Resumen: Colaboración con Misao-CG. Durante las peleas contra los akumas de Papillon, Ladybug y Chat Noir son atacados por un nuevo enemigo que está detrás de algo más valioso que sus Miraculous, lo que traerá nuevas revelaciones sobre todo lo que ellos creían saber de sí mismos. AU Saint Seiya.

NOTAS:

1) Los personajes no nos pertenecen. Miraculous Ladybug es propiedad de ZAG y los créditos son para Thomas Astruc y su equipo. Saint Seiya fue creado por Masami Kurumada.

2) Esta historia NO fue realizada con fines de lucro, solo para divertirnos.

3) Puede tener spoilers de toda la serie y películas disponibles.

JUEGOS DE DIOSES

CAPÍTULO 25

(Escrito por Misao-CG)

Villa Heinstein. París.

Tres días después. 17:34 hrs.

Había llamado Bastet hacía unas horas, de parte de Isis, pero siendo sinceros no le había dado ni boleto. La diosa, muy preocupada ella, le comentó que los sirvientes de Isis ya habían recogido los restos de Seth y que no se preocupara, pues ella creía que el dios chacal iba a tardar no menos de 15 años en regenerarse tras sufrir la ira conjunta de dos padres muy molestos. Para cuando lo hiciese, en serio esperaba que los niños ya fueran lo bastante grandes y fuertes como para haber bebido Ambrosía y defenderse solos. ¡Claro que Seth podría vengarse llegado el momento! Pero ya no sería capaz de matarlos y los jóvenes seguro serían lo suficientemente fuertes como para enfrentarlo de una buena vez por ellos mismos. Hmm. Hades supuso que los entrenamientos de los héroes de París no debería detenerse ni de chiste.

Bastet también les mandó algunos jarrones con miel, tanto para Adrien como para Marinette, para que golosearan un poco y recuperasen fuerza, que ambos habían pasado un buen susto.

—Y a uno que lo parta un rayo. —rezongó Hades entre dientes. También se había asustado mucho.

—¿Sigues berrinchudo por lo de la miel? —preguntó Perséfone muy casual— Adrien dijo que iba a compartir, era mucha para él.

—Hmpf.

Hades simplemente gruñó. Él y su esposa estaban echados en su cuarto, viendo películas por streaming. Bueno, más bien el dios, porque Perséfone se entretenía leyendo un libro. Esa mañana habían dado de alta tanto a Adrien como a Marinette del hospital y por fin se lo habían llevado a casa, con un montón de recomendaciones de cuidados para su herida y dieta especial. Amelie había insistido en acompañarlos, y con ella fue Félix, quien llevaba consigo un curioso polluelo de ganso bastante adorable que lo seguía a todos lados, que no quiso explicar de dónde había salido, pero que le tenía cariño.

Aceptaron la invitación a almorzar, pero más allá de eso no se quedaron. Lo bueno fue que Adrien pudo compartir con su primo y con la nueva mascota de éste, que por cierto, los dioses encontraron muy peculiar. Nathalie también estuvo llamando y les constaba que había ayudado a Pandora con los trámites del alta, que habían resultado ser particularmente rápidos: las mujeres imponían presencia y nadie las quiso incordiar con exceso de burocracia. Una vez que las cosas se hubieron calmado y Amelie hubo partido de regreso al hotel, la nueva familia se había retirado a descansar y a recuperarse tras la horrible experiencia. Y ahora estaban disfrutando el día en familia, como nunca creyeron estar.

—No hay nada bueno en la tele. —gruñó Hades mientras buscaba alguna película— ¡Pago por nada!

—¿Por qué no ves la que te recomendó Adrien?

—Porque él también la quiere ver.

—¿Y? Aprovecha ahora que está aquí.

—¡Florecita! ¿En serio tienes corazón para despertarlo? —exclamó Hades indignado.

