DISCLAIMER: Star Wars pertenece a Lucasfilm

Cronología: 35 DBY


Han pasado cinco días desde la batalla en Exegol, donde la Resistencia dio un golpe casi mortal a la Primera Orden.
El Emperador Palpatine ha muerto definitivamente, y la consiguiente derrota de la flota Sith.
Aún quedan restos de la Primera Orden, quienes se han refugiado a las Regiones Desconocidas, esta vez con tres cabezas líderes, un triunvirato que buscaba restaurar su perdido poder.
Pero la guerra seguía; la herida Primera Orden atacaba varios puestos avanzados, mientras que la Nueva República cada día se hacía más fuerte, Kaydel Ko Connix tomó el liderazgo de la Resistencia y tomaron Coruscant como su nueva base de operaciones; tras la batalla; varios mundos empezaron a mostrar su apoyo y enviar voluntarios para dar el golpe definitivo a la Primera Orden.

Rey, Dama Jedi, se hallaba en su estudio en algún lugar de Coruscant. Los dos sables de luz, cuyos dueños fueron Leia y Luke, descansaban en una mesita bajo la luz de la lámpara. La Jedi se encuentra revisando los viejos libros que rescató de Ach—To mientras R2D2 se paseaba por la habitación.
Cerró el libro y miró los sables de luz, sabía que había llegado el momento de crearse uno propio, de acuerdo con el libro, era el camino de un Jedi, pero necesitaba un cristal kyber. Bien podría sacar uno de ellos, pero esos cristales eligieron a su portador, no eran suyos.
—Estoy bien, solo que no conozco un lugar donde encontrar un cristal kyber. Necesito construir un sable ante de enterrar esas armas en Tatooine.
Enterrarlos en Tatooine era una manera de homenajearlos, el lugar donde comenzó todo.
R2D2 se lamentó no poder ayudarla, pero luego le comunicó que su amo Luke se construyó uno cuando estaba en Tatooine.
—¿En serio? ¿Crees que encontraré uno en Tatooine?

R2D2 giró el casco y el receptor del ojo emitió una vieja imagen holográfica, un hombre bajo una capucha negra, construyéndose un sable de luz. Era Luke, pudo ver su concentración y como aseguraba el sable, la luz verde resaltó ante sus ojos.
—Gracias, R2— exclamó Rey masajeándose la barbilla— Necesito construir una empuñadura antes— musitó, R2D2 giró su casco y emitió sonidos.
—Ya se cuál va a ser— exclamó Rey, agarró su bastón; su primera arma cuando vivía en Jakku— Ya regreso, iré a mantenimiento.

Salió de su habitación, caminó por los pasillos metálicos del hangar donde estaban la Resistencia, había mucho movimiento, pero aún no salían ninguna nave.
Entró a una sala donde estaba Rose arreglando un motor.
—Hey, Rose.
—Ah, hola Rey— exclamó la joven levantando la vista— ¿Qué te puedo ayudar?
—Necesito algo para cortar y algunos cables— exclamó Rey mostrando su bastón.
—¿Pero…?
—Es de duracero, busco armar una empuñadura de sable de luz. Al fin al cabo, este trozo de metal fue parte de una nave, sé que funcionará.
—De acuerdo— exclamó sonriente y señaló un extremo de la sala— Ahí puedes encontrar lo que buscas.
—Gracias, Rose.
—De nada— exclamó mientras se bajaba los lentes protectores y volvía al trabajo.

Rey fue a la esquina, se colocó los lentes protectores y unos guantes de protección, dejó su bastón en la mesa, marcó con un marcador el límite que cortaría y buscó la sierra laser.
Una vez que lo cortó, lo dividió en dos, separando las carcasas. Empezó a unir los elementos electrónicos, dejando el espacio donde estaría su cristal kyber.
Le había tomado dos horas montarse la empuñadura, sonrió y se fue la sala.

De vuelta a su habitación, se sentó a meditar.
Lo único que escuchaba eran los débiles pitidos del droide astromecánico, con los ojos cerrados, dejó que la Fuerza fluyera en ella, buscando un indicio donde podría estar un cristal kyber.
El cristal te encontrará, sigue a la Fuerza— susurró la voz de Leia en su mente— Tal vez, tengas que regresar…
Se abrió a la Fuerza, pudo sentir a cada piloto y ser humano en el hangar, vio las estrellas y un planeta verde con tonos dorados. La estaban llamando hacia allá, un planeta que ya conocía y estuvo ahí.
—¿Ajan Kloss? Estuvimos ahí un año.
—Pero esta vez, el cristal te está llamando.
—No sabia que Ajan Kloss hubiese cristales kyber.
Yo tampoco— confesó Leia— Pero la Fuerza es impredecible.
—De acuerdo, gracias, Leia.
Abrió los ojos, R2D2 pitó una interrogante.
—Sí, estoy bien. Vamos, R2 ¿Quieres un paseo?

La joven Jedi agarró su morral donde guardó la empuñadura y el casco, luego salió de la habitación seguida por el viejo droide astromecánico.

