Quédate: Parte Dos
Capítulo 3
Nuestras respiraciones estaban agitadas, a pesar del frío, habíamos tenido sexo en el mar, en pleno noviembre y no nos importó. El cielo estaba descubierto y podíamos ver cada una de las estrellas, sin contar la hermosa luna que reposaba sobre nosotros; el agua se había calmado y sentía una sensación de plenitud que no quería ni podía entender.
Tenía mi cabeza descansando en su pecho y podía sentir el pequeño arrullo de su corazón. Sentía esta necesidad de mantenerlo cerca, fuera del contacto sexual. Trataba que mi mente no fuese más allá recordándome siempre que esto era un pacto.
Sin embargo hoy, no quería pensar en eso, no en este momento, no ahora.
—Naruto...—Alcancé su brazo antes de salir del mar.
—Vamos fuera del agua. —lo seguí mientras un soplo de brisa helada nos hizo temblar y fue el pretexto ideal para que nuestros cuerpos fueran uno; juntos, la piel irradiaba calor y el frío del mar y de la noche no existía, de igual manera, salimos hacia la arena.
Estaba a punto de tomar mi camisa cuando lo sentí en mi espalda.
—No he terminado aún—susurró, dando pequeños besos calientes en mi cuello.
—¿Contigo, no hay frío ni arena que valga? —jugueteé.
—Contigo, yo no puedo parar—succionó mi piel y sus manos se sujetaron a mi cadera— y quiero más...—me giró entre sus brazos atacando mis labios— ¡Y más!, ¡y más!, ¡y más!
Me dio una seguidilla de besos cortos pero profundos y cargados de intención. Mis manos agarraron sus mejillas, inmovilizándolo por un momento; iba a decirme algo pero, no le di oportunidad porque le estampé un poderoso beso en su boca. No quería que hablara, estábamos bien así; teníamos un trato.
Cómo llegamos a la cabaña, no podría decirlo con exactitud, solo sé que estaba placenteramente agotada —No te duermas.
Y lo único que yo quería era dejarme caer en el sofá, sin importarme que tenía arena en lugares que era mejor no mencionar. Estaba quedándome dormida cuando lo sentí acercarse a mí.
—Te dije que no te durmieras.
Sin darme tiempo a reaccionar, me sacó la camiseta y me tomó en brazos, solo atiné a dar un gritillo cuando sentí el agua tibia de la ducha en mi cuerpo y vi que con una esponja me sacaba la arena de todos mis intersticios. El agua de la tina estaba lista y de un impulso, me sacó de la ducha y me dejó instalada en la bañera.
—El agua caliente nos hará bien.
Sé que me había prometido no pensar, pero, con todas estas atenciones se me hacía difícil no proyectarme en un más allá. Cuando quería, podía ser tan encantador y amable que era imposible no ¿enamorarse?
¡No seas idiota, Hinata Hyûga! No mates el momento con tus locas proyecciones.
No pude evitar el pequeño suspiro de satisfacción cuando Naruto apoyó mi espalda a su pecho, respiramos sincronizadamente, dejando que el silencio llenara lo que con palabras no se debía pronunciar.
Tomé conciencia del tiempo cuando un suspiro largo y profundo de Naruto rompió la burbuja.
—El agua se está enfriado, ¿quieres salir ya? —preguntó amable, mientras acariciaba mis brazos.
—Sí, salgamos.
Me sentía algo adolorida, mas no arrepentida. En realidad, nunca había pensado en una fantasía, simplemente, había dicho algo para llenar el silencio que nos embargaba en ese momento.
Naruto salió del agua dándome una perfecta vista a su redondo, prieto y buen formado trasero. Anudó una toalla a su cintura y me tendió otra.
¡Maldito! Si no fuera tan hermoso.
En la habitación busqué entre mis cosas algo que usar, pero no encontraba nada.
—Ponte esto—me tendió una camisa suya y la pasé por mi cabeza rápidamente, dejándome caer en la cama y cerrando los ojos.
Sentí el colchón hundirse, abrí los ojos y vi a Naruto acostado de medio lado, con su rostro frente a mí; sus ojos estaban cerrados, pero por su respiración, sabía que no dormía. Me recosté en la misma posición, el sueño se había evaporado en el momento que mis ojos se habían abierto para observarlo su piel casi traslúcida , su barba de dos días, la perfecta forma de su nariz y su mandíbula cuadrada y perfecta; él era un Adonis, me encantaba su cabello alborotado, más cuando eran mis manos las que hacían ese trabajo.
Respiró profundamente, haciendo que la vena en su frente se hinchara y, cuando quise darme cuenta de lo que estaba haciendo, ya mis dedos habían tocado su piel.
Sus ojos se abrieron encontrándose con los míos y cerré mi mano en un puño, alejándola de su rostro. Por unos segundos, solo nos miramos sin decir nada, observándonos en completo silencio; él tenía ojeras y estaba segura que yo también, dormíamos muy mal desde que empezó todo esto.
