo intentar dormir— caminé de vuelta a la habitación.

—Hinata—me llamó cuando iba a pasar las puertas, haciéndome girar para verlo.

—¿Tienes alguna fantasía sexual?—mordí mi mejilla fuertemente, debatiéndome si decirle o no, abrí la boca para decirle, pero al final, decidí que era mejor no hacerlo y sin responderle, entré.

—Naruto siéntala sobre la barandilla de la terraza y mírala como si fuese tu sol—ordenó Karin mientras Sasori tomaba la fotografía—Eso es chicos, ahora ¿Naruto puedes meterte entre las piernas de Hinata?—él alzó una ceja con su sonrisita irónica—¡no seas cerdo!—caminó hacia nosotros y lo ubicó como quería—¿Puedes captar la luz de ahí cariño? —Sasori tomó otra foto y se la enseñó— ¡Perfecta! Un par dentro de la cabaña, algunas más en la playa y podremos concentrarnos en la entrevista en sí. ¿Tienes otro cambio de ropa?

—Deja eso en mis manos—Ino entró conmigo a la cabaña al tiempo que escuchaba a Karin decirle a Naruto que cambiara su ropa también.

Quince minutos más tarde salí de la habitación con un nuevo vestido, era de Ino; negro strapless bastante sencillo, Ino retocó mi maquillaje y salí a la sala para ver a Naruto, se había cambiado la camisa que había usado en las fotos anteriores por una de manga larga negra, además se había afeitado, mi cuerpo entero se estremeció cuando él me dio su sonrisa ladeada. Sasori y Karin habían cubierto el ventanal y encendido la chimenea de la sala, dándole una tonalidad oscura y mística al lugar...

—Hinata siéntate frente a la chimenea y Naruto pon tu cabeza sobre sus piernas—acatamos su nueva orden, pero tan pronto Naruto se acostó a mi lado colocando su cabeza sobre mis piernas Frey saltó a su pecho acostándose sobre él.

—Frey, ahora no puedo jugar—dijo Naruto quitándola de su regazo, pero ella volvió a su posición inicial—¡Frey!

—Déjala—dijo Ino antes de murmurar algo al oído de Karin.

—Es cierto, les da un toque de intimidad, bien Hinata acaricia el lomo de Frey. Mira directamente hacia Naruto.

Lo hice, pero mi mano libre en lugar de buscar a Frey buscó los cabellos de Naruto, por un segundo me perdí en sus ojos azules, encontrando tantas emociones en ellos que no podía empezar a describirlas.

—Bueno tortolitos, al sofá—gritó Karin, haciéndome sonreír, Naruto alzó su mano y acarició mi mejilla suavemente—escuchamos el sonido del obturador de la cámara al dispararse en ese momento.

Un par de fotos a Naruto dentro de la casa y luego Karin decidió que era hora de ir a la playa.

Caminamos tomados de la mano hacia donde haríamos la siguiente toma, al pasar por un costado de la casa nos detuvimos abruptamente.

—¡Karin!—Karin e Ino se giraron para verlo—¿No te gustarían unas fotografías aquí?—Señaló un neumático atado a una cuerda que colgaba sobre un árbol—Pensaba que esto ya no estaba en este lugar.

—Esta no es una publicación para adolescentes.

—Las adolescentes me aman Karin.

—No creo poder subirme ahí—dije antes que alguno de los dos dijese algo.

—Es divertido.

—Se ve inestable.

—Te reto a que te subas

—No gracias —di dos pasos para seguir mi camino a la playa, entonces él cacareó.

—¿Me estás llamando gallina?

Siguió con su estúpido cacareo batiendo sus brazos como si fuesen alas.

—Eres una cobarde.

—No es cobardía, mi Karma es un infierno, si me subo ahí me caeré y mínimo me partiré la cabeza.

Lo vi treparse en el neumático y balancearse un poco —Ven aquí gallinita, está fuerte.

