Quédate: Parte Dos
Capítulo 4
Querida Hinata:
He decidido ir con mis padrinos. Te escribo entre lágrimas, la angustia de despedirme me sofoca, pero no tengo alternativa. Te juro que te quiero mucho, pero, no logro comprender lo que pasa contigo y me duele que prefieras tu ceguera a escucharme.
La vida no es solo blanco y negro, los grises también son colores y deberías de conocerlos. Mamá, sí, nuestra madre, fue una mujer maravillosa y sé que te amaba con todo su corazón.
El diario que escribió está esperando por ti. Yo no puedo obligarte a que lo leas, pero puedo decirte que allí hay una verdad que deberías saber. No te preocupes por mí, estaré bien, no vayas a buscarme. Necesito esta distancia, tenemos que sanarnos, hermana, y para eso es necesario que estemos alejadas.
No tengas miedo a encontrarte con parte de tu historia. Creo que es hora.
No sufras más, deja el rencor y empieza a vivir.
Te quiero, Hanabi.
Cada vez que leía la carta, volvía a llorar, hacía poco más de una semana que Hanabi se había marchado, había sido una decisión drástica de su parte, se había ido sin conversarlo antes. Aunque, estaba tan cerrada con su insistencia de que leyera el diario que debí haberlo supuesto, después de varias llamadas de la escuela de Hanabi había decidido ir a ver al Director para informarle que por causas familiares se encontraba fuera de la ciudad.
Sabía que estaba con su padrino y también sabía que estaba deprimida; sin embargo, no la había llamado, ni había hecho el intento de buscarla y la verdad, no iba a hacerlo, ¿para qué? nuestras diferencias no permitían un acuerdo.
Me mantuve firme en mi postura y el costo fue un "aislamiento creativo", no quería a nadie sintiendo lástima por mí, así que exigí que no me molestaran y me encerré en el apartamento con la idea de escribir hasta terminar mi novela.
Ino y Kiba lo entendieron, Naruto, no y terminé cediendo a su petición cuando me amenazó con que traería a un cerrajero si no le abría la puerta.
Su excusa fue traerme comida, como yo iba a estar tan concentrada en el libro, él velaría por mi alimentación sana.
Escuché el sonido del teléfono, pero no me levanté del sofá, sequé mis lágrimas con rabia por seguir siendo débil ante estas situaciones. Yo ya no era una niña, yo ya no necesitaba compañía.
Ino había llamado hacía una hora atrás, dejé que la llamada se fuera al buzón de voz
—Hinata, debes reconocer mi esfuerzo titánico por no llamarte y respetar tu enclaustramiento pero, ya no más —su voz era firme—. Tú y yo sabemos que lo tuyo no es solamente trabajo, no lo niegues. Estoy segura que lo de Hanabi te afectó y que hay algo más —ahora, su voz era urgente.
» Mira, yo te conozco y si algo grave pasó con Hanabi, seguro que fue por Hanna, tu mamá. ¡Ay, nena! Yo sé cómo te afecta eso y te pido que no me dejes afuera. Soy tu familia. Sai, Inojin y yo somos tu familia y estamos para apoyarte. Te queremos, jamás te olvides de eso.
El contestador quedó en silencio y yo comencé a llorar. Siempre me mostré fuerte y valiente, era dura y tenía la imagen de que nada me importaba, pero, en este momento sentía que toda yo era una estafa y que Ino me había descubierto. Lloré amargamente, tenía veintiséis años y sentía que era un holograma.
Estaba secando mis lágrimas cuando a mi celular entró un mensaje.
Mañana a las diez, reunión con los jefes. Supongo que ya terminaste el libro.
Lo digo por todo este tiempo que has estado encerrada sin contestar llamadas.
No sufras por tu hermana, te deshiciste de una molestia.
Kiba
Di un suspiro largo luego de leer el mensaje dos veces, Hanabi no era una molestia y eso era lo que me dolía, suspiré fuertemente y busqué el maldito libro marrón que parecía estarse burlando de mí en el lugar donde lo había dejado Naruto, sentí una lágrima descender por mi mejilla, Hanna aún seguía jodiéndome la vida, ni muerta me dejaba en paz.
Tomé el causante de todo este lío y lo miré con rabia, por culpa de este maldito libro rompí la única relación familiar verdadera que me quedaba.
—¡Te vas directo a la basura, maldito montón de hojas unidas por hilos!
No terminé de hablar cuando ya me había replanteado: no podía tirar a la basura un recuerdo que no me pertenecía. El diario de vida era de Hanna y ella era la madre de Hanabi.
"Eres una cobarde. Te aterra saber qué fue lo que pasó y prefieres huir"
La frase que me gritó todavía resonaba en mi cabeza ¿y si ella tenía razón? ¿Sería que elegía quedarme con la versión de mi abuelo porque no me atrevía a descubrir una nueva verdad?
