Mi Girasol
-5-
Toneri
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Toqué dos veces antes que la puerta se abriera.
— ¡Adelante!
— ¿Estás listo, Mitsuki? —Di un paso adelante y quedé dentro de la habitación que ocupaba mi hijo. Él estaba terminando de ajustarse la corbata, se veía nervioso; su cabello, aunque había sido recortado, cubría la mitad de la frente; hacía años había cambiado los lentes de pasta gruesa por lentes de contacto, él era alto, imponente...Mío, caminé hacia él y tomé la corbata de sus manos.
—¿Listo?
Se giró hacia mí, luciendo aterrado y con la corbata a lado y lado de sus hombros.
—Siento que todo me cosquillea, ¡Ay, Dios, me escucho tan cursi...! —me reí.—¿Sentiste ese cosquilleo en el cuerpo cuando te casaste con mamá? — estiró las mangas de su camisa.
— Cuando me casé con Fûka lo único que quería era que la boda se acabara rápido. Había demasiada gente a mi alrededor y yo solo la quería a ella, mis demonios la querían a ella.
—Supongo que son los nervios, desde hoy no seré solo yo, todos los días estaré junto a la mujer con la que espero pasar el resto de mi vida
—¿El resto de tu vida? —Alcé una ceja, caminando hacia él. Levanté el cuello de su camisa y acomodé la tela— ¿Estás seguro que esto es lo que quieres?, digo, eres joven, Mitsuki y... —até el nudo observando sus ojos sin pestañear.
—La amo, sé que quizá no comprendes el sentimiento de la misma manera que yo pero...
—El que no diga las palabras no significa que no entienda o sepa lo que sientes, hijo, que estés aquí ante mí es prueba de ello. —Terminé el nudo y me alejé.
—Lo sé, papá, sé que amas a mamá y a Sarà
—Tengo los mismos sentimientos hacia ti. Eres mi hijo.
—Mamá y tú estuvieron separados cuatro años.
—Y mi vida fue un infierno.
—Entonces entiendes cómo se siente.
—¿Estás seguro que no está embarazada?
—Papá, me estoy casando con la hija de Naruto Uzumaki, ¿de verdad crees que esa chica no sabe cuidarse? El hombre le dio la charla a los ocho años.
—No lo sé, sólo he visto a la chiquilla un par de veces... además que sea hija de ya tú sabes quién es lo que menos me gusta de ella.
—Ella te va a conquistar ahora que sea parte de la familia...Hima es perfecta.
Bufé, solo había una mujer perfecta y me casé con ella hacía más de treinta años.
—Sabes que lo es, es linda, divertida, amable, noble... tengo veintiséis años, papá, estoy listo para esto.
—Estás listo para asumir la presidencia de Õtsutsuki Builiding.
—No vamos a hablar de nuevo de eso, papá —se giró al espejo—, Hima quiere quedarse unos meses más aquí en América.
—Mitsuki...
—No, padre... por favor, no. Hoy no. —Se sentó sobre la cama y pasó la mano por sus cabellos antes de levantar la mirada hacia mí— ¿Podemos tener esta conversación después de la luna de miel?
—Pero...
—Por favor —sus ojos fueron suplicantes.
—Está bien, hijo, está bien —coloqué mi mano en su hombro.
—¿Dónde está, mamá?
—Con Sarà, algo sobre hormonas y sobre Milán... —Mitsuki alzó la mano deteniendo mi diatriba.
—Un año papá y entonces habré dado a mi esposa el tiempo que necesita para que la separación con su familia sea más llevadera. Volveré a Milán y me encargaré de la empresa; mientras tanto, colaborare con el tío Orochimaru aquí en Nueva York. —Asentí y saqué de mi bolsillo lo que iba a darle.
—Pensé mucho qué iba a darte hoy. Tu madre y yo tenemos un estilo de vida distinto...
