Bueno a pesar de los inconvenientes de ayer POR FIN les traigo la ansiada Batalla de Hogwarts. He tratado de mantener el canon original, incluyendo a Draco en la historia y por supuesto todos los cambios que eso conlleva.

¡GRACIAS, MILES DE GRACIAS! Sus comentarios me alegran demasiado, siento que estoy haciéndolo bien y solo por eso quiero seguir...

¡Abajo les dejaré una pequeña sorpresa! Ya verán de que se trata y ahora sin más preámbulos, disfruten de este gran capítulo.

CAPÍTULO XII

-Es la hora. - bramó Bill Weasley tomando la mano de su esposa.

Draco y ellos estaban sentados en la sala esperando la lechuza que acababa de arribar. Bill tomó la carta que el ave sostenía y la abrió con torpeza.

-Fueron vistos en Hogsmeade. Nos necesitan en Hogwarts ya mismo. Es hora de tomar el control. -dijo mirando a Draco.

-Está bien, así es como debe suceder. - confirmó Draco respirando por primera vez en todo el día. Lo habían logrado, escaparon de esa maldita bóveda.

-Bien, vámonos Fleur ¿Tu estás seguro que puedes aparecerte directamente en Hogwarts?

-Si, Snape permitía a los estudiantes de Slytherin aparecernos. No habrá problema.

-Perfecto. Espera veinte minutos y haz lo que tengas que hacer. - dijo Bill tomando la mano de su esposa.

-Suerte. - murmuró Fleur. Draco asintió y ambos desaparecieron.

Ella estaba bien. Lo habían logrado.

Se pasó las manos con nerviosismo por el cabello desordenándolo. Subió los escalones de dos en dos hasta llegar a la habitación de ella. Entró y su olor nubló todos sus sentidos, cerró los ojos para recuperar el control y caminó hacia la comoda. Abrió el primer cajón y dejó el Giratiempos sobre el horrible pijama rosa, que la mamá del Pobretón le había mandando a ella. Sonrió al recordar el día que se lo vio puesto.

-En serio te ves mucho mejor usando "nada" que esa cosa. - dijo él enfatizando las comillas con sus dedos.

-Tu siempre vas a preferir verme sin "nada" Draco. - dijo ella imitándolo, sonriéndole.

Que feliz era cuando ella le sonreía.

-Tienes razón.

Le hacía demasiada falta.

Dejó el Giratiempos y bajó rápidamente a la sala. Vio el reloj de pared y los veinte minutos habían pasado.

-Voy por ti. - murmuró desapareciéndose.

Draco se materializó tal y como la última vez en las mazmorras. Observó a todos sus compañeros de Slytherin ser escoltados de nuevo a los calabozos. Perfecto, esta vez se aseguraría de que Gregory y Blaise en específico no se desviaran del camino.

-¡Draco has vuelto!

Genial, de todas las personas que pudo verlo tuvo que ser justamente ella.

-Pansy. - respondió con sequedad.

-¿Donde has estado? Nos dijeron que habías desertado, dime que no es verdad eso.

-¿Y ponerme del lado de Potter? Jamás. - mintió regalandole su mejor sonrisa de medio lado.

-Es un alivio oír eso amor. - Draco se estremeció al escuchar el apodo que la chica le dio - nos quieren llevar a los calabozos. Tenemos que hacer algo para evitarlo.

-¡Muévanse!- gritaba Filch desde adelante, escoltándolos.

-Escúchame bien Pansy. Asegúrate de llevarlos a todos al calabozo, sin excepciones. No podemos levantar sospechas. Vendré a buscarlos cuando sea el momento oportuno. - dijo Draco tratando de convencerla.

La chica se quedó unos segundos sopesando las palabras que le había dicho. Parecía saber que mentía. Antes de que replicara alguna estupidez la tomó de la nuca fuertemente y le estampó un beso agresivo. Intento hacerle sentir que la había extrañado. Esperaba haber actuado bien.

Y parecía que si lo hizo. La chica estaba sonrojada y su respiración se entrecortaba.

-Te extrañe demasiado amor. Cuando esto termine nos vamos a divertir mucho. - murmuró para terminar de convencerla.

