Resumen: Colaboración con Misao-CG. Durante las peleas contra los akumas de Papillon, Ladybug y Chat Noir son atacados por un nuevo enemigo que está detrás de algo más valioso que sus Miraculous, lo que traerá nuevas revelaciones sobre todo lo que ellos creían saber de sí mismos. AU Saint Seiya.
NOTAS:
1) Los personajes no nos pertenecen. Miraculous Ladybug es propiedad de ZAG y los créditos son para Thomas Astruc y su equipo. Saint Seiya fue creado por Masami Kurumada.
2) Esta historia NO fue realizada con fines de lucro, solo para divertirnos.
3) Puede tener spoilers de toda la serie y películas disponibles.
JUEGOS DE DIOSES
CAPÍTULO 5
(Escrito por Misao-CG)
Bote La Liberté, París.
Juleka no sabía bien qué pensar de su hermana. Tenía fotos de ella en los brazos de Violate cuando era muy pequeña, pero no tenía memorias conscientes, al menos no hasta que había aparecido el año anterior, un día, de la nada, pidiéndole permiso de abordar el bote y casi infartando a su madre de paso. Luka tampoco sabía mucho, también era muy pequeño cuando Violate se había marchado de casa, pero sí sabía que esas dos se habían peleado por el mismo tema que irritaba a todos en la familia: saber quién era el misterioso padre de los tres.
Anarka por lo visto estaba dispuesta a llevarse ese secreto a la tumba.
Tenía sentido: Violate quería saber, Anarka no quiso decir. Agréguenle carácter explosivo de ambas, algo de rebelión preadolescente y su buena dosis de drama materno y PAH. DRAMA. Violate tenía 12 años cuando se fue para no volver jamás. Nunca hubo una noticia o atisbo de lo que había pasado con ella. Desapareció a unas cuadras de distancia tal como si se la hubiera tragado la tierra. Incluso Anarka se había tragado el orgullo para denunciar su desaparición a la policía, pero nada surtió efecto. Violate estuvo desaparecida hasta que el año anterior había regresado como si nada, anunciado que era una espectro al servicio de Hades.
¡¿Qué miércoles se habría fumado para enrolarse entre los guerreros del dios del inframundo?!
El regreso de su hija enfureció y alegró a Anarka a partes iguales. Sofocó sus ansias asesinas solo porque Violate había regresado… con bastantes cicatrices que no quiso explicar, pero aparentemente bien y entera. Fue una semana o dos de constantes visitas, y luego… silencio radial una vez más. Hasta ese día.
—¿Me pasan la sal? —preguntó Juleka tan bajito que creyó que no la habían escuchado.
Es que la conversación en aquella mesa iba viento en popa. A su madre de nuevo se le había pasado el enojo, aunque se notaba que había algo de desilusión en ella. No obstante, fiel a su naturaleza ya acribillaba al joven matrimonio con preguntas de todo tipo. Cuando se conocieron, como, donde, en qué trabajaban, sobre la boda…
—¿No hicieron ceremonia? ¿No hubo siquiera una borrachera?
—Anarka: ¿es que nadie puede pasarlo bien sin alcohol? Y no… no hubo borrachera.
—Hubo una pequeña fiesta. Si no lo hacíamos, el señor Hades nos mata.
—De nuevo en tu caso, Aiacos. —rezongó Violate con un desprecio. Y con un movimiento de mano, le pasó la sal a Juleka.
—Gracias… —respondió Juleka casi en voz baja— ¿Cómo que de nuevo? ¿estabas muerto?
—Oh, tengo un cuñado zombie. —comentó Luka divertido.
—Estuve muerto. Nos revivieron hace poco. Guerra santa, trifulca con los dorados, épicas peleas de bar, muchos muertos, un par de explosiones, el muro de los lamentos horadado y aquí estamos. —explicó Aiacos como quien comenta el clima.
—Wow. ¿Cómo es el inframundo? —insistió Juleka, mostrando bastante interés.
—Frío. —dijo Aiacos— y caluroso al mismo tiempo, depende de donde estés.
Juleka sonrió de corazón. No solo por la respuesta que dieron, sino por el hecho que no tuvo que repetir la pregunta: Aiacos la escuchó perfecto. Anarka levantó ambas cejas, y Luka decidió en ese momento que su cuñado le caía bien: la menor de los Couffaine se estaba sintiendo bastante cómoda y eso era difícil, considerando los temas que tenía Juleka con la ansiedad.
—Creo que me gustaría conocerlo.
—Si Anarka te deja, te llevo a dar una vuelta. Pero sin que te alejes: el inframundo es peligroso y el suelo es traicionero. —ofreció Violate.
—¡Claro que NO la dejo! Capaz que me la regresen a la vuelta de otros 15 años. ¡No gracias! —protestó Anarka. La mujer suspiró muy apenada— Mousallon, ¿Por qué no me dijiste que te habías casado?
Violate rodó los ojos hasta dejarlos en blanco. Aiacos se acomodó y tanto Luka como Juleka se prepararon para lo peor. Anarka esta vez no sonaba tan enojada, mucho de su ímpetu se había evaporado, pero no dejaba de estar dolida.
—¡No me digas que me querías ver de novia, Anarka! ¡Sabes bien por qué no te dije!
—¡No, no lo sé! ¡Y sí!: quería verte de novia. ¡Toda linda y como una princesa! También me hubiera gustado conocer a este pirata bueno para nada de antes. Entiendo que te hayas querido ir, pero ¿era necesario cortarme así de tu vida?
Violate bajó la mirada y no quiso contestarle. Ella era una espectro, la estrella celeste de la soledad, portadora de Behemoth, no una dulce esposa de casa. Las circunstancias que la llevaron a ocupar ese puesto habían sido tan complicadas, que era mejor que su familia se mantuviese al margen y no sabía si quería contarles mucho más. La vida en el bote, después de todo, era una delicia comparada con la vida que llevaba.
