Resumen: Colaboración con Misao-CG. Durante las peleas contra los akumas de Papillon, Ladybug y Chat Noir son atacados por un nuevo enemigo que está detrás de algo más valioso que sus Miraculous, lo que traerá nuevas revelaciones sobre todo lo que ellos creían saber de sí mismos. AU Saint Seiya.

NOTAS:

1) Los personajes no nos pertenecen. Miraculous Ladybug es propiedad de ZAG y los créditos son para Thomas Astruc y su equipo. Saint Seiya fue creado por Masami Kurumada.

2) Esta historia NO fue realizada con fines de lucro, solo para divertirnos.

3) Puede tener spoilers de toda la serie y películas disponibles.

JUEGOS DE DIOSES

CAPÍTULO 21

(Escrito por Misao-CG)

Colegio Françoise Dupont.

Varios días después.

—¿Estás bien, Kagami? —preguntó Adrien de pronto.

—¡Por supuesto que estoy bien! ¡BRILLO DE BIEN! ¿Qué no me ves lanzando flores y saltando por todos lados?

Adrien se la quedó mirando con su mejor cara de gato con botas. La japonesa no estaba de buen humor en lo más mínimo y esta era la primera vez que el muchacho la veía así. Kagami entrecerró los ojos, quizás sintiéndose algo culpable de su arrebato. Pero lejos de reclamar, su mejor rival, siendo la gentil alma que era, solo ladeó la cabeza y suspiró. Se pasó la mano por la nuca y sonrió con cautela.

—¿Félix te está dando problemas?

¿Era en serio?

¿Problemas? ¡¿Qué si Félix le estaba dando problemas?! O sea, ¿Qué problemas podía darle el sujeto ese? Se le aparecía en todos lados, era irritante, tenía esa actitud tan misteriosa y atrevida que le daban ganas de sujetarlo por el pescuezo y sacudirlo hasta que dejara de respirar. Ikki le había dicho que él escondía el cuerpo si lo hacía, pero al mismo tiempo… ¡¿Qué onda con el inglés ese?! Era muy parecido físicamente a Adrien, no tanto como para pasar como gemelos, pero hasta ahí llegaban las similitudes. Adrien era guapo, gentil, encantador, ingenuo a veces… Félix no. De ingenuo no tenía un pelo, era dolorosamente directo, tenía un encanto diferente y un aire travieso y astuto que resaltaba igual que un corte de papel en los dedos. Siempre trataba de conversar con ella, pero evitaba los temas importantes…

¿Cómo cuáles? ¡Pues Como El Hecho Que La Había Visto Transformándose En Ryuuko! ¡QUÉ CHASCO!

—Algunos. —confesó la japonesa con una siniestra tranquilidad— Tiene una personalidad muy difícil ese primo tuyo.

—Yo sé, pero no es mala persona. —Adrien suspiró— Ha pasado por mucho últimamente: su papá murió hace poco, no tiene muchos amigos, si es que los tiene, pero es buena persona. —en ese momento, Adrien frunció el ceño y gruñó entre dientes— También tiene actitudes muy extremas cuando quiere conseguir algo, debo decirlo, pero te aseguro que no es peligroso, ni lo será contigo si sabe lo que le conviene. O yo mismo le parto los dientes.

Kagami enarcó las cejas. Aquello era lo más cercano a un insulto que le había escuchado decir: él nunca hablaba mal de las personas. Pasa que Adrien se había enterado no hacía mucho de la jugada que Félix había intentado con Ladybug tiempo atrás cuando le preguntó a Marinette porqué tenía cautela con su primo y no digamos que le había gustado saberlo. ¡Con razón le habían dado un puñetazo! Él mismo le hubiera dado varios de haber tenido la oportunidad. ¡No es No! Pero bueno.