—Naruto el sol...—gruñó Karin.

—Ven Hinata, o serás condenada a ser la gallina—cacareó un poco más.

Caminé hacia él dispuesta a demostrarle que no era ninguna gallina, Naruto se bajó del remedo de columpio y lo estabilicé antes de subirme, entonces él también se subió.

El pequeño "crack" que escuche cuando los dos estuvimos sobre la rueda debió advertirme que esto no era una buena idea, sin embargo, permití que Naruto se balanceara dos veces antes que la cuerda cediera dejándonos caer.

—¡Diablos!—susurré cuando levanté mi cabeza, afortunadamente, había caído sobre Naruto.

—Bien ambos probaron su punto ¿podemos ir a la jodida playa?— Karin ordenó en su tono más autoritario. Naruto y yo reímos un par de segundos antes de levantarnos y seguirlos.

Un par de tomas en la playa como si fuésemos dos personas locamente enamoradas y dieron por concluida la sesión de fotos. Ahora venía lo más importarte: la entrevista.

Después de los cuarenta y cinco minutos más estresantes de toda mi existencia, el momento de las preguntas acabó. Karin había sido bastante inteligente intentando mantener todos los puntos cubiertos. Había indagado sobre mi carrera y sobre cómo llevaba el pasado de Naruto y a él le había preguntado sobre la relación de pareja. Naruto se desenvolvía bastante bien, mientras yo pensaba dos veces cada frase que saliera de mí al responder. Cuando estábamos terminando Tsunade llamó a Karin para que todos cenáramos en un restaurante en la plaza del pueblo. Ino, Sasori y Karin se fueron delante, pues yo quería cambiar mi ropa Estaba terminando de arreglarme cuando Naruto entró en la habitación.

—Ven... —susurró levemente mientras tomaba mis manos.

—¿Qué pasa?

—Solo quiero enseñarte una cosa—sonrió torcidamente, alentándome a caminar. Salimos por el ventanal de su sala y caminamos por un senderito. —¿Dónde vamos?—pregunté, dejando que me guiara.

—Es un lugar, me gustaba ir allí cuando era un niño—murmuró, apartando unas ramas de mi camino.

—Tenemos el tiempo justo para bajar al restaurante donde nos esperan tus padres—replique siguiéndolo.

—Solo será un momento

Caminamos entre los árboles por no sé cuánto tiempo, hasta llegar a un lugar rocoso. Naruto subió las rocas deteniéndose el tiempo necesario para ayudarme a subir. Si había dicho que desde su ventana se veía el paraíso ese era el eufemismo del año, el día estaba cayendo dibujando en el cielo un sin fin de colores: rosa, azul, anaranjado, gris.

—Es hermoso...—dije sintiendo sus manos en mis caderas, inhalé profundamente recostando mi espalda en su pecho. Se sentía paz, tranquilidad y podía escuchar el corazón de Naruto repiqueteando, los pajarillos cantaban en el aire, las olas del mar golpeando la roca. Él pasó sus brazos cerrando sus manos entorno a mi vientre y respiró fuertemente.

—Amo venir aquí—acarició mi vientre y sentí la flama del deseo encenderse en mi interior, me giró entre sus brazos y quedamos frente a frente, acarició mis labios con sus pulgares.

—Sí, es maravilloso, el paisaje. . . — y lo era él.

—Tienes las mejillas sonrojadas—murmuró con voz gutural—, tiemblas como un pajarillo—bajó su rostro dejándolo a la misma altura del mío—. Me gustan tus ojos, —su dedo apartó un mechón de mi cabello, acomodándolo detrás de mi oreja—. Me gusta mirarlos fijamente y perderme en ellos, son profundos.

Sus labios a centímetros de los míos, el corazón latiendo más fuerte...

¡Bendito Thor! No me dejes caer, no más de lo que ya he caído.

