Dissclaimer I: Star Wars es propiedad de Disney/Lucasfilm

Dissclaimer II: Esta historia es una traducción de Run to me, Lover por prettyboydoctor en Ao3


–Una vida conmigo –comienza, sus dedos acariciando su mejilla mientras la mira a los ojos, marrón enfrentando con marrón–, sería miserable. Siempre tendríamos que estar huyendo, nunca podríamos relajarnos. No quiero eso para ti. Te mereces mucho más que eso, Rey.

Su voz se quiebra en su nombre y el labio de Rey tiembla.

–Oh, Ben –susurra, apoyando su frente contra la de él–. Te merezco. Y tú a mí.

La mirada de Ben después de su respuesta hace que el corazón de Rey se encoja, y está segura de que él puede sentir cómo su estómago cae en picado cuando un pensamiento se cuela en su mente. Silenciosamente, como si su propia voz interior estuviese susurrando.

No. No te merezco.

Inmediatamente reconoce que no es su pensamiento, es de Ben.

En ese momento, viendo su rostro derrumbarse aún más al darse cuenta de lo que ha proyectado accidentalmente, Rey no tiene ni idea de qué decir. Se queda mirando sus facciones, los ojos escaneando su cara mientras busca las palabras para convencerle de que sí la merece.

Ben se sonroja un poco, algo hilarante, sinceramente, teniendo en cuenta lo que acaban de hacer.

Acababan de tener sexo en una cueva, por el amor de dios, muy buen sexo, y ¿ahora el tipo se sonrojaba?

Rey reúne todo su valor para abrir su corazón, pero Ben se adelanta a ella, alzando una mano desde el todavía desnudo muslo en el que descansaba hasta acunar su mejilla. Su otra mano le sujeta la cintura, el pulgar acariciando la zona en pequeños círculos.

–No –susurra, la voz atascada en la garganta. Se la aclara y lo intenta otra vez–, me alegra que pienses de otra manera, y puedo sentir cuánto lo crees. Pero tengo razón, no te merezco. Tú mereces ser feliz, tener una vida sin guerra o miseria. Así no es como sería una vida conmigo. Sea lo que sea lo que ibas a decir… solo va a hacer las cosas más difíciles.

Al principio aún quería rodearle con sus brazos y protegerlo de todo lo malo, huir con él al rincón más remoto del más remoto sistema estelar. Simplemente sostenerlo como habían estado haciendo el uno con el otro cada noche durante los terrores nocturnos los últimos meses.

Entonces, se enfurece. Su mente aún está completamente abierta a él, puede sentir cuánto le quiere, cuánto quiere protegerle. Sabe todo eso ¿y aun así insiste en que ella no debería decir nada? También está enfadada porque ¿cómo se atreve? ¿Cómo se atreve a decidir qué es lo que se merece y a dejar de lado sus propios sentimientos en el proceso?

Puede sentirlo, cuánto la quiere e incluso más… puede sentir que cree en cuerpo y alma que mientras ella merece ser feliz, él no.

–Deja de auto-despreciarte, maldito imbécil – dice en voz alta, rompiendo finalmente su silencio. El frío tono de su voz la sorprende hasta a ella. En ninguna de las ocasiones en las que literalmente se han enfrentado el uno al otro había estado tan furiosa con él. Con sus decisiones quizá. Por las circunstancias. Pero nunca con él. Excepto por… no. No iba a pensar en eso. Nunca la había ofendido tanto. Ahora… ahora mismo está completamente lívida.

Ben, jugando a su favor, permanece callado.

Aunque sus defensas mentales vuelven a levantarse, y evidentemente no es lo mejor que podía haber hecho, porque Rey se levanta, tambaleándose sobre sus propias piernas durante un minuto y maldiciéndolo en voz baja mientras se esfuerza por encontrar su ropa. Ben se arrepiente al instante y está a punto de volver a dejarlas caer cuando ella alza las suyas en respuesta, reforzándolas con su enfado.

El silencio, el físico y el mental, prácticamente vibra entre ellos.

Fugazmente, Rey agradece esa conexión que los mantiene conectados.