Sí, Adrien le había preguntado al respecto a su primo y éste lo confesó sin mayor miramientos, sin saber varios pormenores importantes (como el hecho que Ladybug era Marinette, por ejemplo), por lo que tras una discusión bastante sensible por lo que se puede hacer o no con una chica y la importancia del NO, habían dejado la fiesta en paz y tan amigos como siempre.

¡Ahora, que ni intentara de nuevo esos chistes con su novia! Sofocó una risa muy fuera de carácter en él: Cheshire y otros dos espectros le comentaron que podían darle un buen susto, si así quería…

A todo esto, Adrien volvió a recordarse que debía ser más cauto a la hora de escaparse del hotel, no solo para evitar que su tía lo descubriera, o que Chloé lo interceptara, sino para impedir que Félix se enterase de su secreto.

—Te daré el beneficio de la duda, Agreste —Dijo Kagami mientras guardaba sus cosas en su bolso— ¿Cómo están las cosas con Marinette?

—¡Todo bien con ma princesse!

—Me alegra —Kagami sonrió con suavidad. Todavía le dolía el haber perdido, pero disfrutaba ver cómo les brillaban los ojos a sus mejores amigos cada vez que mencionaba al otro— Trata de no hacerla llorar. ¿Quieres un aventón?

—No, gracias. —dijo Adrien— No voy a la mansión…

—Cierto… ¿sigues con tu tía en el hotel? —preguntó Kagami. Al ver que Adrien asentía con prudencia, continuó— Adrien… ¿por qué la corte ordenó una prueba de ADN?

Adrien suspiró profundo. Le señaló la banca a Kagami y esta se sentó a escuchar la versión oficial del porqué se había llegado a esa instancia. Obviamente no le contó todo, pero sí a grosso modo que Gabriel no era su padre y que se creía que había sido intercambiado con otro bebé al nacer. También le contó sobre las circunstancias que lo habían aterrizado al cuidado de su tía Amelie y de como esto le estaba revolviendo la vida… puede que para mejor.

—¡Con razón el cansancio! El estrés te tiene que estar carcomiendo… ¿Marinette sabe de esto?

—Fue de las primeras en enterarse… no sabe todo el mundo.

—Dime una cosa… ¿los Heinstein son buenas personas? ¿Quieres irte con ellos?

—Sí. A todo. Gabriel… me odia: no me lo explico de otro modo. Solo me quiere porque lucra conmigo. En cambio los Heinstein… me quieren con ellos.

—¿Y si tu maman Emilie regresa…?

—Ya veré lo que hago en ese momento. —Adrien se puso de pie tras mirar la hora— Ya me voy, quisiera ver a Marinette antes de volver al hotel… y sobre Félix: creo que le gustas. Y si te lo quieres quitar de encima… ¡tendrás que pasmarlo!

—¡¿Qué, Qué Cosa? ¡¿Qué Le Gusto?! ¡No Digas Tonteras! ¡¿Pasmarlo?!

—Yo no más digo. —dijo Adrien encogiéndose de hombros— ¡Nos vemos mañana!

—Ya vete y dale saludos a Marinette, baka.

Adrien le guiñó el ojo antes de salir, dejando a Kagami sola con su vida. Terminó de empacar sus cosas, pero lejos de aliviarle el humor, se lo empeoró. Félix sabía quien era y todavía tenían que hablar por ello. ¡Es que la irritaba tanto! Pero… resopló. Tuvo que reconocer, a regañadientes, que Félix era mucho más interesante que Adrien, y que no dudaba en desafiarla, pero tenía que ponerle un alto. Asegurarse que nunca dijera sobre su identidad secreta y que dejara de aparecérsele hasta en la sopa. ¡Eso podía contar como acoso! Si Adrien tenía razón y ella le gustaba, ¿por qué no se acercaba y se lo decía a la cara como una persona normal? Salió de los vestidores y cuando iba de salida… pues adivinen.

—Uuuuuuuuugh. ¡Cualquiera diría que me estás acosando!

