Resumen: Colaboración con Misao-CG. Durante las peleas contra los akumas de Papillon, Ladybug y Chat Noir son atacados por un nuevo enemigo que está detrás de algo más valioso que sus Miraculous, lo que traerá nuevas revelaciones sobre todo lo que ellos creían saber de sí mismos. AU Saint Seiya.
NOTAS:
1) Los personajes no nos pertenecen. Miraculous Ladybug es propiedad de ZAG y los créditos son para Thomas Astruc y su equipo. Saint Seiya fue creado por Masami Kurumada.
2) Esta historia NO fue realizada con fines de lucro, solo para divertirnos.
3) Puede tener spoilers de toda la serie y películas disponibles.
CAPÍTULO 7
Escrito por Misao-CG
Mansión Agreste.
Esa mañana.
Le dolía la espalda, pero eso era de esperar. Había amanecido en la mitad de la escala sin recordar cómo se había quedado dormido. ¿Adrien? ¡Ese muchacho insolente! Seguramente había despertado en algún momento e ido a su cuarto, dejándolos a ellos en la escalera sin hacer siquiera el esfuerzo por despertarlos. Solo se había preocupado de él y que a los demás los partiera un rayo. ¡Caradura! ¿Y luego decía que lo quería tanto?
Bah. No le interesaba el cariño de ese malagradecido. ¡Encima que lo criaba y mantenía en su casa de gratis!
—Nathalie, recuérdame porqué mantengo a Adrien.
—Porque legalmente es su hijo y madame Agreste es su madre. —respondió Nathalie rodando los ojos.
—¡Cierto! Y además porque lo necesito para intercambiarlo cuando pida el deseo. —Gabriel se apretó el pueden nasal. Una ráfaga de dolor pareció cruzarle el rostro— Es injusto.
—¿Monsieur? ¿Qué es lo injusto?
—Es injusto que lo único que me quede de Emilie sea la prueba viva de su infidelidad.
Nathalie arrugó el ceño, tratando de morderse la lengua y no decir nada que afectara su trabajo o al muchacho. Después de todo, ella era la única garantía de Emilie que aseguraba el bienestar de Adrien en esa casa. Gabriel había reconocido al muchacho como suyo solo por la presión social y por la falta de pruebas de una infidelidad, pero si hubiera dependido de él, hubiera abandonado al muchacho en el sistema a su primer respiro.
¡Porque Adrien no era su hijo! Cuando les llegó la noticia del embarazo, la pareja estaba atravesando por una fuerte crisis matrimonial y no se habían tocado ni con un palo de escoba en meses. Tuvo que salvar apariencias en un primer momento, pero ni bien tuvo la oportunidad hizo analizar al muchacho a espaldas de su madre. Los resultados lo estremecieron… pues tampoco era hijo de su mujer. ¿Acaso lo habían intercambiado al nacer? Como fuese, Emilie porfió en quedarse con el parásito, incluso amenazando con irse. BAH. ¡Como si no lo hubiera amenazado con eso antes! Si Emilie no había cumplido esa amenaza, se había debido a la extraña condición de salud de Adrien: tenía problemas con la coagulación y un grupo sanguíneo imposible. Cualquier emergencia médica implicaría gastos que solo con su fortuna podrían solventarse.
En algún momento creyó que lo quería, pero desde el accidente de Emilie, aquél sentimiento se había evaporado. El muchacho no significaba nada más que una herida en su orgullo.
Emilie estaba casi muerta y él se quedó cuidando del bastardo. Todo eso sería diferente cuando pidiera el deseo: cambiaría el pasado y el niño no existiría. El podría quedarse con su esposa hasta el final de sus vidas.
—Monsieur no debería pensar en esas cosas —dijo Nathalie fijándose en la agenda— En lo que consigue los miraculous, debemos atender otros detalles. Pedí una cita médica para Adrien en unos días y una consulta con un nutricionista. Viene una competencia de esgrima pronto a la que sería conveniente que asistiese (sugerencia de su publicista) y además… la semana de la moda de Milán…
Gabriel arrugó el rostro mientras Nathalie le repetía una vez más su agenda en un afán por distraerlo de su rencor hacia el muchacho. Tenía que poner ojo a esa cuestión, su asistente se preocupaba demasiado por el niño. Suspiró: podía entender tal cosa, tenía que reconocer que Adrien era encantador. Hubo un momento en que pareció guardarle algo de aprecio, sobre todo cuando se dio cuenta que podía lucrar con él, pero ahora… no. Estaba respondón, desafiante y desobediente: no quería tratar con insolentes así.
Si lo echaba no lo echaría de menos, aunque algo al fondo de su corazón no parecía estar de acuerdo del todo.
—¿Has averiguado algo de esos monstruos?
—Solo lo que es de público conocimiento. —Nathalie se ajustó los lentes— Quien está enviando a esas alimañas contra los héroes de París llamó la atención de las divinidades locales. Analizando los enfrentamientos que han tenido, no busca los miraculous, sino más bien sospecho que busca matarlos… y que se está aprovechando de las akumatizaciones para atacar a los héroes tras los combates.
—Aprovecha que están cansados. ¿Has descubierto como se comunica Ladybug con su padre?
—No señor. Tampoco he averiguado nada sobre la intervención de los espectros de Hades del otro día: no tendrían porqué haber protegido a Chat Noir. Es un simple portador.