Tenía que decir algo, pero la conexión entre mi cerebro y la boca no funcionaba.

—Hinata —su lengua humedeció sus labios al tiempo que mi vientre se contraía—, no sabes cuánto te deseo, jamás en mi vida había deseado a una mujer tanto como te deseo a ti...

—Naruto.

—¡Mírate! Eres hermosa.

—Naruto, por favor—no estaba entendiendo lo que le pasaba; más bien, no quería entender.

—Todo en ti me hace enloquecer, a veces siento que me he perdido en tu esencia. Has cambiado mi manera de pensar, mi mundo, completamente; yo siento que...—se acercó para besarme, pero retrocedí.

—Esto es solo sexo, Naruto.

No puedes creer, No es lo que piensas.

Él está equivocado esto es deseo. Es un pacto.

—Hinata...

No abras tu corazón. Cuida tus movimientos.

—Tu madre nos espera para cenar.

Me solté de su amarre y empecé a caminar en dirección a la cabaña, quería encerrarme en el baño, necesitaba controlar el deseo irrefrenable de lanzarme sobre él, necesitaba dominar el sentimiento que se anidaba en mí, necesitaba tantas cosas y me sentía caer, caer en un abismo oscuro y sin salida porque sin duda alguna, lo que más necesitaba era él.

Cuando salí del baño, Naruto me esperaba en la sala, su rostro se mostraba pensativo y tenso, carraspeé un poco para que me notara, se levantó del sofá y caminó hacia la salida.

Bajar desde Villa Uzumaki hasta el restaurante que había elegido Tsunade fue tenso, silencioso y agradecía mentalmente que Sasuke tuviese buena música en la USB pegada a su reproductor. La cena fue sencilla, a base de mariscos y alimentos típicos de Rocky Point. Al regresar a Villa Uzumaki, lo hice en el auto de Sai e Ino.

¿Qué había pasado en ese acantilado? ¿acaso él? Las palabras de Naruto martillaban mi cabeza.

Me coloqué un pijama sencillo para dormir, era uno de esos suéteres extras grandes que había comprado porque eran cómodos y un pequeño pantalón y salí con una lata de refresco a la terraza, la temperatura había descendido lo suficiente como para que el frío me calase los huesos, pero no importaba, el sonido de las olas me daba paz y tranquilidad.

Frey estaba echada frente la chimenea, masticando la zanahoria de hule que había comprado para ella. Era casi media noche y él aún no llegaba; salté la baranda y caminé con Frey siguiéndome los pasos hasta llegar a la playa, Naruto me había dicho que el lugar era privado así que eso me hacía sentir más tranquila, a lo lejos había alguien sentado así que caminé más a prisa pensando que quizás necesitaba ayuda, pero cada vez que me acercaba me parecía más familiar no fue hasta que estuve más cerca que supe quién era.

Naruto estaba descalzo y sin camisa, sentado en una pila de arena trazando líneas en ella; me senté a su lado, pero él no me miró, Frey se acercó a él y se colocó de panza para que le rascara, lo hizo y luego, ella empezó a correr hacia el agua de la playa, ladrándole a las pequeñas olas que desaparecían al llegar a la orilla. Los segundos parecieron minutos, y los minutos horas. Naruto no hablaba conmigo y, por un momento, fue como si me clavaran puñales en el pecho, suspiré fuertemente antes de hablar.

—Siempre he querido saber lo que se siente hacerlo en el mar— murmuré, sin saber porque lo decía—. Si es tan excitante como parece en las películas.

Suspiré al ver que Naruto no hacía nada, por varios segundos todo fue silencio, solo las olas del mar se escuchaban, al igual que los ladridos de Frey cuando éstas llegaban. La situación era desesperante, hacía un mes y medio que habíamos empezado con esta locura y nunca Naruto estuvo callado más de diez segundos.