—¡Yo busco al idiota de mi primo, miss freckles! —Félix miró en todas direcciones— ¿O ya se escapó para ir con su novia?

—Fallaste por diez minutos. —Kagami siguió caminando, cansada e irritada. ¡Es que no se lo creía! ¿Ella gustarle a este rufián? … ¡Nunca le había gustado a nadie! —Ahí te ves.

—¿Estás bien?

—Cansada. ¡Adiós, clon del mal!

Félix entrecerró los ojos intrigado. ¿Por qué miss freckles lo ignoraba? Ni siquiera había enganchado en una discusión con él. ¿Acaso era porque sabía su secreto? Aquél día, durante el combate, realmente se había sorprendido de ver a la japonesa sacar literalmente las garras y hacerse aire. Sin duda que la chica lo había sorprendido, y así había querido hacérselo saber, pero al mismo tiempo había descubierto lo linda que se veía enojada.

Además era interesante. Y explosiva. Y le gustaba. Y le desagradaba que lo ignorase. Félix corrió tras sus pasos, pero Kagami siguió por su cuenta, sin siquiera voltearse a verlo. Se había dado cuenta que estaba ahí, así que no tenía sentido alguno. ¿Lo hacía a propósito? Con paso veloz, intentó cortarle el paso y se le cruzó por delante.

—¿Acaso te hice enojar, miss freckles, que me ign…?

Félix se quedó de una pieza. Kagami no se detuvo, pero lejos de empujarlo, lo tomó por las mejillas y lo besó en los labios, robándole toda coherencia mental posible de un plumazo. Quizás iba a ser un besito breve, pero les quedó gustando y durante los siguientes cinco segundos se dejaron derretir por esa sensación, hasta que Kagami retrocedió.

—No me gustas y quisiera que me dejaras de molestar. —dijo la japonesa con firmeza y la distintiva certeza de que estaba mintiendo— Que pases buena tarde.

Kagami le pasó por el lado, y dando un pequeño trote, llegó hasta Tatsu. Se subió al auto y pronto hubo desaparecido. ¿Félix? Pues se quedó ahí mismo donde estaba, pasmado y sin saber qué pensar. ¡Eso no se lo esperaba! Se llevó los dedos a los labios. En serio que no se lo esperaba.

—¡¿Cómo que no le gusto a miss freckles?! —era la pregunta que le daba botes por la cabeza.

¡Ya Nada tenía sentido para él!

Mansión Agreste

En esos momentos.

Gabriel estaba con libertad condicional en lo que durase la investigación policial por agresiones. Y como tal, tenía que ir todos los malditos días a firmar a la comisaría a manera de control. Tras la trifulca del otro día, Nathalie había presentado cargos, al igual que Giannis Legrand en favor de Adrien Agreste por razones más que obvias y de Marinette Dupain – Cheng, bajo el argumento que la muchacha no tenía por qué haber sido testigo de eso, había que proteger su inocencia. Esto lo dejaba en una situación judicial muy compleja. Ya lo tenía todo complicado antes de ese fiasco y ahora la situación no hacía más que empeorar. Su publicista quería matarlo, pero al menos estaba concentrado en arreglar su imagen pública, mientras sus abogados trataban de zafarlo de esta pesadilla judicial.

El hombre entró a la habitación, siendo recibido por un mayordomo cuyo nombre desconocía, a quien entregó su abrigo. Enfrentó los escalones con tristeza, reparando en el cuadro familiar, en el que aparecía él, Emilie y Adrien.

Suspiró.

Ni Emilie ni el hijo de esta estaban en la mansión. Adrien había sido retirado de su custodia y temporalmente ubicado al cuidado de Amelie Graham de Vanily hasta nuevo aviso por orden del juez. Ya había perdido dos contratos y todavía no lograban dar con los Héroes de París. Para colmo, Nathalie se había marchado, y ni bien Adrien hubo salido de la casa, el Gorila también renunció. Su exasistente había borrado todas las pruebas de su implicancia con Papillón y para colmo de males…

—Nathalie se robó el miraculous del pavorreal.