Perséfone levantó la mirada de su libro y se fijó en su esposo, quien casi hacía un puchero. Ambos bajaron entonces los ojos hacia el medio de la cama: Adrien dormía entre ambos, tapado con una cobija y con Plagg roncando sobre su cabeza. Hacía poco más de media hora que el muchacho les había enseñado a usar Netflix y con entusiasmo le había recomendado algunas series, incluso comenzando a ver una película, pero al poco andar comenzó a dormirse. Sin darse cuenta, se había terminado acomodando entre sus padres para tomar una siesta y ahí estaba, arropado y plácidamente dormido. Perséfone le acarició los cabellos, provocando que el chico ronroneara de contento en sueños y comenzara a abrir y cerrar los puños alternadamente.

—¡Qué mimado!

—Me pregunto a quién se parecerá… —Perséfone sonrió traviesa. Hades solo arrugó la nariz— ¡Cómo me alegra verlo bien y sentirlo tan a gusto!

—Y a mi.

—¡Ronronea en serio! Igual que un gatito…

—Influencia del señor Plagg, seguro. —comentó Hades soplándose el flequillo, mientras se fijaba con la mirada que el parche que tenía el muchacho en el cuello estuviera en su sitio y no hubiese fugas indeseadas— Me maravilla lo mucho que se parece a ti, Florecita.

—Y a mí que no se nos hubiese muerto. —Perséfone lo arropó un poco más y despejó un poco su rostro, cuidando de no perturbar su sueño— Es un muchacho muy cariñoso.

—Déjalo dormir. Pasó por mucho.

Hades regresó su atención a la tele y Perséfone a su libro, dejando que el muchacho siguiera tomando su siesta en medio de ambos. Todavía quedaban cosas que resolver, algo del ataque de Seth no les cuadraba mucho y tenían muchas preguntas, pero ya había tiempo para resolverlas. En dos días se reunirían con Apolo, Marinette y Athena para dejar en claro todo lo que había pasado. Asimismo, al menos Hades quería aclarar con Cheshire de Caith Sith lo de su akumatización, para saber exactamente qué había pasado.

A juzgar por la actitud de los espectros, que habían dejado de molestarlo, Cheshire no parecía haber revelado la identidad de los chicos: eso le ganó una migraña rompecráneos tras la batalla que lo tuvo fuera de combate un día entero. Gruñó para sus adentros: ahora que todo el mundo sabía que Caith Sith era un espectro, iba a ser más difícil que se infiltrase como alumno…

… aunque tenía una idea sobre como poder sortear ese detalle. Hécate podría ayudar.

En ese momento, Adrien comenzó a estirarse y rodó sobre su eje, acomodándose en sueños. Medio anduvo despertando, pero al sentirse a salvo, volvió a dormirse. Perséfone lo acomodó, revisó el parche y volvió a arroparlo.

—Lo consientes demasiado. —protestó Hades sin sacar la mirada de la tele— deja que ruede a gusto.

—Lo voy a consentir todo lo que me canten los ovarios, Hades. ¡Estuve casi quince años sin poder hacerlo! Además también lo consientes.

—No lo hago. Quiero que crezca independiente y seguro de sí mismo.

—Tiraste su equipo de esgrima a la basura y le conseguiste todo nuevo para que no tuviera vibras Agreste.

—¡Pues claro! Necesita un comienzo fresco que no le recuerde a ese infeliz.

Perséfone no pudo contra esa lógica. Le sonrió a su marido y tras revisar que Adrien estuviera a gusto, volvió a su lectura, así como Hades volvió a su búsqueda de películas.

En el jardín de esa villa, un patio bastante amplio y frondoso que estaba adquiriendo notas místicas gracias a la cercanía de la diosa de la primavera, y mientras escuchaban las notas que provenían del arpa de Pandora, Hypnos caminaba junto a su hermano, los dos muy serios. El dios del sueño se ajustó los lentes y suspiró muy profesional, mientras Thanatos, quien acababa de colgarle a Nathalie, prestaba atención y se preparaba para trazar un plan de acción junto a su hermano.

—Entonces… Gabriel Agreste es Papillón —pronunció Hypnos— ¿El señor Hades lo sabe?