—Nuestro trabajo es complicado, suegrita. Me consta que mi ala derecha quiso muchas veces contactarla, pero si no lo hizo, fue con el dolor de su corazón y por la seguridad de todos ustedes.
—¡¿De dónde sacas tanta cursilería junta, Aiacos/Pirata?! —dijeron Anarka y Violate al mismo tiempo. Luka se echó a reír.
—¡Igualitas las dos!
—¡También te quiero amor! —Aiacos le guiñó el ojo a su esposa.
Violate se taimó. Tentada estaba de enviar a Aiacos a dormir con el perro una semana, pero medio todavía necesitaba el apoyo del sujeto. Y sí, el hombre tenía razón: hubo muchas veces en que sí quiso contactar a su madre, pero se abstuvo por las razones antes mencionadas. Miró a su madre y suspiró.
—¿En serio era importante que supieras que estaba casada? Siempre dijiste que el matrimonio era una pérdida de tiempo…
—¡Con razón me costó tanto convencerte!
—¡Claro que lo es! Pero para mí. Si casarse hace que mis hijos sean felices, entonces los apoyo con toda mi fuerza. Soy yo la que no quiso atarse a un inútil toda su vida, pero si mis hijos quieren… ¿quién soy yo para negarles? —Anarka no pudo evitar un puchero— ¿Al menos tienes fotos de tu boda?
—Eerrr… —Violate tragó saliva.
—No hubo ceremonia. Solo fuimos a firmar los papeles y ya, y algo pequeño entre nuestros amigos, solo porque el señor Hades insistió. —Aiacos intercambió una mirada— Creo que Criss sacó fotos.
—¡Pues entonces deberíamos hacer una fiesta aquí en el bote! —sugirió de pronto Luka— No tiene que ser algo grande…
—Podemos decorar muy bonito —Juleka opinó casi en susurros— Seguro que las chicas se animan.
Violate arrugó la nariz. No quiso mirar a Aiacos, porque este seguro que le dedicaba alguna sonrisa burlona. Consideró sí la idea: a lo mejor resultaba algo lindo después de todo. A fin de cuentas, sí quería involucrar a su familia en su vida, sobre todo ahora que las cosas parecían tener un mejor pronóstico… además… también quería presentarles a Lily.
—Anarka… ¿prometes no enojarte con lo que te voy a…?
—LE GASP—
¡¿QUÉ DEMONIOS…?!
—¡Quietos todos! —exclamó Aiacos con brusquedad, poniéndose de pie.
La actitud de la pareja cambió radicalmente. De estar en completo relajo, se tensaron como nunca y hasta se les notó como afilaron los sentidos. Luka intentó moverse, pero un movimiento de la mano de Aiacos lo instó a quedarse quieto. Los espectros estaban expectantes, como si esperasen un golpe.
Un pulso. Una suerte de latido erupcionó no lejos de ellos, una presencia que se encendió durante unos instantes, a manera defensiva, que desapareció casi tan rápido como había aparecido. Dos suspiros se demoraron Aiacos y Violate a subir a cubierta, haciendo gala de una destreza que ni siquiera los héroes de París tenían. Una vez allí fijaron la mirada en la dirección da la Sainte Chapelle…
—Seth. —siseó Aiacos, invocando su sapuri— sus bichos están atacando a… alguien.
—¿De quién es ese cosmo? —gruñó Violate muy ansiosa— ¡Se sintió muy divino! Y siento que debería conocerlo bien, pero no…
—Violate. —preguntó Anarka— ¿Qué sucede?
Aiacos saltó en dirección de aquella extraña sensación sin emitir ni una sola palabra más. Violate cruzó miradas con su familia y asintió, antes de invocar su sapuri y desaparecer en pos del juez. Anarka se tapó la boca perpleja. ¿Qué acababa de mirar? ¿Qué estaba pasando?
—Reportan un ataque a los héroes de París en mi app de akumas. —dijo Juleka asustándose.
—Pero no ha habido akuma alguno… —susurró Luka.
La familia se quedó mirando las caras, perpleja.
Ile de la Cité
En esos momentos.
—CHAAAAAAAAAAAAAAAAAAAT…
Ladybug se soltó de la desesperación, no supo bien como. Chat estaba totalmente indefenso y a merced de esa cosa que estaba a punto de almorzárselo. ¡Eso no podía estar pasando! Era su gato. ¿Qué se supone que iba a hacer sola? Se sacudió como nunca y logró soltarse por unos escasos segundos. Sentía que la musculatura le quemaba, pero eso no le impidió echar a correr hacia Chat, aunque la sujetaron de los pies y cayó de cara al suelo. Rodó sobre su eje y alcanzó a dar una patada, que poco hizo para detener a la bestia que se le vino encima con las fauces abiertas, dispuesta a matarla.
Vio su vida en un segundo. Hasta sintió como la sangre abandonó sus mejillas.
Un latido…
Un pulso que pareció liberar una suerte de tsunami que se extendió en todas direcciones. Expulsando a los criaturas de Seth lejos de donde estaban.
—¡LARGO!
… e instantes después sintió un golpe seco. Ladybug abrió los ojos que no sabía que había cerrado, solo para ver al escorpión que la había estado atacando, rodando y huyendo por el terreno. ¡Estaba libre! Pese al dolor, se levantó a tiempo para ver como Chat Noir caía de rodillas, sangrando por la boca y sujetándose el tórax, resoplando exhausto.
—ma… lady. —carraspeó dolorosamente.
