Quédate: Parte Dos
Capítulo 9
No había vuelto a abrir el diario de Hanna, estaba ocupada con otras cosas y esa última entrada, me hacía temer lo que iba a encontrar ahí ¿Por qué había pasado tantos días antes que ella volviese a escribir?
Me dediqué a ultimar detalles en Hatake Editores. Ninguna reunión con Kakashi era placentera y a pesar que mi estómago estaba menos delicado, solo verlo hacía que la bilis se me revolviese. Ino se encargó de cuadrar las fechas del viaje que teníamos pendiente, estaríamos tres días de la semana entrante en Chicago.
Estaba nerviosa, no tanto por la consulta con el doctor Sabaku no, sino por la entrevista con Karin Uzumaki y Rock Lee en "Hablemos de sexo". No había podido hablar con Naruto puesto que su teléfono aún seguía en buzón y no sabía qué actitud tendría ella después de su comportamiento de ayer, afortunadamente, la prensa no se había percatado del altercado y la promoción fue exitosa. "Atada a ti" tenía muy buenas críticas y todos le auguraban grandes éxitos para la historia.
No vi a Kiba en toda la mañana y a la hora del almuerzo Ino me sacó de la oficina y me arrastró hasta un restaurante de comida italiana, la tensión en mi estómago era tal que casi no toqué mi plato, la cita con el doctor Sabaku no, el diario de Hanna y las palabras de Karin me tenían con mi cabeza en otra cosa.
"¡Lo dejaste cuando más te necesitaba!" ¿Yo? ¡Si Naruto no necesita a nadie! ¿Acaso pretendía que me fuera con él a la India? No sabía a qué se refería y confiaba que a la hora de la entrevista tuviéramos todo aclarado.
Ino parloteaba sobre la fiesta de cumpleaños de Inojin ‒y de la necesidad de hacerla especial para que el niño supiera que a pesar de toda la atención que tenía el bebé en camino, él seguía siendo el rey‒ mientras conducía hacia la consulta. Estaba en esos momentos de "vaciamiento mental" y hablaba y hablaba sin parar así que yo me remitía a decir "Oh", "¿Si?", "¡No!" o cualquier otro monosílabo que le indicara que la estaba escuchando. Pero, sinceramente, mi mente no se había movido de la trilogía embarazo –diario de vida – Naruto.
Ino caminó hasta la recepción y habló varios segundos con la señorita que estaba allí, suspiré fuertemente y sequé mis manos sudorosas en mis jeans deslavados.
—La recepcionista dice que el doctor Sabaku no puede atenderte si no se le presenta ninguna emergencia —Ino se sentó a mi lado tomando mis manos entre las de ella—. ¿Estás asustada?
—Te mentiría si te digo que no, no sé qué hago aquí, hoy amanecí mucho mejor, no he tenido mareos ni he devuelto nada —intenté levantarme de la silla, pero Ino no me lo permitió.
—Hinata, es solo para salir de dudas,—sus ojos se trancaron con los míos —un piquete o una ecografía para salir de dudas bien vale la pena.
—Ino...
—Pase lo que pase, yo estoy contigo y apoyaré la decisión que tomes —apretó mis manos—. Sea la que sea —suspiró—. Solo quiero que sepas que, si estás esperando un bebé, es un ser inocente que no tiene la culpa de nada.
—¿A caso piensas que yo...?
—No digo ni insinúo nada, Hinata—me interrumpió—, solo quiero que sepas que cuentas conmigo.
—Es imposible que esté embarazada.
—Cuando mantienes relaciones sexuales nunca es imposible.
Iba a decir algo más pero el nombre de Ino por el altavoz me hizo callar, nos levantamos y caminamos hacia el consultorio el doctor Sabaku no, era increíble que el hombre siendo el accionista mayoritario de esta fundación estuviese atendiendo personal como un médico más.
Me parecía un perfecto personaje de novela: reservado pero no tímido, sus ojos decían que bajo ese escudo que era la bata blanca se encontraba un hombre mucho más interesante, alguien peligroso y juguetón, una especie de lobo en piel de cordero, un sátiro contenido por la fina emoción que mucho de nosotros llamamos amor, sus ojos relucían cuando la chica pelirroja que había visto la última vez que estuve por aquí estaba cerca, era algo similar a lo que había sentido la noche de la inauguración del hotel entre Toneri y Fûka.
Ino tocó suavemente la puerta antes de girar la perilla para entrar, Gaara hablaba por el teléfono, pero igual nos indicó que podíamos tomar asiento.
—Entonces no quiere operarse, ¿Te imaginas lo que va a suceder si la prensa se entera? —bufó al teléfono—. Típico niño rico. ¿Qué piensas hacer? —su dedo se movió sobre el escritorio—. ¿Crees que vas a retenerlo con eso?... Asuma, somos una fundación no una maldita cárcel, si el tipo quiere irse la puerta es muy grande, no podemos hacer nada para retenerlo... Obvio que sé quién es Kankuro, solo mi mujer no se desvivía por él, obvio que ella me tiene a mí.
» dio una sonrisa torcida—, es tu paciente, haz lo que consideres necesario y dile a los padres que el grupo GEA no se hace responsable por recaídas o deceso, el paciente se está retirando del área de neurología voluntariamente asumiendo sus riesgos. Lo sé Kankuro, lo sé, estás haciendo esto por tu amistad con el doctor Archer. Practica los exámenes que hacen falta y llámame cuando estén listos, quiero dar un vistazo antes que el paciente se retire. No tienes nada que agradecerme amigo, el GEA es tu casa—colgó pasando las manos por sus cabellos. Dando un suspiro.
—Lo siento señora Dawson, señorita Hyûga —asintió hacia nosotras —. ¿Tomaste el agua como te lo pedí, Ino? —mi amiga asintió—. Bueno, vamos a ver si el bebé coopera hoy y luego atenderemos las dudas de Hinata
Ino se levantó de la silla y caminó hacia la camilla descubriendo su vientre, era algo magnifico el saber que dentro de su cuerpo había una pequeña personita, algunas personas podían verlo aterrador, sin embargo, era maravilloso que alguien dependiera de ti.
No pude evitar llevar la mano a mi vientre al ver a mi amiga temblar cuando el Doctor Sabaku no aplicó un gel transparente en su piel, ella me miró tan feliz que no pude resistir y me fui hasta ella, la tomé de una mano y no se la solté.
Ambas enfocamos nuestras miradas al monitor atentas a todos los comentarios que hacía el médico mientras hablaba.
—Está perfecto, crece bien.
Ino apretó mi mano cuando empezamos a verlo, eran luces y sombras confusas que fuimos entendiendo a medida que Gaara nos explicaba, tenía las piernas cruzadas y el dedito metido en la boca.