—Lo sé, y entiendo el concepto de lo que significa una relación como la de ustedes, pero no me va lo sado; Hima y yo somos iguales, papá, ninguno es superior al otro tampoco es inferior. Nos amamos en la misma medida y disfrutaremos del sexo a plenitud, si es que quieres volver a darme la charla...
Sonreí porque Mitsuki había sacado lo mejor de Fûka y lo mejor de mí.
—Sólo quería darte una joya.
—Oh... —se sonrojo—. Yo...
—Fue la primera joya que le regalé a tu madre, para mí era un gesto de posesión, pero quizá tú le des un mejor uso.
—Se la daré a mi esposa como lo que es, papá. Una joya.
Asentí
—Sé que para ti no fue fácil, papá, pero gracias por todo lo que me has dado estos años.
—Sé que no lo dije lo suficiente, hijo, pero te amé desde el primer instante que te vi.
—Lo sé, ¿puedo abrazarte, papá? —Abrí mis brazos para él.
—Que tu matrimonio sea tan fuerte como un nudo —él sonrió— Y, si puedes joder la vida del maldito de Uzumaki, me harás inmensamente feliz.
—Me estoy llevando a su hija. Yo un Õtsutsuki, creo que es castigo suficiente... —Se separó de mí.
—Sólo saber que el hijo de puta no la está pasando bien me hace sobrellevar mejor el hecho que dijiste no a la presidencia en Milán... sé feliz, hijo, es lo único que deseo.
—Lo seré, papá y aunque el señor Uzumaki me cae bien, no puedo olvidar que quiso robarte a mamá...
—No me lo recuerdes.
—Besaré a su hija tanto como pueda en su presencia.
—Ese es mi hijo, mátalo despacio.
—También te amo, papá.
—Ustedes dos —miramos a la puerta a Fûka...—. Ton, tengo más de Treinta años casada contigo —Se acercó a mí—. Mitsuki, he visto lo que pasa cuando los suegros odian a los que roban a su hija, así que lleva la fiesta en paz con Naruto.
—Está bien, mamá.
—¡No puedo creer que te vayas a casar! Tampoco lo creía, pero sabía que esto pasaría.
—En una hora exactamente. ¿Solucionaste el problema de Sarà?
—Nada que una madre no pudiera solucionar.
— ¿Nos vamos?
— ¿Temes tener los pies fríos?
—Nunca he estado de algo tan seguro en la vida. ¿Nos vamos? se supone que tengo que llegar antes de mi preciosa novia. —Tomó la chaqueta de su traje y nos dio una gran sonrisa. La limusina esperaba afuera y el show estaba por comenzar...
Naruto
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Mientras recorríamos las transitadas calles de Nueva York, por mi cabeza pasaban miles de recuerdos; Hima llevaba su mano en mi rodilla y su mirada iba perdida en las calles como siempre cuando se subía a un vehículo y no era ella quien manejaba. Tomé su mano de mi rodilla y la apreté un poco, ella se giró para verme e hizo un mohín con su nariz antes de volver su vista a la ventana nuevamente.
Recordé en ese momento el placer que sentí cuando la tuve por primera vez entre mis brazos.
«Hima Un mes de nacida»
Escuché pasos acercarse y fingí dormir, Hinata dio un suspiro ahogado cuando entró a la habitación, se fue directo al baño; sin embargo, no me moví. Los trillizos habían llegado hacía unos días a casa, pero no podía verlos, me sentía indigno, como un fracaso, atado a una silla de ruedas...
Quizá nadie entendía mi comportamiento, quizá estaba haciendo una tormenta en un vaso de agua, amaba a mis hijos, mi corazón latía desaforado cada vez que Hinata me contaba algo que hacían ellos, pero no quería que el primer encuentro con mis hijos fuese de esta manera.
La cama se hundió a mi lado y Hinata dejó un beso en mi mejilla, mantuve mi respiración suave, ella suspiró y, luego, un llanto fino la hizo levantarse de la cama y salir de la habitación. Esperé unos segundos antes de abrir los ojos, había dejado el transistor para bebés en la cama
—¿Qué sucede, pequeñita? ¿Quieres salir a pasear con mamá por la casa?