Abrí el libro, y me sorprendí al descubrir lo pulcra que era caligrafía de Hanna.
Noviembre 17 de 1988
Mmm, no sé qué estoy haciendo... de verdad no lo sé. Necesito tener al menos alguien a quien contarle mis cosas; no soy una bebé pues tengo quince años, pero necesito un amigo. Lo cierto es que no puedo tenerlos porque cuando por fin me adapto a algún lugar papá habla y nos trasladan. Odio mi vida, odio esta ciudad y odio a papá, él siempre está viajando y nosotras tenemos que seguirlos como si fuésemos pulgas. Odio a mamá, con todas mis fuerzas ¿por qué no pudimos quedarnos en Phoenix? Alaska es fea, húmeda y fría, todo blanco y gris...
Aunque solo leí entre líneas pude darme cuenta que este no era más que el cuaderno de confesiones de una adolescente malcriada: Hanna despotricaba en contra de Alaska con una redacción más que aceptable. Mientras pasaba las hojas, descubrí algo que me llamó la atención.
Marzo 12 de 1989
Sé porque sigo escribiendo aquí, imagino que, por lo mismo de siempre, este pueblo sigue sin gustarme. A pesar de tener meses aquí, sigo siendo "la nueva"; lo único bueno es que he conocido a alguien. Sí, hace unos meses me quejaba porque papá nunca estaba aquí ahora me alegro y espero que esté bien lejos unos años más, al menos hasta que sea mayor de edad y pueda vivir mi vida como quiero.
Hiashi es hermoso. Su papá vino a ver unos negocios, no sé qué diablos habrá visto, aquí solo hay nieve, Hiashi es mi primer amigo hombre y ¿mi primer amor? ¡Y, Dios!, quiere verme y yo por supuesto que quiero verlo, se quedará aquí hasta final de cursos y ¡quizás me invite al baile!
Junio 24 de 1989 Lo he hecho con Hiashi. Dios, dolió como si me atravesaran el cuerpo con una varilla, pero luego fue placentero y muy alucinante, quiero hacerlo otra vez, he tomado varios de los condones que mi padre dejó en casa la última vez que vino. Creo que estoy enamorada de Hiashi, me dijo que me llevaría a Italia con él una vez fuese mayor.
Julio 11 de 1989
Hacer el amor con Hiashi siempre es nuevo, se nos acabaron los condones que tenía, pero él ha comprado más. Lo hacemos en todos lados: en su coche, en el baño de la escuela, en su habitación o en la mía, cuando mamá se va a su club de cocina. Lo amo, estoy loca, perdida e irrevocablemente enamorada de él, de su acento de la forma en cómo me dice Hanna, porque soy su primera mujer. Joder, debo buscarme una amiga para contarle todo esto, pero no puedo. Definitivamente, tú eres mejor, librito, tú nunca contarás nada a nadie y contigo me desahogo. Voy a arreglarme, tengo una tarea que hacer con Hiashi, una tarea que involucra cuerpos, gemidos y suspiros.
Octubre 7 de 1989
Hiashi y yo estamos cumpliendo cuatro meses saliendo, hoy me ha dicho que quiere estar conmigo por siempre, que quiere que nos casemos porque me ama y... estoy pletórica, aunque no le contesté nada. Lo amo sí, pero tengo 15 años, casi 16; él es mayor, tiene 18... quiero casarme algún día, pero no ahora, eso sería encadenarme y aún tengo que ir a la universidad, beber, ir a fiestas, despegarme completamente de mis padres, ¡vivir! Y bueno, aún no estoy lista para eso, aunque me gusta cuando me dice que me quiere llevar a Italia, y que caminemos tomados de la mano como no podemos hacer aquí, pueblo chico infierno grande, estoy completamente enamorada de él hasta los huesos, estaba tan feliz... hasta que llegué a casa y encontré la desagradable visita de George. ¿Quién fue el maldito que lo hirió? Ahora se quedará aquí... ¡Lo odio!
Noviembre 26 de 1989
No he visto a Hiashi, la última semana George ha estado enfermo así que está aquí, en cama. Mamá no lo deja solo, la casa no se queda sola; necesito a Hiashi, necesito sentirlo y saber que él me ama. Lo he visto con una estúpida en la escuela y no me gusta, ¡él es mío! Le diré a papá que necesito ir a la biblioteca, pasaré por ahí y le diré a Tyler que me de algunos libros antes de verme con Hiashi.
No había nada más escrito, pasé unas cuantas páginas y mi corazón dio un salto cuando vi la fecha.