—¿Es niña? —Ino estaba ansiosa por saber el sexo.
Gaara arqueó una ceja colocando su mano en un costado del vientre de Ino haciendo que el bebé se moviera un poco, el bebé cambió de posición y sin que nos describieran la imagen pudimos darnos cuenta que era su trasero, Ino y yo nos reímos.
—En pocas palabras, nos está mostrando el dedo del medio —dijo Gaara con una sonrisa.
—¿Todavía no? —mi amiga insistía.
Gaara volvió a presionar con su palma abierta, esta vez en el costado contrario haciendo que por fin se diese la vuelta y abriera sus piernas y dejándonos ver por fin su sexo.
—Una niña, Ino.
Los ojos de mi amiga se llenaron de lágrimas y no pude evitar derramar un par yo también. Sin soltarle la mano, saqué mi celular de la parte trasera de mis jeans y texteé a Sai:
Saca el bate Sai, una niña. Felicidades
Hinata.
No sabía si había hecho bien, quizá había arruinado la sorpresa de Ino pero había sido un impulso, Gaara siguió con su examen y cuando terminó, le tendió una toalla de papel a Ino para que se retirara el gel, me acerqué a mi amiga y le conté lo que había hecho, ella hizo un ademán con su mano dándome a entender que no importaba, la ayudé a bajar de la camilla luego de darle un gran abrazo y felicitarla porque su bebé venía al mundo, la ayudé a vestirse.
Una vez que el médico que le dio las indicaciones finales, fue mi turno.
—Hinata—me sonrió—, tenía varios meses sin verte. ¿Cómo te ha ido con el nuevo anticonceptivo?
—De hecho, no estoy tomando anticonceptivos—Gaara arqueó una de sus rojas y pobladas cejas—. Estoy inactiva sexualmente desde hace dos meses así que suspendí los comprimidos, pero no es eso lo que me trae aquí doctor Sabaku no, Ino piensa que puedo estar embarazada—bufé en dirección a mi amiga.
—¿Y por qué Ino piensa eso?—colocó sus codos en el escritorio y tocó su mentón.
—Pesqué un virus en mi última gira, estuve devolviendo el estómago durante varios días y esta mañana no pude tomar mi taza de café—Gaara observó a Ino.
—Es una posibilidad, doc—mi amiga sonrió—. Ella estuvo sometida a relaciones sexuales frecuentes—carajo, estaba segura que mi rostro estaba como un tomate maduro—siempre hay un margen de riesgo con los anticonceptivos y para la muestra basta un botón—señalo su vientre, Gaara sonrió.
—Ok, esto es lo que vamos a hacer, podemos realizarle una prueba cuantitativa que es un examen de sangre para verificar si hay una hormona llamada Gonadotropina Coriónica en la sangre. Esta es una hormona que normalmente se produce en el cuerpo durante el embarazo o podemos realizarte una ecografía transvaginal eso sería más rápido y muchísimo más exacto.
—¿Podríamos hacer la ecografía ya?—pregunté nerviosa.
—Claro, dame tiempo para que preparen el equipo y podemos... —la puerta fue abierta abruptamente.
—Permiso doctor Sabaku no, el Doctor Kankuro necesita verlo urgentemente, es por el paciente del doctor Archer.
¿Archer? Había escuchado ese apellido dos veces desde que había llegado aquí y me resultaba familiar.
—Está bien Sophie, dile a Kankuro que estaré allá tan pronto me desocupé.
La chica no se movió.
—El doctor dice que es urgente.
Gaara pasó la mano por su rostro tamborileando sus dedos en su escritorio.
—Lo siento, Hinata... —Gaara suspiró cansado—. Tengo un colega con un paciente crítico, voy a ordenar que te hagan la prueba cuantitativa y si vuelves en una hora tendremos los resultados ¿te parece?
—Sí, estaré en la cafetería.
—Te pido mil disculpas y nos vemos más tarde. —unos segundos luego de su salida una enfermera entró y me acompaño hasta la zona de toma de exámenes, odiaba las agujas, de verdad las detestaba, pero traté de obviar el piquetazo mientras me sacaban la sangre. Camino a la cafetería, Sai llamó, la cara de Ino se iluminó mientras hablaban, lejos estaban los días de la pelea que tuvieron cuando supo que estaba embarazada. La espera se hizo amable escuchando los planes que tenía para Inojin y su futura hermanita.
—Tendrán la misma edad.
—¿Inojin y la beba? ¡Estás loca!
—¡Nooo! Tu bebé y el mío.
—¡Yo no estoy embarazada!
El sonido de la alarma avisándonos que había pasado el tiempo me evitó la diatriba de mi amiga sobre su sexto sentido y la seguridad de que estaba en cinta.
—Vamos a pagar la cuenta y después, a confirmar con la ciencia lo que te dije hace días.
Cuando salimos del ascensor pude ver que a mano derecha de la zona de toma de muestras estaba Neurología y en mi divagar neurótico propiciado por la espera pensé en Naruto y en sus migrañas. La voz de la recepcionista me trajo a la realidad.
—Aquí está su examen, señora.
—Gracias.
Mis manos sudaban, mi corazón latía desesperado, podía sentir la sangre correr mucho más a prisa por mis venas, Ino tomó el sobre blanco al ver que no reaccionaba, mi seguridad se había ido al trasto.
—¿Quieres abrirlo tú o prefieres que lo haga yo?
—Hazlo tú—dije secando mis manos con mis jeans.
Ella asintió.
—Hinata, pase lo que pase Sai, Kiba y yo estamos para ti —Ino estaba dilatando el asunto.
—Ino, por favor—ella rompió el sobre y para mí los minutos se transformaron en horas, mi visión captó todo en cámara lenta, mi estómago se contrajo furiosamente mientras sacaba el papel del sobre y lo desdoblaba frente a mí— Ino...
—Espera, no entiendo estos porcentajes y números—siguió leyendo hasta el final, su cara palideció un poco y un leve susurro salió de sus labios.
—¡Lee al final!
—¡Mierda! Te lo dije... ¡Positivo!
Las palabras resonaron fuertes y claras como pelotas de pin pon rebotando en mi cabeza, un sudor frío descendió desde mi cuello y mis manos comenzaron a sudar, mi estómago se contrajo todavía más y la bilis comenzó a subir por mi garganta amenazando con salir, en ese momento solo hice lo primero que se me pasó por la cabeza... Correr.
Devolví absolutamente todo lo que estaba en mi estómago, estaba aturdida, en shock, sin saber qué pensar, decir o actuar, limpié mi boca con un poco de papel toilette y salí del cubículo no sin antes bajar la palanca, coloqué mis manos en el lavabo sin saber si llorar de felicidad o por estupidez, abrí la llave y dejé que el agua corriera antes de enjuagar mi boca y mi cara. Ino me estaba dando tiempo, lo sabía, sabía que mi amiga estaría esperándome en recepción para darme un abrazo y consolarme.
