Quédate: Parte Dos
Capítulo 8
Él se había ido de la mejor forma, sin despedidas insulsas ni frases de cajón, nuestro trato había terminado oficialmente cuando los fuegos artificiales iluminaron el cielo dándole la bienvenida a un nuevo año y cualquier cosa que se agregara, estaba demás.
Era mi día uno post Dr. Sex y estaba muy agotada como para pensar, así que me enredé aún más en las sábanas revueltas, giré hasta quedar boca abajo en la cama aspirando su aroma que aún persistía en mi cama, inspiré profundamente y me quedé inmóvil. No me rompí, no lloré, pero tampoco me sentí bien, algo dentro de mí se sentía vacío, pero sabía que era cuestión de tiempo y que todo iba a estar bien.
¡Sí, Hinata Hyûga, esa es la actitud! El sexo te hizo bien, estás más madura y esto no puede tenerte triste.
Las siguientes semanas me mantuve ocupada con la edición del libro, Kiba y yo trabajábamos en conjunto durante el día pero, por las noches, cuando volvía a casa, seguía extrañándolo. En una actitud que bordeaba el masoquismo, escuchaba su programa de radio y me dormía con su voz de fondo. Un nuevo chico estaba con él. Lee, era el nombre del nuevo sexólogo del programa y aunque no tenía ni la picardía ni la sensual voz de Naruto, no era mal conductor.
Aun así, las admiradoras de Naruto estaban muy tristes y cada llamada era para rogarle que no se fuera. Más de una vez estuve tentada a ir a la emisora simplemente para verlo salir o llamarlo, pero desistía.
Hablaba con Hanabi esporádicamente y había intentado seguir con la lectura del diario de Hanna pero hasta ahora todo era lo mismo, ella seguía odiándome y deseando que me hubiese muerto por lo que no le dedicaba mucho tiempo.
Intentaba pasar más tiempo con Ino ahora que había empezado a notarse su pequeña pancita y retomé mi amistad con Kiba, no había sido fácil explicarle por qué había terminado mi relación, pero Kiba siempre entendía sin hacer muchas preguntas esta vez no fue la excepción, me atrajo a su pecho y besó el tope de mi cabeza diciéndome que podía llorar si era lo que necesitaba.
Quería hacerlo, pero no lo haría. No con espectadores...
Un mes después, el vacío y la ausencia de Naruto persistía, el dolor en mi pecho, también a pesar de los esfuerzos que hacía para animarme, solo quería dormir para quitarme el peso que agobiaba mi corazón.
Me había enamorado de él, de su arrogancia y picardía, de la forma que podía ser rudo y tierno, su forma de hablar, de andar, hasta de la forma en la que su rostro adquiría paz cuando dormía.
¡Estúpida!
Así era como me sentía, como una completa idiota. Me levanté de la cama arrastrando los pies hasta llegar a la cocina, me dolía todo el cuerpo, seguro que estaba somatizando o también podría ser que estuviese sufriendo un severo estrés post Naruto Uzumaki.
¡Jajá! Al menos, todavía tienes ganas de reírte de tu desgracia, Hinata.
La verdad es que sí, sin el libro, sin Hanabi y sin Naruto, mi vida se estaba convirtiendo un tedio y tenía que hacer algo.
Salí de la cocina con un tazón de cereal rebozado con yogur de fresas y me senté a leer el diario de Hanna, llegué hasta la parte en donde firmaba los documentos para entregarme en adopción tan pronto saliera de su cuerpo y no seguí, eso era más de lo que podía soportar.
Llamé a Ino para salir a comer pero estaba comprometida con Sai y Utakata, desde la cena de Fin de Año los hermanos estaban tratando de recomponer su relación ¿Qué iba hacer yo en medio de eso? Así que me resigné a quedarme en casa a viendo películas.
Saqué lo que necesitaba del refrigerador y me tiré en el sofá con un bote de helado de vainilla y chocolate mientras veía Titanic y sufría con Jack y Rose. ¿Algún día podría amar así? Negué con la cabeza, suficiente sufrimiento tenía con haber abierto mi corazón al soltero de oro de Nueva York, en los últimos días había dejado de escuchar el programa en un vago intento de protegerme, pero todo me lo recordaba: mi cama, mi ropa, la puesta de sol o el amanecer. Todo estaba relacionado con él.