—Tendré que darme prisa, o cambiar de estrategia. ¡interesante! —Gabriel asumió una pose pensativa— Esto nos puede servir, Nathalie. Si dices que son intentos de asesinato, entonces puedo aprovecharme del pánico.
—¿Monsieur?
—Comenzaré a enviar más akumas, me sirve que esos mocosos estén agotados. Así serán presa más fácil para quien sea que los quiere muertos. ¡Les quitaré los miraculous cuando estén fuera de combate! Bien que se pueden quedar con los cuerpos, ¡Yo obtendré mis joyas!
Nathalie suspiró. ¡Ahí iba su jefe de nuevo!
Colegio Françoise Dupont.
Día siguiente. 8:05 am.
—¿Ya viste quién hace clases aquí?
—Silencio, Milo.
—¿Ya viste que los espectros infiltraron un salón?
—También, Milo.
—¿Y supongo que también te diste cuenta de que los espectros son tendencia en las redes sociales y nosotros no?
—¿En serio, Milo?
—¡Debería ofenderte que nos superaron!
Camus se masajeó las sienes. Se suponía que esa misión debería ser en solitario, pero ahí estaba el alacrán, solo por el gusto de molestarlo. Se suponía que debían ser discretos y no intervenir a menos que fuera necesario, pero ¡NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO! Ahí estaba el alacrán instigándolo a figurar…
… Se suponía que ELLA no debería estar en la misma escuela en la que estaban los objetivos de la misión, pero… No: Ahí estaba Caline y encima era la profesora del mismísimo salón en donde había una semidiosa, un supuesto hijo de Hades y un espectro que vayan a saber los dioses cómo habían hecho pasar por un estudiante.
Y por si fuera poco, esa mañana Hyoga le había avisado que él y sus hermanos se iban a dejar caer en París, para alegría de Ikki, quien ya estaba en la ciudad con Shun, visitando a unos parientes por parte de madre.
—Y… ¿no irás a saludar?
—Non.
—¿por qué?
Camus no suavizó el rostro, pero eso no engañó a su compadre. El cosmo del guardián de Acuario estaba más suave: siempre atento a cualquier peligro, pero la presencia de aquella mujer y la oportunidad de verla otra vez le estaba suavizando el talante. Llevaba un tiempo sin verla y seguía tan linda como siempre. Se habían conocido el verano anterior a su muerte en Grecia, durante unas vacaciones de Caline. La última vez que la había visto fue poco antes de su muerte tras la batalla de las Doce Casas.
Oh, no. No había pasado nada entre ellos, pero ganas no les habían faltado. Cuando se había dado cuenta que lo suyo con Caline podría haber escalado a niveles importantes, Camus había detenido todo: no podía arriesgar ni la integridad ni los sueños de la profesora por una vida muy difícil e ingrata junto a él. Era mejor que ella siguiera su camino y encontrara a alguien que pudiera darle lo que él no podía. Verla de nuevo sin duda aliviaba su corazón, pero añadía una dificultad extra a su misión. No sabía si podría mirar a Caline a la cara y fingir que nada podría haber pasado.
—Simplemente es mejor así.
—Cobarde, mon ami. —Milo lo miró con una sonrisa ladeada y traviesa— Entonces supongo que no te molestará si voy y la saludo.
—¡Connard! Si te da un golpe, no te levantaré del suelo.
—Nada nuevo por ahí, pero… si la damisela se lastima… necesitará hielo para su manita. —Milo le guiñó el ojo y avanzó en dirección del estudiantado como si fuera dueño del lugar.
Camus reprimió el gruñido, pero tampoco hizo nada por detener a su compadre, que muy a sus anchas comenzó a caminar con todo y armadura por entre los estudiantes, que se preparaban para entrar a clases, como si fuera la cosa más normal del mundo. Fue como si hubiera aparecido de pronto en medio del alumnado, quienes lo miraban perplejos. Caline, seguida de algunos de sus chiquillos, subía por las escaleras hacia su salón, sin haber visto al escorpión dorado. Milo entonces vio su oportunidad y dio dos zancadas hasta adelantarse a la puerta del salón, ganándose el siseo de Cheshire, quien estaba cerca de la entrada.
"Quieto, espectro…" le dijo Milo por la cosmonet.
"¡Oblígame, bicho!" respondió Cheshire, siseando irritado.
—¡¿Qué hace una chica como tú en un lugar como este?! —preguntó Milo todo coqueto, con un ojo puesto en Caline y el otro en Camus, quien no lo perdía de vista.
—¡¿Pero que…?! ¡AAAAAAH! —Caline dio un brinco de medio metro al ver a Milo aparecer de pronto frente a ella— ¡Serás con….nocido de quizás donde! ¡¿Qué pasa contigo?!
Ooooh, las ganas de Caline por maldecirlo a viva voz eran adorables, pero la profesora se contuvo, pese a la sorpresa de verlo ahí tan campante, como materializado de la nada. Varias cabezas se asomaron a ver qué pasaba y… quién era el extraño.
—¡Nada! Pasaba por aquí, te vi, y decidí saludar. ¿No es lo que hacen los amigos?