Embarazada. Un bebé, un bebé mío y de Naruto.
Miré mi reflejo en el espejo y dos espesas lágrimas rodaron por mis mejillas, Naruto no iba a querer un bebé, él me dejó en claro muchas veces que no iba a ser padre nunca y yo ¡Dios! ¡Yo había tenido un desastre como madre!
Miré mi cuerpo en el gran espejo, específicamente mi vientre, había una vida ahí desde hacía dos meses, una vida que no tenía la culpa de lo que estaba sucediendo, humedecí mis manos nuevamente y las pasé por mi rostro eliminando las lágrimas; en el fondo tenía mucho miedo, no era más que una chica cobarde que dependía emocionalmente de las personas que llegaban a mi vida, pero este bebé era mío, él me pertenecía.
Llevé las manos a mi vientre buscando una pequeña curvatura, algo que me dijera que estaba ahí, pero no había nada. A pesar de haber subido un par libras en los últimos meses, levanté mi suéter descubriendo mi piel, no podía notar nada, la puerta del baño se abrió y escuché un jadeo detrás de mí, alcé la vista al espejo observando a la mujer detrás de mí: Sakura Uzumaki.
Nuestras miradas se encontraron por varios segundos hasta que reaccioné, bajando mi suéter y agradeciendo mentalmente no tener el vientre abultado.
—¿Qué haces aquí? —preguntó Sakura acercándose más, su mirada barrió mi cuerpo completamente de arriba abajo.
—Lo mismo podría preguntarte yo pero no me interesa.—El tono de mi voz fue duro pero no grosero como había sido ella.
—Perdón, no fue intención, es que, ¡ay, Dios! ¿Cómo supiste?
La chica suspiró profundo y se tocó su vientre, se le notaba cansada y triste. No respondí, le indiqué su pancita y me encogí de hombros. ¡Joder! Era como si todas hubiésemos ido a la misma fiesta: Sakura, Ino y yo embarazadas. ¿Embarazada? Sentí un escalofrío y unas ganas terribles de llorar.
—Me enteré lo ocurrido con Karin. Tienes que entenderla, ella está devastada con lo de Naruto.
¿Devastada por qué se fue de viaje y la dejó sola en el programa de radio? ¡Joder! Tengo que organizarme, lo primero es lo primero ¡mierda, estoy embarazada! y necesito decírselo a Naruto. Respiré profundamente antes de hablar.
—Necesito comunicarme con él, ¿sabes si ya se fue de viaje? He intentado comunicarme, pero ha sido imposible.
—¿Viaje? Así que eso fue lo que te dijo el muy cabrón, ¿A dónde diablos se suponía que iría de viaje? ¿Al purgatorio? —miré a Sakura sin entender.
Había preocupación y agotamiento en su rostro, no tenía esa mirada altiva con la que siempre me desafiaba y resultó mucho más mortificante. Algo no estaba bien.
—No entiendo nada de lo que dices. De repente, mi separación de Naruto se convirtió en algo muy malo de lo cual yo soy culpable y no sé por qué si fue una cuestión de mutuo acuerdo.
—¿Acuerdo? ¡Eran novios carajo! —explotó saliendo de su imagen calmada.
—Mira, no voy a hablar de mi relación con Naruto. Estoy harta de que todos quieran meter sus jodidas narices en mi vida y en lo que fue mi relación con él. Pero si piensas decirme algo, habla. Esta es la última vez que converso contigo, ya está bueno de cortesía hipócrita entre tú y yo.
Se quedó completamente en silencio, respiré profundamente tratando de calmarme pero, seguí hablando.
—Bien, si ves al cretino de tu cuñado, por favor, dile que me urge hablar con él. —Iba a girarme para irme, harta de toda esta situación, cuando Sakura habló.
—Él está aquí, Hinata. —Sentí que mi corazón daba un brinco. ¡Joder, no estoy preparada para enfrentarme a él en ese momento! Rearmé mi espíritu estoico y seguí.
—Genial, puedes decirle que se comunique conmigo necesito hablar con él, tengo que irme que tengas buen día, Sakura.
Llevaba dos pasos hacia la puerta cuando la chica volvió a hablar.
—Lo amas—no fue una pregunta—, te enamoraste de él y te dejó como el cobarde que es. Lo peor fue que el imbécil también se enamoró.
Soltó con palabras afiladas lo que por un instante pareció una provocación.
Pensé antagónicamente que podría estar equivocada. Un hombre enamorado no humilla, no maltrata, no hace que el corazón sangre; pero hablábamos de Naruto, un hombre capaz de poseer de una mujer, casi cualquier cosa, así eso incluyese su alma.
—Lo de imbécil no lo discuto, lo de enamorado de mí, sí.
—Pues, no deberías. Intentó protegerte, pero no de la manera correcta.
¿Protegerme? ¿Protegerme? ¿Cómo es que alguien te protege lastimándote sin piedad?, ¿rechazándote y metiendo a otra en su cama?
—Naruto Uzumaki no sabe lo que es el amor...
—Eso era lo que yo pensaba —me interrumpió—. No me diste buena espina cuando te conocí, te parecías tanto a mi prima, y sabía que ibas a terminar con el corazón roto. Ella se enamoró de él pero Naruto no tomaba en serio a ninguna mujer, hasta que llegaste tú, lo veía en sus ojos en sus...
Sakura estaba jugando sucio. ¿Cuál era su idea? ¿Naruto me amaba y yo lo dejé por firmar libros por todo el país lo que me transformaba en la más maléfica de todas las malas del mundo? ¿Qué él estaba protegiendo mi carrera de escritora? Esto era demasiado loco ¿Qué le pasaba a las mujeres Uzumaki? ¿De verdad creían que...? ¡No, esto era demasiado! Eran mis sentimientos los que estaban en juego, ¿por qué tenía que soportarlo?
Sentía que cada segundo que pasaba cerca de ella representaba una puñalada adicional a mi corazón. No podía permitirlo, no ahora, ella quería desgarrarme, devorarme entera con sus palabras hirientes; me parecía estar viendo una medusa que deseaba saciarse con mi alma y transformarla en piedra, todo porque me atreví a ser la "novia" del niño de oro de la familia, así que antes de romperme, de mostrarle que su cruel juego estaba surtiendo efecto, la interrumpí.
—¿Tanto te duele lo que pasó entre nosotros? Ya no debería, ahora somos ex—respiré profundo, afiné puntería—. Tu prioridad debería ser el hijo que esperas.
Una de sus cejas se arqueó y su mirada se tornó irascible.