Negué con la cabeza una vez más antes de que mis ojos se encontraran con la copia del manuscrito del libro; Kiba me lo había traído en la tarde encuadernado y listo para que formara parte de mi pequeña biblioteca especial, recordé la noche de Navidad en la casa de Jiraya y Tsunade y sonreí antes de quitar la manta de mi cuerpo y correr al baño; moría de ganas por verlo, aunque fuese solo un momento.
Yo había quedado en llevarle el manuscrito así que tenía una excusa creíble. Me di un baño rápido mientras una verdadera sonrisa iluminaba mi rostro, fui cuidadosa al vestirme y por primera vez en mi vida me esmeré en lucir un poco más femenina aunque fuese con unos simples vaqueros rasgados y un suéter cuello alto, estábamos a principio de febrero y mi período estaba presente así que eso descartaba por completo llegar a algo más, pero nada importaba, volvería a verlo hoy, era sábado y no había programa, él estaba en su departamento.
Ricé mis pestañas y cepille mi cabello en tiempo récord, me coloqué unas botas y busqué una gabardina, el celular, las llaves de Mikey y el manuscrito. Necesitaba verlo, necesitaba...Necesitaba ver a mi Naruto, el hombre que me habló en hindi aunque aún no supiese bien qué había dicho, necesitaba ver al hombre que me hizo besarlo, el que insistió una y otra vez hasta que lo acepté como maestro, necesitaba su calor, la seguridad que trasmitía.
Lo extrañaba. Extrañaba su arrogancia, sus besos violentos y cariñosos, su toque erótico y sensual, extrañaba hablar con él luego de una sesión de sexo, extrañaba todo lo que Naruto Uzumaki representaba... Amor, sí, sí lo era. Tenía la imperiosa necesidad de tenerlo a mi lado como en estos últimos tres meses. Aunque solo fuera para follar sin ningún sentido.
El conserje me saludó al verme llegar y tomé el elevador con el corazón tronándome en los oídos, no sabía qué haría Naruto al verme, tampoco sabía qué iba a suceder esta noche, pero estaba preparada para llegar hasta donde Naruto deseara llegar, no importaba si mañana tenía que recoger los pedacitos de mi corazón del piso de su departamento, quería vivir el ahora, este momento.
Llegué al Penthouse y me coloqué frente a la cerradura de Naruto, busqué entre mis bolsillos el celular donde había anotado el código era la fecha en la que habíamos firmado nuestro decálogo, digité los números rápidamente, pero la maquina me arrojó un error. Negué con la cabeza y sequé mis manos en mis vaqueros digitando con más calma los números pero la puerta no abrió, coloqué mi palma en el lector y salió como "No Identificada".
Esto era extraño, llevaba tres meses digitando ese código era imposible que me hubiese equivocado, a menos que... Cerré los ojos no pensando en la posibilidad, saqué mi celular y le envié un mensaje por Whatsapp:
¿Estas en tu departamento?
Tengo algo que entregarte
El mensaje no se envió por lo que intenté con un texto y me recosté a la pared, lo esperaría hasta que él llegase si fuese necesario.
Era casi media noche y habían pasado varias horas desde el momento que había llegado. Después de dos horas acabé sentada en el suelo pensando nuevamente en la inmortalidad del cangrejo, cuando el elevador se abrió y sentí pasos pesados cerca. Alcé la mirada para encontrarme con Naruto caminando hacia mí.
—¿Hinata?
Su tono de voz fue emotivo, pero no contrastaba con la sorpresa y el ¿dolor? que hallé en su rostro. Aparté la mirada de su cara observándolo de arriba abajo, estaba levemente encorvado, tenía una barba descuidada y se veía de mal color, sus ojos azules se veían profundos como si llevara muchas horas sin dormir, como la mañana siguiente después de muchas horas de sexo.
No pienses en ello.
—Naruto.