—Chaton…
Ladybug se apresuró a su lado, no con la rapidez que hubiera querido. Estaba asustada, no tenía idea qué había pasado, pero sí había sentido algo enorme y apabullante, demasiado similar a la vez que se enfrentó a Chat Blanc. Tuvo que parpadear varias veces para asegurarse que su partenaire era Chat Noir y no su contraparte akuma. El muchacho resoplaba, a todas luces adolorido. Ladybug sintió un nudo en la garganta…
VRRAAAAAARRRRRRROOOOOM
Una serpiente de proporciones emergió justo debajo de la tierra, abriendo sus fauces y enseñando sus colmillos que goteaban veneno. Ladybug se detuvo en seco, tragándose el aire y casi cayendo sentada a medida que miraba hacia arriba, pero la criatura no pareció prestarle mucha atención, sino que muy por el contrario, hizo un giro y se lanzó sobre Chat Noir, quien miraba pálido, sangrando y vulnerable a las fauces que se le venían encima.
—¡CHAAAAAAAAAAAAT!
—GARUDA FLAP
Un golpe de energía que pareció convertir el aire en cuchillas se vino encima de la serpiente segundos antes que atrapara a Chat Noir, cortándola en pedazos. La cabeza cercenada cayó apenas a un metro del muchacho, quien todavía pasmado, ni siquiera se movió. Aiacos de Garuda, estrella celeste de la valentía, juez de almas de Antenora, aterrizó junto al muchacho extendiendo las alas de su sapuri…
Chat Noir se encogió sobre sí mismo al verlo. Se sujetó el tórax con una mano y se llevó la otra a la frente, como si quisiera atajar una súbita migraña. Todavía sentía los remanentes de esa sensación cálida en su pecho… se sentía muy raro, sin decidir si se sentía bien o mal.
Aiacos se volvió al muchacho para preguntarle algo, cuando sintieron un temblor en el suelo. En ese momento apareció otra serpiente, no tan grande como la que acababa de matar, pero igual de amenazadora. En vez de atacar al gato, embistió contra Ladybug, lo que causó que Chat Noir intentara ir en su ayuda, pero fue detenido por Aiacos. A sus espaldas, Violate de Behemoth, su esposa, se encargaba de la nueva criatura.
—¿Quién eres, muchacho? —preguntó Aiacos, tomando a Chat por los hombros y obligándolo a ponerse de pie…
–No. No, ¡Gato mareado! Voy a vomitar… —se quejó casi cómicamente.
Aiacos hizo caso omiso. Entrecerró los ojos al tiempo que despejaba los cabellos de la frente de Chat Noir, como buscando algo, o tratando de identificar qué era lo que el joven héroe tenía de especial…
Violate saltó a su lado y dejó a Ladybug en el suelo. Por lo visto, la espectro se la había echado bajo el brazo mientras reducía a la nueva criatura. La heroína perdió el equilibrio ni bien sus pies tocaron el suelo y cayó de bruces, seguida por Chat, quien en su esfuerzo por sujetar a su partenaire también se desplomó. Violate cruzó miradas con su marido.
—Hora de irse. —dijo mientras señalaba con la mirada en cierta dirección. Ahí, Aiacos vio a Alya grabándolo todo con su celular.
Y sin siquiera intercambiar palabras, ambos espectros desaparecieron tan rápido que fue como si nunca hubieran estado ahí.
En el intertanto, Chat y Ladybug se sujetaban uno al otro, y al menos el gato comenzaba a hiperventilar, como si estuviera drogado. La catarina se tragó las nauseas y por esas casualidades, se fijó en el lucky charm que todavía tenía en la mano, vayan a saber los dioses como eso era posible.
—¿Mon minou? —preguntó mientras levantaba la mirada para ver mejor a su partenaire. ¡Se veía tan raro el pobre! —¿Quiénes eran esos?
—¡MA LADY! —contrario a todo pronóstico, y aunque se veía adolorido, Chat se incorporó y la sujetó por los hombros— ¿Estás a salvo?
—¡No te muevas! —llena de preocupación Ladybug sujetó sus manos— ¡Mira no más como te dejaron! ¿es que no te duele nada?
—¡Me duele todo! Pero me siento como si me hubiera revolcado en yerba gatera (no preguntes) Me va a doler todo después, pero ahora…
—Estás drogado…
—Más o menos. Me siento muy raro… —Chat hizo un puchero— ¿Estás bien…? Por favor no me mientas, que casi me morí del susto…
Ladybug casi hizo un puchero. Chat le pasó el dedo por la comisura de sus labios y no dejaba de mirarla consternado, como quien busca herida secretas. Ambos estaban heridos y ya sintiendo los efectos de los golpes. Las orejas del gato se movían en todas direcciones, como buscando peligro. Las criaturas que los habían atacado habían escapado quizás a donde.
—¿Crees que ya se hayan ido?
—Espero… dudo que pueda aguantar otra paliza… —Chat Noir miró a Ladybug tratando de contener el dolor— ¿No te gustaría lanzar el Lucky Charm, ma lady? No sé tú, pero comienzo a sentirme muy mal…
—¡Cierto! —Ladybug volvió a fijarse en la moneda. El característico patrón rojo con motas negras se activó, cubriendo tanto el pequeño objeto como a su compañero— Qué curioso… y este diseño…
—¿Qué acaso teníamos que sobornar a alguien con esa moneda? Miauch…
—Luego, Chat. —Haciendo un esfuerzo, Ladybug lanzó el amuleto y ni bien las catarinas explotaron en todas direcciones, reparando el daño provocado, incluso el daño que habían recibido: estaban sanados, pero mortalmente agotados— Mucho mejor…
—Seeehh… —Chat se sujetó la cabeza— No me siento bien —añadió compungido, mientras se ayudaban entre ambos a ponerse de pie.
Ni siquiera se habían dado cuenta que se habían sentado en el suelo. Alya ya no estaba ahí; quizás se había ido a buscar otra cosa, como a los misteriosos guerreros que salvaron a los héroes de París…
—¿Necesitas ayuda, chaton?
