Resumen: Colaboración con Misao-CG. Durante las peleas contra los akumas de Papillon, Ladybug y Chat Noir son atacados por un nuevo enemigo que está detrás de algo más valioso que sus Miraculous, lo que traerá nuevas revelaciones sobre todo lo que ellos creían saber de sí mismos. AU Saint Seiya.
NOTAS:
1) Los personajes no nos pertenecen. Miraculous Ladybug es propiedad de ZAG y los créditos son para Thomas Astruc y su equipo. Saint Seiya fue creado por Masami Kurumada.
2) Esta historia NO fue realizada con fines de lucro, solo para divertirnos.
3) Puede tener spoilers de toda la serie y películas disponibles.
JUEGOS DE DIOSES
CAPÍTULO 23
(Escrito por Misao-CG)
Juzgados de familia. París.
Thanatos miraba a Nathalie maldiciéndose entre dientes. ¡¿Qué diantres pasaba con él?! Nunca nadie lo había hecho sentir tan poca cosa. ¡Era la muerte! ¡Él decidía el fin de la vida mortal! Era quien recolectaba las almas y las enviaba al Inframundo y a sus respectivos tribunales. ¡¿Qué tenía esta mortal que lo dejaba sin palabras?!
—En esta carpeta están los antecedentes solicitados. Ya le entregué una copia al Defensor de la Infancia y... ¿monsieur Legrand?
—¡¿Diga?!
—La carpeta con los antecedentes...
—Cierto.
Thanatos sacudió la cabeza y se concentró. Estaba en una oficina en los tribunales de familia, haciendo intercambio de documentación. Los resultados del examen de ADN de Adrien que resultaron en la sentencia que concedió su custodia y patria potestad a sus verdaderos padres implicaban una serie de trámites burocráticos. Tenían que cambiar desde la partida de nacimiento, el apellido del menor, y hasta registros de sus notas, para que reflejaran su verdadera identidad civil. Incluso algo tan trivial como los registros de sus premios de esgrima y otros logros académicos debían cambiar para adecuarse a los cambios.
Adrien Agreste estaba por convertirse en Adrien Heinstein. Y Nathalie estaba facilitando todo, consiguiendo la documentación necesaria, que ya había entregado al tribunal y le había traído una copia a Giannis por expresa petición suya.
Thanatos era un coleccionista de antecedentes, le gustaba tener todo actualizado en caso de cualquier cosa. Además eso le había dado la oportunidad perfecta para ver a Nathalie.
¿Acaso estaría enfermo?
—Agradezco que nos ayude con esto, madame Sancoeur...
—Mademoiselle.
—¿huh?
—Mademoiselle. Soy soltera.
Thanatos fue incapaz de evitar la sonrisa que adornó su rostro. Hasta le brillaron los ojitos y de eso Nathalie se dio cuenta. Rápidamente volvió a poner su fachada ruda y seria, tras carraspear un poco. ¡Era el dios de la muerte! Nada más ni menos. ¡Un poco de dignidad, por favor!
Nathalie esbozó una sonrisa. Este hombre tenía algo que le hacía mucho ruido en el corazón. Era cruel y muy severo, pero tenía esa aura de lealtad que pocas veces viera antes. Ella podía cuidarse sola, bien capaz era de enfrentar no solo a uno, sino a tres akumas al mismo tiempo, no necesitaba que la estuviesen cuidando, pero lo sucedido el otro día la tomó por sorpresa y empezó a pensar cada vez más en el desaliñado asistente social, incluso contra su voluntad.
Así como otras cosas. La mujer se dio cuenta que Giannis no era un hombre normal: había algo raro en él. Quizás era ese aire de misterio que la atraía tanto, tenía ganas de dilucidar de qué se trataba. Además... era guapo. Nathalie carraspeó y recuperó la compostura, ajustándose los lentes.
—¿Para qué necesita estos antecedentes? bastaba con que el defensor de la niñez los tuviera.
—Uno nunca sabe cuándo tiene que rastrear información. Prefiero guardar una copia.
—Es usted muy raro, Monsieur.
—¿En serio?
Thanatos tragó saliva al verse intimidado por aquella bonita mortal. ¡Era la muerte!... y... y... quería pasar más tiempo con la chica. Casi hizo un puchero, pero se contuvo. Nathalie mantuvo la mirada.
—¿Quién es usted exactamente? Mucho agradezco que haya hecho su trabajo sacando a Adrien de la casa Agreste, pero ¿por qué?
—Err... —milenios de elocuencia resumidos en un simple sonido— Verá...
—Sin mencionar su intervención ante la jueza el otro día —Nathalie tomó aire— ¿Acaso es abogado? Porque no dejó hablar al defensor de la niñez e intervino ante la jueza como si tuviera la autoridad de hacerlo. ¿Qué está pasando?
