Quédate: Parte Dos
Capítulo 3: parte dos
Cuando desperté en la mañana, Naruto ya se había ido. Tomé su almohada y la abracé fuertemente, sin duda alguna, hablar con él acerca de Utakata, además de haber creado otro nexo entre nosotros, me había ayudado a definir bien lo que me pasaba y concluí que me sentía traicionada pero no dolida, por primera vez pude sentir que hablaba de Utakata sin ahogarme con ese dolor en el pecho que su recuerdo me provocaba.
Fue como vomitar palabras y sentimientos que me hacían mal y que había guardado durante mucho tiempo; Naruto me escuchó atento y sin hacer bromas, dejó que mi cabeza se recostara en su pecho y me contuvo, entre sus brazos; él, Utakata, había sido mi escape a George, mi abuelo no fue un mal hombre conmigo, solo muy estricto y nada afectivo, pero siempre tuve todo lo material que necesitaba; éramos George y yo contra el jodido mundo... Pero yo era una niña, necesitaba amigos, besos en las noches y pastel en mis cumpleaños.
—Hinata, llegaré tarde—dijo Hanabi en la puerta de mi habitación.
—¡Voy!—grité de vuelta y me levanté rápidamente metiéndome a la ducha.
Mi vida había cambiado desde que Hanabi había llegado a ella pero, fue mucho mejor cuando ella bajó sus defensas. Había sido difícil para ambas enterarnos que éramos hermanas.
Los primeros días no habían sido fáciles, ¡carajo! más bien habían sido un completo estrés. Hanabi pasaba encerrada en su habitación y yo estaba en compromisos por la tercera impresión de Tentación—¡jamás había pensado en que Diego y Megan tendrían tantos fans!—, así que Ino se encargó de todo: colegio, ropa y todo lo que ella necesitase. Todo lo material, justo como George lo había hecho conmigo; pero, en estos últimos dos meses, nuestro trato era un lazo de hermandad. Me alegraba de tener a Hanabi aquí, siempre y cuando Hanna no apareciera en nuestras conversaciones.
—Lo lamento— dije llegando a la cocina para preparar algo para desayunar.
—Mmm... hay café en la cafetera.—Hanabi tenía la boca llena.
—¿Qué comes?
—Tu adorable, sexy y follable novio nos envió panquecitos —bebió un poco de leche.
—Quita eso de follable—tomé una masita y le di un mordisco— ¡está delicioso!
—¡Igual que tu novio!—hizo un gesto exagerado de un guiño—. Pero, tú tranquila, es obvio que para él no hay nadie más ¿te fijaste la cara celos que le puso a al tipo del aeropuerto? Por cierto ¿quién era?
No respondí, mi corazón dio un salto ¿Naruto celoso? Sacudí mi cabeza, no debía dejarme llevar por impresiones subjetivas, interesadas, que distaban mucho de la realidad de un acuerdo profesional establecido por dos personas adultas.
—Hinata...
—No, no me fijé. Vamos, te llevo la maleta, no te olvides de la mochila ni de la caja de dulces que te mandó Inojin.
—¡Adoro estos caramelos! ¿me has de creer que eché de menos a ese enano?
Llegamos al límite de la hora de entrada, Hanabi me sorprendió diciéndome que entraba más tarde pero que no se bajaba de Mickey porque teníamos que hablar. Se desabrochó el cinturón de seguridad, se volvió al asiento de atrás y tomó la bolsa de tela que trajo de su viaje, estaba nerviosa, se mordía la mejilla y su cara estaba levemente sonrojada, pequeñas cosas que había aprendido de ella cuando no podía con sus nervios; estaba a punto de preguntarle qué le sucedía cuando suspiró ruidosamente y habló:
—Hinata estos días con la banda me ayudaron mucho.—Sonreí, porque solo era escucharla contar sus anécdotas para saber que estaba feliz.
—Sí, volviste más luminosa—hice una pausa y la miré directamente a la cara— ¿pasó algo?
—Fui a casa.
Traté de no sentir el puño en mi pecho, pero no lo pude evitar.
—¿A casa?
—No hay nada de ellos—Hanabi siguió hablando—, mi padrino recogió todo y cubrió los muebles con las sábanas—su voz se quebró.
—Si te hacía daño, no debiste ir.
—No, estar ahí me hizo sentirlos nuevamente, me hizo recordar cuando papá tocaba su guitarra hasta tarde o cuando huíamos de la comida de mamá porque ella...
—Hanabi, no vayas por ahí, estoy llegando tarde a una reunión de trabajo y no quiero pelear—la interrumpí.
—La mayoría de las cosas personales las dejó en el ático—ignoró mi pedido y siguió—, así que Diego uno de los bajistas me ayudó a buscar.
Hizo pausa y me miró como buscando aprobación para seguir, tenía un brillito especial en sus ojos y no dejaba de juguetear con el morral de tela que tenía entre sus manos. Me dio ternura.
—¿Y?
—¡Encontré esto!—colocó en mi regazo un libro marrón que sacó de la bolsa—¡Es el diario de mamá!