—No ma lady. Puedo solo… solo… este gato quiere dormir una buena siesta panza al sol. —el muchacho ladeó la cabeza, con las orejas achatadas contra la cabeza— ¿Y tu padre?
—No sé… mejor que no haya venido… me asusta un poco. —Ladybug se sobó los brazos, pero tuvo que ayudar a Chat a no perder el equilibrio— ¿Estás seguro de que estarás bien?
—¡Claro que sí! ¡Nueve vidas ma lady! —Chat Noir puso su sonrisa más coqueta de su repertorio— ¿Estás preocupada por mí, ma lady? ¡No sabía que me tenías ese aprecio! —le dijo muy galante. Ladybug casi se palmeó la cara.
—Eres mi mejor amigo, Chat. ¡Por supuesto que me preocupo por ti!
¡PUÑALADA! Chat Noir se llevó la mano al pecho con dramatismo. La muchacha solo rodó los ojos y se cruzó de brazos.
—Luego te la cobro ma lady… te aprovechas que me siento enfermito… Si me disculpas.
—¡Avísame que llegas bien, por favor!
—¡Te lo prometo!
Ladybug vio como Chat Noir se alejaba de aquél claro, no con la agilidad de siempre. No lo culpaba, si bien el miraculous los había sanado, ella tampoco se sentía del todo bien. ¡Estaba agotadísima! Y sin energía para pensar incluso en una excusa. Si ella se sentía así, no quería ni saber cómo se sentía su minino.
Alguien puso la mano sobre su hombro.
—Destransfórmate, Ladybug. —dijo Apolo de pronto— Te llevaré a casa.
—¿Señor Apolo?
—Pasaste por mucho, petite. Yo me encargo a partir de ahora. Tu amigo estará bien…
Ladybug alcanzó a hacer un puchero.
—¿Me lo prometes? —preguntó casi sin pensar— Si le pasa algo, me muero… es un idiota, pero es mi gato idiota.
—Te lo prometo. —aseguró Apolo, suavizando su rostro.
Ladybug en ese momento deshizo la transformación, pero antes de darle su merecida galletita a Tikki, el dios le tocó la frente y Marinette sucumbió ante la inconsciencia. Apolo no dejó que cayera al suelo, y la alzó en volandas, acunándola en sus brazos y protegiendo su identidad de miradas indiscretas. Tikki apareció flotando, mientras mordisqueaba una galleta.
—¿Está bien, señora Tikki?
—Sabes que sí. ¿Sabes qué acaba de pasar? —preguntó muy seria— Creo que sentí un cosmo…
Apolo negó con la cabeza.
Callejones de París.
Momentos más tarde.
Estaba en las cercanías de la mansión Agreste, pero Chat Noir ya no podía más. Se sentía muy descompensado y de verdad ya no quería más guerra. Se dejó caer tras unos basureros y deshizo la transformación, lo cual fue una pésima idea, pues de alguna manera Plagg lo estaba conteniendo. Medio se arrastró lejos de los basureros y se ayudó con la pared para ponerse de pie.
—¡Chico! Vamos. ¡Reacciona! Ya estamos cerca de casa. ¡Vamos! —Plagg le revoloteó preocupado alrededor sin siquiera pedir un trozo de queso— ¡Adrien!
Es que Adrien estaba muy pálido y sudoroso. Dio un par de pasos más antes de doblarse sobre sí mismo y vomitar hasta la cena de la noche anterior. Eso no lo hizo sentir mejor, sino todo lo contrario.
—Plagg… ¿qué me pasó? ¿qué fue eso? —preguntó mientras se refregaba el pecho, como tratando de sacudirse alguna sensación. Se notaba asustado.
—Luego pensamos en eso, muchacho, hay que volver a casa —Plagg hubiera querido añadir que los seguían, pero se contuvo— Estamos casi a la vuelta de la esquina…
—¡Me sentí muy raro! Nunca había tenido la cabeza tan clara, ¡ni cuando me revolqué en hierba gatera! Pero… pero…
—Adrien… ¿qué sentiste?
—No sé… no… —Adrien hizo memoria, recordando brevemente aquella sensación en su pecho que le gritaba que podía destruir estrellas, pero se sacudió ese pensamiento en el acto, aterrado de sí mismo— No sé. Yo… no quería que… ¡Iban a lastimar a Ladybug! Y yo ahí dejándome matar, yo… ¡tenía que protegerla!
—Y lo lograste muchacho, pero ahora vamos a casa. Necesitas agua y descanso…
—Me duele todo… la cabeza, el pecho…
—La reparación de Ladybug te curó…
—Siento los pulmones como si los tuviera en carne viva… —Adrien se pasó el dorso de la mano por los labios, descubriendo un pequeño hilillo de sangre— Plagg…
Adrien estaba muy asustado, pero no quiso decirlo. Plagg entendió perfecto e infló pecho. Se acercó a su cachorro, le refregó la cabecita en la frente y sin perder más tiempo, lo instó a caminar.
—Un pie delante del otro. Vamos, casi llegamos a casa. ¡Vamos, cachorro! Sé que puedes…
Y así, pasito a pasito, Plagg comenzó a sacar a Adrien de aquél callejón, guiándolo hasta la mansión Agreste que por fortuna no estaba tan lejos. A una buena distancia, Aiacos y Violate observaban por completo confundidos. ¿Qué estaba pasando?
—¿No se supone que eran dos los semidioses que estaban en París? —Violate señaló hacia Adrien con la cabeza— ¡Él no es un semidiós ni de chiste!
—Ese pulso de cosmo… es muy similar al del señor Hades… pero… lo que sea que hayamos sentido…
—Lo anuló casi de inmediato, ¡Como si no existiera! Por más que busco, no lo encuentro. ¿Estamos seguros de que ese pulso de cosmo divino vino de él? ¡Es como un humano normal!