—¡Ay, Dios!, ¿se puede ser más estúpida que esta estúpida?—gritó señalándome.
—No tengo porque soportar esto—y con furia, abrí la puerta.
Ella pasó sobre mí y la cerró con fuerza.
—A ver, escritora famosa y súper inteligente ¿no te da tu mente grandiosa para relacionar sus dolores de cabeza, el desmayo, la cantidad de medicamentos y que esté aquí, internado en neurología?¡No te dice nada todo eso!
Sentí el suelo temblar bajo mis pies, el frío colarse en todo mi cuerpo, helándome hasta la médula. El tiempo por un momento se detuvo como si me sacaran el aire de lo más profundo de mis entrañas.
—¿Internado?
Algo sucedía y desde un principio Sakura era conocedora de algo sobre lo cual yo no tenía idea y se estaba vanagloriando de mi ignorancia del tema.
—Sí.
Empujaron la puerta levemente e Ino entró cuando di un paso atrás.
—¡Joder, Hinata! ¿Estás bien? Sabía que la noticia te iba a caer como un yunque pero... —abrí la puerta en su totalidad para que se diera cuenta que no estaba sola—¿Estás bien? —volvió a preguntarme.
—Claro que sí. No es más que una cobarde. —Sakura habló con veneno en sus palabras.
Ino la ignoró.
—Vámonos, nena —tomó mi mano para ayudarme a salir.
—Eres tan cobarde como él, ¡tal para cual! —Ella gritaba, pero no seguí escuchando, salí de ahí rápidamente.
Caminé sumida en una nebulosa que tenía como música de fondo el sonido de la voz de mi amiga que hablaba y hablaba. Las migrañas, los vómitos, el desmayo, la hospitalización después del concierto ¿Qué demonios sucedía? ¿Naruto estaba enfermo y yo nunca lo supe? ¿Estaba internado aquí para hacerse los estudios y ver qué le pasaba? Me detuve en seco, tomé conciencia de mi entorno, estábamos en la planta baja.
—Necesito ver a Naruto.
—Hinata...
—Naruto está internado aquí, Ino.
—¿Tuvo otro desmayo como el de la otra vez?
—No sé, pero algo ocurre y quiero saber.
—No, no, Hinata, mira cómo estás. No estás preparada para enfrentarlo y darle la noticia.
La miré a los ojos.
—Lo amo, Ino y quiero saber si está bien, aunque sea un jodido cabrón, él es el padre de mi hijo.
Ino me atrajo a su cuerpo y nos dimos un abrazo, éramos casi de la misma estatura.
—Te acompaño.
Apenas salimos del ascensor, vimos a Sakura.
—¡Hey! —ella alzó su mirada vidriosa.
—¿Qué quieres? —su voz fue áspera y ruda.
—Naruto, quiero saber si está bien.
Ella rió, pero su risa fue amarga.
—Acompáñame.
Sacó su celular y tipeó algo rápidamente, el trayecto hasta la cafetería fue en silencio. Sakura escogió una mesa, e Ino y yo nos sentamos junto a ella.
—Me gustaría solo hablar contigo—miró a Ino—, me caes bien, pero es delicado.
—Ella se queda —tomé la mano de mi amiga—, sabe todo de mí, no tenemos secretos.
—¿Amas a Naruto? —inquirió tensa.
—¿Por qué preguntas? lo aseguraste hace unos minutos atrás.
Respiró profundo, algo fastidiada por mi respuesta, yo también lo estaba ¿Qué importancia tenía eso, ahora?
—Naruto tiene poco tiempo de vida. —Mi corazón dejó de latir y un zumbido atronador se instaló en mis oídos. Esto no podía ser cierto—Hace meses se enteró que tiene un aneurisma —continuó.
Sentí como si mil manos me agarrasen por el cuello dejándome sin posibilidad de respirar, si antes sentí que el mundo se movía debajo de mí, en este momento literalmente todo a mí alrededor desapareció.
—Su vida se agota, hay una posibilidad, pero no quiere operarse.
Ino me abrazó, yo rompí a llorar y me olvidé de todo que no fuera Naruto y sus días conmigo. Lo supo siempre, desde que se reunió conmigo en aquel restaurante, desde que aceptó ese ridículo decálogo, incluso antes de que empezara nuestro trato. Meses con aquel enemigo acabando con su vida mientras compartía conmigo.
Estúpida... ¡Estúpida! ¡Estúpida!
Sus dolores de cabeza, la cantidad de medicamentos, sus mareos, su palidez extrema, ¡los vómitos! Pero, él siempre sonreía, siempre decía chistes o inventaba excusas y explicaciones, o peor, me daba uno de sus besos destructores, me envolvía en caricias que terminaban con él y yo haciendo el amor.
¡Maldito cabrón manipulador! Sus silencios y miradas en puntos fijos, sus palabras extrañas y cripticas, su necesidad de hacerse ver superficial y cínico, todo porque se estaba despidiendo de la vida. El agujero vacío que era para él la muerte: "Nunca sabes cuándo puedes ver el ultimo amanecer" ¡Tonta! Estaba jugando conmigo. Fui su último coño antes de morir.
El dolor en mi pecho se debatía entre amarlo y odiarlo, no supe cual fue más fuerte solo sabía que era implacable. El estómago se me contrajo aún más y antes de hacer alguna estupidez corrí al bote de basura más cercano, expulsando lo poco que quedaba en él; sentí una mano frotar mi espalda mientras alguien me tendía una servilleta, limpié mi boca y respiré fuertemente cerrando mis ojos y contando hasta diez.
—¿Por qué no quiere operarse? —Ino preguntó antes que pudiera hacerlo.
—Es una intervención riesgosa y dice que ya vivió todo lo que tenía que vivir.
—¡Idiota, cerdo egoísta!— Ino temblaba de furia.—. ¡Vámonos! Si le tiene miedo a un bisturí, no vale la pena ¡tendrás a tu bebé sola, tus amigos te ayudaremos. Repito, no lo necesitas.
—¡Qué no lo necesito! —grité a Ino—. ¡Cómo te atreves a decir eso, maldición!
—Calma, calma.
—¡Estoy embarazada, Ino! —un jadeo ahogado me hizo girar, me había olvidado completamente de Sakura.
—¿De Naruto? —la chica tenía una sonrisa extraña.
—¡Joder! —dos gruesas lágrimas se derramaron por mis mejillas—. ¡Joder, carajo, carajo!—Ino me abrazó lo máximo que su vientre le permitió mientras sentía como mi frágil castillo de naipes se venía al piso.
—Debes calmarte, querida.
—No puedes decirme que no lo necesito cuando sabes que lo amo.