—¡No!—de un impulso, se lo tiré de vuelta, sentía que me quemaba.
—¡Tienes que leerlo!, tú tienes...
—¡Con un demonio, Hanabi! ¡he dicho que no!—estallé—Hanna nunca quiso saber de mí, ¿por qué iba querer yo saber de ella?
—Estás siendo muy estúpida, Hinata.
—¿Estúpida? ¡Vaya!
—Solo léelo, te darás cuenta quién fue nuestra madre.
—¡Tu madre Hanabi, tu madre! Para mí, ella solo fue un maldito horno, mi madre fue la Abuela Hyûga y ella murió cuando tenía cinco años.
—¡Fue una niña que tuvo que madurar sola y a la fuerza!
—¿Niña? ¡Já!—estaba furiosa y no mediría mis palabras—más bien fue una perra que me dejó abandonada porque se fue tras una polla.
—¡No te permito que hables así de mamá!
El aire dentro del auto era irrespirable, sentía que me ahogaba. Me solté el cinturón y activé la apertura del maletero.
—Te he explicado hasta el cansancio, pero, pareces no entender. No me interesa saber una puta cosa de Hanna Hyûga. Ella es polvo, es un fantasma, no significa nada para mí.—Estaba respirando malditamente mal, el pecho se me encogía y dolía; salí, me fui a sacar la maleta de Hanabi y esperé a que ella llegara a mi lado.
—Eres una cobarde—dijo Hanabi entrecortado—. Te aterra saber qué fue lo que realmente pasó y prefieres huir.
—Ten una buena semana Hanabi. —ella tomó su maleta y se alejó sin decirme nada. Tampoco lo hice, no quería pelear con mi hermana, pero, el tema me superaba. Negué con la cabeza dispuesta a no seguir más con esta tonta discusión, me subí al coche y arranqué mucho antes de que ella entrara a la escuela.
Dolía horrible, Hanna estaba muerta para mí. Ella no existía, nunca existió, no pude evitar derramar un par de lágrimas que se convirtieron en un torrente de recuerdos, luego de unos minutos que respiré profundamente, bloqueé la discusión en mi cabeza para continuar con mi día.
Antes de llegar a la editorial pasé por mi cafetería favorita cerca, tenía reunión con Kiba y Kakashi necesitaba una buena taza de café. El fin de semana, había sido mágico y especial, pero no había escrito ni una jodida palabra del libro, Menma y Tanahi seguían separados.
¿Por qué?
Simple, necesitaba el drama y lágrimas para que el lector viese que no era solo sexo, eran miedos e inseguridades los que flotaban a través de mis protagonistas; una mujer jodida hasta la médula y un hombre al que el amor lo golpeaba con todas sus letras.
Tanahi había escapado de un mundo de terror; Menma había estado de cama en cama buscando su lugar en el mundo... Era más que sexo sin sentido. Necesitaba que el lector se diese cuenta de ello, la historia necesitaba alma y corazón, porque si no se lo daba sería un estúpido libro para amas de casa con mal sexo, sueños húmedos y una tonta existencia para llenar vidas sin emociones, no, yo quería más, quería belleza, pasión en cada palabra y fuego en cada letra.
Entré a la editorial con todo el deseo de poder centrarme en Menma y Tanahi, pero mis intenciones se fueron al tacho de la basura cuando vi a Kiba sentado frente a mi escritorio.
—Si quieres discutir, hoy no es un buen día —dije al entrar a mi pequeña oficina.
—Has llorado.
No fue una pregunta, Kiba me conocía demasiado la reaparición de Utakata, la discusión con Hanabi por el estúpido diario de Hanna.
—¿Qué? ¿Tengo los ojos hinchados y nariz colorada o es solo pura intuición tuya?
—¡Fue Naruto, verdad!
Pasé la mano por mi cabello.
—Eso te haría muy feliz, ¿no? —ironicé, sentándome en mi silla mientras lo veía negar con la cabeza.
—Hinata, no estoy en contra tuya—sus manos se extendieron por la madera hasta tocar las mías—, soy tu amigo, siempre lo he sido.
—Pues, eso parece desde que supiste lo mío con Naruto.
—No quiero que él te lastime. No quiero que nadie te lastime Hinata, tú eres distinta.
—Soy igual a todas las mujeres.
—Sabes que eso no es cierto, eres especial, cualquier hombre se da cuenta de eso.
—¿Especialmente tonta?, ¿especialmente inocente y por eso quieres "cuidarme"?
Resopló.
—¿Qué te tiene así, bonita?—se levantó de la silla y caminó hasta sentarse sobre el escritorio, frente a mí.
—¿A esto vienes a mi oficina?
—Dime que el maldito de Senju no te ha lastimado.
—¡Deja eso, hombre, que Naruto no me hecho nada!—dije negando con la cabeza
—Entonces, ¿qué es? Habla conmigo, soy tu mejor amigo, tu confidente, yo siempre estaré ahí. A veces soy cabrón pero nunca te dejaré.