—Ve a informar de esto al señor Thanatos, Violate. Ellos sabrán que hacer. Yo seguiré al muchacho hasta que llegue a su casa.
Con la vista afilada, Aiacos salió caminando tras Adrien, manteniendo una sana distancia. Violate no hizo ningún gesto, pero pronto giró sobre sus talones y desapareció en la primera sombra que encontró.
Había mucho que informar.
Monte Olimpo. Estancias de Zeus.
Una semana después.
Esta era la segunda asamblea divina aquél mes y por las pintas se estaba poniendo la mar de interesante. Hermes se inclinó hacia Hestia y medio se tapó la boca para hablar con ella. Ambos dioses tenían los ojos muy abiertos y no se perdían detalle. Las cosas estaban por ponerse muy intensas.
—¿Trajiste palomitas, tía? —le preguntó con interés. Hestia le acercó un enorme canasto lleno de palomitas.
—Sírvete cariño. —dijo mientras comía algunas. Dionisos apareció con prudencia a la derecha de la diosa.
—¿Puedo comer?
—Claro.
Es que el chisme estaba buenísimo. Bueno, no tanto, las cosas estaban graves para los humanos al menos. En cosa de un mes habían pasado muchas cosas. Primero, Seth era avistado en París, y por lo mismo, Athena y Hades habían enviado a sus guerreros a investigar qué mismo se traía el egipcio ese en la Ciudad de la Luz. Sobre la marcha y considerando que Seth estaba atacando a los héroes de París, se descubría que Ladybug era hija de Apolo y que seguramente estaba tras ella…
… pero justo cuando creían que nada más iba a pasar, un pulso divino destruía la noción de un segundo semidios en la ciudad. Por breve que hubiera sido esa revelación, era imposible que perteneciera a un semidiós, sino todo lo contrario: eso era una esencia divina, que para colmo parecía tener más relación con el inframundo que con el mundo de los vivos y no, el señor Plagg no tenía nada que ver en ese asunto.
¡¿Qué changos hacía un dios en París?! ¿De dónde había salido? Porque era joven: el causante era un chiquillo apenas, de acuerdo con lo que habían informado el juez de Garuda y su esposa. Con cero contacto con el mundo de los olímpicos, y por si fuera poco, tan rápido como lanzó ese pulso, en defensa de Ladybug por cierto, se había anulado como si tuviera miedo de hacerse notar.
Todo eso había ameritado una investigación más a fondo que involucró a Ananké y otra reunión olímpica ante Zeus. La primera había sido para coordinar el envío de guerreros a París a vigilar a Seth, y ahora… para analizar el nuevo giro de los eventos.
—A ver si lo estoy entendiendo. —Zeus se mesó las sienes y paseó la mirada por todos los dioses— ¿Ninguno tiene idea de donde pudo haber salido ese dios?
—O porqué oculta su esencia. —añadió Poseidón— Eso es por miedo. Ese chiquillo no se muestra por temor a algo. Nos teme.
—¿Por qué un dios olímpico tendría miedo de nosotros? —quiso saber Hefestos— Somos de la misma naturaleza.
—Es cosa de verte la cara, hermanito. —se burló Ares— pero es una pregunta válida.
—Yo quiero saber de donde salió —Hera afiló la mirada— Zeus, ¿seguro no es hijo tuyo?
—Argh. ¡No empieces, Hera! —el dios hizo un desprecio y volvió a pasear la mirada por los presentes.
—¡AAAAATCHSSSS! —Hades estornudó sonoramente, y más de una vez. Mientras se refregaba la nariz, se quedó mirando feo a Athena. Tenía los ojos hinchados, enrojecidos, y la nariz muy congestionada— ¡Lo haces a propósito, Athena! Aleja a esa bestia de mí.
La diosa arrugó la nariz en señal de berrinche. Glaukopis, su lechuza, estaba posada sobre su escudo y lo miraba desafiante. Hades tenía una molesta alergia a las plumas en general y no apreciaba la cercanía de la criatura en lo absoluto.
—¡Es solo una lechuza, Hades! Madura de una vez. ¡Ni que te estuviera picando los ojos!
—¡Sabes de mi alergia! Solo… aléjate.
—Por favor, no hagamos más drama de esto. ¡Es infantil! —intervino Perséfone, mirando a Athena— Me voy a llevar a mi marido a esa esquina, por favor… mantengamos la distancia.
—AAAAAATCHHHHSSSS.
Zeus rodó los ojos y se acercó al grupo, solo para asegurar que Hades y Athena se alejaban uno del otro. No pasó desapercibido para nadie que Démeter no atacó verbalmente a Hades durante el intercambio. La diosa de las doradas trenzas estaba muy callada… y quizás angustiada.
—Mejor continuemos con lo que nos convoca. Seth está acosando a los héroes de París por el linaje de ambos. La muchacha es hija de Apolo y de una humana. El muchacho… no es un semidios, pero tampoco el humano que creímos. Ninguno ha bebido Ambrosía y seguro que Seth los busca por eso. —recapituló Athena— ¿No deberíamos hacerlos beber Ambrosía y ya?
—No es posible: si bien se lo merecen (han salvado muchas veces la ciudad) arriesgaríamos sus vidas. —explicó de pronto Apolo— Tanto mi hija como el muchacho son muy jóvenes, no podrían soportar un trago de Ambrosía sin sufrir lo indecible o morir. Y de los dos… el muchacho tiene más probabilidad de sobrevivir que mi hija. ¡No están lo suficientemente maduros físicamente como para beberla!
—Hay un motivo del porqué los dioses bebemos Ambrosía solo a partir de los 25 años, cariño. —le explicó Hera a Athena con paciencia— Antes es perjudicial.