Dejó caer los hombros. Extrañaba a Emilie… y al parecer también al crío. ¿Cómo fue que no vio venir esa jugada? La aparición de los Heinstein lo desconcertaba de aquí a la luna: él había hecho una investigación cuando Adrien había nacido y ni de chiste había aparecido indicio alguno que llevase a pensar que hubieran cambiado bebés. ¡Pero ahora de pronto aparecían mil pruebas que lo confirmaban! ¿Qué brujería era esa? Iba a perder épicamente la custodia y la patria potestad de su hijo, hasta sería arrancado del certificado de nacimiento cuando se rectificase la documentación y Adrien perdiera el apellido Agreste. No solo perdería el control sobre el chiquillo, sino toda posibilidad de recuperar a Emilie…

… ¿y porqué le importaba? Se había pasado la vida esperando un momento así, en que alejaran a ese bastardo de su vida… pero ahora que pasaba…

—Como si valiese la pena. ¡Es una decepción! Ya vendrán otros.

Cuando arreglase el pasado, cuando recuperase a su esposa, Adrien no existiría. ¡Hasta se animaría a tener hijos con Emilie! Que llevasen su sangre para variar un poco, y serían su orgullo. Seth le planteaba una oportunidad dorada… y no podía dejarla escapar.

—Toca trabajar.

Inframundo. Limbo.

En esos momentos.

—Son almas atadas. —dijo Hécate— Sufren por no poder escapar de sus amarras.

—Son los vivos los que no dejan que crucen. —añadió Perséfone— ¿Ella está aquí?

Hécate y Thanatos observaron a la diosa de la primavera. Ésta tenía los ojos fijos en el Limbo, y parecía escanear con su mirada el gris espacio de bruma y almas que deambulaban, clamando por su liberación. Hades, bajó los ojos y le acarició los hombros a su esposa.

—No tienes que hacer esto, si no quieres, florecita.

—Tengo que hacerlo.

—Cuando guste, señora. —indicó Thanatos.

Perséfone se dejó mimar por Hades, antes de enfrentar lo que tenía pensado hacer. Desde que Thanatos descubriese que el cuerpo de Emilie yacía en una suerte de relicario bajo la mansión Agreste, y que su alma se encontraba en el Limbo, que Perséfone tenía ganas de hablar con ella. Hades ya lo había hecho por sus propias razones, principalmente para preguntarle si sabía sobre la naturaleza divina de su hijo o no, además de otros detalles relacionados con la vida familiar de Adrien. Si no quería, no era necesario que Perséfone hablase con ella, pero quería hacerlo: Emilie era, después de todo, la mujer que había gestado a su hijo por ella y quien lo había criado.

—Perséfone, ten esto. —Hécate le entregó a la diosa una copa con agua fresca— Es agua del río Mnemosine: no es mucha, unos sorbos apenas, pero debería ser suficiente para que Emilie recuerde su vida. Las almas atadas al limbo se olvidan de todo.

—Ya sé. —Perséfone tomó la copa— Como sé que sus efectos casi no duran en esas condiciones. ¿Cuánto tiempo tengo?

—Unos veinte minutos. —aseguró Thanatos— úsalos sabiamente.

Hades entrecerró los ojos cuando vio a su esposa avanzar hacia el limbo, con la copa en sus manos. Pronto el alma de la mujer que buscaban flotó delante de ella y aceptó la copa que la diosa le ofrecía. Cuando Emilie pareció recordar su vida y reconoció a Perséfone, hizo una reverencia. Hades ya había hablado con ella, lo recordaba gracias a los efectos de las aguas del Mnémosine, y sabía bien porqué tenía a la diosa del inframundo ante ella.

—¿Emilie Agreste?