—Continúa—tomó mi mano en el aire y la colocó sobre su mejilla—. Me gusta cuando haces eso, cuando me tocas—deslicé mis dedos por su barba y él cerró los ojos suspirando; toqué su nariz, sus párpados, mis dedos acariciaron sus ojeras, Naruto dio un suspiro prolongado.
—Eres muy hermoso—susurré, mientras mis dedos se deslizaban por su piel.
—En efecto, lo soy—sonrió de medio lado.
—Y vanidoso—le pegué en la frente.
—Presumido, algo cabrón y un poco hijo de puta, o al menos, eso dicen—sonrió mostrándome sus dientes.
—¿Solo algo y un poco?—alejé mis manos de su rostro.
—Es lo que dicen ¿Terminaste la inspección?
—¿Alguna vez puedes dejar de ser tan arrogante? Un poco de humildad sería bueno, señor Senju-Uzumaki—me reí.
—Puedo, pero eso me restaría personalidad.
Era agradable estar así con él, hablar sin necesidad de la tensión sexual entre ambos.
—Naruto—coloqué mi brazo en mi cabeza dejándola alzada para verlo mejor—, somos amigos...
—¿Lo somos?—inquirió escéptico.
—No lo sé, tenemos intimidad, mínimo tenemos que ser amigos, ¿no?
—¿Me contestas con una pregunta?—sonreí enarcando una ceja.
—¿Yo? —le lancé un golpe con mi mano libre, haciéndolo abrir sus ojos.
—Eres un tonto, ¿lo sabías? —murmuré, dejándome caer en la almohada.
—¿Un tonto sexy?—se colocó sobre mí, sin dejarme sentir su peso.
—No aumentaré tu ego, Doctor Sex—volví a golpearlo haciendo que se acostara sobre su espalda,
—¡Auch! —Siseó con un gesto de dolor y maldijo en voz baja.
—¿Estás bien? ¿Te duele la cabeza otra vez? —pregunté al verlo fruncir el ceño, y suspirar fuertemente antes de negar con la cabeza.
—Estoy bien, solo que la arena no es buena para follar —sonrió—. No te dejé arriba porque sí, Dulzura—me guiñó el ojo mientras se colocaba de lado—aunque tampoco me quería perder el maravilloso espectáculo que dan tus pechos cuando cabalgas.
Lo empujé nuevamente, esta vez fue más fuerte y él volvió a quejarse cuando su espalda tocó el colchón.
—¡Déjame verte!—intenté ver su espalda.
—¡No! Estoy bien.
Alcé una de mis cejas y puse mi mejor cara de amenaza, resopló resignado y se giró para que lo viera.
—¡Santo Dios, Naruto!—tenía raspaduras en toda la espalda—. Hay que hacerte una curación.
—No es nada, linda. Solo son magulladuras superficiales, no es la primera vez que me las hago—lo dijo como si nada y eso, me dolió.
Me levanté de la cama y corrí al baño a buscar algo para curarlo, volví con un antiséptico y un saquito de gasa hidrófila.
—Con esto bastará—unté generosamente la gasa con el alcohol.
—¡Ouh! Eso duele, Dulzura—Naruto siseó como niña cuando presione el apósito empapado sobre sus heridas.
¡Oh, querido! No deberías quejarte si estás acostumbrado a tener sexo en la arena.
—Con el tatuaje, no me di cuenta que estabas herido—seguí frotando.
—Hinata, despacio.
—Eres una nena, ¿lo sabías?—dije, cerrando la tapa.
—Eso escuece —lloriqueó otra vez.
—Obvio, niña, pero si no lo hacía, podías infectarte—le expliqué, mientras iba por un basurero para botar la gasa usada.
—Te gusta hacerlo. ¡Qué lo sepa el mundo! la dulce y hermosa Hinata es una sádica encubierta.
—¡Quédate así, Naruto! —lo regañé cuando intentó girarse, dijo algo entre dientes, pero no le entendí.
Se produjo un silencio agradable, respiré profundamente antes de romperlo.
—¿Naruto? —lo llamé.
—Mmm...
—No quise ser tan dura esta tarde en el acantilado—se alzó y quedó mirándome—. Simplemente yo...
—Hinata —me interrumpió—, sé lo que tenemos y créeme, no voy a ir más allá, porque no puedo permitírmelo—me senté en la cama y él se acomodó a mi lado—.No sé si lo entiendes pero, te haría daño.
—Lo imagino, no eres hombre de una sola mujer—intenté ser sarcástica.
—Exacto —sonrió—. Eres hermosa, Hinata, y creo que debes verte con más claridad. Tienes un estilo extraño a la hora de vestirte, te ocultas; los lentes, la gorra, el pelo suelto y enmarañado, no digo que no es sexy pero, te ves jodidamente bien cuando te vistes de mujer—lo golpeé y él sonrió—. Sé que lo que tenemos acabará pronto y, si tú quieres ser mi amiga mientras estamos en este acuerdo, no tengo ningún problema; solo, una condición.
—Te escucho.
—No te enamores de mí—su mano tomó mi mentón y sentí mi cuerpo temblar mientras él giraba mi rostro—. Eres frágil, te lastimaría y no podría soportarlo.
—¿No que era la sádica Hinata?
