Quédate: Parte Dos


Capítulo 12


—Usted puede, doctor Uzumaki, necesito que levante la pierna.

Me quité los lentes, peiné con la mano mi cabello hacia atrás asomándome a la habitación que estaba habilitada como cuarto para Naruto, habían. pasado tres meses desde su salida del hospital, pero él seguía en recuperación, vi como Tenten, la terapeuta, trataba de hacer que Naruto cooperara. Desde que comenzó el trabajo de rehabilitación la situación era la misma: dejaba que le dieran los masajes, que lo movieran sin quejarse, pero sin manifestar interés.

—Ya es hora que usted lo intente, ¡vamos! necesito que levante la pierna.

—¡No jodas más, mujer! ¿Sabes tú lo que yo necesito? Necesito que me dejen tranquilo, ¡soy un hombre muy feliz viendo desde la silla de ruedas como los demás hacen normalmente su vida! De solo pensar lo que ahorraré en zapatos, salto de alegría.

El sarcasmo de sus palabras asestó un golpe en mi mejilla. No me lo decía pero, sabía que me culpaba por haberse quedado postrado, su rabia era conmigo. Acaricié mi vientre reteniendo las ganas de ponerme a llorar, las lágrimas no servían de nada.

—Debes cooperar si deseas que el proceso sea más corto—entré a la habitación acercándome, pero no lo toqué, él rehuía mi contacto.

—¿Qué haces aquí? ¿No estabas ocupadísima hablando con tus amigos por Skype?

—Era Fûka, ella no es mi amiga y era una reunión de trabajo.

—¿Fûka? Vaya, ahora ella habla igual que el hijo de puta del marido.

Así era todos los días desde que le dieron de alta y vinimos a vivir al apartamento, solo me hablaba para agredir, cada intercambio de palabra era más que una conversación; él se transformaba en una ola violenta que se estrellaba contra una roca, roca que era yo y que estaba a punto de convertirse en arena.

Hice lo que siempre hacía en estos casos, salí de la habitación.

Cinco minutos después, Tenten salió.

—No te preocupes, su actitud es normal—dijo al verme—se recuperará, está en estado zopenco/estúpido, pero se le pasará. Su lesión no es permanente.

En estos momentos daba gracias al cielo que Tenten y Naruto se conocieran desde hacía varios años, ningún otro fisioterapeuta hubiese soportado su mal humor.

—Gracias Tenten, trataré de hablar con él.

—Déjalo solo, está exaltado ¿Por qué no me ofreces una taza de té y me cuentas cómo se están portando esos pillines?

Me dolía un poco la espalda y mi presión era una montaña rusa; sin embargo, sonreí y Tenten me tomó por el brazo dirigiéndome a la cocina donde la señora Johnson preparaba el almuerzo.

Los últimos tres meses, habían sido complicados, no solo por el embarazo y falta de sensibilidad de Naruto a consecuencia de los meses en los que había estado en coma, también estaban las exigencias de Toneri con todo lo referente a la editorial y aunque pareciera ilógico Kakashi seguía en nuestras vidas, en ocasiones solo quería parar el mundo y bajarme, o retroceder el tiempo. No porque no quisiera a Naruto, sino porque ya tendría algo de ventaja y sabría qué hacer cuando él tenía una de sus crisis.

Estuve hablando con Tenten, hasta que ella terminó su té y se marchó alegando que tenía un cliente más antes de irse a casa.

Estaba sumida en mis pensamientos cuando la voz de la señora Johnson me sacó de mis cavilaciones.

—¿Estará bien que le lleve ahora la comida al doctor Uzumaki? —suspiré fuertemente y me puse de pie.

—Yo se la llevaré.

La mujer me dio una sonrisa condescendiente.

—Debería alimentarse usted primero, ha estado comiendo como pajarito ¡mírese! Es pura pancita, esos niños suyos se comen todo lo que usted consume, si sigue así, será puro hueso cuando nazcan. De donde vengo yo, cuando se tiene un hijo, las mujeres engordamos para estar fuertes y proveer suficiente alimento para nuestros hijos. Criar niños es tarea para toda la vida y no podemos estar débiles.

Explicarle a la señora Johnson que la gordura y la salud no se llevan, iba a ser una tarea complicada así que lo dejé pasar, pero ella tenía razón, comía poco y Gaara me lo había advertido, si no subía de peso, iba a hospitalizarme.

—Ponga en la bandeja una ración para mí, almorzaré con él.

Si antes me había mirado condescendientemente, ahora me miró con duda. Yo comía poco y Naruto daba una lucha terrible a la hora de la comida.

—¿Está segura, señora? —asentí mientras ella colocaba todo en la bandeja

Caminé con cuidado hasta lo que anteriormente era el templo, era la habitación más amplia de todo el departamento de Naruto y la que tenía mejor luz. Toqué la puerta con cuidado, escuché un "¡Largo!" de parte del hombre que amaba, pero lo ignoré deslizándome dentro.

—No quiero ver a nadie, Hinata—ni siquiera me miró, solo siguió leyendo el libro que sostenía en sus mano.

—Pues, tienes que comer—contesté colocando la comida en la mesa al lado de su cama y sentándome sobre el mullido colchón.

—No tengo hambre.

—Por favor, mírame.

No se movió, tampoco habló; suspiré profundo y me di ánimo para seguir en mi intento.

—Naruto—le quité el libro cerrándolo con cuidado y dejándolo a un lado de la bandeja con comida.

—Si vienes a... —coloqué uno de mis dedos en sus labios.

—Sólo vengo a almorzar contigo.

—¿Vienes a almorzar con el pobre inválido?

—¡Naruto!

—¡Oh, carajo! has usado mi maldito nombre completo, ¿debo asustarme, Hinata?—enarcó una de sus cejas y recalcó su pronunciación de mi nombre.

—¿Puede asustarte una mujer embarazada, señor Cascarrabias? ¡Claro! soy el ombligo del mundo y le hago la vida imposible a todos los que me rodean—me levanté de la cama.

—¿Te irás de mi habitación?

Respiré profundamente, inhalando suave para calmarme, Naruto utilizaba la rabia y la frustración para mantenernos alejados, lo sabía y me había prometido tenerle paciencia, una fuerte patada en mi vientre me hizo quejarme, me senté en la cama agarrándome el lugar adolorido.

—¡Ok! ¡ok! tranquilos—le hablé a mi panza. .

—¿Estás bien?—abrí los ojos para mirarlo y lo que me encontré en ellos fue lo que me hizo sonreír y olvidarme de la tonta discusión que estábamos teniendo. Había preocupación y eso era una emoción que hace mucho no reflejaba.

—Es una patada—sonreí—varias patadas, en realidad, últimamente si no tienen hipo están pateando.

Él me devolvió la sonrisa, ¡santo carajo del Olimpo, me está sonriendo! y antes que terminara ese momento mágico, me moví hasta sentarme a ahorcajadas sobre él y coloqué sus manos en mi vientre en el preciso momento en el que nuestros bebés pateaban de nuevo.

—Ohm... ¿Duele?

—No, aunque en ocasiones creo que van a acabar conmigo. Tienen su genio ¿adivinas a quién salieron?

Él me dio una sonrisa sexy y acarició mi vientre, mi cuerpo actuó como desierto que recibe gotitas de lluvia y se revolucionó por completo. Llevé mis manos a su rostro y uní nuestros labios en un beso, queriendo demostrarle lo mucho que lo necesitaba y lo feliz que me hacía con su gesto.

Lo que comenzó como un beso suave y tranquilo, se tornó en algo brusco y poderoso con dientes, lenguas y labios ansiosos por calmar el deseo, rápidamente tomó el control y yo seguí su ritmo, mis manos dejaron su rostro para acariciar la parte baja de su cuello manteniéndolo cerca de mí, absorbiendo sus suspiros, reclamando sus gemidos. Coló sus manos por mi vestido, acarició mis sensibles y crecidos pechos sobre la tela del sujetador.

—Naruto.

Su nombre salió de mi boca como una plegaria, cuando sus labios descendieron por mi cuello, llevó sus manos hacia mi espalda deslizándose lentamente hasta acunar mi trasero con sus palmas y reacomodarme sobre su ingle.

Besó cada trozo de piel que tenía a su alcance haciendo que la temperatura de mi cuerpo subiera rápidamente, sentía mi corazón latir atronadoramente, y a mi sangre ‒caliente y espesa‒ correr más aprisa, la excitación palpitaba en cada rincón de mi cuerpo y cuando me removí sobre su cada vez más gruesa erección, Naruto me alejó.

—¡No! —sus ojos me miraron expectantes, respiraciones aceleradas, labios hinchados y corazones desbocados. Me incliné hacia delante tomando sus labios una vez más, pero las manos fuertes que hacía unos minutos atrás me acariciaban con deleite, tomaron mis brazos alejándome de él—. No puedo, dulzura.