—Yo... este... ¡¿Cómo se dio cuenta?!
—Tengo ojos y oídos, monsieur. Hasta ahora no me han fallado. No temo usarlos.
—Es una historia complicada...
—Tengo tiempo.
—... para otro día.
—Prefiero ahora antes que se invente una coartada, Legrand. ¡Dígame la verdad!
—No lo entenderías.
—Puede que no. Pero también puede que sí —Nathalie juntó las manos, sintiéndolas muy frías— Entiendo que veló por el bienestar de Adrien... y a juzgar por como usted entraba y salía de la mansión, y de otros secretos que sé que descubrió ahí y que no denunció... creo que usted no es normal.
Thanatos enarcó las cejas. ¿Acaso Nathalie se había dado cuenta? ¿Sabía de Emilie? Tragó saliva y no pudo evitar mirarla fijo, esta vez recurriendo a su experiencia como la muerte. La mujer… estaba afectada por alguna dolencia de origen mágico, y apelaba a su corazón como nunca. Puede que se estuviera prendando de ella… todavía más.
—Hacía mi trabajo.
—Y yo el mío. —Nathalie tragó saliva— Si me quedé trabajando con Gabriel, incluso siendo cómplice en lo que usted ya sé que sabe, fue por proteger al pequeño. Pensaba que si llegaba lo inevitable... podría actuar a favor de Adrien y detener a su padre.
—¿Traicionando a su jefe?
—Difícil traicionar a alguien a quien nunca se le ha prometido lealtad.
—Oh.
—Ajá.
Ambos se quedaron mirando los pies. Thanatos pateó una que otra piedra imaginaria. Se mordió el labio haciendo un gesto que hizo que Nathalie bajara la mirada unos instantes, como si quisiera ocultar un sonrojo. Resopló… ¿quizás si recurría a la cultura pop?
—¿En serio quieres saber quién soy?
—Sí.
—¿Conoces a Joe Black?
Nathalie entrecerró los ojos perpleja ante la referencia. Esa era una película que ya tenía unos buenos años. Tenía buenos actores y recordaba haberla visto con sus amigas cuando estaba en el Lycée. ¿De qué se trataba? Ah sí, del magnate de las comunicaciones que está planeando su cumpleaños, pero que la Muerte… Nathalie abrió los ojos desmesuradamente. ¡¿Qué carajos?! ¡¿Acaso…?!
Thanatos supo el momento exacto en que Nathalie adivinó su naturaleza, pero como la viera incrédula, se arriesgó a expandir un poco su cosmo para confirmarle sus sospechas. Por un instante la mujer erizó la espalda, con el lógico e instintivo temor de toda criatura mortal que lo reconocía, pero para mérito de Nathalie, esta no perdió la compostura y tras exhalar una buena bocanada de aire, se ajustó un cabello tras la oreja y se relajó.
—No se parece a Brad Pitt. —le dijo mientras arreglaba sus lentes.
—No. Soy bastante mejor.
—Así de desaliñado no se nota. —Nathalie entrecerró los ojos— ¿Por qué alguien como usted, monsieur, toma tanto interés repentino en Adrien? —preguntó sin rodeos y evidentemente aprensiva.
—¿Los nombres de los Heinstein no te parecen familiares? Hace 15 años ocurrió una tragedia en el Inframundo y el pequeño terminó en la matriz de madame Agreste. Esto apenas salió a la luz hace muy poco, mis señores no sabían que tenían un hijo… por fumado que eso suene.
Nathalie, de la sorpresa, se llevó una mano a la boca. Sintió como se le atenazaban los dedos. ¿Qué era todo esto? ¡¿Acaso Adrien era hijo de los dioses del Inframundo?! Si era así, entonces Gabriel había juntado suficiente mal karma y rencor de las divinidades, como para que le durase al menos tres eternidades, si no más.
—Hay mucho de qué hablar. —Thanatos interrumpió el tren de pensamiento de Nathalie— Quisiera que tuvieras la seguridad que todo lo que hemos hecho es por el bien del pequeño amo. Mis señores no lo quieren apartar de su vida ni le van a impedir que tome sus decisiones conforme vaya creciendo, pero tenían que sacarlo de donde estaba…
—Lo comprendo.
Un silencio incómodo se instaló entre ambos. Thanatos se rascó la nuca: tantos milenios en el cuerpo y actuaba como colegial inexperto.
—Entenderé si no quiere tener nada que ver con esto, pero… si gusta hablar, le explicaré todo.
—Eso me gustaría —susurró Nathalie al cabo de un rato. No sabía porque, pero no sentía solo curiosidad ante… la personificación de la muerte. —... con un café sería estupendo.
—Cierto... estoy medio aburrido del té. Mi gemelo siempre toma té. —Thanatos la miró como gato remojado— ¿Alguna preferencia en específico?