—Hablo en serio y, cuando te digo que eres hermosa, te lo digo como hombre, como psicólogo y como maestro.
—Soy linda ¿ves? Tu falta de humildad es contagiosa Acercó su rostro al mío y depositó un beso en mis labios.
—Es hora de dormir—cambió el tono de su voz.
—¿Crees que puedas hacerlo?—pensaba en su espalda.
—¡Claro! Dormiremos de costado—y sin decir agua va, me metió bajo las sábanas, pegó su pecho a mi espalda, tomó una de mis piernas dejando una de las suyas entre medio de las mías y pasó uno de sus brazos por mi vientre y el otro, por debajo de mi cuello.
—¿Estás cómodo?—juro que no fue ironía.
—Sí. Buenas noches Dulzura—depositó un beso en mis cabellos y luego, inhaló profundamente. No pude evitar que mi corazón se acelerara como un maniático ante el simple gesto.
—Buenas noches Naruto...
En mi mente, era otra vez la niña que no lloraba cuando le decían que su madre no vendría y recreaba una y otra vez sus palabras "Solo, no te enamores de mí, ¿quieres? Eres frágil. Te lastimaría y no podría soportarlo".
La única vez que había sentido algo por alguien fue cuando era una niña y no había sido nada parecido a lo que sentía cuando Naruto estaba cerca; era más que seguridad, más que emoción.
¿Estaba empezando a enamorarme de él? La posibilidad era aterradora, hacía que mi ser se estremeciera, pero no de emoción, era miedo puro ¿qué haría yo enamorada de un hombre que en cualquier momento estaría pasando frente a mí con otra mujer? No, no podía enamorarme, ya había sufrido demasiado la primera vez, no, no amaría a Naruto Uzumaki. No lo haría...yo no... Gemí internamente.
Esperaba con todas mis fuerzas que no.
Naruto y yo tuvimos que abandonar Rocky Point mucho antes que los demás, Hanabi llegaba en el vuelo de las 11:30 am y teníamos que ir a buscarla. Me sentía completamente adolorida y tenía unos leves moretones en mi cadera, debido a nuestra experiencia acuática, sin embargo, estaba bien de ánimo y volver a sentir el calor de su cuerpo tan cerca del mío sin que estuviésemos envueltos en el deseo sexual, me hizo sentir segura.
—Parece que el vuelo está retrasado—expresó Naruto, mientras hojeaba una revista a mi lado. Lo miré a través de mis lentes, llevábamos casi una hora esperando por mi hermanastra.
—Eso dijeron en el mesón—quité la gorra que llevaba y peiné mis cabellos con las manos, antes de fijar mi vista en ella. Era de los Bulls, Naruto me la había dado para que me ocultase de los paparazzi, junto con una de sus chamarras que me quedaba enorme—. Si tienes que irte... —volví a mirarlo.
—No—hizo ese gesto que tanto me gustaba, era como un puchero de niño pequeño—, solo tengo algo de hambre—murmuró sonriente—. ¿Te importaría si voy por una pizza?
—Yo estoy bien—me encogí de hombros—, de verdad puedes irte. Puedo esperar sola y luego, cuando llegue Hanabi, tomar un taxi, además, aún no tengo hambre—mi estómago rugió y Naruto enarcó una ceja divertido.
—Iré por algo de comida y comeremos mientras esperamos, no voy a dejarte sola con esa manada de lobos fuera del aeropuerto—sentenció—.
¿Quieres algo especial?
—Un stromboli de espinaca y una ensalada griega—le pasé un billete. —¿Qué haces?—frunció el ceño—. Si crees que voy a aceptar eso— señaló el dinero—, me insultas, linda. Soy un novio generoso así que yo te invito,—intenté decir algo, pero Naruto dejó un casto beso en mis labios antes de dirigirse hacia donde estaba la zona de restaurantes.
Negué con la cabeza, respirando profundamente mientras veía que no era la única que prácticamente lo desnudaba con la mirada. Naruto era una persona sexual, cada parte de él gritaba sexo; estuviese ataviado en sus costosos trajes de tres piezas o justo como estaba ahora, en jeans de talle bajo y camisa ajustada, sonreí cuando vi a un par de chicas susurrar algo entre sí. Él parecía ajeno a lo que se rumoraba a su alrededor y si no, lo disimulaba muy bien.
Negué con la cabeza y devolví mi atención a la revista entre mis manos, estaba leyendo el último "rumor" sobre nosotros. Según la revista estaba utilizando a Naruto para reconocimiento, cosa que era totalmente falsa; lo realmente cierto aquí, era que sí estaba utilizando a Naruto pero para terminar mi libro, no para que me reconocieran, se escuchaba horrible pero no me sentía mal, al final, él me utilizaba como su muñeca sexual.
Seguí leyendo el dichoso artículo, había más fotos de la fiesta y una que otra de cuando salimos del aeropuerto varios días atrás. Lo que más me gustaba de todo esto, eran las preguntas sin respuestas que los mismos columnistas amarillistas se hacían.
¿Cómo demonios podían inventar tantas cosas?