Sus ojos brillaron pero no eran como los de Granger, no para nada. Asintió y se fue corriendo tras la manada de Slytherins.

Solo para asegurarse murmuró Imperio y le ordenó a través de sus pensamientos que se encerraran y no dejara salir a nadie. No es que no confiara en sus encantos, es que los niveles de estupidez de esa chica eran insospechados, era mejor no arriesgarse.

Listo, al menos a los Slytherins los tenía controlados. Camino rápidamente por los pasillos cuidando de no ser observado. Llegó a la sala de los menesteres y la puerta se materializó frente a él. No podía esperar a verla. Los nervios de saber si estaba bien lo estaban carcomiendo.

-¡Granger! ¡Potter!

-¿Draco?- siguió la dulce voz que le hizo tanta falta en esos dos dias, para encontrarla ahí de pie, en una pieza, junto a sus amigos.

Ella estaba bien. Estaba viva. Corrió hacia él y lo rodeó en un fuerte abrazo que correspondió al instante.

-Me alegra que estes bien. - susurró muy bajito para que solo ella escuchara. Era muy consciente del par de ojos que los miraban con estupefacción.

-Ahora estoy mucho mejor. - respondió ella.

Un carraspeo los devolvió al presente.

-Aquí está la diadema. Tenemos que destruirla. - dijo Potter, intentando pasar por alto lo que acababa de presenciar.

-Espera, tengo una idea. Vamos afuera. - dijo Draco recordando el fuego maldito que Goyle conjuró.

-Como ya saben, Goyle y Zabini vinieron conmigo. Gregory conjuro un Fyendfire que casi nos mata a todos pero ustedes nos salvaron, Greg lamentablemente resbaló y murió antes de eso. En ese momento perdiste la diadema. - explicó, caminando rápidamente a la salida con todos siguiéndolo.

-Tal vez nos sea de utilidad, es una maldición poderosa que destruirá lo que sea que haya adentro. - agregó Harry.

-Pero esa maldición es letal, no podremos controlarla. - dijo Hermione.

-Yo si, además, la última vez la Sala de los Menesteres contuvo el fuego. Lo hará nuevamente.

Todos asintieron. En realidad después de destruir la copa en la cámara de los secretos no tenían más ganas de enfrentarse a esos malditos Horrocruxes.

Y así lo hicieron. Después de que Draco conjurara el fuego, salieron de la Sala de Menesteres, apuñalaron el Horrocruxe con el colmillo de basilisco que los tres recuperaron de la cámara de los secretos, y tal como se lo esperaban, una horrible maldición en forma de calavera salió de la diadema la cual Weasley, pateó con fuerza dentro de la sala.

La Sala de Menesteres, como si supiera lo que tenía que hacer, cerró sus puertas y contuvo la maldición y el fuego.

Todos se miraron en silencio.

Y tal como pasó la última vez, Potter se retorció en el suelo. Estaba empezando a preguntarse si debía decirle que también era un maldito Horrocruxe. Al ver la cara de Granger pensó que tal vez ella ya lo empezaba a suponer.

Pero no debía decir nada. Por algo el viejo loco de Dumbledore nunca lo hizo. Debía averiguarlo por si solo. Aunque aún no sabía cómo lo haría.

-Es la serpiente, Draco tenía razón, es el último. - dijo respirando con dificultad.

-Amigo, entra en su mente una vez más, ve donde está y donde tiene a la serpiente. Si lo encontramos, ganaremos. - dijo Weasley arrodillándose junto a Potter.

Éste cerró los ojos y luego de unos segundos los abrió.

-Ya se donde está.

Ron le tendió la mano y lo ayudo a ponerse de pie.

Hermione aún no decía nada. Se veía realmente afectada, Draco tomó su mano y le dio un leve apretón.

Ella correspondió al gesto y se puso en marcha, todos la siguieron.

Corrían a través de los pasillos abarrotados de cuerpos. Ver a tantos compañeros muertos le causaba la misma sensación que la primera vez. Y es que esta vez, él era consciente de sus actos y dueño de sus acciones.

Entonces lo recordó.