—... Me... me gusta el café griego. Sin azúcar. —Nathalie trató de disimular una súbita rojez en las mejillas— Digo, por si gusta contarme esa historia... y decirme exactamente qué fue lo que pasó y como… dieron con la verdad.
—... Conozco un lugar estupendo.
A Thanatos le hubiera gustado intercambiar más palabras, quizás decir algo más inteligente, quizás coquetear un poco, pero le costaba despegar la lengua del paladar. El corazón le daba tumbos en el pecho, pero no pudo decir nada más galante. Eso pareció bastarle a Nathalie, pues compuso su actitud. ¡Moría de ganas de hablar más a fondo con esta mujer! Le gustaba... le gustaba y muchísimo.
¡MOMENTO! ¿Acaso se dijo que le gustaba? ¡¿Qué brujería...?!
Un golpe de cosmo le erizó todo el espinazo. Thanatos volteó la mirada como si de un látigo se tratase. Alguna conmoción había en los pasillos, pues la gente comenzaba a caminar más rápido, pero no era lo que estaba sintiendo... los espectros... ¡sus cosmos! Revoloteaban en dirección del Louvre como avispero agitado...
—¡SETH TIENE AL AMO! —exclamó Cheshire lleno de angustia por la cosmonet.
Mansión Agreste.
En esos momentos.
Papillón levantó la mirada unos instantes. Estaba muy agotado: tratar de akumatizar al espectro aquél había sido horriblemente difícil y desgastante, de no ser por el apoyo de Seth ni siquiera habría logrado concretizar la akumatización y ni aun así estaba seguro de tener al akuma bajo control. Pese al horrible dolor que agobió a Cheshire, éste cerró su mente y se concentró todo su cosmo para evitar una invasión mental más profunda.
—Cierto. —Seth resopló frustrado— Olvidaba que los espectros son porfiados.
Cheshire no soltó las identidades de los héroes. ¡Por supuesto que no! El espectro seguro también estaba entrenado para soportar torturas indecibles. Al final su ayuda no había sido necesaria, pues fueron los mismos héroes mocosos quienes se dejaron caer, liberando a Cheshire con tiempo de sobra.
Puede que hayan roto la akumatización, mas no se liberaron de las garras de Seth. El dios chacal, al ver su oportunidad, desató a sus alimañas contra los héroes, en un solo ataque contundente logrando arrastrarlos hacia las profundidades de su guarida parisina. Donde quiera que se encontrara, causando pánico entre los espectros y demás guerreros.
Mareado y adolorido por el esfuerzo, Papillón bajó al relicario a acompañar a Emilie, mientras esperaba que Seth cumpliera su promesa. Y allí estaba esperando, como niño pequeño, y la vista fija en la cápsula.
—Solo te necesito a ti, mi vida —susurró Papillón casi con ternura— Cuando me entreguen los miraculous, cambiaré el pasado y podremos estar juntos.
Las emociones de la ciudad de París se agitaron en extremo en ese momento. Era una mezcla de pánico e indignación que le dijo en seguida que no solo los espectros estaban preocupados por los héroes, sino toda la ciudad, y puede que un par de deidades extra. Si bien levantó la mirada, por unos segundos, en seguida la bajó. No prestó atención a aquello, tenía cosas más importantes…
—¿Gabriel?
Papillón levantó la mirada de pronto. Ahí, sentada en su cápsula, que se encontraba abierta, Emilie lo miraba expectante. Casi se le fue el alma a los pies y rápidamente llegó hasta ella, tomándola de las manos y ayudándola a ponerse de pie.
—¡Mi Vida! ¡Estás Despierta Y Conmigo Al Fin! —Papillón la abrazó con enorme amor, siendo correspondido— ¿Cómo te sientes…?
—No lo sé. —Emilie se llevó la mano a la frente— ¿Qué me pasó? Estuve en un lugar muy gris, apenas recuerdo…
—No pienses más en eso. —le dijo mientras le arreglaba los cabellos, contento que Seth hubiera cumplido su parte— Quedo en el pasado.
—¿Y Chat Noir?
¡Epa! ¿Y de donde había salido esa pregunta?
—Errr… —Papillón se detuvo en seco. La mirada de Emilie era de pronto muy aguda e inquisitiva— ¿Cómo…? Emilie… ¿Por qué me preguntas por él?
—Dime amor… Gabriel… ¡dime!
Papillón abrió los ojos. Algunas cosas no le cuadraban. Se suponía que Emilie no conocía a Chat Noir y ahora que lo pensaba, la mujer no debía saber que él era Papillón: nunca había usado el miraculous de la mariposa cerca de ella. Además, ¿Cómo sabía que… el gato negro existía? Entrecerró la mirada e intentó alejarse de Emilie, muy intrigado, quien al notar la dudosa actitud, pasó de ser una dulce y delicada mujer convaleciente a una muy seria, decidida y peligrosa.
