Resumen: Colaboración con Misao-CG. Durante las peleas contra los akumas de Papillon, Ladybug y Chat Noir son atacados por un nuevo enemigo que está detrás de algo más valioso que sus Miraculous, lo que traerá nuevas revelaciones sobre todo lo que ellos creían saber de sí mismos. AU Saint Seiya.

NOTAS:

1) Los personajes no nos pertenecen. Miraculous Ladybug es propiedad de ZAG y los créditos son para Thomas Astruc y su equipo. Saint Seiya fue creado por Masami Kurumada.

2) Esta historia NO fue realizada con fines de lucro, solo para divertirnos.

3) Puede tener spoilers de toda la serie y películas disponibles.

JUEGOS DE DIOSES

CAPÍTULO 19

(Escrito por Misao-CG)

CAPÍTULO 19

Calles de París.

Algunos días después. Viernes.

Una de las cosas que más les estaba doliendo al par de chiquillos, era no poder pasar tiempo de calidad juntos. Apenas llevaban unos días como pareja, por chiquillos que fueran, pero ni disfrutarlo habían podido. O era una cosa o la otra y todas de vida o muerte. Quizás por eso que los momentos en que sí tenían más privacidad eran más preciosos que nunca. ¿Cuántos días habían pasado? ¿cuatro, diez, un año? Apenas estaban comenzando, tenían todo el tiempo del mundo (y quizás el resto de la inmortalidad, pero ni siquiera se les había ocurrido esa opción). A estas alturas ya todos habían notado que iban de la mano a todos lados, sobre todo los más cercanos, así que no se tardaron en atar cabos y los miraban expectantes a que en cualquier momentos anunciaran la noticia.

Chloé estaba en negación y Lila en franca ira. Por su parte Cheshire tuvo que fingir ante la italiana que estaba molesto por la pareja, cuando en verdad le era más o menos indiferente. Lo que sí lo tenía contra las cuerdas al espectro es que ya le habían corrido cuerda por haber perdido de vista a Adrien durante el ataque de la planta carnívora.

—Entonces, ¿El Gorila te dejó acompañarme a casa?

—Sí. Le pedí por favor.

—¿Le pusiste la cara del gato con botas de Shreck?

—Seeeh… me sale natural. —Adrien le guiñó un ojo mientras aprovechaba para rodearla con un brazo y besarle la mejilla— Cuento mis bendiciones ma princesse.

—¡Ya sé chaton! —Marinette ahogó una risita, enternecida por la actitud. Pero pronto suspiró con tristeza— ¿Crees que Kagami esté bien?

Adrien bien hubiera tirado los hombros al suelo. Venían de la clase avanzada de esgrima del muchacho, en donde esta vez Marinette se había quedado a observar. Esta sesión era solo para los alumnos más aventajados, por lo tanto no había tantos asistentes. Kagami por supuesto que se dio cuenta de la presencia de su amiga, y de cómo esta no perdía de vista a su querido rival. Tampoco quedó ajena al intercambio de miradas o al evidente lenguaje corporal entre ambos. ¡Ciertamente esos estaban como pegados a la cadera! Pero no quiso pensar en ninguna otra cosa.

… hasta que llegó el final de la práctica. Antes de irse a los vestidores, Marinette la atajó y se puso a conversarle hasta que Adrien las alcanzó. Sin ponerse de acuerdo decidieron hablar con la japonesa… quien supo para donde iban las intenciones cuando notó que sus amigos estaban tomados de la mano.

Fue una conversación difícil, iniciarla estuvo del espanto, concluirla fue del terror, pero trataron de hacerlo lo más rápido posible. Estaban de novios, y querían que lo supiera por ellos. Que entenderían si nunca más les quería hablar, pero no podían estar sin el otro.

Cada palabra rompió el corazón de Kagami, pero esta tuvo la suficiente dignidad como intercambiar algunas palabras con ambos, incluso para felicitarlos. Sentía que había perdido en buena lid, pero eso no quería decir que no doliera. Después de todo, Adrien era la primera persona de la que se prendaba tanto y confirmar que ya estaba con otra le hizo jirones el corazoncito.

Fue entonces que se separaron y cada cual siguió su camino.

—Kagami es fuerte. No voy a mentir, me dolió no corresponderle… ¡fue mi culpa! ¡quizás qué hice que la animó! Debí ser más claro.

—Seguramente le pusiste ojitos, chaton. Los mismos que me pusiste a mi cuando me regalaste tu paraguas a principios de año. —Marinette se llevó las manos al pecho— No quisiera que la akumatizaran…

—Tampoco yo. De hecho se lo comenté a Félix…

—¡Cierto, tu primo! —Marinette le sonrió traviesa— Creo que estoy celosa: parece que hablas más con él que conmigo…

—¡Por supuesto que hablo más con él! Tú me quitas las palabras de la boca y me embobas, ma princesse.

Marinette sofocó una risita y fijó la mirada en los ojos verdes de su chico. Aguantaron la respiración y casi sin darse cuenta comenzaron a acercarse, con todas las intenciones de darse un beso, que hacía rato se estaban debiendo…

… apenas sintieron el batir de alas y de cómo los sujetaron de un brazo a cada uno, separándolos. Radamanthys, con sus alumnos seguros en cada mano, dio un salto al techo más cercano y los dejó caer.