Cerré los ojos pegando mi frente a la suya intentando calmar mi deseo por el hombre que tenía debajo de mi cuerpo.

—Tienes una erección—dije en voz baja, mi mano se deslizó por su duro pecho, pero, antes de llegar a su entrepierna, me detuvo.

—He dicho que no puedo, Hinata. ¡No puedo!

Solté su amarre para llevar mi mano a su mejilla, mi hombre, mi amor, mi todo estaba sufriendo y no sabía cómo ayudarlo. Besé sus labios suavemente antes de hablar.

—Todo está aquí—con mi mano libre acaricié su sien. El negó con la cabeza y yo asentí— sé que las terapias te producen dolor, pero tu operación fue un éxito. La falta de sensibilidad de tus piernas no es a causa de la cirugía.

Sus manos tomaron ahora las mías tratando que las dejara quietas pero, logré evitarlo; tomé cada lado de su rostro y lo forcé a mirarme.

—Hinata.

—Estás molesto y temes fracasar, pero, si no lo intentas, es difícil — acaricié su nariz con la mía—tienes que cooperar, Naruto.

Se agarró firme de mis muñecas y sacó mis manos de su cara.

—Voy a suspender la terapia.

—Naruto.

—Es una decisión tomada, Dulzura—fue su turno de acariciar mi mejilla—la terapia me hace sentirme...

—Frustrado—completé para él y él asintió.

—Estoy agotado. Soy una persona racional, calculadora, mido pros y contras, pero desde el día en el que salí del hospital hasta hoy, he perdido el control de mi vida. Nada de lo que tenía programado salió como yo quería y no tengo plan B, por más que tomé medidas, terminé postrado, sin potestad sobre mi cuerpo y eso es para mí el peor de los fracasos, porque me muero de ganas por llevarte a la cama y hacerte el amor y no puedo.

—Bueno, estamos en una cama y he comprobado que tu amiguito sigue activo—intenté bromear, quería hacerlo sonreír. Sin embargo, él no sonrió, se reacomodó en la cama y acarició mi vientre.

—Quiero estar bien. No de otra manera.

—Estarás bien si cooperas con la terapia. Tenten dijo que...

—¡Tenten no siente lo que yo siento!—me interrumpió. La calma con la que me había hablado ya no existía, me esforcé en entenderlo, atisbos de mi Naruto aparecían como destellos y el mayor deseo era que ese hombre que yo amé volviera del todo y se quedara.

—Voy a estar a contigo sea cual sea la decisión que tomes —lo besé— pero, no por ello, voy a resignarme a que te abandones.

—Gracias

—Piénsalo bien ¿sí? Quizá solo necesitas esforzarte más.

Él rodó sus ojos.

—No hay nada que pensar, he tomado la decisión y se la comunicaré a Jiraya.

—Eres un cabezota—pasé mis dedos por su cabello, dispuesta a no discutir más—, un cabezota que necesita un corte de pelo.

—Y tú, necesitas comer. Estás muy delgada—hizo un recorrido con sus dedos por mi clavícula sin quitarme la mirada; mi corazón estaba frenético, intenté calmarlo con respiración pausada, humedecí mis labios y la necesidad de besarlo afloró una vez más.

—¿Por qué mejor no me das un beso?

Me dio una sonrisa de las suyas antes de depositar un beso de manera suave y profunda, mis labios se amoldaron a los suyos como siempre y rápidamente me perdí en el roce de labios y lenguas peleando por ganar. Nos separamos entre jadeos mientras acariciaba su nuca y trataba nuevamente de calmar mi respiración.

—¿Qué tal si vemos una película mientras almorzamos?

—¡Suena como un plan!—Me acomodé en su cama y llamamos a la señora Johnson para que nos atendiera, no supe en qué momento me quedé dormida, pero cuando desperté Naruto estaba nuevamente leyendo su libro y la oscuridad se cernía sobre Nueva York.

—Hola, dormilona

—Hola, guapo, ¿tienes hambre?

—Podría comer algo, solo que la señora Johnson ya se fue.

—¿Qué tal unos suculentos sándwiches de queso y jamón para cenar?

—Me parece muy buena idea— Me dio una de sus sonrisas ladeadas y yo le di un beso, antes de levantarme de la cama y salir de la habitación.

Sabía que Naruto comía para que yo lo hiciera y tenía que aprovecharme. Había perdido peso en estos últimos meses, se alimentaba poco y dormía mucho menos de lo que me hacía creer; suspiré pesadamente pasando la mano por mi cabello, solo esperaba que con el tiempo este instante de nuestras vidas solo fuese un mal recuerdo y lo que pasó en la tarde fuera el inicio del cambio.

Comimos en silencio viendo un programa en la televisión, cuando terminamos Naruto me dijo que estaba cansado le di un último beso y lo dejé descansar.

Al día siguiente me levanté exaltada cuando escuché gritos provenientes de la habitación contigua, en un principio decidimos no dormir juntos debido a que Naruto necesitaba gran espacio en la cama después, rechazó tajantemente la idea de compartir una habitación, no voy a decir que su rechazo no me dolió, pero en el fondo lo entendía.

—¡He dicho que no!—el grito de Naruto habría podido hacer temblar los vidrios del departamento.

—¡Eres un maldito imbécil!—escuché decir a Sasuke—¿Qué ganas con todo esto?

Gano hacer lo que me dé mi maldita gana, ¿por qué demonios todos se creen con derecho de tomar decisiones por mí?

Salí de la cama colocándome la bata de levantar y apuré mis pasos, los gritos se escuchaban cada vez más fuertes.

Vi a Erick, el enfermero, de pie frente a la puerta; por el griterío, parecía que tenían una batalla campal dentro.

—Buenos días, ¿Qué sucede allí?—pregunté señalando con la cabeza la puerta

—El doctor Uzumaki no amaneció de muy buen humor hoy—sonrió irónicamente porque Naruto nunca despertaba de buen humor—. Estaba intentando convencerle para que realizara sus ejercicios cuando llegó el doctor Sasuke y se han enfrascado en una discusión, ¿Sabía que no va a tomar más la terapia?

—Sí.

—Sé que no debería meterme en asuntos que no me corresponden, pero será un gran retroceso si suspende su rutina.

—Lo sé, pero no hay nadie quien lo convenza de hacer algo que no quiere. Es terco, obstinado y desde la operación es peor.

—Sí, lo entiendo, el problema con los pacientes como el doctor Uzumaki es que...

Un estruendo en la habitación hizo que Erick abriese la puerta para cerciorarse de si todo estaba bien. Nada lo estaba: la bandeja del desayuno estaba desparramada en el suelo y Naruto tenía las manos empuñadas como si estuviese a punto de levantarse.

—¡Largo!—bramó con voz fuerte apenas nos vio aparecer— ¡Fuera todos de mi habitación! Y tú—señaló a Sasuke—no vuelvas más— sentenció con voz dura—al fin y al cabo, realmente no eres mi hermano.

—¡Qué te den!—bramó furioso Sasuke—Si quieres quedarte postrado en esa jodida cama es tu maldito problema—pasó a mi lado completamente enojado. Miré a Naruto que abría y cerraba sus puños.

—Naruto.

—Déjame solo, Dulzura—tomé su mano y él acarició el dorso de la mía con su dedo—Por favor—asentí —, tú también Erick, no creo que me vaya a morir si no me baño por un día —le di un beso antes de alejarme de la cama y le hice una seña a Erick para que saliese.

Iba de regreso a mi habitación cuando vi a Sasuke observando la ciudad a través de la ventana.

Caminé hasta quedar a su lado acariciando mi vientre, tenía un ligero dolor de cabeza pero lo ignoré como en las últimas dos semanas.

—Lamento haberte despertado.

—Bueno, ya casi era hora de levantarme—dije restándole importancia, la postura de Sasuke era tensa, sus manos estaban hechas puños, como si quisiera volver con Naruto y zarandearlo hasta que accediese a lo que era lo mejor para él.

—Jiraya me llamó esta mañana, Naruto le comunicó anoche su decisión de no seguir con la terapia.

—Yo lo sabía.

—¿Y no piensas decirle nada?

—¿Qué puedo decirle? —peiné mis cabellos—Sasuke, entiendo que ames a tu hermano y quieras que supere pronto esta etapa, pero debes dejar de presionarlo—suspiré—. Confío en que esto sea momentáneo, que todo se deba a que está cansado y frustrado.

—Está dejando muchos heridos en este proceso.

—Intenta entenderlo, han sido cambios muy drásticos, pasó de ser un hombre autosuficiente a depender de Erick; de ser un gozador del sexo y de cuanta mujer se le cruzara en el camino a no tener ninguna actividad sexual; de ser un hombre sin compromisos a tener una novia y a ser papá.

—Exacto, va a ser papá. ¿Cómo va a hacer cuando lleguen los bebés? Tú estás siendo muy condescendiente con él.

—No me importa, yo me siento agradecida con que esté vivo.