—No todavía, menos el muchacho —Thanatos se llevó las manos a la espalda— Las Moiras decretaron que los Héroes de París deben descubrir por sí mismos esa información… de hecho, las ancianas me prohibieron discutir esta información con otros que no seas tú.

—Porque las viejas esas saben que no nos guardamos secretos. —Hypnos se apretó el puente nasal— Supone un problema, pero nada que no podamos manejar. Después de todo, es parte del destino de los Héroes de París.

—Es su misión y de ellos nada más. —Thanatos apretó los dientes— Gabriel sigue sin dejar ir a Emilie, el muy maldito. Va a terminar solo… pero voy a disfrutar cuando Ladybug y Chat Noir lo desenmascaren.

—Será una estupenda instancia de aprendizaje para los muchachos. —reconoció Hypnos— Habrá que esperar a ver como lo resuelven.

Thanatos asintió con calma. Por lo visto la estadía en París iba a ser bastante interesante para todos, y agradecía el cambio. Tan solo esperaba que sus señores estuvieran más tranquilos y pudieran tener esa vida de familia que tanto habían deseado. En eso sonó su celular, un mensaje, pero lo ignoró. Trató de ocultar un sonrojo y hasta miró hacia otro lado para no tener que dar explicaciones, pero…

—Entonces… ¿Tengo cuñada por fin? —preguntó Hypnos con una sonrisa traviesa— Pasitea quiere saber.

Thanatos solo gruñó.

Panadería Dupain – Cheng.

Esa noche.

Tom dormía a pierna suelta y no roncaba, pero algo despertó a Sabine. No había nada externo que fuera capaz de despertarla, excepto su instinto maternal que le indicaba que pusiera atención. Bueno… era la primera vez desde los sucesos del otro día que por fin estaba descansando. Aun así no ignoró aquella sensación: Su preciosa Marinette casi se le había muerto y la pérdida de un hijo no se la deseaba a nadie. Su pobre niña estaba tan estresada antes de aquello y encima tener que pasar por algo así no era justo. Sabine se desperezó un poco y comenzó a levantarse, solo para escuchar segundos después el distintivo sonido de pies que se acercaban a su habitación a saltitos.

Sabía de quien se trataba.

—¿Marinette? ¿Sucede algo? —preguntó cuando vio que la puerta se abría.

Maman… —¡Ese tono de voz! Sabine prendió la luz aprensiva: Marinette tenía los ojos hinchados y se notaba que había tenido alguna pesadilla. La chica estaba ahí, abrazando su almohada y temblando de frío. Se terminó de levantar de la cama y caminó hacia ella— Perdóname maman, pero… pero… no podía dormir y…

—¿Tuviste una pesadilla, cielito? —preguntó Sabine mientras le ponía las manos en los hombros y le echaba un vistazo a su parche.

—… Varias. —admitió Marinette con un puchero— Yo… yo… no quiero… ¡O sea! Ya sé que estoy muy grande, pero… pero no puedo dormir y… pensaba si… podía…

—¿Quieres dormir aquí esta noche? —preguntó Sabine con una sonrisa, mientras sobaba los brazos de Marinette. El frío las estaba haciendo temblar a las dos.

—¿Puedo?

—Claro que puedes. ¡Dale! Acomódate. ¡Pero que no se te haga costumbre!

—¡No maman!

Marinette no perdió tiempo en subirse a la cama y en acomodarse al medio de esta. Sabine aprovechó que se había levantado para buscar otra cobija y extenderla sobre la cama para que ninguno pasara frío, antes de acostarse ella misma. Cuando se hubo acomodado, se quedó mirando a su hija varios momentos.

—Has crecido mucho, pequeñita.

—… y sigo buscando cobijo con ustedes.

—No nos importa, cariño. ¡Para eso somos tus papás! Hacía mucho tiempo que no venías a dormir aquí.

—Ya sé…

—Tenías ocho años la última vez que viniste. Fue por una pesadilla que no te dejaba dormir, ¿te acuerdas?

—Sí… también me acuerdo de la pesadilla. —Marinette tomó aire— Me caían piedras encima.

—¿Y qué fue lo que te dije en esa ocasión?