—¡TRANSFÓRMENSE! —exclamó de mal humor— ¡¿QUÉ HEMOS DICHO DE LAS EMBOSCADAS?!

Adrien, ni bien cayó al piso, explotó en toda clase de improperios dirigidos al juez, incluso mostrándole los dos dedos (de ambas manos) para darle énfasis a su enfado. Marinette no se quedó atrás y comenzó a reclamar como nunca, pero a cada uno le llegó un coscorrón.

—¿Acaso hablo nórdico? ¡TRANSFÓRMENSE!

El par de adolescentes infló las mejillas e hizo caso. De nada servía llevarle la contra al juez, así que mientras antes comenzaran, antes terminaban.

—¿Tanto les costaba?

—¡¿Tienes que interrumpir así siempre, cejón?! ¡Por último más delicado con Marinette!

—Créeme: estaba siendo delicado.

—¡Pues no se te notó mucho! —gruñó Ladybug— Pudis… ¡UGH! —la heroína iba a decir algo, cuando le encajaron una barra de jabón en la boca. Y cuando Chat iba a protestar, también terminó con una en la suya.

—No es tóxico, no se preocupen: ¡prohibido soltarlo hasta que les diga! A ver si se les lava la boca un poco —Rada se puso las manos en las caderas— Les tengo noticias, you bloody lovebugs.

Fue entonces que se percataron que Radamanthys no estaba solo. Junto a él estaban los otros dos jueces, acompañados de un pelirrojo que lucía una armadura en tonos azules al que no habían visto antes. La mirada de este sujeto era apática, por momentos fría y severa. Tenía una actitud incluso pedante, pero cada tanto le dedicaba una mirada amable a la chiquilla que anulaba toda mala impresión previa. El hombre era severo, pero no parecía tan malo. Ladybug de inmediato recordó lo que Apolo le había dicho en algún momento del día anterior, "te encontré un nuevo instructor", le dijo, "es uno de los ángeles de mi hermana", añadió. ¿Acaso era este tipo?

—Este es Touma de Ícaro. Sirve a la señora Artemisa. Desde hoy es el instructor de Ladybug.

—¡PUAJ! —Chat escupió el jabón, indignado— ¡¿Lecciones por separado?! NO. ¡No quiero! Apenas paso tiempo con ma lady como para que también me impidan estar con ella.

—¡No te dije que soltaras el jabón!

—¡PUAJ! ¡Creí que hoy teníamos libre! ¿Por qué?

Radamanthys volvió a obligarlos a sujetar las barras de jabón en las bocas, pero se encontró con la tenaz resistencia verbal de los héroes, que le discutían en serio afligidos por no poder pasar más tiempo juntos. Touma observó con apatía, pero paciente, igual que Aiacos que rodaba los ojos y rezaba en su fuero interno para que Lily no le saliera tan contestona, pero Minos…

… bueno, su mirada no se podía ver, oculta tras la mata de cabello blanco, pero estaba comenzando a juntar aire. ¡Tan jóvenes los dos! Pubertos tontorrones, ingenuos y dulces, que no podían vivir su tierno amor ni habían tenido momento de conocerse…

No lo malentiendan, ninguna de esas cursilerías lo afectaba en serio, pero… pero… ¡estaba tan aburrido! Sonrió de pronto, como si se le prendiera un bombillo encima de la cabeza, y hasta mostró los dientes de contento. Se tronó el cuello y…

—¡Voy Reclamar Todo Lo Que Se Me Venga En Gana! —insistía Chat Noir— Yo Quiero Estar Con Ma Lady Y…

—… ¡Un Día Que No Entrenemos No Nos Hará Nada! Solo Una Tarde Y Nada Más… ¡Apenas Hemos Tenido Tiempo Para… ¡OOOMPH!

—¡ÑYAAAAAAAAAAAA!

Minos de Griffin, en una repentina jugada, se impulsó hacia adelante y tomó a los héroes bajo cada brazo, echando a correr como enajenado en dirección desconocida. Touma enarcó las cejas y rió para sus adentros mientras Aiacos se palmeaba la cara. Radamanthys por su parte se puso balístico.

—¡VUELVE AQUÍ CON MIS APRENDICES!

—¡QUÍTAMELOS ENTONCES!

Locación desconocida

En esos momentos

El filo curvo de su Khopesh estaba sediento de sangre, lo sabía. Cada minuto que pasaba parecía reclamarle que no la hubiera usado para ese propósito. Seth revisó de cerca el filo, notando que el temple del acero y la letal finura de su borde se combinaban en un perfecto equilibrio entre fuerza y precisión.

—Será fácil desgarrarles la piel. ¡Ni siquiera se van a dar cuenta!