—Pues, ten cuidado. Naruto tiene la capacidad de hacer infelices a todos los que lo rodean cuando él se siente desgraciado. —Sasuke me dio un beso en la mejilla —Créeme, lo conozco mejor que tú.

Observé la cuidad a través del ventanal mientras escuchaba la puerta principal cerrarse.

El resto de la mañana Naruto estuvo huraño y retraído, solo Erick había entrado a la habitación un par de veces, decidí darle tiempo, escribí, estuve en la habitación de los bebés y después del almuerzo fui con Hanabi a mi consulta programada.

La cita con él doctor Sabaku no había sido tranquilizadora, aunque aún seguía baja de peso, los trillizos habían respondido al tratamiento para madurar sus pulmones y a pesar de que todavía no sabíamos el sexo del gemelo I, lo fundamental era que todo iba bien con ellos.

—¿Qué tal si vamos por un helado de banana, crema rusa y chocolate, todo eso con salsa de fresas y más crema?

—¡Por Dios, Hinata!, mis sobrinitos sufrirán un coma diabético con esos antojos tuyos.

—¡Qué exagerada! apenas es mi primer helado desde hace meses.

En la cara que puso mi hermana había algo de lástima.

—Bueno, como ahora me voy a vivir contigo, podremos comer todos días. Mis ahijados tendrán la madrina más consentidora del mundo y comerán todo el helado que quieran.

—No es necesario, Hanabi, tienes tu trabajo, tu vida. Además, la señora Johnson y Erick están con nosotros todo el tiempo.

—Sí, pero no son familia.

—Naruto está conmigo

Mi hermana rodó los ojos. A pesar de no haberle contado nada de mi relación con Naruto, Hanabi intuía cómo estaban las cosas entre Naruto y yo.

—Sé que Naruto está contigo, pero yo también quiero estar. Una hermana adorable nunca está demás—me abrazó con fuerza por un largo rato y cuando me soltó, tenía lágrimas en sus ojos.

—¿Qué pasa?

¡Santo Joder! Yo, centrada en mis preocupaciones y me olvidé completamente de Hanabi.

Mi hermana vivía sola en mi departamento, trabajaba con Ino, le di a Mickey ‒aunque amaba a mi auto, con tres niños no podría usarlo‒ y todo eso mientras terminaba sus estudios. La estaba tratando como una adulta y hace un año atrás era una adolescente rebelde que solo quería volver con su padrino porque echaba de menos su familia.

—Nada—se secó sus lágrimas— ¡Me siento orgullosa de ti!

Me volvió a abrazar

—¿Y eso te hace llorar? —traté de bromear.

—Me emociona saber que te tengo como hermana y lloro de felicidad.

—Estás loca, le diré a Ino que aminore tu carga laboral, tanto trabajo te está causando un cortocircuito

—¿Qué tal si comemos doble ración de helado en honor a lo maravillosas que somos? Y agradezcamos a mamá, al menos, el cincuenta por ciento de esto—hizo un gesto demostrativo con su mano de manera enfática— le pertenece.

—Sí, gracias por darme esta fantástica hermana—junté mis manos y miré al techo.

Era bueno haber superado el tema de Hanna, le hizo bien a mi espíritu y mejoró notablemente mi relación con Hanabi.

Después del helado ella me llevó a casa mientras ella se iba al trabajo. Estaba entrando al departamento cuando me encontré con Shion Wells la pasante de Naruto, una joven inglesa que vino a Nueva York para realizar su pasantía en Vitae y ahora se hacía cargo de sus pacientes ‒trabajaban en equipo‒ bajo la consultoría de Naruto, al principio los celos y la inseguridad habían hecho mella en mí, era alta, rubia, de ojos color violeta claro y figura estilizada.

La típica mujer que él siempre llevaba colgada al brazo; sin embargo, ella parecía estar inmunizada contra el efecto 'Dr. Sex'. Lo comprobé cuando en una charla de té—té para ella, batido de frutas para mí —me habló de su novio y su profundo amor por él. Ella se aprestaba a marcharse pero, apenas me vio, se detuvo.

—¿Cómo te fue? Naruto me contó de tu cita con el ginecólogo.

—Todo va según lo previsto. ¿Y él como estuvo?

—No muy conversador, solo mostró interés en los casos clínicos.

—No ha tenido buenos días.

—Eso me comentó Erick, tengo que irme, señora Uzumaki, tengo consulta en veinte minutos—estaba acompañándola hacia la salida cuando mi celular sonó.

—Sai —le hice un gesto de despedida a Shion.

—¡Felicítame Hinata!

—¿No me digas que...?

—¡Sí!, hace media hora —miré mi reloj, faltaban menos de quince minutos para las seis de la tarde—. Es hermosa, tiene mucho cabello y la nariz de Ino, pesó unos saludables tres kilos y mide cuarenta y seis centímetros.

—¡Felicitaciones! ¿Cómo está Ino? —Pasé frente a un espejo y me detuve, me veía exhausta.

—Bien, aunque está un poco cansada, no deja de dar órdenes.

—Eso significa que está perfecta, sigue siendo la Ino que todos amamos.

—¡Sí! ¡estoy tan feliz!

—Dale besos a Ino y si todo sale bien, mañana estaré conociendo a mi pequeña.

Caminé hacia mi habitación antes de llegar con Naruto, me quité mi vestido de premamá –sentía que todo me apretaba– me fui a su armario y saqué unos anchos pantalones de yoga, una de sus camisetas de tirantes y me las puse.

La luz de la pantalla de mi celular estaba encendida por lo que desbloqueé el aparato para encontrar un correo electrónico de Fûka donde me avisaba que venía a Nueva York y quería hablar conmigo.

Suspiré porque, aunque tenía varias anotaciones para el libro de Fûka, no había logrado enfocarme todavía, ella sabía de mi embarazo pero no estaba enterada de lo que pasaba con Naruto–para todo el mundo, él estaba de vacaciones– así que debía pensar bien qué responderle, había que mantener la discreción con respecto a ese tema.

Negué con la cabeza, saqué de mi bolso la última ecografía y me encaminé hacia su habitación. Erick iba saliendo.

—Se acaba de dormir—el hombre respiró profundo—. Intentó levantarse luego que usted se fue, obviamente no pudo sostenerse y se desplomó.

—¿Está bien? Digo, ¿se lastimó?

—Está bien, solo tiene lastimado el ego.

Sonreí porque Erick conocía a Naruto hacía mucho tiempo ya que trabajaba en Vitae y sabía perfectamente de lo que hablaba.

—Estaré en el estudio, avísame cuando despierte, por favor.

Caminé hacia el estudio, encendí el ordenador y me enfoqué en leer las notas que Fûka me había enviado al correo electrónico, eran datos de su relación con Toneri, como lo había conocido y como habían comenzado, cerca de una hora después ya había escrito una de las escenas más importantes del libro, el departamento estaba en completo silencio.

Llevé a mi boca dos almendras junto con media nuez, que la señora Johnson me había llevado y acaricié mi vientre, indecisa de lo que acababa de escribir, mi radar de escritora estaba con interferencias, quería hacer algo que fuera más allá del sexo entre un dominante y su sumisa pero, no lograba dar con la forma que quería abordar la historia, Tomé un sorbo de agua, al sentir como mi vientre parecía saltar desde mi interior, era la muestra de que uno de los chicos tenia hipo.

Hubiese preferido que en vez de agua fuese mi referesco favorito

¿De qué sabor era la Pepsi? ¡Ya ni me acuerdo!

Negué con la cabeza leyendo lo último que había escrito de "Contrato", el nombre tentativo que llevaría el libro.

—Bienvenida al BDSM, cariño—, murmuró él con voz susurrante, colocando un mechón de cabello detrás de las orejas de Alexa.

—Gracias, señor.

—Creo que necesitas descansar, pero esta habitación no es la indicada para eso.

Se levantó de la cama, buscando entre los cajones hasta sacar una sudadera, mientras ella lo observaba

—Fuiste una buena chica, pero aún no puedes dormir —susurró cuando ya se estaba quedando dormida.

Alexa frunció el ceño, era consciente que estaba ahí para satisfacer sus fetiches sexuales y de su posición como esclava, pero después de un asalto como ése, estaba segura de no poder levantarse de la cama. Sin embargo, Dominic tenía otra idea en mente, la tomó en sus brazos con extrema delicadeza, nada que ver con el hombre salvaje y fuerte con quien había estado minutos atrás, la llevó hasta el baño, sentándola en una de las butacas y amarrando su cabellera rubia en una coleta desordenada mientras el agua llenaba la tina

Una vez estuvo como él deseaba la instó a sumergirse dentro del agua tibia, ella soltó un gemido de placer, un placer distinto al que había obtenido minutos antes, el agua tibia relajaba los músculos de su pelvis ahora irritada por el sexo con un hombre demasiado carnal y brusco a la hora de intimar.