—Incluso puede ser letal. —Apolo arrugó el ceño— No voy a arriesgar a mi hija así. O al muchacho. —el dios se sopló el flequillo— ¡¿De dónde changos salió ese pequeñajo?! ¡Ni idea que hubiera nacido otro dios!
—Camus me dijo que se sintió como un pulso del Inframundo. —reclamó Athena mirando a Hades por el rabillo del ojo— El muchacho es un dios. Su naturaleza está oculta de sí mismo, incluso del señor Plagg… y pertenece al más allá.
La noción era clara: Chat Noir había nacido de dos dioses de muertos, pero ¿Quiénes? Hades parpadeó quedito, como sorprendido que se hubieran fijado en él. A su lado, Perséfone infló las mejillas, y con tristeza miró al suelo. Tomó la mano de su marido y se apoyó en él, gesto que solo las diosas que tenían algo que ver con la maternidad comprendieron. Estos dos llevaban milenios con el dolor de no poder ser padres, pese a los intentos. Hades tomó aire y resopló, como tratando de recuperar amargura, volviéndose hacia Thanatos e Hypnos.
—Ya, escupan: ¿Cuál De Ustedes Se Reprodujo y No Contó El Chisme? —Hades incluso entrecerró los ojos mirando a Hypnos: de todos los dioses del inframundo, el dios del sueño y su esposa eran los más probables candidatos para haber tenido hijos en el último tiempo— ¿No te dije que dejaras tranquila a Pasitea un par de miles de años?
—¿Tuviste un bebé, Pasitea? —le preguntó Afrodita a la gracia. La aludida negó con efusión.
—¡No! Con Hypnos nos hemos portado bien. ¡Hace mil años que no tenemos un bebé! —respondió Pasitea en seguida.
—A mí no me dan ni la hora, así que tampoco soy yo. —aseguró Thanatos, encogiéndose de hombros— ¿Hécate?
—Nope. Yo no he sido madre. —respondió con tranquilidad, antes de seguir jugando con su celular— De todos modos, la criatura aquella se oculta por terror, no por miedo. Una divinidad así no se anula de esa manera si no temiera por su vida.
Durante toda la conversación, Démeter no sabía dónde meterse. Lo que había hecho hacía catorce años con su nieto le estaba carcomiendo el alma. Si bien en un principio no se había arrepentido, como que con el paso de los años, a medida que se le fue enfriando la cabeza, le entraron dudas. Hubiera jurado que sin el sustento de su madre, aquella alma que había arrojado al mundo debería haberse evaporado como humo, pero contrario a todo pronóstico… se había desarrollado. ¿Acaso había aterrizado en alguna matriz humana? ¡Que chasco! ¿Y ahora qué se supone que hacía? Era cosa de tiempo antes que…
—El tiempo se cumplió, Démeter —habló de pronto Ananké. La diosa del huso de diamante la miraba con enorme seriedad— Señores, Démeter sabe de donde salió ese pequeño.
—¡¿Qué?! ¡No! Yo no sé de lo que habla, señora Ananké. Jejejejejeje, en verdad no.
—Yo si me acuerdo —dijo de pronto la titánide Mnemosine, la que nunca olvida nada— O lo dices tú, o lo digo yo.
Démeter tragó saliva, sintiéndose de pronto el centro de la curiosidad de todos los presentes. Se mordió un dedo, mientras pensaba a toda velocidad qué hacer y qué decir. ¡Sabía que ese parásito le iba a dar problemas! Bien hacía en tenerle miedo: debió haberlo hecho sufrir más cuando tuvo la oportunidad. Miró unos instantes a su hija… la iba a odiar por el resto de sus días por esto.
—Es hijo de Hades…
La indignada respuesta del dios no se hizo esperar.
—¡¿Has Perdido La Cabeza, Démeter?! ¡¿De Dónde Sacas Esa Locura?! ¡NO Le He Sido Infiel A Mi Persefoncita!
—¡¿Me Has Estado Engañando, Hades?!
—… y de mi hija Koré. —Démeter hizo un puchero— Ese muchacho… es mi nieto.
—¡Argh, Mamá! ¡Te he dicho hasta el cansancio que mi nombre es Perséfone…! —la diosa de pronto palideció con tanta fuerza que sus dorados rizos se alaciaron y sus ojos casi se desvanecieron ni bien procesó lo que dijo su madre— ¿De qué estás hablando…?
Démeter calló. Se negó a decir una sola palabra más. Apretó los puños e irguió la cabeza. Hermes y Dionisos se acabaron las palomitas, pero Hestia las repuso. Athena aguantó la respiración, Hera no se perdía detalle y tanto Zeus como Poseidón intercambiaban miradas y se ponían de acuerdo en silencio para trancarle los brazos a Hades, que ni bien saliera del pasmo, seguro iba a cometer el suegricidio que tantas ganas tenía. Mnemosine por su parte, chasqueó los dedos y ante los ojos de los dioses, proyectó en la pared la memoria de cómo Démeter había arrancado la pequeña alma del vientre de su hija y lanzado al mundo.
—¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAH!
El grito que profirió la diosa de la primavera desgarró a todos. Hécate, Afrodita y Pasitea corrieron a atenderla, pues Perséfone sucumbió en franco ataque de pánico. Hades parecía estar sufriendo un infarto y hasta ganas de vomitar tenía. Lleno de dolor y sintiendo la cabeza como llena de algodón, no sabía ni qué pensar, cruzó miradas con Hypnos y Thanatos.
—Vayan por mi muchacho… —dijo en un doloroso susurro.
—NO. —afirmó Ananké— Es el muchacho quien debe buscar a sus padres Hades. No puedes revelarte ante él como tal, ni tú ni tu esposa. Él los tiene que buscar a ustedes.