El dios volvió a la labor que lo entretenía. Llevó el filo de la hoja en un ángulo de 45 grados sobre la piedra de afilar y continuó con maña obsesiva. ¡Todo tenía que estar perfecto y a punto! Era un dios y algo de paciencia tenía, pero no podía dormirse en los laureles. Tenía todo listo para sus sacrificios, ¡ni bien los atrapara procedería con el sacrificio de sangre! Cuando ese momento llegara no podría perder ni un solo segundo, pues los respectivos padres correrían en defensa de sus bendiciones. Debería desangrarlos rápido, de manera tal que si llegaba un rescate, sería demasiado tarde.

—Los voy a colgar boca abajo… un tajo en la yugular y en 30 segundos se acaban sus vidas… o quizás tirarlos contra el diagrama y esperar que se desangren. Lo que suceda primero… ¡obtendré el poder que busco!

Una de sus alimañas, un escarabajo, se le acercó como un perrito que busca caricias. El dios de hecho le prodigó algunas sobre la cabeza, sin perder el ritmo de su labor. Al mismo tiempo que trabajaba en el filo de su Khophesh, repasaba los últimos combates. Papillón era un pobre mortal sin ambición que creía que era capaz de sembrar el terror, pero comparado con él o con otros villanos del pasado, era un niño de pecho. Sin embargo, con la guía apropiada podría convertirse en un destructor de mundos si se lo proponía. ¡Lástima que no estuviera buscando pupilos! Una que consiguiera la sangre divina sin ambrosía, se bastaría a sí mismo y tendría el poder que quisiera. No necesitaba lacayos, mucho menos uno como Gabriel.

—Demasiado orgulloso y lleno de sí. ¡Ni siquiera se da cuenta de las deidades a las que está enfureciendo!

No le importaba. Lo único que quería era aprovecharse de la oportunidad que le daba para alcanzar a ese par de mozalbetes. Casi imaginaba el horror que se apoderaría del rostro de Papillón cuando se diera cuenta de lo que iba a pasar en verdad. Sí, a cambio de los héroes de París, Papillón recuperaría a su esposa. ¡No sería difícil! Ya medio sabía en donde estaba el alma de la pobre mujer. Devolver la vida a un mortal era juego de niños para él, pero la pérdida del muchacho no pasaría inadvertida. ¡Menos la de la chiquilla!

El escarabajo vocalizó algunos sonidos que solo Seth pudo entender.

—¿Qué pasará con los kwamis? Supongo que se los va a quedar Papillón. —explicó el dios sin darle mucha importancia, pero el insecto gigante insistió— No, no me preocupan esos dos. ¿Qué podrán hacer contra mí? ¿Cataclismearme? —la criatura emitió un largo silbido— Solo si me atrapan.

No, los kwamis no le preocupaban. Eran deidades primordiales poderosísimas, pero solo eso. Además estaban vinculadas y cautivas a joyas mágicas y como tal, no podrían alejarse de sus amos. Iban a pasar muchas décadas antes que Tikki y Plagg pudieran buscar venganza y para ese entonces, él sería invencible.

Seth volvió a detenerse y dirigió la vista hacia el centro de aquél gran salón, en donde tenía todo preparado para el sacrificio.

—¿Y si hago que uno de los héroes vea como muere el otro primero antes de sacrificarlo a él?

Canal Saint Martin. París.

Día siguiente. Sábado. 15:32 hrs.

No, el calor del verano había quedado atrás hacía mucho, pero el otoño todavía no se asentaba del todo, al menos en los días, pues las noches ya estaban bastante frías. Las tardes, sobre todo aquella en donde el sol entibiaba los ánimos, estaban muy agradables. Marinette estaba rodeada de sus amigas, todas muy contentas y pidiéndole detalles. Por fin les había contado que estaba de novia con Adrien y como se había dado toda esa situación, casi sin darse cuenta.

Sí, Marinette les contó la verdad. No toda y si bien tuvo que soltar una que otra mentirijilla blanca que le provocaron varios estornudos, mantuvo los detalles importantes fuera.

—¡Ay Marinette! Con razón estabas tan triste. ¡Sufrías de amor! —exclamó Rosie.

—¡De amor iba a sufrir! ¡La preocupación la estaba matando, seguro! —reclamó Alix cruzándose de brazos— A todo esto, Marinette, me hiciste perder la apuesta: le debo 20 euros a Nathaniel y a Marc por tu culpa.

—¡jejejeje! Yo no te obligué a apostar nada, pero… ¿qué apostaste?

—Que no le ibas a confesar su amor a Adrien antes de los 18. —Alix se encogió de hombros— Supongo que esos dos te tenían más fe que yo.

—¡Deshonor, querida Alix! —dijo Mylene mientras le daba unas palmaditas en la espalda— ¡Deshonor!

—Por cierto, chica… —comenzó Alya— ¿Cómo se lo tomó Luka? Porque Kagami no se lo tomó muy bien: ¡espero que no la akumaticen de nuevo!

—No merezco a un amigo como Luka —dijo Marinette bajando los hombros— Se puso muy feliz por mí y nos deseó a mí y a Adrien lo mejor del mundo. Me rompió el corazón verlo así, ¡nunca quise arrastrarlo a esto!