Caline frunció el ceño. Instó a sus alumnos a entrar al salón y cerró la puerta, antes de comenzar a darle empujones a Milo para alejarlo de ahí. Estaba algo asustada, no se esperaba ver al dorado ni en un millón de años. En el otro salón, madame Mendeleiev estaba con la boca abierta de la sorpresa.
—¿Qué haces aquí?
—Pasé a saludar. ¿O ya te olvidaste de mí?
—¿Tenías que venir aquí? ¡Es mi trabajo, tarado! No puedes estar aquí… ¿No podías haberme advertido que estabas en la ciudad?
—Con toda la actividad divina de ahora último, creí que lo intuirías. Aunque… yo no soy el de la misión oficial…
—¡Me da lo mismo! No quiero saber nada de ti o de tus misiones o de a quién estás estorbando. —Caline se tragó el nudo en la garganta— ¡Menos vas a venir a molestarme en mi trabajo! Tengo alumnos que atender. ¡Vete!
—¡Pero acabo de llegar!
—Mademoiselle Bustier… ¿necesita que llame a alguien? —preguntó de pronto Iván.
Todo el salón estaba mirando a la pareja, todos llenos de curiosidad, excepto Cheshire que tenía los ojos entrecerrados. Caline negó con la cabeza.
—No Iván. El señor aquí ya se iba. ¿Cierto?
—¿No me vas a preguntar con quién vine, Caline? —la sonrisa del rostro de Milo era imborrable.
—No.
—¡Vamos! Solo una vez…
—Dije que no.
—¡A que no adivinas!
—Largo.
—Monsieur… tenemos clase. —dijo de pronto Iván, avanzando hacia la profesora, como intentando ayudar. De cerca le seguía Kim.
—¡Cierto que tienes aprendices! ¿Sabes quién más los tiene?
—Milo, por favor… ¡vete! NO puedo con esto ahora.
—Caaaaaaaaaaaa…
—¡Que Te Vayas!
En un inesperado movimiento, y quizás motivada por la desesperación, Caline le dio un estupendo empujón a Milo, que lo tomó por sorpresa… eso, o se dejó empujar, que era lo más probable. El hecho fue que el dorado rodó escalones abajo. Y mientras Caline se tapaba la boca por la sorpresa, todos sus estudiantes se abalanzaban sobre la baranda a ver al caído.
—¡Mademoiselle!
—¡Lo mató!
—¿Vieron eso?
—¡Miauch! Eso debe doler. —comentó Cheshire, quien le dio un codazo a Marinette, sonriendo como un gato— Creo que se lo buscó, ¿No te parece, prrrrincesse?
—¡No te pases de listo, minou! —exclamó Marinette, mientras lo miraba entre irritada y divertida.
—¡Aaaw, me dijiste minou! —Cheshire se puso todo coqueto, incluso si hubiera tenido cola la hubiera meneado con mucho interés.
Ahí sucedía otro drama, que tenía a Adrien muy molesto y confundido. Marinette era una lucecita en su vida y durante el último tiempo le había tomado muchísimo cariño. Mucho influía en eso las visitas que le hacía como Chat Noir, que le permitían ver que la chica no era el manojo de nervios ansiosos que solía ver en clase. Ahí donde Ladybug era su lady, Marinette era su princesse, aunque ella no lo supiera. Que viniera otro gato, ¡un vil callejero por si fuera poco!, a moverle la cola y a coquetearle le estaba irritando a niveles que nunca creyó posibles.
Plagg se reía a carcajadas de eso. Como buen gato, Adrien era terriblemente territorial. Si tan solo supiera que Marinette era Ladybug… UFFF, seguro se iría a los zarpazos con Cheshire.
Adrien se abrió paso y se metió entre ambos, apartándolos por la fuerza, harto del nuevo gato que había llegado al salón. Marinette, lejos de indignarse, dio dos saltitos nerviosos y comenzó a hiperventilar por la súbita cercanía de Adrien, que obviamente la atontó. Por su parte Cheshire se llevó las manos detrás de la nuca en una actitud relajada, insolente y divertida. No es que el espectro encubierto le hubiera hecho algo a Marinette, pero como que a Adrien no le gustaba que le dijera princesse a su princesse.
Aunque no digamos que Marinette sabía que él la llamaba así en secreto. Bueno, sí lo sabía, pero era porque Chat Noir le decía princesse… ¡¿Por qué venía otro gato a decirle así?! ¡Bah, mugre Igualado!
Sutilmente, ambos gatos intercambiaron miradas, pero ahí donde Adrien siseó en serio, Cheshire se rió burlón.
—Sí, sí, gran cosa, minou —rezongó Adrien sin darse cuenta de sus celos territoriales— ¡Alguien llame a una ambulancia! —añadió en voz alta, señalando al caído.
—NON. —ordenó Caline mientras instaba a sus alumnos a quedarse quietos. Se cruzó de brazos— Es de goma, no le pasa nada al muy mugre. ¡¿CIERTO MILO?!
—¡ESTOY BIEN! —Milo se levantó sin mayor drama y lleno de risas— ¡Ni sentí la caída!
Y lo peor es que era cierto: los golpes no le hicieron ni cosquillas. El dorado comenzó a subir los escalones con algo de fanfarronería adorable, mientras los chiquillos lo miraban incrédulos.