Con razón la mitad de los artistas estaban enojados con los parásitos, como Naruto los llamaba. Me coloqué la gorra nuevamente y pasé el reportaje para no estresarme; le envié un texto a Ino indicándole que estábamos en el aeropuerto y que el vuelo de Hanabi estaba retrasado, antes de levantarme por tercera vez para preguntarle a la señorita de información cuánto tardaría el vuelo, según ella, no debía tardar así que volví a la silla a esperar a Naruto, pero escuché que alguien me llamaba.
—¿Hinata?—cerré los ojos pensando que era algún paparazzi que se había colado entre el aeropuerto.
Tenía ropa de invierno, acompañado de unos lentes oscuros, la gorra de Naruto, además, él había dejado el auto en el parqueadero del aeropuerto, ¡era imposible que supieran que estábamos aquí!
—Pequeña, ¿eres tú?—me tensé, solo dos personas me llamaban pequeña y una de ellas estaba bajo tierra—. ¿Hinata?
Me giré suavemente, reconociendo esa voz mientras sentía el aire abandonando mis pulmones y el corazón empezaba a latirme más a prisa
—¡Dios, Hinata!—atrajo mi cuerpo al suyo, estrechándome entre sus brazos, me quedé rígida entre ellos—. Pequeña, ¿sabes cuánto tiempo he estado buscándote? Sai nunca me dijo dónde estabas, pero supuse que aún mantenías contacto con Ino.
No podía responder, mi cabeza trataba de procesar el hecho de que él estaba aquí. ¡Aquí, frente a mí! y, después de tanto tiempo.
—Te he encontrado nena, no sabes todo lo que te he buscado, mi amor.
Se separó de mí y colocó sus fuertes manos en mis mejillas, yo temblaba de horror. Veía sus labios moverse, escuchaba el sonido de las palabras que me decía, pero, no lograba entender nada.
—Estás hermosa, mi vida. Esta vez hablaremos de todo tú y yo, voy a explicarte todo. Hinata, nada es lo que parece, te juro que...
—¡Cariño!—la voz de Naruto me trajo de vuelta a la realidad— ¿estás bien?
Me tomó de un brazo y me miró de arriba abajo, yo intentaba hablar, pero no salía palabra alguna de mi boca.
—¿Quién es tu amigo?
—¿Yo? ¿Quién rayos eres tú? —Utakata lo increpó y luego, agarró mi mano, apretándola fuertemente.
Mi cuerpo se estremeció ante la suavidad y potencia de su toque, recordé porqué había estado más que enamorada de él en la preparatoria. Utakata me hacía sentir querida, ese amor que mi abuelo con su hosca disciplina no me daba.
—¡Hinata!
¡Joder! ¿Cuántos más iban a llamarme hoy?
Me giré lentamente, encontrándome con Hanabi; tenía unos jeans rasgados y una de mis chaquetas, ni sabía que se la había llevado, pero en ese momento no me importaba, lo único que importaba era que mi hermana estaba ahí.
Caminé hacia ella abrazándola fuertemente.
—¡Caída del cielo, hermanita! No sabes el alivio que me da el que llegues en este momento.
—Yo también te extrañé mucho—me soltó bruscamente— ¡Oh, cielos! cuida mi maleta, ¡voy y vuelvo!—y desapareció por el pasillo que iba hacia los baños.
—Nena, ¿a dónde va Hanabi?—Naruto señaló a mi hermana con las dos bolsas de papel en una sola mano.
—No lo sé. Me dejó cuidando su maleta.
—¿Me vas a presentar a tu amigo?—aunque su voz parecía divertida, su mirada era fiera, ni que decir de Utakata, que parecía no querer irse y querer también una explicación.
¡Qué diablos está pasando! ¿Qué hace Utakata aquí, hablándome como si fuera su novia?
Muy tarde, Utakata Dawson, ¡muy tarde!
Suspiré profundamente, con un toque de resignación caminé hasta Naruto, quien de inmediato usó su mano libre para abrazarme por la cintura. Le di un beso rápido en sus labios y me giré para quedar frente a Utakata. La mirada atónita de mi ex novio, pasó de mi rostro al de mi acompañante y lo sentí como una pequeña victoria, la humillación a la que me sometió años atrás todavía no se me había olvidado.
—Él es Utakata, cariño —¿por qué el apelativo cariñoso?, no lo sabía, salió de mi boca antes que pudiera detenerlo—, hermano de Sai.
Naruto colocó las bolsas con comida sobre la maleta de Hanabi y sin soltar mi cintura, le extendió su mano.
Utakata respondió el gesto de igual manera, no había cambiado mucho, seguía teniendo ese porte de galán europeo que volvía loca a las animadoras del instituto; su cabello castaño brillaba como en los viejos tiempos, su cuerpo seguía tan atlético como siempre, llevaba un suéter de cuello alto negro y unos pantalones del mismo color, sus ojos ambar ya no tenían el brillo de la emoción que había visto cuando nos separamos.
—Naruto Senju
Utakata dio su nombre de vuelta, por un momento sus miradas batallaron, ¡Já! Un enfrentamiento de machos Utakata consideraba reclamar algo y Naruto, ¡oh!, el señor Naruto parecía un cavernícola marcando su territorio.
