Bueno quiero decirles que estoy muy feliz de traerles esta historia. Llevo más de un mes escribiéndola y ya está terminada, solo me falta hacer correcciones. No podía esperar a subirla pero quise tenerla lista antes de compartirla con ustedes. Es un Dramione, el prólogo trata de la post-batalla de Hogwarts, donde Voldemort dale victorioso y empieza su reinado de terror.
En algunos puntos de la historia será un poco Dark, pero también hay romance. Les digo esto para que recuerden que es un fic rated M. Y... ya no seguiré haciendo spoilers :)
Mañana subiré el primer capítulo.
¡Espero que les guste mucho!
Nota: La letra cursiva en este cap, que es el Prólogo de nuestra historia, es un recuerdo de Narcissa. Solo quería aclararlo.
PRÓLOGO
En el momento en que su madre entro a su habitación sin esperar a ser invitada supo lo que se avecinaba. Cuando la vio conjurar el hechizo silenciador, sus sospechas fueron confirmadas.
-Draco...- su lúgubre voz llenó la estancia. Una voz que solía ser armónica para el oído de cualquiera. Una voz que irradiaba orgullo. Ahora solo denotaba miedo, derrota y cansancio.
-Asumo que lo encontraste, madre. - acertó su hijo. Ella solo asintió, temiendo que a pesar del hechizo silenciador, alguien estuviera espiándolos. - pues felicidades. - resolvió él sin una pizca de emoción.
-Draco... - suplicó la mujer ganándose enseguida, toda la atención de su hijo, que hasta el momento se dedicaba a revisar cada centímetro de su varita. No dejaba de sorprenderlo el ver a su madre suplicando. - tenemos que hacerlo.
-Querrás decir "tengo" - bufo él, interrumpiéndola. Ya se sabía el libreto completo.
-Por favor Draco, no podría ser peor de lo que ya es. - murmuró conteniendo el nudo en su garganta.
Narcissa Malfoy Black, una de las brujas más imponentes que el mundo había visto, estaba suplicándole a su hijo con la mirada. Sabía que no adoraba la idea pero era la última, por no decir la única, oportunidad que tenían.
Luego de que Potter escapara de Malfoy Manor esa tarde, con la ayuda de su antiguo elfo, Dobby; todo su mundo se vino abajo.
El señor tenebroso no debía enterarse, pero la gran devoción que su loca hermana le tenía a su señor, fue su ruina.
Tuvo que soportar ver con sus propios ojos, petrificada, a su hijo bajo la maldición Imperius, acercarse a paso seguro a su padre y conjurando por primera vez en su vida, a sus 17 años, la maldición asesina.
"¿Creíste que dejaría pasar el hecho de que no fuiste capaz de matar al anciano Draco?" Siseo la serpiente.
"De ahora en adelante me servirás Draco, pero hasta que no esté seguro de que no eres un desperdicio como tu padre, estarás bajo la maldición, cuando dejes de resistirte serás libre, libre para obedecerme, por supuesto" y con una risa siniestra se evaporo en una gran nube de humo negro.
Ese fue el día que Narcissa Black lo perdió todo.
Tuvo que soportar ver por dos largos años a su hijo luchar contra la maldición. Verlo regresar de las misiones ensangrentado de pies a cabeza. Demacrado y más delgado que de costumbre. Vio cómo Draco luchaba por salir a la superficie, pero con el paso de los días su hijo fue cediendo, muriendo poco a poco. Hasta que un día, hace un mes se había entregado por completo, al presenciar la muerte de Harry Potter y Hermione Granger. Los dos restantes del trío de oro. Supo entonces, que no quedaba ninguna esperanza para el mundo mágico y decidió rendirse, al tiempo que sus ex-compañeros lo hicieron.
Esa noche Narcissa la recuerda muy bien, la noche en que su hijo Draco, se entregó finalmente.
