Resumen: Colaboración con Misao-CG. Durante las peleas contra los akumas de Papillon, Ladybug y Chat Noir son atacados por un nuevo enemigo que está detrás de algo más valioso que sus Miraculous, lo que traerá nuevas revelaciones sobre todo lo que ellos creían saber de sí mismos. AU Saint Seiya.
NOTAS:
1) Los personajes no nos pertenecen. Miraculous Ladybug es propiedad de ZAG y los créditos son para Thomas Astruc y su equipo. Saint Seiya fue creado por Masami Kurumada.
2) Esta historia NO fue realizada con fines de lucro, solo para divertirnos.
3) Puede tener spoilers de toda la serie y películas disponibles.
JUEGOS DE DIOSES
CAPÍTULO 3
(Escrito por Misao-CG)
Habitación de Marinette
Mañana siguiente. Martes, 6:50 am.
¡Qué cansada que estaba! Marinette se levantó como pudo, medio botándose de la cama, mientras se restregaba los ojos. Sentía como si la hubiera atropellado una estampida y eso que había descansado casi toda la noche. Bostezó largo y profundo, mirando en dirección de su despertador, aunque sin leer la hora. Si hubiera dependido de ella, no se hubiera levantado ni de chiste, pero ¡maldita sea tenía que ir a clases!
—¿Te sientes mejor, Marinette? —preguntó Tikki con mejor ánimo del esperado. Marinette la miró con los ojos a medio cerrar.
—¿Por qué tengo que ir a clases? Siento que no dormí nada… —Marinette volvió a bostezar, lo que le impidió ver la carita de preocupación que le puso Tikki.
El akuma del día anterior había sido muy problemático, pero peor habían sido los bichos que aparecieron después. Tikki estaba preocupada: los chiquillos se habían desenvuelto muy bien tratando de controlarlos, pese a su joven edad, pero algo en esas criaturas no le terminaba de cuadrar. El cansancio de los Héroes de París no era normal, en serio los había agotado, y los mordiscones recibidos parecían haber agravado la cuestión, pero… Tikki se mordió el labio. ¡Había gato encerrado!
No, no eran sentimonstruos, por mucho que así lo creyeran Ladybug y Chat Noir. Tenía sus sospechas, pero sin pruebas, no diría nada. Lo trágico es que no sabía bien qué pensar: por un lado tenía un mal presentimiento… pero al mismo tiempo, esa sensación de tragedia inminente le daba buena espina, por ilógico que sonara. ¿acaso sería su optimismo insufrible?
—No quiero ir a clases… —berreó Marinette, sepultando la cara en la almohada.
—No te puedes zafar: tienes examen de matemáticas.
—No quiero ir…
—¿Adrien no dijo que te iba a ayudar a repasar?
—LE GASP—
Marinette abrió los ojos como platos. ¡Cierto! La chica pareció animarse más y se levantó de su sitio como impulsada por un resorte, con algo más de energía. No comenzó a hablar a toda velocidad, pero sí comenzó a poner todo en orden y a vestirse, lo más rápido que podía. Tikki sonrió enternecida: su pobre portadora estaba exhausta, pero al menos tenía buen ánimo… y seguro que las ganas de pasar tiempo con el solecito de París la motivaban a apurar las cosas. Miró la hora, descubriendo para su sorpresa que la chiquilla tenía tiempo de sobra para desayunar incluso. Curioso: era extraño que Marinette se despertase antes de las 7 de la mañana, sobre todo con lo cansada que estaba, pero bueno. No se quejaba: así tendría más tiempo para sacar algún pastelillo de la panadería. Suspiró y miró por la ventana.
—Me pregunto cómo estará el cachorro de Plagg…
—¡Tikki! ¿Has visto mi mochila? No la encuentro…
—Ya voy Marinette.
Mansión Agreste. Comedor.
7:23 am.
Adrien estaba sentado en su puesto usual, solo en el comedor, con el desayuno servido, pero más dormido que despierto. Bostezó como león, refregándose los ojos, pero fijando la mirada al infinito como si tuviera muerte cerebral. Nathalie levantó una ceja: ¿estaría enfermo? Por lo general el muchacho tenía mucho mejor despertar, pero ese día casi lo habían tenido que sacar con grúa de la cama. ¡Si hasta había dormitado en la ducha! Le constaba que el muchacho había dormido de corrido toda la noche, pero ¿esto? La mujer suspiró y se acercó al muchacho, poniendo su mano sobre el hombro para darle una gentil sacudida. ¿Acaso le estarían faltando vitaminas? ¿Estaría anémico?
—¡Adrien!
—¡Estoy Despierto! ¡Bien despierto! —exclamó dando un respingo, tratando en vano de reprimir un bostezo— Solo descansaba los ojos unos instantes…
—¿Te sientes bien?
—¡Perfecto! —Adrien se volvió hacia Nathalie con su mejor sonrisa, pero era evidente que le pesaban las pestañas.
—Así no vas a poder dar tu examen.
—¡Oh sí! Voy a poder. —Adrien se refregó el rostro— Ya verás que sí.
El muchacho bostezó largo y sostenido: no entendía por qué estaba tan cansado si había dormido incluso más que otros días. Vale, vale, el akuma del día anterior había sido algo más complicado de manejar y lo que vino después no fue un juego de niños, pero aun así… había visto la hora por última vez a eso de las 21:20 antes de caer peso muerto en su almohada. Ni siquiera había escuchado los ronquidos de Plagg, lo que ya era mucho decir. Sacudió la cabeza y se refregó los ojos de nuevo. ¡Ya mismo despertaba! Era cosa que le dieran unos segundos y estaría como nuevo.