Febrero 2 de 1990
Hace más de dos meses no veo a Hiashi, desde que George nos encontró en su coche. Maldito comisario Scott y su bocota, por qué no podía quedarse callado. Habíamos encontrado un claro en el bosque, ahí nadie nos molestaba, pero un día, el comisario nos vio y se fue de bocón con mi padre, obviamente el pidió un traslado y se enojó mucho con mamá. Ahora estamos en Oregón, la última carta que recibí de Hiashi fue en diciembre y me decía que su papá iba a volver a Italia pero que él iba a quedarse. Me he estado sintiendo mal, estoy deprimida, no quiero comer y el maldito retorcijón de estómago me está matando. Odio a todo el maldito mundo. Quiero a Mi novio,
Febrero 25 de 1990
Estoy embarazada. George va a matarme, a mí y a mamá. ¡Dios! No sé nada de Hiashi, necesito decirle que ahora sí vamos a tener que irnos juntos, sin importar que falten dos meses para mi cumpleaños. Necesito a Hiashi, quiero a Hiashi; agradezco al cielo que papá esté lejos y que no vendrá, debo buscar a Hiashi o deshacerme del problema. Clara, mi vecina, dice que hay una pastilla que puede sacarlo de mí, pero tengo que ir a un doctor. Tengo que buscar dinero para que el doctor saque esta cosa de mí.
Tiré el libro lejos de mí, estaba furiosa.
—¿Cosa? ¿Deshacerse del problema? —grité.
Tragué grueso, eso es lo que yo fui desde el comienzo para ella ¡un problema! ¿Por qué no se cuidó?, ¡por qué no cerró las putas piernas! Limpié mis lágrimas y recogí el diario de vida.
—¡Ay, hermanita! ¿Esto es lo que querías que leyera?, ¿Qué confirmara lo buena que había sido nuestra madre?
Me dejé caer en el suelo mientras mis dedos pasaban las páginas buscando más, me llamo la atención un post it pegado en la siguiente página.
Esto será difícil, pero no es lo importante
Debes llegar hasta el final se fuerte Hinata...
Te amo
Hanabi
Arranqué el papel, queriendo olvidar este libro, pero continuaría por Hanabi.
Junio 10 de 1990
Cada vez crece más, cada vez tengo que decirle más mentiras a mamá. No he sabido más nada de Hiashi, idiota. ¿Dónde estaba su amor por mí? Hablé con Tyler y me dijo que se había marchado a Italia pero que no sabía nada más, me odio y lo odio a él. Odio a todos, a este maldito parásito que cada día me hace ver más gorda y vieja. Me tomé la pastilla, varias, pero no se salió y ahora tengo que esperar a que salga, ojalá se muera.
No quiero tener un bebé, lo dejaré en la primera casa que encuentre, como en las novelas, metido en una caja. Odio cuando se mueve, odio cuando patea, odio cuando soy consciente de lo que será en mi vida: un estorbo.
Sentí la bilis subir por mi garganta y corrí en dirección al baño, necesitaba vomitar. Ella me odiaba, yo lo sabía, pero, leerlo hizo que el pecho me crujiera, me quemara desde mis entrañas.
Me abracé a la toilette intentando respirar, tratando de cerrar mi mente a los sentimientos de dolor, no era como si no lo conociera, como si fuera nuevo.
Cuánto tiempo estuve sentada en la fría cerámica del baño, no lo supe hasta que sentí unos pasos acercarse, mas no levanté la cabeza para comprobar quien era mi visitante.
—Hinata—la voz llegó hasta mí como un arrullo suave que arropó mi corazón destrozado.
—¡Naruto!
Me alzó en sus brazos y me sacó del baño.
—¿Qué sucede, Dulzura?—susurró, apretándome más a su cuerpo.
Me quebré y nuevamente lloré, me aferré a su camisa como si mi vida dependiera de ello, ya que en pocos meses él también se iría.
—¿Dulzura?
—No me sueltes, por favor —él me sostuvo y dejando besos sobre mi cabeza.
—Hinata, no puedes seguir así—dijo después de varios minutos sin soltarme de su abrazo, se levantó saliendo del baño y luego se sentó conmigo en la cama—. Si tanto te afecta que Hanabi se haya ido, ve por ella o llámala.
No hablé y por unos minutos todo fue silencio, Naruto me mecía entre sus brazos suavemente, lo sentí inhalar fuertemente en mi cabello.
—Habla conmigo, Hinata, somos amigos. Ahora mismo si no quieres eso, seré tu psicólogo—tomó mi mentón y me obligó a mirarlo—, solo háblame, Dulzura, —levanté mi rostro de su pecho observándolo; lo que vi en sus ojos me gusto, sentí que podía hablar de todo lo que me angustiaba.
—¿Alguna vez te has sentido tan solo que, a pesar de que tienes mil personas a tu alrededor, sientes que no conectas con nadie? ¿Has sentido que das mucho y recibes poco y que todos te decepcionan? ¿Alguna vez has sentido que no sabes por qué caminas, vives y respiras porque quien te tiene que querer te ignora? ¡No, ignora no! ¿Te abandona y te rechaza?