—Tú no eres Emilie.
—Responde, Gabriel Agreste. ¿A DÓNDE se llevó Seth a los héroes?
—¡¿Cómo te atreves a tomar la forma de mi esposa?!
Papillón desenfundó su sable y quiso atacar a la impostora, pero al intentar darle una estocada, el golpe fue repelido con furia en su dirección y Papillón fue arrojado a varios metros de distancia. Medio mareado, con todo el cuerpo adolorido y escupiendo sangre, comenzó a levantarse poco a poco, sin perder de vista a la mujer que caminaba hacia él con toda la calma del mundo. Fue entonces testigo de una metamorfosis horrible.
La impostora lo sujetó de la solapa y lo obligó a ponerse de pie. Una presencia terrorífica abrumó los sentidos de Papillón al punto que hasta le impidió pensar coherentemente, al menos en cualquier otra cosa que no fuera esta mujer. ¡Parecía que su presencia iracunda había explotado en todas direcciones! Su voz se desfiguró de rabia y hasta su piel cambió de color. Lo sacudió con fuerza y hasta lo levantó un poco en el aire.
—¡DIME A DONDE SE LLEVARON A LOS JÓVENES, ASQUEROSO MORTAL! ¡¿QUÉ PLANEAN HACER CON ELLOS?! NO OSES EMPEORAR TU SITUACIÓN CON MENTIRAS. ¡¿DÓNDE LOS TIENE EL CHACAL?!
—En las profundidades de la Sainte Chapelle. Seth tiene su guarida ahí. ¡Seguramente se llevó a los mocosos hasta allá!
En ese instante todo se calmó. La impostora se calmó, asumiendo su verdadera forma. Lo soltó y se sacudió las manos.
—Gracias mortal. ¿Tanto te costaba decirme eso desde un comienzo?
Papillón cayó al suelo y no perdió tiempo en buscar refugio. La mujer le dio la espalda, dejando lucir una preciosa trenza dorada, que recordaba al trigo y a la cebada. No dijo ni una sola palabra y a medida que se alejaba, se desvaneció en el aire.
El hombre entonces se volteó alarmado hacia la cápsula, temiendo lo peor. Emilie seguía ahí, como si nunca se hubiera movido. Porque no lo había hecho: aquella horripilante mujer había tomado la forma de su esposa para acercarse a él mediante ese engaño, pero no había alterado el descanso de la actriz en lo más mínimo. Hasta parecía que los arbustos que rodeaban la urna habían florecido de súbito.
El corazón todavía le bombeaba aterrado en el pecho cuando escuchó una nueva voz.
—Cumple tu parte del trato, mortal. —era Seth quien le hablaba— ¡Necesito disfrutar mis sacrificios!
Museo del Louvre
En esos momentos
—¡Camus! ¡Se llevaron a los héroes! —balbuceó por el celular, impactada.
Caline veía con horror como Cheshire, usando su sapuri, comenzaba a cavar desesperado por donde mismo habían desaparecido los héroes de París, sin resultado alguno. Le sangraban la boca y las orejas y lucía como enajenado. Alya estaba horrorizada: había grabado todo y sollozaba sin saber que hacer: Ladybug y Chat Noir, evidentemente heridos, habían acudido para purificar el akuma, pero una vez más fueron abrumados por alimañas y tras ser secuestrados por arañas, desaparecieron con destino incierto.
—Se llevaron a nuestros héroes, amigos... se los llevaron... —la chica cortó la transmisión en vivo por primera vez desde que iniciara el Ladyblog. Intercambió miradas con Nino, quien estaba pálido del susto.
Los dos sabían lo que tenían que hacer y sin intercambiar palabras decidieron desaparecer e ir tras los Héroes de París.
—¡ATENCIÓN!
—¡PÓNGANSE A SALVO!
Una tormenta de arena se dejó caer sobre París, y miles de alimañas, miles, salieron todos los agujeros posibles. Se enfocaron en Cheshire y lo atacaron, para impedirle seguir buscando el camino por donde se habían llevado a sus protegidos, pero al mismo tiempo comenzaron a cercar a los transeúntes que miraban horrorizados.
—Ciudadanos de París, soy Papillón. —resonó la voz del villano, quien debido al susto previo no sonaba tan convencido— Estas alimañas han recibido la orden de matarlos si los demás héroes, los santos de Athena, los espectros de Hades y quien sea que lo intente ose buscar a los Héroes de París. ¡Ellos ya son historia! No valen la pena, pero... por cada vez que lo intenten... uno de ustedes sufrirá una muerte horrible...