Hablando del kwami, Plagg había estado algo más pendiente de él esa mañana y hasta le había sugerido que tomara café para despertar… bebida prohibida para él por cierto, pero…
—Nathalie…
—Dime Adrien.
—¿Puedo beber café en vez de leche? Creo que necesito cafeína…
Nathalie apretó los labios, pero considerando como estaba su joven protegido le hizo sentido que quisiera café. El muchacho no podía beberlo, Gabriel lo prohibía (se le podían manchar los dientes y adiós sonrisa perfecta), pero medio consideraba que era mejor pedir perdón que permiso en esta ocasión. La mujer se irguió y asintió muy profesional.
—Podemos hacer una excepción solo por hoy.
—Gracias Nathalie. ¡Eres la mejor! —dijo Adrien con su carita más adorable, antes de bostezar de nuevo. Nathalie suspiró enternecida.
Inframundo. Giudecca.
En esos momentos. 7:43 hrs.
Otro que bostezaba como león era Hades. Se refregó los ojos y miró la vista al infinito, como si tuviera muerte cerebral. A diferencia de los casos anteriores había tenido un pésimo dormir. Toda la noche había soñado con algo que no lograba recordar, pero que lo había dejado con una sensación muy amarga en el pecho. Como que tenía la sensación de que estaba evadiendo una responsabilidad, pero no lograba atinar a qué.
Sacudió la cabeza y se refregó los ojos de nuevo. ¡Ya mismo despertaba! Era cosa que le dieran unos segundos y estaría como nuevo. Ya le había mandado un mensaje a Hypnos preguntando qué onda con sus sueños y si sabía algo al respecto. El dios, muy profesional, ya se estaba ocupando del caso, y preguntándole a sus hijos quien le había mandado un sueño así a Hades, de qué se había tratado y porqué. El dios se despatarró en su asiento y fijó la mirada al horizonte, mientras batallaba para no quedarse dormido.
—Café. Ahora. —pidió el dios alzando la mano. El sirviente se apresuró en atender a su señor, pero fue detenido.
—¡Se pide por favor! ¡No seas grosero, Hades! ¡Y Siéntate bien! ¿O te piensas que estás en un establo? —reclamó de pronto Perséfone, muy gruñona— ¿Qué clase de ejemplo estás dando, amor?
—Hmpf… —el dios, taimado, se enderezó en su asiento y mirando al sirviente, volvió a pedir café, esta vez de manera más educada. Ni bien se lo sirvieron comenzó a beberlo.
—Mi señor no funciona sin su café. —comentó Pandora, mientras desayunaba— O varios, el día de hoy.
—Ya no molesten. —Hades se refregó la cara— Estoy despierto, solo descansaba la mirada.
El dios se desperezó un poco y enderezó su postura. ¡No era suficiente café! Pero decidió no tomar más. Había tenido una mala noche, pero mejor lo tomaba como el hombre que era y despabilaba sí o sí, aunque fuera a marchas forzadas. Le dedicó su sonrisa más adorable a Perséfone, quien esa mañana se veía hermosa.
No, su esposa tampoco había dormido bien, pero lo llevaba con más gracia que él. Sí se la notaba más gruñona de lo normal, pero ya se las arreglaría para sacarle una sonrisa y que así sus ojitos verdes brillaran.
—Buenos días, hermosa.
—Buenos días gruñón. ¿Ya decidiste despertar? —preguntó la diosa, suavizando la mirada. Los rubios cabellos y sus lindos ojos verdes parecieron brillar al sonreírle, lo que acentuó un poco sus pecas. Ante todo, una visión hermosa que le provocó una sonrisa un tanto bobalicona al taciturno dios del Inframundo—. Lamento que no hayas dormido bien.
—Pudo ser peor. Podría haber estado solo. —Hades tomó un croissant de la canastita— Ya compensaré sueño otro día.
—Ahem. —carraspeó Pandora— Concentrémonos en el desayuno por favor.
—Cierto que a Pandita la empalagamos rápido. —se burló Hades— ¿Radamanthys no te trata bien?
—¡Hades, no seas impertinente! —lo regañó Perséfone, quien se volvió hacia Pandora— ¿Muy pesada la agenda de hoy?
—Debería haberla recargado más, pero me contuve. —gruñó Pandora entre dientes— Y si, me acordé de darles un tiempito a los dos. —añadió con visible frustración.
Ambos dioses la miraron con idénticas expresiones adorables. Pandora Heinstein, la mortal representante de Hades ante la humanidad, a quien el mismo dios consideraba una hermanita, era una mujer estricta, a veces cruel, pero muy querendona de los suyos. Si bien tanto los dioses del inframundo como los espectros la sacaban de quicio, en el fondo los quería mucho.
…
Bueno, bien en el fondo en algunos casos. ¡Y si no fueran tan irritantes los querría más, sin duda! Aun así, trataba de buscar lo mejor para todos.
…
A ratos odiaba su trabajo. Sobre todo cuando a Hades se le ocurría shippearla con Radamanthys solo para hacerlos rabiar. ¡EW! ¡Rada era como su hermano! ¡EEEEW!
—Gracias Pandora. ¡Eres la mejor! —dijeron Hades y Perséfone con sus sonrisas más adorables. Pandora solo rodó los ojos.
—Sí, claro. Como no.
Santuario de Athena, Atenas, Grecia.
Esa mañana. 10:45 am.
—¡¿Qué tienes en la cabeza, Aioria?!