—¡¿Me Estás Diciendo Que No Puedo Ir Por Mi Hijo?! ¡¿Es Que No Viste Lo Que Le Hizo Esa Arpía De Mala Muerte?!
—Él los tiene que buscar. Pero pueden cuidar de él sin que lo sepa… —añadió Ananké con suavidad.
—Hypnos, Thanatos… por favor… confirmen que es mi muchacho.
Los dioses gemelos desaparecieron en el acto, dejando atrás una muy silenciosa asamblea, interrumpida solo por los llantos desgarradores de Perséfone, a quien no había como calmar. Hestia ordenó que le trajeran un tecito para los nervios. Nadie se atrevía a moverse, Hades estaba… estático, angustiado, impredecible. Y de pronto fijó la mirada en Démeter… y vio en rojo.
Athena preparó su escudo, Ares se tronó el cuello, Hefestos preparó su martillo… ¡Aquí iba a liarse parda!
Segundos después Hades se abalanzaba sobre su suegra, espada en mano y ansias asesinas. La trifulca que se armó luego alcanzó tales proporciones, que ni los dioses de otras cosmogonías quedaron ajenos.
Mansión Agreste. París.
En esos momentos. Miércoles, 11:45 hrs.
—¡ADRIEN AGRESTE!
Gabriel no era un hombre feliz. Para nada, y lo hacía notar. Las últimas semanas estaban probando ser muy difíciles y su paciencia estaba muy en los límites. ¡Y he ahí que Adrien desafiaba su autoridad como nunca! ¿Acaso el chiquillo estaba en drogas? ¡Maldita sea! El muy bastardo hijo de su madre se estaba ganando un pase a la calle como siguiera así.
—¡¿A Dónde Se Supone Que Vas?! Te Estoy Hablando.
—¡¿Qué?!
Nathalie aguantó la respiración. ¿Qué pasaba con Adrien? Hacía muchos días que lo notaba terriblemente agotado y eso también lo tenía de mal humor. Por lo general era un muchacho muy dulce, pero al mismo tiempo muy solo. Lo tenía bien vigilado (o eso creía), sabía que solo hacía travesuras propias de su edad, pero… estaba cansado por alguna razón, y su padre lo estaba empujando al límite…
PLAF
—¡Tú a mí no me respondes de ese modo, insolente! —Gabriel no dudó en cruzarle una bofetada a su hijo— ¿Qué se supone que haces?
—Iba A Mi Cuarto. ¡Estoy Cansado!
—NO Te Saqué De Clases Para Que Fueras A Dormir, Vago De Porquería. ¡Tienes Trabajo Que Hacer!
—¡No Me Quiero Sacar Fotos!
—¡Es Tu Trabajo! ¿O Crees Que Te Tengo Aquí De Gratis?
—¡Pues Renuncio!
—¡No Me Pruebes, Pequeño Bastardo! Sabes Que No Me Va A Temblar La Mano Si Tengo Que Echarte a la Calle.
—¡A Ver Qué Dirían Tus Publicistas Entonces!
Gabriel y Adrien se desafiaron con la mirada. ¿Qué estaba pasando con el chiquillo? Hasta hacía poco el muchacho hubiera hecho cualquier cosa por obtener su aprobación (que no le iba a dar) y ahora salía con estas actitudes tan poco sanas. Hizo la nota mental de preguntarle a Nathalie porqué mantenía al insolente este. ¡No era su hijo! Quizás con quien le habían puesto los cuernos, pero no, este niño era solo hijo de su muy … madre y no de él. ¡No tenía ninguna obligación! Tampoco tenía que estar aguantando insolencias. ¿En qué estaba pensando cuando lo reconoció legalmente? Ah sí, no quería perder a Emilie, quien ya había amenazado irse incluso antes de saber de su sorpresivo embarazo.
—Les pago para que tengan ideas. ¡Recuerda eso! Si quiero, te puedo echar a patadas de la casa.
Adrien desafió a Gabriel con la mirada, pero en su fuero interno lloraba de miedo. Siempre había admirado a su padre, pero éste nunca le había dado mucha bola. Realmente se había esforzado en ser buen hijo, en agradarle, en hacerlo sentir orgulloso, pero por más que lo intentaba, menos lo lograba. Ese día estaba cansado: Papillón estaba particularmente latoso y Seth había atacado 3 veces los últimos 4 días y ya no daba más. Solo quería un poco de descanso, dormir… eso le hacía muy bien, pero no… lo sacaban de clase por una sesión de fotos.
Nathalie había accedido a suspender la sesión cuando lo vio afirmado en la mirada, pero cuando habían regresado a casa, su padre los estaba esperando en las escaleras… y luego… luego… luego… Gabriel había explotado y exigido que se hiciera la sesión sí o sí. Adrien, en un extraño desplante de personalidad, se dio la media vuelta y comenzó a subir las escaleras en dirección a su cuarto, bajo la perpleja mirada de Nathalie y el Gorila.
—¡Pues Hazlo Y Ya! Al Menos Voy A Poder Descansar. —Adrien comenzó a subir los escalones hacia su cuarto. Plagg, en su bolsillo, ronroneaba a toda máquina para calmarlo un poco.
—¡Dije Que Te Vas A La Sesión! —Gabriel subió tras los pasos de su hijo y lo sujetó del brazo— ¡Obedece, infeliz!
—¡Suéltame, Père!
—¡Tienes Un Contrato Que Completar!
—¡Monsieur, por favor! El cliente puede esperar un día o dos… —suplicó Nathalie.
—Dije que…
Se produjo un extraño silencio. Plagg, quien estaba en el bolsillo de Adrien, sintió como un extraño poder se dejaba caer sobre la mansión y segundos más tarde, su cachorro sucumbía peso muerto sobre los escalones. Arriesgándose a que lo vieran, salió de su escondite y sujetó a Adrien, quebrando su caída y tratando de depositarlo lo más gentilmente sobre los escalones.