Me aferré a su cuerpo sin importarme Sakura y las personas que nos observaban con lástima. Lloré por frustración, por tristeza, lloré por la locura de estar embarazada de un hombre que no me amaba, que prefería morir y no luchar por su vida, un hombre que se había burlado de mí haciendo que me enamorara de él mientras se moría.
—Eres fuerte, Hinata. Tú eres fuerte, no eres como yo cuando me enteré del embarazo de Inojin. Yo estoy aquí, Sai, Kiba estamos para ti, nunca te dejaremos sola.
Me dejé abarcar por el abrazo de mi única amiga, era protector, amoroso, justo lo que necesitaba. Mis lágrimas empezaron a cesar. —Sácame de aquí Ino, ¡por favor! —susurré pegada a ella.
No quería pensar más en Naruto.
Cómo si pudiera.
¡No quería saber más de él!
Por ahora, solo quería acostarme en mi cama y olvidarme que el mundo existía, quería pensar en mi y en la vida que estaba en mi vientre. Una nueva vida atada por un hilo invisible que representaba su sangre y la mía, unidas hasta dar como resultado la creación, la vida, que ahora estaba creciendo en mí.
Era irónico comparar ese hilo en donde Ariadna buscaba recuperar el amor en medio de un destino terrible;[4]
Teseo era en este caso el vehículo de la salvación de su propia pureza, el tema no era en sí el amor, no existía un interés romántico, eso se lo dejamos a Dante con la búsqueda de la gloria en la inspiración divina para alcanzar a su Beatriz idealizada[5].
No, aquí se hablaba de la realidad, de pisar sobre suelo putrefacto, ir a ciegas en la oscuridad en la que tu vida depende de un hilo, de un paso en falso. De un monstruo que devoraba el alma de aquellos que visitaban su casa, su palacio. Un mercenario de la justicia, que corría como tonto tras la muerte.
No sabía si reír o ver esto como una desgracia que se me había impuesto, pero el hilo que pudiese salvarlo yacía en mi vientre. ¡Oh! Terrible destino le esperaba a Teseo si dejaba romper el hilo, si caía presa de su miedo y era derrotado por el monstruo multiforme y no conseguía retornar a Ariadna. Pobre de mí ¿pobre de él? Pobre de nada, solo de la soledad y miseria del alma, de su cobardía
Sakura se había sentado en la mesa, su rostro estaba entre sus manos y trataba de controlar los pequeños hipidos que purgaban de su interior.
—Nos vamos, Sakura.
Ino se hizo cargo de todo, mientras yo permanecía en estado ausente, fuera de mi cuerpo, incapaz de trazar una línea.
—¿Te irás?—Había desconcierto e incredulidad en su voz—. Te acabo de escuchar decir que lo amas ¡Te acabo de escuchar decir que estás embarazada de él! —chilló en voz alta.
Sakura no era Karin, a ella le importaba mierda si llamaba la atención o si se formaban murmullos.
—Está destrozada, apenas se puede sostener en pie, es inhumano que esté aquí. —Ino mi fiel amiga Ino la enfrentó por mí.
—Te digo que Naruto está muriendo y tú te vas a descansar —negó con sus manos—Karin tenía razón: eres una puta manipuladora, utilizaste a Naruto para escribir tu libro y como ya eres un éxito de librería, te estorba y lo dejas solo.
Ino estaba lista para contra atacar, pero no la dejé.
—Piensa lo que quieras, Sakura—sequé una lágrima con el dorso de mi mano—. Ya no me importa nada.
Tomé a mi amiga de la mano llevándola hacia la salida de la cafetería antes que Sakura pudiera decirnos algo más. Estaba segura que no diría nada de mi embarazo.
Ino se mantuvo en silencio hasta que tomamos el elevador.
—Habla conmigo Hinata—dijo agarrando mi mano—la observé unos minutos antes de estallar.
—¿Qué hago?
—¿Qué quieres hacer?
—Yo no lo sé, estoy embarazada—coloqué la mano libre en mi vientre —y el padre de mi hijo se muere.
—¿Quieres tener a tu hijo?
—¡Por supuesto! Eso jamás lo pondré en duda, hablo de Naruto.
—¿Le crees? No sé, salió tan pronto, para Fin de Año se veía tan bien, que eso de "se está muriendo" me merece duda.
Por mi cabeza pasaban los momentos vividos con él ¿Por qué no confió en mí? por soberbio y eligió mentirme, expulsarme de su vida.
Yo le debía muchas cosas, le debía el éxito de un libro, mi seguridad como escritora, él era la razón por la que había madurado y la más importante, él era el padre de mi hijo, tal vez no me necesitaba, pero si de algo estaba segura era que mi hijo lo necesitaría a él. Pero ¿Qué se puede hacer con un soberbio que, además, es un idiota?
Todos podemos ser débiles, menos él, todos podemos enfermarnos, menos él. Si él se enferma, es para morirse ¡Idiota!
Él necesitaba saber que iba ser padre, aunque no quisiera nada conmigo, aunque me odiara, no podía negarle el derecho de saberlo; quizás, el saber de mi bebé podría hacerlo cambiar de opinión y accedía a realizarse la cirugía que necesitaba.
Jamás me perdonaría que él se fuese sin saber lo que sucedía con mis sentimientos y que íbamos a tener un hijo, se lo debía por las muchas noches que, enredada entre sus brazos, disfruté de sentirme mujer, querida y protegida, aun sabiendo que todo era parte de un trato. Me quedaría con mi corazón roto pero, sabiendo que había hecho lo mejor.
La mano de Ino me sacudió el hombro.
—Hinata, tenemos que salir.
—No puedo irme—susurré—. Necesito verlo, aunque sea una última vez.
—Pero...
—Por favor, necesito que me apoyes.
—¿Quieres que te acompañe...? —habló resignada.
—Es algo que debo hacer sola.
—Estaré esperándote en el auto.
—No, por favor, Sai e Inojin están esperando por ti.
—Ok. Toma un taxi y avísame apenas llegues a casa—dijo dándome un abrazo—.Esto es tuyo—me entregó el sobre con los resultados.
—Gracias, te quiero.
—Y yo a ti, Hinata.
Necesitaba hablar con Naruto, definir de una buena vez esta relación, era decidir cerrar un capítulo más de mi vida o buscar más hojas para poder escribir. Darle, tal vez, el hilo metafórico que lo salvaguarde, un resquicio de esperanza.
Una última prueba de valor.
Mientras caminaba en busca de la habitación en donde Naruto se encontraba, pensaba una y otra vez lo que iba a decirle, pero no se me ocurría absolutamente nada. Mis manos empezaron a sudar, busqué en mi bolso una toallita húmeda y me refresqué la nuca, mis piernas temblaban, pero logré controlarme mientras recordaba las indicaciones de la chica de recepción,
Karin fue la primera en verme y como era de suponerse el gesto de su rostro no fue agradable, su reacción hacia mí, menos.