Aioria hizo esfuerzos para no rodar los ojos ante la pregunta de Athena, quien lo miraba con una perpleja expresión. Esa mañana, cuando rayaban las 9 de la mañana y él se encontraba a momentos de terminar sus rondas, se había encontrado con un inesperado visitante pidiendo audiencia con la diosa a la entrada del Santuario. Bajo condiciones normales hubiera derivado al susodicho a la oficina de admisión para que coordinase una entrevista, pero la situación de normal tenía bien poco. El visitante no era otra que la diosa egipcia Bastet, quien insistía en ver a Athena lo antes posible… pero ¡vaya que se había entretenido en el camino!
Como santo de la orden dorada, los principales protectores de Athena, había tenido que escoltarla hasta el templo principal, lo que hubiera sido más fácil si Bastet no se hubiera cansado antes de llegar a la casa de Aries. La diosa no encontró mejor solución que transformarse en una gatita gris con adornos egipcios, y se encaramó a los hombros del santo de Leo y luego a su cabeza, y no hubo fuerza en la naturaleza que la bajara de donde estaba. Desde Aries hasta Piscis, con las nobles excepciones de Géminis (los gemelos no querían problemas con la novia del león, Marín), Virgo (Shaka optó por seguir meditando) y Libra (el maestro Dohko estaba en China), todos los santos dorados le habían hecho bromas de todo tipo por su peculiar sombrero y sin duda que ya estaba algo harto.
Por si fuera poco, Bastet, fiel a su felina naturaleza, se había distraído con cuanta cosa curiosa o brillante viese por el camino e insistió en analizarla antes de seguir adelante. ¡Se tardaron una pequeña eternidad! Y encima su entrada a las estancias de la diosa, en lo profundo del templo principal, había carecido de la elegancia que le hubiera gustado. Ahora estaba frente a Athena, de rodillas en respetuosa reverencia… y con Bastet bien sentada sobre su cabeza.
—Alteza divina, mi señora Athena: la diosa Bastet pide audiencia urgente con usted.
—¡Miau!
Tanto Saori, la actual encarnación de la diosa, como Shion ladearon las cabezas con curiosidad. En ese momento, la gata hizo un grácil salto al suelo, asumiendo de paso su forma antropomorfa, en una pirueta quizás un poco exagerada para llamar la atención del león. Estiró los brazos y el espinazo, haciendo una pequeña reverencia.
—¡Querida Athena! ¡Mira nada más cómo has crecido! —exclamó mientras movía su cola.
—¡Señora Bastet! Sea bienvenida. —Athena, jovencita como era, apenas contaba con 16 años humanos en esta encarnación, cruzó la distancia que la separaba de la gata en un gesto de amistad— ¿Qué te trae a mi Santuario? No te había visto en esta vida.
—Ay sí, debí venir antes, pero bueno… ya sabes: Una gata como yo no tiene lugar en una guerra como las que has tenido en esta vida. ¡Ni siquiera eres mayor de edad! Y ya te fuiste a los golpes con Ares, Poseidón y con Hades.
—¡Hey! Tengo unos 3500 años.
—¡Ya sé! Pero te recuerdo que decidiste encarnar como humana hace apenas 16 años. ¡Todavía eres una cachorra! —Bastet, en un gesto muy maternal, le dio unas palmaditas en la cabeza. Shion y Aioria se mantenían atentos, pero les daban su espacio. —Lamento venir en estas circunstancias.
—¿Qué… tipo de noticias traes?
—Malos augurios. ¡Y lo peor es que mi tarde de videos de gatos se arruinó! ¡Miau! —Bastet fijó su mirada en la diosa— Seth liberó sus criaturas en París.
—¿Huh?
—Seth está en París.
—¿… Seth? ¿París?
Athena parpadeó perpleja e incluso se volvió hacia Shion, su patriarca, quien lucía una intrigada expresión. Aioria afiló la mirada: por lo general el dios egipcio de la brutalidad, las tempestades, el desierto y la sequía no eran buenas noticias. Convenía que prestase atención, no fuera a ser que los atacara otro dios y él desprevenido.
—Estaba viendo videos de gatitos con Sehkmet ayer, ¡me encantan!, cuando de pronto llegamos, ve a saber tú cómo, a uno de los videos de Ladybug y Chat Noir mientras derrotaban a un akuma. ¡Chat Noir es tan lindo! Estoy segura de que es uno de los cachorros del señor Plagg, porque fijo que la señora Tikki también está por ahí, ¡Muero por apretarle los cachetes y acicalarle la cabeza! Pero… Oooooooooooooh… ¡ME ENCANTA TU VESTIDO!
—Oh. ¡Ah! ¡Este! Lo compré la semana pasada. ¡No había tenido ocasión de usarlo! Es marca Agreste: por lo general no soy tan pretenciosa, pero ¡Me encantó y…!
—AHEM. Señoras. —carraspeó Shion con paciencia— Estábamos en lo de Seth.
—Ah sí. Sekhmet y yo vimos a sus criaturas atacando a los héroes de París. ¿Puedes creerlo? Atacó a dos cachorros. ¡Será cobarde!
Esto hizo que Athena levantara las cejas. ¿No era como mucho que Seth enviase a sus bichos contra dos humanos normales? Bueno, vale, eran portadores de kwamis, y de los más poderosos, pero aun así, Ladybug y Chat Noir, aun en su calidad de héroes, no eran mucha cosa contra Seth o sus criaturas, por mucho que fueran los portadores de la creación y la destrucción.