Me quebré. Las lágrimas nuevamente empezaron a brotar de mis ojos, mientras sentía a Kiba levantarme y apretarme fuertemente a su pecho.
Después de llorar hasta sentir que ya no podía más, le conté a Kiba lo sucedido con Hanabi, fue de gran alivio notar que nuestra amistad seguía siendo la misma, o al menos eso era lo que yo quería pensar.
—Me parece que debes cambiar la forma de expresar lo que quiere decir Tanahi en el párrafo cinco del capítulo trece.
El cursor me mostraba que debía escribir, pero mi mente, estaba en blanco.
—¿Hinata? ¡Houston, tenemos un problema!, nuestra hermosa Hinata está en Hinalandia.
Arqueé una de mis cejas mirándolo sobre mis lentes.
—¿Me decías?
—Que quiero comer pasta dental, ¿crees que me ayudara a blanquear mis dientes?
Lo miré sin entender.
—¿Qué?
—Hinata, hay que cambiar el quinto párrafo del capítulo trece, me parece que te falta una progresión en la intensidad de las acciones para que se evidencie mejor el estado emocional de Tanahi.
—¿Progresión? Ok. Mi cabeza no está aquí, lo siento.
—No me había dado cuenta—murmuro burlón, iba a contestarle, pero alguien tocó la puerta.
—¡Adelante!—La chica de recepción, entró con un arreglo floral.
—Hinata, te han dejado esto en recepción.
Kiba rodó los ojos mientras ella dejaba el arreglo sobre una pequeña mesa. Me acerqué a tomar la tarjeta.
Pequeña:
Perdóname, por favor, y habla conmigo.
Utakata
—¿Ahora Naruto envía flores?—se burló mi amigo mientras leía la tarjeta
—No son de Naruto—rompí la tarjeta en dos —¡Llévatelas, Anna! Te las regalo.
¡Era el colmo! Ese hombre rompió mi corazón, dañó mi vida y ahora aparecía con ojos de cachorro y quería que yo saliese corriendo a sus brazos como una tonta y hasta con música de fondo.
—Pero Hinata... —Anna tartamudeó.
—Si no las quieres—miré a mi amigo— ¡A ti te pueden servir! para tu conquista de esta noche quedarías como todo un galán—él negó con la cabeza.
—Lo siento, las flores dan a entender que quiero casita y comida calientita y yo ya tengo mi casa, además para la comida tengo a Agatha.
—Yo me las llevaré—declaró Anna y sonreí mientras la veía salir.
—¿En qué estábamos? —pregunté a Kiba.
—Párrafo cinco, capítulo trece. Te leeré. ¿Me dirás de quién son las flores?
—Trabajemos Kiba—enfoqué mi atención en la pantalla frente a mí leyendo el párrafo que Kiba pedía.
"... Sencillamente, ella sabía que no podría vivir sin él, lo amaba demasiado como para dejarlo ir, pero su pasado y sus miedos la atormentaban. ¿Podría Menma lidiar con un pasado tan oscuro como el que ella escondía? La respuesta era clara: él no podría.
Él la rechazaría apenas se enterará, porque ella escapó de todos y de todo; él no solo la despreciaría, él la llevaría hasta la muerte con su odio y su desprecio.
Si algo Menma no perdonaba era la mentira, y desafortunadamente para Tanahi, mentir era su mejor arma..."
—No sé, lo siento hueco, bonita. Es como si ella diese vueltas en un mismo eje.
Mi celular vibró, pero lo ignoré, sabiendo que era un mensaje de texto.
—¡Perdón!, sigue.
—Yo pienso que debes darle, más profundidad a las palabras de Tanahi, ella se está escondiendo como una niña pequeña y aunque Menma la está buscando porque la ama, su miedo no los dejará llegar a ningún lugar, mientras tanto, los dos sufren por algo sin sentido.
—¿Qué propones?—pregunté viendo mi celular de reojo y tomándolo para leer el mensaje de texto de Ino.
¿Almorzamos juntas?
Conteste rápidamente...
¿Te parece bien mañana?
Estoy en la editorial y tengo una reunión con Kakashi
No esperé la contestación de Ino, ya que Kiba me miraba con una ceja arqueada.
—Lo siento, es Ino—dije, disculpándome.
—¿Te parece bien si pedimos algo de comer?, me está dando hambre —miré la hora en mi celular y vi que era casi la una de la tarde.
—Vegetariana, el fin de semana comí mucha carne. —Ok, vegetariana, entonces.
Mientras esperábamos por la comida, seguimos trabajando con el párrafo, Kiba quería que la emoción de Tanahi fuese tan evidente no porque le descubrieran la mentira, sino por la desconfianza: ella dudaba que Menma Stroux fuera capaz de entender lo que le pasaba.
Eso agregaba un conflicto más a los personajes y me permitía explotar con mayores elementos el clímax.
—¿Y? ¿Te gusta? —pregunté cuando le di a leer el párrafo corregido.
—Me gusta.
Estuvimos un rato más hablando de algunos párrafos hasta que Anna volvió a entrar con el pedido, lo dejó en la mesa y se fue.