—¿Qué haces aquí?—su voz como siempre fue suave, sensual, profunda y caló hasta lo más hondo de mis huesos haciéndome sentir viva, era como si despertara de un sueño, como si respirara por primera vez. Todo mi cuerpo se activó con su presencia.
Me levanté del suelo e intenté sonreírle, pero él seguía observándome confundido.
—Estuve intentado entrar, pero al parecer he olvidado el código—me encogí de hombros evaluando su reacción.
—Bloqueé tu código—dijo fríamente y fue como si una pequeña daga se enterrara en mi pecho, Naruto pasó a mi lado sin mirarme y digitó su código rápidamente y la puerta se abrió
—Entiendo
Claro que lo entendía, hacía un mes que él y yo habíamos terminado nuestro trato y ahora yo no significaba nada para él.
—Tú sabes que esto era por tiempo limitado.
—Claro que lo sé.
—Odio no tener privacidad en mi casa, es una de las razones por la que solo Tsunade tiene un código. Debido a que nuestro trato se ha acabado no había ninguna necesidad de tener el tuyo vigente—tiró el maletín que traía en las manos en el sofá, no me había dado cuenta que traía uno, lo que significaba que él no había estado en el departamento.
Pasó la mano por su rostro en un gesto de cansancio o fastidio, no quise interpretar ninguna de esas razones porque entonces me haría sentir más estúpida de lo que empezaba a sentirme
—¿Ya terminaste el libro?—se quitó la chaqueta y la dejó sobre el sofá — ¿Quieres algo de beber?
Asentí sin saber qué decir o hacer.
Naruto se fue a la cocina y yo intenté controlar mi corazón, no parecía tan buena idea el haber venido, él parecía molesto, sus palabras habían sido frías y calculadoras, dándome a entender lo que ya yo sabía: que esto se terminó, que era un simple contrato de trabajo.
"¡Hey, yo te follo, te enseño, disfrutamos y se acabó!"
Y no, yo no quería eso, no lo quería, pero no me humillaría, él no me amaba, yo fui un buen polvo, pero él no me amaba. Regresó a la sala y me ofreció una lata de mi refresco favorito. Me quedé mirando la lata un poco abstraída de mi realidad. ¿Que él tuviese una lata de mi refresco favorito significaría algo?
—Supe por Kakashi que el libro estará listo para el lanzamiento en un par de semanas, pronto empezarás la gira de firma de ejemplares, te felicito.
—Gracias—tomé la lata y no pude dejar de sentir el pequeño toque eléctrico cuando mis dedos rozaron su piel, pasé un mechón de cabello tras mi oreja intentando tranquilizarme—. En un par de semanas viajaremos a Jersey, allí empezaremos las firmas.
Este Naruto no parecía al chico que yo había conocido tres meses atrás, era tan... distante, frío y duro. Daba la sensación de que hubiese una pared invisible entre los dos que nos mantenía en nuestro lugar sin permitirnos avanzar o retroceder.
Naruto se sentó en el sofá de enfrente y cerró los ojos unos segundos tensando el agarre sobre la lata de cerveza que tenía en su mano, el silencio entre los dos empezó a hacerse incómodo más que la pared invisible que nos dividía, era como si un gigantesco elefante morado estuviese entre ambos. Eso o un pulpo asfixiándonos con sus tentáculos.
—¿Qué haces aquí Hinata? —la voz de Naruto fue rasposa, me exalté un poco al escuchar, levanté la mirada para observarlo.
Seguía estando tan jodidamente bueno como la primera vez que lo vi, a pesar de estar demacrado, pero había algo que nunca había estado antes, esta mueca en su rostro. Estaba tenso, una máscara de dureza realmente intimidante y cruel lo curvaba y sus ojos estaban inexpresivos, no había la chispa retadora que siempre tenía—. Aún no me dices que hacías frente a mi puerta.
—Venía a entregarte el manuscrito del libro tal cual como te lo prometí.
—Podías haberlo dejado en recepción o enviarlo a la emisora, no era necesario que esperaras frente a la puerta de mi casa—sentenció con desprecio, sentí como el filo de la navaja desgarraba mi piel haciendo que el dolor me lacerara internamente, pero por fuera estaba intacta, sus palabras no me dolían.
