Mi Girasol
Prologo
Toneri
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Odiaba Nueva York, odiaba el bullicio, lo que representaba, incluso los recuerdos que traía, puesto que estos empañaban los buenos tiempos.
Mientras el auto recorría las concurridas avenidas. Fûka apretó mi mano, ella entendía, siempre entendía, desde que nos conocimos treinta años atrás, ella se tomó el trabajo suplir todas mis necesidades; como hombre, como amigo, como dominante, esposo y amante, la amaba, no se lo decía a menudo; pero la amaba.
Cerré los dedos entorno a su mano sin mirarla, observando a la gente correr de un lugar para otro, siempre con prisa, miré por el pequeño espacio entre la silla y la carrocería del auto. Mitsuki golpeaba sus dedos en la ventana de su asiento.
Durante veintiséis años he visto a este chico convertirse en hombre, lo he visto tímido, sonrojado, curioso, incluso más de una vez lo he visto nervioso – culpen a su madre–, pero nunca lo había visto como hoy.
Los empleados de la sucursal de Nueva York querían darme un reconocimiento especial este año, mi esposa había insistido en que viniera y aunque odiaba la maldita ciudad, adoraba mi empresa, mi imperio Õtsutsuki Building.
Mitsuki había estado seis meses en la sucursal revisando proyectos, avalando negocios, empapándose y preparándose para hacerse cargo de la empresa en general. Miré su reflejo en el vidrio, estaba mordiéndose la mejilla derecha y constantemente se peinaba el cabello hacia atrás intentando dominar el desastre que tenía por cabello. Nos había dicho que tenía una noticia que darnos, por ello nos estaba invitando a comer al restaurante favorito de Fûka.
El chofer detuvo el auto frente al restaurante Barbeta, Mitsuki fue el primero en salir, abrió la puerta para su madre y sonrió ante la caricia en la mejilla que le dio mi esposa. Se ajustó el traje y respiró profundamente.
—Mesa para Õtsutsuki —musitó al maître que inmediatamente nos llevó a una mesa en centro del restaurante.
Odié la ubicación, cuando optaba por cenar fuera escogía mesas que estuvieran escondidas o cerca de las paredes, donde tuviese menos contacto con las personas a mi alrededor. Esta era una mesa grande y rápidamente noté que había seis sillas. Alcé una ceja hacia mi esposa que simplemente se encogió de hombros. Miré a mi hijo pero intentaba decir algún secreto al mesero.
—¿Esperamos a alguien? —señalé las sillas restantes una vez el mesero se fue.
—Sí —murmuró Mitsuki entre dientes. Se alisó las mangas del saco y aflojó el nudo de su corbata.
—¿Qué sucede, Mitsuki? ¿Hay algún problema con la empresa? ¿Contigo?.
Él tomó la mano de su madre y dejó un beso en el dorso antes de contestar.
—Estoy bien, mamá, un poco cansado —le dio una sonrisa brillante y me miró a mí. —Esta sucursal tiene mucho potencial, papá, he visto los terrenos de los próximos proyectos y revisado cada maqueta de los mismos. Creo que podemos llegar muy lejos en los próximos meses.
—En los próximos meses estarás en Milán. —El mesero llegó, sirviendo una copa de vino a cada uno de nosotros, Mitsuki esperó a que se fuera antes de volver a hablar.
—El tío Orochimaru está haciendo un excelente trabajo, pero creo que si modifico unos...
—Tú lo has dicho Mitsuki, Orochimaru ha hecho un excelente trabajo —Tomé la copa y di un sobo de vino. Necesito que trabajes conmigo en Milán.
—Toneri —Fûka cerró su mano en mi brazo.
—¿Cuándo vas a acabar tu paseo en América y volverás a casa? ¿A tu empresa?
—Papá, yo...—Mi hijo alzó la mirada y sonrió, cualquier cosa que iba a decir fue rápidamente olvidada, se levantó de la silla y volvió a estirar sus mangas. —¡¿Estás aquí?! —Salió de la mesa y se reunió con su novia.
Himawari Uzumaki, he de suponer y la razón por la cual mi hijo no quería volver a Italia. La chica dio un beso tímido en sus labios, pero se aferró a él como si estuviese en medio del océano con un tiburón mirándola como presa...Yo.
—¿Están aquí? —habló Mitsuki en voz baja, ella asintió
—Están aparcando —ella también habló en voz baja.
—¿Les dijiste algo? —Ella negó.
—Solo que cenaríamos contigo y que la reserva estaba a tu nombre.
—Todo estará bien, estoy contigo —él dejó un beso reverencial en su frente y luego tomó su mano.
—Tía, Fûka —besó a mi esposa en su mejilla—, señor Õtsutsuki. — Tendió su mano hacia mí.
Mitsuki abrió la silla para ella a su lado y se quedó de pie mientras la chica escribía algo en su celular. Escuché pasos detrás de mí, pero no tenía que girarme para saber quién era, conocía esa maldita voz muy bien.