En cualquier momento uno de los dos levantará su pata y te marcará. Yo voto por Naruto.
—Hello, ya estoy aquí—dijo mi hermana batiendo una bolsa de tela que antes no traía en sus manos—.Soy Hanabi, la hermana de Hinata.
La mirada que Utakata me echó exigía una explicación, pero no le di importancia, en ese momento en lo único que pensaba era en montarle un altar a Hanabi por alejar la tensión que los machos provocaban.
Naruto fue directo a saludarla con un abrazo.
—¿Hermana? y él, ¿quién demonios es él, Hinata? —más que hablar, masculló entre dientes aprovechando que Naruto se saludaba con Hanabi.
¿Con qué puto derecho cree que puede preguntarme? ¡Estúpido!
Estaba a punto de responderle cuando me interrumpieron.
—Amor, Hanabi tiene todo un plan para compartir en familia así que esta noche invadiré tu cama—dijo Naruto con descaro, abrazando posesivamente mi cintura.
Eso, más que una propuesta indecente era un golpe bajo para el hombre frente a nosotros.
Macho Naruto: 1, el otro macho: 0
—Traje un par de pelis perfectas para analizar—Hanabi levantó su bolsa y la mostró entre risas.
—Bueno, salgamos de aquí. Las invito a un picnic en el parque
—¡Eso suena genial! El avión venía tan lleno que me dio claustrofobia, necesito aire libre.
Naruto se acercó cariñosamente y me dio un pequeño beso.
—Utakata, ha sido un placer conocerte, no conozco muchos amigos de mi chica—, lo conocía lo suficiente como para saber que estaba actuando con falsa amabilidad, —debo llevar a estas lindas damitas a comer bajo un buen árbol en Central Park, aprovechando que aún tenemos buen clima— sonrió, mostrando sus dientes blancos.
—Sí, claro, Hinata ¿podrías darme tu número telefónico? me gustaría hablar contigo, poder explicarte.
—Quizás, otro día—Naruto me abrazó—, estamos apurados —besó mis labios— ¡tenemos mucha hambre!
Cuando iba a volverme a besar, giré mi cabeza, busqué con la mirada a Utakata pero lo que vi fue su espalda que se alejaba por el pasillo hacia la Terminal 4.
Me quedé mirándolo detenidamente, ese fue mi gran amor, él fue quien rompió mi corazón, me pasé años esperándolo, soñando con su vuelta, con que me abrazara y me pidiera perdón, pero, sin embargo, ahora no me importaba ¿Cuándo había sucedido?
—¡Ahora sí que estoy lista!—me giré y vi que mi hermana, tenía su mochila en los hombros y la dichosa bolsa en sus manos, Naruto tiraba de su maleta.
—Hanabi, afuera hay periodistas haciendo guardia, así que colócate bien esa capucha.
—¡Claro que no, cuñado! ¿sabes cómo subiría mi popularidad si salgo en una de esas revistas?
Me reí de la ocurrencia de mi hermana, de un impulso, bajé su capucha hasta sus ojos.
—Tus ansias de querer ser famosa me asustan—exageré dramáticamente.
—Ya veo al director diciéndote: "Señorita Hyûga, nuestra institución no puede permitir que una de sus alumnas aparezca en esas revistillas" — imitó una voz de hombre.
Hasta Naruto se rió.
—Veo que ustedes se echaron mucho de menos.
Crucé mirada con Hanabi, sí, las dos estábamos muy felices de vernos y mi corazón se hinchó cuando en un gesto cariñoso, ella me tiró un beso.
Desgraciadamente, las ansias de fama de Hanabi se vieron frustradas porque llegamos hasta el auto de Naruto sin que los periodistas nos molestaran.
Por mi parte, trataba de bloquear en mi mente lo ocurrido con Utakata en el aeropuerto, pero no lo podía evitar, ¿qué hacía en la ciudad? ¿Sería que recompuso su relación con Sai? Ino me lo habría dicho.
Naruto explotó en una carcajada, así que sacudí mi cabeza y me esforcé por prestar atención a lo que Hanabi y Naruto animadamente conversaban, me giré y solo verlo tan feliz hizo que se me anudara el estómago.
Sí, Naruto me hacía sentir cosas, pero él no podía ser ni mi presente ni mi futuro.
Naruto... Naruto no era nada.
Central Park estaba como siempre: ruidoso y entretenido, no había sol, pero tampoco hacía frío; el cielo estaba levemente encapotado, pero no corría brisa. Naruto había estacionado el auto en la parte Oeste del parque, lejos del edificio donde él y Kiba tenían un apartamento; había un montón de gente paseando por todos los lugares, familias, parejas, ciclistas, niños. Caminamos sin rumbo fijo, estaba aún sumida en mis pensamientos, pero podía escuchar a Hanabi y a Naruto interactuar, sonreí cuando mi hermana contó sobre el alboroto que había armado su mejor amiga cuando le dijo que conocía al sexy Doctor Sex.
Caminamos un poco más hasta quedar cerca del lago.