—Yo—suspiré profundamente y pasé saliva por mi garganta—. Quería entregártelo personalmente. Tú sabes, gracias a ti el libro...
—Pude traer compañía, Hinata—me interrumpió—. No hubiese sido agradable para ella—recalcó la palabra "ella"—, ver una mujer esperando en mi puerta y ese libro es lo que es gracias a ti, yo simplemente fui un buen maestro.
Dejó la lata en la mesa de café y fue hasta su bar dejando caer licor en una copa y bebiéndoselo de un trago para llenarla nuevamente.
—Tenía que entregártelo personalmente.
—Ya está, Hinata, terminaste el libro, sabes todo lo que debes saber de sexo, ¿No soy un buen samaritano? —abrió las manos burlándose de la situación—Que no se diga que Naruto Senju Uzumaki no ha hecho su buena labor por la humanidad, he formado a una diosa del sexo—me guiñó un ojo irónico y una sonrisa sardónica cruzó su rostro—. El hombre que te tenga será afortunado, linda.
Intenté que no notara lo que me pasaba pero sentía que las lágrimas amenazaban por salir.
—¿Cuándo es tu viaje?—cambié de tema.
—¿Te importa?—Murmuró alzando una de sus cejas y negó con la cabeza tomando la copa nuevamente de un trago y sirviéndose otra—. Mi viaje será pronto...—sonrió burlón—. Estoy ansioso por viajar y darme una gran vida, me amarán, donde voy tendrán diversión de sobra.
—¿Regresarás?
—¿Quieres que regrese?
—Kiba va a abrir una nueva editorial junto con unos amigos, debo escribir el nuevo libro para Kakashi y termino los nexos con Hatake
Editores—peiné mi cabello hacia atrás me preguntaba si tú... ¡Esto no era buena idea!
—Si yo...—Naruto estaba bebiendo como un loco, como si el licor fuese solo agua.
—Si querrías darme una mano con esta nueva historia...—trague saliva—. Tú sabes teorías, me gustaría que se centrara en el sexo tántrico y tú sabes mucho de eso.
¡Esto era cada vez peor!
—Sabes todo lo que tienes que saber de práctica y teoría. Si tienes dudas, consulta Google, Wikipedia o pon a volar esa imaginación, Hinata. Estás más que calificada para un libro de ese calibre, nada queda de la insípida escritora que fue a hablarnos de erotismo hace cinco meses a "Hablemos de sexo".
—Y eso fue gracias ti, a tu tiempo y todo lo que me enseñaste.
No pude evitar que me diera un poco de vergüenza al evocar los salones de clase.
Naruto negó con la cabeza.
—Eres muy receptiva, puedes hacerlo tú misma, no me necesitas.
Quería gritarle que sí lo necesitaba. Que mi piel estaba mustia por estar lejos de la suya, necesitaba que me tocase.
—Tus conocimientos...
—Hinata—su voz fue fría como un iceberg y dura como un hierro —. No hay nada en lo que pueda ayudarte, te enseñé todo lo que sé y más— sus orbes azules eran ahora piedras opacas, como la piedra que quedaba después de que la lava del volcán se enfría.
—Naruto..
—Hinata, lo único que me interesaba de ti ya lo obtuve —tragué saliva una vez más ocultando el dolor de sus palabras—. No estoy dispuesto a estar contigo otra vez, ya no me provocas y más bien te haría daño—mi pecho se contrajo fuertemente—ya conozco cada rincón de tu cuerpo y para mí en la variedad está el placer, linda.
¡Huye! Te está destrozando ¡Vete!, ¡sal de aquí! ¡Sal de aquí ahora, Hinata!
Pero mi cuerpo parecía pegado firmemente al suelo de madera del departamento de Naruto y él siguió.
—No tienes nada más que darme y yo nada más que enseñarte —cada palabra era como mil puñales directos a mis ojos por ciega, a mi mente por idiota, a mi corazón por ilusa—. Esta vez, tu oferta no me parece atractiva y no voy a aplazar mi viaje.