—Naruto, por favor, dime algo

Giró su rostro, me miró y se levantó tendiéndome su mano, me puse de pie y me acercó a su cuerpo, subió mi suéter hasta sacarlo completamente y arrojarlo en la arena. Mis pezones se erizaron ante el frío de la noche y por inercia lleve mis manos a ellos cubriéndolos —No te cubras.

—Naruto pueden...

—Stss

Acarició mis costados, su piel estaba helada lo que hacía que mi cuerpo se estremeciese ante su toque, tomo el elástico de mis pantaloncitos de franela bajándolo, junto con mis bragas. La prenda cayó en la arena. Sin mirarme Naruto soltó el botón de su jean y bajo el cierre dejando que la gravedad hiciese lo suyo. Tomó mi mano y empezó a llevarme hacia el agua.

—¿Qué... qué haces? ¡Está helando!—Traté de tensar mi cuerpo para que él no siguiera arrastrándome—¡Naruto,!

Se detuvo abruptamente, estábamos desnudos frente al agua en un lugar donde cualquiera podía observarnos, el frío calaba mis huesos y sentía mi corazón en la garganta y él estaba actuando tan extraño. Su mano acarició mi mejilla al principio tierno, luego se trasladó hasta mi nuca apretando mi cabello y su boca se unió a la mía en uno de esos besos voraces que encendían mi cuerpo en cuestión de segundos, por un momento creí desfallecer mientras sentía sus manos calentar mi piel por donde acariciaban, el me besó con más ahínco, más pasión y entrega.

En este punto, mi corazón estaba en una carrera maratónica, podía sentir mi entrepierna húmeda mientras la erección de Naruto se clavaba a mi vientre; succionó, lamió y besó; sus labios descendieron por mi cuello mordisqueando mi piel, haciéndome temblar ante su experto toque uniendo nuestros pechos hasta que mis pezones duros por el frío y sus caricias, quedaran firmemente pegados a su torso.

Nos besamos con ansia, con hambre, sintiendo, tocando. Mis manos en sus brazos, las suyas en mi espalda, un derroche de lujuria embravecida por su silencio, por mi confusión, batallando el uno con el otro, hasta que nuestros cuerpos protestaron por oxígeno.

—Naruto...

Podía haber dicho que no, que no quería... pero mi cuerpo gritaba que sí, quería hacer esto con él. Quería que él fuera el dueño de todas mis experiencias.

—Ven—murmuró con voz cargada de deseo, extendiendo su mano hacia mí—, cumpliré tu fantasía.

Podría decirte que tú eres mi fantasía, pero no puedo.

—Naruto, hace frío, el agua debe estar...—sentí sus dedos en mis labios silenciándome.

Tenía palabras enredadas en mi garganta y, sin embargo, había algo que me detenía de decir cualquier cosa

—Sé lo que hago. —Por supuesto que sabía lo que hacía—. Ven conmigo—buscó mis manos y enlazó nuestros dedos.

Solos tú y yo y el mundo desaparece...

—Podemos enfermarnos,—él rio. Un tipo de sonrisa irónica, como si no le importase si pescábamos el resfriado más grande de nuestras vidas.

—Yo no. Soy de Titanium.

Iba a replicar, pero él jaló mi mano y empezó a caminar en dirección al agua, mi cuerpo se entumeció al primer contacto de las olas, sin embargo, Naruto siguió caminando hasta que el agua cubrió su cintura y luego se giró viéndome, fijamente.

—Naruto—musité temblando, pero no era por el frío, ese se había quedado atrás... ahora su mirada penetrante me quemaba como si fuese hierro ardiente, tragué saliva pesadamente—Yo creo que...

Sus brazos se cerraron entorno a mi cintura acercándome a él hasta que nuestros cuerpos estuvieron completamente unidos, para ese momento mis pezones eran lanzas endurecidas apretadas contra la firmeza de sus pectorales.

¿En qué momento me perdí? ¿Cuándo esto dejó de ser un aprendizaje?