—¿Ven? Hierba mala nunca muere. —Caline se veía muy compuestita, pero moría de ganas de que la tierra la tragase y la escupiese en el Caribe.
—Eso duele, Caline. ¡Yo que te venía a saludar!
—Basta Milo. Nos vamos. —intervino Camus de pronto, apareciendo de improviso junto a la maestra, en actitud protectora.
Esto sí que le sacó una reacción inesperada a la pobre de Caline. Se volvió hacia Camus, palideciendo tal como si hubiera visto un muerto y abrió los ojos y la boca tal como si se fuera a poner a gritar, pero antes de hacer nada…
¡PAAAAAAF!
… le cruzó la cara de con un buen bofetón.
—¡Tú estás muerto! —exclamó Caline impactada, mientras sujetaba su mano lastimada. Camus se le la tomó unos instantes y aplicó frío.
—No desde hace unas semanas.
—¿Ves, Camus? Te dije que necesitaría hielo en la manita.
Alya y Marinette se miraron y al igual que toda la clase, no cabían en sí de asombro. Los únicos que parecían aburridos eran Cheshire y Lila. El primero porque ya todo le valía madres, aunque se entretenía encelando a Adrien (el que tuviera que protegerlo no le impedía incordiarlo un poco para divertirse); pero la segunda era porque estaba mirando muy fijo el collar delgado de Marinette, como si estuviera evaluando como quitárselo.
Y quizás fue en ese instante en que Cheshire notó la actitud de mademoiselle Rossi, decidiendo ponerse un poco más profesional. Esa italiana no le inspiraba confianza.
—¿Camus? —balbuceó Caline.
—Lamento los inconvenientes —dijo el dorado, frío como una piedra.
—Por favor. Vete y llévate al alacrán.
Por un instante, casi cedió a sus emociones, pero no podía darse ese lujo. Caline se veía muy seria y profesional, mas estaba a punto de perder los estribos. Mil emociones le daban botes en el pecho, pero tenía que mantenerse en control de todo. Después de todo, estaban sus alumnos mirando y no podía darse el lujo de quebrarse como colegiala emocional. Camus lo comprendió y asintió leventemente. Soltó la manita de Caline y sin más despedida, comenzó a bajar los escalones.
—Vámonos Milo.
—Aaaw, pero si acabamos de llegar…
Camus le dedicó una mirada tan gélida que no pocos buscaron refugio. Adrien incluso creyó notar que la temperatura ambiente bajaba varios grados, y hasta se sobó los brazos para entrar en calorcito (¿Marinette tendría fría? ¡Si la llegaba a abrazar ese gato…!) Milo se puso serio y asintió: ambos hombres reanudaron la marcha en silencio, con dirección desconocida. Ni bien se alejaron un poco, Caline sacudió la cabeza y el corazón.
—¿Qué hacen todos aquí? ¡De regreso al salón!
Estancias de Apolo.
Una semana después.
Leto frunció el ceño y puso las manos en las caderas. No emitió comentario alguno cuando Artemisa apagó el televisor: de hecho, el gesto le trajo algo de alivio. La diosa de la caza se sopló el flequillo y se cruzó de brazos.
—Algo trama Seth. Las criaturas que envía ya no van en escalada, sino que a veces manda las grandes, y otras las pequeñas.
—Puede ser que haya detectado la estratagema de Papillón: lleva enviando dos akuma diarios desde hace una semana. —Artemisa suspiró— Al menos aparecieron más portadores y he visto tanto a espectros como dorados interviniendo en la cuestión.
—Mi nieta no va a resistir mucho más a este ritmo. Tampoco el otro pequeño. ¡Son niños!
—En otros tiempos ya se les hubiera considerado adultos, mamá. —Artemisa bajó la mirada y suspiró— Pero en los que corren, son todavía chiquillos dignos de cuidado. —la diosa levantó la mirada— ¿Dónde está el idiota de mi mellizo?
—¡No le digas así a tu hermano, jovencita! —la regañó Leto— Pero está con Asclepios y Macaón: hoy estaban los resultados del pequeño dios.
—Oh, cierto…
Y era verdad. El examen de ADN para los olímpicos no era muy diferente del de los humanos. Compartía la teoría y algunos elementos de base, pero también incluía procesos más refinados. Era mucho más preciso, había que decirlo, e incluía algunos factores sobrenaturales que era imposible que aparecieran en un examen de ADN humano. Además, el tratamiento de las muestras era sin duda casi fumado.
Apolo de hecho estaba mirando las muestras en esos momentos. Frente a él había tres tubos de ensayo, sujetos en una gradilla, cada uno conteniendo las muestras de cabello de tres personas distintas. Por aquellos misterios de la ciencia, la vida y lo sobrenatural, podían verse con claridad las espirales que configuraban el ADN individual que los definía. Eran similares a la doble hélice humana, pero también tenía características únicas, como el hecho que se podían ver a simple vista, así como también un poco de bioluminiscencia. La gradilla estaba conectada a equipos que ya habían terminado sus análisis, cuyas conclusiones estaban en manos de Macaón, uno de los hijos de Asclepios.
—No hay una gota de humanidad en estas muestras. Los tres son de origen divino. —explicó Macaón sin generar mucha sorpresa— Y están emparentados entre sí.
—El muchacho sí es hijo de Hades y Perséfone —dijo Asclepios en voz alta, sin verse sorprendido.