—Luka es fuerte, estará bien —dijo Juleka, no tan bajo como de costumbre— Marinette, él quiere que seas feliz, estés o no con él… Cierto… sé que le duele, pero lo va a superar.

Todas alzaron las cejas muy sorprendidas. Desde hacía un tiempo a esta parte, Juleka estaba sacando mucha más voz de la esperada. Sabían que se debía a la influencia de su hermana Violate, quien parecía inspirarla a tener más seguridad en sí misma, pero no podían asegurar tal cosa. De todos modos, el cambio era bueno y bienvenido.

—Juleka. Tu hermano es el mejor del mundo. —Marinette se puso las manos en las caderas— ¡Tal parece que tendremos que buscarle una novia!

—Mademoiselle Dupain–Cheng —la llamó de pronto Touma, apareciendo de la nada— Le recuerdo que tiene una invitación pendiente de una de sus tías. ¿Me acompaña?

El ángel la miró casi apático, pero al mismo tiempo con mucha firmeza. Marinette tragó saliva: casi había olvidado que tenía sus lecciones. Al menos Touma no le había caído encima como solía hacer el Wyvern. Miró hacia sus amigas que observaban muy curiosas al recién llegado, quien apenas las registraba por estar más concentrado en la heroína de París. Marinette carraspeó.

—Me había olvidado. ¡Qué grosera de mi parte!

—Chica, ¿Quién es este chico? —preguntó Alya muy curiosa.

—El guardaespaldas de una tía. —contestó Marinette con sencillez, mientras se disponía a seguir a Touma— Me invitó a… unas lecciones. ¡Se me pasó!

—No volverá a pasar. —dijo de pronto Touma— Sé que para la próxima vez estarás muy pendiente, petite.

—¿Es seguro que vayas con él? —preguntó Mylene preocupada.

—Es segurísimo. Mis papás saben, no se preocupen.

Marinette se despidió de sus amigas y se dispuso a seguir a Touma, quien le ofreció el brazo. Se alejaron con la calle con mucha tranquilidad y casi sin hablar. Apenas comenzaba a conocer al muchacho, así que se sentía un poco intimidada, pero sabía que no tenía nada que temer. Habían tenido un comienzo algo ajetreado, pues el día que debió comenzar sus lecciones, Minos de Griffin los había secuestrado a ella y a Adrien, y se los había llevado en una frenética carrera por todo París. Del lado positivo el juez les había dado su espacio y pudo compartir con su novio, pero a cambio el cejón de Radamanthys quedó insufrible y les propinó un entrenamiento tan intenso cuando los recuperó, que casi no la cuentan. Y no, Touma no intervino, sino que dejó que el Wyvern les sacara el alma con los ejercicios. Ambos cortaron camino por un callejón y una vez allí, Touma la tomó en volandas y saltó al techo, dejándola sobre sus pies ni bien llegaron ahí.

—Me transformo en seguida.

—No es necesario. Hoy entrenamos sin poderes.

—¡Pero no voy a poder dar el corte! —exclamó Marinette asustada.

—Sí lo vas a dar. Tienes que ser capaz de defenderte con o sin poderes. —explicó el ángel soplándose el flequillo. Sacó entonces una bolsita con barras de miel y avena— ¿Señora Tikki? Mi señora le envía esto…

—¡Ohhh, barritas de miel! —Tikki no perdió tiempo en salir del bolso de su portadora y lanzarse sobre la bolsita que llevaba Touma— ¡Hace mucho que no comía! ¡Gracias!

—¡Tikki! —exclamó Marinette más divertida que indignada. Se quedó mirando a Touma— Conste que soy torpe…

—Conste que ya lo sé. ¡Venga! En guardia que tenemos mucho que entrenar.

Y sin más preámbulo, Touma comenzó una serie de ataques que no tenían otro fin que mejorar los reflejos de la chiquilla, cuidando de exigirle todo lo posible para que sacara su potencial. No, Touma no tenía la más mínima intención de que la chica bajara el nivel, pero al menos era menos bruto que Radamanthys, quien en esos momentos estaba haciendo lo propio con Chat Noir.

No lejos de ahí, Apolo observaba muy aprensivo. Era evidente que Touma no sería más suave con su hija ni de lejos. A su lado, Artemisa estaba demasiado sonriente.

—¿Por qué tengo la impresión de que me manipulaste para que Touma se convirtiera en el instructor de mi hija, Missi? —preguntó Apolo con una ceja levantada, pero mucho menos enfadado de lo esperado.

—Porque es verdad. De otro modo no hubieras accedido.

—¡Missi! Eso es manipulación de la grave. ¡Le diré a mamá!

—Ya sabe. Ella me dio la idea.

—¡¿Cómo?! Argh. ¡Conspiración!

—No comas ansias hermano —Artemisa miró de reojo a Apolo— Me niego a que mi sobrina aprenda de un bruto. Me aseguraré de que aprenda todo lo que tiene que saber. Además hice una promesa hace unos milenios.

—¿La que le hiciste a Hipólita?