—¿Cómo van las cosas con Samui?—inquirí mientras buscaba entre los envases, mi comida.
—Hemos salido un par de veces—se encogió de hombros.
—¿La has visto más de una vez? Voy a tener que ir a hacerle un altar, tú no sales con una chica más de una vez.
—Senju tampoco lo hacía y ahora es tu novio, ¿no? —me atacó y aunque traté de que mi rostro no delatara nada, algo pasó.
—¿En qué quedamos?
—Lo siento, digo, no es que la vaya a hacer mi novia o algo así, simplemente tenemos buena química bajo las sábanas y ella es... interesante.
—No quiero saber de tus idilios sexuales—sonreí.
—¿Él es bueno contigo, Hinata? Digo, tú no tienes nada de experiencia y sabemos que él no es precisamente célibe.
—Tampoco te contaré mi vida sexual.
—Lo que quise decir es... están teniendo relaciones sexuales —afirmó con un deje de tristeza en su voz—. O sea, ya hablas de tu vida sexual y hasta hace unos meses, querías buscar un letrero de neón donde se leyera "más pura que la Virgen María—intentó sonreír, pero era una sonrisa falsa.
—Kiba, quedamos en no tocar más el tema "Naruto, mi novio". —Dio un gran respiro y quedamos en silencio hasta que mi teléfono comenzó a reproducir Closer, era la canción que había escogido para Naruto.
—¿Es él?—murmuró mi amigo, había algo en su mirada que no podía descifrar.
—Sí—tomé mi celular y desvié la llamada.
—¡Contéstale! él es tu novio y a los novios se le contesta.
Odiaba mentirle, pero en un mes, ya no tendría que hacerlo.
—Estoy trabajando—traté de ser enfática pero la voz me tembló.
Recordar que solo me quedaba un mes junto a Naruto me hizo estremecer, pasé la mano por mi cabello y dejé el celular en la mesa, no pasaron cinco segundos cuando el celular volvió a sonar.
—Contesta, conozco a Senju desde que éramos niños, así que no dejará de intentarlo.
Tomé el celular y contesté la llamada.
—¿Bueno?
—¡Demonios, Hinata! ¿Dónde demonios tenías el maldito celular? — chilló al otro lado de la línea.
—¿Perdón?
—Claro que te perdono, pero ¡carajo!, no vuelvas a desviar mi llamada, menos cuando hay un loco ex novio acosador tras tus bragas.
—Naruto, estoy trabajando.
—¿En la editorial?
—Ajá...—vi a Kiba levantarse de la silla y tomar los dos recipientes de comida y salir a botarlos.
—Me preguntaba si querías almorzar conmigo; acabo de salir de un seminario y estoy cerca de la editorial.
Giré mi silla, quedando frente al ventanal en mi cubículo de Ediciones Hatake.
—Estoy con Ino, vino para la reunión con Kakashi—no supe por qué le dije una mentira.
—Umm, está bien—parecía decepcionado—. Nos vemos en la noche, Dulzura; muero de ganas por enseñarte la lección de hoy, será especial.
La forma en que lo dijo me hizo sonreír.
—Te estaré esperando, como todas las noches cuando llegues a tu departamento—murmuré siguiendo su juego—. Nos vemos.
Colgué y giré la silla para encontrarme con la mirada de Kiba. Parecía roto, dolido... su mirada hizo que mi pecho se oprimiera. Sin embargo, ninguno de los dos se refirió a la llamada, él se sentó frente a mí y retomamos el trabajo el resto de la tarde, Kiba estuvo corrigiendo en silencio mientras yo intentaba concentrarme en el capítulo catorce; era la hora de la verdad, la hora de ser valiente y dejar todo atrás.
"... El aeropuerto estaba completamente lleno, personas que salían de viaje o simplemente llegaban por las fiestas, pero ella sabía que él estaba ahí, en algún lugar; solo tenía que buscarlo.
Había dejado de ser cobarde y de luchar contra todo por el amor de Menma, no permitiría que él se fuera, no permitiría que su estúpido temor los separara; hablaría con Menma y que él tomara la decisión correcta en cuanto a ellos. No había querido verlo, aunque él se lo pidió día tras día, iba hasta la pequeña casa en Port Townsend —que era en donde se había escondido de él, de su pasado y presente—. Pensaba que podía seguir resistiéndosele y así parecía ser, hasta que él le dijo que sería la última vez que tocaría su puerta.
No fue sino hasta cuando escuchó el auto marcharse que entendió que, si no actuaba lo perdería para siempre. Intentó salir, pero su cuerpo, paralizado por el miedo, se lo impidió y le llevó varios minutos el poder llegar hasta la puerta... para ya no encontrarlo ahí. Sacudió su cabeza buscándolo entre la multitud, empujando, moviéndose entre los ríos de personas que inundaban la terminal aérea. Había hablado con Amanda, la nueva secretaria de Menma mientras conducía de regreso a Nueva York y ella le había dicho que él iría a Suiza.
Necesitaba detenerlo, necesitaba...