—¿Traes a la prensa contigo?—Mientras me hablaba, miraba para todos lados. Respiré profundamente y conté mentalmente hasta diez antes de contestar.
—Vine sola.
—¿Movida para promocionar tu libro?
—Para eso está tu programa—respiré profundo—Estoy aquí por Naruto, Karin, no me jodas.
—Regresaste.
La voz de Sakura no era amable, de repente esas dos mujeres me tenían sentada en el banquillo de los acusados y no sabía por qué. Solo tenía un sobre de papel en el fondo de mi bolso, que pesaba como un maldito yunque.
—Me pediste que hablara con Naruto ¿o entendí mal?
Karin le dio una mirada fría a Sakura y ella reconstruyó su pose altiva.
—No te entiendo, Hinata.
—Bienvenida al club—bufé para mí misma.
—¡Hinata!
La voz rota de Tsunade me hizo girar el rostro, ella salía de la habitación junto Sasuke y Jiraya, los tres parecían haber envejecido muchos años en estos dos meses, al segundo, la madre de Naruto estaba abrazada a mí y llorando en mi hombro.
No pude reprimir mis lágrimas, pero intenté no derrumbarme mientras ella se sostenía en mí, la dejé llorar porque parecía que eso era justamente lo que ella necesitaba, desahogarse. Ahora entendía muchas cosas en esta mujer. La manera en como miraba a su hijo, la forma en que me pedía que lo hiciera feliz el tiempo que durara.
—No llores, Tsunade—Karin trató de sacarla de mis brazos, pero ella resistió e ignorándola, me habló.
—Viniste a verlo.
—¿Querías que le pidiera que se operara? ¿Eso era?.
—Sí, por favor. Habla con él, Hinata—era una madre desesperada —.Tiene que entrar en razón.
No sabía por qué diablos ella creía que Naruto iba a escucharme.
—¡Tsunade!—esta vez, Tsunade se separó de mí al escuchar Karin— ¡Naruto está mal desde que ella lo dejó!
—Naruto está mal desde hace muchos malditos meses, Karin—dijo Sakura enérgicamente.
—¡Da igual, pero ella ahora puede hacerle más mal que bien! El doctor Kankuro dijo que no podía recibir sobresaltos, Sakura.— Karin parecía dispuesta a oponerse a que Naruto y yo habláramos—. No vas a ser la causante de la muerte de mi hermano.
Su mirada gélida me atravesó de lado a lado, era como si un rayo de hielo fuese lanzado desde una gran altura directamente a mi pecho. Ella me odiaba tanto como amaba a su hermano y lo protegía, lo protegía de mí.
¡Qué gran ironía!
—¡A Naruto lo está matando su estupidez y cobardía! —gritó Sasuke.
Vi como Sasori y Sasuke se unían a nosotros reuniéndose con sus mujeres sosteniéndolas mientras seguían discutiendo me sentí en un mundo completamente paralelo, pero por más extraño que pareciera no las estaba escuchando, las oía, oía su diatriba, pero no las escuchaba; mi mirada y cada uno de mis sentidos estaban en el hombre a un lado de la puerta de la habitación.
Jiraya, estoico, parecía tener unos cien años, no era el hombre correcto y amable que había visto varias veces, lucía agotado y triste. Su mirada oscura se encontró con la mía y dio un seco asentimiento y eso era todo lo que yo necesitaba para alejarme de una discusión que no era mía.
Traté de enfocarme en cómo decirle a Naruto que se operara y que esperaba un bebé suyo. No le iba decir que lo amaba, todavía no.
La habitación estaba oscura y las cortinas corridas, enfoqué mi vista en la cama, Naruto estaba ahí, recostado con su cabello despeinado y el brazo sobre sus ojos, respirando fuertemente y apretando la mano en la que tenía una vía intravenosa. Mi corazón latió más a prisa, como si estuviese en una carrera a muerte, de hecho, él lo estaba, lo estábamos ambos.
Caminé varios pasos hasta quedarme frente a su cama, si me escuchó no quiso verme, puesto que no se había quitado el brazo de los ojos, minutos después lo hizo, sin embargo, sus ojos no se abrieron. Por unos segundos pude observar al hombre que se había apoderado de mis pensamientos, mi alma y mi cuerpo de forma irremediable.
Sin duda alguna no estaba bien, tenía grandes ojeras debajo de sus párpados, había bajado de peso considerablemente, su piel se veía de mal color y su cabello había perdido ese brillo que lo caracterizaba, estaba considerablemente largo al igual que su barba. Suspiré fuertemente sintiendo el dolor en mi pecho al verlo así.
¿Dónde estaba mi sarcástico y arrogante Naruto?
El hombre frente a mí no parecía ser él. Sus ojos se abrieron y su mirada azul opaca se encontró con la mía. Por un instante pude ver como su cuerpo entero se tensó al verme de pie frente a su cama. Todo tipo de emoción se reflejó en su mirada: sorpresa, miedo, aturdimiento, pero todo eso fue remplazado rápidamente por una mirada glacial. Lo vi tomar aire fuertemente y quise huir, pero mis pies parecían pegados al mármol del suelo.
—¿Qué haces aquí? —su voz fue seca y gutural, sin duda alguna él no esperaba verme de nuevo.
—Supe que estás enfermo—no sabía cómo empezar.
—¿Quién te lo dijo?
—Sakura.
No valía la pena mentir.
—Sakura es una maldita chismosa—murmuró entre dientes.
—Necesito hablar contigo.
—Tú y yo no tenemos nada más de qué hablar.
—Yo creo que sí.
Frunció el ceño
—Hinata, creo que fui muy claro contigo la última vez que nos vimos en mi departamento, te dije que...
—Sé lo que dijiste—mi voz salió más filosa de lo que pretendía—. No vengo aquí por ti—aunque me estaba muriendo por estar con él—. Karin me hizo una visita no muy agradable hace unos días, necesito saber que está sucediendo.
—Sucede que estoy rodeado de personas indeseables—bufó.
—Es tu familia—traté de hacer un chiste, él hizo una mueca de desagrado.
—Pensé que ya me había deshecho de ti—un golpe bajo y certero.
Traté que no se notara lo que sus últimas palabras habían hecho en mis ya quebrados sentimientos.
—Si no te operas, morirás—tuve la necesidad de decirlo, pensaba en mi hijo no nato, mi hijo que necesitaba tener a su padre.
—¡Bingo, Hinata Hyûga! te has hecho acreedora a un viaje con todos los gastos pagos a la isla de Nunca Jamás—dijo sarcástico
—Naruto...