Artemisa asintió. Milenios atrás, la antigua portadora de Tikki, la reina Hipólita de las amazonas, hija de Ares, había sido una amiga muy cercana a ella. Fue una de sus sobrinas favoritas, cuya muerte la había impactado sobre manera, sobre todo en la forma en que sucedió. Antes de morir, la reina le había pedido por favor que si alguna vez llegaba a haber otra portadora de Tikki que fuera una semidiosa, que le entregara sus armas (su cinturón sobre todo) y le hablara de ella, a modo de legado, para que aprendiera lo que significaba ser una portadora, no se sintiera tan sola y que sobre todo, no cerrara su corazón a las oportunidades.

Artemisa había accedido, pensando que nunca tendría que cumplir su palabra, pero unas semanas después Hipólita fue muerta en un confuso y doloroso incidente. Fue en ese momento en que Artemisa supo que su sobrina, pese a ser la hija de un dios, había decidido llevar una vida mortal y no divina.

Y lloró la muerte de la reina. Recuperó sus armas y hasta el día de hoy las cuidaba (estaban en excelente estado, pese al paso del tiempo) y en serio tenía planeado entregárselas a Marinette cuando la chiquilla probase ser digna de portarlas.

—Esa niña aprenderá lo que tiene que aprender, tal como le fue enseñado a tantas otras portadoras, incluyendo Hipólita.

—Solo te recuerdo que mi hija todavía no decide si quiere la vida divina o mortal y que bien se me puede morir —le recordó Apolo con algo de angustia.

—No permitiré que eso ocurra con Marinette. —aseguró Artemisa— Aprenderá, sabrá de sus antecesoras y llevará una buena vida junto con ese gato suyo. ¡Par de mocosos hacen una pareja adorable!

—Ya sé.

Mansión Agreste. París.

Lunes. 17:34 hrs.

—¡¿Se consiguió novia el muy carajo?!

¡Condenado crío! Quizás qué se creía consiguiéndose cariño en otros si era insignificante. Gabriel se peinó con los dedos y evitó reír a carcajadas. ¡¿Qué tanto se creía, si era una decepción tras otras?! Carraspeó para recuperar la compostura, arregló su corbata y puso las manos a sus espaldas, mirando fijo por la ventana. Detrás de él, Nathalie, con la expresión facial de haber mordido un ajo, lo miraba estática.

—Eso me hará perder dinero.

Ya era difícil llevar a Adrien a las sesiones de fotos. No solo porque el muchacho se estaba negando con vehemencia, sino porque ya no lo estaban solicitando tanto. Dos de las revistas más importantes del rubro en París había tomado nota del cansancio y el bajo peso del muchacho, así como de varios moretones que no tenían mucha explicación y comenzaron a evitarlo. ¡Todavía podía revertir la situación! Adrien volvería a su régimen normal de modelaje y podría exigirle todo lo que quería, pero si los Heinstein se lo llevaban…

… o sea, no era su hijo, pero lucraba con él, y no poco dinero. Si se lo quitaban… perdería una entrada importante y tendría que volver a concentrarse en los asuntos de su empresa para compensar la falta.

—Nathalie, ¿qué has averiguado de los Heinstein?

—Herr Heinstein… digo, Monsieur Hades Heinstein es dueño de varias empresas dedicadas al rubro minero. Mantiene un perfil bajo, pero el hombre tiene bastante influencia y poder adquisitivo. Es una de las fortunas más importantes de Alemania. Su hermana Pandora Heinstein es una arpista de renombre y se encarga de mantener el castillo de la familia en Alemania y otros asuntos relacionados con Patrimonio. Su esposa, Perséfone Heinstein, nacida Frühling, es también socia de su esposo, aunque tiene negocios propios, todos relacionados con la conservación del medio ambiente. No tienen hijos… tuvieron un bebé en la misma fecha en la que nació Adrien, que de acuerdo con los reportes médicos, falleció a poco de nacer por complicaciones de salud no especificadas. Ocurrió en la misma maternidad en donde madame Agreste dio a luz.

—¿Sus reclamos tienen sustento?

—Bastantes señor. Todo parece indicar que alguien confundió a los bebés en el hospital y los intercambiaron. Cuando se dieron cuenta, hubo varios despidos y acallaron el asunto, para evitar demandas.

—¿Y el ADN?

—Las muestras están en el laboratorio designado por la corte.

—¡No por mucho! —Gabriel empuñó las manos— ¡No puedo permitir que me quiten al muchacho!

—¿Señor?

—¡Menos A La Mitad De La Temporada! No puedo permitir tampoco quedarme sin mi moneda de cambio para recuperar a Emilie. ¡Nathalie! ¡Esas muestras deben desaparecer!

—¡La corte ordenaría tomar otras muestras!

—¡Entonces las muestras deben ser alteradas! Adrien debe figurar como mi hijo o perderé un activo importante de la empresa. ¡Para lo único que sirve ese malnacido!

—¡Estás loco Gabriel! Eso es ir demasiado lejos. Nunca has querido a ese niño ni te has esforzado en conocerlo. ¡Pero ya basta! Si los Heinstein son sus padres, ¡Ya déjalo ir con ellos! Al menos lo quieren…

—¿Osas llevarme la contra? —Gabriel giró sobre sus talones y fulminó a Nathalie con la mirada— ¿Qué tanto te importa ese bastardo?