—Kiba, Hinata—Anna entró nuevamente al cubículo—, el señor Hatake los espera—ambos asentimos. Kiba tomó el iPad y se levantó peinando sus cabellos con las manos, yo guardé los cambios al documento y, respirando profundamente, salimos hacia la reunión.
Estaba sentada en el sofá del departamento de Naruto; después de la charla de anoche, me sentía mucho más cómoda aquí. Éramos amigos, por lo menos hasta que todo esto acabara.
Protege tu corazón, Hinata.
Suspiré profundamente, el programa había acabado hacía ya bastante tiempo, no había prestado mucha atención; me sentía agotada, la reunión con Kakashi había sido desgastante, sobre todo cuando el menor de los hermanos Hatake volvió a tocar el tema de la continuación del libro—lo cual Kakashi apoyó completamente—. Según ellos, yo debería dejar que Menma abandone a Tanahi, de esa manera tenía la perfecta excusa para hacer que el libro tuviese una segunda y hasta una tercera parte.
Estaban locos, no iba a hacer un trabajo mediocre ni a poner mi nombre en tela de juicio solo para que sus bolsillos se llenasen aún más de lo que ya estaban, las segundas partes no siempre eran buenas y las terceras, eran una completa pérdida de tiempo si no se sabía tratar la trama.
¿Cómo sería escribir dos libros más de Tanahi y Menma sin Naruto en mi cama?
¡Santo carajo del Olimpo! No puedo estar pensando tamaña estupidez.
¡Ay, Hinata! te perdono solo porque has tenido complicadito el día.
Tomé el celular para enviarle un mensaje de texto a Naruto, tenía curiosidad por la clase de hoy, pero me arrepentí, puse música, me serví una copa de vino y me senté en el sofá a acariciar el estómago de Frey, cerré los ojos y dejé que los recuerdos del día invadieran mi mente: la reunión con Kakashi, las flores de Utakata, el diario de Hanna. Sí, había tenido un día muy pesado.
Había intentado comunicarme con Hanabi cuando salí de Hatake Editores, pero su teléfono me había enviado a buzón y ya era muy tarde como para intentar marcarle. Tarareé la canción que se escuchaba ahora desde el equipo de sonido mientras seguía haciéndole cariñitos a Frey, poco a poco este animalito se había metido en mi corazón, le había traído un nuevo juguete para morder, la extrañaría horrores cuando todo esto acabara.
Negué con la cabeza no queriendo pensar en el final.
La puerta se abrió e inmediatamente, Frey bajó del sofá corriendo hacia Naruto, una sonrisa tonta se formó en mi rostro al saberlo en casa...
No vayas por ahí, Hinata... deja de hacerte ilusiones, susurró mi vocecita interior, la ignoré sintiendo el aroma de la colonia de Naruto que llegaba a mí, intenté agudizar mis sentidos para sentirlo cuando se acercara; desconecté mi mente y mantuve los ojos cerrados, pero él no se acercaba. Los segundos se trasformaron en minutos, podía escuchar el leve ladrido de Frey... ¿Y si no era Naruto el que estaba en la puerta? Abrí los ojos y bajé los pies del sofá.
—¿Naruto?—mi voz sonó baja y asustada. Di dos pasos antes de detenerme completamente—. Naruto, ¿eres tú?—pregunté respirando fuertemente. Estaba segura que era alguien de confianza, jamás había visto un departamento con tanta seguridad como este, cámaras en el corredor, lector de huellas digitales, código de acceso...
» Naruto, si es un juego, no me gusta—me aclaré la voz y caminé dos pasos más, preguntándome mentalmente si podría correr a la cocina y buscar un cuchillo... Con mi mala suerte, si era un ladrón, me alcanzaría primero. Sequé mis manos en mis muslos y las dejé en puños, antes de dar dos pasos más y ver como la cola de Frey se movía hacia los lados mientras tiraba del pantalón de Naruto.
Estaba completamente recostado en la puerta, tenía las manos en su cabeza mientras sus dedos tironeaban de su cabello; lucía agotado, estaba sudoroso, su cuerpo estaba tensionado y su rostro bien podía ser comparado con el color de las paredes; sus ojos estaban fuertemente cerrados y golpeaba la cabeza en la puerta siseando entre dientes.
—Naruto... —rápidamente eliminé los pasos que me alejaban de él—
¿Estás bien? —pregunta estúpida, claro que no lo estaba. Coloqué mis manos en sus mejillas y él abrió los ojos observándome fijamente; había tanto en su mirada, preocupación, dolor, ansiedad...
—Hinata...—su voz era baja y débil, — yo...—cerró los ojos nuevamente.
—Tranquilo, déjame ayudarte—pasé su brazo por mis hombros; su cuerpo parecía pesar una tonelada, prácticamente él se arrastraba sobre sus pies—. No habrás conducido así, ¿verdad?—dije fuertemente tratando de camuflar mi preocupación.