La indignación fue general. Con la ayuda de Camus, Caline reunió a sus estudiantes tras ella, otros se abrazaron, muchos se arrinconaron contra las paredes. Las alimañas, todo tipo de ellas, principalmente escarabajos y escorpiones, lucían amenazadoras y dispuestas a destrozar a sus rehenes a la menor provocación. Las imágenes del Ladyblog, pese a no estar en vivo, ya eran virales a esas alturas y algo comenzó a cambiar en la ciudad.
Ladybug y Chat Noir, quienes siempre arriesgaban el cuello por París sin importar las consecuencias ni su corta edad y que habían asumido la protección de sus ciudadanos, bien podrían estar muertos por el capricho de un supervillano a estas alturas. Evidentemente los héroes tenían una oportunidad si estaban tomando a toda una ciudad de rehén para evitar que quienes podían rescatarlos lo hicieran. La indignación comenzó a crecer, ¡eso no era justo! ¡Tenían que rescatarlos!
—¡No seré el rehén de nadie! —dijo un transeúnte acorralado, antes de tomar una silla y arremeter contra la alimaña que lo amenazaba...
... y antes que se dieran cuenta, París se amotinó. Una gruesa parte de la población pareció recordar los tiempos de la Revolución Francesa y se abandonó en una lucha contra quienes pretendían usarlos como moneda de cambio.
—¡DESTRÚYANLOS A TODOS! —bramó Papillón desconcertado.
Cheshire hacía oídos sordos a la batalla campal que de pronto se desató a su alrededor. Tenía una migraña horrible, pero no podía dejar de cavar, ya fuese usando cosmo como sus diferentes técnicas. ¡Era su culpa! ¿Cómo fue que se dejó akumatizar? Se supone que eso nunca debió haber pasado y ahora por su culpa Seth se llevaba a su pequeño amo con la chica. ¡Merecía que lo descueraran en la plaza pública! Se enjugó algunas lágrimas: ¡Nunca se lo iba a perdonar!
—¡Ya verás cuando te ponga las garras encima, deidad rastrera y traidora! —musitaba entre dientes.
—¡Cheshire! —Kagaho aterrizó junto a él— ¡¿Por dónde se los llevaron?! ¡La señora Perséfone está histérica!
—¡La tierra se abrió aquí mismo!
En ese momento explotaron miles de alimañas más, que se abalanzaron específicamente sobre los espectros. Súbitamente la temperatura se tornó gélida y los ataques de Camus de Acuario arrasaron con todo, pero ahí donde desaparecían dos alimañas, las reemplazaban cuatro. Llegaron los héroes, los santos de bronce y más espectros, que se dieron a la tarea de encargarse de las alimañas más poderosas.
Incluso los dioses aparecieron en el lugar, pero no intervenían a menos que fuera realmente necesario.
—¡No percibo a mi bebé! Su collar no funciona, no me da una ubicación... —se lamentó Apolo.
—Sus cosmos son demasiado imperceptibles: ¡Están más allá de nuestro alcance! —dijo Thanatos.
—¡Ni digas eso! Le prometí a Perséfone que volvería con nuestro chiquillo antes de noquearla. ¡Tenemos que dar con ellos! —Hades concentró su cosmo con todo el afán de encontrar a Adrien— ¡¿Qué es esto?! ¡Hay una barrera!
—Quien sea que la puso, no quiere que nosotros nos acercamos a los niños. —la angustia en el rostro de Apolo rompía el alma— Si no los encontramos ya...
—Seth los va a matar...
El enojo de Hades pareció explotar en todas direcciones. Athena, quien estaba en medio del combate escoltada por Milo y Seiya, miró en su dirección afligida: ¡Hades estaba realmente muy mal! Era una ansiedad que nunca le había sentido.
—¡¿Qué fue lo que hicimos mal?! —se preguntó Athena, ajustándose su escudo— ¿Qué cosa?
—Muchos ciudadanos luchan contra estas cosas... —dijo Milo— no podemos distraernos aquí, pero tampoco los podemos dejar a merced de las alimañas...
—Subestimamos a Seth, Milo. Mal.
¡BAAAAAAANG!
Un cañonazo, uno de verdad, como de los de las películas, resonó con estrépito y la bala arrasó con dos alimañas. Anarka estaba detrás de un cañón pirata del siglo XVI a todas luces muy funcional, mientras daba órdenes para la recarga. Violate, que acababa de despacharse a varios enemigos, se quedó mirando a su madre incrédula.
—¡¿QUIEN LE DIO UN CAÑÓN A MI MADRE?!
Minos se encogió sobre sí mismo.
¡Es que todo esto era absurdo! Ni en los más locos sueños de borrachera los parisinos se hubieran imaginado que ocurriría una repetición del día de los Héroes, ¡Pero estaba pasando! Y no era suficiente.