No les sorprendió el resultado a ninguno de los tres, para nada. Era una crónica de un parentesco anunciado. Y sí, en cierta manera se alegraron de poder haber llegado a esa conclusión, pero al mismo se angustiaron un tanto. La forma en que Démeter se había deshecho del muchacho les ponía los pelos de punta. ¿Qué se había fumado cuando cometió tal cosa?
—En verdad debe detestar a Hades como para haber cometido esa atrocidad… —suspiró Asclepios— ¿Qué culpa tenía el muchacho?
—Ninguna. ¡Tremendo susto que se debió haber llevado! —Apolo se cruzó de brazos— Hmpf. De no ser por Seth jamás nos hubiéramos enterado. ¿Síndrome de Divinidad Oculta?
—¡Evidentemente!
Los tres médicos suspiraron resignados. Con tremendo trauma, no les sorprendía que la divinidad del muchacho haya estado tan escondida que ni él ni nadie la detectase antes, y que ni siquiera seres tan arcanos y experimentados como el señor Plagg o la señora Tikki hubieran podido hacerlo. Apolo miró al techo y suspiró: al menos no tendría que preocuparse que Marinette escogiera una vida mortal para pasar junto a su querido Adrien, como había pasado con varios de sus hijos, que prefirieron morir a vivir una eternidad sin sus seres queridos. Pero… ¿tenía que enamorarse de un dios del inframundo?
—Pudo ser peor, papá —lo defendió Asclepios, como adivinando el tren de pensamiento de Apolo— Es un buen muchacho: bien portado y criterioso. Algo tontorrón a veces, pero muy valiente.
—Tiene un montón de alergias, la de las plumas la más notable —dijo Macaón, todavía muy concentrado en los resultados— ¡Este niño jamás jugó en un parque de pequeño! Y está bajo peso además. Lo bueno es que tiene las vacunas al día, aunque ya habría que ponerle el refuerzo de la del sarampión.
—Déjame ver —Asclepios tomó el informe y siguió leyendo— Hmpf. Definitivamente es un dios de inframundo. ¡Con razón es tan compatible con el señor Plagg! No pudieron elegir mejor portador… pero no tiene hemofilia…
—¿Por qué debería tener hemofilia, papá? —le preguntó Macaón a Asclepios muy extrañado. Que recordara, en ningún momento le habían dicho que Adrien tuviese esa enfermedad— Su sangre es normal… sí se nota que tiene alergias de aquí hasta la luna, pero ¿de ahí a tener hemofilia?
—No la tiene —Apolo se encogió de hombros— Fue una de las explicaciones de la medicina humana para entender la sangre del niño.
—Esto no es sangre, es ícor. —insistió Macaón.
—Cosa que los humanos jamás se habrían imaginado. Ellos solo vieron unos análisis cuyos resultados los confundían.
—Sin mencionar que procesar sus muestras seguro descalibró los aparatos humanos de análisis. Y eso que no ha bebido ambrosía, sino ahí sí que hubiera derretido varios equipos. —explicó Apolo soplándose el flequillo— Hubiera sido divertido de ver y mucho más de escuchar la explicación…
Apolo cerró los ojos unos instantes, imaginando la hilarante situación de un hipotético tecnólogo explicando a sus jefes porqué se había derretido parte del equipo de análisis del laboratorio. Dejó escapar una risita.
—Para el ojo humano, esta sangre tiene déficits de coagulación similares a la hemofilia. —explicó Asclepios muy serio— No habría sido un diagnóstico definitivo, pero sí muy acercado y para colmo, seguro que el grupo sanguíneo también los hacía llorar. Lo catalogaron como un Rh nulo.
—Sangre dorada. ¡Pfffff! —Apolo sonrió— Es Icór 0 IV +. ¡Nada más ni menos!
Asclepios le pasó el análisis a su padre y suspiró. Un misterio menos y una preocupación más. Si Bastet no hubiera estado viendo videos de gato jamás se hubieran enterado de que Seth estaba tras los héroes de París, y que uno de ellos era nada más ni menos que el hijo perdido que Hades y Perséfone no sabían que existía. ¡Y luego decían que nada bueno podía salir de los vídeos de gatos!
Ahora esta noticia le iba a traer un mar de alivio y estrés a los padres del chiquillo, sobre todo con el tenaz designio del destino acerca de que no se podrían revelar ante su hijo sino que debía ser él quien los buscase.
—Iré a darle la noticia a Hades y a Perséfone. Están muy estresados y no los culpo. —dijo Apolo poniéndose de pie— Espero que esto les traiga algo de paz mental… aunque sospecho que no mucha.
—Es injusto —dijo Macaón con un suspiro— Habrían sido buenos padres, no debieron decidir por ellos…
—No podemos hacer nada al respecto, hijo —le dijo Asclepios con tristeza. El dios se volvió a Apolo— A propósito de los héroes, papá… ¿Ya te diste cuenta de que Marinette está teniendo pesadillas, verdad?
—Sí…
—¿Harás algo al respecto?
—Mientras tu hermana no me pida ayuda… —Apolo bajó los hombros preocupado— … no puedo hacer mucho.