Escuché la voz de Hinata, la bebé se calló al oírla hablar. Escuché sus pasos y luego cómo la puerta era cerrada suavemente. Tomé el receptor con mi mano y lo pegué a mi frente, si tan solo ella se hubiese quedado un poco más en la habitación, quizá hubiese podido percibir un poco más.
Quería escuchar cómo ellas interactuaban; miré hacia mi costado izquierdo, Erick había dejado la silla de ruedas muy cerca por si la necesitaba por las noches, dudoso sobre si hacerlo o no, respiré profundamente y me senté sobre la cama.
Me costó mucho trabajo trasladarme a la silla, pero lo logré. El apartamento estaba en silencio e intenté no hacer mucho ruido cuando salí de la habitación. Hinata estaba en el balcón con Hima en sus brazos; mi pequeña niña estaba envuelta en un par de mantas gruesas que la hacían ver como un bultito, no pude evitar sonreír, me sentía vulnerable, dolido, quería ir allí y estar con ellas. A pesar de las dos enfermeras, Hinata estaba cansada y deseaba poder ayudarla, pero sabía que simplemente estorbaría.
—Mira que linda la noche, ¿te gustan las luces? —dijo Hinata y la bebé dio un par de gorgoteos, Hinata se estremeció y caminó hacia el interior, abrió el refrigerador y observó lo que parecía un post-sit, sonrió y dijo algo a la bebé que no pude escuchar.
Iba a girar para volver a la habitación y la maldita silla se atascó, haciendo un sonoro ¡Crash!
—¡Joder, maldita silla! —murmuré para mí mismo...
—¿Naruto? —mi rostro se quedó lívido al verla tan cerca.
—Dulzura, ¡vas a matarme del susto! Desperté y no te vi.
—Hima y yo recorremos la casa. ¡Estás usando la silla!
—Bueno, no estabas, yo pensé que algo pasaba... —Mentí, me avergonzaba decir que la estaba espiando.
—Teníamos nuestro momento de chicas y ya que estamos despiertas creo que es un buen momento para las presentaciones —caminó hacia mí—; Princesa Hima, te presento a tu papá.
—Dulzura —desvié el rostro, sabía que estaba siendo estúpido, Hima apenas tenía un mes de haber llegado a la vida.
—No sé por qué te resistes cuando sé que te mueres de ganas por verla.
—No puedo, me siento tan indigno. —decidí ser sincero.
— ¡No lo eres!
—No quiero que su impresión de mí sea la de un padre inútil.
—¿Inútil? Te estás esforzando, Tenten dice que lo estás haciendo bien, Erick está complacido, estás dando lo mejor de ti y esa es la impresión que va a quedar en tus hijos —sentí su peso en mis piernas, pero me negué a mirarla—¡Solo mírala!
Abrí los ojos un poco en el momento justo para observar cómo el bultito rosa se movía, Hima emitió un bostezo y sus ojos se abrieron antes de sonreír. Me sonrió a mí. Abrí mis ojos completamente y la observé con ternura.
—¡Demonios eres la cosita más bonita que he visto! —respiré entrecortado—. Mi Hima preciosa —susurré mientras acariciaba la pequeña mejilla con mi dedo.
—¡Nuestra! —Hinata me corrigió y yo sonreí.
—¡Maldic...! ¡Ay Dios, mi corazón va a explotar, dulzura!
—Ten, sostenla. —ella se puso en pie y dejó a la niña en mis brazos.
—Hinata, yo...—mi cara debía ser un poema, Hinata acarició mi mejilla con amor.
—Se está llevando la mano a la boca, si no le doy de comer pronto empezará a llorar, tengo que preparar su biberón o se pondrá histérica. Créeme, no le gusta que la hagan esperar. —Se levantó de mi pierna dejándome con la bebé en brazos, no sabía qué hacer, cómo actuar.