"Hijo, por favor, no desistas." Susurro con con lágrimas en los ojos, tomando con sus delicadas manos el rostro de su hijo.
"¿Como te atreves a pedirme eso? Me criaron toda mi puta vida para esto." Dijo escupiendo cada palabra, nunca había sido tan duro con su madre pero ya estaba cansado de luchar sin un propósito.
"Odio esta persona en la que me han convertido, Potter y Granger murieron hoy, eran los que quedaban, ya no hay esperanza". Terminó de pronunciar con gran esfuerzo.
Sentía un como un pesado grillete se aferraba alrededor de su cuello, apretando y asfixiando las palabras, al igual que siempre le pasaba cuando intentaba hablar de sus más profundos pensamientos con su madre.
Esta tragó grueso. Sabía que todo era culpa suya y la de Lucius. Draco fue el resultado de sus malas decisiones. Ahora más que nunca tenía que conseguir el Giratiempos. Sin Potter el mundo mágico sucumbiría en dos meses más rápido de lo que lo había hecho en los últimos dos años.
"Draco, ya casi lo consigo. Está al sur de Francia, la tía abuela Colette lo tiene en su poder. Necesito más tiempo, me lo hará llegar cuando sea seguro." Susurro tan bajito que Draco tuvo que esforzarse para escucharla.
Las lágrimas salían de sus arrugados ojos, había envejecido como nunca desde la muerte de su esposo, pues era el único que podía protegerla de las asquerosas garras de todos esos mortífagos que se habían instalado en su mansión. Su hijo no podía ir en contra de la voluntad del señor tenebroso y su hermana, era caso aparte. Cuando no participaba en las torturas, se alejaba diciendo que era necesario, que era la única forma de hacerla más fuerte.
"¿En serio sigues con esa estupida idea? ¿Que te hace pensar que no me mataran en cuanto vean que los seguí?" Replicó él con sorna.
"No lo harán Draco, ellos son de los buenos, primero hacen las preguntas y después actúan y por lo que sé, nunca han matado a nadie" afirmó bastante convencida.
Su plan no podía fallar y si lo hacía, prefería que su hijo muriera a manos de Potter y no obligado por tantos años a torturar y asesinar a diestra y siniestra a niños y adultos.
"Entonces con más razón debo entregarme al señor tenebroso, de otra forma no podré escapar con el Giratiempo" razonó él.
"No Draco aún no, estos dos años haz actuado bajo la maldición, cuando todo acabe no tendrás remordimientos, la sangre no estará en tu conciencia, solo en tus manos, podrás lavártelas y seguir con tu vida..." su madre daba motivos al azar, balbuceando cosas sin sentido.
Por supuesto que la sangre estaba en sus manos y en su conciencia. Jamás podría olvidar las atrocidades que había sido obligado a hacer. Si ella creía que su conciencia estaba tranquila, entonces empezaba a delirar, no había manera de que se redimiera en lo absoluto. No existía perdón para él y lo sabía. Ya lo había aceptado.
"¿A donde vas Draco?" Pregunto confusa al verlo levantarse con una furia mal contenida.
El rubio se detuvo en el umbral de la puerta y aprovechando que estaba de espaldas a su madre escupió, con todo el rencor del mundo, lo que jamás se atrevería a decirle mirándola a los ojos.
"Mi señor me llama, apresúrate con el Giratiempos, a partir de hoy, cada sangre que derrame será de manera consciente. No pienso aguantar ni un día más en esta prisión y si me pierdo antes de tiempo, será tu culpa, tuya y de mi padre. Ya es hora que acepten las consecuencias de sus actos. Ah, y ni se te ocurra pensar que porque me consigas ese Giratiempos mañana mismo, tienen mi perdón. No intentes tranquilizar tu consciencia madre, es demasiado tarde para eso. Soy un asesino, soy un mortifago. Justo lo que siempre quisieron.
¿No están orgullosos?"