—Papá… solo tiene catorce. ¡No puede hablar de todo esto con cualquiera! ¿No podrías prestarle un poco de atención? Tom y Sabine no pueden brindarle esa contención…
Apolo se volteó y tomó aire para reprimir un puchero. Su hijo y su nieto lo miraron expectantes y solo por eso, el dios consideró la petición de ambos. Ciertamente Marinette era una chica excelente y asombrosa, pero estaba bajo una tonelada de presión y debido a que ni Tom ni Sabine sabían de su alter ego, y de la tremenda responsabilidad que cargaba sobre sus hombros, que por cierto no había pedido ni tenido opción de rechazar, su hija bien podría estar necesitando contención extra, sin saber cómo pedirla.
—Puede que tengan razón… lo meditaré.
Asclepios asintió, solo para ver como segundos más tarde, su padre salía del laboratorio. Ahora, a planear como cuidar a esos chiquillos y… elaborar un plan de nutrición para los dos. Tenía la impresión de que tanto Adrien (sobre todo él) como Marinette estaban algo desnutridos…
Calles de París.
Día siguiente.
—Jejejejejejeje…
Cheshire se reía solo de sus maldades. Era un gato responsable, pero al mismo tiempo muy travieso y se había dado un pequeño lujo. Ya llevaba un tiempo cumpliendo su misión de echarle un ojo a Adrien y tenía que admitir que la misión estaba resultando a ratos muy complicada, frustrante y al mismo tiempo divertida.
¿Complicada por qué? Pues con cada akuma que era liberado sobre París, Adrien salía corriendo para convertirse en héroe y salvar la ciudad, lo que obviamente llamaba la atención de Seth, quien soltaba a sus alimañas sobre los Héroes de París. Salir de clases le estaba resultando cada vez más complicado aunque se las ingeniaba, no obstante, tener que en efecto salvar el pescuezo a los portadores estaba logrando alterar sus nervios. Como le que le estaba tomando cariño a su nuevo joven señor después de todo (sobre todo porque le estaba ayudando en matemáticas). Otro motivo que complicaba su misión era nada más ni menos que Gabriel. ¡Pedazo de Imbécil! A lo largo de su vida había visto padres muy malos, y si bien no era el peor que había visto, sí que entraba entre los primeros diez.
Ahora, ¿por qué su misión era divertida? Jejejejeje, porque le encantaba coquetearle a Marinette, quien no se tomaba a bien sus avances, solo para ver la reacción de su joven señor. Era solo una travesura, no que le gustara la muchacha, pero toda la situación involucraba un buen de adrenalina y diversión. Marinette trataba de ser todo lo educada con él, incluso lo ayudaba a mejorar su letra, tomándolo quizás por Chat Noir, pero evidentemente no le gustaba que le coqueteara… lo que por cierto ponía a Adrien en modo termonuclear, porque no solo tenía que disimular sino porque al mismo tiempo no entendía por qué diantres estaba celoso. Marinette, después de todo, era solo una amiga.
Pero Adrien era un gato, uno de casa, cierto, pero un felino a fin de cuentas y no se tomaba a bien que otro gato le estuviera rondando a su princesse. ¡Por ejemplo hace un rato! Venía justamente de pasar un rato en el bote de los Couffaine: Kitty Section estaba ensayando, así que se había juntado casi todo el grupo y lo habían invitado. Adrien se había escapado de casa para estar ahí y como siempre le pasaba, había terminado de tecladista. No era parte de la banda, pero ni modo. El asunto es que durante todo el rato, sobre todo cuando Adrien miraba, se dedicó a conversar y a coquetear con Marinette, todo en plan inocente, pero logrando a ratos incomodarla bastante… y dando una muy mala idea en el resto del grupo. "¡A Cheshire le gusta Marinette!" había sido el comentario de la tarde.
Marinette supo atajarlo y lo regañó en seguida, pidiéndole que cortara con esa actitud, pero le puso su mejor cara de gato con botas y la chica suspiró de frustración. Le acarició la barbilla con un dedo, como quien acaricia un gato, regañándolo que no lo volviera a hacer. Cheshire ronroneó contentó… causando que LUKA, por reflejo, le lanzara lo primero que tenía a mano (un cojín). "¡Deja de molestarla!" decía su actitud. Cheshire supo que era su hora de irse y así lo hizo, pero justo antes de bajar del bote, Adrien lo siguió y llamó su atención.
Se miraron largo rato. Si hubieran sido gatos, habrían arqueado las espaldas y sacado las garras, maullando amenazadoramente, al menos por parte del gato de casa, digo Adrien. Cheshire hubiera sido más burlón, pero se lo habría tomado en serio a fin de cuentas.
—Entiendo que te guste Marinette, pero la pones nerviosa…
—Tú también. —le dijo sin pelos en la lengua— Ni le hablas y la pones más nerviosa que yo. ¿O no te has dado cuenta? —sorprendido, Adrien se puso bastante rojo y hasta perdió las palabras por unos instantes.
—¡Basta! —Adrien recuperó la compostura, aunque perturbado por lo que le habían dicho— ¡Hssss! En serio, la estás incomodando.
—Miau, no sabía que te importara. Fsss. ¿qué piensa hacer un gato como tú contra un gato como yo?
—No quiero pelear… pero si tengo que hacerlo, lo haré.