—¡¿Qué está pasando aquí?!
El kwami miró a su alrededor… Todos estaban dormidos. El Gorila estaba a medio camino entre la puerta y su protegido, como si hubiera querido atajar su caída. Nathalie estaba un poco más abajo, apoyada contra el pasamanos. Gabriel había caído varios escalones. Hmpf. El muy mi**da no se había hecho daño, por desgracia. ¡Oh no! Esto no era bueno. ¡Pudo reconocer en el acto el poder de un dios! ¿Acaso buscaban a su cachorro? Lo iban a lastimar, seguro: fijo que el pulso de cosmo que el muchacho había tenido días atrás los había ofendido y ahora venían a matarlo. ¡Oh No!
—¡Ya verán con quien se encuentran!
Plagg se escondió entre las ropas de Adrien, en actitud depredadora. Pronto pudo ver a Hypnos, caminando por la mansión como si fuera el dueño de casa. NO lejos estaba Thanatos. ¡La Muerte! ¡En verdad venían por su portador! El kwami siseó y afiló los ojos.
—Ahí está el muchacho… —dijo Thanatos— ¿Está bien?
—No veo que se haya lastimado…
—Lo abofetearon. ¿Cómo se atreven?
—Luego, Thanatos. —Hypnos se agachó junto al muchacho, como escudriñando sus facciones. En verdad se parecía bastante a su madre, pero algo tenía de Hades. ¿Quizás el carácter? —Ya veremos de qué madera estás hecho, chiquillo… por ahora… necesito uno de tus cabellos…
—¿Lo harás analizar?
—Obvio.
Hypnos estiró la mano. Solo necesitaba un cabello para poder comparar ADN con sus supuestos padres, ¿Y qué mejor momento para sacarlo que ahora? Casi con descuido, estiró la mano en la dirección del mechón más cercano…
—¡AAAAAAARGH!
Pero fue en ese momento que Plagg salió de su escondite y le encajó un buen mordiscón al dios en uno de sus dedos…
CONTINUARÁ…
BRÚJULA CULTURAL:
Traída a ustedes producto de la falta de sueño, la magia de internet, Wikipedia y otros sitios especializados, como la Saint Seiya Wiki.
Aiacos de Garuda: Es el espectro de la Garuda de la Estrella Celeste de la Valentía, uno de los personajes más prominentes de la Saga de Hades. Es uno de los tres jueces del Inframundo, quien cuida del tribunal de Antenora, junto con Rhadamanthys de Wyvern y Minos de Grifo. Es derrotado por Ikki de Fénix en una dura pelea.
En la mitología griega, Éaco (en griego antiguo Αἴακός) era el rey de la isla Egina, situada en el golfo Sarónico. Famoso por el rigor del sentido de la piedad y la justicia con que gobernó a su pueblo. Sus juicios eran buscados desde toda Grecia, tanto que tras su muerte fue designado juez de las sombras en el Inframundo, junto con los cretenses Minos y Radamantis. Una elaboración posterior del mito cuenta que Radamantis juzgaba las almas de los orientales, Éaco las de los helenos y Minos tenía el voto decisivo.
Violate de Behetmoth: Es un personaje exclusivo del Saint Seiya Lost Canvas – Hades Mythology. Es la espectro de Behemoth de la Estrella Celeste de la Soledad, quien participa de la guerra santa entre Hades y Athena del siglo XVIII. Es la lugarteniente de Aiacos de Garuda, quien la llama "su ala derecha", mote que conlleva una fuerte carga emocional para ambos (básicamente le dice que sin ella no puede volar, pero en idioma espectro)
Thanatos: (en griego Θάνατος, muerte) era la personificación de la muerte sin violencia. Su toque era suave, como el de su gemelo Hipnos, el sueño. La muerte violenta era el dominio de sus hermanas amantes de la sangre: las Keres, asiduas al campo de batalla. Hijo de Nix, la noche, que lo tuvo sin intervención masculina, todas las noches discutía con su gemelo quien se llevaría a los mortales, si la muerte o el sueño. Jugó un papel menor en los mitos, estaba subordinado a Hades, pero junto con su hermano, eran eficientes llevando a cabo trabajos concretos, por lo que sus servicios solían ser solicitados bastante a menudo. Solo fue engañado por el rey Sísifo… y como podrán comprender, no habla mucho del asunto.
Hypnos: (griego antiguo Ὕπνος, sueño, sopor) es la personificación del sueño. Su madre era Nix, la noche, que lo tuvo sin intervención masculina. Su palacio era una cueva oscura donde el sol nunca brillaba. A su entrada crecían amapolas y otras plantas hipnóticas. Según algunas fuentes, vivía junto con su hermano en un palacio subterráneo cercano al de Nix (nenes de mamá). Según otras, lo hacía en una cueva bajo una isla griega, a través de la cual fluía Lete, el río del olvido.
En una ocasión, Hera prometió a Hypnos la mano de una de las Cárites, Pasítea, de la que estaba profundamente enamorado (pero no se atrevía ni a saludarla por los nervios), si le ayudaba a dormir a Zeus. El Sueño obedeció, pero no digamos que a Zeus le hizo gracia la treta y casi mata bien muerto a Hypnos, si este no le hubiera pedido ayuda a su madre Nix, a quien Zeus le tenía mucho respeto (AHEM, miedo, AHEM)
Con Pasítea tuvo mil hijos, los Oniros. Los tres más importantes aparecían en los sueños de los reyes: Morfeo, Fobétor (o Iquelo) y Phantasos. Según otro mito, Morfeo se ocupaba del contenido animado de los sueños de los seres humanos, mientras que los otros dos Oniros eran responsables de los animales y los objetos inanimados en los sueños.