Esa última pregunta le heló la sangre a Narcissa. Vio a su hijo desaparecer por la puerta, literalmente. Ese hombre, alto, rubio y con semblante oscuro. Ya no era su hijo Draco.
-¿Donde esta? - preguntó Draco fijando sus fríos ojos en su madre.
Su madre saco del bolsillo de su túnica, un paño de seda verde bien doblado. Lo desdoblo con cuidado y se lo tendió a su hijo.
-Hice todo lo que pude Draco. No podía traerlo antes y arriesgarme, solo tenía una oportunidad, si me descubrían...
-¿Te asesinarían?- se burló el rubio. Su madre apretó los labios y respiró profundo.
-Si, pero contrario a lo que tú piensas, eso no me importaba Draco. Si me descubrían con el Giratiempos no tendrías ninguna oportunidad. Vivirías para siempre como su asesino personal, como su esclavo, como su... maldito elfo doméstico. - escupió las últimas palabras sabiendo que con eso lograría enfadarlo lo suficiente para tomar aquel artefacto y largarse.
Y así fue.
Draco se levanto del alféizar de su ventana, donde se encontraba tamborileando su varita desde hace cuatro horas aproximadamente, furioso. El no sería el maldito esclavo de nadie ni un día más.
-Es hora de irnos entonces... madre - escupió su nombre con toda el rencor del que fue capaz.
-Yo no iré contigo, Draco - respondió ella tranquilamente.
-¿Como dices?
-Lo que escuchaste hijo. Este Giratiempo no puede llevar a dos personas a la vez pero te permitirá quedarte el tiempo que desees y además tomarás el lugar de tu "Yo" del pasado. - explicó ella.
-¿Y que pasará con mi "Yo" del pasado?
-Estará en un sueño profundo. Cuando despierte volverá a tener su cuerpo y no recordará nada. Como si hubiera estado desmayado todo ese tiempo.
-¿Quieres decir que tendré su apariencia?
-Si, hijo.
Él la veía con cierta desconfianza y tenía toda la razón de hacerlo. Como padres cometieron demasiados errores. Tal vez en ese nuevo futuro que su hijo forjaría, ellos cambiarían y remediarían algunas cosas. O eso esperaba ella.
-Draco... lo siento mucho hijo. Como padres se tienden a cometer errores, solo espero que me recuerdes por haber tratado de corregirlos. Aunque haya sido demasiado tarde.
Draco parecía tener una batalla consigo mismo en el interior. Era su madre, la amaba a la vez que la odiaba, a pesar de todo. Nunca podría perdonarla claro está, pero no había sopesado la idea de abandonarla ahí a su suerte.
-Deja de darle vueltas a tu cabeza hijo, en cuanto pongas un pie en el pasado y te aferres fuertemente a ese elfo, Dobby; esta realidad que hoy vivimos nunca habrá pasado.
-¿Pero que tal si...?
-¿Muero? - interrumpió ella con una sonrisa triste en su rostro. - ¿Crees que eso es peor que lo que he sufrido todos estos años? - llevó una de sus manos a su rostro y justo como hizo aquella noche, acarició su mejilla, solo que esta vez, lo hacía con alegria. Perdería a su hijo, pero se lo estaría entregando a Potter, no al Señor tenebroso.
Draco parecía estar despertando de un trance. Todos esos años se esforzó en culpar a la mujer que tenía al frente y odiarla de todas las formas posibles. Pero saber que iba a dejarla atrás le rompía el alma, porque corazon, desde luego que no tenía.
-Vas al volver al momento justo en que Hermione Granger está siendo torturada por Bella. Tú estarás a mis espaldas y de tu padre. Deja que todo suceda igual que la última vez. Pero cuando el elfo aparezca acércate con cuidado y procura sujetarte a lo que sea Draco, pero sal de ahí con ellos. No te preocupes por mi y tu padre. Cualquier cosa que nos hagan, es mejor que lo que ya sucedió.