-¡Weasley espera! - gritó Draco pero era demasiado tarde. Habían doblado en ese pasillo y a juzgar por lo pálido que se puso, asumió que ya lo había visto.

El cuerpo inerte de su hermano Fred.

-¡Espera no! - lo sujetó con fuerza y escuchó una risa a su derecha. Esa maldita risa endemoniada digna de una bestia sedienta de sangre.

-Vaya, vaya ¿Que tenemos aquí?

-Somos cuatro contra ti, se que pensar nunca fue lo tuyo Greyback, pero deberías largarte. - escupió Draco.

-¿Y perderme la diversión? - gruñó. Un hilo de sangre corría por su barba desaliñada.

-Potter llévate a Granger y háganlo ¡Ya! - gritó Draco sin dejar de apuntar al hombre lobo con su varita.

La última vez Weasley se había lanzado sobre el cuerpo de su hermano y Greyback lo tomó por sorpresa. Matándolo en el acto. Potter lo mató después de eso, pero ya era tarde. Tanto él como Granger se desmoronaron.

Draco había presenciado todo y estaba listo para atacarlos, pues él estaba bajo la maldición Imperio, pero cuando Voldemort pidió a sus fuerzas retirarse logró resistirse y manipular su orden explícita de llevarle a Potter y solo se desapareció, obedeciendo a su llamado.

Esta vez, sería diferente y sospechaba que marcaría una gran diferencia.

Harry sujetó a Hermione y la arrastró con fuerza.

Ron y Draco voltearon al mismo tiempo para comprobar que ya se habían ido y ambos vieron a Hermione pronunciar en silencio un "te amo".

-Déjame decirte que no me sorprendió cuando supe que habías desertado muchacho. No tienes estómago, eres un cobarde al igual que tu padre. - escupió el hombre lobo.

-Te equivocas, maldito perro. Pero vas a comprobarlo con tus propios ojos. - siseó el rubio.

Ron a su lado mantenía la varita firme. Al parecer ya había deducido lo que pasaba a continuación en el futuro.

-Petrificus Totalus - gritó Ron sorprendiendo a Draco y al hombre lobo, dándole de lleno en el pecho.

-¿En serio Weasley? - dijo Draco sin poder evitar burlarse.

Ron tenía un semblante oscuro. Las lágrimas caían libres por sus ojos. Alzó la mirada una sola vez y tomó a Draco de la túnica fuertemente.

-Te voy a decir dos cosas que vas a hacer sin chistar ¿Me entendiste? Porque sino, te juro que te mato. - Ron lo sujetaba con tanta fuerza que lo levantó uno poco del piso. Pronunció las palabras entre lágrimas, con tanto dolor y desprecio que casi no le entendía. Pero si lo hizo.

-Primero, si algún día, vuelves a aparecer en su vida, vas a cuidarla. - dijo amenazándolo - Si me entero que le hiciste algo, si la lastimas, sabrás de primera mano las mil y un maldiciones que puedo conjurar ¿Me entendiste?- preguntó golpeándolo contra la pared.

Draco podía darle una patada en sus partes más sensibles y callarlo de una sola vez. Pero algo le decía que se lo debía. Debía escucharlo.

-¿Y la segunda? - escupió éste con desdén.

-Lo segundo, harás gala de las maldiciones que aprendiste los últimos años, y haz que sufra ese maldito perro. - murmuró con lágrimas saliendo de sus ojos. Soltó a Draco lentamente y éste, con una sonrisa de medio lado, asintió.

Después de soltarlo, corrió y se desmoronó sobre el cuerpo de su hermano Fred.

Al ver al pelirrojo llorar sobre su hermano, algo se removió en su interior. Esos gemelos siempre le habían caído bien y no pudo hacer nada para evitar su muerte, otra vez.

Miro al maldito hombre lobo y se situó sobre él. Le dio una sonrisa perversa y situó su varita sobre su garganta.

Murmuró el hechizo en voz baja, pero no lo suficiente para que Greyback lo escuchara y a juzgar por sus ojos bien abiertos, si lo hizo.

Empezó a atragantarse con su lengua y los ojos se le salieron de sus cuencas. La sangre salía a borbotones de su garganta. Toda esa sangre, era de gente inocente.