—¡Más de lo que imaginas, cerdo insensible! —Nathalie dejó el Tablet sobre la mesa, junto con otros artículos— ¡Suficiente! ¡No seré parte de esto! ¡Renuncio!

Gabriel levantó las cejas de la sorpresa y por segundos no atinó a hacer nada. Ni bien vio a su asistente alcanzando la puerta, dio dos zancadas en esa dirección, dispuesto a detenerla. ¡¿Cómo se atrevía?! ¡NADIE renunciaba a Gabriel sin su consentimiento!

—¡¿Qué mosco te picó?! ¡No puedes renunciar!

—¿Ah no?

—Estás demasiado involucrada. Sabes que eres lo único que impide que muela a golpes al crío ese. ¡Además eres mi cómplice! Hay pruebas de tu colaboración por todos lados.

—Claro que sí, Gabriel. ¡Claro que sí! —Nathalie se apoyó en la puerta e intentó abrirla. Gabriel la detuvo— ¡Suéltame!

—¡NO te irás a ningún lado!

—¡Obsérvame!

Nathalie se sacudió a su jefe y atravesó la puerta. Enojada, comenzó a bajar los escalones, a sabiendas que iba a dejar a Adrien a merced de Gabriel. Confiaba en que el Gorila lo protegería, pero… no se iba así nada más, no abandonaba a Adrien del todo, pero si no se alejaba no podría comenzar a protegerlo. ¡Oh, por todos los dioses! ¡Tendría que proteger las muestras! Pero…

—¡DETENTE, NATHALIE!

El vozarrón de Gabriel fue peligroso. Nathalie se detuvo a media escalera y apenas se giró en dirección de su exjefe. Éste venía dando pisotones y levantó el brazo en una clara muestra de agresividad: en cualquier minuto le daría un golpe.

—¡Tú No Sales De Esta Mansión Ni Renuncias! ¡Ya Te Enseñaré A Respetar…!

—¡PARA, GABRIEL! —resonó el vozarrón de Adrien.

El muchacho estaba en la otra escalera y se veía dispuesto a interponerse entre él y la asistente para protegerla. Su noviecita estaba de pie detrás de él con los ojos muy abiertos. ¿Qué se creía ese chiquillo malagradecido gritándole así? Era insignificante. Rápidamente ejecutó lo que tenía planeado y le dejó caer la mano a Nathalie, esperando abofetearla, pero la mujer lo esquivó con facilidad e intentó alejarse, pero antes que se alejara mucho, Gabriel la sujetó del cabello.

—¡Sueltamente! ¡¿Perdiste la cabeza?! ¡AAAAAAGH!

—¡Qué la dejes! —Vociferó Adrien mientras comenzaba a bajar los escalones, seguido de Marinette. Ninguno de los dos lo perdía de vista.

¡Argh! Lo que le faltaba. El bastardo se creía un héroe. Gabriel rodó los ojos. Apretó los dientes y aflojó su agarre, respirando profundo. ¡No podía dejar que su carácter lo dominase! Se supone que era superior a todos. Finalmente soltó a Nathalie y se llevó las manos a la espalda.

—A tu cuarto, Adrien. —Gabriel fijó la mirada en Marinette— Retírese mademoiselle. Usted y su histrionismo no son bienvenidos aquí.

—¡Marinette se queda! —Ladró Adrien comenzando a bajar los escalones ya más calmado. Muy seria, Marinette lo siguió. Ambos asumieron una actitud que le resultó familiar, pero no logró ubicar donde la había visto. —¿Estás bien, Nathalie?

Nathalie no perdía de vista a Gabriel. Entrecerraba los ojos y respiraba agitada. Tenía las manos sobre su cabello e intentaba componer su peinado, pero no bajaba la guardia.

—Adrien… Llévate a Marinette a tu cuarto. Luego nos despedimos…

—¡Despedirse! ¿Por qué te despedirías de la basura? Solo serás otra mujer que abandona a este niño. —Gabriel miró a Adrien con una expresión dulce— Porque acaba de renunciar, ya no te soporta y te abandona igual que tu madre…

—¡Eso no es verdad! —reclamó Marinette. Las palabras de Gabriel le estaban provocando una reacción alérgica— la maman de Adrien lo quería mucho y no creo que lo haya abandonado. —protestó sintiendo de inmediato un alivio.

—¡Lo ABANDONÓ a su suerte! Lo odiaba. —insistió Gabriel con un furioso tic en el ojo.

Marinette se llevó una mano a la garganta. La intensidad de aquella mentira tenía mucho resentimiento añadido. Adrien entrecerró los ojos. Marinette carraspeó un poco tratando de aliviar la comezón de su garganta. Nathalie infló el pecho.

—No estoy abandonando a Adrien— dijo Nathalie empuñando las manos— ¡Es una retirada estratégica! Una que debí haber hecho hace mucho tiempo. —Nathalie avanzó hacia Adrien— Tengo que ordenar algunas cosas, no te voy a abandonar… pero tengo que arreglar muchos asuntos…

—¡No le hables así a mi hijo! Si vas a renunciar, LÁRGATE DE AQUÍ.