Nathalie, desde un escondite, miraba llena de culpa. Había corrido hacia el sitio del suceso a todo lo que le dieron los pies. ¡A Gabriel se le había ido la olla con todo y comida! ¿En serio estaba dispuesto a llegar a estos extremos por conseguir lo que quería? No podía quedarse quieta, pero tampoco podía transformarse en Mayura. Si bien el miraculous estaba reparado, cada vez que ella se transformaba luego sufría las consecuencias. Un nuevo portador no tendría esos problemas, pero... ¿quién? ¡¿Quien?!
THUMP
—¡¿Cuál Es Tu problema?! —bramó Félix, quien cayó a unos metros más atrás. Nathalie se alcanzó a esconder— ¿Estás loca?
—No tienes oportunidad contra esas cosas. ¡Te Van A Matar!
—¡¿Preocupada por mí, dragoness?!
—¡Por supuesto! Si alguien va a matarte, YO quiero tener ese privilegio. —Ryuuko entrecerró los ojos— ¡No. Te. Muevas!
Félix la desafió con la mirada, sin cruzarse de brazos, en clara actitud que no tenía ni la más mínima intención de hacerle caso. Ryuuko sintió un nudo en la garganta: no es que estuviera preocupada por el inglés, pero prefería que estuviera a salvo, aunque no se lo explicaba. Le llamaba la atención después de todo.
—Idiota.
Y dicho esto, se fue. Félix intentó seguirla con la mirada pero no pudo. Miró a su alrededor y se pasó las manos por la cabeza. ¡Necesitaba encontrar a su primo! Era el único tarado del mundo que lo quería, y vayan a saber los dioses donde se había ido a meter. Ni bien comenzó la akumatización de ese espectro, lo vio desaparecer con su novia, pero no los había vuelto a ver. ¡Necesitaba encontrarlos!
Nathalie intercambió una mirada con Duusu, quien le sonrió paciente. La mujer le entregó el miraculous y tras renunciar a él, procedió a esconderse en lo que la kwami se acercaba al muchacho.
—¿Joven Félix? —lo llamó de pronto.
—What the bloody...?! —Félix pegó un brinco al ver a Duusu— ¡¿Qué cosa eres?! ¿Cómo me conoces?
—Soy Duusu, pequeño amo. La kwami de la emoción. Este es mi miraculous... ten.
—¿Para qué quiero yo eso? ¿y como conoces mi nombre?
—Porque te puedo conceder el poder de intervenir en la pelea... podrás crear sentimonstruos y ayudar a nivelar las cosas. A cambio de un hogar para mí. —Duusu extendió el miraculous— Solo debes decir Duusu, transfórmame.
Félix dudó por varios segundos, pero finalmente tomó aire y tomó la joya. Nathalie, desde su escondite lo vio transformarse, adquiriendo un traje muy similar al Zorro con todo, capa y sombrero.
—Blue Phoenix... —se dijo a sí mismo, mientras se revisaba el traje y analizaba la maravillosa sensación que corría por sus venas. Un choque cercano y la irrupción de miles de alimañas lo distrajeron de su ensimismamiento— Vaya... parece que necesitamos un depredador más grande para comerse a los bichos... —dijo con una sonrisa, mientras sacaba una pluma del abanico.
Momentos más tarde, un ganso de diez metros de alto irrumpía en las calles, con las alas extendidas y siseando con la furia de mil soles, mientras correteaba y se comía a las alimañas sin muchas dificultades. Y como bien podrán suponer, era bastante eficiente: después de todo un ganso decidido, es un ganso decidido.
—¡Lo que nos faltaba! Un ganso haciendo el trabajo del cisne. —se burló Ikki de pronto. Hyoga le siseó.
—¡No me tientes, pollo a las brasas!
Profundidades de la Sainte Chapelle.
Las arañas por fin aterrizaron con sus presas, y ni bien las dejaron en el suelo, éstas comenzaron a sacudirse con ganas, tratando de liberarse de las sedas. Tikki no fue capaz de flotar: cayó de bruces, resoplando como si estuviera sofocándose, sin poder siquiera sostener la cabeza. Plagg no estaba mucho mejor, pero a diferencia de la kwami, él vomitó un poco de sangre, si eso era posible.
—¡Te voy a matar, Seth! —carraspeó la destrucción mientras se hacía bola en el piso.
—¡PLAGG! —Adrien no perdió tiempo en dirigir su angustiada mirada a su kwami— Háblame, por favor. ¡¿Qué te pasa?!
—¡TIKKI!
Adrien luchó contra sus amarras, al igual que Marinette, quien estaba preocupada a horrores por Tikki. Si hubiera tenido sus garras, se habría liberado en seguida, pero no era así. Además estaba medio mareado por las mordidas y también tenía náuseas. Marinette pataleaba con toda su fuerza.