Él no contestó, por un momento pensé en llevarlo al sofá, pero en la cama estaría más cómodo, Frey me seguía, metiéndose entre mis piernas y gimiendo porque Naruto la ignoraba, yo solo podía pensar en llevarlo a la habitación
—Naruto, ¿debo llamar al hospital?—Pregunté sin inmutarme porque mi tono de voz sonara más asustado de lo que ya estaba; llegamos a la habitación y lo dejé caer sobre la cama—. ¡Naruto, respóndeme!—chillé.
Verlo tan desprotegido y débil me estaba provocando ansiedad, parecía ser un hombre fuerte y sano a pesar de sus jodidas migrañas, lo vi negar con la cabeza antes que su brazo se levantara e hiciera el ademán para que me acercara él. Lo hice con pasos vacilantes.
—Es... migraña—murmuró con voz pastosa—. Ya tomé mi medicamento y pronto pasará—movió sus dedos, así que agarré su mano, observándolo con preocupación mientras sus ojos permanecían cerrados—. Sé que te prometí una clase especial, pero...—siseó entre dientes—. Hoy no estoy en condiciones y dudo que lo esté más tarde, ve a tu casa y nos vemos mañana—musitó, colocando su brazo libre sobre sus ojos.
—¿Estás seguro que te encuentras bien?—me dio un seco asentimiento y yo solté su mano mientras lo escuchaba sisear, caminé hasta la puerta apretando el pomo y suspiré fuertemente antes de girarme y recostarme a su lado en la cama, dejando que mis dedos se escurrieran entre su cabello—. No me iré, Naruto—susurré despacio—. No puedo simplemente irme y dejarte así—dije antes que él objetara.
—Entonces, no dejes de hacer eso—susurró sin abrir sus ojos y respirando profundamente—. Háblame de ti, ¿qué hiciste hoy luego que dejé tu departamento?
—Tuve una discusión con Hanabi—Naruto tenía los labios sumamente secos—. Voy por un poco de agua, tus labios...
—Mmm...—seguía con los ojos cerrados y su respiración era agitada. —Tus labios están secos Naruto, iré por un poco de agua—le respondí, pero cuando quise levantarme su mano tomó fuertemente la mía.
—Bésame—murmuró despacio.
—Naruto...
—Bésame, Hinata—humedecí mis labios y bajé mi rostro hasta el suyo, fue un beso lento en donde yo tuve el control, los labios de Naruto se amoldaban a los míos y seguían mi ritmo lento y acompasado hasta que mi frente reposó en la suya—. ¿Por qué discutiste con Hanabi?
—Algo sin importancia. Tienes fiebre, Naruto, llamaré a Jiraya —¡No! Estoy bien... Dime ¿qué más hiciste?
Era como si necesitara el sonido de mi voz, como si ella lo calmara, y si eso hacía, yo me convertiría en una loca parlanchina.
—Estuve en la editorial, terminé el capítulo trece, es en el cual Menma va por ella a Port Townsend.
—¿Así que luchará por ella? —preguntó ansioso.
—Se supone que debe hacerlo, dejarlos separados provocaría que hiciera otro libro y, sinceramente, no soy amiga de las sagas o las secuelas; muchos autores rellenan—mis dedos habían vuelto a pasearse por sus cabellos—. También hablé con Kiba, él cree que me lastimarás; intenté decirle que estaría bien, me dijo que contaba con él para llorar o partirte las piernas—esta vez no sonrió—, así que cuando todo esto acabe, tendremos una ruptura limpia. Podemos alegar falta de química—química era lo que nos sobraba—. ¿Tú qué dices?
Noté que la respiración de Naruto era acompasada, aunque no tan tranquila como cuando dormía luego de una de nuestras clases, suspiré fuertemente antes de levantarme de la cama y caminar hasta la sala; Frey estaba en el sofá masticando su juguete de hule nuevo, la tomé llevándola al cuarto de lavado y tomé un vaso de agua... Agarré unas toallas y un cuenco con agua, conté hasta diez antes de volver a la habitación.
Naruto estaba en la misma posición, su pecho subía y bajaba suavemente, tenía el cabello alborotado por mis dedos y su expresión era contrita y, aunque había recuperado un poco el color, seguía viéndose pálido... muy vulnerable, a tal punto, que me daban ganas de abrazarlo y no soltarlo nunca.
Caminé hacia él, quité sus zapatos y sus calcetines, dejándolos bajo la mesa al lado de su cama; desabroché su cinturón y lo quité rápidamente, antes de abrir cada botón de su camisa blanca hasta dejar su duro pecho expuesto a mí. Lo giré un poco con mucho esfuerzo, agradeciendo al cielo que no tenía el saco puesto para liberar uno de sus brazos, y lo giré hacia mí para sacar el otro, Naruto no despertó.
Su respiración se alteró, pero rápidamente se calmó; desabotoné su pantalón bajé la cremallera tragando fuertemente mientras deslizaba el pantalón por sus torneadas piernas.
¡Por los clavos de Cristo! Su cuerpo era asombroso, llevaba más de un mes en este loco acuerdo y nunca podría recuperarme del shock inicial al verlo desnudo.