En mi intento por ser enfática, me separé de su abrazo. Él me miró, pero se mantuvo en silencio; era obvio que no lo había sentido, bastaba ver la abnegación con que Tsunade lo trataba, el amor con que Jiraya le hablaba, y el cariño de Sasuke y la complicidad con Karin; Naruto nunca había estado solo.
Una ira irracional me invadió, la rabia contenida me tenía enferma y no pude controlarme.
—¡¿Qué vas a entenderme tú?! ¡No lo has sentido nunca, maldito seas! —casi no respiraba, solo vomitaba mis palabras—siempre tuviste lo que quisiste, follaste a la mujer que querías ¡Así que no vengas aquí queriendo decirme que sabes lo que estoy sintiendo, porque no lo sabes!—me fui hasta el umbral de la puerta y seguí— ¡Quiero llorar!, aunque pienso que el llanto es para los débiles.
» Quiero maldecirme, flagelarme por ser tan confiada, tan ilusa, tan tonta por tener todavía la recóndita ilusión de que ella se quería quedar junto a mí —Naruto me miraba con atención, hizo un gesto con su cabeza que interpreté como una señal para que continuara—. Estupidez o no, soy yo la que estoy sintiendo cómo me derrumbo y me hago polvo mientras el mundo gira a mi alrededor y, ¡maldición!, quiero escapar. Quiero ir a un lugar donde nadie sepa quién es Hinata Hyûga—me fui a la sala, sin importarme si él me seguía o no— ¡un lugar donde nadie me lastime!
Me senté en el sofá, al segundo, se sentó a mi lado y me pasó una caja de pañuelos.
La rabia de minutos antes se había convertido nuevamente en absoluta tristeza.
—No hay nada malo con el llanto, sobre todo si lo derrama una mujer valiente como tú—su susurro fue como aire fresco—. Eres una mujer muy fuerte que tiene su propio talón de Aquiles, no debes odiarte por eso, eres una persona increíble que ha obtenido grandes logros a tan corta edad; eres toda una guerrera, pero, hasta las guerreras tienen descanso, no está mal hacer un alto en el camino y llorar.
Tomé más pañuelos de la caja y me soné la nariz, no le quité la mirada. No sé de donde lo sacó, pero me pasó un vaso de agua y me obligó a tomar un sorbo.
—Yo quedé huérfano a los siete años, quedé solo, Hinata y eso me hizo fuerte, no te mentiré diciendo que estaba bien, me aferré a Sasuke como si mi vida dependiese de ello, prácticamente se lo impuse a Jiraya y luego, entendí que yo no podía pretender que él girara en torno a mí y por eso creé mi propia isla; la soledad es mi mejor compañía, no depender emocionalmente de nadie es mi mejor arma, sí he follado muchas mujeres pero con ninguna tuve intimidad, porque yo era como tú y, créeme, sé lo que duele y sé cómo te sientes.
No pude controlar un ruidoso sollozo que salió de mi pecho.
—Llora, Hinata, grita si eso quieres hacer, ve por Hanabi si tanto la extrañas—me atrajo a su pecho— ¡pero no te auto compadezcas, por un demonio!
—No es por Hanabi, bueno, sí; es por ella y por Hanna. Ya sabes, ella... bueno, yo crecí sola, con mis abuelos y mi hermana, con ella.
—En el mundo, millones de mujeres abandonan a sus hijos quieran o no, mi madre también me abandonó siendo un niño, yo le pedí que se quedara conmigo, pero ella no lo hizo.
—No es lo mismo, tu madre murió, la mi...
—Explícale eso a un niño de siete años, Hinata—me interrumpió —.No importan las causas aquí, lo que quiero que entiendas es que no eres la única mujer a la que su madre abandonó, no eres la única chica que ha sufrido una decepción amorosa y no es culpa de ellos, es tu culpa por permitir que esto te afecte más de lo que debería.
—El teflón también se desgasta.
Respiró profundo, ya no era el psicólogo, me hablaba como si fuera mi mejor amigo.
—Te autocompadeces Hinata, tienes miedo a enfrentar las cosas y, si sigues así, eso va carcomerte. Lo mejor en estos casos, es enfrentar la maldita realidad con la frente en alto, ya lloraste y gritaste, ya pasó tu tiempo de estar lloriqueando por los rincones, eres una mujer joven y sana, con una maravillosa vida por delante, no puede ser una opción para ti quedarte encerrada aquí dándote golpes de pecho en vez de buscar a tu hermana e intentar salvar las cosas.
—Ella no quiere nada conmigo.
—Hanabi te ama, simplemente te está dando tu espacio al igual que Ino; llevas una semana en este patético estado de llanto y depresión cuando afuera hay un mundo hermoso, con algo de mierda, pero hermoso ante tus pies.
—Estoy cansada de luchar.
Lo miré desafiante y sequé una lágrima testaruda que corría por mi cara, no me gustó que usara la palabra patético. Él dibujó una sonrisa triste en su cara.
—Vive mientras puedas vivir, Hinata y vive por y para ti.