—Mis queridos... por fin llegaron.
Esa voz les heló el espinazo, y se quedaron quietos esperando por la entrada del villano, que nunca pasó. Los jóvenes intercambiaron miradas...
—¿Estás bien, mon chaton?
—Oui. ¿Ma lady?
Marinette estaba aterrada. Habían perdido la transformación, sentían los efectos del veneno en su sistema, Tikki y Plagg se veían muy enfermos y ni ella ni Adrien podían liberarse. Seth... el chacal los rondaba.
—¿Qué modales tengo? Libérenlos.
Ni bien Seth dio esa orden, las arañas los liberaron. Ambos muchachos tomaron a sus kwamis en las manos, protegiéndolos contra sus pechos y se reunieron, espalda con espalda, y los ojos muy abiertos. Marinette se mordió el labio, mientras miraba a todos lados tratando de dilucidar donde estaban.
—¡Esto fue mi culpa! Debí preverlo. ¿Cómo no me di cuenta? —la chica se volvió a su kwami— ¡Tikki, resiste por favor!
—No digas eso, ma princesse... también sería mi culpa. —la animó Adrien— ¡Se supone que soy quien te protege!
—Aaaaw... disfruten sus últimos momentos.
Los dos juntaron más las espaldas. Marinette se llevó la mano al cuello, pero no encontró su collar por ninguna parte. Estaba aterrada sin saber qué hacer: mil ideas se le ocurrían en ese momento, pero ninguna parecía ser factible.
—Vamos a salir de esta, ma vie. ¡Ten confianza!
Adrien hablaba de dar ánimos, pero él mismo estaba hecho un flan de desesperación. Trató de recordar las lecciones cuando Radamanthys le indicaba como activar su cosmo, pero no lograba concentrarse. ¡Y no solo Marinette estaba en peligro al igual que él! Plagg estaba acunado en pecho, protegido por su mano, y por eso sentía la trabajosa respiración del kwami y lo sudoroso que se había puesto de pronto.
—No nos podemos transformar... ¡Pero no dejaremos de dar guerra! —afirmó Marinette.
Ambos se tomaron de la mano y se aventuraron a dar algunos pasos. Una inmensa y cavernaria oscuridad los envolvía, y percibían un aire malsano. Por instinto tomaron una dirección tras percibir una brisa fresca y encaminaron sus pasos por ahí. Los ruidos de la caverna parecían venir de otras épocas y cada tanto oían risas que se burlaban de ellos. Adrien rodeó a Marinette con el brazo libre, y esta se le abrazó al pecho, cuidando de no aplastar ni a Tikki, que se quejaba quedita, ni a Plagg, cuyos resoplidos se escuchaban dolorosos.
—¿Dónde estamos?
—Ni idea. No alcancé a ver el nombre de la estación donde nos bajaron.
—Tenemos que salir de aquí.
—Lo antes posible...
—¡Ternuritas! Creen que van a salir de aquí.
A diferencia de las veces anteriores, Seth se mostró de lleno. Una luz enceguecedora hizo resplandecer el lugar y el dios saltó a pocos metros de ellos. Pero no se detuvo a saludar, sino que no perdió el tiempo en saltar sobre los muchachos, quienes tuvieron que esquivarlos para evitar ser lastimados por el khopesh que blandía con destreza. Fue el hijo de Hades quien le plantó la cara: en su desesperación, logró invocar una vara con la que se defendió con dificultad del ataque del chacal, quien solo estaba jugando con él.
—¡¿Crees que Tienes Opción?!
—¡Si no lo intento no lo sabré! ¡DÉJANOS!
—No me hagas reír, cachorro tonto.
Seth hizo uso de su aplastante experiencia y golpeó a Adrien en el pecho. Alzó su khopesh en alto y no tardó en alzar la hoja y dejarla caer. A esas alturas Plagg había caído medio inerte al suelo.
—MUERE.
—¡ADRIEN!
Marinette apretó los ojos aterrorizada, pero recordando la lección sobre cosmo. La desesperación y premura la hizo encontrar su universo interno y concentró esa energía en su mano, logrando lanzar un pulso que empujó a Seth lejos. La chica corrió con Adrien quien comenzaba a ponerse de pie.
—¡Cuidado, ma lady! —vociferó el muchacho lleno de pánico.
Swiiiiiish...
Marinette se detuvo en seco, con los ojos abiertos como platos y perdiendo rápidamente los colores del rostro. Se llevó la mano al cuello y alcanzó a bajar la mirada solo para ver como su propia sangre hacía un desastre con su ropa. Seth, ni bien dejó de rodar, en un solo movimiento lanzó su espada hacia Marinette, rasgándole el cuello. Adrien se sintió morir seis veces.
—¡NOOOOOOOOO! ¡MA LADY, NOOO!