—Eso es como lanzar una bomba nuclear para resolver una disputa de vecinos. —comentó Aioria— Son niños, apenas comparables a uno de nuestros aprendices.
—Nunca subestimes a los portadores de kwamis, Aioria. Muchas veces dan sorpresas. —intervino Shion con calma— Lo que me parece preocupante es que Seth los haya atacado.
—¿Acaso querrá los miraculous para pedir el deseo? —se preguntó Bastet en voz alta.
—Lo dudo, ese busca otra cosa. —dijo Athena muy pensativa.
—Ese deseo es demasiado peligroso: por maldito que sea Seth, dudo que quiera arriesgar la tela del universo. —añadió Shion.
El hombre se llevó la mano al mentón, sopesando la situación. Por lo general, las visitas de la diosa Bastet solían ser beneficiosas, pero ¡gata tenía que ser!, a veces eran todo lo contrario. Esta no parecía ser la excepción, ¡no se esperaba que Seth fuera parte de las noticias! De todas las cosas que hubiera esperado que le dijera, ESA no estaba en la lista. Algo le había llamado la atención en París, pero ¿qué?
—Comencemos desde el principio. —pidió Athena tratando de encontrar algún sentido a las noticias de Bastet— ¿Estabas viendo un maratón de videos de gato con Sejmet?
—SEKHMET… y sí. ¡Amo esos vídeos! Lo mejor que tiene internet. ¡Ooooh, Aioria! ¿Los has visto también?
—Algunos, señora.
—Bastet… viste los videos, y… ¿terminaste viendo a…?
—¡CHAT NOIR! ¿Has visto a ese minino? Sekhmet y yo no lo podíamos creer. ¡Un gato héroe! Evidencia del señor Plagg a plena vista, pero… ¡Tan tierno!
—Oh. Admito que no les he puesto atención en lo más mínimo.
—Pues debería, joven señora. —la regañó Shion con paciencia y cariño— Puede que no tengan cosmo y que sean simples humanos, chiquillos incluso, pero están plantando la pelea para proteger su ciudad y eso siempre es rescatable.
—¡Eso es verdad! Y solo por eso tienen mi respeto. Si la situación se torna más peligrosa enviaré a mis santos plateados, pero de momento no es necesario —Athena suspiró pensativa, volviéndose hacia Bastet— Más me preocupa Seth y su intervención…
—Usó serpientes venenosas. De las pequeñas… —añadió Bastet— Para un guerrero entrenado son una molestia, pero para cachorros como los héroes de París… ¡Uff! ¡Pobrecitos! Tienen que estar exhaustos por culpa del veneno…
—Eso quiere decir que está probando los límites de los chiquillos. Ver qué tanto pueden manejar antes de aumentar la dificultad —intervino Aioria.
Athena intercambió miradas con Shion, quien tenía el ceño fruncido, nada contento con la situación que se le ponía. Seth era una deidad muy… impredecible. Si bien tenía algunos rasgos positivos, la mayoría de las veces era más bien maléfico. ¿Por qué atacaba a un par de chiquillos que ni cosmo tenían? Ni siquiera debió haber notado su existencia, pero lo hizo y debía tener una poderosa razón. ¿Cuál?
—Bastet. ¿Estás segura de que eran los bichos de Seth? —Athena reprimió un escalofrío— ¡Dime que no usó arañas!
—No usó arañas.
—¡Que alivio! Odio las arañas.
—¿Qué podría llamar la atención de Seth en París? —se preguntó Shion en voz alta— Solo hay miraculous, nada más.
—Con Seth podría tratarse de cualquier cosa. —Bastet puso las manos en las caderas, oscureciendo las facciones— ¡Pero Como Lastime A Ese Minino, Lo Usaré Como Poste Afilagarras!
—Esto es preocupante. —Athena asumió un gesto pensativo— Sé que Apolo ha tomado un particular interés en París los últimos años, pero ¿Seth?
—Le pregunté a Osiris y me dijo que no tiene idea. —Bastet se encogió de hombros— ¿No acabas de firmar un tratado de paz con Hades? Quizás él sabe.
A la mención de Hades, los presentes erizaron las espaldas. Acababan de terminar una guerra santa con él y todavía estaban en las negociaciones del tratado de paz. Hestia, la diosa del Hogar, había orquestado dicha instancia para alcanzar por fin el cese de las hostilidades entre la tierra y el inframundo, lo cual había sido una labor ardua y compleja, más considerado el nivel de terquedad de los dioses involucrados. Y con orquestado me refiero a que usó la chancla más de una vez para obligarlos a negociar sin pelearse.
Un chanclazo de la diosa del fuego no era asunto menor. ¡Y tan tranquilita que se veía!
El asunto estaba en sus estadios finales, pero ya se habían cumplido algunos de los acuerdos entre ambas deidades, como por ejemplo, liberar a los santos dorados de su prisión de roca y regresarlos a la vida, entre otras cosas, como gesto de buena voluntad. Todavía restaban unas pocas negociaciones y formalidades, pero ya casi finiquitaban todo.
No obstante lo anterior, el solo hecho de lidiar con el príncipe de la humanidad difunta les daba mal yuyu.
—El tratado no está firmado. Falta poco eso sí. —Athena infló los cachetes— Igual le concierne el asunto a Hades, si Seth está de curioso en París: es un tema que podría involucrar al inframundo, como la última vez cuando liberó esas momias durante la tercera cruzada… —la diosa apretó los labios y resopló internamente: lo que iba a decir le era particularmente difícil— Supongo que como gesto de buenas costumbres… debería… avisarle.