—Prefiero Graham de Vanily… debí dejar hacer mucho el apellido, señora.

—Así será entonces. Mortal… yo…

—… le pido disculpas señoras. ¡sabré entender que se me castigue! En serio intenté darle una mejor vida… debí dejarlo y llevármelo conmigo… Lamento mucho haber tratado a su hijo…

—¡Te recuerda con tanto cariño! De lo buena que fuiste con él… ¡Me duele tanto no haberlo tenido conmigo! Me perdí toda su infancia… no lo protegí. —Perséfone reprimió un puchero— Gracias por haber cuidado de mi tesorito.

—Usted es demasiado amable. Y yo una horrible persona: dejé a Adrien a merced de Gabriel… —Emilie apenas levantó la mirada— No voy a volver a ese cuerpo, hace mucho debí haber cruzado… por favor, si no es mucho pedir, ¿puede decirle a Adrien que es el mejor hijo del mundo? Si se le da la oportunidad… es un solecito propio… por favor, nunca lo querré tanto como usted, pero… ¿podría decirle lo mucho que lo quiero?

—Claro que sí… pero… tengo una petición…

—… si puedo ayudarla… claro.

—… ¿Me hablarías de su infancia?

Ambas comenzaron a derramar lágrimas en ese momento. Hades supo en ese instante que la conversación sería para largo, pero no quería quedarse ahí. Era algo privado. Por alguna razón quería regresar a Giudecca unos momentos, y quizás entrenar un poco para quitarse el estrés de encima. Su esposa estaría bien, por lo que se dio la media vuelta y desapareció tras encargarle a Thanatos que cuidara de Perséfone hasta que terminara de conversar con Emilie. Hécate en cambio suspiró mientras giraba sobre sus talones.

—Iré a buscar más agua del Mnémosine. Esas dos lo van a necesitar.

Inframundo. Palacio de Giudecca.

Media hora más tarde.

El palacio no dejaba de sorprenderlo. Era todo lo que podría esperarse de un lugar ubicado al medio de un reino de muertos, pero limpio, espectacular, de bella arquitectura y épico. Era la segunda que caminaba solo por esos pasillos y como entonces estaban medio vacíos. La vez anterior no había estado en esa ala, así que caminaba con cuidado y lleno de asombro en el rostro.

—Me va a faltar vida para conocer todo este lugar… —se dijo Adrien a sí mismo.

Había ido a buscar a Marinette, pero para su sorpresa, ésta estaba en un entrenamiento sorpresa con Touma, así que no pudo sino saludarla de lejos. No se quiso regresar en seguida al hotel, sino que decidió ir a ver si sus padres estarían muy ocupados. No los encontró en su villa en París, así que en un arranque de audacia, usó su portal hasta Giudecca, a ver si podía dar con ellos.

No estaban en el palacio, por lo que aprovechó de curiosear. Algo lo llevó hacia una sala que la vez anterior le había estado vedada y curioso se asomó dentro: era un gimnasio GIGANTE, totalmente equipado y a diferencia del resto de las instalaciones, había gente ahí.

Uno de los espectros, Valentine de la Harpía, lo percibió en la entrada y abrió la puerta para dejarlo pasar. Le hizo una simpática reverencia al tiempo que le indicaba hacia el centro del gimnasio. Los demás espectros también le hicieron reverencias e incluso uno de ellos, Lune de Balrog, se atrevió a revolverle los cabellos.

—¿Busca a su señor padre, joven amo? —le preguntó este último con paciencia.

—Err… —no muy acostumbrado al formal trato que le daban, Adrien asintió— Si está muy ocupado puede esperar, yo…

—¡Tonterías! —dijo Valentine de repente— Ya vino hasta aquí, es cosa de acercarse. ¡Vaya! Aproveche que está…

—¡Valentine! —lo llamó Pandora, frunciendo el ceño. El espectro hizo un ademán de cabeza— ¿Llegaste solo hasta aquí, Niedlichkeit? —le preguntó la mujer acercándose con mucha solemnidad. Una vez que estuvo a su alcance, le dio unas palmaditas en la cabeza.