No podía moverse, no podía gritar y no podía retorcerse. Así se quedó. Inmóvil, desagrandose y ahogándose en su propia sangre y en el dolor de sus heridas.

Volteó a ver a Ron y se encontró con su mirada oscura. Vio cómo inclinaba su cabeza y supo que ese sería todo el agradecimiento que recibiría de su parte.

En ese momento, Voldemort hizo el llamado a sus fuerzas para retirarse y a Potter para encontrarlo en el bosque prohibido. Tal y como la última vez.

Cuando hubo pasado el momento de pánico, ayudó a Ron a llevar el cuerpo de su hermano al Gran comedor.

Uno pensaría que ya estarías acostumbrado a ver gente morir en una guerra que llevaba años pasando, por lo menos para él, ya habían pasado dos años, viendo cosas muchísimo peores.

Pero volver a estar ahí, en el lugar donde vivió los mejores momentos de su vida, (porque aunque todos pensaran lo contrario, odiaba aquellos largos días en su mansión con su padre dictador) y verlo destruido, con los miles de cuerpos de sus compañeros sin vida, era igual o más duro que la última vez.

Vio a los Weasleys correr hacia ellos. La señora Weasley seguía viva al igual que la pelirroja menor y el otro gemelo. Tomaron al chico Fred (lo supo porque así lo llamaban), su madre lo examinó. Palmeó sus mejillas, le rogó que despertara. Pero no obtuvo respuesta.

El otro gemelo se tiro sobre el cuerpo de su hermano, profirió un gemido horrible y lloro sin retener ni una sola lágrima.

Estaban destrozados, Draco se sentía mal por no haber podido evitar la muerte de ese chico, pero al menos no todos habían muerto como la última vez y eso debía darle un poco de paz a su conciencia.

Pero al verlos ahí, retorciéndose entre lágrimas, golpeando el suelo con sus puños y sollozando, entendió que nada lo haría.

Al igual que ellos, todos perdieron a personas importantes. Personas que nunca volverían. Personas a las que nunca volverías a tocar ni abrazar.

De repente la imagen de Hermione llegó a su mente ¿Donde estaba? El pánico lo inundó por breves segundos hasta que escuchó las puertas del Gran Comedor abrirse y la vio entrar junto a Potter.

Ella era una persona importante para él y ¿Acaso importaba si era sangre sucia, mestiza o sangre pura? Le importaba y punto. El amor no conocía de categorías, barreras ni reglas. Era así de sencillo. Nunca lo había entendido porque no sabía lo que se sentía. Pero ahora si.

Corrió hacia ella y la abrazó con fuerza. No sabía si le estaba haciendo daño pero no le importaba.

La amaba.

Se separó suavemente de ella, tomó su rostro en sus manos y lo alzó levemente para verla a los ojos.

-No se si ese "Te amo" iba dirigido a mi y la verdad es que me tiene sin cuidado. Te amo y eres lo mejor que me ha pasado en mi puta vida.

Sus ojos brillaban como tanto le gustaba a él, solo que esta vez lágrimas salían de ellos y una pequeña sonrisa se formó en sus labios.

-Que idiota eres Draco Malfoy ¿En serio dudaste de que era contigo? - dijo y le dio un pequeño beso en los labios.

Draco se sentía la persona más afortunada del mundo. No se la merecía, pero por alguna extraña razón, los dioses pensaban que si. Que tal vez sus recientes acciones podrían redimirlo de alguna forma.

Él la soltó con recelo. No quería dejarla ir. Pero aquellas personas, eran su familia, sus amigos y la necesitaban. Y ella los necesitaría a ellos también.

La dejó ir y se sentó en un rincón del Gran Comedor.

No ignoró las miradas que algunos le dirigían y tampoco le molestaron.

Tenían toda la razón de mirarlo con odio y rencor. Su gente les había hecho esto. Su padre era uno de los líderes. Su tía una de las más grandes asesinas. Él era un mortifago en sí.

Tenían todo el derecho de escupirle en los zapatos.

-Señor Malfoy. - la voz del viejo chiflado de Slughorn lo saco de sus deprimentes pensamientos.