Humedecí las toallas y coloqué una en su cabeza, seguía teniendo fiebre, tomé la otra toalla repitiendo el proceso y la siguiente la deslicé por su pecho, brazos y piernas; Naruto siseó un poco pero continuó dormido, dio un suspiro y esperé unos minutos antes de volver a humedecer la toalla que estaba en su cabeza.
Pensé en irme una vez la fiebre cedió, pero y ¿si me necesitaba después? negué con la cabeza, al tiempo que me dirigía a su clóset para tomar una de sus camisas y un bóxer, me cambié rápidamente en el baño preparándome para dormir junto a él, volví a la cama y me acosté a su lado, dejando que mis dedos acariciaran su cabello mientras observaba su rostro, su perfecta y cuadrada mandíbula, su nariz recta y elegante y sus cejas pobladas...
Huir, correr, escapar ¿de qué? ¿de quién? ¿de él? ¿de mí? ¿de esto que empezaba a sentir? ¿solo para proteger mi corazón? Ya era tarde, Cupido había ensartado una de sus demoniacas flechas. Todo era confuso, mi cabeza era un remolino de sensaciones que no podía sofocar, yo estaba aquí con ese hombre, estaba a su lado, lo veía dormir, respirar, moverse y todo mi mundo giraba a su alrededor, cada pensamiento y momento del día siempre confluía en Naruto Uzumaki.
Hinata Hyûga escribía historias de amor, historias de hombres y mujeres que se amaban con todo el corazón y sin embargo nunca en mi vida había sentido algo real y verdadero por un hombre, Utakata no contaba, solo fue una inflamación de los sentidos, una simple necesidad de niña solitaria y perdida.
Años en que creía que el amor era algo simple: se conocen, se miran, se tocan, se besan y al final hay un altar, un sacerdote y flores blancas, después no había nada, porque yo no sabía que había al final, es más no sabía que existía un medio y unos tonos grises entre los amantes, y heme aquí, aquí en este momento sintiendo este miedo por él, doliéndome todo porque a él le dolía, preguntándome qué hacer para calmar su dolor, cómo hacer para que siguiera siendo el loco, pervertido y lujurioso Naruto Uzumaki me hacía reír y vibrar, no este niño perdido en un jodido dolor de cabeza que lo despojaba de todo lo que él era y que me hacía sentir tan viva. ¿Valía la pena intentar no destruir mis defensas con Naruto?
La respuesta era clara, no lo valía. Terminaría el plazo para las clases y la entrega del libro, escondería lo que siento por él al menos hasta la última clase y luego, vería que hacía. Tenía un solo camino con dos opciones: la primera, le confesaba mis sentimientos y, la segunda, me marchaba sin mirar atrás. Bajé mi rostro hasta que nuestros labios quedaron a centímetros de distancia, dejé que su aliento me golpeara antes de rozar sus labios suavemente.
¿Qué va ser de mí, Naruto Uzumaki?
Me lastimarás, lo sé; me dolerá dejarte ir... ¿En qué momento empecé a sentir algo por ti?
¡Estúpida!... ¡estúpida! ¡estúpida!
Fûka tenía razón, el sexo nunca es solo sexo. Desafortunadamente, ya no había vuelta atrás; desde hoy yo seré quien viva con mi decisión.
Naruto respiró fuertemente y decidí dejarlo dormir, así que me recosté a su lado, pero dándole la espalda, no pasó mucho tiempo para que su cuerpo buscara el mío encajando mi espalda a su pecho pegándome más a él y enredando su pierna entre las mías.
Estaba jodida... Completa y absolutamente jodida.
Desperté poco tiempo después de haberme quedado dormida, toqué la frente de Naruto y suspiré de alivio al darme cuenta que la fiebre había cedido del todo, ahora dormía tranquilamente. Me levanté de la cama y como era costumbre, salí a su balcón.
Eran casi las seis y faltaba muy poco para el amanecer, durante la noche no había dormido muy bien, Naruto había tenido pesadillas o sueños realmente extraños, estuve tentada a llamar a Jiraya o a Sasuke, no tenía sus números, pero debían estar en el celular de Naruto, faltaban dos horas para el amanecer cuando desperté a causa de unos sollozos.
Soñó con sus padres mientras lloraba como niño.
Estuve por largo tiempo mirando los primeros rayos del sol, mientras pensaba en todo; en Hanabi, en Utakata, en Kiba y en el maldito diario de Hanna. Quizás Hanabi tenía razón y era más miedo que odio lo que me hacía no querer leer ese libro; hablaría con Hanabi, le devolvería el diario e intentaría llevar mejor el hecho que ella sí había tenido una madre, debíamos poner un punto medio entre ambas; amaba a mi hermana y no quería perderla, era lo único que en verdad sentía que era mío. Lo único bueno que Hanna había dejado para mí.
Volví a la cama, observando al hermoso adonis entre las sábanas antes de comprobar una vez más la temperatura de Naruto. Me deslicé a su lado y cerré los ojos, no queriendo pensar en más nada que en este momento.