Los espectros que vieron la escena sonrieron enternecidos: aquella era la máxima muestra de cariño que Pandora había mostrado en mucho tiempo y era casi de no creerlo.

—Sí… Marinette estaba en entrenamiento y no quería volver al hotel. Yo… quise venir a ver a mis padres, pero si están ocupados…

—¿El pequeño amo viene de su práctica de esgrima? —preguntó Lune de pronto.

—Sí. —reconoció Adrien— ¿Por? —Valentine de pronto le ofreció un florete y alguien le puso una pechera protectora. Nadie le puso casco— ¿Y esto?

—Aproveche que su señor padre está justo en prácticas. ¡Y no! Aquí los entrenamientos son sin casco.

Valentine tomó a Adrien del brazo y lo guió hasta el centro del gimnasio, en donde su padre mantenía una intensa práctica con su espada contra algunas almas condenadas. Asustado, Adrien se puso en guardia, sobre todo porque Hades no parecía haber reparado en él de lo concentrado que estaba en su combate, y por momentos se mantuvo inquieto, dado que él tenía un triste florete (bastante afilado ahora que lo pensaba) y eso no iba a ser de mucha ayuda contra una espada.

Hades terminó con la última alma condenada cuando detectó que había alguien detrás de él. Se giró con gracia y atacó con una vuelta de su espada, obligando a su sorpresivo contrincante a maniobras evasivas. ¡Casi se quedó calvo al ver a su hijo! Pero el cabello pareció esponjársele de orgullo cuando el muchacho respondió el ataque con resolución, aunque con evidente falta de experiencia, si lo comparaba consigo mismo. ¡Bah! Eso no tenía importancia: siempre podía aprender. Entonces entraron en un ritmo y se dejaron llevar, lanzando ataques, estocadas y maniobras destinadas a desarmar al otro que resonaban por todo el gimnasio y atrajeron la atención de muchos espectros. Pandora observaba con una gran sonrisa, mientras Sylphid de Basilisco y Queen de Alraune grababan la sesión en sus celulares.

En algún momento de la sesión Hades cambió la espada por un florete, dándole la oportunidad a Adrien de pelear con más comodidad, luciendo su enorme potencial como esgrimista. ¡Tenía mucho que aprender! Veinte minutos después ambos terminaban la sesión, despidiéndose tradicionalmente.

—¡Qué sorpresa! Casi me matas con tu aparición, pero… ¡Vaya sorpresa!

—Lo siento papa. No… no quise interrumpir…

—Yo no lo siento. Si vas a interrumpir mis prácticas de ese modo, yo feliz. —Hades entregó las armas usadas a un espectro.

—No… no sabía que practicabas esgrima. —comentó Adrien con timidez mientras se dejaba quitar la pechera.

—Yo tampoco sabía que la practicabas. Aunque no debería sorprenderme: tienes mucho talento.

—¿en serio?

—Te falta mejorar el juego de piernas y proteger mejor tu flanco, pero tiene solución. Además… has estado sometido a mucha presión últimamente. —dijo Hades sin filtro alguno, dándole algunos topes en el brazo que había dejado expuesto más de una vez, notando en seguida su error al ver como Adrien bajaba la cabeza— ¿Adrien?

—Perdón… siempre olvido de proteger…

—No empieces. —lo atajó Hades— ¿O no te diste cuenta de que mantuviste el ritmo en un combate conmigo? Tengo miles de años más de experiencia: lo hiciste estupendo.

Adrien se puso rojo como tomate al notar el súbito halago. Hades tenía un tono quizás muy brusco, pero nunca mentía. El dios, quizás inquieto y muy contento por el momento que había compartido con su hijo, se atrevió a darle unas palmaditas sentidas en la cabeza.