Llegó al hangar, donde observó que había mucho movimiento, vio a Fin y a Poe cerca donde estaban; los dos se acercaron a ella.
—¿Van a salir?— preguntó Rey.
—Sí, iré con el escuadrón Negro e Inferno a Fondor. Tenemos noticias que hay una célula de la Primera Orden estableciéndose ahí— explicó Poe, llevaba el casco negro bajo el bajo, sonrió a Rey.
—¿Lo vas a acompañar?— preguntó Rey a Finn, R2D2 se acercó al viejo Ala X de Luke.
—Oh no, me uniré al grupo de soldados exploradores. Quiero decir, iré a Fondor, pero no estaré con los pilotos de Poe ¿Te unirás?
—No, tengo algo que hacer en Ajan Kloss.
—¿Ajan Kloss?— preguntó Poe— ¿Regresarás?
—Sí, la Fuerza me está llevando ahí.
—De acuerdo— exclamó el piloto— Que tengas suerte, debo irme.
—Cuídate, Poe— exclamó Rey y el piloto sonrió.
—Lo mismo para ti.
Los dos amigos observaron a Poe irse a su nave, Finn se acomodó el morral.]
—Yo también debo irme— Cuando regrese…
—Sí, te entrenaré— exclamó Rey colocando su mano sobre el hombro del moreno— Cuando regresemos de nuestras misiones; serás mi aprendiz.
—Genial— sonrió Finn— Sé que no será fácil, pero estoy dispuesto.
—Me alegro por ti, amigo. Que la Fuerza te acompañe.
—Lo mismo para ti.
Finn se alejó de Rey, entonces la mujer se dio la vuelta, acercándose al viejo Ala X. El droide astromecánico ya se hallaba acoplado.

Se colocó el casco y se subió por una escalerilla, un mecánico retiró la escalerilla y Rey bajó la cabina. El droide pitó.
—Sí, yo también estoy feliz de volver a volar.
El Ala X salió del hangar, elevándose por los cielos de Coruscant, perdiéndose entre las nubes.

...-

Vio el planeta verde y atravesó su atmosfera, la Fuerza la guiaba a un punto más alejado donde previamente habían creado su base hace solo unos días atrás. Maniobró el Ala X, el punto se ubicaba un poco más al sur del ecuador del planeta.
La selva se extendía por el otro continente del planeta, un poco más alejado del océano, pero se adentraba un poco más al centro, empezó a buscar un claro del bosque para aterrizar.
El Ala X se poso suavemente por un verde paisaje, a lo lejos veía las montañas y las nubes se movían por el cielo azul. R2D2 pitó una interrogante.
—No, quédate, R2. No tardaré.

Rey se quitó el casco y se bajó de la nave.
Dejó que la Fuerza la guiase, caminó entre la hierba alta hacia a un bosque que tenía adelante; en cuestión de minutos atravesó el bosque hasta llegar a otro claro; donde al frente de ella, había una cueva.

El cristal estaba ahí, en la cueva; sentía un llamado de urgencia y siguió sus instintos. Sacó su linterna, pero no lo necesitó al ingresar a la cueva, ya que estaba iluminada de tonos azules y verdosos.
Cristales por toda la cueva, Rey quedó sorprendida de ver tantos en un solo lugar, guardó la linterna y enfocó su vista en todo el lugar, buscando el kyber que la llamaba, vio un punto luminoso un poco hacia la derecha.
—Ese debe ser mi cristal— pensó dando unos rápidos pasos hacia aquel punto luminoso.

El cristal estaba clavado en un trozo de tierra, pero sobresalía, la joven Jedi lo retiró usando dos dedos y lo observó, tenia dos tonos brillantes: el verde y el azul. El tacto era cálido, había quedado maravillada por la brillantez del cristal; se sentó de cuclillas y sacó la empuñadura.
Había llegado el momento, respiró hondamente y cerró los ojos.
Dejó que la Fuerza la guiase en el armado, el cristal flotó muy cerca de su rostro mientras la empuñadura se desarmaba, flotando en el aire.

Rey observó su pasado mediante visiones: cuando sus padres la dejaron en Jakku, y su vida en el aquel planeta y cuando se cruzó con BB8. Han, Finn, Kylo Ren, Poe, quien sonrió al ver al piloto.
Y vio otra imagen de sí misma, se veía bastante mayor y estaba rodeada de otros Jedi, a quienes no podía ver sus rostros. Estaba al centro de ellos, como una guardiana. Proteger.
Abrió los ojos, la empuñadora estaba aferrada en su mano derecha, observó pequeñas luces verde y azul muy cerca del emisor. Encendió.

Una luz dorada iluminó su rostro, escuchaba el zumbido y movió el sable, de izquierda a derecha y lo observó de cerca.
—Jedi Centinela— susurró, el dorado era el color que usaban los Jedi guardianes del antiguo Templo Jedi.
Fue al Ala X corriendo con una sonrisa en el rostro, sentía la brisa rozar su rostro y de un salto impulsado por la Fuerza, se subió al Ala X. R2D2 pitó.
—Sí, lo hice— exclamó mientras se ponía el casco.

Cerró la cabina, ahora que terminó de construirse su sable de luz, ahora si era una Dama Jedi.
Y de ahí, cuando termine de enterrar los sables de sus mentores y encendiendo el suyo, será la primera de muchos Jedi.

FIN


Continua en: El Amanecer de la Fuerza: la ultima Alianza