Caminó hacia mí y tuve el instinto de retroceder, pero no lo hice. Sus labios quemaron la piel de mi frente cuando me rozó con un beso, yo luchaba por que ni una lágrima saliese de mí
—No tengas miedo de entregarte, Hinata y busca quien te haga feliz—se separó de mí y tomó el libro—.Lo leeré cuando tenga tiempo; por favor, al salir cierra bien la puerta —y lo vi perderse por el corredor.
Correr. Gritar. Huir.
¿Cómo respirar, cómo caminar, cómo vivir cuando tu maldito corazón está hecho mil pedazos? ¿Cómo seguir aquí cuando sabes que ya ha tomado otro camino y no te pertenece?
Sí, mi corazón le pertenecía a Naruto Uzumaki y eso jamás estuvo en el contrato. Fue el precio, el alto precio que pagué por sentirlo dentro de mí.
Y no lloraría porque, aunque sintiera mi alma adolorida, aunque sintiera que no llegaba el aire a mis pulmones, aunque mis oídos palpitaban a la vez que el latir de mi corazón por sus crueles y oscuras palabras, no me arrepentía de nada.
¿Dónde ir? ¿Podría escapar de todo lo que me estaba pasando en ese momento? Siempre fui de esas personas que a pesar de todo lo malo que le ocurría encontraba una solución para todo, nunca me dejé vencer por nada ni por nadie, ni el desamor de mi madre, ni el abandono de Utakata habían sido capaces de menguar mi fuerza de voluntad ¿por qué me sentía ahora tan derrotada?
Había salido de casa de Naruto completamente destrozada, en ningún momento había pensado que él me recibiría con besos y abrazos, tampoco esperaba que me llevara a su cama y me hiciera el amor, pero pretendía tener una oportunidad para ser amigos, quería conocerlo más, quería... ¡Hinata Hyûga!
¡Sí! ¿A quién engaño?, yo quería eso, quería una última vez con él, quería sentir sus labios fundirse con los míos, quería volver a respirar su aroma almizclado, sentir sus manos marcando cada parte de mi cuerpo y su boca devorándome, pero había obtenido algo completamente diferente.
Un Naruto Senju-Uzumaki frío, irónico y burlesco; y no sabía que me dolía más, si haber sido una ridícula patética frente a él o haber cometido la estupidez de enamorarme; debió haberme visto como una completa idiota, otra chica más que cayó como una marioneta rendida a sus encantos de gigoló.
Yo era una más, la verdad era tan irrefutable como aterradora.
Mantuve firme mis manos mientras conducía sin dirección alguna, Naruto no era el culpable de mi corazón roto ni de mi tristeza, fui yo la ingenua que se enamoró sabiendo que esto tenía un final, fui yo la que se entregó con la plena certeza que no éramos nada, fui yo la que bajó la guardia, la que se expuso ante la falacia de caricias pactadas, la que abrió el corazón.
Me bajé en Central Park cuando mis pulmones bramaron por aire. Mi primera opción había sido Kiba ir con él, fundirme en sus brazos y llorar, – había funcionado anteriormente–, pero nuestra amistad ya no era la que solía ser, aparte de eso, era muy capaz de ir por Naruto y golpearlo y no quería eso. Que Naruto se enterase como me afectó la ruptura, no quería ser su burla eterna.
Caminé por los jardines del parque sin importar el frío, controlando mis ganas de llorar, eso era para débiles y yo era fuerte, yo había soportado muchas cosas, Naruto Uzumaki no me derrumbaría. No lo permitiría.
Llegué a la estatua de Romeo y Julieta, estaba bordeada por copos de nieve lo que acrecentaba su aura romántica; allí, los dos amantes que no llegan a besarse, separados por odios estúpidos. Dolor y crueldad, la metáfora de una vida que no estaba escrita en los cuentos de hadas.
Saqué el celular del bolsillo de mi pantalón y le marqué a la única persona con la que podría llorar y que no haría preguntas.
—Estoy en Central Park —retuve mis lágrimas—. Frente a la estatua de Romeo y Julieta —mi voz se quebró—. Ven por mí, por favor, ven por mí.
Busqué un lugar donde sentarme y mientras esperaba recordé aquel poema de William Blake:
¡Soñé un sueño! ¿Cuál será el significado?