Sentía mi cuerpo tenso; así que hice lo más ecuánime: me la llevé al pecho y la arrullé, contando mis respiraciones; el corazón me latía frenético en el pecho, miré al bulto en mis brazos y ella me sonrió... lo , fue increíble, en cuanto escuché su gorgoteo coqueto entonces lo supe: ella y yo estaríamos conectados, habíamos creado un vínculo, ella sería como yo, sería mi calco y la amé, la amé más de lo que ya la amaba.
Este pequeño ser era parte de la mujer que amaba y parte mía, confiaba que había sacado la mejor de los dos. La acomodé en mis brazos, dejando que la sonrisa se extendiera por mi cara al verla bostezar una vez más. Le canté cuando se removió inquieta, en todo momento sentí la mirada de Hinata; pero la ignoré lo mejor que pude y me concentré en la pequeña que tenía frente a mí.
—¿Quieres darle de comer? —No la había sentido llegar, me dio un par de instrucciones mientras me tendía el biberón.
Le puse el chupón en la boca y ella succionó ávidamente, vi a Hinata tomar la cobija que había en el mueble y salir al balcón, fingí no ver sus lágrimas mientras mi hija devoraba su alimento, me enternecí bajo el cuerpo tibio y me costó todo de mí no llorar. Hinata volvió y me indicó cómo sacarle los gases, esta vez se fue a la cocina y la vi tomar un extractor, la dejé haciendo lo suyo y conecté mis ojos en los azules de mi hija.
—Es hora de acostarla, no queremos una niña mimada —dijo Hinata después de unos minutos, no quería que la acostaran, quería tenerla aquí, conmigo... Aun así la deje ir y seguí a Hinata hacia la habitación donde mis dos hijos varones compartían una cama.
—Duermen mejor cuando los acostamos juntos —susurró mi mujer mientras acostaba a Hima en la cuna restante y luego fue con los chicos
—Acércate, los chicos también deben conocer a su padre, aunque ahora duermen —me dio una sonrisa alentadora. Indeciso pero curioso, me moví hasta ellos y ahí no pude más, dejé caer las lágrimas por mi estúpido actuar, por lo imbécil que me había comportado desde que desperté del coma.
Tenía una familia que me amaba, una mujer maravillosa y tres hermosos pequeños. Sin embargo, estaba atándome a lo que antes tenía sin importarme lo que estaba frente a mí.
—Eros —Hinata señaló al bebé bajo mi mano—, y Boruto —sonreí.
—¿Crees que Eros me demandara por su nombre?
—Siendo hijo de quien es... No lo creo —se sentó sobre mis piernas— serán un poco arrogantes y creerán que son los reyes del mundo —su mano desordenó mi cabello y luego limpió mis lágrimas, enmarcando mi rostro con sus manos—. Te amarán, serán buenos chicos, los haremos buenos chicos.
Tomé una y la besé, iba a luchar por mi familia, iba a levantarme de esta silla y volvería ser el de antes
—Hoy pude sostenerme. —El orgullo podía filtrarse en mi voz.
—¡¿De verdad?!
—Solo fueron unos minutos. No quería decirte hasta que no pudiera permanecer más tiempo, o hasta que pudiera dar algunos pasos, quería darte la sorpresa. —Estaba emocionado. Ella me besó una y otra vez, mi cuerpo vibró como solo lo hacía cuando Hinata Hyûga estaba cerca.
—Te amo, te amo, te amo.
—Voy a hacerlo, dulzura, voy a recuperarme, ¡quiero esto! —Mostré a mis hijos que dormían—, quiero todo contigo.
Entonces ella empezó a llorar y yo también, ahí los dos juntos supe que nunca dejaría esta mujer, que tendría dos niños fueres y que la pequeña niña de mantas color rosa me tendría por siempre atrapado en su pequeña mano.»
Continuará...