Un ridículo contrato para convertirse en la experiencia más importante de mi vida.

—Te tengo—su voz fue rasposa, excitada, calentándome a fuego lento, su erección clavada en mi vientre aún dentro de sus bóxer—, aférrate a mí, así las olas no nos separaran—anudé mis piernas a su cintura, sintiendo el palpitar de la anticipación en mi cuerpo; acarició mi espalda con parsimonia, haciéndome temblar levemente antes de colocar sus manos en mi trasero y suspenderme contra él, mi vientre se contrajo ante la sensación de sentirlo tan cerca, estaba muy excitada y quería hacer esto más real, no como cuando lo había dicho en la arena, me incliné para besarle, pero Naruto se alejó, dejándome confundida un momento.

Yo... yo...

—No habrá más besos.—¿Qué? ¿Se estaba volviendo loco?

Necesitaba de sus besos, de esos que me quitaban el aliento y me dejaban completamente a su merced. —Los besos son intimidad y tú no quieres eso conmigo, ¿cierto?—murmuró burlón.

Intimidad... intimidad donde te doy mi corazón y yo poseo el tuyo, ¿lo tengo? No, no lo tendré jamás. Todo esto es una falacia... una mentira, algo que jamás sucederá. ¿Dónde quedaré yo? ¿Dónde quedaras tú? Arriesgarse a un juego donde solo yo perderé.

A eso se resumía todo.

—¡Bájame, Naruto!—sentencié duramente, pero él no se inmutó—.

Bájame o empezaré a gritar —amenacé.

Lo heriste Hinata; heriste su ego de niño malcriado.

Qué fácil Naruto, qué fácil, quieres que yo te ame y tú no das nada por nada. Todas ellas, todas tus amantes te amaron, ¿cuántos corazones destruiste? Cuántas de ellas morían por un beso tuyo y ahora que yo... yo... ¡Estúpidos juegos de piel y vanidad!

—¿Gritar, Hinata? No seas infantil—su voz, aunque envuelta en el toque ronco y sexual que usaba cuando teníamos jornadas maratónicas de sexo, era dura como un cuchillo afilado.

—¡Yo no quiero una relación!

Naruto es un jugador, está jugando.

—¿Y quién demonios te dijo que yo sí?—replicó duramente—. Simplemente, quiero halagarte, pero tú lo único que quieres de mí es que te de placer, me has dicho tu fantasía sexual y la cumpliré sin besos, sin cariños ni palabritas, solo quiero de ti tus sonidos de placer, maldice, gime... ¡entrégate!

—Ya no quiero hacer esto—las olas llegaban a nosotros, golpeándonos en cada toque—. ¡Déjame ir!

—¡No!—Su voz era firme.

No seré parte de tu harem, de tu colección de corazones rotos... No Naruto, yo no.

—Entonces, déjame hacer esto a mí manera.

Puse mis manos a cada lado de su hermoso rostro y me detuve a mirarlo, esperando su respuesta en silencio.

¡Hermoso! Eres un adonis, Uzumaki, eres Eros, el dios del sexo, eres un príncipe.

Un día, de niña, leyendo sobre príncipes, me dije: quiero uno igual, hermoso, perfecto y mío. Ahora, te veo y me pregunto ¿Eres tú mi príncipe encantado? No, no lo eres, no crees en nada. Sin embargo, algo en mi interior me grita ¡disfrútalo!, ¡poséelo!, ¡devóralo!... solo será un segundo de tu vida... después la realidad será implacable.

—Hinata, yo no quiero que te enamores de mí, porque yo no lo haré —su dura sentencia me volvió a la realidad.

Pobre niña tonta...

—Eso quedó establecido desde un principio.

—Lo que deseo es que aprendas a conocerte por dentro, eres una mujer hermosa, talentosa, y para mi fortuna durante este tiempo, eres solo mía...