—Vamos a comer algo, aunque convendría ducharnos antes. Ya le contaremos a mi florecita en qué estábamos.

—¿Tu florecita es mi maman, papa?

—Sí. La misma. ¿Y cómo está tu catarina?

—Entrenando…

—Ya veo. ¡Ánimo!

Padre e hijo hicieron abandono del gimnasio, en dirección a las duchas, en donde se asearon como correspondía. Adrien encontró ropas frescas, aunque no las suyas, esperando por él. Era una suerte de Quipao bastante cómodo y de tela muy agradable al tacto, que le quedó como guante. Cuando estuvo listo, volvió a reunirse con su padre quien en silencio comenzó a mostrarle el palacio.

Papa. ¿En verdad me quieren con ustedes?

—¿Adrien?

—Es que se me hace raro… que me quieran tan pronto. ¡No es que no lo quiera así! Pero no es algo que me pase muy seguido. Desde que mi maman Emilie desapareció…

—Ya hemos hablado de esto, muchacho. ¡Convéncete! Somos tus padres… danos esa oportunidad… y te prometo por el Estigia que haremos nuestro mejor esfuerzo.

—¿Regaños incluidos?

—¿Cómo el del otro día y por las mismas razones? No lo dudes, gato. —Hades abrazó a su hijo.

—¿Qué va a pasar conmigo… cuando se sepan los resultados?

—Cierto… mañana es la lectura de los exámenes…

—¿Podré irme a vivir con ustedes? —preguntó con algo de ilusión— Y sobre tante Amelie… y mi primo Félix… no quisiera dejar de verlos…

—No lo harás. ¡Claro que vivirás con nosotros! Seguramente el juez va a decretar otras medidas de apego o de reinserción, pero no te sacaremos de París y podrás seguir haciendo tu vida tal como tú quieras.

—¿Podré ir a la universidad, viajar y todo eso?

—Tu preocúpate de estudiar. Y sobre tu tía Amelie…

—Ella es buena persona… algo intensa y medio alocada, pero…

—Es tu familia. Así de simple. —Hades le dio un juguetón empujón— Estarás bien, gato.

Adrien iba a responder, pero en ese momento, Perséfone lo sorprendió con un abrazo. La diosa se había pasado hablando todo ese rato con Emilie Agreste, y estaba emocionada. Muchas cosas habían intercambiado las mujeres, y Perséfone apenas comenzaba a procesarlas. No, habían llegado a la conclusión que era muy pronto que Adrien la viera, pero lo llevarían con ella lo antes posible.

Había sido una muy buena charla.

—¿Maman?

—¿Cómo está mi gatito?

—Bien. Ahora mucho mejor.

Adrien se dejó apapachar por su madre. Y por un instante, se olvidó del mundo.

Torre Eiffel. París.

Esa noche.

Seth estaba aperchado en la parte más alta de la torre, justo por fuera de las que fueran las habitaciones de Gustave Eiffel. Era una noche muy fría y amenazaba una lluvia torrencial en cualquier momento. Lo más probable es que generase problemas de tráfico pronto, pero eso no le interesaba. El dios se dedicaba a escanear París: en algún lugar de la ciudad estaban sus héroes, sus sacrificios, aquellos que le brindarían poder ilimitado.

—¿Dónde estarán mis pequeños?

¿Y como sacarlos de donde estaban? Los dioses se habían empeñado en ocultarlos, enviando a sus santos, espectros e incluso ángeles para su protección, quienes habían hecho un trabajo estupendo.

—Pero también les he causado daño… los héroes están agotados y heridos… ¡hasta lo lucen en sus trajes!

¡Y deberían estar a su merced en estos momentos! Eso le pasaba por confiarse, pero ya solucionaría eso. ¡Si tan solo supiera las identidades civiles de los chiquillos! Sería tan fácil como ir hasta sus casas y arrancarlos de sus camas.