Draco asintió. Realmente tendría una segunda oportunidad. Su madre le colocó el Giratiempos en el cuello y parecía querer decirle algo más.
-Hijo, quédate hasta estar seguro que derrotaron al Señor Tenebroso y después prométeme que volverás.
-¿Estas loca? Es obvio que volveré. El simple hecho de viajar al pasado por cinco minutos generará cambios catastróficos en nuestro tiempo.
-Espero que lo recuerdes Draco. Puede que te guste tu nueva vida allá, pero tarde o temprano tendrás que volver. No sé qué pasaría si decides quedarte...
-Volveré.
-Está bien hijo... ¿Alguna otra pregunta?
-¿Que pasará cuando regrese? ¿Voy a recordar... algo? - Todo esto del espacio-tiempo le daba dolor de cabeza.
-Si.
-¿Y mi yo del pasado? ¿Recordará alguna vez que realice este increíble acto heroico? ¿O también se borrará del mapa?
-Lo hará, cuando llegue este día. Dos años y un mes. No antes ¿Algo más?
-¿De donde sacaron esto? - fue todo lo que se le ocurrió.
A veces le sorprendía la cantidad de objetos oscuros que estaban en posesión de su familia.
Su madre rio ante su pregunta. No recordaba la última vez que había reído.
-Te sorprenderías de las cosas que tu padre atesoraba. Lamentablemente este Giratiempos esta prohibido y tenía que ocultarlo lo suficientemente lejos del Lord Oscuro. Solo en caso de que algo saliera mal...
-No lo entiendo ¿Es que algo no salió como esperaban, madre?- ironizó el rubio rodando los ojos. Aún en los peores momentos su hijo no perdía su actitud altanera. Eso le gustaba y le calmaba el corazón en niveles insospechados. Saber que su hijo Draco aún seguía ahí dentro y tendría una oportunidad.
Tomó ambas manos de su hijo entre las suyas, le dio un beso y sintió las lágrimas de su madre humedecer su mejilla.
-Buena suerte Draco, no naciste malo hijo, nosotros te hicimos así. Te amo. - susurro Narcissa en su oído dejándolo sin palabras y antes de que pudiera responderle vio cómo se desvanecía ante sus ojos.
Cuando los abrió vio a su madre de nuevo, solo que esta vez le daba la espalda. Su cabello lucia más brillante y estaba recogido en un medio moño perfectamente arreglado.
Pero lo que le robó el aliento era la cabellera rubio platino que estaba junto a su madre, tomando su delicada mano y apretándola a medida que los gritos de Granger se hacían más y más intensos.
Un momento.
¡Granger seguía viva! Por ende Potter y Weasley también.
Había vuelto, había funcionado.
Los gritos de Granger lo estaban descontrolando, sentía la necesidad de hacer algo. Aún recordaba la última vez que la vio. Justo antes de que su varita... ¡No, no recuerdes eso Draco! No es el momento. Tenía que controlarse. Se contuvo de hacer una estupidez hasta que por fin Potter y Weasley salieron de los calabozos. Ese par siempre se las arreglaba para escapar de los problemas.
Se esforzó por pelear con Potter lo suficientemente convincente pero con cuidado de no arrancarle ni un pelo. Era mucho más diestro en el arte oscura ahora.
El carraspeo de su tía Bella llamó la atención de todos.
Granger en sus brazos con la daga al cuello. Sentía su corazón latir con fuerza. Se acercó a recoger las varitas de Potter y Weasley pero esta vez se quedó plantado a solo unos pasos de ellos. Todo ocurrió igual que la última vez y en cuestión de lo que parecieron segundos, Draco estaba sujetándose de la camisa de Potter.
Dio un último vistazo a sus padres y pudo jurar que vio en el rostro de su madre, un atisbo de sonrisa, justo antes de desaparecerse, con el trío dorado.