Dominic cubrió con jabón sus brazos y su cuerpo, como un padre abnegado bañando a su niño.

—Recuérdame decirle a Anna que debe comprar un jabón de baño para ti—, dijo con voz suave. Mientras Alexa intentaba permanecer despierta— ¿Cuándo viene tu período? — preguntó sin dejar de enjabonarla.

—Siete días —murmuró ella entre la bruma del sueño y el nuevo deseo que la despreocupada caricia de Dominic le otorgaba mientras lavaba su pecho. Unos segundos después cuando su cuerpo estuvo relajado, él la obligó a salir de la tina, quitó de su cuerpo todo rastro de jabón, la cubrió con una toalla gruesa y la alzó en brazos para llevarla a la cama. Alexa abrió los ojos observando con disimulo el reloj en la mesa de noche de su habitación.

Era más de media noche, lo que significaba que durante poco más de cinco horas, él había hecho con su cuerpo lo que había querido.

—Descansa, ragazza mia—susurró arropándola con el cobertor—. Mañana no saldrás de casa—ordenó con voz fuerte antes de darse media vuelta y salir de la habitación.

Alexa guardó silencio, pero, estaba segura de dos cosas: El sexo con Dominic Minelli era impresionante y mañana saldría de la casa, así el Todopoderoso se pusiera de cabeza.

—Todo bien pero, pero...

Sentía que a la historia seguía faltándole algo. Toneri siempre me había parecido un hombre imponente, oscuro y demasiado peligroso para lo jovial que era Fûka, pero no me cabía duda de lo profundamente enamorado que estaba de su mujer y ella, no debía ser tan sumisa si era capaz de resistirlo a él.

Me dolía la cabeza así que desistí seguir, anoté mentalmente pedir una cita con mi oftalmólogo, una nueva patadita en mi vientre me recordó que llevaba mucho tiempo sentada y que era hora de comer algo más que frutos secos. La señora Johnson estaba terminando de guardar los platos en la alacena cuando entré en su territorio –como ella lo llamaba– abrí el refrigerador sacando un yogurt de nata y algo de fruta picada.

—¿Erick?—pregunté mientras me sentaba a la barra de la cocina.

—Acaba de salir—la mujer siguió con su tarea.

—¿Naruto ha cenado algo?

—Le pregunté si le apetecía algo y me dijo que estaba bien.

—¿Almorzó algo, siquiera?

—No, señora—pasé las manos por mi rostro y suspiré— ¿Puede prepararle una bandeja? regreso en unos minutos.

Volví al estudio y tomé la ecografía, cuando llegué a la cocina la señora Johnson tenía un plato de pasta y un vaso de jugo para Naruto.

—Ravioles caseros, mi apellido de soltera es Trapatori—sonrió, orgullosa. —Tengo que irme, ¿estará todo bien?

Sonreí, la señora era una joya de persona.

—Estaremos bien—la vi tomar su abrigo y esperé hasta que la puerta se cerrara para tomar la bandeja y dirigirme a la habitación de Naruto. No esperé a que me diera permiso para entrar, estaba en la cama con las luces en intensidad baja, pasando los canales del televisor aleatoriamente.

—Te traje la cena.

—Déjala en la mesa. ¿Cómo te fue en la clínica?—su pregunta fue robótica, no estaba preguntando por estar interesado, parecía molesto, me hablaba, pero seguía manipulando el control remoto.

—Bien, quise mostrarte el ultrasonido cuando llegué, pero estabas descansando —omití el hecho que de Erick me había comentado su imprudencia y posterior caída; le acaricié el cabello suavemente y le pasé la fotografía de nuestros bebés, no la miró—.Los maduradores pulmonares están funcionando, Gaara dice que estoy entrando a la semana treinta y dos y que debo volver en dos semanas o antes si siento algún tipo de malestar.

Tomé el plato con pasta y lo coloqué sobre la mesilla para entregárselo.

—No tengo hambre ahora, Hinata.

Hinata, no Dulzura.

—Tienes que comer—me senté a su lado, pero mirando su rostro—la señora Johnson me dijo que no quisiste comer nada en el almuerzo y tu bandeja del desayuno quedó en el suelo de esta habitación.

—Lo que quiero es estar solo.

—Sabes que no voy a permitir eso.

Silencio.

Tomé la foto de mis bebés, sus ojos siguieron fijos en la pantalla del televisor a pesar de que no estaba viendo nada

—Son tan activos, al menos el que está solo está activo mucho más que sus hermanos, Gaara dice que es porque tiene más espacio.

—¿Él? Es un niño. Serán tres niños.

—No lo sé. Por favor, come.

Tomó un bocado de pasta y se lo llevó a la boca, respiré aliviada. No pude evitar sentirme agradecida por ese gesto.

—Gracias. En fin, el embrión es el que está solo y estaba chupándose el dedo tan acurrucado en sí mismo que lo único que podemos ver es su trasero —vi un asomo de lo que pareció una sonrisa, pero fue muy rápido, pero lo puede percibir— los embriones II y III estaban espalda contra espalda, durmiendo, uno de ellos tiene su dedo en su boca. Naruto, voy a necesitar ayuda cuando los bebés nazcan.

—Pues, no cuentes conmigo, soy un maldito lisiado. ¡No quiero comer más!—tiró la bandeja lejos—, puedes irte.

—¿Eh? —lo miré sin entender.

— Eres tonta o te haces ¡Qué te vayas, Hinata!

—¿Se puede saber qué diablos te sucede?—me levanté de la cama visiblemente molesta y aunque intenté contenerme, mi voz salió un poco más alta de lo normal.

—Intenté levantarme hoy—un rictus cruel se instaló en su rostro.

—No pudiste sostenerte.

—¡Bingo! Denle un premio a la escritora del año.

—Naruto, no seas cruel

—¿Cruel? ¡Joder! ¿Me estás pidiendo a mí, ¡a mí!, que no sea cruel? ¡Mira donde estoy, por un demonio! No puedo ir ni al maldito baño si Erick no está aquí para sentarme en esa jodida cosa—señaló la silla de ruedas a un lado de la habitación.

Aquí estábamos otra vez, las palabras de Sasuke retumbaban en mi cabeza "tiene la capacidad de hacer infelices a todos los que lo rodean" y no me iba a quedar callada.

—¿Sabes, Naruto?, no te entiendo y estoy agotada, todo contigo es una lucha, una lucha para que comas, una lucha para que te recuperes. ¡No te reconozco! ¿Dónde está el Naruto que yo conocí? —reclamé— ¿Ese que no paraba hasta conseguir lo que quería?

—¡Ese Naruto se murió en el maldito quirófano y esto es lo que queda! Si no te gusta, si estás tan cansada como dices—su voz destilaba veneno— la puerta es grande y nadie te está impidiendo que te vayas.

La ira empezó a escalar por mi cuerpo, amaba a ese hombre más de lo que alguna vez había amado, pero su intransigencia me superaba. Se victimizaba, buscaba culpables cuando el único culpable de todo esto era él mismo.

—¡Eres un maldito cerdo egoísta!—su mirada fue de completo asombro— ¡Estás enfocado en tu dolor, en tu necesidad, pero no haces nada para levantarte de ahí! —grité frente a él— ¡Debería darte vergüenza culpar a otros por tu cobardía, por tu falta de voluntad! O, ¿acaso crees que tu vida ya no tiene sentido porque no puedes follar como antes?

Naruto sonrió irónicamente.

¡Qué se ría!, me tiene harta con su postura de niño malcriado ¡¿cómo puede pensar que es mejor haberse quedado muerto que en una silla de ruedas?! y con tres niños por nacer.

—El sexo —me miró con esos ojos de "yo sé todo de ti"

¡Ya basta de ser condescendiente contigo, Naruto Uzumaki!

—¡No! ¡El sexo no! o sí, pero no es lo fundamental ahora. Yo hablo del hombre que eres ahora —sostuve mi vientre al sentir un pequeño calambre— el de antes no está y me pareció que fue solo una fachada, una mentira. ¿Cómo es posible que un hombre como tú tan inteligente, culto y demás, solo se mida bajo el hedonismo, pero en la prueba más importante de tu vida, la decisiva, no estás a la altura?

—¡¿Quieres callarte?!

Ya estuve lo suficientemente callada y solo sirvió para que reafirmaras tu cobardía.

—¿Por qué? ¿Porque te digo la verdad? —otra patadita, respiré profundo porque mi cabeza iba estallar, tenía tantas cosas que decirle y se las diría todas— Eres un hombre superficial que se mide por cuántas erecciones tiene, por cuántas frases ingeniosas puedes decir, o por cuántos orgasmos puedes lograr en una mujer —sentía las lágrimas rodar por mis mejillas, lágrimas de frustración e ira, pero no me importaron, Naruto necesitaba que le abriesen los ojos— eso nunca te hizo un hombre, te hizo un tipo gracioso, un buen seductor, alguien para llevar a la cama, pero nunca un compañero con quien formar una familia.