Se puso de pie y cuando cerró la puerta supe que me había quedado sola, me arrastré de vuelta a mi habitación con lágrimas corriendo otra vez libres por mis mejillas.*
—Buenos días.
Di un salto que hizo que perdiera el equilibrio.
—¿Qué haces en mi cocina? ¿A qué hora llegaste?
Torpemente, traté de peinarme mi desordenada caballera y arreglarme mi pijama.
—¿Quieres té? Lo acabo de preparar. Tu teléfono ha estado sonando:
Ino y Kiba. No dije nada
—Ayer no comiste, un té le vendría bien a tu estómago—silencio— genial, has dejado de llorar para volverte muda—bufó sarcásticamente.
Fui hasta la nevera, saqué una botella y tomé un trago de agua mirando hacia la nada. Naruto dejó la taza en la isleta y salió de la cocina, caminó hasta el sofá donde estaba su saco.
—Naruto—lo llamé, haciendo que se detuviera frente a la puerta.
—Oh Dios ¡es un milagro! Hinata ha recuperado el habla.
Ignoré su ironía.
—Gracias por saber qué decir—fue un susurro.
—Es mi trabajo Hinata, analizar y saber aconsejar.
—De todas maneras, gracias.
—Grabaremos por la tarde el programa de esta noche, será entre cuatro y seis de la tarde—abrió la puerta—, te espero allá—y salió sin decir más.
Suspiré, la vida continuaba, Naruto Senju Uzumaki estaba aquí para recordármelo.
Me di un baño rápido y me vestí con sencillo un suéter amplio, unos vaqueros y unas botas altas, busqué una de mis bufandas y una chaqueta para el frío; tenía exactamente treinta minutos para estar en Hatake Editores.
Tomé mi teléfono móvil metiéndolo en el bolsillo trasero de mi pantalón, me giré para buscar las llaves encontrándome con el maldito diario de Hanna, suspiré sonoramente antes de tomarlo y caminar hasta el contenedor de la basura, no me interesaba nada más de lo que ahí había escrito; cuando estaba dispuesta a tirarlo, mi celular sonó, la notificación que tenía un nuevo correo electrónico. "Hanabi", los ojos se me anegaron de lágrimas y espabilé para alejarlas, antes de abrir el correo.
Hola hermanita.
No sabía si escribirte o no. Pero aquí estoy, espero que estés leyendo el diario, al principio no comprenderás, ni yo misma lo hice; no podía entender que mi madre, la Hanna que yo conocí, fuera tan inmadura. Te juro que incluso llegué por míseros segundos a sentir el dolor y el resentimiento que tú sentías hacia ella, pero seguí leyendo, no me dejé llevar por el dolor y esperé hasta que llegué al final.
Mamá te amaba Hinata, sé que quizás piensas que fui cruel y hasta perversa por hacerte leer eso, pero ahí está la verdad que debes saber. ¡Joder!, te extraño, Hinata. Extraño sentarnos a ver películas con Naruto, extraño desayunar junto a ti en la cocina, pasar tiempo con Ino e Inojin, Pero, sé que necesitas tiempo para estar a solas.
Sigue leyendo y entenderás.
Te quiero más de lo que imaginé jamás
Hanabi
Miré el diario en mi mano y lo dejé en el contenedor, no me importaba más nada; sin embargo, algo dentro de mí me decía que no era correcto. Maldije internamente antes de sacar el maldito libro y dejarlo en la isleta, no sabía si iba a seguir leyéndolo, pero ahora mismo, no estaba pensando con claridad. Tomé las llaves de Mickey, y salí del departamento dispuesta a seguir peleando con mis fantasmas.
—¡Lo odio!—grité al entrar a mi oficina—. De verdad, ¿Cómo puedes trabajar con él? —acusé a Kiba.
—No sé qué tanto peleas, mujer, ¡ganaste!—se meció en la silla.
—¿A qué precio? Joder, ¡me toca escribir otro puto libro erótico! No es mi género, por qué simplemente no me deja ser feliz con lo que escribo, mis otras dos historias le han dejado buenas ganancias sin tener que tratar el tema sexual. Varias chicas se ofrecieron, ¿por qué tengo que hacerlo yo? — me dejé caer en la silla, tenía tanta rabia que no podía celebrar mi pequeña victoria.
—No sé por qué te quejas.
—Será porque escribir no es como soplar y hacer botellas —murmuré hastiada, me dolía la cabeza y tenía más de siete mensajes de texto de Naruto, recordándome que, si no iba a él esta noche, él vendría a mí—. Tengo canas con este libro y ese par de... —inhalé y exhalé— quieren que escriba otro.
—Pues yo las veo bastante bien, además tu noviecito te está ayudando —murmuró irónico y rodé los ojos antes de sacar mi celular que, nuevamente, vibraba en mis pantalones por un mensaje de Whatsapp.