—Que cerrara los ojos y le pidiera al señor Apolo que me ayudara a dormir… porque él me cuidaba. —recordó Marinette, mientras disfrutaba las caricias de su maman— Resultó.

—Siempre te dije que el señor Apolo nos cuida. Ahora sabes porqué te cuida especialmente. ¿Qué harás ahora?

—¿Molestarlo a esta hora para que me ayude a dormir?

—No creo que le moleste. Tu cierra tus ojitos… y respira. ¡Estás a salvo!

Marinette asintió y se acurrucó en su sitio, mientras Sabine le acariciaba la cabeza. Pronto estuvo dormida de nuevo y solo cuando ocurrió eso, su mamá comenzó a dormirse también. En algún momento después que eso hubo ocurrido, Tom giró sobre su eje y abrazó a su hija y esposa en sueños. Tikki entonces se atrevió a asomarse un poco: había estado oculta en el cabello de Marinette. Sonrió para sus adentros al ver a la familia en paz y tras revisar el parche de su portadora, volvió a esconderse entre los cabellos de la chica y se acomodó para dormir, mucho más tranquila de lo que había estado en días.

Alrededores del Colegio Françoise Dupont.

Día siguiente.

Observaba de lejos el colegio. Lo bastante cerca como para estar cómoda, pero no tanto como para que su nieto se diera cuenta de su presencia. Eso era importante para ella. Toda la situación era rarísima para ella: nunca creyó que iba a ser capaz de defender a su nieto, pero lo había hecho y al mismo tiempo había comprobado que el muchacho… le tenía terror.

¿Cómo no, si había sido ella quien quiso matarlo cuando apenas estaba en el vientre de su madre? La culpa se la había comido viva, más porque su orgullo le había impedido rectificar la situación. Sin embargo, desde que Seth comenzó a atacar a los chiquillos, y la forma como lo hizo, consiguió lo inimaginable: que se arrepintiera y quisiera compensar el daño hecho.

Bueno, el hecho que Perséfone ya no le hablara ni por casualidad y que le exigiera a Zeus que revocara el mandato que pesaba sobre ella de pasar la primavera y el verano con su madre también influyó un poco.

El muchacho era un gato adorable. Sí que necesitaba subir de peso, ¿acaso Agreste no lo alimentaba?, era un muchacho dulce, quizás inocentón, pero valiente como pocos. ¡Pudo haberlo conocido antes! Ser parte de sus monerías, pero no… y ahora que podría haberse acercado, descubría que le tenía terror. ¡Y no lo culpaba! Nunca la iba a perdonar, nunca.

—Pero creo que sí podría llegar a hablarte algún día, tía Démeter. —dijo de pronto Athena— Mi primito tiene buen corazón…

—… a diferencia mía. O de Hades.

—No seas tan dura contigo misma, tía —Athena se fijó en el vendaje que la diosa de las trenzas doradas llevaba en sus manos. Haber usado el arma de Seth en su contra había tenido efectos secundarios por lo visto— ¿Cómo va esa quemada?

—Recuperando rápido. Va a dejar cicatriz, pero me la merezco.

—¿La revisó Asclepios?

—Sí. Fue muy atento, como siempre.

—Tía… ¿Quieres que le diga a Hades y a Apolo lo que hiciste por mis primitos? Esta tarde tenemos una reunión entre los implicados, incluso van los Héroes. Yo podría decirles…

—No. —la mirada de la diosa se suavizó— Prefiero que no. Hay cosas que prefiero que no se divulguen.

—Entiendo —Athena suspiró y bajó los hombros— Creo que sería una muy buena idea que lo hicieras… sobre todo si quieres sanar estas heridas en tu familia. Y tender puentes de reconciliación…

La diosa de los ojos grises (azules en esta encarnación) se dio cuenta que en ese momento Adrien y Marinette llegaban al colegio, aunque la entristecida mirada de Démeter no pasó desapercibida. Eso fue suficiente para que Athena se decidiera a tomar el riesgo de contar lo que había visto cuando encontró que Démeter se había enfrentado con Seth para proteger a los chiquillos.