—¿Entonces, qué demonios haces aquí? ¡No necesito tu maldita lástima!

—Nadie te tiene compasión, Naruto, ¡te tienes lástima tú mismo! —me costaba respirar, sentía mi pecho oprimirse cada vez más— ¿Sabes, por qué estoy aquí? Porque te vi—tragué grueso intentando controlarme mientras más lágrimas descendían de mis ojos—, yo te vi más allá del sexo. Vi al hombre cariñoso detrás del seductor; al niño con temor detrás del arrogante fui capaz de ver más allá del imbécil con complejo de adonis y me enamoré y aún tengo esperanzas de que ese hombre que yo vi, vuelva.

—¡No las tengas y vete de mi vida!

El dolor en mi cintura era punzante, pero sus palabras me dejaron sin aire y a punto de un desmayo.

—¡¿Qué?!

—¡No quería esto para mí! ni para ti ¡carajo!

—Naruto—respiré profundamente, sentía mi pecho quemarse ante la incapacidad de retener aire, apreté mi vientre intentando mover la presión que ejercían los bebés.

—Quiero que te vayas de mi casa y de mi vida, Hinata, a mis hijos no les faltará nada, pero a ti no quiero volver a verte.

—¿Qué estás diciendo? —mi voz salió temblorosa.

Un rictus cruel se formó en su rostro.

—Fuiste una alumna muy buena, me deslumbraste con tu ternura y la noticia del embarazo en un momento crítico de mi vida me hizo creer que te amaba. Pero, ahora, más lúcido y con la perspectiva de los hechos, me di cuenta que fue una ilusión estúpida.

"¿Ilusión estúpida?" dos palabras, llenas de resentimiento y rabia, y mi fortaleza y mis ganas de luchar desaparecieron; me abracé a mí misma buscando aire para mis pulmones, un calambre en el vientre bajo me hizo contener el aliento.

"Ilusión estúpida", mi cuerpo entero se tambaleó cuando las palabras taladraron mi corazón, mis rodillas se doblaron y grité de dolor, el aire parecía no ser suficiente. Intenté levantarme, pero no pude, el dolor penetrante en mi vientre bajo era muy fuerte. Vi a Naruto entre brumas, gritaba algo consternado y trataba de salir de la cama, no lo escuché, estaba concentrada en el dolor y en sacar de mi bolsillo el celular.

—Hanabi, necesito una ambulancia.

Después, todo fue oscuridad.

.

.

.

En la madrugada del 25 de julio, dos niños y una niña —Uno nombrado según el expreso deseo de su padre— llegaron a este mundo. Eros, Boruto y Himawari nacieron por una cesárea de emergencia a causa de mi elevada presión, los tres estaban bien a pesar de sus cortas treinta y dos semanas de gestación.

Estuve cuatro días internada bajo la atenta mirada de Hanabi y de los abuelos de los niños; ninguno de esos días Naruto fue a vernos. Al cuarto día me dieron el alta, los niños debían permanecer internados, al menos, quince días más, pues aún debían madurar sus pulmoncitos y ganar peso.

Como se estaba haciendo costumbre, Kiba y Hanabi fueron a buscarme al hospital, me acompañaron a neonatología y me despedí de mis bebés, con la firme convicción que era lo mejor porque necesitaban estar sanos y fuertes.

El plan era simple, iría al apartamento de Naruto, recogería mis cosas y volvería a mi antiguo piso, a vivir con Hanabi, por lo menos hasta lo que decidía sobre mi futuro, necesitaba estar lejos de él para aclarar mis ideas.

—¿Estás completamente segura de que quieres hacer esto? Mira, estás en un estado emocional difícil, eres más hormona que otra cosa y puedes hacer algo de lo que después te arrepientas. —Kiba me observaba con un gesto de preocupación en el fondo sabía que intentaba apoyarme. Hanabi, detrás de él, asentía a todo lo que decía. Les di un amago de sonrisa antes de salir del auto sin contestar su pregunta.

—Esperen aquí, Erick bajará mi maleta.

¿Estaba yo segura de la decisión que acaba de tomar? La verdad era que necesitaba verlo, quería saber si era verdad todo lo que en mi mente daba vuelta, pero todavía no estaba preparada.

El departamento estaba tranquilo, David Garrett se escuchaba desde la habitación de Naruto; como siempre, Erick estaba en su puerta, le había dicho que podía estar en la cocina o en donde se sintiera más cómodo, pero alegaba que necesitaba estar cerca por si Naruto lo necesitaba, estaba leyendo un libro y al sentir mis pasos levantó el rostro dándome una sonrisa.

—¡Felicidades! me ha dicho Karin que son dos niños y una niña, todos están locos de felicidad, lamento no haber podido ir a la clínica ¿están bien?

—Sí, gracias.

—Naruto te está esperando, me pidió que te avisara.

Asentí pero, pasé de largo a mi habitación para empacar, controlaba el llanto, no iba a llorar, tenía que pensar en mis bebés, di una última mirada a la habitación que había ocupado por los últimos tres meses y salí. No esperaba encontrar a Naruto fuera de mi puerta, sentado en la silla de ruedas.

Su mirada era triste, tenía los pómulos hundidos y grandes círculos oscuros adornaban los orbes azules ahora apagados y la mitad de su rostro estaba cubierta por una barba descuidada, solo nos miramos por un par de segundos ¿o minutos? Tenía un nudo en la garganta y si no salía de este departamento iba a desmoronarme, así que, obligué a mis pies moverse.

Solo alcance a dar dos pasos.

—¡No! —su mano se cerró con fuerza, sobre mi muñeca.

—Naruto.

—No puedes irte—su tono de voz era el de un hombre desesperado.

No discutas, no discutas. Sólo conversa.

—Estoy cumpliendo tu deseo —mi voz salió plana, sin ningún tipo de emoción.

—Dulzura...

—Te esperé, cada minuto, mientras estuve en el hospital, pero tú nunca llegaste.

—Yo...

—¡Son tus hijos también!—el nudo en mi garganta se apretaba cada vez más, pero no lloraría, no lo haría porque estaba cansada de llorar.

—¡Lo sé! —pasó la mano por su cabello—. Yo tenía que estar contigo, tenía que estar en ese momento, pero no fui capaz, quería estar bien para este momento...

—Ya está, Naruto, entendí todo. Déjame ir.

Tiré de mi mano y él soltó mi agarre.

—Yo sé que te he fallado, yo sé que no he sido la persona más tratable del mundo en estos últimos tres meses, ¡Joder sé que he sido un completo cabrón! —su voz se cortó y respiró fuertemente—. Y tienes razón, soy un maldito cerdo egoísta, pero te necesito. Pero te amo Hinata, tú me has enseñado tantas cosas y yo... Dulzura, por favor, ¡por favor, quédate conmigo! Yo te prometo que...

Sorbió su nariz, las lágrimas comenzaron a mojar su rostro y eso fue suficiente para que yo dejara de contener las mías.

—Naruto, no hables, no jures, no prometas. Estás en un estado alto de estrés y dices cosas de las que después te arrepentirás.

—¡No, no, no! Te mentí cuando te dije que no sentía nada por ti, te mentí porque he estado enojado conmigo mismo, frustrado por no poder recuperarme. Siempre he sido una persona lúcida, me impongo metas y no descanso hasta cumplirlas pero, ahora me desconozco. Mi meta era estar de pie para cuando mis hijos llegaran aquí, no que tú te fueras, mis días sin ti han sido dolorosos y tengo, tengo miedo, de no poder levantarme nunca más, de tener que estar atado a este aparato. Tengo tanto miedo que tu amor se convierta en fastidio por mi fracaso.

—¿Fracaso? ¿Qué fracaso? Si cuando abriste los ojos en el hospital para mí todo fue éxito—reproché observándolo entre lágrimas, pero él negó con la cabeza.

—No puedo llamar a esto un éxito cuando no puedo ser yo mismo Hinata, pero sé que te amo, puedo soportar ser condenado a esta silla, pero no sé si pueda soportar que tú no te quedes a mi lado—tomó aire y se quitó las lágrimas de la cara—. ¿Ves? asumo que soy un jodido egoísta de mierda, que no soy fácil para convivir y que la prioridad ahora son los chicos — expulsó el aire de sus pulmones— ¡tenemos una nena, mi amor, y yo estoy condenado a esto! —golpeó la silla con sus puños.

El ruido me hizo saltar de la impresión.

—Miles de hombres en el mundo tienen hijos y los crían viviendo en una silla de ruedas.

—Nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde, y yo tuve que esperar a este momento para darme cuenta que lo tenía todo pero mi frustración me impedía ver —rodeó mi cintura con sus brazos con mucho cuidado y me atrajo hasta él sentándome sobre sus piernas— Verte caer al piso, con tu tez pálida, tus ojos cerrados inconsciente.