Era yo una reina virginal Guardada por un ángel bondadoso.
¡El tonto lamento nunca fue encantado!"
¿Era Naruto mi ángel?, ¿mi ángel de la destrucción?, ¿el ángel que había llegado a mi vida para robar mi alma y jugar con mis sentimientos, para volverme una esclava adicta a él, a sus besos y a sus caricias para luego irse llevándose consigo mi corazón roto?
No supe cuánto tiempo estuve sentada impávida, solo cuando sentí los brazos de Ino que me envolvían, dejé que mis muros por fin se derrumbaran y lloré. Solo esa noche, acompañada de mi mejor amiga y de un bote de helado de chocolate, me permití ser una chica que se había atrevido a soñar aun sabiendo que el sueño podía convertirse en pesadilla.
.
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Estaba en la editorial con el primer ejemplar empastado de "Atada a Ti". Hacía casi tres semanas desde que había salido a las librerías y ya era número uno en varios estados del país. Odiaba la portada, demasiado masoquista para mi gusto, brusca, pesada y oscura, el chico de espalda con la chica finamente atada a sus caderas, para los hermanos Hatake mostraba deseo y erotismo, desde mi punto de vista, mostraba la obsesión controladora del hombre que era Menma y la sumisión absoluta que Tanahi le entregó.
Era la última vez que Ino me acompañaba debido a su embarazo, así que la gira de promoción, la firma de libros y las entrevistas tendría que hacerlas sola, nada de eso me gustaba, pero lo necesitaba, me ayudarían a mantener mi mente en otra cosa que no fuera él. Sin caer en el drama, a veces sentía que mi vida estaba convertida en un castillo de naipes por lo frágil e inestable que era y si me descuidaba, podía derrumbarse en cualquier momento por lo que toda la actividad frenética que significaba la promoción del libro venía muy bien a mi estabilidad.
Ajusté mis lentes y me concentré en la pantalla de Word abierta en mi computador, "Bajo tu piel" era mi nuevo proyecto, un libro bastante sencillo que trataba de un policía amargado por los sucesos de su vida y una jovencita alegre a pesar de que la vida le había costado bastante.
"La vida del comandante Darren Tramell se terminó el día en que su esposa murió, el agrio policía de homicidios de Chicago ha perdido la fe – entre la muerte y la violencia– hasta que su camino se tropieza con Ivanna Robert; ella que es dureza y dolor, música y ternura, una historia que demuestra como los corazones rotos también pueden complementarse, una historia que nos enseña que aún sin deseos de nada podemos meternos bajo la piel de la persona que menos esperas"
Había algo en ese párrafo que no me gustaba del todo, pero no sabía qué exactamente. Me recosté sobre la silla meciéndola de un lado a otro, era una mala manía que le había visto a... a Naruto. Resoplé cerrando los ojos y sintiendo como cerraban la puerta levemente y un suspiro largo y pesado.
—¡Las mujeres son una jodida mierda!—dijo Kiba, enojado.
—Gracias por lo que me corresponde.
—No era contigo—bufó.
—¿No soy mujer?
—¡Jesús, Hinata!— apoyó el codo en mi escritorio y se pasó una mano por el cabello—. Es Samui...
—¿Quieres contarme, vaquero? —Kiba bufó nuevamente y cuando se aprestaba a hablarme, mi teléfono celular sonó distrayéndonos momentáneamente.
—¿Es Naruto?—preguntó Kiba cuando demoré para contestar, ignoré la punzada en mi pecho y negué.
—Número desconocido—dije a Kiba mirando la pantalla fijamente y debatiéndome si contestar o no, afortunadamente la llamada se fue a buzón, pero rápidamente sonó nuevamente.
—Contesta, quizá es Hanabi que está usando alguno de esos teléfonos privados.
La relación con mi hermana no era que hubiese mejorado mucho, pero desde Año Nuevo hablábamos un par de veces por semana, seguía en su posición de no regresar hasta que no leyese el diario, cosa que por supuesto no iba a hacer.
—¿Hinata?—la voz de Kiba me hizo salir de mis pensamientos—. El teléfono, Hinata, contesta el teléfono, tienes que deslizar el verde hasta el rojo
—le saqué la lengua mientras deslizaba el dedo en la pantalla —¿Bueno? —Contesté con aprensión.