—Hmpf. No es de nuestro gusto, pero es una buena idea. —Shion tenía un tic nervioso.
—Otra buena idea es beber cloro para matar el virus del ébola. —gruñó Aioria, flexionando los dedos— Lástima que uno también se muere en el proceso.
No, no estaban contentos, pero… mientras más ojos vigilasen al dios del desierto, mejor. No había que subestimar a Seth en ninguna circunstancia: convenía a los intereses de los olímpicos tener alguna idea sobre sus intenciones, no les fuera a salir con alguna sorpresa desagradable. Y a las perdidas, si aquél dios estaba buscando lastimar a dos seres humanos normales, por mucho que fueran portadores de kwamis, Athena, como protectora de la tierra y la humanidad, tendría que intervenir en la cuestión.
—Toca llamar a Hades. —afirmó Athena asintiendo con la cabeza— Y enviar a alguien a investigar qué onda con Seth a París, por si acaso.
—Le diré a Camus de Acuario que se prepare.
—¿No habría que advertirle a Apolo también? —preguntó Aioria de pronto. Tanto Athena como el Patriarca se lo quedaron viendo perplejos. Bastet comenzó a acicalarse las orejas.
—¿Por qué? O sea, sé que dije que mi hermano está más pendiente de Perís, pero…
—Mis disculpas señora. Tengo entendido que una de las bendiciones del señor Apolo vive en París.
—¿Y cómo sabes eso?
—El hermano menor de mi chica, Touma, sirve a la señora Artemisa. —Aioria se encogió de hombros— Suele comentar que a veces tiene que ir a echarle un ojo a la criatura.
—bueno… vaya… —sin duda la noticia había tomado a Athena desprevenida, pero al menos se lo tomó de buena manera— ¡Qué alegría saber que no ha sufrido una muerte horrible!
—Si hay algo que debo reconocer del señor Apolo es que el hombre cuida de sus críos. Creo que le gustaría saber para que tome medidas.
—Con todos los hijos que le han matado a Apolo, seguro que querrá asegurarse que su cachorro esté a salvo —añadió Bastet, genuinamente preocupada— No le va a gustar que Seth esté en la misma ciudad
Athena entrecerró los ojos como buscando información en su cerebro, pero segundos después su rostro se iluminó como árbol de navidad. ¡Con razón! Es por eso por lo que Apolo iba tan seguido a París. ¡Visitaba a su bendición! Tendría que llamar a Artemisa para preguntarle más detalles, ¡pero lo primero era lo primero!
—Anda la osa. ¡Cierto! Ooooh. Claro que hay que llamarlo para darle un parte aguas, o no me lo perdona en la vida. ¡Apolo sí que es rencoroso! —Athena se volvió hacia Shion— Toca moverse que hay mucho que hacer.
—Y creo que yo me voy. Ya cumplí mi objetivo. —Bastet se volvió hacia Aioria— ¿Me acompañas hasta la puerta?
—Encantado. —dijo Aioria tras ver la venia de Shion. Bastet se transformó en una gata gris y de un brinco saltó a los hombros de Aioria. —Eso es muy poco ortodoxo, señora Bastet.
—¡Pero muy cómodo, león! —exclamó la diosa, refregando su cabeza contra la del santo.
—Con su venia, Athena, me retiro. —se despidió el león.
Y tras recibir la venía de la diosa, el santo salió de su presencia.
Panadería Dupain – Cheng. París.
Esa tarde. Martes, 17:56 hrs.
—¡ADIOS ALYA!
—¡Cuídate Marinette!
Marinette respiró hondo antes de entrar al edificio. Se sentía mucho más alerta que esa mañana, y por fin parecía que el cansancio se le había borrado del cuerpo. Había sido un buen día, y aunque Adrien no había podido ayudarla a repasar las notas para el examen (se durmieron mientras repasaban), al menos le habían sacado una linda foto con él y algo se había defendido en el examen. ¡Ugh! Las matemáticas no eran su fuerte, pero tampoco su debilidad. Quizás si hubiera estado más concentrada hubiera podido tener un mejor desempeño y…
—¿por qué está todo cerrado?
La chica se detuvo unos instantes antes de seguir escaleras arriba. Ladeó la cabeza al notar que la panadería estaba cerrada, lo que no le cuadró. Por lo general sus padres cerraban a eso de las 18:30, no antes, a menos que hubiera pasado algo extra. Miró hacia arriba y comenzó a subir los escalones más despacio. Había alguien en la sala, podía percibir las voces de sus padres y de otro adulto.
Tuvo un extraño presentimiento.
—¿Marinette? ¿Pasa algo? —preguntó Tikki de pronto. La kwami miró en dirección a la sala, como escaneando el lugar. —Oh. Tus papás tienen visitas interesantes.
—No quiero subir.
Tikki miró a Marinette ladeando la cabeza. De pronto su portadora estaba muy ansiosa, y en verdad no quería subir. Todo su buen ánimo se había ido por el caño. ¿Y si entraba de nuevo a casa? Quizás se reiniciaba todo y no tendría que estar lidiando con…
—¿Marinette?
—¡Maman!
Sabine salió a su encuentro. La mujer se veía pálida, casi asustada, lo que logró alterar más los nervios de su hija. Marinette incluso obedeció por instantes a su instinto de huida, pero Sabine corrió tras ella y la atajó antes que saliera corriendo por la puerta.
—¡Hijita! Calma… no pasa nada. ¡Estoy aquí siempre!
—Maman… ¿Quién está en la sala? ¡No quiero verlo!