» Nunca había tenido más miedo e impotencia en mi vida. No quiero, no puedo vivir sin ti. Tú eres mi fuerza, Hinata, tú y los niños; así que, se acabaron la autocompasión y mis recelos; voy a luchar contra mis temores de manera inteligente—sonrió.

Miré sus ojos, amor, desesperación, incluso el anhelo, se reflejaba en ellos, barrí con mis dedos su cabello.

—Naruto.

—No puedo prometerte una vida perfecta, tienes que darme tiempo de asimilar todos los cambios, voy a luchar más, a poner todo mi empeño por estar de pie en menos de un año y tú vas a ayudarme—secó mis lágrimas con sus pulgares—¿Te quedarás conmigo?

Uní mi frente a la suya.

—Nunca me he ido.

—Lo sé. ¿Podrás perdonarme?

—Estás perdonado.

—¿Puedo besarte ahora?

Fui yo la que atraje sus labios a los míos, aunque fue él quien llevó el ritmo constante en el beso; fue suave, fue tierno, pasional y desesperado porque hacía tanto tiempo que no estábamos así, simplemente él y yo. Naruto me apretó a su cuerpo y siseé quedamente cuando presionó mi herida.

—Perdón—murmuró cepillando mis labios—. Perdón por todo.

Asentí volviéndolo a besar.

Pasó un mes completo antes que pudiéramos traer los trillizos a casa, iba todos los días y pasaba gran parte de mi tiempo con ellos, Naruto se quedaba en casa trabajando en su terapia. Cuando volvía a casa, veíamos las fotos y los videos que le tomaba a los niños, poco a poco Naruto volvió ser el hombre que me siguió y me acorraló hasta que acepté su propuesta.

Para cuando los bebés llegaron a casa, tenía todo preparado para ellos, incluso, mandó a redecorar la habitación de los niños, ahora que sabíamos que eran dos chicos y una chica.

Hanabi y Kiba me acompañaron a buscar a los niños cuando por fin les dieron de alta, cuando llegué al departamento la familia me esperaba con globos y pancartas. Naruto no estaba.

—Erick, ¿dónde está?

—Está dormido, estuvo esforzándose mucho hoy, terminó cansado y adolorido por lo que me pidió un sedante. Estaba realmente agotado.

—Le echaré un vistazo.

De espalda y profundamente dormido, descansaba con su brazo izquierdo sobre sus ojos a pesar que la habitación estaba oscura, di un beso en el brazo, no se movió. Me levanté con cuidado de la cama y salí, convencida que habría una mejor oportunidad para que viera a sus hijos.

—Ella llora con estilo—dijo Hanabi señalando a Himawari en los brazos de Tsunade cuando volví a la fiesta. La reunión era animada, la señora Johnson ofrecía un trozo de pastel a Erick y mis chicos descansaban en los brazos de sus tías.

—¡Son tan bonitos!—Karin que sostenía a uno, le hizo una carita graciosa— Sasori, quiero uno así.

—Ohh, nena, estoy dispuesto a empezar a practicar cuando tú quieras —Jiraya le dio un codazo haciendo reír a toda la habitación.

—¿Y Naruto?—Kiba salió de la cocina con dos botellines de cerveza, antes que pudiera contestar, Erick lo hizo por mí.

—Tenten lo dejó exhausto, está trabajando muy duro para

recuperarse. Este es el Naruto que yo conozco, tuve que darle un sedante pues no soportaba el dolor en los músculos.

—Muriel será la enfermera que te ayudará de día y Lucy, de noche — Jiraya prácticamente le arrebató a Eros de los brazos a Hanabi y lo acunó haciéndole caritas divertidas.

—¡Yo también me quedaré!—Hanabi era la más emocionada con sus sobrinos— hay que atenderlos cada cuatro horas, eso dijo el neonatólogo.

—¡Santo Cielo, mujer! No podrás dormir nunca más en tu vida. Sasori, olvida lo que te dije. —El novio de Karin hizo un ademán de contestar pero solo se encogió de hombros y otra vez provocó risas

—Hinata necesitará mucha ayuda, hay que hacerles un horario, con tres pequeñitos, la libre demanda es imposible—recalcó Jiraya.

—¿Cómo lo harás para alimentarlos, querida?—Tsunade se acercó con Himawari en brazos.

—Leche materna y fórmula.

—Pues, si me necesitas, no dudes llamarme. Soy experta en hacerlos botar gases, Sakura y Sasuke pueden confirmarlo. —me dio una sonrisa tranquilizadora.

—Ok, ok —imaginarme a Tsunade, toda elegante y fina sobando espalditas hasta que el bebé eructara fue difícil.

Para cuando se fueron todos estaba exhausta, comprobé si funcionaba el monitor infantil, le di las últimas instrucciones a Lucy y me fui a la habitación, con Naruto.

Él me dio una sonrisa soñolienta al verme y no pude evitar devolvérsela...

—Pensé que dormías.

—Lo estaba, ¿Cómo están los niños?

—Dormidos, al menos hasta las dos de la mañana, en este período solo comen y duermen, ¿quieres verlos? puedo traerlos.

Negó con la cabeza.

—Estás cansada, Dulzura—me atrajo a su pecho—, duerme.

Sentí un húmedo beso en mi cabeza antes de perderme en el mundo de los sueños.

Tres días desde la llegada de los trillizos a casa y él aún no los conocía, siempre tenía una excusa diferente y yo no estaba en plan de presionarlo, bastante agotada estaba con el cuidado de los bebés y no quería discutir con él, más bien, le daba tiempo. Estaba enfocado en recuperarse.

Entré en la habitación encontrándome con Naruto profundamente dormido, caminé hacia el baño tomando una de sus camisas para dormir y al salir respiré profundamente mientras lo observaba, no entendía el porqué de su comportamiento pero le daría el tiempo que me pedía en silencio, sabía que me amaba y amaba los niños, podía notarlo en su risa, en su manera de acariciarme, en la forma en que su mirada se ponía cristalina cuando le contaba algo sobre ellos, pero se resistía a tenerlos cerca y dolía que no se atreviera a compartir conmigo lo que sentía y pensaba.

Dejé un beso en su mejilla y salí al balcón de nuestra sala y me senté en una de las tumbonas de Naruto, no estaba frío y la ciudad entera parecía dormir de este lado de Manhattan.

El estiloso llanto de mi Himawari—como lo calificó tía Hanabi— me sacó de mi pequeño momento de soledad, Lucy no estaba así que corrí a verla.

—¿Qué sucede, pequeñita? ¿quieres salir a pasear con mamá por la casa?

Apenas la tomé de nuevo en brazos, la reina del hogar se quedó callada, sonreí con la picardía de mi niña y me fui a recorrer el piso con ella, la primera habitación en la que entramos era la que ocupaba Hanabi cuando se quedaba, tenía un ventanal que daba a una avenida muy iluminada.

—Mira que linda la noche, ¿te gustan las luces?

Supuse que sí, me dio un par de gorgojeos muy rítmicos como respuesta. No pasaron dos minutos de profunda conversación entre madre e hija cuando llamó mi atención un pequeño post it verde neón con un corazón dibujado y la frase "mi cama es muy grande cuando tú no estás" reconocí inmediatamente la desordenada letra de Kiba.

¿Hanabi y Kiba?

Sí, habían estado sumamente extraños desde hacía algún tiempo, hice memoria y encontré indicios: miradas cómplices, los roces 'accidentales' y la sonrisa tonta en la cara de Hanabi cada vez que Kiba hacía su aparición. —¿Qué te parece, Himawari mía? Tus padrinos tienen un romance.

Kiba era casi diez años mayor que Hanabi, y tendría que hablar con él sobre las intenciones que realmente tenía con mi hermana, sabía que ya no era una niña, pero era mi hermanita pequeña y mi instinto protector, ahora que era madre, florecía como en primavera.

Seguimos el recorrido hasta llegar a la sala y me fui a la ventana, mostrándole otra parte de la ciudad a mi nena. Estaba en penumbras, muy concentrada, cuando un golpe seco atrajo mi atención, me giré y vi a Naruto, en su silla, tratando de cruzar el umbral.

—¡Joder, maldita silla!

—Naruto.

Su rostro se petrificó cuando me vio.

—Dulzura, ¡vas a matarme del susto! Desperté y no te vi.

—Himawari y yo recorremos la casa. Estás usando la silla.

—Bueno, no estabas, yo pensé que algo pasaba.

—Teníamos nuestro momento de chicas y ya que estamos despiertas creo que es un buen momento para las presentaciones—caminé hacia él— Princesa Himawari, te presento a tu papá.

—Dulzura—Naruto desvió el rostro.

—No sé por qué te resistes cuando sé que te mueres de ganas.

—No puedo, me siento tan indigno.

—¡No lo eres!

—No quiero que su impresión de mi sea la de un padre inútil.

—¿inútil? Te estás esforzando, Tenten dice que lo estás haciendo bien, Erick está complacido, estás dando lo mejor de ti y esa es la impresión que va a quedar en tus hijos—me senté en sus piernas con la bebé en brazos — ¡Solo mírala!