Ben tiene sus teorías al respecto, pero usualmente si intentan acallarse activamente, no podían proyectarse el uno al otro. Cree que ahora es diferente porque aunque está enfadada con él, no quiere que se vaya, y él tampoco quiere irse. Así que no lo hace. Es tan simple como eso.

Rey mantiene la compostura lo suficiente como para encontrar sus mayas y la túnica, usando la fuerza para sostenerse mientras se viste, porque no va a gritarle estando desnuda. Una vez que está cubierta, da media vuelta para enfrentar a Ben, notando que ahora él también está de pie y con sus (muy ajustados) calzoncillos negros de vuelta. A parte de eso, aún está lo suficientemente desnudo como para distraer su atención, pero está tan enfadada que apenas lo nota.

Vale, por supuesto que lo nota, pero su cuerpo sigue adolorido y sigue increíblemente enfadada con él.

¿Cómo podía pensar que era tan… poco para ella?

Ben espera a que hable, sabiendo aun sin el vínculo que tiene más que decir. Ella evita el contacto visual mientras reagrupa sus pensamientos.

–No puedo crees que después de todo, de eso –señala la pared donde contra la que habían estado apoyados no hacía ni veinte minutos–, la cabaña, la Supremacía, Crait, cada noche desde… –Rey se frustra demasiado para poder continuar, sus emociones la ahogan. Respira profundamente.

Rey da un paso hacia él, clavándole el dedo en el pecho.

–No tienes ningún control sobre lo que me hace feliz. No puedes decidir qué merezco. Esa es únicamente mi opinión. Puedes pensar que no me mereces, Ben, y te seré sincera, hasta hace poco yo tampoco creía merecer nada. La vida no le debe nada a nadie, no es así como funciona, pero… Pero sí sé una cosa, y en eso tienes razón, me merezco ser feliz… te merezco.

Rey dejó caer su mano, y así sin más la lucha y el enfado la abandonan tan rápido como habían venido, porque entiende de dónde vienen esos pensamientos y enardecerse por ello no iba a ayudar.

–Y sé por qué te sientes de esa forma… pero también te mereces ser feliz – finalmente alza la mirada hacia él, los ojos vidriosos de Ben miran más allá de ella, probablemente por una ventana de sus habitaciones. Sin siquiera pensarlo apoya su mano en el pecho de Ben, justo encima de su acelerado corazón.

Duda antes de volver a hablar, pero decide que no importa, antes de añadir en susurro:

–Tú me haces feliz… y estoy preparada para pasar el resto del tiempo que sea que nos queda convenciéndote de que también me mereces.

Ben estira el cuello y echa la cabeza hacia atrás, cerrando los ojos mientras deja escapar un suspiro cansado, separando reticentemente los brazos de sus costados para agarrar las manos de Rey entre sus mucho más grandes manos y sostenerlas contra su pecho.

–¿Te hago feliz? –Rey le pregunta, sonando más segura de lo que se siente, necesitando oír su respuesta.

Los ojos llorosos de Ben se abren y baja la mirada hacia ella, su rostro muchísimo más destrozado que antes.

Finalmente vuelven a sostenerse la mirada.

Ben la quiere, se lo ha dicho y demostrado muchas veces, pero nunca… nunca había pensado en un futuro para ellos. Ni siquiera había pensado en un futuro para sí mismo, y definitivamente ninguno en que fuese feliz. Por su puesto ninguno con ella.

Deja caer sus defensas nuevamente, permitiendo que escuche su torrente de pensamientos sin ningún filtro. Está jodidamente aterrado, pero no podría ocultárselo incluso si lo intentase. En realidad no quería hacerlo, de todos modos.

Ponerle nombre a las cosas las hace reales y pensaba que a estas alturas Rey ya le habría dejado de lado por todas las cosas horribles que había hecho. Pero lo sabe todo, hasta sus más oscuros pensamientos y los ha aceptado. Y él los de ella.

Rey le había abrazado durante incontables terrores nocturno en el último año, y él también lo había hecho por ella.