Cheshire casi se largó a reír, pero se contuvo. Si hubiera tenido cola, la hubiera estado meneando de un lado a otro. Toda la situación lo entretenía mucho, pero… coincidió en ese momento que vio a Violate de Behemoth detrás de Adrien y lo miraba con cara de querer desollarlo vivo. Tragó saliva: si a la espectro de Behemoth se le ocurría darle una paliza por incordiar al joven señor, no iba a sobrevivir. Se llevó las manos a la nuca y tras guiñarle un ojo, decidió hacer quieto abandono del bote, dejando atrás a Adrien, siete veces más confundido… y quizás engrifado.
Y ahí lo tenían, caminando solo por las calles, riéndose de sus travesuras. Ojalá que sirvieran para que esos dos se acercaran más y se tomaran más en serio los sentimientos del otro. Eso sería bastante adorable y…
—¡UGH!
Hilos invisibles apresaron de pronto a Cheshire, cortándole la respiración y los movimientos. Fue alzado con violencia en el aire hasta lo alto de un techo, cayendo estrepitosamente contra éste. Instantes después, el cordel que le aprisionaba la garganta se aflojó y lo dejó respirar. Cheshire sabía perfectamente de qué se trataba todo eso, y motivado por el pánico, intentó soltarse a toda costa, pero los hilos no lo dejaron escapar. Segundos después fue levantado el aire y quedó colgando cabeza abajo justo enfrente de Minos de Griffin, el llamado titiritero. Asumió la pose más sumisa que pudo, con su mejor cara de gatito a medio apalear. Por lo general, el juez era muy divertido de lidiar, pero cuando se ponía grave, no quedaba mono con cabeza.
—Señor Minos.
—Gato —preguntó Minos con voz gélida— Agradece que no fue Violate la que decidió darte esta charla. ¿Qué se supone que haces?
—¿Yo? Pues… me aseguraba que el camino fuera segur… ¡UGH! —Cheshire sintió como los hilos en su garganta se apretaban.
—Violate me contó lo que hiciste en el bote…
—¡Cuidaba al amo, lo juro! —pese al susto y a sus travesuras, Cheshire era sincero— Solo intento que el amo… ARGH, MEDITE sobre sus sentimieNAAAGH…
—Ah sí, de eso me doy cuenta, y hasta yo lo haría, pero… —la voz de Minos comenzó muy jovial y cercana, pero de pronto se puso gélida y peligrosa— SE SUPONE que debes protegerlo, NO ENCELARLO.
—ÑYAAAAAGH
Entonces los hilos se aflojaron y Cheshire cayó al suelo aterrizando, contra todo pronóstico, sobre sus pies. Se irguió, llevándose una mano a la garganta, tratando de recuperar el aire. Puede que haya ido demasiado lejos, pensó. Había otros modos de conseguir que el joven señor del Inframundo que no sabía que tenía tal señorío conectase con sus sentimientos y se hiciera con la joven. Minos entonces le puso una mano sobre la cabeza y le revolvió los cabellos.
—Entiendo porqué lo haces, pero se te está pasando la mano. La próxima vez no solo harás enojar a Violate, sino también al señor Apolo. ¡Y con ese no quieres meterte!
—No señor Minos. No lo volveré a hacer.
—Ya vete.
El gato asintió y se apresuró en salir huyendo. Minos se quedó sobre ese techo, sonriendo mientras pensaba en el susto que acababa de hacerle pasar. Se cruzó las manos detrás de la cabeza y se rió a carcajadas.
—Jajajaja, ese imbécil… hizo más por esos chiquillos en una semana que lo que ha hecho todos sus amigos en el último año. ¡JOJOJOJOJOJOJO!
CONTINUARÁ…
Nota de Misao: Admito que con este capítulo le añadí algunas cosas extra, como la última parte, que no estaba originalmente. Llámenlo mala influencia de Abby, que por cierto… ahora es su turno.
Nota de Abby: hey, no me culpes de que tu Musa fangirlee entre un sugar rush y cantidades industriales de café. ¡Oh, es mi turno! Aquí voy.
BRÚJULA CULTURAL:
Cortesía de internet, Wikipedia, Saint Seiya Wiki, BBC News y Clínica Mayo.
Icor: (griego antiguo ἰχώρ) Es la sangre de los dioses. Esta sustancia mítica, de la que se decía a veces que también estaba presente en la ambrosía o el néctar que los dioses comían en sus banquetes, era lo que los hacía inmortales. En apariencia dorado, cuando un dios era herido y sangraba, el icor era venenoso para los mortales, matando inmediatamente a todos los que entraban en contacto con la sangre de un inmortal.
Leto: (en griego antiguo Λητώ, el olvido') es una hija de los titanes Ceo y Febe y, en el panteón olímpico, madre con Zeus de los mellizos Apolo y Artemisa. Con su hermana Asteria, fue venerada como diosa de la noche y alternativamente de la luz del día. Leto era la diosa principal de la Licia anatolia. Su santuario, el Letoon cerca de Janto, unía la confederación licia de ciudades-estado. La gente de Cos también reclamaba a Leto como suya.
Milo de Escorpión: Personaje del anime y manga Saint Seiya. Sirve a la diosa Athena y pertenece a la más alta jerarquía de sus guerreros, los santos dorados. De nacionalidad griega, protege la octava Casa de Escorpio. Aprecia mucho la amistad y DETESTA a los traidores, a quienes no tolera. Es implacable frente a los enemigos. Sus ataques consisten en pinchazos que provocan dolores horribles que bien pueden volver locos a sus víctimas. También tiene la capacidad de detener hemorragias.