Lo besé callándolo, no quería que hablara de un final, sabía que iba a suceder; lo nuestro tenía fecha de caducidad, era como saber que algún día te vas a morir. Lo besé suave sin importar que sus labios estuvieron fijos y tensos por unos minutos; mi mano se aferró a su nuca atrayendo más su cara a mí y empujando mis caderas contra las suyas, haciéndolo sisear.

—Es mi fantasía, Naruto—murmuré con mis labios pegados a los suyos.

Su amarre se hizo más fuerte; lo besé sin prisas como él me había besado, ejerciendo más y más presión hasta que lo sentí dar un pequeño gruñido, fue su lengua la que entró sin ceremonias a mi boca, luchando contra la mía en un juego donde era él quien sabía cómo jugarlo.

Un arranque frenético de pasión nos envolvió a los dos aislando el frío y la dureza del oleaje. Los besos se tornaron más fuertes, más salvajes, empecé a recorrer con mi lengua cada recoveco de su boca.

Estaba excitada y poseída, mi vientre palpitaba, el deseo recorriendo cada una de mis terminaciones nerviosas, necesitaba más, quería más...

Un día entre mis letras y mundos de fantasía, quizás pudiera exorcizarlo de mi cabeza y de mi cuerpo, pero en este momento no... hoy quería ser egoísta.

Embestí mis caderas y él me suspendió aún más, bajando sus labios por mi cuello, succionando apasionadamente.

Quizás, algún día, entienda que solo fue un sueño.

Oleadas de placer invadieron todo mi cuerpo, mientras él seguía con su camino imaginario, siseando entrecortado hasta atrapar uno de mis pezones con su boca y mamar de ellos como si fuese un niño hambriento.

Deslicé mis dedos por sus cabellos húmedos, halando ante la intensidad de la sensación que albergaba mi cuerpo al sentir su ardiente lengua rozar mi pezón.

—Naruto...—jadeé cuando mordió mi pecho, su abrazo se hizo más fuerte, mientras su mano libre descendía por mi trasero hasta tocar mi clítoris.

—¡Naruto!—grité, cerrando los ojos cuando introdujo uno de sus dedos en mi interior.

—¡Joder!—murmuró deslizando sus dedos fuera y dentro embistiéndome lentamente, mi cuerpo se retorció entre sus brazos empezando a buscar su propio ritmo.

El compás cada vez era mayor, los dos empezamos a gemir entrecortado. Busqué sus labios otra vez, besándolo con pasión y alevosía... necesitaba sentirlo más. Las olas nos golpeaban ahora un poco más fuerte pero no por eso Naruto dejaba de penetrarme, un par de golpes a mi clítoris me dieron la detonación perfecta, justo antes de sentir cómo rasgaba mis bragas; era la primera vez que lo hacía y el crujir de la tela que ahora flotaba a nuestro lado, hizo que cada célula de mi cuerpo se estremeciera.

Metí la mano en el agua acariciando su sexo aún sobre la tela y Naruto arqueó la cabeza exhalando fuertemente, mi mano se introdujo en sus bóxers mientras él seguía bombeando mi sexo con su dedo; pasé mi pulgar por su suave glande ganándome un jadeo entre dientes cuando lo abarqué con mi mano, subiendo de abajo hacia arriba.

La posición en la que estaba no era cómoda pero el agua golpeándonos hizo que sintiera a Naruto tan cerca de mí, su miembro entre mis manos, duro como una roca, hacía que estuviese al borde de la desesperación; mi mano en su nuca lo acercó más a mí hasta que él volvió a hacerme descender un poco, halé los cabellos de su nuca acercándolo lo suficiente para susurrarle...

—Fóllame.

Oh la niña tímida y miedosa, quien siempre supo que jamás sería amada por nadie, ni por su madre, había muerto ¿Qué diría el abuelo si me escuchara ahora? Ahora que digo cosas sucias, ahora no tengo miedo a las olas del mar violento.