Habían hablado prácticamente sobre todo en la oscuridad cuando ninguno de los dos lograba dormir.

Snoke, sus manipulaciones, cómo Ben no era capaz de recordar un solo momento antes de ella donde su cabeza estuviese en calma, pero ahora lo estaba.

No había escuchado una sola voz a parte de la suya propia y la de Rey en meses.

Habían hablado sobre la Supremacía, Crait, todo lo que había hecho bajo las órdenes de Snoke… cada vida que había arrebatado. Las que podía haber salvado pero que no salvó, las que podía haber salvado si lo hubiese intentado. Aquellas que eran culpa suya, aquellas que no lo eran pero que aún así le hacían sentir culpable.

Habían hablado sobre su infancia, de lo que podía recordar al menos, sobre Plutt y Jakku. Sus padres. Cómo aún le asustaba la posibilidad de despertarse y estar de vuelta en el desierto, sola.

También habían hablado de los suyos, cómo la muerte de Han aún le destrozaba por dentro. Su pesadilla más común era la cara de su padre mientras caía, repitiéndose una y otra vez hasta que Rey le sacudía para despertarle.

Habían hablado (muy vagamente) sobre su madre y cuánto la echaba de menos, pero que aún sentía que nunca podría estar frente a ella de nuevo. Incluso Luke salió a la luz, y aunque todavía sentía una punzada en el corazón cuando pensaba en su tío, era ahora tristeza y culpa más que resentimiento.

Lo había jodido todo tanto, y ella lo sabía mejor que nadie, había estado en su cabeza. Lo sabe todo y aun así, ahí está, convenciéndole de que se merece ser feliz.

Después de todo, piensa que es merecedor de la felicidad. El final de cuento de hadas que siempre había deseado de niño. El mismo que ella había deseado.

Habían aprendido todo lo que se podía aprender del otro en el transcurso de ese año y a pesar de todo, en ese mismo instante siente que nada ha cambiado, Rey y él seguían en lados opuestos de una guerra. Aún era el Líder Supremo, aunque no había hecho nada excepto permitir que Hux llevase a cabo cualquier cosa que quisiese para evitar levantar sospechas.

Ahora… la verdad era que Ben no quería seguir luchando. No lo quería desde hace bastante tiempo. Esta no era su guerra, nunca lo había sido. Había pensado en huir varias veces, pero nunca se había atrevido a pensar en llevarse a Rey con él. Estaba seguro que nunca dejaría a sus amigos y nunca querría ponerla en peligro de esa forma. Nunca iba a preguntarle y ahí estaba ella, prácticamente ofreciéndose.

Esa breve oportunidad de una completa y total felicidad a la que ya había renunciado tiempo atrás.

Rey ahoga una exclamación cuando sus pensamientos la atraviesan.

–Ben –murmura–, por favor –deja caer su barrera para él también, el vínculo volviendo a fluir con todas sus fuerzas. Responde a sus pensamientos con sentimientos de aceptación, amor, consuelo. Haciéndole entender que lo comprende.

–Sí – susurra en respuesta, apretando sus manos–. Sí, cariño, me haces feliz. Nunca… nunca pensé que llegaría hasta aquí. La felicidad… es –se ríe– extraña. Extraña pero de forma agradable.

Se permite sonreír, de una forma que abarca la totalidad de su rostro.

Es una sonrisa que Rey solo ha visto en contadas ocasiones y decide que va a hacerle sonreír así todos los días. Sin importar qué. Hará cualquier cosa para verla por el resto de su vida.

–Ben, no tenemos que seguir haciendo esto. Podemos… encontrar alguna manera –dice en voz baja, su tono desesperado. Suplicándole sin usar las palabras.

Ahora sabe qué es lo que le estaba pidiendo en la sala del trono, incuso él mismo no lo sabía en ese momento. No quería la galaxia o el poder, la quería a ella. La quiere a ella. Ella le quiere a él, más de lo que ha querido nunca nada a parte de comida y agua.

De niña nunca habría imaginado esto, por su puesto había tenido tiempo de sobra para fantasear, pero nunca pensó que podría hacerse realidad. Desde que se dio cuenta de que amaba a Ben no puede pensar en otra cosa.