Naruto me miró aterrado y luego, desvió sus mirada hasta posarla en el pequeño cuerpo cobijado entre la manta rosa. Himawari, toda una diva, abrió sus ojos y su boca, para después cerrarla delicadamente con una sonrisa.

—¡Demonios eres la cosita más bonita que he visto!—respiró entre cortado—. Mi Himawari preciosa—susurró mientras acariciaba la pequeña mejilla con su dedo.

—¡Nuestra! —lo corregí y él rio mientras nuestra niña daba un gran bostezo.

—¡Maldic...! ¡Ay Dios, mi corazón va a explotar!

—Ten, sostenla—me puse de pie y dejé a la niña en sus brazos.

—Hinata, yo...—había pánico en su mirada así que sonreí y acaricié su mejilla para transmitirle calma.

—Se está llevando la mano a la boca, si no le doy de comer pronto empezará a llorar, tengo que preparar su biberón o se pondrá histérica. Créeme, no le gusta que la hagan esperar.

Él se veía completamente aterrado, aun así la pegó a su pecho y ella, coqueta, se acomodó y le regaló un gorgojeo, ese fue el momento exacto en que el caparazón se quebró y el milagro que tanto soñé se llevó a cabo: Naruto Senju Uzumaki se olvidaba de sí mismo para colocar en primer lugar el amor por sus hijos y, como no podía ser de otra manera, sacó su mejor sonrisa presumida y comenzó a cantarle lo que parecía una canción de cuna.

Me acerqué con pasos suaves hasta que su mirada y la mía conectaron.

—¿Quieres darle de comer?

Le tendí el biberón, algo inseguro, aceptó. Un par de instrucciones y Himawari feliz se alimentaba en brazos de su padre, me mantuve a distancia e inmóvil presenciando cómo la muralla que construyó Naruto para mantenerse aislado en su dolor se caía con cada respiración que daba su hija.

—Es hora de acostarla, no queremos una niña mimada —dije.

A él no pareció gustarle la idea de separarla de sus brazos, Himawari parecía cómoda arropada entre ellos, igualmente tomé a nuestra niña dormida y Naruto me siguió hasta la habitación de los trillizos, donde la dejé en su cuna y caminé hasta donde estaban Eros y Boruto. Ellos compartían una cuna, siempre habían estado juntos y parecían dormir más cuando dormían en un solo lugar.

—Acércate, los chicos también deben conocer a su padre, aunque ahora duermen—sonreí dándole el valor que necesitaba, Naruto movió la silla indeciso hasta acercarse a la cuna, baje la baranda lateral dejándolo a la misma altura de sus hijos.

Lo vi negar con la cabeza, pasar su mano revolviendo sus cabellos y un par de lágrimas traviesas abandonaron sus ojos, llevó su mano libre hasta la espalda de Eros que se removió incómodo tensando a Naruto, sin embargo no se despertó.

—Eros— señalé al bebé que estaba tocando—y Boruto—él sonrió.

—¿Crees que Eros me demandará por su nombre?

—Siendo hijo de quien es...No lo creo— me senté sobre sus piernas —serán un poco arrogantes y creerán que son los reyes del mundo— desordené su cabello—te amaran, serán buenos chicos, los haremos buenos chicos.

Naruto asintió, tomándome de la mano, en sus ojos había un brillo que hacía mucho tiempo no veía.

—Hoy pude sostenerme. —El orgullo podía filtrarse en su voz.

—¡¿De verdad?!

—Solo fueron unos minutos. No quería decirte hasta que no pudiera permanecer más tiempo, o hasta que pudiera dar algunos pasos, quería darte la sorpresa—se veía emocionado.

Lo besé en la boca. Fue un desahogo, un respiro, un soplo de vida más que la acción de juntar sus labios con los míos.

—Te amo, te amo, te amo.

—Voy a hacerlo, Dulzura, voy a recuperarme, ¡quiero esto!—mostró a los hijos que dormían—, quiero todo contigo.

Apoyé mi cabeza en su pecho, me abrazó y comenzó a peinarme con sus dedos. Lloré lágrimas brillantes, dulces, de colores; lloré de felicidad, de amor, de anhelo cumplido. Naruto estaba de vuelta y se quedaba conmigo y con mis hijos.

.

.

.

—Entonces, Kakashi, más que pletórico, estaba orgásmico.

Kiba, sentado al lado de mi hermana, relataba una graciosa anécdota con nuestro ex jefe. Tres meses, el tiempo había pasado tan rápido que no podía creer todo lo que nos había sucedido. La noticia que Naruto y yo nos habíamos convertido en padres se regó como pólvora y varias revistas querían tenernos en sus portadas pero, nos negamos, nuestra prioridad era construir todo lo que estaba dentro del departamento, ahí éramos él, yo y nuestros niños.

—¿Y cómo esta él? —Ino, con su pequeña en brazos, hacía un alto en su conversación telefónica con Sai para preguntarme por el padre de mis hijos.

—Feliz.

—Yo diría medianamente feliz—se burló Sasuke— su felicidad verdadera será el día que tiré las muletas por el balcón—Sasuke se quejó dramáticamente, sacó a su hija del carrito y se paró al lado de Ino e Inojin— Mira qué bonita pareja hacen.

—Lo siento, pero mi hijo está comprometido con Himawari—Ino respondió drástica .

—¿Naruto sabe esto?—Hanabi, siempre atenta a todo lo que se refería a los bebés, intervino—creo que su objetivo es convertir la nueva casa en una fortaleza y no dejará salir a mis ahijados hasta que cumplan cincuenta años.

—Si no lo sabe, lo sospecha. Pero, por ahora, su objetivo es otro, ya dejó la silla, va en camino a la recuperación total.

Medio segundo y el estiloso llanto de Himawari Uzumaki puso término a la agradable reunión, de manera casi mágica y muy sincronizada, todos aquellos que tenían sus manos libres las ocuparon para asistirme en atender a mi pequeña tribu.

Mientras la radio sonaba, Hanabi, Ino y yo nos instalábamos en la sala– como lo hicimos más de una vez en el pasado– a escuchar el programa. Todos los niños, bajo la atenta mirada de Lucy, estaban durmiendo en la habitación que con la presencia de Inojin y su hermana, parecía un tierno campamento de verano.

Habíamos estado en la cocina preparando bocadillos, cuando llegamos a la sala, la luz parpadeante de mi celular me avisaba que tenía un mensaje.

N: Entramos en cinco minutos dulzura
deséame suerte

H: Tu eres Dsex ve por ellos
Te amo

Respondí rápidamente antes de avisarle a las chicas—Ya va a comenzar—dije subiéndole el volumen al estéreo.

Bienvenidos a un programa más de "Hablemos de sexo", soy Lee y esta noche me complace darle la bienvenida a un hombre por el que ustedes llevan tiempo preguntando—se escucharon gritos de fanáticas— DSex, bienvenido.

Damas, he vuelto y esta vez no pienso irme—el corazón me latía desesperado en el pecho, sabía que esto era un gran paso para él, ese programa hacia parte en su vida—. Esta noche tenemos un programa especial para ustedes. Lee, Karin, gracias por dejarme ser nuevamente parte de esta familia.

Te extrañé, DSex—dijo Karin con voz coqueta— Lee, eres un gran amigo, pero este programa no es lo mismo sin ti, mi querido gurú del sexo.

Y por eso esta noche tenemos un programa especial para todos nuestros oyentes. Contestaré cualquier pregunta que hagan llamando a nuestras líneas telefónicas—la voz de Naruto es escuchaba candente y suave —, el tema de hoy es "Cuando el sexo se convierte en amor" Abrimos micrófonos chicos, pero mientras tanto los dejamos con una canción Crystalised de The XX, para ti, Dulzura, por quedarte siempre.

No pude evitar sonrojarme mientras Hanabi e Ino me abucheaban. Cuando la pausa musical acabó fue el turno de Karin de hablar:

Según un estudio de la AESS, tanto para el hombre como para la mujer es posible practicar el sexo sin amor, sin embargo, para nosotras existe una mayor implicación de lo afectivo en todo el tema de la sexualidad.

Eso es porque las mujeres no pueden disociar la intimidad sexual de lo afectivo; las chicas son más racionales que los hombres y por eso, para poder implicarse a nivel sexual con alguien, necesitan, ante todo, la toma en cuenta de sus sentimientos.

Lo escuchaba hablar y era como si nunca hubiese salido del programa, su capacidad de conquistar con la voz y las palabras seguían intactas, había visto lo seguro de sí mismo que estaba en estos días, sus progresos con la terapia eran evidentes y escucharlo nuevamente en acción me tenía llena de su confianza en el futuro.