Camus de Acuario: Personaje del anime y manga Saint Seiya. Sirve a la diosa Athena y pertenece a la más alta jerarquía de sus guerreros, los santos dorados. Conocido como el "Mago del agua y el hielo" por sus habilidades congelando todo (lanza ataques gélidos que alcanzan el cero absoluto). Protege la undécima Casa de Acuario y en el manga es el maestro de Hyoga del Cisne, de quien ya hablaré en próximas entregas. Es de nacionalidad francesa y pese a ser muy frío y distante, parece preocuparse por sus aprendices y trata de sacar lo mejor de ellos (aunque sea a riesgo de matarlos con tal que aprendan un objetivo)
Minos de Griffin: Personaje de la saga de Hades, que también aparece en el Saint Seiya Lost Canvas – Hades Mithology. Es la Estrella Celeste de la Nobleza, juez de almas de Ptolomea, uno de los 108 Espectros que conforman el ejército de Hades. Junto con Aiacos de Garuda y Rhadamanthys de Wyvern conforman la élite de más alto rango de los espectros, solo por debajo de Pandora. Tiene una gran mata de pelo, es albino y dependiendo de la versión, tiene los ojos violeta o naranja. Es noruego y muy autoritario, y si bien su desarrollo de personaje no es muy profundo, se sabe que es autoritario y se dice que es el más fuerte de los tres jueces. Le dicen "el titiritero" por sus técnicas consistentes en hilos invisibles con los que apresa y manipula a sus víctimas. Tiene actitudes algo… caóticas.
En la mitología griega, Minos (en griego antiguo Μίνως) era el nombre de uno o dos reyes semilegendarios de Creta. La civilización minoica recibe de Minos su nombre. No está claro si Minos es un nombre o si era la palabra cretense que significaba rey. Se ha advertido la interesante similitud entre Minos y los nombres de otros antiguos reyes fundadores, tales como Menes de Egipto, Mannus de Alemania, Manu de la India, Moisés del judaísmo, etc.
Un primer rey Minos fue hijo de Zeus y Europa, hermano de Radamantis y Sarpedón. Junto a ellos fue criado por el rey Asterión de Creta. Cuando este murió, el trono fue ocupado por Minos, quien desterró a Sarpedón y (según algunas fuentes) también a Radamantis. Este Minos, el bueno, fue tenido en tal estima por los dioses olímpicos que, tras su muerte, se le hizo uno de los tres Jueces de los Muertos, junto con su hermano Radamantis y su hermanastro Éaco, teniendo el voto decisivo cuando se juzgaban a las almas. Su nieto del mismo nombre fue quien mandó a construir el legendario laberinto en donde liberaron al Minotauro.
Cosmo: es uno de los conceptos principales de la franquicia de Saint Seiya, puesto que es la energía que utilizan la mayoría de los personajes para poder generar sus habilidades. Se le describe como la fuerza interna que bien desarrollada puede destruir estrellas. Tanto humanos como dioses tienen cosmo, aunque el poder de este va a depender si su usuario es un mortal o un dios. Es el equivalente al Ki que pueden ver en series como Dragon Ball. Los personajes de Saint Seiya pueden comunicarse a grandes distancias gracias al cosmo.
Sangre dorada (RH nulo): Es un tipo de sangre RARÍSIMO, y desde su detección en la década de 1960, solo se han detectado unas 43 personas que lo portan. Es un tipo de sangre que carece de antígenos. La sangre Rh nulo puede ser un tesoro o un riesgo latente, según desde dónde se le mire.
Por una parte, es una sangre universal, pues puede ser donada a cualquier persona con tipos de sangre raros dentro del sistema Rh o con Rh negativo. Aunque solo se puede administrar en casos muy específicos, tiene una alta capacidad de salvar vidas.
Sin embargo, es casi imposible de conseguir y por eso se la conoce como "sangre dorada". El precio de tenerla, sin embargo, lo paga el portador. Según el Centro de Información de Enfermedades Raras de ., los portadores de sangre Rh nulo pueden padecer anemia leve. Además, en caso de que necesiten una transfusión de sangre, solo podrán recibir sangre Rh nulo, algo extremadamente difícil, no solo por la poca cantidad de gente que la tiene, sino porque transportar sangre de un país a otros es una tarea complicada.
Hemofilia: La hemofilia es un trastorno poco frecuente en el que la sangre no coagula en forma normal porque carece de suficientes proteínas coagulantes (factores de coagulación). Si tienes hemofilia, posiblemente sangres durante más tiempo después de sufrir una lesión de lo que lo harías si tu sangre coagulara de manera normal.
Los pequeños cortes no suelen ser un gran problema. Si tienes una deficiencia grave de la proteína del factor de coagulación, la mayor preocupación de salud es el sangrado profundo dentro del cuerpo, especialmente en las rodillas, tobillos y codos. Ese sangrado interno puede dañar los órganos y los tejidos, y puede poner en riesgo la vida.
La hemofilia es un trastorno genético. El tratamiento incluye el reemplazo regular del factor de coagulación específico que está reducido.