-Profesor. - dijo con un asentimiento de cabeza.

El viejo parecía querer decirle algo pero no hallaba la manera de hacerlo.

-Su tia... murió. Se lo digo porque no creo que vayan a encontrar un cuerpo. - dijo con cuidado.

Una sonrisa se formó en su rostro, que bien que literalmente la hicieran desaparecer del planeta.

-Pues no sabe cómo me alegra escuchar eso.

Su respuesta lo sorprendió, obviamente. Pero parecía que aún quería decirle algo.

-Y... Severus - Draco le dirigió una mirada aterrada al escuchar el nombre de su padrino. - El profesor Snape, también. Se que ambos eran muy afines. - terminó de decir colocando una mano regordeta sobre su hombro en un inútil gesto de apoyo.

Como si ese gesto evitaría el dolor abrasador que lo inundó.

Como si ese gesto lo haría olvidar todas las horas que ese pobre desgraciado dedicó a enseñarle.

Como si ese gesto lo traería de vuelta.

En el futuro, nunca supo cómo murió pero supuso que fue durante la misma batalla, ya que nunca volvió y nunca encontraron su cuerpo.

Vio a Potter salir del Gran Comedor. Se levantó y lo siguió.

-Potter - lo llamó, éste se dio la vuelta, parecía un Inferi - ¿Mataron a la serpiente?

El chico negó.

-No pudimos, llegamos, lo vimos asesinar a Snape y desapareció.

-¿Lo asesino él? - su sangre empezaba a hervir. Maldito mestizo. Ni siquiera sus más fieles seguidores se salvaban de sus garras.

-Él y Nagini. Si me disculpas, tengo algo que hacer. - Potter se marchó dejándolo ahí, destrozado.

No pudo haber sido una muerte rápida y sin dolor. Ahora si sentía de primera mano lo que experimentaban todos en ese salón.

Pérdida y dolor.

Inminente dolor.

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Draco tuvo que contener a Hermione cuando Harry le dijo que se iría al Bosque Prohibido. Había descubierto por fin, que él también era un Horrocruxe.

Ella lloró por lo que parecieron horas sobre su hombro, aferrando con su otra mano a Ron, quien también lloraba en silencio.

¿Como es que no vio venir esto?

Potter iba a morir otra vez. Pero al menos esta vez solo quedaba la maldita serpiente. Tenían que buscar la forma de asesinarla.

Un revuelo en las afueras del castillo se escuchó.

Todos empezaron a salir para ver de qué se trataba.

Era él. Voldemort seguía vivo y su serpiente estaba ahí su lado.

Los mortífagos, eran muchos, pero no tantos y ahí en primera fila los vio.

Sus padres.

No se molestaron en ocultar el desprecio en su mirada y él tampoco lo hizo.

Aunque agradecía que aún siguieran vivos y que su madre se veía fuerte y joven, los seguía odiando. Por haber escogido el camino equivocado, por haberlo hecho sufrir lo que sufrió.

Por ser parte de los responsables de la gran masacre que se estaba llevando a cabo.

Tenían una fortuna, más de diez mansiones, una familia ¿Por que tuvieron que arriesgarlo todo? ¿Por que no pudieron mantenerse al margen? Todo por la maldita pureza de la sangre. Pues el tiro les había salido por detrás. Porque su único hijo y heredero estaba enamorado de una Sangre sucia. Y se lo tenían merecido.

Más que merecido. Solo deseaba poder restregárselo en sus caras.

Voldemort llamó la atención de todos y señaló un cuerpo inerte que cargaba el semigigante.

¿Era ese...?

-¡Nooo! - gritó Ginny Weasley. Su padre la sostuvo fuertemente y empezó a sollozar.

Hermione ahogó un grito y Weasley la abrazo. Ambos lloraban por la muerte de su amigo. Todos se derrumbaban ante sus ojos.

Tenía que mantenerse de pie. Por ellos, por todos los que ya no aguantaban más.

-¡Únanse a mi o morirán! - gritó Voldemort.

Nadie movió un solo dedo. Él todavía estaba pensando en un salida, se les acababa el tiempo, iban a perder de nuevo, necesitaban un plan...