—No sabía que teníamos reunión familiar —exclamó Naruto estrechando la mano de mi hijo. Fûka saludó al imbécil con un beso y un abrazo, estuve a punto de sentarla de nuevo en su asiento.
—Hima no nos había dicho que ustedes estaban aquí —dijo Hinata, ella era mi socia y la mejor escritora de nuestra editorial.
Lo único malo: el pedante de su marido. Naruto saludó a Mitsuki apretando su mano de manera contundente. Uzumaki y yo solo nos dimos una mirada arrogante. Ambos se sentaron y Mitsuki también lo hizo.
El mesero, que nos había servido antes, llegó para llenar las copas de la familia Uzumaki, vi a Himawari respirar profundo y botar el aire lentamente... Mitsuki tomó su mano de nuevo, el ambiente se sumió en un silencio incómodo. Creo que por un momento nadie deseó que el mesero abandonara la mesa.
—¿A qué se debe esta agradable reunión? —Uzumaki miró a mi hijo. —¿Bebé?
Mitsuki detuvo lo que sea que fuese a decir su novia.
—Sabemos que esto no es fácil para ustedes...Papá, señor Uzumaki.
—Es un jodido infierno —murmuramos los dos al unísono.
—Solo queríamos tener una reunión familiar. —señaló ella.
—La palabra familia no calza con los apellidos Uzumaki y Õtsutsuki, amor — murmuró Naruto. Iba a decir algo pero la mano de Fûka en mi muslo me hizo callar.
—Esto es una tontería, han pasado muchos años. —dijo ella enfurruñada. Mitsuki sonrió hacia ella, y le guiñó un ojo, el mesero volvió con el menú y esperó pacientemente que cada uno ordenara.
—¿Cómo va la escuela, Hima? —preguntó cortésmente, Fûka, sabía lo que estaba haciendo, llenaba los silencios con conversaciones vacías para que no hubiese ninguna discusión.
Su mano seguía apretando mi muslo; con el tiempo, había aprendido que el matrimonio es una cuestión de poder y de saber ceder. Fûka sabía que su mano en mi pierna tendría consecuencias, pero mi mujer amaba las consecuencias casi al mismo punto que yo.
—Bien, he empezado las pasantías en Vitae y tengo un par de casos complicados, pero tengo al mejor maestro del mundo —Uzumaki besó su coronilla con sonrisa arrogante.
—Tú eres muy inteligente, pequeña mía—murmuró hacia su hija.
—Mitsuki... —llamé la atención de mi hijo importándome muy poco las uñas de Fûka enterrándose en mi piel —Milán.
—Ahora no, padre, hablaremos sobre ello después.
Fûka y Hinata dominaron la conversación hablando de libros y otros temas que dejé de escuchar para limitarme a observar a la pelinegra frente a nosotros, Himawari Uzumaki tenía mucho de su madre, pero tenía la misma mirada de su padre.
Mi hijo estaba loco por ella, lo veía en sus gestos, en la forma como intentaba complacerla con pequeños detalles que quizá para muchos podían pasar inadvertidos, pero no para mí. Yo era un observador y aunque la chica no fuese del todo de mi agrado por ser hija de quien era, tenía que reconocer que la mirada que le daba a mi hijo era de absoluta adoración.
Solo esperaba que esta "cena familiar" no terminara con alguna noticia que no fuese de mi agrado.
—¿Sucede algo? —preguntó Naruto —Llevas horas mirando a mi hija como si fuese un jodido extraterrestre... No es que Hima no atraiga miradas es que simplemente...
—Solo admiraba lo mucho que se parece a su madre —bebí de mi copa y le di una sonrisa ladeada a la chica que se sonrojó como su madre cuando era más joven.
El mesero trayendo la entrada detuvo cualquier cosa que Uzumaki fuese a rebatir. La comida se volvió silenciosa, el ambiente tensó. Los platos fueron y vinieron...
Noté que Himawari comió poco, pero pidió postre al igual que las demás mujeres. El presentimiento de que Mitsuki ocultaba algo pegó en mi pecho fuertemente, observé a mi hijo y a su novia; y el nudo de la corbata empezó a apretar mi cuello.
Mi hijo no embarazaría a la hija de Uzumaki.
¿O sí?
No, Mitsuki no era tan estúpido. A pesar de la conversación entre las mujeres y los pocos aportes de Uzumaki o mi hijo la mirada de Naruto era casi tan escrutiñadora como la mía... Estaba en el borde de la desazón, por lo que terminé mi segunda copa de vino antes de colocarla en la mesa.
—¿Mitsuki?
—Hima y yo nos vamos a casar. —Soltó mi hijo antes que pudiese completar lo que iba a decirle—. En un mes. —Terminó tomando todo el contenido de su copa de vino—. Y antes que alguno de ustedes lo piense, ella no está embarazada.
La mesa quedó en silencio. Uzumaki estaba lívido, incluso yo lo estaba, esperaba todo menos que Mitsuki quisiera casarse.