En el colegio, Adrien y Marinette llegaron con apenas unos momentos de diferencia, pero alcanzaron a darse un abrazo y a tomarse de la mano para entrar al edificio. Alya no perdió tiempo en cruzar el patio y abrazarlos con ganas.

—¡USTEDES DOS ME VAN A MATAR! —exclamó Alya con ganas. La joven todavía tenía un ojo en tinta— ¡NO VUELVAN A MATARSE OTRA VEZ!

—¡Créeme Alya que no lo pudimos evitar! —exclamó Adrien cohibido por el cariño— Fue todo muy rápido.

—¡Ni nos dimos cuenta cuando pasó! En un momento estábamos enfrentando a esa cosa y luego…

—… estábamos en el suelo muertos de miedo los dos.

—¡Cualquiera se muere del miedo! Menos mal que ustedes aguantaron —dijo Nino muy inquieto, tras saludar a sus amigos —Todos tuvimos algún roce o dos.

El grupo de estudiantes comenzó a caminar hacia el salón. Muchos alumnos mostraban evidencia de algún encontrón con las alimañas de Seth, o los akumas invocados, pero nada parecía ser tan grave. Marinette estaba preocupada: había estado revisando las redes sociales y en ninguna parte aparecía que se supiera las identidades de los Héroes. Aun así estaba nerviosa: casi que esperaba en cualquier momento que Alya le dijera que ya lo sabía todo.

Llegaron al salón y dejaron sus cosas en sus lugares. Pronto los demás compañeros se acercaron a saludar: de los heridos en el salón, ellos dos habían sido los más graves, por lo que todos querían asegurarse de que estaban bien.

—¡Sí que me dieron un susto! —reclamó Alix— Yo los vi pasar cuando esos bomberos los llevaban a toda prisa. ¡Había sangre por todos lados! —la pelirroja aprovechó para darles un zape— ¡Les Prohíbo Que Me Vuelvan A Dar Un Susto Así!

—¡Miauch!

—¡Lo lamento Alix!

—Sí, claro. ¡Lo lamentan!

—Te admiro, Alix. Para ser tan baja, sí que les pudiste dar un golpe a estos dos.

Cheshire apareció de pronto entre los alumnos. Se veía muy cansado, pero de buen ánimo. Adrien le sonrió contento, igual que Marinette: parte del castigo del espectro por haber sido akumatizado, consistía en seguir asistiendo a clases como alumno regular del Françoise Dupont, siendo guardaespaldas encubierto de su pequeño señor. Claro… lo habían obligado a beber una poción horrible que Hécate le dio para volver a tener 15 años, pero fuera de eso, no había tenido mayor castigo.

Al menos ahora aprovecharía para nivelar estudios.

Ciertamente no había mucha diferencia entre el antes y el después, pero ahora si se les ocurría desenmascararlo, se encontrarían en efecto con un adolescente y no un adulto que lo parecía. Además, como inesperado efecto secundario, haber resistido la tortura mental para proteger el secreto de Adrien y Marinette, había conseguido que los demás espectros comenzaran a respetarlo más.

Sí, todos recordaban haberlo visto como espectro, eso ya nunca podría negarlo, y tras ser consultado, reconoció ser el guardaespaldas de Chat Noir, sin reconocer o negar la naturaleza del gato. Tenía a todo el mundo con el chisme en carne viva.

—¡No es tan difícil darle un zape a este par de tontorrones! —respondió Alix— ¡Ni se defiende el parcito!

—Cierto, pero ten cuidado… les cortaron el cuello a los dos. —señaló Alya, señalando los parches que seguían usando.

—Eso estuvo metal. —dijo Iván— ¡No quiero ni saber qué hicieron para ganarse esa herida!

—Oh no, no quieres saber —admitió Marinette, sin poder ocultar la angustia.

—A propósito, Cheshire… —comenzó Nino muy serio, volviéndose al espectro— ¿Ya hay noticias de Ladybug y Chat Noir?