Naruto: Te espero en dos horas Hinata
Hinata: Lo sé, No seas un papi
Naruto: Me gusta papi... suena mas sexy
ponte algo lindo, te llevare a cenar
Hinata: Estoy en la editorial: jeans, botas y
sueter. Pasable, si no te gusta ¡Jodete!
Dejé el celular en el escritorio y miré a Kiba, quien me veía con una ceja arqueada.
—¿Ya podemos trabajar o tienes que mandar más mensajitos? — preguntó sarcásticamente.
El celular volvió a vibrar y decidí apagarlo.
—Soy toda tuya—bromeé, como en los viejos tiempos, pero esta vez Kiba no se rió, cuadró los hombros y negó con la cabeza.
—Tenemos un mes para entregar el manuscrito completo, estoy seguro que no has escrito una mierda desde que Hanabi se fue.
Mis ojos se humedecieron, pero, igual lo miré de frente.
—Claro, tú sí me conoces.
Acusó el golpe, en quince minutos había sido dos veces impertinente conmigo.
—Lo siento, soy un jodido gilipollas—dijo acercándose y tomando mis manos entre las suyas, con cara de arrepentido.
—Estás en lo correcto, no tenía ánimos para escribir, pero sabes que nunca dejo de cumplir un plazo. En menos de una semana tendrás el capítulo catorce y antes que se cumpla el plazo, el quince para corregir.
—Esa es mi bonita y hermosa nena. Te parece si te invito a almorzar para celebrar que seguiré teniendo empleo, ya que haremos otro libro—alcé una ceja.
—Haremos me suena a mucha gente, yo escribiré y...
—Y yo arreglaré tu desastre... Quizás se nos ocurre una nueva idea para el próximo libro, además, tengo que contarte algo y quiero que lo sepas antes que todos, pero no quiero hacerlo aquí; escoge el lugar, yo invito— dijo pagado de sí mismo.
—Pues yo también voy—alcé el rostro para ver a Ino en el marco de mi puerta—. Debería matarte, Hinata Hyûga—dijo caminando hacia mí mientras me señalaba con su dedo—. Por mala hermana y mala amiga— me levanté hacia ella y antes que pudiese decir algo más, la abracé fuertemente.
No supe cuánto había necesitado a mis amigos hasta que Kiba se unió al abrazo, una vez escogimos el lugar salimos de la editorial.
El almuerzo con Ino y Kiba fue divertido, a pesar de que me sentí extrañamente observada. Kiba nos comentó sus nuevos planes, quería abrir una editorial independiente junto con algunos colegas editores, aunque Tentación y Prohibido se habían vendido muy bien yo no era una escritora tan conocida, pero Kiba aseguraba que mi nueva historia me daría a conocer ya que sería un hit en ventas y eso haría que más gente me reconociera debido a que el tema era el del momento gracias al Señor Black, no pude evitar bufar ante la mención del dichoso libro.
Regresamos a la editorial en calma, a pesar que seguía teniendo esa extraña sensación que alguien me vigilaba. Ino, Kiba y yo quedamos en reunirnos en mi departamento para finiquitar detalles, Ino también estaba entusiasmada con la idea.
Con el nuevo bebé, ella tendría menos tiempo para salir de casa, así que trabajar con Kiba en todo lo relacionado al lanzamiento de la editorial le venía como anillo al dedo. Nos despedimos en la entrada de Hatake Editores puesto que Ino debía volver al trabajo, Kiba estaba corrigiendo un nuevo manuscrito y yo no quería volver a casa a martillarme con los recuerdos.
Estaba sentada en mi silla con el lápiz sujeto entre el labio superior y la nariz, cuando Kiba entró a mi cubículo. Acababa de leer por tercera vez el correo de Hanabi mientras pensaba qué más tenía que leer, ella decía que la verdad era más clara cuando entrara al mes de Julio. El problema era que yo no sabía si iba a seguir leyendo, en ocasiones, es mejor no indagar la verdad.
—¿Quieres hablar de algo?—lo miré sin entender mientras lo veía sentarse frente a mí.
—¿Algo como qué?
—De Hanabi.
—Ella es alguien, no "algo"
—¿Quieres hablar de lo que ocurrió con ella?
—No—fui tajante.
—Hinata, soy tu amigo—tomó una de mis manos entre las suyas—. Es evidente que tienes algo dentro de ti que te daña, si no lo sacas de ti...
—Me carcomerá—peiné mi cabello con mi mano libre—. Naruto dijo lo mismo cuando me negué a hablar con él—Kiba retiró sus manos de las mías.
—Hablaste con él.
—Es mi novio—una cosquillita interna me hizo cobrarme de sus impertinencias.
—Entonces, supongo que no me necesitas—su voz tenía un pequeño dejo de tristeza.
—No es eso Kiba, simplemente, no me siento preparada para hablar de ese tema ahora—me encogí de hombros.
—Te parece si voy esta noche a tu casa y vemos una buena película mientras nos envenenamos comiendo palomitas.