—Hans Christian, amigo, traje dos bellas damitas para hacerte compañía—le habló a la estatua de Andersen, mientras sacudía las hojas otoñales de una banca.
—Tú sí que tienes amigos influyentes.
Se produjo un silencio embarazoso, desde que salimos del aeropuerto yo solo participaba de la conversación con sonrisas y gestos de aprobación, mis neuronas no daban para más, solo tenía ganas de hacerle el haraquiri a toda mi historia de amor con Utakata.
—Voy por un café ¿quieres que te traiga algo?
Naruto estaba amable, llevaba todo el peso de la conversación con Hanabi, pero yo sabía que era cuestión de tiempo, a la primera oportunidad me taparía a preguntas sobre lo sucedido en el aeropuerto.
—Si no hay té, un café.
Apenas se alejó con mi hermana, marqué a Ino.
—No quiero problemas, estamos en camino y me siento mal.—Fue el saludo de Ino al descolgar el teléfono. Poco me importó su advertencia.
—¿Por qué no me dijiste que Utakata estaba en Nueva York?
—¿Y echarte a perder las vacaciones?—su voz ya no era de enferma — ¿cómo lo supiste?
—Me encontré con él en el aeropuerto.
—¡Ay, mi Dios! ¿estás bien? ¿quieres que vaya a verte?
—Estoy bien, pero verlo después de todo este tiempo, ha sido extraño para mí.
—¿Quieres que nos veamos cuando llegue a Nueva York? —Insistió— Sai dice que en unos treinta minutos estaremos en casa.
—No, Hanabi ha invitado a Naruto a ver unas películas, y tú te sientes mal —sentí olor a café y un par de brazos rodeándome desde mi espalda, no pude evitar que mi cuerpo buscara confort en el suyo—. Te quiero, amiga, te llamo dentro de un rato para saber cómo sigues.
—¿Qué sucede? —susurró en mi cabello.
—Ino y sus malestares de embarazada, ¿y Hanabi?
—Fue por unos tacos, burritos y quesadillas. En ese orden, la comida esta fría.
Sonreí pegada a su pecho mientras sentía sus dedos acariciar mi cintura.
Silencio.
Ya sabía lo que venía.
—¿Me contarás por qué te puso tan nerviosa ese hombre en el aeropuerto?
Y llegó, pero no estaba preparada.
—¿Nerviosa yo?—me giré entre sus brazos para observarlo.
—No insultes mi inteligencia, no soy idiota.
—Ahora no, ¿vale?—suspiré, y él me giró entre sus brazos—. Amo Central Park, amo el ambiente, sentarme y ver el lago.
—Y también amas comer frío y agua con sabor a Coca-Cola—sonrió burlón.
—Odio la Coca-Cola—hablé en el mismo tono.
Naruto besó mi frente.
—Creo que es mala idea lo de tu departamento esta noche.
—¡No! A menos que tengas algo que hacer en otra parte—sabía que debía mantenerlo alejado de mis sábanas, pero hoy más que nunca sentía que lo necesitaba.
—Cierto, yo...
—¡Awww!, ustedes se ven tan bonitos.
Hanabi venía con una caja de cartón en la mano y tenía su celular justo en dirección hacia nosotros, antes que intentara siquiera decir algo, ella ya había tomado la foto.
Pasamos un rato agradable comiendo, mientras Hanabi nos contaba lo emocionante que había sido reunirse con la pandilla—como era llamada la banda de su tío—desafortunadamente, empezó a llover y tuvimos que correr de vuelta al coche.
Ya en mi departamento, la tarea fue ducharse y cambiarse de ropa. Solo que Naruto no tenía un cambio de ropa en mi casa.
—Toma y pásame tu ropa, la pondré en la secadora mientras te duchas. —dije pasándole una toalla.
—¿Vendrás conmigo?, alguien tiene que revisar mis heridas en la espalda—arqueó una de sus perfectas cejas mientras me daba una sonrisa torcida.
—Puedo revisarte antes que te vayas al baño señor genio—rodé los ojos y el accedió girándose, deslicé las yemas de mis dedos recorrí las heridas—. Están perfectas, sin infección y secas.
—Me gusta cuando me tocas así de suave—me miró con intensidad y comenzó a sacarse los pantalones.
—Naruto, Hanabi está en el cuarto de al lado—mis palabras fueron una exhalación.
—No veo el problema—se acercó y se plantó desnudo frente a mí—, mis pantalones necesitan la secadora, no a ella.
Me puso sus jeans en las manos, me giró, me dio una palmada en el trasero y me empujó para que saliera del cuarto.
—¡Idiota!
—¡Más respeto que soy tu novio!—gritó.
Sí, un novio de papel que hoy ha estado extremadamente simpático ¿será que ese es su estado natural cuando no tiene migrañas y no hay una mosca azul como yo molestándolo?
La ropa estaba en la secadora y mi cabeza seguía siendo un caos. Estaba tratando de espantar mis pensamientos cuando entré a mi habitación y lo vi salir completamente seco del baño, no se había duchado.
—Hazme compañía, pequeño dulce—dijo, recostándose en el marco de la puerta—. Es solo una ducha—acotó cuando intenté decir algo.