Rey quiere estar con Ben, la galaxia puede irse a la mierda.

Todas sus preocupaciones durante ese último año se desvanecen con la noción de que le necesita y él a ella. Más de lo que la Resistencia la necesita.

Aparta sus manos de las de él, uniéndolas detrás de su cuello, poniéndose de puntillas para poder alcanzar. Él apoya la mano en su cintura y se inclina, atrayéndola hacia delante para que no tenga que estirarse tanto. Sus ojos permanecen fijos en el otro, los pensamientos de Ben arremolinándose entre ellos.

–¿Cómo qué? –pregunta Ben con cautela, sonando derrotado, su sonrisa desaparecida y reemplazada con preocupación. Su labio inferior tiembla cuando deposita un beso contra su coronilla.

Permanece así por unos instantes mientras piensa, apoyando la frente contra la suya una vez más. Rey sigue en silencio, formando sus propios planes.

Su mente pasa por cientos de distintos escenarios, todo ellos terminan con Rey y él en peligro. Aunque supone que no hay forma de evitar eso. No en mitad de una guerra galáctica, pero ahora puede elegir luchar en sus propios términos.

Tras unos momentos forma un plan provisional. Puede huir, ella puede proveer a la Resistencia con información que él le proporcione para ayudar a acabar con la guerra. Entonces, cuando todo sea seguro, podría seguirle.

–¡No! –dice con fiereza, su tono no es helado como antes, pero sí determinado, aparta su cabeza para mirarle– Hagamos lo que hagamos, vayamos dónde vayamos… lo haremos juntos. Si tú huyes, dejaré lo que esté haciendo aquí y entonces iré justo detrás de ti.

Ben frunce el ceño, quedándose callado y reorganizando su plan. Puede permanecer en la Primera Orden, darle información mediante la conexión. De todos modos ya ha escuchado de pasada sus estúpidas reuniones.

Rápidamente desecha la idea, sacudiendo la cabeza, le gente se preguntaría de dónde saca la información y eso solo le pondría un objetivo en la espalda. Empieza a pensar que quizá él mismo puede informar directamente a la Resistencia, mediante un canal seguro que no pueda ser rastreado.

No. Su voz resuena en su cabeza.

Rey había permanecido en silencio mientras le oía pensar, pero habló justo después de eso.

–Absolutamente no. Hux te matará si lo descubre.

–Bueno, más me vale ser cuidado entonces –Ben sonría con sorna–. Además, puedo encargarme de Hux –murmura, colocándole un mechón detrás de la oreja con dulzura.

–¿Y si… simplemente desaparecemos? Los dos –susurra en voz muy baja pero lleva de convicción– podrías coger una nave, desconectar el rastreador. Yo podría hacer lo mismo, hay unas pocas aquí que no me llevaría mucho tiempo preparar. Asegurarnos de que no nos siguen y reunirnos en algún sitio.

–Rey…– empieza, y sabe que está a punto de discutir así que no se lo permite, inclinándose hacia delante para pegar sus labios a los de él, besándole profundamente. Responde inmediatamente, rodeándola con sus brazos mientras la besa de vuelta.

Rey a penas se separa para susurrar –Por favor– sus labios moviéndose contra los suyos mientras habla– Ven conmigo.

–Tus amigos te necesitan… –empieza, aunque suena como si estuviese a punto de rendirse.

–No, no me necesitan, sin un Lord Siht al mando, ¿por qué iban a necesitar a una jedi? –intenta bromear, una pequeña sonrisa en sus labios. Pero él nunca había sido un Lord Sith y ella a penas era una jedi. Ambos lo sabían.

También sabían que sin un Líder Supremo afín a la Fuerza, no había necesidad de un miembro de la Resistencia que también lo fuese.

Sin él, la Resistencia podía manejarse en la guerra perfectamente, como había quedado demostrado en los últimos meses con pequeñas (pero importantes) victorias, y tenían una buena oportunidad de ganar incluso ahora.