—Hijita… —Sabine le puso una mano en la mejilla— Pasó algo grave… y alguien te quiere conocer.
—¿Alguien? —Marinette miró nerviosamente hacia arriba, negando con la cabeza— ¡Pero yo no! NO quiero conocerlo, ustedes son mis papás. ¡No él! No quiero… ¡maman!
—¡Marinette! —exclamó Sabine con más seriedad, obligando a la joven a calmarse. Suavizó por instantes el rostro— ¿Cómo sabes qué es él?
—No sé. —dijo entre pucheros. En verdad no lo sabía, no tenía idea que estaba pasando, pero algo en su fuero interno le daba pistas y… no podía estar tan equivocada. ¿verdad?
—Está bien, hijita. Yo estoy aquí y con tu papá no nos moveremos. —Sabine envolvió a Marinette en un abrazo— ¡Pero tienes que conocerlo!
Marinette se aferró a su mamá y se puso a sollozar casi en seguida. Intuía que la visita que tenían sus padres era… nada más ni menos que su padre biológico. Toda su vida había estado muy consciente que ella era adoptada, nunca se lo habían ocultado, pero al mismo tiempo sus padres siempre la hicieron sentir como una hija muy querida. Cuando cumplió los diez años tuvo la sensación de que iba a conocer a su familia biológica, pero respiró de alivio cuando eso no pasó y pudo seguir sus rutinas con sus papás. ¿Por qué hoy de todos los días tenía que suceder ese encuentro? Ella no lo quería, no lo había ni siquiera soñado. ¡Estaba bien como estaba y…!
—Marinette. Tienes que venir. —insistió su madre— Ocurrió algo grave, de lo contrario él no habría venido. Está muy preocupado…
—Maman… ¿preocupado de qué si ustedes me cuidan? Yo no quiero… ¡ya tengo a mi papá! No necesito más…
Sabine se tragó el nudo en la garganta y tomó a su hija de la mano.
—¿Confías en mí?
—Sí…
—Entonces ven conmigo.
Sabine comenzó a subir con ella de la mano, y a medida que pasaban los escalones, Marinette sentía como le temblaban las rodillas. Un montón de sensaciones comenzó a arremolinarse en su cabeza y apenas estuvo consciente de las palmaditas de ánimo que Tikki le daba. Algunas imágenes se le vinieron a la mente… gritos, golpes, pedradas… alguien que la protegía de un daño… unos brazos que la levantaban y cobijaban… y sobre todo mucha ansiedad.
—¡Marinette! —la llamó Tom antes de abrazarla cuando por fin entraron a la sala— ¡Me alegra que estés bien!
—¿Papá?
—Escucha… vas a estar bien. ¡Todos lo estaremos! Nadie te va a apartar de nosotros… somos tus papás.
—¿De qué hablan ustedes dos? Yo… ¡Oh!
De pronto Marinette notó a un pelirrojo que estaba en la sala. Un hombre bastante alto y de aspecto grave. La miraba con ojos azules idénticos a los de ella y una infinita preocupación en los mismos. Marinette se aferró a su mamá. Este hombre… no era normal. Algo en su esencia parecía marearla y hasta tuvo que sujetarse de sus padres para no caer. Supo que algo no funcionaba normal cuando Sabine y Tom hicieron una reverencia en el momento en que el hombre se acercó a ellos.
No era un ser humano.
—¡Has crecido muy linda, Marinette! Se nota que tienes muy buenos padres. —le dijo tratando de ser todo lo suave que pudo— ¡Eres idéntica a tu madre!
—Ella es mi maman. —balbuceó Marinette, señalando a Sabine.
—Y siempre lo será. Lo mismo Tom, es tu papá. —el hombre tomó aire— Sabes quién soy. —dijo con cautela— ¿Sabes por qué estoy aquí?
—Creo que sí… pero no sé por qué está aquí.
—Hija. —intervino de pronto Tom— ¿Recuerdas la historia que te contamos de cuando te adoptamos?
—Sí… que ustedes habían estado haciendo sacrificios al dios Apolo por un bebé… y que él escuchó sus ruegos y me entregó a ustedes… —repitió Marinette con calma.
Esa historia la había escuchado cientos de veces, había sido su cuento favorito de pequeña. Su familia era de las pocas que aún profesaban la religión olímpica y rendían piadoso culto a Apolo, dios del Sol, la medicina, las artes, el conocimiento y la verdad, entre otras cosas. Siempre había intuido que no le habían contado toda la historia, como que habían dejado detalles fuera a propósito, pero… ¡Por todos los dioses! Marinette abrió los ojos como platos, y fijó la mirada en el visitante.
—¡Eres mi padre biológico!
—Es el señor Apolo, hijita. Tenías unas pocas horas de vida cuando él te puso a nuestro cuidado. —le explicó Sabine con calma.
Lentamente, y mientras caminaban al sofá, los padres de Marinette volvieron a contarle la historia, esta vez sin omitir detalles, dejando que Apolo interviniese lo justo y necesario, para explicar las lagunas que los Dupain–Cheng no conocían. Marinette se sintió mareadísima, pero no la dejaron desfallecer. Le explicaron de la maldición, de como habían esperado diez años a que se terminara y de cómo Apolo, al ver a su hija tan bien con sus padres, había decidido dar un paso al costado para permitir que siguiera creciendo como lo estaba haciendo. Al mismo tiempo, Sabine le dijo que Apolo nunca dejó de cuidarla, que siempre se ocupó de su bienestar y de toda la familia… y que no…
—No vine a sacarte de tu casa, Marinette. —dijo por fin el dios— Me duele no haber podido criarte yo mismo, las circunstancias no lo permitieron, pero me alegra haber encontrado a Tom y Sabine…
—¿Y a qué vino, señor? —preguntó Marinette apenas, siempre muy aferrada a su mamá— No es que le falte el respeto, pero… ¿por qué ahora?