—Casi no puedo esperar a bañarme con la sangre de ambos. Sirve uno solo, pero dos sería mejor.

Siguió con la vista fija en la ciudad, considerando seriamente liberar a sus alimañas sobre los ciudadanos incautos que hacían sus vidas allá abajo.

—Esperen un momento… los espectros conocen las identidades civiles de los héroes… Quizás si se akumatiza a uno…

Apretó los dientes, desistiendo de ese pensamiento. Los espectros desplegados en la ciudad eran todos estrellas celestes (y una estrella terrestre) y santos de Athena: dos de oro y los bronceados, pero ésos justamente no eran rivales fáciles. Sin mencionar al ángel de Artemisa, que bien podría ser justamente el único mortal de los tres, seguía siendo un dolor de muelas tratar con él.

—Papillón no podría akumatizarlos ni aunque ellos se dejaran… —el dios chacal se quedó en silencio— momento… —se dijo a sí mismo— Cheshire de Caith Sith… estrella terrestre de la bestia… conoce bien a los muchachos. Y puede que Papillón pueda akumatizarlo…

Un profundo silencio pareció aprovecharse de París, o eso le pareció al dios. ¡Es que acababa de caer en cuenta de algo! Todo el mundo había regañado a Caith Sith por haber perdido de vista a Adrien y a Marinette, por no haberlos protegido, siendo que lo habían designado como guardaespaldas. Los dorados le corrieron cuerda y los espectros no se habían tomado a bien su falta de tino. Cheshire cumplía a cabalidad su misión, pero sus errores le pesaban y eso… ¡Podían aprovecharse de eso! Después de todo…

—Cheshire… está frustrado.

CONTINUARÁ.

Nota de Misao: Como ven, hay un nuevo blanco de akumatización. Hades y Adrien tuvieron un momento padre e hijo y Perséfone pudo contactar al alma de Emilie, perdida en el limbo. Ahora… los planes de Seth están más cerca que nunca. ¿Cierto Abby?

Nota de Abby: Así es, es la calma antes de la tormenta. Uuuh, esto se va poner bueno con una akumatización, veamos si Papillon lo logra. Prepárense porque se va a poner bueno.

BRÚJULA CULTURAL.

Río Mnémosine: No confundir con la titánide del mismo nombre, madre de las musas. Este río también se encuentra en el Inframundo, pero tiene propiedades opuestas a las del río Lete, que hace perder la memoria. De acuerdo con una serie de inscripciones funerarias griegas del siglo IV a. C. escritas en hexámetros dactílicos, las almas de los muertos bebían del Lete para así no poder recordar sus vidas anteriores cuando se reencarnaban. Algunos en cambio, eran animados a beber del río Mnemósine cuando morían, en lugar de hacerlo del Lete, para no olvidar nada. Estas inscripciones podrían estar relacionadas con los misterios eleusinos, o bien con la poesía de Orfeo.

Valentine de la Harpía: de la Estrella Celeste del Lamento es uno de los 108 Espectros del ejército de Hades en el manga y anime de Saint Seiya. Es parte de la división de Espectros que se encuentran bajo las órdenes de Rhadamanthys de Wyvern, siendo su lugarteniente.

Lune de Balrog: de la Estrella Celeste del es uno de los 108 Espectros del ejército de Hades en el manga y anime de Saint Seiya. Lune está bajo las órdenes de Minos de Griffin, siendo su lugarteniente y suele fungir como juez de almas subrogante cuando Minos se encuentra cumpliendo misiones para Hades. Como curiosidad, Kurumada le dio este nombre como homenaje a Tolkien y a su obra "El Señor de los Anillos". Su nombre, Lune, fue dado por el Golfo de Lune, lugar de la Tierra Media cercano a los Puertos Grises y un Balrog, es una criatura peligrosísima de la misma obra.

Niedlichkeit: Ternurita en alemán.