—¿Hinata Hyûga?
—Con ella—miré a Kiba que me veía con expectativa—. ¿Con quién tengo el gusto?
—Toneri Õtsutsuki, ¿Se acuerda de mí?
¡Como si pudiéramos olvidar ese trasero!
—Señor Õtsutsuki, ¿Cómo le va? ¿A qué debo su llamada?
Estaba extrañada, Fûka me había enviado un par de correos, pero mi cabeza era un nudo y no los había leído, además, estaba empezando la nueva historia para Hatake y no sabía si podría con otro libro
—Bien, gracias, estoy en Nueva York por unas horas y me gustaría que se reuniera conmigo en media hora, restaurante Barbetta, por favor, sea puntual.
Colgó.
¿Qué fue eso? el tipo daba por hecho que iría a verlo, Toneri era de los hombres acostumbrados a ladrar órdenes y que todos movieran el rabito según sus designios, pretendía que yo hiciera lo mismo, ¿Qué se creía? Él simplemente estaba loco, tenía una reunión con Kakashi Hatake y realmente no tenía interés en lo que pudiera decirme.
—¿Quién era?
—Toneri Õtsutsuki...
—¿Quién?—Kiba arqueó una de sus cejas.
—Toneri Õtsutsuki, dueño de Õtsutsuki Corp., su esposa quiere que escriba una biografía de su historia de amor.
—¡Alto ahí, Hinata!, ¿Te ha citado?
—En el Barbetta, en media hora.
—¿Y no piensas ir?
—Eres un genio—ironicé—. No tengo tiempo mi querido Watson, además tenemos reunión con el Señor Todopoderoso...
—Hatake puede irse al demonio, es una oportunidad, Hinata, ¡vamos, yo te acompaño!
—¿Tú crees?
—¡Claro! Sería un magnífico libro para inaugurar nuestra editorial.
Llegamos al restaurante con cinco minutos de retraso, Kiba preguntó al maître si había alguna reservación a nombre de Toneri Õtsutsuki, el señor asintió llamando a uno de los meseros para que nos acompañara a la mesa del señor Õtsutsuki, caminamos por el salón principal del restaurante hasta llegar al privado donde en una mesa estratégicamente escondida por una planta estaba sentado Õtsutsuki, su rostro era serio y frío, parecía distante y tenso.
Había hablado solo una vez anteriormente con este hombre y sin embargo, seguía produciéndome la misma sensación inquietante, era como si su aura se expandiera más allá de su mesa, él era como un depredador peligroso, me alegré de que Kiba estuviese conmigo. Tenía un traje azul hielo como su mirada, su barba estaba pulcramente recortada no estaba solo, un hombre más lo acompañaba.
—Señor Õtsutsuki—dije al llegar a su mesa, Toneri y su acompañante se levantaron y Kiba tomó mi mano entre la suya cuando mi cuerpo tembló ¡El hombre era imponente!
—Señorita Hyûga—ambos hombres inclinaron su cabeza a modo de saludo y nos acomodamos en la silla—Los americanos y su problema con llegar a tiempo a las citas—dijo a su acompañante.
—Había algo de tráfico, señor Õtsutsuki—contesté rápidamente—Él es Kiba Inuzuka—presenté a mi amigo—, es mi editor.
Un mesero se acercó colocando dos vasos que parecían contener whisky frente a Toneri, luego tomó nuestra orden antes de retirarse
El ceño de Toneri se frunció y observó al hombre que lo acompañaba.
—No contaba con ello—murmuró con voz gruesa—, pero ya que está aquí, no haré problemas. Él es Richard Parker, mi abogado, verá todo con respecto a la confidencialidad.
Miré a Kiba que asintió suavemente
—Esto me pilla de sorpresa. No esperaba que fuera tan pronto.
—Soy una persona muy ocupada, no hablo en vano y lo que prometo, cumplo.
Kiba enarcó una ceja, me había olvidado de comentarle los detalles.
—Usted dirá.