—Porque algo pasó. El dios Seth está rondando París, enviando a sus criaturas a atacar a sus ciudadanos. —dijo Apolo sin suavizar el golpe. Un escalofrío le recorrió el espinazo a Marinette— Eso nunca es buena noticia, sino una muy peligrosa. Puede que… por tu condición de semidiosa te busque.
—¿Cómo?
Apolo hizo relampaguear sus ojos. Fue un segundo y todo pareció quedarse quieto. Marinette de pronto se vio en un espacio blanco, inmenso, sola junto a su padre. Naturalmente sintió temor, pero Apolo mantuvo una distancia apropiada para no alterarla más de lo normal. Era evidente que el dios sufría por no tener una cercanía afectiva con la menor de sus hijas, y que hubiera querido que las cosas se dieran de otro modo, pero los hados habían hablado.
—No vine a sacarte de tu ambiente, si hubiera dependido de mí, esto nunca hubiera pasado. ¡No quería interrumpir tu vida de ningún modo! Tus papás… superaron toda expectativa… realmente se merecían tenerte mucho más que yo. Y eres feliz con ellos…
—¿Señor? ¿Dónde estamos?
—En un lugar sin tiempo. ¡Calma! Volveremos pronto, como si no hubiera pasado nada… Sé que hay cosas que no quieres que tus papás sepan.
Marinette dio un respingo y se llevó la mano al corazón.
—¿A qué se refiere?
—A mi Marinette. —Tikki salió de su escondite y flotó delante de su portadora, a quien le guiñó un ojo, antes de volverse hacia el dios—. ¡Hace unos mil quinientos años que no te veía Apolo!
—¡Señora Tikki! Como siempre es un gusto verla. ¿Ya se deshizo del gato?
—Ah no, mi calcetín sigue conmigo. —Tikki se volvió hacia Marinette— Ahora me explico por qué tenías esa esencia tan especial. ¡Eres una semidiosa y no lo sabías!
—¡¿Conoces al señor Apolo?!
—Desde que nació en Delos. No habían pasado tres días y ya se estaba peleando con Tifón. —Tikki se giró hacia el dios— ¿Seth está detrás de las criaturas?
—¿Se refieren a esas serpientes? Pero parecen sentimonstruos…
—No lo son. —Apolo se acercó a Marinette un poco— No sabemos qué busca Seth en París, pero lo averiguaremos. En el intertanto, tú y tu compañero deben estar alerta a sus ataques, y evitarlos todo lo que puedan. El cosmo de esas criaturas los va a debilitar y el veneno hará que se cansen muy rápido. La mejor estrategia para enfrentarlos es… no enfrentarlos.
—¡Pero no podemos dejarlas a sus anchas!
—Ya nos estamos encargando, ahora… —con un movimiento de manos, Apolo regresó todo a la normalidad, como si nunca se hubieran movido. Tikki apenas tuvo tiempo para esconderse— Marinette… esas criaturas de Seth son peligrosas y podrían buscarte por tu condición. Si me revelé a ti, es porque te voy a proteger si me necesitas.
—Ten esto, Marinette. —Sabine le puso una cadena dorada muy fina alrededor del cuello— Es un regalo del señor Apolo.
—Si estás en peligro, solo debes tocarlo y vendrá en tu ayuda. —Tom miró expectante a Apolo— ¿En serio no hay más que podamos hacer?
—Vivan su vida normal —les dijo Apolo— Yo me encargo de lo demás. Marinette… evita a esas cosas. Y si no puedes… pide ayuda.
Y sin decir más, Apolo hizo un gesto con la cabeza y desapareció del todo, como si nunca hubiera estado ahí, dejando a la familia sola y aprensiva. Rodearon a su hija con el cariño único que le tenían, no porque fuera la hija de un dios, sino porque era la pequeña que habían visto crecer en una hermosa jovencita.
—No me siento semidiosa… —dijo Marinette con un nudo en la garganta— … si hay algo especial en mi es… que ustedes son mi papás. —añadió antes de sollozar de lo lindo.
Tom y Sabine la contuvieron lo mejor que pudieron.
CONTINUARÁ…
NOTA de Misaíto: Creo que fue en este capítulo que me di cuenta que esto iba en serio. ¡Muchas gracias por darle una oportunidad a este engendro. Si tienen dudas, nos dicen para aclararlas, y desde ya les dejo en claro que no sé quien fue la mala influencia con lo que se viene… si Abby o yo…
Lo que me recuerda… Abby… your move!
Nota de Abby: Aww, esta parte me gustó mucho, principalmente la intervención de Apolo diciéndole la verdad a Marinette. Ahora (se truena los dedos) aquí voy.
BRÚJULA CULTURAL:
Traída a ustedes gracias a la magia de Internet, Wikipedia y otros sitios especializados
Hades: (en griego antiguo ᾍδης, originalmente Ἅιδης o Ἀΐδης —en dórico Ἀΐδας—, el invisible) alude tanto al antiguo inframundo griego como al dios de este. Es el mayor hijo varón de Cronos y Rea.