Sin un líder, la Primera Orden se derrumbaría; Hux podría dar su mejor esfuerzo, pero incluso él no podía controlarlos a todos.

Rey suspira antes de continuar.

–Los echaré de menos, pero no me necesitan. Tú sí. Y yo te necesito a ti. Tenemos una pequeña oportunidad de ser felices, realmente felices. Por favor, intentémoslo. Un poco de esperanza. Por favor. Difícilmente alguien conoce tu cara, y yo conozco algunos sitios a los que podríamos ir donde no harán preguntas. Si tenemos que huir, huiremos juntos. Quiero estar contigo, Ben, déjame. Por favor.

Ahora sí que le está suplicando, de todas las formas que conoce. Incluso le suplica con los ojos.

El corazón de Ben se rompe un poquito más con cada desesperado "por favor" que sale de su boca.

Se permite imaginar un futuro con ella, la visión en aquella cabaña apareciendo de repente en su mente. Ambos, juntos, felices. Eso es lo que siempre habían estado buscando, incluso entonces. Todo este tiempo se había estado convenciendo de que no podía ser real. La Fuerza no otorgaba felicidad así sin más. Pero tras esos meses con Rey, no puede imaginar un futuro donde no estén juntos.

Sea lo que sea lo que su futuro les tenga preparado a partir de ese momento, lo enfrentarán juntos.

Las lágrimas que habían estado acumulándose en sus ojos durante la pasada media hora empiezan a caer y asiente antes de que sus pensamientos se ordenen. Nunca nadie le había querido. Solo a él, tal y como era.

–¿De verdad quieres esto? –susurra, pensando en el desastre que es, a pesar de que puede sentir lo mucho que ella lo quiere.

Se le queda mirando fijamente, con los ojos entrecerrados. Eso le provoca una risa ahogada, calmando las tensas emociones de ambos.

Ben suspira y alza la mano para acunar el rostro de Rey. Ella también es un desastre, sus mejillas aún mojadas de antes y sus ojos húmedos de nuevo mientras espera a que él diga algo. Lo que sea.

Antes de decir nada la acerca para un abrazo, llevando su cabeza hacia su hombro mientras se inclina hacia delante para hundir su rostro en su pelo. Llora silenciosamente mientras sus pensamientos se desplazan de un lado a otro, terminando sus planes en silencio.

Ben no está completamente seguro de por qué esta llorando, Rey sí lo sabe.

Hasta hace unos minutos, nunca se había permitido creer que merecía ser feliz, y ahora se da cuenta de que sí lo merece, y no solo eso, sino que ya es feliz. Con ella. Siempre con ella. Solo tiene que decir que sí.

Estaban tan cerca de su final feliz.

Rey le mantiene cerca, sin decir nada, solo ofreciéndole consuelo de todas las formas posibles. Le acaricia el pelo, apoya la mano en su nuca, la aprieta con cariño para tranquilizarle, y le susurra palabras de aliento a través del vínculo. Con el tiempo se recompone, sorbiéndose la nariz mientras sus lágrimas paran, el pelo de Rey húmedo bajo sus mejillas.

–Vale –le susurra–, podemos huir. Juntos –su voz tiembla pero continúa–. Si acabas herida por mi culpa… –no necesita terminar la frase, puede oír sus pensamientos alto y claro.

–Shhh –Rey intenta calmarlo. Le pasa los dedos por el pelo mientras se aferra a él–. Puedo decir lo mismo de ti… –se detiene para besarle en el pelo–. Sé que no será seguro. O fácil. Pero estaremos juntos. Siempre. Ya no estás solo.

–Tú tampoco –susurra en respuesta, dejando escapar una pequeña sonrisa.

Aún hay mucho por hacer, mucho que planear. Pero por ahora están satisfechos estando en los brazos del otro por unos minutos más, satisfechos sabiendo que podrán ser felices juntos, algún día. Lejos de la guerra.

Ese día hora parece tangible, cercano de una forma que antes no podía ser. Solo tenían que escapar.


La traducción no es ni la mitad de bonita que la versión original, he hecho todo lo que he podido... Llorando...