El joven se lanzó hacia Marinette, y la sujetó entre sus brazos antes que cayera al suelo. Adrien cayó sobre sus rodillas, acunando a su chica, quien lo miraba espantada, como si no se pudiera creer lo que le había pasado. Las lágrimas brotaban sin control por los ojos del portador de Plagg...
—Adrien... —balbuceó Marinette con dificultad, medio muerta de miedo.
—¡Te vas a poner bien! Ya verás. Guarda tu aliento, ¡Te voy a sacar de aquí!
—Cosmo... —susurró Marinette comenzando a sudar— estoy... usando cosmo...
¡Cosmo! Ciertamente esa esquiva energía que tanto les costaba acceder. Había recibido mil lecciones y mil regaños por no poder activar su cosmo, y eso que él la tenía más fácil. Adrien se esforzó en fijarse en su chica, descubriendo que ella, con muchísima dificultad, estaba usando el suyo propio cosmo para detener la hemorragia todo lo que le era posible...
PAAAAAAAAF
—¡SUFICIENTE DESPEDIDA! —Seth golpeó a Adrien lejos y tomó a Marinette de una pierna, arrastrándola lejos— Agradezcan que soy un dios bondadoso.
Seth arrastró a Marinette hasta el centro de un círculo dibujado en relieve en el suelo, en donde la dejó tirada sobre su costado. La chica temblaba de frío y sudaba como loca, pero tenía suficiente presencia mental como para sujetarse el cuello con una mano. Adrien vio en rojo. Se levantó y se tiró de lleno contra Seth, siseando como felino ofendido, pero el dios chacal se volteó en su dirección y con un solo movimiento de su khopesh...
SWIIIIISH...
... cortó la garganta del muchacho. Adrien cayó de rodillas y casi se termina de caer de hinojos cuando Seth lo sujetó de un hombro.
—¡Ni Siquiera Pusiste Empeño! —se burló con malicia al tiempo que lo ubicaba junto a Marinette— Al menos los dejo morir juntos...
Adrien entonces comprendió el terror que viera en los ojos de Marinette momentos antes. Quedó sobre su espalda, pero al alcance de su novia. Se tapó la herida como mejor pudo con su mano mientras volvía su cabeza hacia Marinette, quien lloraba asustada. La imitó... recurrió a toda su concentración para impedir que la sangre se le siguiera escapando, llegando a usar débiles pulsos de cosmo, tal como lo estaba haciendo Marinette. Pronto estuvo sudando frío y pronto ambos comenzaron a divagar, pero se tomaron de las manos.
—Los veo muy concentrados a ustedes dos. Por lo general soy un dios paciente, pero ahora... no quiero tomar riesgos. —Seth se fijó en un pequeño pedestal en el que había una suerte de pirámide brillante— esa barrera no durará mucho más y necesito toda la sangre de ustedes...
Seth avanzó sobre ellos, blandiendo su khopesh, preparándose a dar el golpe final. Sería rápido, unos segundos apenas y todo acabaría para los héroes de París. El poder que tanto ansiaba, lo tenía al alcance de la mano.
... pero se detuvo en seco al sentir el filo de una guadaña demasiado cerca de su entrepierna como para estar cómodo. Seth se fijó en la persona que le había bloqueado el paso, que no dudó en levantar la guadaña hasta su cuello, dedicándole una amenazadora y altiva mirada.
Había puesto una barrera para que los dioses, los padres de sus sacrificios no llegaran a tiempo, especialmente diseñada para que ellos no pasaran, pero… no había incluido en la configuración de la barrera a esta precisa diosa.
—¡Quieto Chacal! —siseó Démeter con firmeza— ¡He Enfrentado A Titanes Más Poderosos Que Tú Y A Todos Los He Hecho Llorar!
Ah, genial. ¡Estaba en modo abuela osa!
CONTINUARÁ
Nota de Misao: Jejejejejejejejejejejejejeje… conste que me desafiaron a empeorar las cosas. ¡Conste! Abby tiene la culpa.
Nota de Abby: no me sorprende que lo hayas logrado, pero ¿porqué yo? Siempre resulto ser la culpable de todo. Vamos a ver qué sigue en este drama. Mi turno.
BRUJULA CULTURA:
¿Conoces a Joe Black?: (Meet Joe Black) es una película estadounidense de 1998 dirigida por Martin Brest y protagonizada por Brad Pitt, Anthony Hopkins y Claire Forlani. Fue distribuida por Universal Pictures. Es una nueva versión de la película clásica Death Takes a Holiday de 1934. Bon Jovi se basó en la historia de esta película para componer la letra de su canción "Thank You For Loving Me". ¿Básicamente? La muerte decide pasearse por el mundo humano con la guía de un hombre que pronto morirá para ver más de cerca a los mortales. Termina enamorándose.