—¡NO SOY TU HIJO!

—¡ES LO QUE HARÉ! —vociferó la ex asistente.

Gabriel y Nathalie se desafiaron con la mirada. Adrien intentó interponerse entre ambos, pues no confiaba en el hombre que creyó que era su padre, pero Marinette lo detuvo. Gabriel se ajustó los lentes: ¡Nathalie no podía dejarlo! Era su cómplice. ¡Destruiría su vida entera y su reputación si osaba a dejarlo! Tenía suficientes pruebas incriminatorias en su contra.

Eso Nathalie lo sabía, pero la manera en que estaba plantando los pies lo decía todo. Ciertamente la mujer estaba implicada hasta el fondo en esa cuestión, pero de tonta no tenía un pelo y había tomado sus resguardos. Bien podía borrar todas las pruebas, o al menos las más concluyentes sobre su papel en los crímenes de Papillón, así como su identidad como Mayura, todo con un par de maniobras simples que no necesariamente debía ejecutar desde su escritorio.

Puede que en ese momento Gabriel se percatara que su asistente era demasiado inteligente y que bien podría tener los medios y pruebas para arruinar su vida y no al revés. ¡Tenía que eliminarla! Pero primero tenía que sacarla de ahí. De un solo manotazo la sujetó del brazo, y con fuerza, pese a la resistencia de Nathalie, comenzó a arrastrar hacia la puerta principal. Adrien y Marinette intentaron evitarlo, temerosos que comenzara a golpearla.

—¡Déjala, La Lastimas!

—Monsieur Agreste, ¡Esta No Es La Forma!

—¡Suéltame Gabriel!

—¡Largo De Mi Propiedad! ¡Los Quiero fuerAAAAArgh!

En menos de un pestañeo, Nathalie estaba libre. Tanto Adrien como Marinette se pegaron a ella como lapas, quien los refugió entre sus brazos. Gabriel, sorpresivamente sobre sus rodillas, soportaba la dolorosa llave de la que era víctima. Thanatos lo había sujetado de un brazo, que le había doblado sobre su espalda, reduciéndolo en seguida.

—Monsieur Agreste. No son formas de tratar a sus semejantes y esta violencia gratuita hacia su subordinada, en frente de dos menores de edad es inexcusable. —le dijo con muchísima calma. Marinette sintió un escalofrío en el espinazo— En mi línea de trabajo he visto toda clase de bajezas, incluyendo esta, pero la suya ni siquiera destaca.

Gabriel abrió los ojos como platos. ¡Esa frase! Muy parecida a la que su propio padre siempre le decía. "He visto toda clase de mediocres, pero eres tan poca cosa que ni siquiera destacas". Volvió la mirada hacia Thanatos, quien bajo su disfraz de Giannis, le miraba con gélidos ojos.

Tuvo la impresión de que subía hasta la estratósfera y luego caía a una horrible velocidad, deteniéndose momentos antes de hacerse puré contra el suelo.

—¿Quién te dejó entrar?

—Está siendo investigado por la corte, Agreste. El bienestar de un menor está en juego, soy el asistente social a cargo del caso. ¡Puedo ir y venir como guste! —Thanatos dijo entre dientes, mientras se fijaba en Nathalie y en los chicos… sobre todo en Nathalie— Si este clima de violencia es el que impera, no voy a permitir que el menor Adrien Agreste se quede aquí un segundo más.

—¡¿Cómo?! —exclamó Adrien, quien estaba muy consciente de la identidad de Giannis.

—¡No Me Vas A Quitar A Mi Hijo!

—¡¿Desde cuándo me tratas como uno?!

—¡Calma, chaton! —repitió Marinette carraspeando.

—¡Usted no se va a llevar a nadie! Adrien no sale de esta casa. ¿O pretende llevarlo con los Heinstein? AAAARGH.

—No puedo, por razones éticas, pero ganas no me faltan.. —Thanatos soltó a Gabriel, mientras se acercaba al pequeño grupo— La policía viene en camino: me llevaré al muchacho con su tía presunta… ¿Y señorita…?

—Marinette Dupain–Cheng, Monsieur…

—Legrand. La iré a dejar con sus padres.

—¡Pero Monsieur Legrand! —Adrien miró a Thanatos con los ojos muy grandes. Estaba algo asustado— Yo… ¿qué va a pasar con Gabriel? ¿O conmigo…?

Nathalie en ese momento intervino. Se agachó lo suficiente y le acarició el rostro, mostrando más emoción en pocos segundos que en toda su vida. Le sonrió con cariño.

—Estarás bien. Tu tía Amelie te cuidará estupendamente y yo estaré en contacto. ¡Sé valiente, mi solecito! Te cuidaré las espaldas.

Thanatos se enterneció con la sincera muestra de cariño de Nathalie y hasta la hija de Apolo sintió como se aliviaba su alergia. Adrien reprimió un puchero, sintiendo el repentino abrazo de Marinette. Cuando Nathalie se irguió, pudieron verse las luces de las patrullas de la policía. Los adultos, los tres, cruzaron miradas. Thanatos tuvo que reprimir una sonora exclamación… Nathalie se veía cada vez más preciosa.