Sonreí.
—Saldré con Naruto, tendrá que ser para otra vez.
Kiba se levantó de la silla abruptamente.
—Ahora solo tienes tiempo para Naruto—recriminó, respiré fuertemente y encogí mis hombros.
—Es natural, ¿no?
—¿Lo nomino como mejor novio del año?—expresó sardónico.
—Estás siendo infantil.
Estaba intentando no enojarme, Kiba solo quería darme consuelo y, de verdad, me encantaría tirarme en el sofá y reventarnos de películas como en los viejos tiempos, pero si de algo estaba segura era que, si no iba a Naruto, él vendría por mí y lo último que necesitaba en estos momentos era una confrontación entre mi mejor amigo y mi supuesto novio.
—¡Infantil y un demonio!—su voz se elevó un poco—. Me avisas cuando tengas un jodido espacio para mí, querida Hinata—hizo un gesto dramático saliendo de mi oficina.
Pasé las manos por mi rostro antes de levantarme de la silla y tomar la chamarra; me fui en su busca y como lo supuse, estaba en la azotea fumándose un cigarrillo.
—¿Sabes que fumar es malo para la salud?
—Pues, es bueno para mí estrés, en este momento, mi salud me vale mierda.
—Kiba, yo siempre estaré para ti—apoyé mi cabeza en su hombro.
—No me vengas con pendejadas, Hyûga—tiró el cigarro al suelo y lo aplastó con su zapato— Ahora todo es Naruto...
—Es mi novio—dije lo más convencida que pude.
—Te alejará de mí.
Sonreí por lo tonto que se escuchaba eso, Naruto tenía razón, yo siempre pensé que estaba sola en el mundo y quizás lo estaba, pero en mi mundo, Kiba e Ino siempre estarían conmigo.
—Que cursi suenas...—lo empujé con mi cuerpo y nos sumergimos en un agradable silencio
—¿Pasarás Navidad con los Uzumaki?—preguntó, unos minutos después.
Navidad... quizás para esa época Naruto y yo ya no seríamos nada, aunque según nuestro acuerdo, el falso noviazgo duraba hasta los primeros días de enero.
—No lo sé. ¿Con quién lo pasarás tú?
—Samui quiere que vayamos a visitar a sus hermanas...—suspiró— Quiere presentarme y todas esas mierdas, y yo no soy ese tipo de hombre.
—¿Ella te gusta?
—Es buena en la cama—se encogió de hombros—. Sabe sobre *Kegel.
Lo golpeé separándome de él.
—¡Dios, Kiba!, tendré que quitar esa imagen de mi cabeza — murmuré sonriente, él también sonrió.
—Eso sí que fue cursi.
—¿Por qué no lo intentas? —me miró sin entender—. Ir con Samui, conocer a su familia, deja que alguien te ame.
—No me digas, ¿así como te ama Naruto?—inquirió socarrón.
—Deja de preocuparte por si él me ama o no, el tiempo lo dirá — mentí, encogiéndome de hombros.
—Sí, el implacable tiempo.
Otra vez el cómodo silencio.
—Debo irme—le di un beso en la mejilla—. Hasta mañana.
—Hasta mañana.
Agradecí cuando no dijo nada sarcástico sobre mi abrupta disculpa.
Salí de la editorial apretando la chaqueta a mi cuerpo, al parecer la temporada de frío este año iba ser inclemente, iba camino al estacionamiento cuando alguien me tomó del brazo, girándome para ver una figura masculina.
—Por fin tengo la oportunidad de hablar contigo, pequeña —pensé que Utakata no volvería a aparecer, pero estaba justo frente a mí.
—¿Me has estado siguiendo?
—Necesito hablar contigo, ¡por favor, escúchame! —parecía desesperado.
¡Vamos, Hinata! ya no le tienes miedo y es importante escucharlo para terminar todo de una vez, Naruto había dicho que tenía que afrontar la realidad, así que asentí.
—¿Tienes auto?
—Lo estacioné a media cuadra.
—Sígueme...
Conduje por varios minutos hasta llegar a una pequeña cafetería ‒ cerca de la emisora‒ en donde Naruto solía pedir cupcakes, si salía muy lastimada de este encuentro al menos lo tendría cerca. Salí del auto y vi a Utakata salir del suyo.
—Pequeña, yo...
—Mi nombre es Hinata, no pequeña— dije con voz dura.
—Lo siento, es la fuerza de la costumbre.
—Vamos dentro—metí las manos en mi chaqueta y entré en el local, fui a la barra y pedí un frappuccino. La chica de la barra me sonrió y pude ver en sus ojos que deseaba decir algo más—.¿ Pasa algo?
—¡Eres la chica de Naruto Uzumaki!, la novia del Doctor Sex.
No asentí ni negué, tenía entendido que la identidad de Doctor Sex era totalmente ajena a Naruto Uzumaki, ella siguió hablando.