—Hinata, si no me ha importado una mierda las opiniones de mi familia, ¿qué te hace pensar que la tuya sí?—golpe dos, tan doloroso como el primero. —Respiró con dificultad, pero siguió con su ataque con un ritmo pausado pero certero. —Te crees con derecho a intervenir en mi vida solo porque me serviste para unos cuantos polvos—golpe número tres—. Te informo, querida, que solo fuiste un coño, nada más eso, no fuiste especial, ni mucho menos extraordinaria.
¡Home Run!
Sentí como mi pecho estallaba en diminutas partículas de polvo, pero seguí resistiendo.
—Varias veces me dijiste lo contrario.
—Ahora sabes que lo que es capaz de decir un hombre cuando quiere un coño húmedo. Tú no fuiste nada en mi vida, no significas nada para mí.
Mi garganta tenía un nudo, pero aun así me las arreglé para hablar ¿podía ser más cruel? Sí, si podía.
—Tienes razón—mi voz salió quebrada y por un segundo pude ver un atisbo de tristeza en su mirada, quizás fue idea mía para sentirme menos miserable—. No somos nada, no fuimos nada y no significamos nada el uno para el otro...— ¡Falacia! Dentro de mí sentía como todo colapsaba—. Pero, no entiendo cómo un hombre como tú quiere morirse.
—Si pensabas que tendríamos otro polvo alguna vez, lo siento, nena; salgo del mercado— me interrumpió dándome una sonrisa cínica.
Negué con la cabeza. ¿Cómo podía amar a esto?
—¿Sabes qué? Espero que ardas en el infierno—una lágrima descendió por mi mejilla, pero no importó—. ¡Muérete!, ¡jódete!, haz lo que te plazca con tu puta vida.
—¡Oh, muchas gracias por tus sinceros deseos!—enfermo de muerte, con voz cansada y seguía burlándose de mí.
Me giré para salir de ahí con el alma más rota de lo que había entrado, pero antes de salir tenía que cumplir con lo que me había propuesto, sin duda alguna esta era la última vez que él y yo nos veríamos, y aunque no se merecía saberlo, era su derecho.
—No estaba aquí por mí—negué con la cabeza sin verlo y metí la mano en el bolso—. Estoy aquí por una cuestión de derecho de identidad, tú no te lo mereces, pero, mi hijo sí. Él se merece lo mejor, pero despreocúpate yo me encargaré de eso.
Dejé el sobre blanco en la cama y salí de ahí antes de romperme completamente.
Camino a casa concluí que al Minotauro no era la enfermedad lo que lo perdía, era el orgullo cobarde, así pues, Naruto se quedó solo, se rompió el hilo, se rompió la razón, no había regreso y yo necesitaba salir de aquel laberinto, era Teseo, tenía la fuerza, el poder, tenía a mi hijo, y me tenía a mí misma.
Llegué a mi departamento con el pecho ardiendo. Naruto Uzumaki podía irse al infierno, ya no me importaba, mi hijo era lo único que me importaba en este momento. Yo estaba embarazada, lo único bueno de toda esta estupidez, seríamos mi bebé y yo, ese pensamiento me hizo sonreír y correr a mi habitación, desnudándome frente al espejo observando la piel de mi vientre, aún no se notaba, pero él estaba ahí, nunca más estaría sola y yo sería mucha mejor madre que Hanna.
No supe en qué momento me quedé dormida pero cuando desperté tres cosas llamaban mi atención: el teléfono sonaba, mi estómago rugía y alguien tocaba la puerta de mi departamento como si quisiera derrumbarla.
Grité un "Ya voy" mientras miraba la hora en mi teléfono celular, tenía varias llamadas perdidas, había olvidado completamente colocar el sonido una vez habíamos salido del consultorio de Gaara, eran más de las diez de la mañana, había llegado a casa alrededor de las seis y no había cenado. Tomé un paquete de galletas mientras la persona del otro lado de la puerta seguía tocando desesperadamente. El teléfono había dejado de sonar momentáneamente y por el contestador se escuchó una vocecilla bastante conocida para mí.
¡Hinata Hyûga! ¿Sabes lo preocupada que estoy por ti? Joder, mujer, soy una chica con cinco meses de embarazo. Hinata, no puedes hacerme esto, prometiste llamar, pero no contestas tu celular. Por favor, Hinata dame paz mental, comunícate conmigo
Había olvidado a Ino completamente, iba a llamarla cuando nuevos toques en la puerta me recordaron que había alguien del otro lado. Me miré al espejo, estaba hecha un desastre aún lucía la ropa del día anterior, mis ojos estaban hinchados y mi nariz aún podía observarse roja por el llanto, pero a pesar de todo esto me sentía tranquila, dolida, rota y decepcionada, pero, tranquila y fuerte. Peiné mi cabello con las manos y sin mirar por el ojillo de la puerta abrí, para encontrarme cara a cara con la persona que menos imaginaba. Frente a mi estaba Sasuke Uzumaki.
—Buenos días, Hinata.
En un primer momento quise tirarle la puerta en su cara y mandarlo a comer espárragos ¡Mierda!, Sasuke no tenía la culpa de ser hermano de quien era. Lo más seguro era que Naruto hubiese leído los exámenes y lo había enviado a ver si era cierto.
Lo dejé entrar sin estar del todo segura que fuera una buena decisión, lo hecho, hecho estaba. Vi a Sasuke sentarse en el sofá y le ofrecí algo de beber, él solo pidió agua, pero cuando abrí el refrigerador mi estómago me recordó que necesitaba comer y tomé un pote de helado.
—¿No deberías comer algo más nutritivo? —arqueé una ceja—debes cuidar al embrión.
Iba a contestarle, pero mi teléfono volvió a sonar. Atendí a Ino rápidamente y quedé en llamarla para ir juntas al consultorio de Gaara, necesitaba practicarme una ecografía y mirar en qué estado estaba mi embarazo, sobre todo porque había tenido mi período el último mes. Cuando colgué Sasuke dio un gran suspiro.
—¿Qué demonios haces aquí, Sasuke?— dije tajante esta no era una visita social, ni deseada.
—Naruto me envió.
—Eso, ya lo sé. No ibas a venir a darme los buenos días luego de que no nos hemos visto dos meses—a pesar que no tenía nada contra Sasuke mi voz era cortante—. Por un momento llegué a pensar que ibas a derribar mi puerta.
—Lo siento, Naruto me comentó una vez que tenías el sueño pesado y había que despertarte, mi hermano quiere verte— dijo en un suspiro.
—Y yo quiero tener un millón de dólares, chico, pero nadie tiene lo que quiere—respondí sarcástica.
—Estás embarazada.
—¿De verdad?