Quizá por eso también es posible que la promiscuidad se dé con más frecuencia en los hombres que en las mujeres —debatió Lee— porque para el hombre es más fácil prescindir de las emociones. Pero quisiéramos saber que piensan ustedes, las líneas están abiertas para que debatamos.

Ino me pasó el teléfono.

—¿Por qué no lo llamas?

Antes que pudiera reaccionar, alguien ya hablaba con Naruto.

—Hola DSex ¡Cómo te extrañe!

—Yo también te extrañé, Karla, a ti y a todas las chicas de mi harem.

Nos hacías mucha falta. Lee yo te amo pero es que él es DSex— la cabina se llenó de risas, incluída la de la chica al teléfono—. Bueno, más que hablar del tema, quería saludarte y preguntarte unas cositas ¿puedo?

—¡Claro! hoy es un día muy especial y podemos permitirlo.

—Ok. Eres Naruto Uzumaki ¿verdad?

—Bueno creo que ya no tiene caso seguir ocultando mi identidad con todo lo que se ha dicho últimamente, la respuesta a tu pregunta es Sí, mi nombre es Naruto Senju Uzumaki.

—¡Lo sabía! Era el mismo tono de voz, en fin, estoy feliz de ponerle rostro a esa voz, la segunda ¿Es cierto que te casaste con la escritora de "Atada a ti" y que son padres? Además de todas esas cosas que están diciendo los medios.

Los medios dicen lo que las personas quieren escuchar, sí me convertí en padre y no, no me he casado, aún.

—¡Dijo aún!—gritó Hanabi mientras en la cabina se escuchaba la marcha nupcial.

—¡Ahora sí que tienes que llamarlo!—mi amiga estaba emocionada —¡Santo Cielo! tenemos que arreglar todo para la boda, lugar, decoración, flores—y como siempre, exageraba.

—¿Quieren calmarse, par de locas? Yo quiero escuchar.

—¿Sabes cuántos corazones rotos dejarás si te casas?, tú no puedes casarte nunca Dsex, eres nuestro.

Tome mi celular escribiendo rápidamente

Tu eres mío

Escuché su sonrisa en respuesta a mi mensaje.

Anda, dime si tenemos oportunidad contigo, DSex—la voz de la chica fue coqueta, la pequeña flama de los celos se encendió en mí—a mí no me molestaría cuidar un niño.

—Son tres niños de hecho y un perro.

—Ohhh

Sin más, la chica cortó la comunicación.

Karin y Lee comenzaron a bromear al aire con la revelación de la identidad y los trillizos

Tecleé furiosa y muerta de celos.

Quiero salir al aire

¿Qué se creían esas perras? Naruto Uzumaki y los trillizos son míos, ¡que ellas se queden con el DSex! A él lo tienen de lunes a viernes, dos horas al día pero, nada más.

Mi celular sonó.

Hola, Dulzura—me saludó Sasori con burla— ¿vas a retar al hombre? Ya te comunico, las líneas están a reventar, miles de nenas locas por el retorno de Naruto ¿Estás segura que fue buena idea que regresara? — Me reí porque sabía que el regreso de Naruto traería al programa una pequeña revolución.

—¡Por supuesto! Todas aman al Doctor Sex.

Afortunadamente tú tienes pase VIP, solo porque tu hija me enamora cada vez que la veo, pienso convertirla en la madre de mis nietos.

—Si Naruto se entera, eres hombre muerto.

Lo sé —rio—cuando acabe con esta chica, es tu turno. No cuelgues.

Esperé pacientemente hasta que terminara de hablar con la otra chica, Hanabi e Ino trataban de calmarme pero, me estaban poniendo nerviosa.

—"Hablemos de Sexo", nuestro programa de hoy "Cuando...

—Sé de lo que va el programa, pero antes quiero saber ¿has tenido sexo con una mujer por el simple hecho de masturbarte en una vagina?

No hubo respuesta, la línea quedó muerta por unos segundos.

—Vaya, te he dejado sin palabras, Doctor Sex, bueno ya que al parecer esta vez el ratón se ha comido al gato, te diré lo que yo pienso: una vez una amiga me dijo que el sexo por sexo era jugar con fuego, luego entendí que no te llevas a la cama a una persona por la cual no sientes al menos empatía, siempre hay algo más escondido entre las sábanas ¿química? ¿gusto? ¿atracción? puedes llamarlo como quieras.

Naruto aclaró su garganta antes de hablar.

Para responder tu pregunta, la última mujer que me llevé a la cama, me retó, ella era un gatito escondido bajo sus gorras de béisbol y sus pantalones cortos ¡dichosa moda Hípster!. Más que deseo, fue un reto. Quería saber qué había debajo de la tela, saber si sus pechos eran grandes o pequeños, rosas u oscuros, quería averiguar si su pelvis estaba completamente depilado o si sus rizos vaginales serían del color oscuro de su cabeza yo quería malditamente quemarme. '

—¿Y te quemaste? —coqueteé un poco. Las chicas me hacían porras.

Ardí en el jodido infierno. Ella, de un reto se convirtió en mi todo.

¡Ups! Creo, señoras y señoritas, que DSex ha sido cazado —Lee se burló.

—¿El gurú del sexo está enamorado? ¡Lo pierden, chicas!—me burlé al teléfono— haz roto el corazón de mi hermana, Naruto ¿No te importa si te llamo Naruto?

Solo si no te importa que te llame Dulzura. Apuesto que debajo de tu infinita prepotencia no eres más que una sumisa a la hora de la cama. Ahora que yo ya respondí, Dulzura, es mi turno preguntar ¿Te has llevado a la cama alguien por el mero deseo de copular? Te la voy a dejar muy fácil, respóndeme después de esta pausa musical.

Justify My Love de Madonna se escuchó, por un momento pensé que él me hablaría, pero no lo hizo, me mantuvo en la línea por largos cinco minutos, luego mandó a una pausa publicitaria, estaba haciéndolo a propósito, estaba a punto de colgar cuando su voz se escuchó nuevamente pero no como la voz de mi Naruto, si no como la del conductor radial de hablemos de Sexo.

—¿Dulzura?

—Aquí estoy—respondí.

Te he dado unos buenos minutos para que pienses una buena respuesta a mi pregunta, Por favor no me decepciones.

—Bueno, el último hombre que me llevé a la cama me parecía un prepotente, cuando me ofreció sexo no voy a negarte que la curiosidad fue lo que me llevó a decirle que sí, aunque era un jodido idiota, quería saber si era tan bueno como aparentaba. Aun así no se lo dejé tan sencillo, estuvo tras de mí varios meses antes de poderme llevar a su cama.

Escuche su risa a través del auricular.

—¿Y era bueno?

—Un jodido maestro. En fin, creo que nos desviamos del tema, en mi opinión no hay sexo por sexo, siempre hay algo más que nos impulsa a llevar esa persona a la cama, digo, no es como que con una mera sonrisa vas a meterte entre mis bragas, imagino que para ti es muy fácil ya que, eres guapo y todo eso que dicen, llevas a la cama a una chica y vuelan chispas, y llegas a tu apartamento y dices ¡soy un jodido crack!

» Pero por ejemplo para mí, si me enamoras con algo más que tu sonrisa ensayada y tus palabras vacías y carentes de emoción, tendrás mi sexo, pero también mi alma, lo primero pueden tenerlo muchos, lo segundo solo uno, el único y especial ¿no querrías ser tú especial? ¿el único? ¿el rey? ¿mi amo?

Naruto rió una carcajada como hacía mucho tiempo no escuchaba, me hizo reír también.

Yo diría que tendrías que tener un coño de oro.

—Pues cariño, tengo diamantes incrustados en el clítoris.

Hanabi e Ino estallaron con gritos y risas, les hice señas para que se callaran y les indiqué hacia la habitación de los niños.

—¿Oro y diamantes?

—Y el que lo posea, se volverá loco de placer.

Interesante.

—Muy interesante y lo sabes. Tú y yo, cariño, somos la prueba viviente de que el sexo puede convertirse en algo mejor — y antes que pudiera decir algo más colgué.

Por el aparato de radio se escuchaban sus carcajadas, se sentía feliz, emocionado y eso me hacía tener una sonrisa estúpida en mi rostro.

—¡Eres mi ídola, hermanita!

—¡Amiga, empezaste más tarde que todas y ya ganaste la carrera!

Me abrazaron y dieron saltitos conmigo por la sala hasta que mi teléfono, que había caído al suelo, sonó.

—Es el dueño de la vagina de oro y diamantes —Hanabi me pasó el celular.

—Dejemos que hable sola, acompáñame a preparar a los niños, hoy te toca venir conmigo a casa. —dijo Ino a mi hermana.

Hice un gesto de aceptación y tomé el teléfono

—¿Hay intrusos en casa, cariño? —su pregunta fue coqueta.

—Solo Hanabi e Ino, pero ya se van.

Estaré allá en treinta minutos y espero que estés desnuda en el sofá. Me siento el dueño del mundo y quiero disfrutar de mi tesoro.

FIN