Mi Girasol
Epílogo
Naruto
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Habían pasado dos años desde que el niñato se había llevado a mi ninfa de casa, once meses desde que ella se mudó a Milán y ahora estábamos aquí en el hospital.
Mitsuki caminaba de un lugar a otro, al paso que iba se quedaría sin cabello para mañana. Vi a mis hijos sentados en la sala de espera. Y en la esquina más alejada estaba Õtsutsuki.
Mitsuki negó con la cabeza y nuevamente entró a la habitación de la que lo habían sacado hacía unos minutos. Confieso que en su lugar estaría igual de nervioso que él, el nacimiento de los trillizos fue algo que no pude disfrutar; pero recuerdo bien el de Emme, quería golpear a todos los médicos, mis padres llegarían en dos días y los tíos de Mitsuki también, todos esperábamos al pequeño o pequeña Õtsutsuki Uzumaki...
Miré la puerta blanca en donde Hima daba un grito, tantos jodidos hospitales y mi hija se le dio por probar lo más natural...Una partera.
Eros alzó la mirada hacia mí, él estaba preparado para cualquier cosa, había un doctor en la habitación. No entiendo, había medicinas, miles de opciones...
¿Por qué elegir la más arcaica?
Un nuevo grito por parte de Hima nos hizo taladrar la puerta, respiré profundamente y caminé hacia ahí. Õtsutsuki me dio una mirada imparcial, tomé la manilla de la puerta dispuesto a entrar, pero en ese momento Hinata salió de la habitación y mis hijos automáticamente corrieron hacia ella.
—¿Cómo esta Hima, mamá? —Emme fue el primero en preguntar en estos dos años había pasado de ser el desgarbado muchacho de dieciséis años a un joven de buen aspecto además estaba empezando su carrera universitaria.
—¿Necesitas que entre y hable con ella, mamá? —Boruto miró hacia la habitación. Hinata negó. Y antes que Eros pudiera preguntar algo más, ella habló.
—Tiene seis centímetros, la partera dice va a estar bien.
—¿Puedo entrar? —Mi esposa asintió y yo seguí a la habitación.
Hima estaba recostada en la cama, estaba agotada, tenía el cabello atado en una coleta suelta. Fûka estaba cerca a la ventana de la habitación, sin duda dando algo de privacidad a Mitsuki que tenía su frente sobre la de mi hija y susurraba algo para que solo ella escuchara. Carraspeé haciéndome notar y Mitsuki me observó suplicante.
—Papi...—Me acerqué a la cama y tomé la mano libre de mi pequeña, siempre sería mi pequeña, mi niñita, la que sacó mi cabeza de mi trasero, me senté a un lado de la cama y acaricié su mejilla.
—¿Mamá? —Mitsuki llamó a Fûka— Me acompañas un momento.
Miré al chico a los ojos, aparte de llevarse a mi hija no tenía más nada en su contra; era un buen muchacho y este último año parecía haber envejecido mil años. Fûka asintió, se acercó a la cama y dio un beso en la frente de Hima.
—Volveremos pronto, ¿quieres algo? —Ella negó. Mitsuki dejó un beso en los labios de mi hija y yo me removí incómodo.
¿Qué? Podría tener mil años y aún iba a removerme cuando eso sucediera. El karma de todos los hombres es tener hijas. ¡Lo juro por Dios!
—Ya regreso, cara mía, por favor piensa en lo que te dije, tesoro. —Mi niña asintió.
Y yo esperé a que estuviéramos solos antes de hablar, llevábamos más de diez horas aquí y nunca antes había estado tan agradecido con Hinata de haberme hecho venir quince días antes de la fecha programada de parto.
—Parto ciento por ciento natural —murmuré dándole una mirada divertida.
—Sí...Una estupidez —se acomodó en la cama—. Quiero que salga ya — Sus ojos se anegaron en lágrimas y la atraje hacia mí en un abrazo fuerte.
—Aún estás a tiempo, mi amor, no te hará menos mujer usar la epidural...
—Lo sé, pero quiero ser fuerte...He estado preparándome para este momento, pero ahora simplemente lo quiero fuera de mí.
—Eres fuerte, mi amor, eres la chica más fuerte que conozco, te admiro por querer hacer esto a la manera antigua; pero vamos tu madre no lo hizo con tu hermano, vas a estar tan agotada cuando ese bebé salga de ti, que no vas a tener ánimo para alzarlo si quiera...Estás siendo tontita.
—Mitsuki dijo lo mismo, está tan enojado, papi.
—Está nervioso, asustado, por ti y por el bebé, apenas llevamos seis centímetros y han pasado diez horas... sabes que aún pueden medicarte, bebé.
—Me siento tonta.
—No eres nada tonta, preciosa.
—Necesito drogas, papi.
—Esa es mi niña —Me levanté para ir por Mitsuki.
—Papi, por favor quiero que estés aquí —delineé el contorno de la cara de mi hija.
—Siempre estaré a tu lado, así nos divida un océano... —Saqué mi celular y le avisé a mi yerno la voluntad de su esposa. Minutos después, la partera, un doctor, una enfermera y Mitsuki entraron a la habitación, Me alejé de la cama, dejando que trabajaran los médicos y di una palmada en el hombro a Mitsuki, que murmuró agradecido hacia mí.
Cuando Hima estaba lista para recibir el medicamento, me llamó estirando sus manos como cuando era un bebé, me acerqué a ella y tomé sus manos entre las mías.
—Quieta, bebé —una parte mi niño interior se alegró que me buscara a mí y no a Mitsuki.