-Draco... - escuchó que alguien lo llamaba, pero no supo identificar aquella voz.

-Draco, ven hijo. - su madre. Draco no pudo ocultar su sorpresa.

No pensaba moverse ¿Estaba loca?

Pero al verla a los ojos supo que había algo. Algo que ella sabía y él no.

Tenía que acercarse a ella.

Tenía que...

Sabía que lo odiarían más de lo normal, pero debía hacerlo.

Sus pies lo llevaron al centro, donde Voldemort se encontraba de pie esperando.

-¡Ah Draco! Como me alegra tenerte de vuelta, tengo grandes planes para ti - siseó como la propia serpiente en su oído. Espera sentado, maldito mestizo, se dijo a sí mismo.

Camino con pesar sintiendo todas las miradas de odio en su espalda. En especial la de ella.

Y aunque le dolía imaginarse todo lo que ella debía estar pensando de él, tenía que ignorarlo. Apagar sus emociones e idear una forma de sacarla de ahí.

Pero antes necesitaba saber que se traía entre manos su madre.

Llegó a ellos y contrario a lo que pensó, ambos lo abrazaron con fuerza.

-Está vivo - susurro su madre con alivio, tan bajito que pensó que se lo había imaginado.

Pero al verla nuevamente a sus hermosos ojos azules, supo que no.

Sintió una varita pasar entre sus dedos. Bajo la mirada sutilmente y se encontró con la varita de Potter.

Lucho fuertemente por contener su sorpresa, hasta que escuchó la voz de Longbottom pronunciar un emotivo discurso.

Y de la nada o mejor dicho, del sombrero seleccionador, saco una espada. La reluciente espada de Godric Gryffindor que habían acordado como pago al duende.

Todos se pusieron en posición de ataque y un segundo después Potter cayó al suelo y se puso de pie ante los furiosos ojos de Voldemort.

Sin pensárselo dos veces, corrió hacia él y le lanzó su varita.

-¡Potter! - gritó, el chico se volteo justo a tiempo para tomar la varita y defenderse de una maldición.

-¡Confringo! - bramó, dándole a la serpiente pero a esta nada le pasó.

Draco sintió un tirón en su brazo y se encontró con los suaves ojos de su madre.

-Es hora de irnos Draco.

-¿En serio piensan huir? ¿Después de todo el daño que han ocasionado? - reclamó Draco. No esperaba nada de ellos pero al menos quería una excusa para no sentirse avergonzado de ser su hijo.

-¡Nos vamos a tener que pudrir en Azkaban! ¡No lo entiendes muchacho estupido! - gritó Lucius temblando, no sabía si de rabia por haber perdido o de miedo porque los atraparían pronto.

-Pues es donde deberían estar las personas como tu Padre. No tienes ni idea del infierno que he soportado gracias a ustedes. - Los ojos de su madre lo veían con confusión. - Ahora lárguense, antes de que los aturda y entregue yo mismo. - amenazó entre dientes. Le sostuvo la mirada a su padre por un minuto y luego éste escupió a sus pies y se dio la vuelta, marchándose sin decir nada más.

-¡Rápido Narcissa! - gritó su esposo entre todo el bullicio.

Habían maldiciones saltando por doquier.

Draco se dio la vuelta sin esperar nada más de ellos hasta que la suave mano de su madre tomó la suya.

Le dirigió una última mirada, solo para recordar a aquella mujer que había dejado atrás. Por lo menos ahora tendría la oportunidad de un destino mejor.

Pero al verla, sintió que era ella. Sintió que ella sabía. Era absurdo que supiera, pero una parte de él deseaba que así fuera.

Ella se acercó y le dio un fuerte abrazo.

Él no sabía que hacer ante esa muestra de afecto de su parte, no estaba acostumbrado. Respondió a su abrazo a modo de despedida. Inhalo su aroma una vez más y dejo ir con ella todo lo que alguna vez fue.

Sus prejuicios, su apellido, su título, su herencia, su miseria, todo.

Estoy orgullosa de ti, Draco. Te amo.

