Harry Potter era un gran amante del Quidditch y aún más de su puesto de buscador, pero que más se puede esperar del hijo de uno de los mejores jugadores de Hogwarts.

Su vida era el campo y se sentía libre en este. Como si los problemas no existieran y él solo fuera Harry, no Harry Potter, o el Niño-que-vivió, o El Elegido, solo Harry.

En el campo podía dejar salir toda su frustación, pensar y desahogarse. Justo como estaba haciendo ahora luego de la muerte de Cedric. Nadie lo había preparado para esto. Nadie le había dicho que cuando entrara en el mundo mágico en vez de tener una vida en paz fuera del alcance de sus tíos, tendría que ver gente morir y luchar por algo mejor.

Las lágrimas se amontonaban en sus ojos cuando pensaba en el cuerpo inerte de Cedric. Él pudo haberlo salvado si solo hubiera tomado la Copa, pero tenía que ser tan Gryffindor como para poder compartir la victoria.

Seguro Cedric lo estaba odiando donde quiera que este, aunque cuando vio su fantasma en el cementerio no parecía tan enojado, aunque tal vez aún seguía shockeado por su muerte y solo quería que Harry llevara su cuerpo de regreso con su padre.

En un movimiento rápido Harry bajo de su escoba para encontrarse frente por frente a Draco Malfoy, el enemigo declarado de Harry Potter. Ambos se miraron y, como todos esperaban, una tanda de insultos saldría de sus bocas, pero solo se quedaron mirando fijamente por largos minutos sin decir palabras.

-Deja de joderte la existencia cara rajada.

Y aunque nadie lo creyera Harry se sintió un poco mejor. Sus amigos siempre lo apoyarían, siempre le dirían que no tenía la culpa y que dejara en paz el tema, pero aquello no lo hacia sentir mejor porque esos amigos nunca te decían la verdad, solo te decían aquello que tu querías escuchar y llegaba un punto en que no sabías si lo que te decían era verdad o mentira.

En cambio, que tu enemigo te diga que dejes de preocuparte por eso, hace que uno se sienta un poco mejor. Tu enemigo no iría por ahí diciendote eso sino fuera realmente real.

-¿Quieres jugar, Draco?

Harry le enseño la snitch que tenía guardada en su bolsillo. La robó del despacho de McGonagall y Harry recordaba que esa fue la que usó en el partido contra Cedric Diggory el año pasado. ¿Cómo lo sabe? Simplemente porque Harry recuerda haber visto unas iniciales en la pelotita dorada y así era. Estaba escrito CeDi, que Harry suponía, eran las iniciales del Hufflepuff.

-Que remedio.

Ambos subieron en su escoba y le dieron 10 segundos a la pelota para que volara antes de lanzarse hacia el cielo y buscar algún destello dorado. Habían pasado 30 minutos, Harry nunca recuerda haber estado tanto sobre una escoba en busca de una snitch, pero se había dado cuenta que su atención estaba puesto en cierto rubio que había cambiado mucho durante el verano.

Su pelo danzaba libre sin ese exceso de gel que usaba a principios de año, su cuerpo estaba más desarrollado y sus ojos tenían un brillo característico de la adolescencia.

-Esa es la atención que le prestas al juego Potter

El chico le mostró la snitch que estaba en su mano. Harry estaba tan absorto mirando al chico que ni siquiera se había puesto a buscar la endemoniada pelota.

Antes que se diera cuenta Draco había saltado hacia su escoba. Ambas respiraciones chocando una contra otra. Un olor a menta suave proveniente de Draco hizo al ojiverde sonrojarse y todo empeoró cuando el rubio se acerco a sus labios, sellandolos con un beso.

Fue un beso suave, sin prisas, y Harry se sintió en las nubes. Realmente le había prestado más atención de la necesaria al chico. No quería que nadie descubriera su secreto acerca de su enamoramiento por Draco Malfoy, pero fue el mismo Draco quien lo descubrió y al parecer lo aceptó de buena gana.

Ambos se apartaron, claramente avergonzados, pero aún así con una tonta sonrisa en su rostro.

-T-tu también me gustas.

Ambos se miraron. Solo fueron segundos, pero fueron suficientes para que ambos sintieran todo ese amor. Harry ahora se arrepiente grandemente de haber rechazado la amistad del ojigris. 15 años perdidos en nada, cuando pudiera estar durmiendo en las habitaciones verdes plata junto con él.

-Creo que deberíamos bajar. Se preguntaran donde estamos y pensarán que nos hemos matado.

Ambos no pudieron evitar reirse. Solo hizo falta que Harry mirara de más a Draco para que este le prestara atención. De haber sabido eso lo hubiera mirado por horas, aunque no es que no lo haga, solo que antes era un poco más discretos.

Entraron juntos al Gran Comedor. La sosprersa se vio en el rostro de todos. Ambos venían juntos, sin ninguna maldición por medio o insultos, y claramente sonrojados.

Albus se llevó a la boca un caramelo de limón con una gran sonrisa. Siempre supo que esos dos terminarían juntos. Del odio al amor solo hay un paso.

La otra persona que se había dado cuenta de lo que sucedía fue Luna Lovegood, que los miraba a ambos con una sincera sonrisa.

Además de ellos dos, nadie entendía que sucedía con ambos chicos. Ni siquiera Severus podía estar seguro.