Adrien y Marinette aguantaron la respiración, y apretaron más las manos. ¡Ahora sí que sabrían noticias sobre ellos mismos! ¿Acaso se sabía su identidad? ¿Estarían protegidos? ¿Qué sabían los ciudadanos de París sobre ellos? Cheshire miró de reojo a sus protegidos y suspiró.

—Se están recuperando y lo más probable es que pronto retomen sus actividades normales. Siguen con las secuelas del ataque, pero los dioses llegaron a tiempo para rescatarlos. Dudo que los dejen usar sus poderes todavía, pero de algún lado se parte.

—¿Cómo? —preguntó Marinette, arriesgando una reacción alérgica. De hecho, casi en seguida sintió la picazón en la garganta—. ¿Todavía no se sabe nada de los héroes?

—¡Me encantaría saberlo! En el hospital no nos decían mucho…

—Supimos que fueron rescatados, pero… nadie los ha visto hasta ahora —explicó Alya— Nuestra única fuente de información ha sido Cheshire…

—¡Así raro como lo ven, resulta que tiene contacto directo con Chat Noir! —dijo Kim, llevándose las manos detrás de la cabeza.

—¡Prrrrefiero el término peculiar! —exclamó el espectro— pero sí: tengo información de los Héroes… y me complace avisar que se están recuperando estupendamente. No se olviden que el señor Apolo es el padre de la catarina: no va a descuidar a su bendición así de simple.

Cheshire les guiñó un ojo, aunque tanto Marinette como Adrien sintieron una gota deslizarse por sus cabezas. El espectro nunca dijo mentira alguna, lo cuál la chica agradeció, y por lo visto había sido bastante eficiente en desviar la verdad sin decir mentiras.

Mientras el grupo conversaba y se ponía al día, Lila alcanzó a entrar al salón, pero salió inmediatamente. Alcanzó a ver a Adrien y a Marinette, y al ver a esta última, los ojos se le iluminaron de maldad. No entró al salón, sino que se fue corriendo a los casilleros. Una vez allí, se fue derecho al suyo y lo abrió, como quien busca algo. Rebuscó en una cajita una delgada cadena de oro, finamente tallada y la observó fascinada. Jejejejeje… la tenía desde el ataque de las alimañas: por esas casualidades la encontró en el suelo y la reconoció en seguida, ¡era la cadena de Marinette! Podría haberla reconocido incluso a oscuras. Estaba tan obsesionada con ella y con la posibilidad de hacer llorar a Marinette que no dudó en tomarla ni medio segundo y buscaba usarla a la primera oportunidad.

¡Ahora era el momento de usarla! No se la había puesto en todos esos días, pues quería esperar hasta que Marinette regresara a clases para lucirla de manera tal que pudiera verla y arder de rabia porque no se la podría quitar. No, la panadera esa no podría reclamar que era la suya sin quedar muy mal y esa oportunidad la iba a aprovechar por todo lo alto. ¿Qué mejor manera de dejarla en ridículo?

—Odio cuando yo no soy el centro de atención, Marinette. Ahora me toca a mi hacer que quedes muy mal con tu berrinche.

Y si más, Lila buscó el broche de la cadena y tras insistir unos instantes, lo abrió y se lo cruzó en el cuello, sintiendo una fresca sensación en el cuerpo.

—Con razón Marinette no quería que nadie la tocara… —dijo Lila en susurros, antes de levantar la mano y sujetar la cadena— ¡Qué exagerada! Si no es para…

Un trueno remeció todo el lugar, al punto que Lila atinó a agacharse y protegerse la cabeza. No obstante, ella era la única que parecía haber percibido el estruendo. Temerosa, comenzó a levantarse poco a poco y apenas abrió un ojo para ver qué estaba pasando.

Nada.

Todos en el colegio hacían su vida normal, pero parecía que ella estaba en un plano de la realidad diferente. Lila dejó escapar el aire que no se había dado cuenta que estaba conteniendo. ¡¿Qué rayos había pasado?! ¿Por qué…?

—¡Ah! ¡Eras Tú La Ladrona Que Le Hace Bullying A Mi Hija!