Según el mito, él y sus hermanos Zeus y Poseidón derrotaron a los Titanes y reclamaron el gobierno del cosmos, adjudicándose el inframundo, el cielo y el mar, respectivamente; la tierra sólida, desde mucho antes provincia de Gea, estaba disponible para los tres al mismo tiempo.
Hades era un personaje temible para los vivos. Para muchos, simplemente decir su nombre ya era espantoso, por lo que se buscaron eufemismos que usar. Dado que los minerales preciosos venían de las profundidades de la tierra (es decir, del inframundo gobernado por Hades), se consideraba que tenía también el control de estos, y se referían a él como Plouton (Πλουτων), relacionado con riqueza, de donde procede su nombre romano, Plutón. Además, se lo llamaba Clímeno (Κλυμενος, célebre), Polidegmon (Ρολυδεγμων, que recibe a muchos) y quizá Eubuleo (Ευβουλεος, buen consejero o bienintencionado), todos ellos eufemismos que evolucionaron a epítetos.
Aunque era un olímpico, pasaba la mayor parte del tiempo en su oscuro reino. Formidable en la batalla, demostró su ferocidad en la famosa Titanomaquia, la batalla de los olímpicos contra los titanes, que entronizó a Zeus. Temido y odiado, Hades personificaba la inexorable finalidad de la muerte. No era sin embargo un dios malvado, pues aunque severo, cruel y despiadado, era justo. Hades gobernaba el Inframundo y por ello era con mucha frecuencia asociado con la muerte y temido por los hombres, aunque la personificación real de esta era el dios Thanatos.
Sus pertenencias identificativas incluían un famoso casco, que le dieron los Cíclopes y que hacía invisible a cualquiera que lo llevase. Se sabía que a veces Hades prestaba su casco de invisibilidad tanto a dioses como a hombres (como a Perseo). Su carro oscuro, tirado por cuatro caballos negros como el carbón, siempre resultaba impresionante y pavoroso. Sus otros atributos ordinarios eran el narciso y el ciprés, la Llave del Hades y Cerbero, el perro de tres cabezas. Se sentaba en un trono de ébano.
Ambrosía: (en griego, ἀμβροσία) es una sustancia asociada a los dioses, considerada generalmente la comida o bebida de estos. La palabra deriva del griego ἀμ-, no y βροτός, mortal y significa, literalmente, inmortalidad. Su etimología es compleja y fuente de debates académicos, pues no se describe exactamente la naturaleza de este alimento. Bien podría ser un tipo de miel o un tipo de aceite. Lo concreto es que la ambrosía la consumen los olímpicos, es tóxica para los simples mortales. PERO… éstos pueden ganarse el derecho a tomarla y así alcanzar la inmortalidad. Generalmente son semidioses los que acceden a estos derechos, pero también los humanos, como Psique, quien tras una cantidad de aventuras (que incluyeron a una suegra del terror) se le concedió el derecho de tomar Ambrosía, convirtiéndose en la diosa de las almas gemelas… lo que claramente es un indicio que la comadre no se murió al beberla.
Athena: (del griego ático Ἀθήνα), también conocida como Pallas Athena (Παλλὰς Aθήνα), es la diosa de la guerra, la civilización, sabiduría, estrategia en combate, de las ciencias, de la justicia y de la habilidad, educadora de héroes. Fue una de las principales divinidades del panteón griego y una de los doce dioses olímpicos. Athena recibió culto en toda la Grecia Antigua y en toda su área de influencia, desde las colonias griegas de Asia Menor hasta las de la península ibérica y el norte de África. Su presencia está atestiguada hasta en las proximidades de la India. Por ello su culto tomó muchas formas e incluso tuvo una extensión considerable hasta el punto de que su figura fue sincretizada con otras divinidades en las regiones aledañas al Mediterráneo. En la mitología romana se la adoraba con el nombre de Minerva.
La versión más tradicional de su mito la representa como hija partenogenética de Zeus, nacida de su frente ya completamente armada después de que se tragase a su madre. Jamás se casó o tuvo amantes, y mantuvo una virginidad perpetua. Era imbatible en la guerra, ni el mismo Ares pudo derrotarla (si me lo preguntan, creo que le hacía bullying a Ares). Fue patrona de varias ciudades pero se volvió más conocida como protectora de Atenas y de toda la región del Ática. También protegió a muchos héroes y otras figuras míticas, y aparece en una gran cantidad de episodios de la mitología.
Fue una de las deidades más representadas en el arte griego y su simbología ejerció una profunda influencia sobre el propio pensamiento de aquella cultura, en especial en los conceptos relativos a la justicia, la sabiduría y la función social de la cultura y las artes, cuyos reflejos son perceptibles hasta nuestros días en todo el Occidente.
Seth: o Set es un dios ctónico, deidad de la fuerza bruta, de lo tumultuoso, lo incontenible. Señor del caos, dios de la sequía y del desierto en la mitología egipcia, también es el hermano de Osiris. Su nombre egipcio es Suty o Sutej (Setesh, Seteh), y el griego, Set (Seth). La deidad griega asociada fue Tifón.
Seth fue hermano del dios de la muerte llamado Osiris. Osiris se casó con Isis, se cree que fueron los primeros gobernantes egipcios. Cuando Osiris fue asesinado por su hermano (Seth), su esposa Isis lo revivió convirtiéndolo en el dios de la muerte (ya que fue el primer hombre que descendió al inframundo y revivió), pasando a ser Isis la diosa de la maternidad, el matrimonio y la salud.
Lo interesante de este dios es que a veces es benéfico, de hecho, varios faraones se pusieron su nombre, y otras derechamente maligno. Supongo que todos tenemos días malos.