—Exactamente Hinata, para eso estamos aquí—puso su teléfono sobre mesa y lo apagó—. El libro que publicaremos no puede salir bajo la etiqueta de Hatake Editores, revisé su contrato con ese hombre y vi que está a un libro de terminarlo.
» Tenemos dos opciones, esperamos a que usted saque ese libro o rompemos su contrato, en los dos casos, publicaremos en forma independiente, el libro sobre mi esposa no descansará sobre ningún escritorio esperando a que un engreído editor decida sobre su futuro. Mucho menos si ese editor trabaja para aquella editorial.
Cruzamos miradas con Kiba, nosotros queríamos fundar una editorial y Õtsutsuki quería publicar en forma independiente.
—Yo trabajo para Hatake y no soy engreído—por supuesto que no pasó por alto el comentario.
—Inuzuka, a usted no lo conozco así que permítame que dude.
—Veo que tenemos la misma opinión de las editoriales de grandes nombres—intervine rápido, lo menos que deseaba era una pelea entre ellos— y, sí, estamos esperando cumplir el contrato para irnos.
—¿Los dos? ¿Y a dónde?
—Sí los dos, Kiba quiere fundar su propia editorial, ¿no sería genial que el primer libro sea la historia de Fûka?
El mesero trajo nuestras bebidas colocándolas frente a nosotros Jack Daniels para Kiba y agua para mí.
—Fûka—reforzó la pronunciación del nombre de su esposa, evidentemente no le gustó que la llamara Fûka—no está para ser experimento de unos novatos.
—No somos novatos, mis socios y yo trabajamos en el mundo editorial, conocemos el negocio. —Kiba tomó un poco de su bebida.
—La confidencialidad que tanto le preocupa estaría garantizada: usted, Kiba, yo y por supuesto que Fûka sabríamos del origen de la historia, nadie más.
—Por más que existan contratos que traten de evitarlas, siempre hay filtraciones en las grandes corporaciones editoriales. Es parte del negocio. —expuso Kiba de forma engreída.
Era nuestra oportunidad de salir pronto de la editorial de Kakashi y ninguno de los dos la quería dejarla escapar. Toneri nos miraba sin dar señas de lo que estaba pensando, frunció su ceño antes de ordenar.
—Aportaré el capital inicial a la sociedad a través de una subsidiaria, tendré todo el control sobre la publicación y distribución de la novela sobre mi esposa y de todas maneras firmarán el contrato de confidencialidad. Todos los demás detalles serán tema de mi equipo jurídico.
—Me parece interesante su propuesta, pero tendríamos que estudiarla con detenimiento.
—Señor Inuzuka, no es propuesta, si quiere editar el libro de mi esposa, eso es lo que se va a hacer.
—Al menos, permita que conozcamos con detalles lo que quiere hacer.
Debo velar por los intereses de mi escritora.
—¿Editor y representante?
—Editor y amigo.
—Por mí está bien, mi compromiso con ustedes es solo por un libro, Richard entrega los documentos a la señorita Hyûga—el abogado sacó de su maletín un sobre y lo colocó sobre la mesa.
Quería zanjar el tema, me había comprometido con este trabajo y si de paso lograba ayudar a Kiba con su editorial, me parecía más perfecto. —Espere la llamada de mi abogado, lea los documentos señorita Hyûga y conteste a los correos que le envía mi esposa, ella está muy entusiasmada y sufriría una pena muy grande si ve que todo fracasa por su falta de interés.
—Soy persona que respeta sus compromisos, señor Õtsutsuki, respeto a mis clientes, simplemente he estado ocupada. —Me recorrió con sus ojos poderosos y con cara desconfiada.
—Eso espero, que tengan buena tarde— se levantó junto a su acompáñate y se fue. Kiba y yo no le quitamos la vista hasta que desaparecieron.
—¿Contratos de confidencialidad?—Kiba bebió lo que quedaba de su bebida—Pensé que este tipo de documentos solo existían en los libros de sumisas—dijo con burla—Al menos tenemos nuestro primer cliente... Y que cliente.
—¡Vamos, potentado del papel! Tenemos junta con Hatake. —¡No sabes cómo voy a disfrutar esa reunión!
Continuará...