Lila giró sobre sus pies en el acto, solo para encontrarse cara a cara con un dios muy mala leche, que la miraba como si no fuera más que una mancha en el piso. Apolo relampagueó sus ojos y deformó la realidad de manera tal que no hubiera más testigos de ese evento.

Obviamente Lila no sabía que era esta persona era un dios… pero como que a estas alturas ya lo intuía.

—¿Bullying? NO sé de qué está hablando señor. Yo…

—¡NI SIQUIERA LO INTENTES MORTAL! —exclamó Apolo con autoridad, luciendo cada vez más alto y amenazador. Lila se quedó callada del pasmo— Ya Me Hiciste Enojar Y No Lo Voy A Tolerar Un Segundo Más. ¡Ese Collar Es De Mi Hija Marinette Y Tú Ya Le Provocaste Mucho Daño!

—¿Marinette? ¿Su hija? Pero, ¡¿De qué está hablando?! La panadera es hija…

—¡MÍA! Yo mismo le encargué su cuidado a sus padres. —Apolo entrecruzó las cejas y de un solo movimiento la sujetó del cuello— ¿Quieres saber de qué más estoy hablando? ¡De que Hiciste enojar a un dios muy rencoroso! —Apolo entrecerró los ojos— Y ya tuve suficiente contigo y tus mentiras.

Lila no entendía nada… excepto que no le convenía ni moverse. Estaba sin duda en un terrible aprieto.

Y para solucionarlo, intentó quitarse el collar…

CONTINUARÁ…

Nota de Misao: No, Lila no iba a quedar sin castigo y créanme que se metió en un atolladero de aquellos. Apolo, después de todo, puede ser bastante cruel con sus venganzas y ya tuvo suficiente con la italiana… ¡Abby ya les dirá como le va a la muy mugre!

Nota de Abby: Uff… (se truena los dedos) vamos a dejarle un buen castigo a Lila y cerrar esto como debe ser. ¡Ya casi terminamos! Se pasó tan rápido como cuando estábamos escribiéndolo.

BRÚJULA CULTURAL:

Traída a ustedes gracias a Wikipedia.

Moiras: (en griego antiguo Μοῖραι, repartidoras) eran las personificaciones del destino. Vestidas con túnicas blancas y de semblante imperturbable, su número terminó fijándose en tres.

La palabra griega moira (μοῖρα) significa indistintamente destino, parte, lote o porción, en referencia a su función de repartir a cada mortal la parte de existencia y de obras que le corresponden en el devenir del cosmos. Controlaban el metafórico hilo de la vida de cada ser humano desde el nacimiento hasta la muerte, y aún después en el Hades.

Las Moiras eran:

Cloto (Κλωθώ, hilandera) hilaba la hebra de vida con una rueca y un huso. Su equivalente romana era Nona, originalmente invocada en el noveno mes de gestación.

Láquesis (Λάχεσις, la que echa a suertes) medía con su vara la longitud del hilo de la vida. Su equivalente romana era Décima, análoga a Nona.

Átropos (Ἄτροπος, inexorable o inevitable, literalmente que no gira, a veces llamada Aisa) era quien cortaba el hilo de la vida. Elegía la forma en que moría cada hombre, seccionando la hebra con sus detestables tijeras cuando llegaba la hora. En ocasiones se la confundía con Enio, una de las Grayas. Su equivalente romana era Morta (Muerte), y es a quien va referida la expresión la Parca en singular.

En la tradición griega se aparecían tres noches después del alumbramiento de un niño para determinar el curso de su vida. Originalmente podrían haber sido diosas de los partos, si bien esta función acabaría asumida por la deidad de origen minoico Ilitía; paralelamente, la posterior adquisición de su papel como señoras del destino las vincularía y a la vez diferenciaría de otras divinidades de la muerte propiamente dicha, como Thanatos y las Keres. Por ello, y en especial por el predominante papel de Átropos, las Moiras inspiraban gran temor y reverencia, aunque podían ser adoradas como otras diosas: las novias atenienses les ofrecían mechones de pelo y las mujeres juraban por ellas.