Su susurro le caló hasta los huesos. Los ojos se le llenaron de lágrimas y sintió un gran peso desaparecer de sus hombros, y es que en ese momento supo, que la perdonaba.

Por fin, lo hizo.

La vio alejarse con su padre. Le dedico una ultima mirada a él y le regalo una hermosa sonrisa. Luego, se esfumaron.

Como si nunca hubieran estado ahí.

Como saliendo de un trance, Draco se dio la vuelta para buscarla. No la veía por ninguna parte.

Lanzaba maldiciones a cada maldito mortifago que veía a medida que iba corriendo.

Llegó al Gran Comedor y vio a Luna Lovegood ser aturdida por Yaxley.

-Esta perra nos puede servir para muchas cosas, se ve que está sin tocar. - bromeó Yaxley con Montague. Ambos se rieron como los degenerados que eran.

Draco eliminó a Montague que estaba de espaldas y se defendió a tiempo de una maldición de Yaxley.

-¿Que pasa Malfoy? ¿Estás buscando a papi y a mami para poder huir? - provocó Yaxley con esa asquerosa sonrisa.

-Lamento decirte que para estos momentos ya deben estar en Norte America chico. ¡Son tan cobardes que se fueron sin su hijo!- se carcajeó el mortifago.

Draco atacó pero el desgraciado se defendió a tiempo.

-Al menos vivirán más que tú Gorila depravado, tienen dos mansiones y varias cuentas en el extranjero. - siseó con una sonrisa socarrona - en cambio tú o te mueres como un perro hoy o vas directo a Azkaban.

Yaxley ardía de rabia. Odiaba a esos Malfoys y se encargaría de destrozar pedazo a pedazo a este engendro.

Un rayo azul salió de la varita de Draco y Yaxley lo bloqueo con éxito. Envío un rayo verde a Draco que casi le da en la pierna.

Lástima.

Intento de nuevo esta vez directo a la cabeza y el mocoso lo desvió con éxito.

-¡Diffindo! - gritó Draco dándole en un brazo. El mortifago se carcajeó más fuerte que la última vez.

-¡Muy bien mocoso! Me acabas de hacer un corte en el brazo ¿Ahora que? ¿Buscamos una bandita? ¡Circum Rota! - bramó elevando una piedra gigante y lanzándola contra Draco. - ¡Atabraquium! - gritó el mortifago provocando que las manos de Draco estuvieran atadas por una cuerda invisible.

Lo levito y lo pego contra un muro.

-Te voy a arrancar las extremidades una a una sabandija y te voy a dejar aquí colgado, para que cuando vengan a hacer recuento de daños, salgas en primera plana de El Profeta. - siseó su asqueroso aliento en su cara.

Draco estaba adolorido por el golpe de aquella roca y sentía algo caliente bajar por su frente.

Iba a morir y no pudo verla una última vez.

Pero al menos moriría tranquilo. Ella estaría bien. Tenía a Potter (milagrosamente) y a Weasley. Solo quedaba la serpiente.

-Tus papás lo verán, algún día muchacho, lo malo es que quizás no se enteraran a tiempo para tu entierro y por ser tú, imagino tiraran tu cuerpo en una fosa común. - se carcajeó una vez más - Bueno te prometo que intentaré estar ahí chico. Así no estarás tan solo.

-No está sólo.

No pensó Draco. ¿Que hacia ella aquí?

-¡Confringo! - la escuchó gritar.

Sintió algo caliente salpicar su rostro y miles de escombros volar sobre él.

Luego todo se puso negro.

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N/A: Bueno, lamento dejarlo hasta aquí pero era Justo y necesario jeje. Mañana sin falta el capítulo 13 y sorpresa, tendremos capítulo 14, que será el final de este fic.

Aún no he escrito el epílogo porque como ya les dije tengo una sorpresa para ustedes. Estoy pensando en hacer un short fic, llamado 2 años y un mes, creo que por el nombre, ya saben de que tratará, me han animado muchísimo al saber que disfrutan de esta historia tanto como yo, así que pensé ¿por qué dejarlo hasta aquí?

Quiero leerlas, saber que opinan y si están de acuerdo.

¡GRACIASSSS POR SU APOYO!