Me senté al lado de mi niña y acaricié su cabello mientras la medicina hacía lo suyo; Mitsuki también estaba ahí a los pies de mi niña, acariciando sus hinchados pies...
Salí de la habitación cuando Hima se quedó dormida, su dilatación era más lenta de lo que habíamos esperado, al menos ya la medicina corría por sus venas, Hinata estaba afuera hablando con Fûka cuando la abracé desde su espalda, dejando mi rostro en la curvatura de su cuello. Ella dejó un beso en mi mejilla y revolvió mi cabello, el tiempo podía pasar, pero las cosas seguían igual entre nosotros.
—¿Cómo está? —preguntó Fûka.
—Dormida, al parecer ya la epidural está haciendo su trabajo.
—Voy por algo de comer, ¿quieres que te traiga algo? —negué a mi esposa, la vi ir hasta donde nuestros hijos varones y Emmer se levantó para acompañarla. Él era un pequeño niño de mamá.
—Tranquilo todo saldrá bien —Fûka colocó su mano sobre mi brazo en señal de apoyo.
—Lo sé, Mitsuki se ha quedado con ella, la partera ha dicho que la dejemos descansar.
—Sin duda trae al mundo a un Õtsutsuki —rodé los ojos—, asimílalo, querido amigo, por más que ustedes no se agraden, ese bebé hace parte de ustedes dos. ¿Quién lo iba a decir, no? Ahora compartes algo con Toneri. —volví a rodar los ojos.
—Solo porque tienes un buen hijo —los tres miramos al aludido que daba órdenes por el teléfono.
—Créelo o no, también está preocupado por ellos. Toneri tiene una extraña manera de expresar sus sentimientos. —Arqué una ceja—. Eres tonto. Voy con él, solo así podré calmarlo... Naruto, tú también tienes una excelente hija.
Asentí y volví a mirar a la ahora silenciosa habitación.
El reloj en la sala de espera marcaba la media noche...Esta noche sería larga.
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El retoño Õtsutsuki Uzumaki nació el seis de julio a las 9:25 de la mañana, dejando a su madre completamente exhausta; pero pletórica. Uniendo a dos familias que jamás pensaron se unirían por algo tan hermoso como la pequeña cosita de tres kilos que observada en este momento, aun no podía decir a quien se parecía; su cabeza estaba cubierta por una pelusa de cabello blanco, pero sus ojos eran tan azules como los de su madre, y la marca distintiva de los Uzumaki, sus marcas en las mejillas como las mías.
Me acerqué más a los cuneros, colocando una mano sobre el vidrio, el pequeño parecía brillar con una luz azul alrededor y llámenme marica, pero era el bebé más hermoso ante mis ojos.
—Es precioso —la voz de Õtsutsuki me tomó por sorpresa, no lo había sentido llegar. De hecho se había mantenido alejado de la habitación durante la espera, siempre al teléfono, siempre ausente pero, cuando Mitsuki anunció la llegada del bebé y llegó hasta él, envolvió a su hijo en un torpe abrazo.
—Tiene que serlo, su madre es hermosa.
—Te doy la razón completamente. —Sonreí, él se puso a mi lado y ambos observamos al pequeño—. Mitsuki no pudo conseguir mejor compañera de vida lo único malo que tiene esa niña es el padre...
Suspiré cansado, tenía un nieto ¡Joder, ya era abuelo!
—Õtsutsuki, tú ganaste, te llevaste a Fûka —fue su turno de sonreír— Pero después la vida me sonrió y trajo a mi vida a Hinata, cuando más la necesitaba. Y por gracia divina se quedó junto a mí aunque tú quisiste quitármela.
—Yo jamás quise quitártela, tú te estabas aprovechando de ella...
—Nunca me aproveché de Hinata, la quería para mí y usé mi mano de cartas, no fue la mejor lo acepto; pero me llevó a ganarla... en el juego y en el amor todo se vale.
—Tú si querías quedarte con Fûka.
Negué con mi cabeza.
—Realmente no estaba enamorado de tu mujer, pero ella me gustaba; cuando la conocí, me vi a mi mismo por primera vez manteniendo una relación formal cuando mi vida solo era sexo y mujeres —respiré—, al final creo que cada uno de nosotros tuvo lo que realmente buscaba y era llenar el vacío que ansiábamos llenar.
—No me psicoanalices, Uzumaki...
—No lo hago, simplemente la vida nos hizo enemigos y ella misma se ha encargado de darnos el motivo para dejar esta estúpida rencilla atrás —Lo miré y extendí mi brazo hacia él—. Vamos a estar juntos en Navidades, Acción de Gracias y fechas de cumpleaños. Este pequeño nos ha unido voluntaria e involuntariamente —él asintió— ¿Qué dices, amigos?
—Ni por todo el oro de Francia.
—¿Conocidos al menos? —Él observó mi mano y resopló antes de darme un fuerte apretón.
—Socios... —gruñó de vuelta, me encogí de hombros al menos era un comienzo...
—Socios...
FIN
Esta historia se llama "La Boda" y la autora Aryam Shields
Alexandro aka Toneri tiene su propia historia, se llama El Contrato, también una duologia y es de la temática amo sumiso. Si alguien desea leerla me puede enviar el correo por mensaje yo le puedo pasar los libros.
Muchas gracias por leer Enséñame, entrégate y quédate al igual que Mi girasol.
gracias por sus comentarios me hacen muy feliz
Espero leerlos en la próxima.
Cuídense