—Él tan guapo y sabe tantas cosas—escuché a Utakata bufar y la chica se acercó aún más a mí y yo me acerqué más a ella, tanto como la barra me permitía—. Necesito hacer una consulta con él, por favor, ¿podrías ayudarme?
—Eso está difícil
—¿Por favor? —susurró la chica.
—Dame tu número de teléfono y veré qué puedo hacer por ti.
No se me ocurrió nada más en ese momento, la chica anotó rápidamente en una servilleta y me la entregó, tomé mi pedido y me encaminé hacia una de las mesas vacías, abrí la servilleta que tenía un número y un nombre. Utakata se sentó frente a mí con su café y yo guardé la servilleta en mi chamarra.
—Hinata, yo...
—Utakata, esta no es una conversación de amigos, accedí solo para ponerle fin a esta historia, nada más.
—Pequeña...
—¡Nada de pequeña!—no lo dejé hablar—. No tengo mucho tiempo, así que te escucho—él hizo el amago para hablar, pero una vez más lo interrumpí—. Esta conversación no cambiará en nada nuestra situación actual y si insistes en buscarme, te denunciaré por acoso.
—Las cosas no son lo que parecen—murmuró—. Hinata, yo te amaba, de verdad lo hacía.
—Utakata—lo interrumpí—no vayas por ese camino—mi voz fue cortante y fría.
—Sabes que tenía una beca de baloncesto, el equipo era bueno, pero cuando yo llegué nos volvimos mejores—se peinó el cabello con una mano —. Estábamos en los nacionales y jugábamos como los dioses; yo estaba demasiado feliz, estaba logrando todo y solo me faltabas tú para ser completamente dichoso. Si pasábamos los nacionales los cazatalentos sabrían quién era yo, podrían reclutarme y así conseguir dinero y podría solventar tu universidad.
—Sí, por ese cuento te estuve esperando como una idiota durante tres años—arqueé una ceja en su dirección.
—No era cuento, era el modo que habíamos encontrado para huir del Sargento Hyûga.
¿Será que el odio a Alaska se transmite en los genes? Sonreí irónicamente.
—¿En qué parte de ese acuerdo estaba el que te casaras con una heredera millonaria y que me dejaras sin decirme nada?
—Hinata...—no lo dejé continuar.
—Ahora me contarás una película para adolescentes: el héroe del equipo y la reina de las porristas—me levanté de la silla.
—¿A dónde vas?
—Esa historia está trillada, si quiero saber más pongo una película y ya está. Mi novio me espera y no quiero llegar atrasada.
—Fue muy difícil para mí vivir lejos de ti y de mi familia, pero lo sobrellevé bien hasta que ganamos el campeonato y me emborraché.
Seguía siendo cliché, pero volví a sentarme. Había que finiquitar esta historia y decidí quedarme hasta el final.
—¿Sexo con la porrista y embarazo?
Me miró molesto por el tono con que se lo dije, eso me dio satisfacción; antes, jamás habría podido provocarle la más mínima contrariedad a Utakata.
—Y un ejército de abogados amenazándome con destruirme y secarme en la cárcel si no me casaba. Ella era menor de edad y estaba encaprichada conmigo.
Lo miré fijamente antes de negar con la cabeza.
—Así que tienes un hijo.
—Se llama Lukas y cumplirá años pronto.
—Bien, ¿algo más?
Hice el ademán de levantarme, pero, su brazo me detuvo.
—Me estoy divorciando.
—No hubo final feliz para el héroe y la porrista.
¡Vaya, Hinata, hoy sí que estás hecha toda una bruja!
—Hannah no me ama, ni yo a ella.
—Pobre Lukas.
Se produjo un silencio incómodo, tomé mi bolso, me acomodé la bufanda y me puse de pié.
—Yo te amo, Hinata.
No esperaba que me dijera eso, me quedé paralizada por un minuto disfrutando ver como la niebla que me cubrió por muchos años los ojos se disolvía, busqué cruzar su mirada y sin ni una pizca de soberbia, le dije:
—Pero a ti, yo no.
Y era cierto, ya no lo amaba.
Caminé hasta la salida del café decidiendo ir a pie hasta la emisora; me sentía extrañamente tranquila, estaba a punto de entrar al edificio cuando él me alcanzó.
—Te enamoraste de él—no fue una pregunta, aun así, contesté.
—Es imposible no hacerlo—lo dije con tranquilidad pasmosa.
—¿Y yo?
—¿Tú?—negué con la cabeza—Fui muy feliz el tiempo que estuve junto a ti y me dolió mucho tu traición, pero...
—Pequeña...
—Utakata, me pediste que te escuchara y lo hice, ahora es tu turno de cumplir—abrí la puerta del edificio—o me obligarás a buscar ayuda legal para mantenerte alejado de mí. —Entré sin esperar que el dijera algo más.
Continuará...
Glosario:
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