Caminó hacia mí y me agarró la mano, no pude evitar seguirlo.
—Ya pagaste el almuerzo, Naruto. Es mi casa. —repliqué mientras intentaba arrebatar el teléfono de sus manos, nos habíamos dado una ducha –solo eso-y ahora discutíamos por una tontería.
—Es el mejor restorán de los alrededores, el dueño es amigo y no tendría problemas en enviar lo que elijamos.
—No, Naruto. Quiero hacer de cenar, no quiero "mousse de salmón", "terrine de verduras", "galantina de ave" y todo eso que se come en esos lugares.
—¿Entonces?
—Cocinaremos.—dije arrebatándole el aparato y colocándolo en su lugar.
Su rostro adquirió una expresión que no había conocido, entre enojado y sorprendido ¿pensará que es demasiada intimidad? ¡Joder! necesito distraer mi cabeza y cocinar me relajaba así que poco me importaba si no le gustaba, esto era una emergencia.
Observé por la ventana, un segundo antes había comenzado a llover más fuerte, me puse las pantuflas y me fui a la cocina, él me siguió como estaba vestido: descalzo, enfundado en su jean y sin camisa.
—¿Segura que quieres cocinar?
—Completamente, que tú no sepas cocinar no quiere decir que yo tenga que comer algo que no sé cómo fue preparado.
—Hinata Hyûga, te voy a demostrar que hasta con una sartén en las manos soy el mejor—palmeó mi trasero.
Me dejó pasmada en la puerta de la cocina mientras abría mi refrigerador observando con detenimiento.
—¡Oye, controla tus palmazos!
—No puedo, es parte de la receta—me guiñó y sonrió coquetamente.
—¿Qué haremos?—Me miró fijo, yo preguntaba por la cena, ya que él estaba controlando la situación, pero me dio la impresión que entendió que me refería a otra cosa.
No te preocupes, Naruto Uzumaki, tengo muy claro de lo que va lo nuestro.
—No lo sé, tu casa, tu cocina, tu comida.
—¿Pastas?
—Haré la mejor salsa jamás probada en el mundo—en un gesto inesperado, atrapó mis labios con los suyos en un beso dulce, pero, dominador.
—¡Demonios, eso debió doler!—el grito de Hanabi hizo que Naruto se separara de mí—. Es putamente asombroso... ¡Joder! ¿Puedo tocar?
Sabía que mi hermana se refería al tatuaje de Naruto, él volvió a sonreír y caminó hasta la isleta, sentándose en uno de los taburetes.
—No dolió, y claro que puedes tocar, aunque tú sabes... tengo novia— me dio un guiño y Hanabi dio un suspiro de fan enamorada mientras caminaba hacia él y pasaba los dedos por su espalda.
—Quiero hacerme uno—rodé los ojos al escucharla—. Algo sencillo, unas notas musicales, una pluma... ¡El camaleón de Enredados!
Naruto arrugó el rostro
—Hanabi un tatuaje se lleva de por vida así que, si vas a hacerte algo, por favor no hagas algo tan estúpido como el camaleón de la película Enredados—murmuró burlón, sacando verduras del refrigerador, como si sus dos grandes serpientes fueran lindas.
—¿Qué significan?—Preguntó mi hermana con curiosidad.
Naruto le regaló una sonrisa que le llegó hasta los ojos
—Sexo. . . fertilidad, sensualidad—comenzó a explicar mientras troceaba y picaba las verduras con maestría—en India las cobras tienen muchos significados y fue allí en donde me hice el tatuaje. Cuando te decidas, puedo llevarte con el mejor tatuador del mundo.
—¿En serio? ¡sería genial!
—Ahora, si para cuando te decidas yo no estoy aquí, trata que sea un lugar limpio y con personal certificado.
No quise decir nada acerca de eso, pero no pude evitar sentir una punzada en el pecho con las palabras de Naruto. "Yo no estoy aquí" podrían ser palabras inocentes y sin embargo, las odiaba.
Comimos entre risas, tener a Naruto aquí, no se sentía incómodo, Hanabi se divertía mucho—y yo también—con las divertidas apreciaciones cinematográficas sexuales que hacía, era como si un Freud hermoso estuviera haciendo un análisis humorístico de toda la carga erótica que los empresarios del cine usaban en sus películas para aumentar la taquilla.
¿En qué momento me había vuelto una jodida pervertida que disfrutaba a mares los chistes sexuales?
Desde el momento que Naruto Uzumaki llegó a tu vida, con su sentido del humor perverso y su aura sensual.
—¡Joder, Hanabi! ¡No me digas que vamos a ver a la vergüenza de Drácula! ¡Te juro que el hombre debe estar revolcándose en su ataúd! —El grito de Naruto me hizo volver rápido de la cocina.
—¡Dios, Hanabi! ¿Otra vez eso?
—Amor, dile a tu hermanita que esas películas insultan mi inteligencia.
Y mientras me ayudaba con la bandeja, me dio un beso rápido en la boca. Lo miré sorprendida, esos besos siempre me pillaban con la guardia baja pero lo entendía, estuvimos el fin de semana con su familia jugando a ser los novios perfectos, ahora había que hacerlo frente a mi hermana.