—Sugiero que presente cargos, mademoiselle Sancoeur.

—Es lo que haré. —la mujer se volvió a los muchachos— vamos Adrien… tenemos que preparar una maleta para ti. ¿Vienes, Marinette?

Oui.

El trío se alejó por las escaleras todavía nervioso, quedando en el hall Thanatos y Gabriel, haciendo una competencia de miradas. La policía entró de lleno y se apropió del lugar mientras comenzaban las indagaciones.

El Gorila, todavía perplejo por el giro de los eventos, se masajeó las sienes. ¡Esto acababa de tornarse incluso más cuesta arriba de lo esperado!

CONTINUARÁ…

Nota de Misao: No merezco vivir, así de simple. A mi nada más se me ocurre irme al cerro a matarme a base de caminatas, que me dejan más muerta que viva. Pero aquí estoy, de vuelta al baile y planteando mucho drama. Esto, por cierto, está entrando en su recta final, pero Abby todavía los quiere hacer sufrir más antes que unamos esfuerzos hacia el final.

Nota de Abby: las caminatas al aire libre son revigorizantes, pero sí tienes a regresar en calidad de bulto. Oh bien, recta final… (se truena los dedos) últimos 7 capítulos, bastantes oportunidades para sufrir. ¡Aquí vamos!

BRÚJULA CULTURAL

Hipólita: (en griego antiguo Ἱππολύτη) es una reina amazona, hija de Ares, el dios de la guerra y de la reina amazona Otrera. Es hermana de Melanipa, Antíope y Pentesilea.

Hipólita era dueña de un cinturón mágico que le había regalado Ares. El noveno trabajo de Heracles fue obtener ese cinturón, a petición de Admete, la hija de Euristeo. En una versión de la historia, Heracles llegó en una nave al puerto de Temiscira, donde fue recibido por Hipólita, quien le prometió entregarle el cinturón. Entonces Hera, quien odiaba a Heracles a muerte, se disfrazó de amazona y difundió el malintencionado rumor de que Heracles había secuestrado a Hipólita. Las amazonas atacaron entonces la nave y Heracles les hizo frente, mató a Hipólita y obtuvo el cinturón. En otra versión, Heracles secuestra a una de las hermanas de Hipólita, Melanipa, exige el cinturón como rescate y libera a la amazona cuando lo obtiene. En otra, Hipólita se enamora de Heracles y le da el cinturón voluntariamente. El hacha de Hipólita es entregada a la reina Ónfale, quien la guarda en las regalías de los reyes lidios. Más tarde, se vería el arma empuñada por Zeus en una representación estatuaria.

Como dato curioso… Hipólita, de acuerdo con Thomas Astruc, también fue portadora de Tikki.

Ares: Es hijo de Zeus y Hera. Por los himnos homéricos hallados es posible determinar que también tenía muchos otros atributos y epítetos: personificaba la valentía, la fuerza incansable, rey de la virilidad masculina, protector del olimpo y de los ejércitos, caudillo de los rebeldes, de los hombres justos, y ayudante de los débiles.

En la guerra representa la brutalidad, la violencia, y horrores de las batallas. Como dios de la virilidad masculina, a lo largo de la mitología se han contabilizado una treintena de amantes mujeres, con una descendencia de alrededor de 60 hijos (entre ellos Eros, Harmonía, Fobos, Deimos, Amazonas), siendo Afrodita, diosa del amor y la belleza, su amante preferida, su sanadora y aliada de guerra. Prácticamente no se le cuentan amantes masculinos.

Hay que decirlo, cuida especialmente a sus hijas y se preocupa por su bienestar. Cuando Harmonía llora, Ares detiene las batallas para ir a consolarla y suele darles altas palizas a quienes osen dañar a cualquiera de sus hijas… como el caso de Halirrotio, hijo de Poseidón, a quien mató a golpes cuando intentó violar a su hija Alcipe (la chiquilla le pidió ayuda. No digamos que lo culpo). Por este hecho fue a juicio por asesinato, a instancias de Poseidón, a quien no le hizo gracia que le mataran a la bendición, pero el dios fue absuelto de los cargos.

A pesar de ser identificado como dios de la guerra, no siempre sale victorioso en los combates. De hecho, resulta varias veces herido, como contra el semidiós Heracles, y sobre todo en sus enfrentamientos con su hermana Atenea, divinidad también guerrera, patrona de la estrategia y la sabiduría.

En la guerra de Troya en un primer momento peleó para un bando y luego para el otro, para recompensar el coraje de ambas partes. Su mano destructiva se veía incluso tras los estragos provocados por plagas y epidemias. Esta faceta salvaje y sanguinaria de Ares lo hacía ser detestado por otros dioses, incluidos sus propios padres.

Es curioso notar que el pobrecito no era nada querido por sus pares… excepto por Afrodita (la diosa del amor), Apolo, quien intenta aconsejarlo todo lo que puede y Hades, que lo considera como su sobrino favorito.