—¿Podrías dejar el sarcasmo? ¡Por Dios eres igual a él! —pasó la mano por su cabello—Tengo que hablarte de Naruto
—Ya no, Sasuke, ya no, ya pasó su tiempo.
—Hinata tienes que entender que...
—¿Que es un idiota, arrogante, un completo y perfecto desgraciado? Créeme, ya lo sabía y ayer quedó más que comprobado. No vengas a hablar bellezas del Naruto que tú y yo conocemos.
—Si él es un poquito de eso y más, pero tú no tienes idea de cómo se puso ayer luego de tu visita. Parecía un maníaco, quería venir a verte, se quitó la vía intravenosa a la fuerza; su presión arterial se elevó demasiado, en su estado es peligroso, cualquier emoción fuerte puede matarlo—no me dejé llevar por sus palabras, traté que mi postura siguiera siendo la misma —. Tuvieron que sedarlo, antes de caer en la inconsciencia me mostró los exámenes.
—¿Los trajiste?
Tomó un sorbo de agua, buscó entre sus cosas y me entregó el sobre.
—Mi hermano está a punto de morir y acaba de enterarse que va ser padre, quiere cerciorarse que tú estés bien en todos los sentidos.
—No necesito ni a tu hermano, ni a tu familia para sacar a mi bebé adelante.
—Bebés, Hinata.
—¿Qué? —lo miré sin entender.
—Estuve leyendo tus análisis, los niveles hormonales están muy elevados para ser uno—saqué el examen del sobre y comencé a mirarlo—, sin embargo, habría que hacer otra prueba, no soy ginecólogo, pero soy médico y sé de esto. Estoy casi seguro que tu embarazo es múltiple.
¡Múltiple! Más de un bebé. Dejé la tarrina de helado a un lado del sofá y corrí lo más rápido que pude al baño y devolví lo poco que había comido. ¿Más de un niño? él no podía estar en lo cierto. Sentí su mano acariciar mi espalda y aguantar mi cabello, era incómoda tanta intimidad. Bajé la palanca del toilette y me levanté con la cabeza baja hasta el lavabo.
—No tenías que hacer eso. —Salí del baño después de lavarme los dientes, Sasuke no lucía incómodo.
—Con Sakura tengo un doctorado en náuseas matutinas así que no hay problema.
—Gracias, creo que tu noticia conectó directo con mi estómago.
Me siguió hasta la sala y esperó a que me instalara en el sofá para sentarse frente a mí.
—Tienes varias semanas de embarazo, Hinata y grandes posibilidades de que sean gemelos.
—Ayer me enteré que estaba embarazada, todavía no he visto al médico.
—¿Entiendes la preocupación de Naruto? —Rodé los ojos ante las palabras de Sasuke.
—No, para mí es difícil imaginarme un Naruto preocupado por otro que no sea él.
¿Naruto, preocupado por mi salud? ¿Por la de mi bebé? No puedo simplemente creer eso. No puedo creer que un hombre que hace unas horas me dijo que solo fui un coño más en su vida, esté inquieto por lo que me pase.
—Pero, lo está. Como te dije, ayer quería venir él mismo.
—Eso tiene que ver más con el afán de controlar todo que con una preocupación verdadera. Tu hermano es tan soberbio que cree que desde una cama de hospital, y a pesar de haberme rechazado de la manera más humillante, puede todavía manejar mi vida, ¿por qué no se preocupa por él? Los tiene a todos ustedes destrozados por su decisión de no operarse.
—No te equivoques.
—Y tú, tampoco. Le dije lo del embarazo porque es el padre y debía saberlo, no para que me asista económicamente ni menos, se case conmigo. Tú sabes que lo nuestro fue un acuerdo.
Sasuke retrocedió, no se esperaba que yo supiera que estaba al tanto del Decálogo.
—Si tan solo hubieses estado ahí...
—¡Estuve ahí! Y te puedo decir que nunca fui tan humillada en mi vida.
—Entiendo que estés dolida. Naruto nunca fue un santo, pero tampoco es vil y calculador, quiso protegerte como lo hizo con todos. ¿Crees que fue sencillo para él enterarse que iba a morir? ¿Qué sus posibilidades son nulas porque la operación a la que tiene que someterse no le da garantías?
» No conoces al Naruto Uzumaki que yo conozco, Hinata; al niño que negó irse a vivir a casa de sus padres adoptivos si no me iba con él, al chico que me defendió de todos los que se burlaron de mí porque tengo dos malditos pies izquierdos y me costó mucho aprender esgrima.
Un par de lágrimas rodaron por sus mejillas, pero yo me resistí a llorar, aunque todo mi ser me gritaba que me desahogara.
—Tienes razón, yo solo conozco al Naruto que insulta y ofende.
—Por favor, ve a verlo, habla con él. Está decidido a dejarse ir, al menos dale paz a su alma—susurró completamente destruido.
—Lo siento—murmuré con voz ahogada—, no puedo verlo, no una vez más. He tenido suficiente, Sasuke.
—¡Por favor!
—Debo preocuparme por mí, por mi bebé.
—Es, o son Senju – Uzumaki.
Mi estómago se apretó ¿y si tengo un embarazo múltiple? ¡Santo del santo santísimo, hay un millón de cosas que tengo que hacer!
—Cumplí con avisarle—me puse de pie—. Sasuke, es mejor que te vayas
—Hinata...
Suspiré profundo.
—Adiós, doctor Uzumaki.
Sasuke se levantó sin decir nada más, no lo miré, solo escuché el leve sonido de la puerta cerrarse y eso bastó para que las lágrimas comenzaran a brotar.
Caminé hacia mi habitación, buscando desesperadamente lo único que tenía de él, además de mis recuerdos. Saqué la camisa del cajón de mi clóset y me la llevé a la nariz, el olor estaba desapareciendo, pero nunca me olvidaría de este aroma, nunca lo sacaría de mí.
Sí, me había destrozado de todas las maneras posibles, pero, el amor tenía caminos retorcidos y yo lo amaba. Aprendería a vivir con esta contradicción, llevaba conmigo un hijo que me uniría a él el resto de mi vida.
Toqué mi vientre y pensé en esa pequeña cosita que estaba dentro de mí y en que mi amor por él se extendería a este bebé. Iba a ser mamá de uno o más bebés, eso poco me importaba, yo iba a ser madre con todas las letras, eso me daría fuerza, era lo que necesitaba.
Me senté en la cama y dejé que las lágrimas corrieran libres mientras todo hacia clic en mi cabeza, mientras me aferraba a la camisa que había encontrado varias semanas después en mi clóset. Tomé mi celular de la mesa de noche y marqué a la única persona que sabía que siempre estaría para mí: mi incondicional Ino.
Continuará...
[4] En referencia a la leyenda del hilo rojo
[5] En referencia a la Divina Comedia