Este es Naruto, mi mar, y yo estoy dispuesta una vez más a sumergirme entre las olas de placer que él expide.

Guié su miembro hacia mi sexo y lo dejé justo en mi entrada; una ola nos golpeó haciéndonos trastabillar, Naruto se introdujo en mí de una sola estocada y apreté mis paredes en torno a él por la fuerte intromisión.

—Yo también te deseo —murmuré pegada a su cuello, mordiéndolo ligeramente en la clavícula—. Te deseo, Naruto.

Mis palabras parecieron alentarle, el agua golpeaba a nuestro alrededor, sus embistes eran frenéticos, delirantes; entraba y salía con una destreza maravillosa, sentirlo dentro de mí mientras rebotaba pegada a él era asombroso, sentía mi pulso dispararse, el corazón aleteándome despavorido, mi deseo quemándome las entrañas, la necesidad por sentirlo cerca, me desgarraba fuertemente

—Córrete conmigo—susurré, Naruto nunca lo hacía—. Sé que puedes hacerlo, eres el dueño de tu placer y ahora mismo, eres el dueño del mío,— mis labios temblaban por las sensaciones—. Concédeme eso, córrete conmigo.

Lo escuché gemir entre vulnerable y fiero, fue hermoso, que yo lo poseyera, él era mío total y completamente, nos respirábamos.

Los músculos de Naruto se tensaban casa vez más, el frenesí de mi interior amenazaba con explotar en cualquier momento. Lo apreté tan fuerte, como fundidos en uno solo. ¡Era yo! ¡Yo! ¡Mío! No era el maestro, era solo mi amante.

Su voz era embravecida de deseo, una estocada, otra más... una de vuelta, otra, otra y otra y el placer recorrió mi cuerpo, haciéndome gritar por el éxtasis contenido mientras Naruto aullaba fuertemente, entregándose al calor del frenesí que nos otorgaba el orgasmo.

Nos quedamos unos segundos en silencio, con el corazón acelerado y los sentidos alerta, nuestros cuerpos unidos bajo el agua como si la corriente en su ir y venir violento, fuese el eco de nuestras almas que aún se estremecían.

Naruto nos sumergió a los dos, dándome un beso en las profundidades del océano, me dejé arrastrar por su maniática manera de besarme, después que había dicho que no me daría un beso; me arrastré por el miedo que sentía ante lo que afloraba en mi alma; me dejé llevar porque sabía que dolería cuando lo dejara ir, pero, sobre todo, me dejé llevar porque era él quien lo exigía.

—Naruto—dije jadeante, una vez volvimos a la superficie del agua, la temperatura parecía haber descendido un par de grados más, pero nada importaba cuando lo tenía a él, cuando podía sentir el firme agarre de Naruto en mis caderas—. Gr... gracias.

Él cubrió mis labios con los suyos, la experiencia había sido diez mil veces más emocionante de lo que me hubiese podido imaginar, lo besé con labios temblorosos intentando igualar la misma fuerza con la que él me besaba.

Naruto besó mis pómulos, mi mentón y succionó mi yugular hasta crear un pequeño círculo rosa, embistió sus caderas en las mías una vez más y siseé de puro placer, aún continuaba erecto a pesar de que esta vez no había podido controlar el sublime placer del éxtasis, mordisqueó mi barbilla un poco más y tiró levemente de mi labio.

—Me darás las gracias cuando me devuelvas el favor, tú también cumplirás mi fantasía... más temprano que tarde—murmuró entre dientes.

Me soltó de su abrazo y empezó a caminar en dirección a la orilla, me tomó solo un segundo saber lo que tenía que hacer, quizás antes tenía miedo, aún lo tenía... solo que ahora estaba dispuesta a disfrutar todo lo que Naruto me daba... mientras durara.

Continuará...

Continuará...