—¡Creo que es hora de despertar!—me acurruqué entre las sábanas—. ¡Oh, vamos, Hinata!, no me harás despertarte a punta de cosquillas—murmuró Naruto y me coloqué en posición fetal—. ¿Crees que eso impedirá que te dé un ataque de cosquillas, Hyûga?—lo siguiente que sentí fueron los dedos de Naruto picando mis costados, me resistí todo lo que pude, pero acabé pidiendo clemencia como Inojin, cuando jugábamos juntos.
—¡Ya desperté! ¡Basta, basta!
—Buenos días, Dulzura—Naruto besó mis labios brevemente sin profundizar el beso, me levanté quedando sentada en la cama y peinando mi cabello hacia atrás.
—¡Estás loco!—murmuré entre dientes, sin hacerle notar que casi lloro de alegría por el regreso de mi chico tremendo— ¿Qué hora es?—bostecé. —Son las 9:30, siento lo de anoche—colocó una bandeja frente a mí.
—Oh mi Dios—me despabilé— ¿Estás bien? —Me dio un seco asentimiento—. Naruto...
—Ahora lo estoy nena, come—sonrió.
—No debiste...
—Sí, tenía que hacerlo. Es una forma de retribuirte por no haberte ido anoche—dijo, tomando un trozo de melón y colocándolo frente a mi boca.
—No iba a dejarte solo y enfermo—Naruto movió la fruta frente a mí—. Creo que debería lavarme los dientes primero—dije con los labios cerrados, levantándome de la cama y agradeciendo mentalmente que Naruto hubiese comprado ese cepillo para mí. Cuando volví a la habitación, él estaba sentado en la cama y su bóxer era la única prenda que cubría su cuerpo.
—¡Mierda! si cada vez que me ataque una jodida migraña te vas a vestir así de sexy me enfermaré a diario ¡luces jodidamente follable con mi camisa!
Sonreí y le enseñé el dedo del medio.
—Te lo mereces.
—¡Auch! eso es lo que uno se gana por intentar ser romántico. Ahora come—ordenó.
—Hay suficiente para los dos —dije viendo la bandeja.
—Es para los dos.
Compartimos la fruta y las tostadas, luego Naruto fue por otro vaso de jugo de naranja para él.
—¿No tienes consultas?—dije cuando lo vi acostarse a mi lado, luego de terminar la segunda tostada.
—No, las cancelé ayer.
—¿Qué pasa? ¿te falta algo?—miraba por todos lados como buscando algo.
—Simplemente estoy preocupado—lo miré sin entender.
—¿Se te perdió algo?
—Tal vez ¿Sigo siendo virgen? Digo, ayer estaba como medio muerto y bueno tú... yo...
Lo golpeé en un brazo.
—¡Joder, por qué no pensé en eso!—hice un puchero—. ¡Lástima por mí!
Él sonrió
—¿Tienes que ir a Hatake Editores?
—Por la tarde, ¿por qué?
—¿Me acompañarías a un lugar, Hinata?
—¿Dónde?
—Al cementerio—su voz fue baja—, hoy es el aniversario de la muerte de mis padres—asentí y luego todo fue silencio.
Naruto condujo su coche hasta Green Wood, caminamos entre las lápidas hasta llegar a un pequeño mausoleo; él abrió las rejillas con una llave y yo me quedé a una distancia prudente. Lo vi colocar las rosas blancas que había comprado y sentarse unos minutos frente a la pequeña bóveda familiar, pude darme cuenta que había espacio para una nueva pequeña urna, suspiré, odiaba los cementerios.
Afortunadamente, fue muy rápida la visita y le pedí a Naruto que me dejara en mi departamento. Habíamos ido en su coche por lo que Mickey se había quedado en su edificio; él pasaría por mí esta noche, ya que el programa de esta noche sería uno grabado. Karin y Sasori iban a viajar a Nueva Orleans para el cumpleaños del abuelo de Sasori así que Naruto y ella, grabarían varios programas en la tarde.
Cuando entré al departamento estaba todo en silencio. Naruto insistió en llevarme hasta la editorial y acepté a cambio de que no me fuese a buscar en la tarde, yo llegaría a la emisora y de ahí, iríamos a su departamento. Me di una ducha rápida y me coloqué unos vaqueros nuevos junto con unas botas marrones, estaba empezando el frío y, aunque no se sentía con toda su fuerza, era mejor prevenir un resfriado.
Me puse un suéter largo y sencillo y tomé una de mis chamarras. Salí de la habitación peinando mi cabello, cuando vi a Naruto de pie frente a la encimera su cuerpo estaba rígido y parecía no haberme escuchado llegar.
—¿Naruto?—en la mano tenía el libro marrón que Hanabi me había dado por la mañana—. ¡¿Qué haces con eso?! —medio grité.
—No lo he leído...—sus labios eran dos líneas tensas—. Pero creo que debes leer esto Hinata, es de Hanabi—me extendió la hoja doblada en dos y la tomé con manos temblorosas, di un largo suspiro antes de desdoblarla, pero solo bastó leer la primera línea para confirmar mis sospechas.
"Querida Hinata,
He decidido ir con mis padrinos...
Continuará...