—¡Já! Hinata adora al protagonista y siempre me acompaña a verla.
—¡Oh, moriré de celos! —puso una cara divertida y me dio otro beso.
Negué con la cabeza y reí, mi estado anímico no estaba para rebatir o afirmar nada sobre la elevada discusión que tenían Naruto y mi hermana acerca de la historia de amor de Edward Cullen y Bella Swan.
Estaba a punto de gritar ¡basta! cuando escuche el timbre de mi celular, el cual había dejado había dejado en la cocina.
—¿Bueno?
—Pequeña...
Mi cuerpo entero se tensó ante el tono de voz.
—¿Quién es?—era una pregunta estúpida, sabía perfectamente quien era.
—Hinata, ¡escúchame, por favor!, tenemos que vernos—observé a Naruto y Hanabi aún discutiendo por la elección de película así que me alejé.
—¿Cómo conseguiste mi número?
—El cómo no importa Hinata, lo importante es que te encontré y necesito verte.
—¿Para qué? —lo sentí respirar fuertemente.
—Hinata, las cosas no son como piensas
—Tú no sabes lo que yo pienso. Tienes tu vida y no quiero saber de ella ¡Déjame en paz!
—¡Hinata, te amo!—Sus palabras me sonaron como una piedra al romper un cristal.
—¿Y qué quieres que haga yo con eso?
—Necesitaba decírtelo, saber si había alguna posibilidad... —Bien, ya lo dijiste.
—¿Y la posibilidad?
—Si piensas que tienes una nueva oportunidad conmigo es que no me conoces y sigues siendo el mismo fanfarrón de siempre.
Miré mi reflejo en la ventana de la cocina, tenía la mirada dura y una tranquilidad pasmosa que me asombró. Unos meses atrás, hubiese estado temblando y a punto de las lágrimas.
—Es por él...—lo dijo con ese tono que usaba cuando éramos novios y me criticaba porque yo no podía salir como las demás chicas.
—Es por ti. ¿No fuiste tú quien me dejó esperando mientras formabas familia en otro lado?
—¡Las cosas no son lo que parecen! —El grito que dio me hizo saltar. —Utakata, no me importan tus explicaciones.
—Hinata...
—Yo te amaba y a ti no pareció importarte, ¡ya está! Eso fue todo así que ¡supéralo!
—¡Yo también te amaba! ¡nunca dejé de amarte!
—No insistas, no quiero ser mal educada, pero lo seré si sigues intentado que te escuche. Nuestro tiempo ya pasó y ni siquiera me importa que fueras tú quien lo mandó a la mierda.
Corté la llamada respiré profundo. Busqué nuevamente mi reflejo en la ventana, estaba al borde de las lágrimas, sentía el cuerpo adolorido, como si hubiese corrido una maratón. Tomé un vaso de agua, respiré pausado permitiéndome unas lágrimas tranquilas: me había liberado del fantasma que paralizó mi vida durante cinco años.
Mujer de poca fe, siempre creíste que nunca podrías superarlo y ¿viste? lo enfrentaste calmada, sin histeria, y lo mandaste educadamente al infierno ¿no deberías darle las gracias a Naruto?
¡Naruto! Fui a la sala, estaba solo, hojeando uno de los libros que había en mi estantería.
—¿Hanabi?
—No pudimos ponernos de acuerdo con la película, así que se fue a dormir. —miré mi reloj, dándome cuenta que era casi media noche.
—Claro, es tarde y debe estar casada del viaje.
—¿Quieres hablar del tipo del aeropuerto?
—Déjalo ya, Naruto.
Peiné mi cabello con las manos y me fui directo hasta mi habitación, me puse un pijama y me metí entre las sábanas. No pasó mucho tiempo antes de sentir a Naruto entrar a la habitación, sacarse los pantalones y acomodarse, justo detrás de mí.
Él empezó a acariciar mis brazos, luego mis piernas suavemente solo las puntas de sus dedos tocaban mi piel, su mano se arrastró hasta mi vientre y dejo un pequeño beso en mi hombro.
—Sácalo de ti, Hinata.
No hablé, si lo hacía iba a llorar y ya había llorado lo suficiente.
—Sé que estás despierta.
Me giró entre sus brazos Para dejarme frente a él
—En estos momentos, no soy tu maestro ni tu amigo, si eso te hace sentir mejor; tampoco soy un hombre medio desnudo jodedor de películas buenas, infantiles y cursis.
Sonreí.
—Ni soy el hombre que te enseña el placer de unir dos cuerpos.
—¿Entonces?
—En estos momentos soy Naruto Senju Uzumaki, el psicólogo; el mismo cabrón, pero con conocimientos. Déjame ayudarte.
—Estoy bien, señor cabrón.
—¿Quién es él?
Sí, su voz era tierna y a la vez clínica, algo en sus ojos y su expresión tranquila me relajó, yo podía hablar con él, podía contarle, podía dejar que él me ayudara.
—Utakata—susurré, bajando mi cabeza a su pecho—, mi ex novio...
Continuará...
